sábado, 26 de marzo de 2016

En diálogo con Michèle Petit: "Uno puede ser un lector oculto porque no encontró a nadie dispuesto a escucharle, a intercambiar con él. Leer hace hablar a los niños, a los adolescentes, o a los padres con sus hijos." (Revista Imaginaria)

Michèle Petit, antropóloga francesa, ha realizado también estudios de sociología, psicoanálisis y lenguas orientales. Es investigadora del laboratorio "Dinámicas sociales y recomposición de espacios" del Centro Nacional de la Investigación Científica de la Universidad de París I. Desde 1992 trabaja sobre la lectura y la relación de distintos sujetos con los libros desde una perspectiva cualitativa.

Sus investigaciones han tenido un lugar relevante en los estudios sobre la lectura en el medio rural y el papel de las bibliotecas públicas en la lucha contra los procesos de exclusión. En esta línea coordinó una investigación con base en entrevistas a jóvenes de barrios urbanos desfavorecidos cuyas vidas habían sido modificadas por la práctica de la lectura. En los últimos años, se dio a la tarea de profundizar el análisis de la contribución de la lectura en la construcción o en la reconstrucción de sí mismo, en particular en espacios en crisis, que estén afectados por guerras o violencias repetidas, por desplazamientos forzados de poblaciones o por degradaciones económicas rápidas.

Entre sus obras se destacan: Lecteurs en campagnes (1993), y De la bibliothèque au droit de cité (1996), realizadas en colaboración con otros investigadores y publicadas por la Bibliothèque Publique d'Information del Centre Georges Pompidou, así como Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura, y Lecturas: del espacio íntimo al espacio público, publicadas por el Fondo de Cultura Económica.

Durante su última visita a nuestro país en 2006, invitada por la Biblioteca Nacional de Maestros del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, pronunció tres conferencias. Entre ellas, la titulada "Lo mío, lo tomo siempre de otras manos", fue pronunciada en el encuentro Arte y Cultura organizado por el Plan Nacional de Lectura y la Biblioteca Nacional de Maestros. A propósito de este trabajo en el contexto de su obra, le solicitamos mantener con ella un diálogo a la manera de una entrevista. La realidad es que no nos vimos, ni nos entre-vimos. El diálogo que van a leer tuvo lugar en forma epistolar, por medio del correo electrónico. Fue un ejercicio de lectura y escritura.


La escucha como postura pedagógica en la enseñanza literaria. Cecilia Bajour (Revista Imaginaria)

[...] uno de los temas que más nos llamó la atención tanto en nuestra posición de capacitadores como en las formas en que los maestros se veían a sí mismos como mediadores de lectura, fue el modo en que se destacaba, ya sea explícita o implícitamente, el rol de la escucha en los vínculos pedagógicos que se generaban con sus alumnos a partir de la lectura.

Nos llamó mucho la atención que cuando los docentes reflexionaban sobre cómo llevaban adelante experiencias de lectura con sus alumnos, aparecía de múltiples maneras una nueva forma de posicionarse frente a lo que ellos traían, a lo que ellos decían. Algo así como que estaban comenzando a escucharlos de otro modo. Este descubrimiento tenía muchas coincidencias con el que vislumbrábamos nosotros cuando pensábamos tanto en el armado como en el efecto en nuestros alumnos de las clases del Postítulo y de otros lugares donde trabajábamos. También sentíamos que junto con ellos íbamos aprendiendo una postura de escucha que se caracteriza por una tensión, muchas veces incómoda quizás para los hábitos con que nos fuimos formando, pero sumamente desafiante, entre dos decisiones: una, la necesidad de suspender los prejuicios (o al menos revelar o dar a entender su carácter de provisorios) acerca de lo que un texto “debe” significar para los lectores y otra, la de habilitar, a través de la divulgación y circulación de saberes y aproximaciones teóricas, formas nuevas y diversas de pensar esos textos. Es decir, no es una escucha “light”, sin consecuencias, sino que se trata de una escucha cargada de interrogantes teóricos que no pretenden ser autorreferenciales o totalitarios, sino abiertos al diálogo con las formas en que los docentes construyen sentidos acerca de los textos literarios.

[...] Si atendemos a lo que nos muestra la experiencia didáctica, por ejemplo mirando muchas de las prácticas docentes, en una primera representación la escucha podría ser retratada en el gesto en el que uno suspende sus palabras para dar lugar a la palabra del otro. Sin embargo esto puede ser sólo una ilusión, una puesta en escena de la escucha, ya que no puede reducirse a la supuesta corrección de las formas, a la relación cordial de quien respeta los turnos de conversación. En diversas situaciones educativas todos pasamos por situaciones de intercambio donde alguien escucha para luego ejercer algún tipo de control sobre el otro. También suceden situaciones de escucha en las que subyace sólo el deseo de confirmar una verdad inamovible, previa, de quienes representan en apariencia el acto de escuchar. En esas situaciones parece que lo que uno piensa o dice ya está previsto en la decisión del otro, del que nos presta su oído o atención, aun cuando el otro crea o exprese que ha tendido un puente entre él y nosotros. En relación con esto es interesante traer lo que plantea Bajtín, quien en su análisis de cómo se expresa la subjetividad en los enunciados parece estar hablando todo el tiempo de la escucha, cuando dice “no se debe interpretar la comprensión como traducción de una lengua ajena a la propia”. Si relacionamos este planteo con nuestro tema, la escucha supondría no disolverse en el otro, sino el diálogo de dos culturas que “no se funden ni se mezclan, sino que cada una conserva su unidad e integridad abierta, pero las dos se enriquecen mutuamente”.

Desde esta visión dialógica de la escucha, podríamos afirmar que se trata fundamentalmente de un vínculo de dos conciencias que se reconocen. Sobre todo, lo que importa en la relación pedagógica es la forma en que el que escucha atiende a las circunstancias únicas y particulares en las que una voz, la voz escuchada, tiene lugar.

viernes, 25 de marzo de 2016

Entrevista a Chimamanda Ngozi: “No hay motivos para tanto enfado en Estados Unidos”. La escritora nigeriana denuncia el auge de Donald Trump y el sexismo en la campaña presidencial. “La tecnología nos ha dado opciones, hay que preguntarse por qué no se usa”

Chimamanda Ngozi Adichie (Enugu, Nigeria, 1977) recuerda su operación de apendicitis, cuando tenía unos 10 años, como unos días de fiebre escritora en los que se merendaba los cuadernos en un abrir y cerrar de ojos. Criada en Nigeria y hoy afincada en la ciudad estadounidense de Columbia (Maryland), empezó a una edad muy precoz a leer y construir historias, personajes que tenían nombre en inglés aunque vivieran en Nigeria porque así eran los personajes que leía. A las novelas La flor púrpura, que ahora recupera Random House, y Medio sol amarillo (editadas por el mismo sello) y los cuentos agrupados en Algo alrededor de tu cuello le seguiría Americanah, en 2013, que le valió el premio de los críticos en Estados Unidos. Si hay un hilo conductor en su obra es Nigeria y la negación de la historia única, que es como Chimamanda denomina lo que sería el pensamiento único, el estereotipo dominante, la versión única de las cosas.

PREGUNTA. La protagonista de Americanah no se da cuenta de que es negra hasta que se muda a Estados Unidos (EE UU). La raza, para ella, no es un tema hasta que nota que se la trata de forma diferente. ¿Es algo que también le ocurrió a usted?

RESPUESTA. Sí, cuando vivía en Nigeria nunca pensé en mí misma como negra, no tuve que hacerlo porque casi todo el mundo era negro. Crecí pensando en mí misma como igbo [etnia nigeriana] o como católica…, pero nunca como negra. Y eso no significa que, al mirarme al espejo, no viera que mi piel era de color chocolate, algo que me gusta mucho, sino que yo no le otorgaba un valor. Pero al llegar aquí me di cuenta de que en América sí le añade un valor, que la gente tiene asunciones sobre ti solo por el color de la piel. Me pareció muy curioso, y también molesto, ver que la gente negra no era considerada inteligente.

Fuente: Babelia. El país

miércoles, 23 de marzo de 2016

El derecho a la literatura. Un excepcional artículo de Antonio Cándido, poeta, ensayista, profesor universitario y uno de los principales críticos literarios brasileños.

