martes, 31 de mayo de 2016

NÚMEROS Y ACORDES: CÓMO LA MÚSICA MEJORA EL RENDIMIENTO EN MATEMÁTICAS.


Hace unas semanas les mostramos el caso del Colegio Artístico Sol del Illiminani, establecimiento municipal de La Florida apadrinado por la banda nacional Inti-Illimani. A través de su experiencia y prácticas pedagógicas, pudimos observar cómo el arte y, sobre todo la música, han servido para mejorar la convivencia escolar, el aprendizaje y el rendimiento de los alumnos, así como la inclusión dentro del colegio. 

Precisamente, cada vez hay más evidencia científica sobre los efectos neurológicos positivos y de desarrollo que la música entrega para mejorar el aprendizaje en edad escolar, con un impacto que trasciende a la vida adulta. Diversos estudios han demostrado cómo la música sirve para aumentar la memoria y concentración, estimular la creatividad y la imaginación, fomentar la expresión corporal y la interacción e, incluso, mejorar la habilidad para resolver problemas matemáticos y de razonamientos complejos. CONTINUAR LEYENDO.

Fuente: laeducacioncuantica.org

Antônio Carlos Jobim (Tom Jobim) - entrevistado por Clarice Lispector

“Minhas sinfonias estão inéditas.”

Tom Jobim e eu já nos conhecíamos: ele foi o meu padrinho no Primeiro Festival de Escritores, quando foi lançado meu livro A maça no escuro. E ele fazia brincadeiras: segurava o livro na mão e perguntava: quem compra? Quem quer comprar?

Para este diálogo, marcamos às seis da tarde: às seis e trinta e cinco tocavam a campainha da porta. E era o mesmo Tom que eu conhecia: bonito, simpático, com um ar puro malgré lui, com os cabelos um pouco caídos na testa. Um uísque na mesa e começamos quase que imediatamente a entrevista. CONTINUAR LEYENDO

"Un paciente en disminución". Un minicuento de Macedonio Fernández.

El señor Ga había sido tan asiduo, tan dócil y prolongado paciente del doctor Terapéutica que ahora ya era sólo un pie. Extirpados sucesivamente los dientes, las amígdalas, el estómago, un riñón, un pulmón, el bazo, el colon, ahora llegaba el valet del señor Ga a llamar al doctor Terapéutica para que atendiera el pie del señor Ga, que lo mandaba llamar.

El doctor Terapéutica examinó detenidamente el pie y “meneando con grave modo” la cabeza resolvió:

-Hay demasiado pie, con razón se siente mal: le trazaré el corte necesario, a un cirujano.

FIN

lunes, 30 de mayo de 2016

Nueva pestaña: "Tertulia Pedagógica Virtual".

Hoy he añadido una nueva pestaña que lleva por título: Tertulia Pedagógica Virtual. Desde esta pestaña se puede participar en un "Foro" desde el que se comentarán, por parte de todas aquellas personas que deseen participar, diferentes artículos relacionados con la educación, la lectura, la escritura y la literatura.


 El primer tema de estas "Tertulias Pedagógicas Virtuales" se refiere a un artículo de Graciela Montes titulado: "La gran ocasión. La escuela como sociedad lectora" que podéis descargaros pinchando sobre el título del mismo. 

Desde mi punto de vista, esta reflexión que hace Graciela Montes y a la que une diferentes propuestas, es un documento de gran valor, cuya lectura no nos va a dejar indiferentes. De ahí que la primera Tertulia Pedagógica Virtual se abra con este tema para que todas las personas que lo deseen puedan comentarlo en su totalidad o en algún aspecto del mismo, a fin de enriquecernos con las diferentes "lectios" que hagamos. Más adelante iremos incorporando otros temas, 

Este trabajo se publicó dentro del Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la República Argentina.

También aparece otro tema para debatir basado en: "Escribir la lectura". Un artículo de Rolan Barthes que aparece como un capítulo en su libro: "El susurro del lenguaje. Más allá de la palabra y la escritura" (Paidós).

Leer es resistir. Benito Taibo. TEDxUNAMAcatlán.

Benito Taibo nos comparte cómo nació su amor por la lectura y cómo es que ello lo llevó a convertirse en escritor.