[...] las personas, frecuentemente, son víctimas de una curiosa obnubilación. Afirman que el prójimo tiene, sin duda, derecho a ciertos bienes fundamentales, como casa, comida, educación, salud: cosas que nadie que tenga buenos principios admite hoy en día quesean privilegio de las minorías, como ocurre en Brasil. Pero, ¿pensarán que un semejante pobre tiene derecho a leer a Dostoievski o a escuchar los cuartetos de Beethoven? A pesar de la buena disposición que muestran hacia el prójimo, tal vez esto ni se les pase por la cabeza. Y no por mal, sino solamente porque cuando enumeran sus propios derechos no los hacen extensibles al semejante en su totalidad. Ahora bien, el esfuerzo para hacer partícipe al semejante del mismo elenco de bienes que reivindicamos para nosotros mismos está en la base de la reflexión sobre los derechos humanos.

[...] Por eso, la lucha por los derechos humanos presupone la consideración de tales problemas y, para entrar directamente en el tema, yo recordaría aquí que son bienes incompresibles no sólo los que aseguran la supervivencia física en niveles decentes, sino los que garantizan la integridad espiritual. Son incompresibles, por cierto, la alimentación, la vivienda, el vestido, la instrucción, la salud, la libertad individual, el amparo de la justicia pública, la resistencia a la opresión, etc.; y también el derecho a la religión, a la opinión, al descanso y, por qué no, al arte y a la literatura.

[...] Daré el nombre de literatura, en un sentido lo más amplio posible, a las creaciones de toque poético, ficcional o dramático de todos los niveles de una sociedad, de todos los tipos de cultura, desde lo que llamamos folclore, leyenda, chiste, hasta las formas más complejas y difíciles de la producción escrita de las grandes civilizaciones.

Vista de este modo, la literatura se presenta claramente como la manifestación universal de todos los hombres en todos los tiempos. No hay pueblo y no hay hombre que pueda vivir sin ella, es decir, sin la posibilidad de entrar en contacto con algún tipo de fabulación. Así como todos soñamos todas las noches, nadie es capaz de pasar las veinticuatro horas del día sin tener algún momento de entrega al universo fabulesco. Durante las horas de descanso el sueño asegura la presencia indispensable de este universo, independientemente de nuestra voluntad. Y durante la vigilia la creación ficcional o poética, que es el resorte de la literatura en todos sus niveles y modalidades, está presente en cada uno de nosotros, seamos analfabetos o eruditos, en la forma de anécdotas, historietas, noticias policiales, cuentos y canciones populares. Ella se manifiesta tanto en el devaneo sentimental o económico que tenemos mientras viajamos en autobús como en la atención prestada en la telenovela o en la lectura de una novela.

 [...] Con relación a estas dos caras de la literatura, es conveniente recordar que ella no constituye una experiencia inofensiva, sino una aventura que puede causar problemas psíquicos y morales, como ocurre con la propia vida, de la cual es imagen y transfiguración. Esto significa que juega un papel formador de la personalidad, pero no de acuerdo con las convenciones sino, sobre todo, de acuerdo con la fuerza indiscriminada y poderosa de la propia realidad. Por eso, en manos del lector, el libro puede ser factor de perturbación e, inclusive, de riesgo. Y de este hecho deriva la ambivalencia de la sociedad frente a él, pues, a veces, cuando transmite nociones o hace sugerencias que a la visión convencional le gustaría proscribir, suscita condenas. En el ámbito de la instrucción escolar el libro llega a generar conflictos, porque su efecto trasciende las normas establecidas.

Hace más de quince años, en una conferencia realizada en el marco de una reunión de la Sociedade Brasileira para o Progresso da Ciencia sobre el papel de la literatura en la formación del hombre, destaqué, entre otras cosas, los aspectos paradójicos de este papel, en la medida en que los educadores preconizan y, al mismo tiempo, temen el efecto de los textos literarios. De hecho -decía en aquella oportunidad- existe “un conflicto entre la idea convencional de una literatura que eleva y edifica (según los padrones oficiales) y su poderosa fuerza indiscriminada de iniciación en la vida, que se manifiesta en una complejidad variada que los educadores no siempre desean. La literatura, por lo tanto, ni corrompe ni edifica, sino que, al traer libremente en sí misma lo que llamamos el bien y lo que llamamos el mal, humaniza en sentido profundo, pues hace vivir”.

[...] Digamos, entonces, algo con respecto a las producciones literarias en las cuales el autor desea expresamente tomar posición frente a los problemas. De este deseo resulta una literatura comprometida, que parte de posiciones éticas, políticas, religiosas o, simplemente, convicciones y desea expresarlas o parte de cierta visión de la realidad y la manifiesta con tono crítico. De todo esto puede derivarse un peligro: afirmar que la literatura sólo alcanza su verdadera función cuando es de este tipo. Para la Iglesia Católica, durante mucho tiempo, la “buena literatura” era la que mostraba la verdad de su doctrina, premiando a la virtud y castigando el pecado. Para el régimen soviético, la literatura auténtica era la que describía las luchas del pueblo, cantaba la construcción del socialismo o celebraba a la clase obrera. Son posiciones fallidas y perjudiciales para la verdadera producción literaria, porque tienen como presupuesto que ésta se justifica mediante finalidades ajenas al plano estético, que, en realidad, es el decisivo. De hecho, sabemos que en literatura un mensaje ético, político, religioso o, en un sentido más amplio, social sólo resulta eficiente cuando se lo reduce a estructura literaria, a forma ordenadora. Tales mensajes son válidos como cualquier otro y no pueden proscribirse, pero su validez depende de la forma que les da existencia en tanto objetos de un cierto tipo.

[...] La organización de la sociedad puede limitar o ampliar el goce de este bien humanizador. Lo que resulta grave en una sociedad como la brasileña es que ella mantiene con el máximo rigor la estratificación de las posibilidades, tratando muchos bienes materiales y espirituales que son incompresibles como si fueran compresibles. En nuestra sociedad el goce de la literatura está supeditado a una cuestión de clases, en la medida en que el hombre del pueblo está prácticamente privado de la posibilidad de conocer y aprovechar la lectura de Machado de Assis o de Mario de Andrade. Para él, lo que resta es la literatura de masas, el folclore, la sabiduría espontánea, la canción popular, el proverbio. Estas modalidades son importantes y nobles, pero es grave considerarlas suficientes para la gran mayoría que, debido a la pobreza y la ignorancia, está imposibilitada de tener acceso a las obras cultas.

[---] A partir de 1934 y del famoso Congreso de Escritores de Karkov, se generalizó la cuestiónde la “literatura proletaria” -que venía debatiéndose desde la victoria de la Revolución Rusa- y hubo una especie de convocatoria universal en pro de la producción socialmente comprometida. Uno de los argumentos utilizados sostenía la necesidad de ofrecer al pueblo un tipo de literatura que realmente le interesase, porque trataba sus problemas desde un ángulo progresista. En esa ocasión, un escritor francés bastante comprometido, aunque no sectario, Jean Guehenno, publicó en la revista Europe algunos artículos en los que relata una experiencia simple: le dio a leer a gente modesta, de poca instrucción, novelas populistas, con una posición ideológica comprometida con el trabajador y el pobre; pero no obtuvo muestras del menor interés por parte de las personas a las que se dirigió. Entonces, les dio libros de Balzac, Stendhal, Flaubert, que las fascinaron. Guehenno quería mostrar con esto que la buena literatura tiene alcance universal y que, si llegara al pueblo, sería debidamente acogida.

Por ese lado mostraba el efecto mutilador de la segregación cultural por clases. Aún hoy recuerdo haber oído en los años cuarenta que el escritor y pensador portugués Agostinho da Silva promovió cursos nocturnos para operarios, en los que comentaba textos de filósofos como Platón, que despertaron mucho interés y fueron debidamente asimilados.

[...] El Fausto, el Quijote, Os lusiadas, Machado de Assis pueden ser objeto de goce en todos los niveles y serían factores inestimables de afinación personal, si nuestra injusta sociedad no segregase los sectores, impidiendo la difusión de los productos de la alta cultura y confinando al pueblo solamente a una parte de la cultura, la llamada cultura popular. En este plano, Brasil se distingue por el alto grado de iniquidad, pues, como se sabe, tenemos, por un lado, los más altos niveles de instrucción y de erudición y, por el otro, la masa de despojados -que predomina numéricamente- sin acceso a esos bienes, y, lo que es peor, sin acceso a los propios bienes materiales para la supervivencia.

En este contexto, resulta indignante el prejuicio según el cual las minorías que tienen acceso a las formas refinadas de cultura son siempre capaces de apreciarlas, lo que no es verdad. A las clases dominantes, con frecuencia, les falta sensibilidad y real interés por el arte y la literatura que están a su disposición, y muchos de sus segmentos los cultivan por mero esnobismo, porque tal o cual autor está de moda, o porque el hecho de que a uno le guste tal o cual pintor da prestigio. Los ejemplos que acabamos de ver sobre la conmovedora avidez con que los pobres e incluso los analfabetos reciben los bienes culturales más altos muestran que lo que existe es un verdadero despojo, una real privación de los bienes espirituales que les hacen falta y que deberían estar a su alcance como un derecho.

[...] Por lo tanto, la lucha por los derechos humanos comprende la lucha por un estado de cosas en el cual todos puedan tener acceso a los diferentes niveles de cultura. La distinción entre cultura popular y cultura alta no debe servir para justificar y mantener una separación injusta, como si desde el punto de vista cultural la sociedad estuviese dividida en esferas incomunicadas, dando lugar a dos tipos de goces literarios sin comunicación. Una sociedad justa presupone el respeto de los derechos humanos; y el goce del arte y de la literatura, en todas las modalidades y en todos los niveles, constituye un derecho inalienable.


Un canal escolar YouTube sobre juegos de mesa. CEIP Maestra Ángeles Cuesta, Marchena (Sevilla)

Continuando con nuestro proyecto “El juego en la Escuela”, el CEIP Maestra Ángeles Cuesta, Marchena (Sevilla) ha iniciado en el centro la creación de un canal YouTube donde el alumnado habla sobre los juegos de mesa a los que juegan en la Ludoteca del centro. Nos lo cuenta el profesor Manu Sánchez Montero.

El nuevo canal supone un nuevo apartado del proyecto que enlaza con el plan para la mejora de las habilidades lingüísticas y competencia comunicativa de nuestro Plan de Centro. Las actividades se sitúan dentro del itinerario lingüístico del Tercer Ciclo de Primaria, alumnos entre los 10 y 12 años de edad. CONTINUAR LEYENDO LA NOTICIA

Veamos un ejemplo





Fuente: Educación3.0

El malestar en la lectura. Marta Lorente, narradora oral, defiende la narración hablada en tiempos en que la lectura multiplica sus fuentes. El oído, dice, tiene un efecto igualador.

El revisionismo debería ocuparse de seres humanos como Marta Lorente, que se dedica a la narración oral en el living de su casa o donde tenga permiso. Posiblemente en extinción, el narrador oral –la cuentería misma– ha sido piedra angular de una industria fundamental del entretenimiento: la alfabetización. ¿Qué función cumple –o cumplió– ella en esta conspiración abecedaria?

“Ay, me encantaría formar parte de una conspiración abecedaria. Toda conspiradora tiene mala fama y me haría sentir dentro de una película de espionaje. Yo sería una distribuidora, sin intermediarios, de las mejores historias para sumar lectores y oyentes desprevenidos”.

¿La lectura destruyó la narración oral? 

Tanto el libro como la alfabetización atentaron contra la narración oral en su forma originaria, donde la narración lo era a secas y no había otra forma. La llamada oralidad primaria era la que se usaba como medio para transmitir valores, noticias y todo aquello que una comunidad necesita para que perduren sus tradiciones. En una cultura oral, el conocimiento que no se repite constantemente, se pierde. Pero creo que la narración oral sigue viva porque despierta sensaciones interesantes: si yo entrego un texto al público para que lo lea, cada uno va a entrar en su propio mundo lector; el que lee se aísla. En la narración oral, el oído es un sentido unificador que logra una comunión en el auditorio. CONTINUAR LEYENDO LA ENTREVISTA
Fuente: clarin.com

martes, 22 de marzo de 2016

Tertulia Musical: Mozart: Piano Concerto No. 21 in C Major, K. 467

El uso de la literatura infantil y juvenil (LIJ) en la enseñanza de español como lengua extranjera: aspectos teóricos y aplicación práctica. María Magdalena Vila Barbosa. Máster en Enseñanza de Español como Lengua Extranjera. Universidad de Alcalá de Henares.

El objetivo principal del presente trabajo es el estudio de las potencialidades del uso de la literatura infantil y juvenil (LIJ) como “materia prima” en el aula E/LE. En un primer momento, se realiza un análisis de la trayectoria de la literatura en la clase de lengua extranjera. Hemos comprobado cómo esta pasó de ser un elemento sine qua non para la enseñanza de un idioma a una situación de total abandono como recurso didáctico. Con los enfoques comunicativos se inició una discreta y desigual rehabilitación de los textos literarios, casi siempre como pretexto y sin una metodología específica y coherente. 

En la segunda parte, presentamos cinco unidades didácticas desarrolladas a partir de fragmentos de textos de LIJ. Tratamos de establecer una metodología de trabajo que va desde los criterios de selección de las muestras textuales hasta su explotación didáctica en E/LE adoptando un EpT. Hemos procurado plantear e impulsar la inserción de la literatura no solo como herramienta didáctico-pedagógica de creatividad sino también como vector de trasmisión de contenidos histórico-culturales y como objeto de reflexión y debate en las clases de lengua extranjera.


El diente de ballena. Un cuento de Jack London.


En los primeros días de las islas Fidji, John Starhurst entró en la casa­misión del pueblecito de Rewa y anunció su propósito de propagar las enseñanzas de la Biblia a través de todo el archipiélago de Viti Levu. Viti Levu quiere decir «País grande», y es la mayor de todas las islas del archipiélago. Aquí y allá, a lo largo de las costas, viven del modo más precario un grupo de misioneros, mercaderes y desertores de barcos balleneros. 

La devoción y la fe progresaban muy poco, nada, y algunas veces los al parecer convictos arrepentíanse de un modo lamentable. Jefes que presumían de ser cristianos, y eran por tanto admitidos en la capilla, tenían la desesperante costumbre de dar al olvido cuanto habían aprendido para darse el placer de participar del banquete en el que la carne de algún enemigo servía de alimento. Comer a otro o ser comido por los demás era la única ley imperante en aquel país, la cual tenía trazas de perdurar eternamente en aquellas islas. Había jefes como Tanoa, Tuiveikoso y Tuikilakila, que se habían comido cientos de seres humanos. Pero entre estos glotones descollaba uno, llamado Ra Undreundre. 

 Vivía en Takiraki, y registraba cuidadamente sus banquetes. Una hilera de piedras colocadas delante de su casa marcaba el número de personas que se había comido. La hilera tenía una extensión de doscientos cincuenta pasos y las piedras sumaban un total de ochocientas setenta y dos, representando cada una de ellas a una de las víctimas. La hilera hubiera llegado a ser mayor si no hubiese sucedido el que Ra Undreundre recibió un estacazo en la cabeza en una ligera escaramuza que hubo en Sorno Sorno, a continuación de la cual fue servido en la mesa de Naungavuli, cuya mediocre hilera de piedras alcanzó tan sólo el exiguo total de ochenta y ocho. CONTINUAR LEYENDO

Fábula de Polifemo y Galatea. Luis de Góngora y Argote.

Estas que me dictó, rimas sonoras,
Culta sí aunque bucólica Talía,
Oh excelso Conde, en las purpúreas horas
Que es rosas la alba y rosicler el día,
Ahora que de luz tu niebla doras,
Escucha, al son de la zampoña mía,
Si ya los muros no te ven de Huelva
Peinar el viento, fatigar la selva.