"Arrepentimiento". Un cuento de Guy de Maupassant

El señor Saval acaba de levantarse. Llueve. Es un triste día de otoño; las hojas caen lentamente con la lluvia, formando también una lluvia más apretada y más lenta. El señor Saval no está satisfecho. Va de la chimenea a la ventana y de la ventana a la chimenea. La vida tiene días tristes, y para el señor Saval en adelante solo tendrá días tristes, porque ha cumplido sesenta y dos años. Está solo, soltero, sin familia, sin nadie que se interese por él. ¡Es muy triste morir aislado sin dejar un afecto profundo!

Piensa en su vida sin encantos y sin atractivos. Y recuerda en el pasado, en su niñez lejana, la casa paterna, el colegio, las vacaciones, la universidad. Luego, la muerte de su padre. 

Vive con su madre; viven los dos, el joven y la vieja, tranquilamente, sin desear nada. Pero la madre muere también. ¡Qué triste vida! Y el hijo queda solo. Envejece y morirá cualquier día. Desapareciendo él, todo habrá terminado; todo, ni rastro de Pablo Saval sobre la tierra. ¡Qué terrible cosa! Y otros vivirán, amarán, reirán. Sí, habrá siempre quien se divierta, y él no se divierte nunca. Es raro que se pueda reír y estar alegre con la certeza de la muerte. Si la muerte fuera solo probable, aún habría esperanza; pero no, es tan segura como la noche después del día.

¡Y aún si la vida tuviera encantos! Desde que nació no hizo nada. No tuvo aventuras, ni grandes goces, ni éxitos, ni satisfacciones de ninguna especie. Nada, no había hecho nada; su vida se redujo a levantarse, vestirse, comer y acostarse; todo a horas fijas. Y así pasó en este mundo sesenta y dos años. Ni siquiera se había casado, como la mayor parte de los hombres. ¿Por qué? ¿por qué no se había casado? Pudo hacerlo, pues tenía bastante renta para mantener una familia. ¿Tal vez no se le había presentado la ocasión?... Acaso. Pero se buscan las ocasiones. Era un poco negligente, abandonado…Eso fue la causa de todo: su daño, su defecto, su vicio. ¡Cuántas gentes malogran su vida por abandono! ¡Es tan difícil para ciertas naturalezas moverse, agitarse, hablar, insistir! CONTINUAR LEYENDO

"Hombres necios que acusáis". Un poema de Sor Juana Inés de la Cruz (México 1651-1695)

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.

Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego con gravedad
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo. CONTINUAR LEYENDO


domingo, 29 de mayo de 2016

"La gran ocasión. La escuela como sociedad lectora". Un magnífico artículo de Graciela Montes

VALE LA PENA. Leer vale la pena... Convertirse en lector vale la pena... Lectura a lectura, el lector – todo lector, cualquiera sea su edad, su condición, su circunstancia…– se va volviendo más astuto en la búsqueda de indicios, más libre en pensamiento, más ágil en puntos de vista, más ancho en horizontes, dueño de un universo de significaciones más rico, más resistente y de tramas más sutiles. Lectura a lectura, el lector va construyendo su lugar en el mundo. Lo que sigue es una reflexión acerca de esta lectura que vale la pena. Es también una propuesta: que la escuela se asuma como la gran ocasión para que todos los que vivimos en este país –cualquiera sea nuestra edad, nuestra condición, nuestra circunstancia…– lleguemos a ser lectores plenos, poderosos. La lectura no es algo de lo que la escuela pueda desentenderse.

BUSCADORES DE SENTIDO Leer es algo más que descifrar, aunque toda lectura suponga un desciframiento. Leer es construir sentido. No sólo se “lee” lo que está cifrado en letras. Se “lee” una imagen, la ciudad que se recorre, el rostro que se escudriña...Se buscan indicios, pistas, y se construye sentido, se arman pequeños cosmos de significación en los que uno, como lector, queda implicado.

Mucho antes de disponer del lenguaje, un bebé “lee” el mundo que lo rodea, busca señales, anticipa acontecimientos según esas señales, registra lazos de significación entre un tono de voz, un rumor de fondo, un ruido de pasos por el pasillo y la desazón, o el consuelo. El movimiento de una cortina, cierta luminosidad, el contacto con la colcha de la cama algo “le dicen”. No se trata de un significado que está allí de antemano, no es cierto que ese movimiento de la cortina, esa luminosidad o ese contacto con la colcha estén preparados para decirle lo mismo a cualquier otro bebé. El ha construido la significación, es resultado de su trabajo. 