Templado pula en la maestra mano
El generoso pájaro su pluma,
O tan mudo en la alcándara, que en vano
Aun desmentir el cascabel presuma;
Tascando haga el freno de oro cano
Del caballo andaluz la ociosa espuma;
Gima el lebrel en el cordón de seda,
Y al cuerno al fin la cítara suceda.

Treguas al ejercicio sean robusto,
Ocio atento, silencio dulce, en cuanto
Debajo escuchas de dosel augusto
Del músico jayán el fiero canto.
Alterna con las Musas hoy el gusto,
Que si la mía puede ofrecer tanto
Clarín —y de la Fama no segundo—,
Tu nombre oirán los términos del mundo. CONTINUAR LEYENDO

Natasha. Un cuento de Vladimir Nabokov

Una joven que vive experiencias místicas. Un padre moribundo encerrado dentro de su memoria. Un barón que recuerda viajes que nunca existieron. Tres personajes que confunden los difusos límites de la realidad.

Natasha

Vladimir Nobokov

En las escaleras Natasha se cruzó con su vecino de la puerta de al lado, el Barón Wolfe. Subía con una leve fatiga las escaleras de madera lavada, acariciando la barandilla y silbando suavemente para sí.

—¿Adónde vas tan deprisa, Natasha?

—A la farmacia a por unas medicinas. Acaba de venir el médico. Mi padre está mejor.

—Buenas noticias.

Natasha, apresurada, con gabardina y sin sombrero, pasó de largo evitando el encuentro en un susurro de telas.

Apoyándose en el pasamanos de la escalera, Wolfe se detuvo a mirarla. Desde su altura le dio tiempo a atisbar el brillo de su peinado adolescente, partido en una raya. Sin dejar de silbar, subió hasta el último piso, arrojó su cartera toda mojada sobre la cama y se fue satisfecho a lavarse y secarse las manos.

Luego, llamó a la puerta del viejo Khrenov. 

Khrenov vivía con su hija en una habitación al otro lado del descansillo. Su hija dormía en un sofá desvencijado cuyos extraños muelles se mecían como si fueran un prado de césped metálico que apuntara bajo la tapicería gastada. El resto del mobiliario era una mesa sin pintar, desordenada y toda cubierta con periódicos de tinta borrosa. El enfermo Khrenov, un anciano enjuto y apergaminado que llevaba un camisón que le llegaba hasta los tobillos, volvió a meterse en la cama —y el crujido de las tablas del suelo dio cuenta de sus pasos apresurados— y llegó a tiempo para cubrirse con la sábana justo en el momento en que la gran cabeza afeitada de Wolfe se asomaba por la puerta.

—Entra, me alegro de verte, pero entra ya.

El anciano respiraba con dificultad; la puerta de la mesilla de noche estaba entreabierta. CONTINUAR LEYENDO

domingo, 20 de marzo de 2016

Blas de Otero, cien años de un niño derrotado. Un artículo de Francisco Javier Irazoki (El Cultural.

Se cumplen cien años del nacimiento de Blas de Otero (Bilbao, 1916 - Majadahonda, 1979). La influencia de sus versos se distingue aún en numerosos poetas españoles actuales. Con claridad podemos percibir un hilo rojo que une la biografía del escritor y su obra literaria.


Blas de Otero nace en una familia adinerada. Su abuelo paterno fue capitán de barco. El materno, médico con prestigio. El padre, instruido en Inglaterra, posee un negocio de metales y con la Primera Guerra Mundial aumentan sus ganancias. En un ambiente religioso, Blas de Otero cursa estudios en el colegio de María de Maeztu. Después ingresa en un centro dirigido por jesuitas y nos deja el testimonio de su primera herida: “Aquellos hombres me abrasaron, hablo / del hielo aquel de luto atormentado, / la derrota del niño y su caligrafía / triste”. A los diez años debe trasladarse con la familia a Madrid. Se hunden las finanzas de su padre. Aficionado a los toros, el adolescente acude a las clases taurinas de las Ventas y, en 1928, es uno de los pocos espectadores que salvan su vida en el incendio del teatro Novedades. También estos sucesos figuran en sus poemas. Pero para él Madrid representa sobre todo una conquista cultural: la lengua española aprendida en las páginas de los autores clásicos. Asimismo lee a sus contemporáneos Juan Ramón Jiménez y “Machado, el banderillero, que en mi Madrid de entonces me tornó pensativo con algunas estrofas del Ars Moriendi”. El joven ya escribe y corrige con un afán de perfección al que nunca renunciará. CONTINUAR LEYENDO

Hombre

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser -y no ser- eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

Pequeñez. Un poema de Emily Dickinson.

PEQUEÑECES

Es cosa tan pequeña nuestro llanto;

son tan pequeña cosa los suspiros...

Sin embargo, por cosas tan pequeñas

vosotros y nosotras nos morirnos.

Emily Dickinson

Tertulia de Arte: Chicos en la playa, un cuadro de Joaquín Sorolla. Museo Nacional del Prado

Teertulia de Arte: Restauración: La gallina ciega, de Francisco de Goya y Lucientes. Museo Nacional del Prado

Entrevista de Marguerite Duras a una obrera que no sabía leer y que vivía en Romainville, suburbio de París.

Ser una persona que no sabe leer no es nada fácil en nuestra sociedad letrada. Conozco y he conocido -porque dejaron de serlo- a personas que no es que no hubiesen aprendido, sino que no les habían enseñado a leer. En la entrevista de la gran escritora de Marguerite Duras se desvela, por una parte, el drama de estas personas y, por otra, su gran inteligencia para sobrevivir en una sociedad letrada. Estas personas no tienen ningún déficit, en todo caso el déficit estará en una sociedad que ha sido incapaz de enseñarles. Me viene a la cabeza una mujer gitana con la que comparto una Tertulia Literaria. Ella reconoce resignada que no sabe leer. Comenta que ha estado en un centro de personas adultas durante más de un año y que lo único que ha aprendido es la palabra OSO. Y, claro, ha llegado a creer que si no aprende es porque su cabeza no le da para más. ¡Cómo le habrán hecho creer algo tan falso! NO, mi buena amiga. No es tu cabeza. Eres una persona terriblemente inteligente. Tanto, que has conseguido -y no ha sido nada fácil- sacar adelante a tu familia, a tus hijos, y ahora a tus nietos. Por eso tengo la seguridad de que lo conseguirás.

Entrevista de Marguerite Duras a una obrera que no sabía leer y que vivía en Romainville, suburbio de París.
 
¿Hay palabras que reconoce usted sin saber leer?
Hay tres palabras: las de las estaciones del metro que tomo todos los días: Lilas y Chatelet, y mi nombre de soltera.

¿Podría usted reconocerlas entre otras muchas?

Creo que las reconocería entre unas veinte palabras.

¿Cómo las ve usted? ¿Como dibujos?

Si usted quiere, como dibujos. La palabra Lilas es casi tan alta como ancha, es muy linda. La palabra Chatelet es demasiado alargada, me parece que es menos bonita. Es muy diferente de la palabra Lilas.

Cuando ha intentado usted aprender a leer, ¿le ha parecido difícil?

Usted no sabe como es eso. Es algo terrible. No sé exactamente. Tal vez porque eso… las letras, es tan pequeño. Perdóneme, tampoco sé expresarme.

¿Le resulta muy difícil vivir en París, verdad? ¿Cómo hace para desplazarse?

Teniendo lengua se puede ir a Roma.

¿Cómo se las arregla usted?

Hay que preguntar mucho y reflexionar. Pero, ¿sabe?, una reconoce todo muy pronto, más rápido que los demás. Somos como los ciegos, hay esquinas que una reconoce. Luego se pregunta.

¿Mucho?

Diez veces, más o menos, para dar una vuelta por París cuando salgo de Romainville. Están los nombres de los “metros”; una se equivoca y tiene que regresar y volver a preguntar. Luego, los nombres de las calles, de las tiendas, y los números.

¿Los números?

Sí, no sé leerlos. Sé contarlos en mi cabeza y muy bien cuando se trata de mi salario y mis compras, pero no sé leerlos.

¿Jamás confiesa usted que no sabe leer?

Jamás. Siempre digo lo mismo, que me he olvidado las gafas.

¿Se ve obligada a veces a confesarlo?

A veces, sí, cuando tengo que firmar, en la fábrica o en el municipio. Pero ya ve usted: siempre me ruborizo cuando tengo que decirlo. Si usted estuviera en mi caso lo comprendería.

¿ Y en su trabajo?

Cuando me contratan, no lo digo. Cada vez tiento mi suerte. En general, la cosa marcha bien, excepto cuando hay fichas de horarios o formularios que llenar. Si no ocurre nada de eso, lo disimulo bien.

¿En todas partes?

En todas: en el trabajo, en los almacenes; aparento mirar los balances y las etiquetas. También tengo miedo de que me roben, de que me engañen; desconfío siempre.

¿Le molesta eso en su propio trabajo?

No. Trabajo bien. Tengo que prestar más atención que los demás. Reflexiono, debo tener mucho cuidado. Todo va bien.

¿ Y cuando hace compras para su casa?

Conozco todos los colores de todas las marcas de los productos que utilizo. Cuando quiero cambiar de marca me acompaña una amiga. Luego me acuerdo de los colores de la nueva marca. Nosotros tenemos buena memoria.

¿Cuáles son sus distracciones? ¿El cine?

No. El cine no lo comprendo. Va demasiado rápido, no comprendo lo que dicen. Y, sobre todo, hay demasiados letreros que bajan. La gente lee las letras y ahí los tiene usted conmovidos o contentos, mientras que yo no comprendo nada. Yo voy al teatro.

¿Por qué al teatro?


Hay tiempo de escuchar. La gente dice todo lo que hace. No hay nada escrito. Hablan despacio. Comprendo un poco.

¿Ya más de eso?

Me gusta el campo, ver los deportes. No soy más tonta que otra pero cuando no se sabe leer se es como un niño.

¿Olvida usted a veces que no sabe leer?

No, pienso constantemente en ello en cuanto salgo de casa. Es fatigoso y hace perder mucho tiempo. Con tal de que no se den cuenta, eso es lo que una está siempre pensando. Siempre se tiene miedo.

Marzo de 1958

sábado, 19 de marzo de 2016

Tertulias de Arte: Obras comentadas: Sueño 21 y otros dibujos, de Francisco de Goya. Museo Nacional del Prado.

Colocan códigos QR en buses de Lima para incentivar la lectura de clásicos literarios

El transporte público es el segundo principal problema de Lima, según la última encuesta Lima Cómo Vamos del 2015. Desde este punto de vista, son miles de personas quienes pasan varios minutos – incluso horas – viajando en buses, micros y colectivos, ya sea para llegar a su trabajo, escuela, universidad, casa, entre otros lugares.

Ante esta situación, el grupo de Facebook Chup de Mango identificó que muchas de las personas que usan el transporte público pasan su tiempo “mirando por la ventana o revisando su celular”, y consideraron que estas podían aprovechar de mejor tiempo su tiempo.

Así pues, decidieron colocar códigos QR en los asientos de algunos buses de Lima para “plantearles una nueva forma de viaje con el que se puede llegar a diferentes lugares y épocas”, a través de la lectura de clásicos literarios.

Para ello diseñaron 5 famosas obras literarias de diferentes épocas y junto a los fragmentos escogidos también colocaron un link, el cual lleva al sitio web que permite la descarga gratuita del libro completo que se vio en el bus.

Entre los textos que promueven están Drácula, El Principito, Don Quijote de la Mancha, Madame Bovary y Matar a un Ruiseñor.

Adaptación de clásicos de la literatura al cómic

He aquí algunas noticias y novedades sobre las adaptaciones de distintas obras clásicas al cómic.

1. Página 2 de RTVE (reportaje).


2. LITEBEO (= Literatura + Tebeo), es un catálogo de adaptaciones de obras literarias a cómics, sobre todo de clásicos.
3. Series de Clásicos de la Literatura en Cómics.

El mejor safari (El sufrimiento de los refugiados). Un cuento de Nadine Gordimer, Premio Nóbel de Literatura de 1991.

Al morir la autora, la Fundación Nelson Mandela le rindió un homenaje dejando patente su profunda tristeza por la pérdida de la gran dama de la literatura de Sudáfrica. "Hemos perdido una gran escritora, una patriota y una voz fuerte por la igualdad y la democracia en el mundo".
Fue notable su defensa incontestable de la libertad de la población negra, en abierta y beligerante oposición al régimen racista del apartheid. Esta situación fue en la obra de Gordimer materia narrativa. "En nuestra época son pocos los que pueden mantener el valor absoluto de un escritor sin referirse a un contexto de responsabilidad. El exilio como modalidad del genio ya no existe". Algo que me recuerda el concepto de "ideologema" de Mijail Batjin.

Precisamente por este motivo varias obras suyas fueron prohibidas por las autoridades sudafricanas, como por ejemplo Ocasión de amar (1963) o El último burgués (1966). Su primera obra fue The Soft Voice of the Serpent (1953), una colección de relatos con la que iniciaba una andadura estética explicitada en estas palabras: "La poesía, la narrativa, la pintura, no provienen de los acontecimientos, sino de los ecos que suscitan"

En este cuento, la escritora mira desde dentro el drama de las personas refugiadas. Drama que, por desgracia y como fruto de la injusticia, tenemos hoy en día en la Unión Europea y del que queremos huir cobardemente utilizando al poderoso caballero "don dinero". ¡Qué vergüenza!

EL MEJOR SAFARI
Nadine Gordimer

Aquella noche nuestra madre fue a la tienda y no regresó. Nunca. ¿Qué había pasado? No lo sé. También mi padre se había marchado un día para nunca regresar; pero es que él fue a la guerra. Donde nosotros estábamos también había guerra, pero éramos pequeños y, al igual que la abuela y el abuelo, no teníamos armas. Aquellos contra quienes mi padre luchaba -los bandidos, los llama nuestro gobierno- irrumpían en el lugar donde vivíamos y nosotros huíamos de ellos como gallinas perseguidas por perros. No sabíamos adónde ir. Nuestra madre fue a la tienda porque decían que se podía comprar aceite para cocinar. Nos alegró porque hacía mucho que no probábamos el aceite. Puede que comprase aceite y que alguien la atacase en la oscuridad y le quitase aquel aceite. Puede que se topase con los bandidos. Si te encuentras con ellos, te matan. En dos ocasiones entraron en nuestro pueblo y corrimos a ocultarnos en el bosque, y cuando se hubieron marchado regresamos y descubrimos que se lo habían llevado todo. Pero la tercera vez que vinieron no quedaba nada que pudieran llevarse, ni aceite ni comida, así que le prendieron fuego a la paja y los techos de nuestras casas se hundieron. Mi madre encontró unas chapas de hojalata y las pusimos para cubrir parte de la casa. La esperamos allí la noche que no regresó. 

Nos daba pánico salir, incluso para hacer nuestras cosas, porque sí que habían llegado los bandidos; no a nuestra casa -sin techo debía de parecer que no había nadie, que todos se habían ido-, pero sí al pueblo. Oíamos que la gente gritaba y corría. Nos daba miedo incluso correr, sin que nuestra madre nos dijese hacia dónde. Yo soy la segunda, la chica, y mi hermanito se agarraba a mi estómago, rodeándome el cuello con los brazos y la cintura con las piernas, igual que un monito a su madre. Mi hermano mayor se pasó toda la noche con un trozo de madera astillada en la mano, parte de uno de los palos que sostenían la casa y se habían quemado; era para defenderse si los bandidos lo encontraban. CONTINUAR LEYENDO


domingo, 13 de marzo de 2016

"La utilidad del deseo*. Un artículo de Juan Villoro. Revista "América sin nombre".

Históricamente, la literatura infantil ha sido el género de los seres subordinados. Por eso mismo busca la libertad. La palabra «infante» viene de fante (servidor, criado). «Nepote» que en español significa «pariente protegido», viene del griego nepion: «el que no habla». 

Criaturas sin voz, reducidas a una condición de obediencia, los niños fueron vistos durante siglos como desaliñados prólogos de la edad adulta. Si la idea de individuo comienza cabalmente en el Renacimiento, la idea del niño como sujeto independiente es más tardía y apenas se vislumbra en la Ilustración. Un largo proceso cultural transformó a los seres de orejas sucias y pelo revuelto, con la cabeza llena de ideas desmedidas y palabras que no existen en los diccionarios, en personas ya realizadas.