Sin embargo, está claro que esa “lectura” mínima de quien todavía no dispone del lenguaje resultará invisible. No queda registro de ella en ninguna parte. Sólo, tal vez, en situaciones excepcionales, alguien muy cercano y lo bastante intuitivo podrá acaso –leyendo a su vez pequeñas señales– tener algún atisbo de ella. Muchas de nuestras “lecturas” privadas, íntimas, siguen siendo de ese orden, invisibles, toda la vida. El universo de significados que armamos al contemplar un paisaje, o un cuadro, al mirar las escenas de una manifestación en el noticiero de la televisión o recoger los indicios del paso de un extraño por una habitación muy conocida por lo general queda dentro de los límites de nuestra conciencia.

Otras veces, en cambio, cuando contamos una película que hemos visto, por ejemplo, o cuando relatamos un suceso, algo de lo que fuimos testigos, damos voz a nuestra “lectura”. Nuestro trabajo de constructores de sentido se vuelve visible. Pensemos en un relato, por ejemplo. El relato que hacemos es obra nuestra. No pretende incorporarlo todo, cada una de las sensaciones que registraron nuestro oído, nuestro ojo o nuestro olfato en un primer, un segundo, un tercer plano de la atención, sino que elige, arma, “dibuja”… Se escogen algunos pasajes, otros se omiten, se procede a un cierto montaje, se hace hincapié en un detalle y no en otro, se adopta un punto de vista… El cosmos de significación que construimos es personal, exactamente como le sucedía al bebé. Y nos incluye. Cada persona, desde que nace, “lee” el mundo, infatigablemente busca sentidos. 

Y, del mismo modo, si le dan la ocasión, también puede “escribir”, o “inscribir” en palabras, ese mundo que ha leído. Puede contarlo. Analfabetos de significación no hay, somos todos constructores de sentido. Y, si nos dan la palabra, todos podemos sentirnos, al menos por un rato, “el dueño del cuento”. CONTINUAR LEYENDO

sábado, 28 de mayo de 2016

"El buitre". Un cuento de Franz Kafka

Érase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra.

Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.

-Estoy indefenso -le dije- vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.

-No se deje atormentar -dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.

-¿Le parece? -pregunté- ¿quiere encargarse del asunto?

-Encantado -dijo el señor- ; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿Puede usted esperar media hora más?

- No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí -: por favor, pruebe de todos modos.

-Bueno- dijo el señor- , voy a apurarme.

El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba.

FIN

"A la deriva". Un cuento de Horacio Quiroga.

El hombre pisó algo blancuzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yaracacusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque.

El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras. 

El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho. 

El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que, como relámpagos, habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla. Movía la pierna con dificultad; una metálica sequedad de garganta, seguida de sed quemante, le arrancó un nuevo juramento. CONTINUAR LEYENDO

Tertulia Musical: Krystian Zimerman - Beethoven - Piano Concerto No 4 in G major, Op 58.

#LectoresEnRed. Quiénes son los bookstagrammers, la nueva comunidad online de apasionados por los libros

"Necesitaba expresar mi amor por la lectura, compartirlo. Así empecé como bookstagrammer", confiesa Martina Barimboim (20, estudia Edición en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA; @booksofcoffee ) y se hace eco a una de las tantas voces que en la próxima Feria del Libro será protagonista del primer encuentro de esta comunidad que combina la pasión por la lectura y las redes sociales. A través de Instagram, por sobre todo, y como un buen club de lectura, comparten fotos de los libros que les interesa, los que están leyendo, los títulos que recomiendan, arman debates y organizan lecturas colectivas.

La experiencia de contactarse con chicos de diferentes edades y de las más diversas partes del mundo unidos por esta misma pasión, se repite en cada una de las palabras de los integrantes de Boosktagram Argentina (@bookstagramarg ) el grupo que nació a finales de 2015.