En las barricadas de Los miserables, el pequeño Gavroche explica los motivos de la insurrección: «La culpa es de Rousseau». Se refiere a que la noción de justicia y su autoridad para proclamarla provienen del Emilio. 

Rousseau, padre impaciente que mandó a todos sus hijos al orfanatorio de La Inclusa, se dedicó al acto compensatorio de entender la infancia, no como una preparación para la madurez, sino como un singular momento de llegada. Al igual que tantos hombres de letras, fue más justo en las ideas que en las acciones. Emilio logró en la escritura una vindicación de los derechos de los niños que el autor no concedió a los suyos, abultando la estadística de grandes pensadores que han sido pésimos padres

De Rousseau a Piaget y Bettelheim, el niño pudo ser pensado en sus propios términos. La literatura infantil ha sido la bitácora de viaje de esta tarea liberadora. No es casual que Esopo, uno de los fundadores del género, fuera un esclavo al que se le asignaron tareas de educador y que se convertiría en liberto gracias a la palabras. Las fábulas, las leyendas y los cuentos de hadas surgieron de los cuartos secundarios donde los menores convivían con los sirvientes. CONTINUAR LEYENDO

sábado, 12 de marzo de 2016

Axolotl. Un cuento de Julio Cortázar

Los cuentos de dobles abundan en la narrativa fantástica, algunos muy famosos: “William Wilson” de Poe; “Lejana” de Cortázar, Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson, y en una variante donde lo humano y lo animal se intercambian, “Axolotl”, también de Cortázar. El “yo” se disgrega, se extraña y, como sucede en muchos relatos, su multiplicidad acaba en la muerte del personaje. (Marcela Carranza)

Axolotl
Julio Cortázar

Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.

El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port Royal, tomé St. Marcel y L’Hôpital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me quedé una hora mirándolos, y salí incapaz de otra cosa.

En la biblioteca Saint-Geneviève consulté un diccionario y supe que los axolotl son formas larvales, provistas de branquias, de una especie de batracios del género amblistoma. Que eran mexicanos lo sabía ya por ellos mismos, por sus pequeños rostros rosados aztecas y el cartel en lo alto del acuario. Leí que se han encontrado ejemplares en África capaces de vivir en tierra durante los períodos de sequía, y que continúan su vida en el agua al llegar la estación de las lluvias. Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa más) como el de hígado de bacalao. CONTINUAR LEYENDO EL CUENTO

viernes, 11 de marzo de 2016

Historia de Pimmi. Un clásico de la literatura infantil de los años 60 de Ursula Wölfel

La historia que cuenta la escritora alemana Ursula Wölfel a través de Pimmi, una niña gitana, nos introduce en el cerrado y bastante desconocido mundo de los gitanos, con su misteriosa sabiduría, con su excitante vida errante y espíritu aventurero, con esa esencia de no pertenecer a otra cosa que a su propia tribu, con sus leyes ajenas a cualquier otra ley que no sean las que dictan su sentido ético y su concepción del mundo, y también con el estigma que arrastran desde hace siglos. Pero, para la autora, el mundo gitano no es otra cosa que un pretexto para hablarnos de cosas verdaderamente importantes como la tolerancia, el respeto, el amor, la compasión por el prójimo, la importancia de los sentimientos y del sentido de justicia. 

¿Cómo Ursula Wölfel puede hablar de todo eso a los niños, a los jóvenes, en general a todos los lectores sin aburrir, sin didactismo, sin moralejas? Creo que en eso, precisamente, radica la distinción y el vuelo de altura de Historia de Pimmi. Cada personaje tiene en su esbozo psicológico, en su conducta y en sus relaciones con los otros, un mensaje que llega al pensamiento y se convierte en significado a través de la emoción. CONTINUAR LEYENDO el comentario de la escritora Iliana Prieto.
Fuente: Fundación Cuatrogatos.

«Calila y Dimna», una joya del siglo XIII en versión íntegra y actualizada. José María Merino publica una edición en castellano contemporáneo del histórico libro, de gran vigencia hoy en día

Los clásicos de la literatura española acostumbran a ser más citados que leídos, o se fosilizan en los programas escolares. Si se transmiten en su versión original, la lectura topa con interminables notas a pie de página, apuntaJosé María Merino: «Conforme retroceden en el tiempo, los textos se vuelven más oscuros y, en muchas ocasiones, incomprensibles para gran cantidad de lectores que los encuentran demasiado difíciles y abstrusos». Gran parte de los clásicos que hemos dado por conocidos eran en realidad versiones resumidas o fragmentarias. Al final, subraya Merino, «el sentido verdadero queda como un secreto, únicamente al alcance de especialistas».

¿Quiénes son Calila y Dimna? En el texto original, dos chacales que se convirtieron en linces para los lectores castellanos. De los dos, el más actual es Dimna por su relativismo moral. «Nuestra sociedad está llena de “dimnas”, trepas e impostores que luego se hacen pasar por inocentes. En este aspectono nada hemos cambiado desde el siglo XIII», ironiza Merino.

El escritor y académico conoció «Calila y Dimna» en sus tiempos de pupitre y pizarra gracias a la antología de Sainz de Robles «Cuentos viejos de la vieja España» (Aguilar, 1943): «El antólogo había procurado llevar con cuidado al español contemporáneo el viejo castellano, que resultaba así perfectamente comprensible hasta para la inteligencia del jovencísimo lector que yo era entonces». Al volver a «Calila y Dimna» -edición de Castalia a cargo de Juan Manuel Cacho Blecua y María Jesús Lacarra-, Merino constató que la obra «no solamente no ha envejecido, sino que presenta un aire sorprendente de modernidad, tanto en la curiosas estructura general de los cuentos como en la finura con la que están descritos, mediante diálogos, unos comportamientos que parecen proyectarse con acierto en las ambiciones y manejos oscuros del mundo en que vivimos». CONTINUAR LEYENDO
Fuente: ABC_cultura_libros

Gabriela Mistral: La maestra Nobel.

Gabriela Mistral ha sido la única mujer escritora en lengua española en recibir el Premio Nobel de Literatura. Además de escritora fue maestra y diplomática, entre sus máximas pedagógicas : "Si no realizamos la igualdad y la cultura desde la escuela, ¿dónde podrán exigirse estas cosas?"



En conmemoración del Día de la Mujer, recordamos a la chilena Gabriela Mistral, un icono de la educación y de la literatura universal. Sus méritos literarios fueron reconocidos en 1945 cuando recibió el Premio Nobel de Literatura. Gabriela fue la primera escritora en lengua española y primera latinoamericana en recibir esta distinción.

La polifacética Gabriela Mistral, nombre artístico de Lucila Godoy Alcayaga, desempeñó con dedicación e índole visionaria las labores de poetisa, narradora, diplomática y educadora en unos tiempos en los que la mujer no tenía derecho pleno a votar. Desde la profesión de maestra, a la que accedió con vocación a la temprana edad de 15 años, y atravesando la geografía chilena, abordó con increíble adelanto para su época la importancia de la formación de ciudadanos integrales. Su preocupación por la educación de la mujer se plasma asimismo en el artículo “La instrucción de la mujer”, texto en el que solicita que las mujeres tengan derecho a la educación. Sus pensamientos pedagógicos también reflejan todas estas inquietudes, teniendo plena vigencia en estos tiempos, como los siguientes ejemplos que así lo demuestran:
  • “Si no realizamos la igualdad y la cultura dentro de la escuela, ¿Dónde podrán exigirse estas cosas?”
  • “La maestra que no lee tiene que ser mala maestra: ha rebajado su profesión al mecanismo de oficio, al no renovarse espiritualmente”.
  • “Para corregir no hay que temer. El peor maestro es el maestro con miedo”.
  • “Como todo no es posible retenerlo, hay que hacer que la alumna seleccione y sepa distinguir entre la médula de un trozo y el detalle útil pero no indispensable.
”Como poetisa, Mistral se aleja de las vanguardias europeas de la época, centrándose en temas cotidianos y utilizando un lenguaje coloquial, simple, de gran musicalidad y un simbolismo que conecta con una imaginería de tradición folclórica. De entre su obra destacan, “Los Sonetos de la Muerte”, 1914; “Desolación”, 1922; “Ternura”, 1924 y “Tala”, 1938.