Cristina Alemany, la coordinadora de las actividades juveniles de la Feria del Libro asegura que los bookstagrammers irrumpieron en la escena con una fuerza arrolladora. "Hay que seguirlos de cerca y ver cómo evolucionan -dice la especialista en literatura YA (Young Adults)- En estas nuevas formas de leer y socializar, la imagen, la interpretación plástica del contenido del texto, el significado del mensaje, son muy importantes. Hay un poder de síntesis en bookstagram, un impacto visual y semiótico muy grande y está al alcance de todos. Pensemos que se puede hacer simplemente como un teléfono." CONTINUAR LEYENDO


Fuente: La nación

jueves, 26 de mayo de 2016

Gabriel Celaya, Poeta (2ª parte). Por Santiago Fernández.

Mi buen amigo y compañero Santiago Fernández, asesor de Matemáticas en el Berritzegune Nagusia, me envía la segunda parte (con anterioridad ya dimos noticia de la primera) de un trabajo que ha realizado sobre Gabriel Celaya. Santi, además de gran matemático, es un estudioso de la literatura y gran conocedor de la vida y obra de Gabriel Celaya. Gracias Santi.





Shakespeare y Cervantes, esa es la cuestión. La coincidencia hace 400 años de la muerte de estos dos grandes de la literatura universal alienta la búsqueda de una identidad compartida. Alberto Manguel.

Nuestra aptitud para ver constelaciones de estrellas distantes entre sí y por lo general muertas se vuelca en otras áreas de nuestra vida sensible. Agrupamos en una misma cartografía imaginaria hitos geográficos disímiles, hechos históricos aislados, personas cuyo solo punto común es un idioma o un cumpleaños compartido. Creamos así circunstancias cuya explicación puede ser encontrada solamente en la astrología o la quiromancia, y a partir de estos embrujos intentamos responder a viejas preguntas metafísicas sobre el azar y la fortuna. El hecho de que las fechas de William Shakespeare y Miguel de Cervantes casi coincidan hace que no solo asociemos a estos dos personajes singulares en obligatorias celebraciones oficiales, sino que busquemos en estos seres tan diferentes una identidad compartida.

Desde un punto de vista histórico, sus realidades fueron notoriamente distintas. La Inglaterra de Shakespeare transitó entre la autoridad de Isabel y la de Jaime, la primera de ambiciones imperiales y la segunda de preocupaciones sobre todo internas, calidades reflejadas en obras como Hamlet y Julio César por una parte, y en Macbeth y El rey Lear por otra. El teatro era un arte menoscabado en Inglaterra: cuando Shakespeare murió, después de haber escrito algunas de las obras que ahora universalmente consideramos imprescindibles para nuestra imaginación, no hubo ceremonias oficiales en Stratford-upon-Avon, ninguno de sus contemporáneos europeos escribió su elegía en su honor, y nadie en Inglaterra propuso que fuese sepultado en la abadía de Westminster, donde yacían los escritores célebres como Spencer y Chaucer. Shakespeare era (según cuenta su casi contemporáneo John Aubrey) hijo de un carnicero y de adolescente le gustaba recitar poemas ante los azorados matarifes. Fue actor, empresario teatral, recaudador de impuestos (como Cervantes) y no sabemos con certeza si alguna vez viajó al extranjero. La primera traducción de una de sus obras apareció en Alemania en 1762, casi siglo y medio después de su muerte.

Cervantes vivió en una España que extendía su autoridad en la parte del Nuevo Mundo que le había sido otorgado por el Tratado de Tordesillas, con la cruz y la espada, degollando un “infinito número de ánimas,” dice el padre Las Casas, para “henchirse de riquezas en muy breves días y subir a estados muy altos y sin proporción de sus personas” con “la insaciable codicia y ambición que han tenido, que ha sido mayor que en el mundo ser pudo”. Por medio de sucesivas expulsiones de judíos y árabes, y luego de conversos, España había querido inventarse una identidad cristiana pura, negando la realidad de sus raíces entrelazadas. En tales circunstancias, el Quijote resulta un acto subversivo, con la entrega de la autoría de lo que será la obra cumbre de la literatura española a un moro, Cide Hamete, y con el testimonio del morisco Ricote denunciando la infamia de las medidas de expulsión. Miguel de Cervantes (nos dice él mismo) “fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo. Perdió en la batalla de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa”. Tuvo comisiones en Andalucía, fue recaudador de impuestos (como Shakespeare), padeció cárcel en Sevilla, fue miembro de la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento y más tarde novicio de la Orden Tercera. Su Quijote lo hizo tan famoso que cuando escribió la segunda parte pudo decir al bachiller Carrasco, y sin exageración, “que tengo para mí que el día de hoy están impresos más de doce mil libros de tal historia; si no, dígalo Portugal, Barcelona y Valencia, donde se han impreso; y aún hay fama que se está imprimiendo en Amberes, y a mí se me trasluce que no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzca”.