La importancia del estudio en el aula de esta figura femenina de la literatura universal es innegable, con presencia en los currículos de sistemas educativos iberoamericanos. Los recursos existentes para el estudio de su obra son asimismo variados y muestran el gran interés y rigurosidad en el tratamiento de su figura y obra. A continuación se proponen una serie de recursos para trabajar en el aula de Primaria y Secundaria:

Primaria 1er ciclo: Lectura comprensiva interactiva del poema “Canción de Cuna”

Secundaria: Biografía interactiva por lugares y países que albergaron a la poetisa; crucigrama interactivovida y obra; video de la Fundación Gabriela Mistral “Su vida, su legado” y poemas leídos por la propia autora.
Fuente: Blog del CNIIE

William Wilson. Un cuento de Edgar Allan Poe.

Los cuentos de dobles abundan en la narrativa fantástica, algunos muy famosos: “William Wilson” de Poe; “Lejana” de Cortázar, Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson, y en una variante donde lo humano y lo animal se intercambian, “Axolotl”, también de Cortázar. El “yo” se disgrega, se extraña y, como sucede en muchos relatos, su multiplicidad acaba en la muerte del personaje. (Marcela Carranza)

William Wilson
Edgar Allan Poe

Permitan que, por el momento, me presente como William Wilson. La página inmaculada que tengo ante mí no debe mancharse con mi verdadero nombre. Éste ya ha sido el exagerado objeto del desprecio, horror y odio de mi estirpe. ¿Los vientos indignados, no han esparcido su incomparable infamia por las regiones más distantes del globo? ¡Oh, paria, el más abandonado de todos los parias! ¿No estás definitivamente muerto para la tierra? ¿No estás muerto para sus honores, para sus flores, para sus doradas ambiciones? Y una nube densa, lúgubre, limitada, ¿no cuelga eternamente entre tus esperanzas y el cielo? 

Aunque pudiese, no quisiera registrar hoy, ni aquí, la narración de mis últimos años de indecible desdicha y de crimen imperdonable. Esa época -esos años recientes- llegaron repentinamente al colmo de la depravación cuyo origen es lo único que en el presente me propongo señalar. Por lo general los hombres caen gradualmente en la bajeza. En mi caso, en un sólo instante, toda virtud se desprendió de mi cuerpo como si fuera un manto. De una maldad comparativamente trivial pasé, con la zancada de un gigante, a enormidades peores que las de un Heliogábalo. Acompáñenme en el relato de la oportunidad, del único acontecimiento que provocó una maldad semejante. La muerte se acerca, y la sombra que la precede ha ejercido un influjo tranquilizador sobre mi espíritu. Al atravesar el valle de las penumbras, anhelo la comprensión -casi dije la piedad- de mis semejantes. Desearía que creyeran que, en cierta medida, he sido esclavo de circunstancias que exceden el control humano. Desearía que, en los detalles que estoy por dar, buscaran algún pequeño oasis de fatalidad en un erial de errores. Desearía que admitieran -y no pueden menos que hacerlo- que aunque hayan existido tentaciones igualmente grandes, el hombre no ha sido jamás así tentado y, sin duda, jamás así cayó. ¿Será por eso que nunca sufrió de esta manera? En realidad, ¿no habré vivido en un sueño? ¿No me muero ahora víctima del horror y del misterio de las más enloquecidas visiones sublunares? CONTINUAR LEYENDO EL CUENTO

jueves, 10 de marzo de 2016

La realidad de lo fantástico. Marcela Carranza (Revista Babar).

Arthur Rackham
Aquí tenéis un artículo muy ilustrativo sobre el cuento o relato fantástico en el que la autora define sus características y  lo diferencia de otros géneros. En él aparecen muchos relatos como ejemplo de lo que en el artículo se va desgranando. Estos cuentos, en su gran mayoría, los iré colocando a continuación para que, si alguien desea leerlos, pueda acceder a ellos y contrastar lo expuesto por la autora.

Los cuentos son:
  • “William Wilson” de Poe
  • “Lejana”, “Continuidad de los parques”, “La noche boca arriba” y “Axolotl” de Cortázar
  • “Tren” de Santiago Dabove
  • “El milagro secreto” de Borges 
  • “Equipaje” de Pablo de Santis

LA REALIDAD DE LO FANTÁSTICO
Marcela Carranza


Yo aceptaba una realidad más grande,

más elástica, más expandida, donde entraba todo.

(Julio Cortázar)



He titulado este texto “La realidad de lo fantástico” porque me interesa la paradoja de pensar lo fantástico como real. ¿Es lo fantástico lo contrario de lo real? ¿Lo uno supone la exclusión de lo otro? ¿Allí donde ingresa lo fantástico, lo real queda descartado, y viceversa?

Hay algo que quizá sí está claro, al menos en términos narrativos y literarios, y es que no existiría lo fantástico sin la existencia de “lo real”, y cuando digo “lo real” me refiero a las formas convencionales con las que nuestra sociedad piensa y entiende eso que solemos llamar “realidad”. El cuento fantástico requiere para ser tal (a diferencia del maravilloso) de la confusión de elementos que podríamos llamar “realistas”, es decir, que imitan “lo real”, y elementos o hechos sobrenaturales, asombrosos o insólitos para ese mundo análogo a la realidad cotidiana. Esta coexistencia ambigua de mundos dispares hace del fantástico una especie de oxímoron: la contradicción es parte de su naturaleza. El mundo creado por un relato fantástico sostiene la irrupción de lo inadmisible, de lo imposible, dentro del orden de todos los días; y es en esa irrupción donde se asientan los efectos literarios e incluso filosóficos del relato fantástico. CONTINUAR LEYENDO EL ARTÍCULO

martes, 8 de marzo de 2016

Tertulia literaria de Sim Romí (Asociación de Mujeres Gitanas) con el texto "El papel de pared amarillo" de Charlotte Perkins.

Charlotte Perkins Gilman (1860 – 1935) fue una destacada socióloga, novelista y cuentista estadounidense, que además escribió poesía y obras de no ficción, e impartió conferencias para la Reforma social. Durante un tiempo fue una utópica feminista cuando sus logros eran excepcionales entre las mujeres, y sirvió de modelo para futuras generaciones de feministas debido a sus ideas y estilo de vida poco ortodoxos. 

Su obra más conocida actualmente es un cuento semiautobiográfico, El papel de pared amarillo ("The Yellow Wallpaper"), que escribió durante un brote severo de depresión postparto. Tras dar a luz a su primera hija, Charlotte Perkins Gilman cayó en una profunda depresión. Esta se agravó cuando, tras consultar con un famoso especialista en lo que entonces se consideraban trastornos femeninos —que eran poco más que enfermedades imaginadas… por los médicos—, fue obligada a guardar un absoluto reposo. Fruto de ese estado de alteración mental surge el breve relato de El papel pintado amarillo, que tiene la virtud de ser un fantástico texto sobre la locura, a la vez que un alegato feminista. La protagonista del relato, trasunto de la propia Charlotte, se obsesiona de manera insana con el papel pintado que decora la habitación donde se ve obligada a estar recluida, en un reposo forzado. El dibujo del empapelado la obsesiona cada vez más, durante horas sigue y resigue sus formas confusas que se extienden a lo largo de toda la pared, hasta que poco a poco no puede pensar en otra cosa. Cuando su delirio aumente, la joven creerá haber descubierto una mujer apresada tras el enrejado que forma el dibujo del papel pintado.(Sara Castro)

No hace mucho que estando próximo el "Día Internacional de la Mujer" la Tertulia de Sim Romí, Asociación de Mujeres Gitanas, junto con una profesora de la fundación Peñascal-Bolueta, celebramos nuestra tertulia quincenal con el texto de Charlotte Perkins. Fue todo un descubrimiento tanto de la autora como del cuento. Desde el relato pudimos ver cómo era considerada la mujer en aquella época; cómo lo que se salía del campo de las enfermedades orgánicas era considerado en ellas pura histeria; qué papel se le adjudicaba a la mujer en el matrimonio; en qué consideración se le tenía; cómo el amor del marido de la protagonista no era tal, sino un paternalismo axfisiante; cómo ese pseudoamor era el arma perfecta para el chantaje afectivo; cómo la maltrataba psicológicamente; y cómo esas consideraciones iban acabando poco a poco con la salud mental de la protagonista que termina en una locura que, en nuestra opinión, es una venganza hacia John, su marido. Claro que no hizo falta mucho para que nos diéramos cuenta de que lo narrado allí no era algo del pasado, sino que, desgraciadamente, de una u otra forma, se repetía en nuestra sociedad. En fin que fue una tertulia muy instructiva y en la que, además de seguir tomando conciencia de las mil y una caras que puede adoptar el maltrato, salimos con la intención de seguir peleando por la igualdad de los hombres y de las mujeres.