Fuente: cultura.elpais.com

LA NOCHE BOCA ARRIBA. Un cuento de Julio Cortázar.

Un ejemplo interesante de esto es el cuento “Equipaje” de Pablo de Santis, incluido en su libro Rey secreto. Como suele suceder en el fantástico, el narrador es una tercera persona focalizada en el personaje. Es decir, su visión de lo que cuenta está sujeta a la perspectiva del protagonista, pero no es el personaje quien habla, sino una voz que en tercera persona nos ofrece cierta garantía de “objetividad”. Por lo tanto, la visión de lo narrado es parcial, pero se reviste de imparcialidad permitiendo al lector creer en lo que se dice, pero a su vez restringiéndole la información necesaria para la resolución del enigma planteado. Es este tipo de narrador el que suele utilizar Cortázar en sus cuentos, como en “La noche boca arriba”, un buen ejemplo también del tema del doble, de la transgresión del límite hasta la inversión entre sueño y vigilia, y de la vulneración de las categorías temporales y espaciales según las comprendemos de ordinario. (Manuela Carranza)

LA NOCHE BOCA ARRIBA
Julio Cortázar


Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos; 

le llamaban la guerra florida. 

A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba. El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y él ­porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre­ montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones. 

Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo distraído, pero corriendo por la derecha como correspondía, se dejó llevar por la tersura, por la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente. Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba a la calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones fáciles. Frenó con el pie y con la mano, desviándose a la izquierda; oyó el grito de la mujer, y junto con el choque perdió la visión. Fue como dormirse de golpe. 

Volvió bruscamente del desmayo. Cuatro o cinco hombres jóvenes lo estaban sacando de debajo de la moto. Sentía gusto a sal y sangre, le dolía una rodilla y cuando lo alzaron gritó, porque no podía soportar la presión en el brazo derecho. Voces que no parecían pertenecer a las caras suspendidas sobre él, lo alentaban con bromas y seguridades. Su único alivio fue oír la confirmación de que había estado en su derecho al cruzar la esquina. Preguntó por la mujer, tratando de dominar la náusea que le ganaba la garganta. Mientras lo llevaban boca arriba hasta una farmacia próxima, supo que la causante del accidente no tenía más que rasguños en la piernas. "Usté la agarró apenas, pero el golpe le hizo saltar la máquina de costado..."; Opiniones, recuerdos, despacio, éntrenlo de espaldas, así va bien, y alguien con guardapolvo dándole de beber un trago que lo alivió en la penumbra de una pequeña farmacia de barrio. CONTINUAR LEYENDO EL CUENTO


Una joven española crea una web de cuentos para niños con autismo. Aprendices Visuales, dedicada a la formación online para niños con autismo, recibe mañana el Premio Desafío Mazda 2015.

Miriam Reyes acababa de terminar la carrera de Arquitectura cuando a su primo Jose, de apenas 3 años, le diagnosticaron autismo. Fue un mazazo para la familia, pero lejos de quedarse de brazos cruzados, empezaron a trabajar con psicólogos, neurólogos... Y lo que entonces fue una forma de ayudar a aquel pequeño, hoy se ha convertido en una organización dedicada a la formación online para niños con autismo con más de 50.000 descargas y 300.000 visualizaciones que ha recibido el Premio Desafío Mazda 2015.


«Los especialistas nos explicaron entonces que estos niños son "aprendices visuales". De ahí el nombre de nuestra iniciativa. Su forma de aprendizaje es visual. Cuando proponía a Jose ir al parque, no me hacía caso, pero si le enseñaba una foto o un pictograma, enseguida se venía conmigo», relata. «Empecé a investigar, a buscar material en internet, y no encontré nada de calidad. Por eso decidí fabricarlo yo y colgarlo en mi blog. Recibimos muchos correos de familias, de profesionales, que nos felicitaban por la iniciativa».

Ese fue el germen de Aprendicesvisuales.org, y lo que hizo que el jurado del premio, compuesto por miembros directivos de Mazda Automóviles España y de la fundación Ashoka*, considerara que merecía recibir este reconocimiento, destinado a premiar la innovación de jóvenes emprendedores de menos de treinta años. En palabras de José María Terol, consejero delegado y presidente de Mazda Automóviles España, «este proyecto rompe con los convencionalismos y ofrece un gran potencial para producir un impacto social a nivel internacional, en este caso el de mejorar la calidad de vida de los niños con autismo de todo el mundo mediante la utilización de las nuevas tecnologías».
Fuente: Diario ABC

miércoles, 25 de mayo de 2016

"Nido de avispas". Un cuento de Agatha Christie.

John Harrison salió de la casa y se quedó un momento en la terraza de cara al jardín. Era un hombre alto de rostro delgado y cadavérico. No obstante, su aspecto lúgubre se suavizaba al sonreír, mostrando entonces algo muy atractivo.
Harrison amaba su jardín, cuya visión era inmejorable en aquel atardecer de agosto, soleado y lánguido. Las rosas lucían toda su belleza y los guisantes dulces perfumaban el aire.
Un familiar chirrido hizo que Harrison volviese la cabeza a un lado. El asombro se reflejó en su semblante, pues la pulcra figura que avanzaba por el sendero era la que menos esperaba.
-¡Qué alegría! -exclamó Harrison-. ¡Si es monsieur Poirot!
En efecto, allí estaba Hércules Poirot, el sagaz detective.
-¡Yo en persona. En cierta ocasión me dijo: "Si alguna vez se pierde en aquella parte del mundo, venga a verme." Acepté su invitación, ¿lo recuerda?
-¡Me siento encantado -aseguró Harrison sinceramente-. Siéntese y beba algo.

Su mano hospitalaria le señaló una mesa en el pórtico, donde había diversas botellas. CONTINUAR LEYENDO

martes, 24 de mayo de 2016

Harold Bloom: "El valor literario nunca es establecido por un crítico".

A los 82 años continúa siendo una de las figuras más influyentes de la literatura mundial. En esta entrevista reniega de su poder como mandarín cultural, confiesa su predilección por César Vallejo y Gabriela Mistral, afirma que Nicanor Parra merece el Nobel y descalifica el realismo mágico como "un disparate"

La música clásica se escucha desde afuera. Son las dos de la tarde en New Haven. Cerca de la calle Whitney, en uno de los más bonitos y tradicionales barrios de esta ciudad -sede de la Universidad de Yale-, vive una leyenda de la crítica literaria, Harold Bloom.La belleza de los árboles en el fin del otoño, la rusticidad elegante de su casa, de tres pisos y madera; la puerta sin llave, un auto antiguo en la puerta. La música que lo acompaña siempre. Son presagios de quien está más allá de la puerta, y grita "entre, está abierto", adivinando quién viene, sin miedo a nada.

Se para con su bastón, le cuesta caminar a sus 82 años, y se sienta de nuevo en su lugar favorito, la cabecera de la mesa de comedor, llena de libros, cartas y hojas amarillas de bloc, donde anota sus clases; los poemas que les dará a leer a sus alumnos y su agenda, que maneja con celo. Con una mano en el teléfono -no le gusta el mail sino el teléfono- y otra en su lápiz, anota cada compromiso y va revisando sus meses venideros. Aunque ya no tiene la vida vertiginosa de antes, sigue dando clases dos veces por semana. Este semestre brinda un curso sobre Shakespeare, y otro de poesía. Y recibe a sus alumnos durante la semana, en grupos de dos o tres, mientras la energía no se le agota.