Tertulia Literaria Dialógica en 5º de Primaria con el texto del "Niño bueno" de Mark Twain.

La semana pasada asistí a una tertulia que celebraba un grupo de 5º de Primaria junto con sus familias. El texto elegido fue el del "Niño bueno" de Mark Twain. Este texto, junto con el del "Niño malo" fue escrito por su autor para ridiculizar la literatura (?) infantil de la época llena de moralina y de consignas políticamente correctas que pretendían la sumisión de los niños y las niñas a sus mayores; en una palabra, su domesticación. Intención esta que está en las antípodas de la literatura.

Siguiendo a Marcela Carranza, Jacob Blivens (el protagonista del "niño bueno") era un niño "horriblemente bueno", y un fervoroso lector de todos los libros de la escuela dominical. Allí estaba la clave de su extraño comportamiento. Jacob creía y confiaba en todos aquellos niños-modelo de los libros, quería fervientemente ser uno de ellos, y formar parte de alguna de aquellas historias. El único inconveniente era que a Jacob las cosas nunca le salían como en los libros. Su obstinación en imitar a los niños buenos de los cuentos, le significó toda clase de vejaciones y accidentes. Finalmente murió despedazado por una explosión. Su cuerpo quedó distribuido en cuatro pueblos cercanos.

Al empezar y al hablar de lo que les había parecido el texto, las familias lo criticaron con rotundidad, algo que no me sorprendió porque el texto ridiculiza al niño bueno y eso es visto como algo negativo, como un mal ejemplo para sus hijos e hijas. También algunos alumnos lo criticaron con el mismo espíritu, pero centrándose en cosas más concretas. Incluso hubo quien dijo que le había parecido aburrido.

Una vez que pasamos a los párrafos la tertulia estuvo, como supondréis, de lo más animada, porque entre otras cosas, las familias nos miraban a la profesora y a mí como a los responsables de la elección de aquel texto tan poco edificante. Como es natural, los comentarios de los primeros párrafos leídos estuvieron teñidos de este espíritu. Aunque recuerdo como anécdota, que una alumna, al comentar el párrafo que habla de la mentira, contó que en su casa, su padre le anima a que no diga mentiras, pero que, sin embargo ella se da cuenta de que él las dice. Poco a poco fuimos reflexionando y dándonos cuenta de que aquel cuento nos ayudaba a reflexionar sobre lo que era realmente la bondad. Vimos que la bondad era algo que más que obedecer y no decir mentiras; que la bondad exigía coherencia en nuestra conducta; y que la bondad iba muy unida a la defensa de los derechos humanos. En esto, hubo una madre que escogió el párrafo que decía: "Jacob sabía que ser de buena conducta era malo para la salud", y lo presentó como la prueba definitiva de lo inadecuado del texto. Claro que reflexionando, nos dimos cuenta de que en, por ejemplo, las dictaduras, defender los derechos humanos puede suponer la cárcel o la muerte. Algo que también puede suceder en menor grado en contextos más próximos cuando denunciamos o hacemos frente, por ejemplo, a una agresión. Lo que, evidentemente, no es bueno para la salud.

Al finalizar la tertulia y por los comentarios del alumnado y de sus familias, me pareció que las posturas iniciales se habían suavizado y que habían dado paso, si no a un cambio de criterio, sí por lo menos a una reflexión acerca de la amplitud de significados de los que podía ser portador el cuento. Recuerdo que al finalizar comentaba con una madre en plan amigable que si además del "niño bueno" hubiésemos leído el del "niño malo", hubiese sucedido una catástrofe. Y como lo llevaba conmigo se lo entregué para que lo leyera. Ahí quedó la cosa. Días más tarde, la profesora me escribía diciendo que una madre le había comentado que si en otra tertulia el texto elegido sería el del "niño malo", ese día su hijo no iría al colegio. ¡Qué grandes y maravillosas son las tertulias!

Mujeres matemáticas

Muchas mujeres matemáticas han dejado su huella a lo largo de la historia, muchas de ellas luchando por defender sus derechos, sin poder acceder a la educación en igualdad de condiciones con los hombres y remando contracorriente en un mar de dificultades en una sociedad con una visión arcaica.

Aquí sólo están algunas… la lista es interminable y afortunadamente sigue creciendo cada día.

Fuente: matemáticascercanas

El extraño. Un cuento de terror de H.P. Lovecraft que puedes leer y escuchar.

Infeliz es aquel a quien sus recuerdos infantiles sólo traen miedo y tristeza. Desgraciado aquel que vuelve la mirada hacia horas solitarias en bastos y lúgubres recintos de cortinados marrones y alucinantes hileras de antiguos volúmenes, o hacia pavorosas vigilias a la sombra de árboles descomunales y grotescos, cargados de enredaderas, que agitan silenciosamente en las alturas sus ramas retorcidas. Tal es lo que los dioses me destinaron... a mí, el aturdido, el frustrado, el estéril, el arruinado; sin embargo, me siento extrañamente satisfecho y me aferro con desesperación a esos recuerdos marchitos cada vez que mi mente amenaza con ir más allá, hacia el otro. 


No sé dónde nací, salvo que el castillo era infinitamente horrible, lleno de pasadizos oscuros y con altos cielos rasos donde la mirada sólo hallaba telarañas y sombras. Las piedras de los agrietados corredores estaban siempre odiosamente húmedas y por doquier se percibía un olor maldito, como de pilas de cadáveres de generaciones muertas. Jamás había luz, por lo que solía encender velas y quedarme mirándolas fijamente en busca de alivio; tampoco afuera brillaba el sol, ya que esas terribles arboledas se elevaban por encima de la torre más alta. Una sola, una torre negra, sobrepasaba el ramaje y salía al cielo abierto y desconocido, pero estaba casi en ruinas y sólo se podía ascender a ella por un escarpado muro poco menos que imposible de escalar. 

Debo haber vivido años en ese lugar, pero no puedo medir el tiempo. Seres vivos debieron haber atendido a mis necesidades; sin embargo, no puedo rememorar a persona alguna excepto yo mismo, ni ninguna cosa viviente salvo ratas, murciélagos y arañas, silenciosos todos. Supongo que, quienquiera que me haya cuidado, debió haber sido asombrosamente viejo, puesto que mi primera representación mental de una persona viva fue la de algo semejante a mí, pero retorcido, marchito y deteriorado como el castillo. Para mí no tenían nada de grotescos los huesos y los esqueletos esparcidos por las criptas de piedra cavadas en las profundidades de los cimientos. En mi fantasía asociaba estas cosas con los hechos cotidianos y los hallaba más reales que las figuras en colores de seres vivos que veía en muchos libros mohosos. En esos libros aprendí todo lo que sé. Maestro alguno me urgió o me guió, y no recuerdo haber escuchado en todos esos años voces humanas..., ni siquiera la mía; ya que, si bien había leído acerca de la palabra hablada nunca se me ocurrió hablar en voz alta. Mi aspecto era asimismo una cuestión ajena a mi mente, ya que no había espejos en el castillo y me limitaba, por instinto, a verme como un semejante de las figuras juveniles que veía dibujadas o pintadas en los libros. Tenía conciencia de la juventud a causa de lo poco que recordaba. CONTINUAR LEYENDO