Habla lento, pausado, a veces como susurrando, en un inglés perfecto y bien pronunciado, eligiendo cada palabra con precisión. Ofrece té y galletas, lo mismo que les prepara a sus alumnos. Su mujer por más de 50 años, Jeanne, atractiva, elegante, discreta, aparece y saluda. "Voy a dar un paseo", dice y se despide. Bloom se queda mirándola mientras se va

Nacido en Nueva York y criado en el Bronx, Harold Bloom ha tenido una influencia inusitada en la escena literaria. Ha publicado más de 20 libros, traducidos a más de 40 idiomas, entre ellos La angustia de las influencias , Anatomía de la influencia y Shakespeare: La invención de lo humano. No sólo es uno de los intelectuales que más ha estudiado a Shakespeare, sino también la influencia de éste y otros autores sobre los demás. También, a través de su libro El canon occidental, ha sido figura clave en decidir quién está en el Olimpo literario mundial y quién no. Ganador de la beca para "genios", MacArthur Fellowship, en 1985, es Sterling Memorial Professor de la Universidad de Yale hace 57 años. CONTINUAR LEYENDO


Nadie quiere a los filósofos. La sociedad debería convertir el pensamiento y la literatura en grandes aliados del progreso. Jordi Llovet.

La crisis por la que atraviesan los estudios de humanidades no solo en España, sino en el mundo entero, era perfectamente previsible desde los albores de la revolución industrial. Lo que se fundó en la Grecia clásica —el amor por el saber— y se mantuvo en Roma —la alabanza del ocio y el menosprecio del negocio—; aquello que las órdenes monásticas conservaron durante la Edad Media; aquello que resurgió con una insólita pujanza durante el Renacimiento europeo, luego durante la Ilustración y en buena medida en las universidades del siglo XIX siguiendo el ejemplo de la reforma universitaria de Humboldt en Berlín, todo eso empezó a librar ya a mediados de ese mismo siglo una batalla muy dura contra un enemigo de potencia no solo no prevista, sino también incalculable. El hombre de estudio, la mujer de artes o letras, vieron, a lo largo del gran siglo de la burguesía y de todo el siglo XX cómo la legitimidad de su quehacer quedaba mermada y amenazada a causa del desarrollo de la ciencia, la industria, el comercio y la técnica.

En 1872, Flaubert lamentaba el desequilibrio que un nuevo plan de estudios para el bachillerato en Francia exhibía entre algo tan elemental como el deporte —que ya no tenía en Europa el destino agónico que había tenido en Grecia o Roma— y la enseñanza de la literatura, de la que apenas se hablaba. Con mayor énfasis, escribió lo siguiente sobre el mismo asunto: "Estoy asustado, aterrorizado, escandalizado por las gilipolleces cardinales que gobiernan a los seres humanos. Eso es algo nuevo; por lo menos en el grado en que se produce. Las ganas de alcanzar el éxito, la necesidad de triunfar a toda costa —debido al provecho económico que se obtiene— le ha minado a la literatura la moral hasta tal punto que la gente se está volviendo idiota". CONTINUAR LEYENDO


Yolanda Reyes. Esas 'sutiles' exclusiones. ¿Cómo es posible que sigan repitiendo las formas de control social y los "tampoco es para tanto"?

¿Cómo es posible que se sigan repitiendo las mismas formas de control social, las mismas risitas indulgentes, los mismos “tampoco es para tanto” y los “pero qué agresiva” cuando una mujer dice lo que tiene que decir, y lo argumenta sin ambages, sin tratar desesperadamente de agradar, de ser cortés, de que la quieran? ¿Cómo es posible que esas exclusiones cotidianas, sobre las que hace casi un siglo escribió Virginia Woolf en el libro que inspira el nombre de esta columna, se sigan repitiendo y que nuestras alumnas –antes y ahora– sigan teniendo que pagar precios emocionales y sociales tan altos por defender la igualdad de trato y de derechos entre hombres y mujeres?

Hago estas preguntas a propósito de lo ocurrido con la intervención de Carolina Sanín en el foro ‘Una agenda periodística sin lugar para tabús’, que organizó la revista Semana en la Feria del Libro. Según relata Laura Martínez Duque en la revista Arcadia, en el foro se debatían las posturas de los medios sobre temas como el matrimonio igualitario, la adopción por parejas del mismo sexo, el aborto y la eutanasia. Carolina Sanín se refirió a la censura sobre la desigualdad de las mujeres, y un señor del público la mandó callar y la acusó de feminista trasnochada, lo cual en este caso era otorgar razón a todos sus argumentos, como ella bien lo hizo notar. Más adelante, cuando aludió a la violación de mujeres, el caricaturista Matador minimizó la seriedad de su intervención con un chiste sobre una modelo que había tratado de violarlo.

Estos hechos y la manera como fueron relatados después en ‘La Luciérnaga’ (una “niña” conflictiva y no una líder de opinión que develaba esa discriminación fundacional frente a las mujeres, tan anterior a las que se estaban debatiendo) ilustran las formas “sutiles” de descalificar, de ningunear y de trivializar la voz de las mujeres, a las que precisamente se refería Carolina Sanín. Y la pregunta, la de siempre, es qué habría pasado si el episodio hubiera sido protagonizado por un hombre de trayectoria similar. ¿Se habría tildado a ese líder de opinión, profesor universitario riguroso y escritor brillante como un niño conflictivo, en vez de haber comentado sus argumentos? ¿Cómo habría reaccionado el público si Sanín hubiera hecho un chiste sobre la eutanasia, después de la intervención de Matador, y él hubiera pedido respetar esa situación compleja y dolorosa? ¿Cómo habrían cubierto los medios su protesta?

Aunque no estemos dispuestas a admitirlo siempre, hay un dolor profundo que cargamos las mujeres, codificado en nuestra memoria genética y muchas veces también en la memoria corporal, y transmitido de generación en generación que, a estas alturas de la historia y después de tantos años de trabajo, debería ser el punto de partida esencial para tratar temas como el abuso sexual y las formas explícitas y soterradas de sexismo, de discriminación y de exclusión. Incluso cuando estas cuestiones se abordan desde el humor hay, y aquí cabe la palabra, un tabú, o al menos un mínimo respeto, que obliga por igual a hombres y mujeres.

De eso hablaba Carolina Sanín, y es lo que le corresponde hacer como profesora universitaria y como líder de opinión que aspira, por supuesto, a que sean consideradas sus ideas. “Hay que ver el nerviosismo que produce que una mujer hable en este país. Obliga o a decirle “cállese” o a la broma compulsiva, a la exhibición de desdén, a la minimización”, escribió, y pidió divulgar el episodio. Eso es lo que hago para romper ese silencio que muchas veces nosotras mismas avalamos y, lo que es más terrible, transmitimos a los jóvenes que siguen a Carolina Sanín. Y que aprenden (espero) a actuar, con esa necesaria contundencia.

Franz Kafka (carta a Oskar Pollak, 1904).

“Pienso que sólo debemos leer libros de los que muerden y pinchan. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un puñetazo en la cara, ¿para qué molestarnos en leerlo? ¿Para que nos haga felices, como dice tu carta? Cielo santo, ¡seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! Los libros que nos hagan felices podríamos escribirlos nosotros mismos, si no nos quedara otro remedio. Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a los bosques más remotos, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo”.

Estado de sitio. Un cuento de Elena Poniatowska .

Camino por las grandes avenidas, las anchas superficies negras, las banquetas en las que caben todos y nadie me ve, nadie voltea, nadie me mira, ni uno solo de ellos. Ninguno da la menor señal de reconocimiento. Insisto. Ámenme. Ayúdenme. Sí, todos. Ustedes. Los veo. Trato de imantarlos; nada los retiene, su mirada resbala encima de mí, me borra, soy invisible. Sus ojos evitan detenerse en algo, en cualquier cosa, y yo los miro a todos tan intensamente, los estampo en mi alma, en mi frente; sus rostros me horadan, me acompañan; los pienso, los recreo, los acaricio. Nosotras las mujeres atesoramos los rostros; de hecho, en un momento dado, la vida se convierte en un solo rostro al que podemos tocar con los labios. Ámenme, véanme, aquí estoy. Alerto todas las fuerzas de la vida; quiero traspasar los vidrios de la ventanilla, decir: “Señor, señora, soy yo”, pero nadie, nadie vuelve la cabeza, soy tan lisa como esta pared de enfrente. Debería gritarles: “Su sociedad sin mí sería incompleta, nadie camina como yo, nadie tiene mi risa, mi manera de fruncir la nariz al sonreír, jamás verán a una mujer acodarse en la mesa como lo hago, nadie esconde su rostro dentro de su hombro…señores, señoras, niños, perros, gatos, pobladores del mundo entero, créanme, es la verdad, les hago falta.”

Me gustaría pensar que me oyen pero sé que no es cierto. Nadie me espera. Sin embargo, todos los días tercamente emprendo el camino, salgo a las anchas avenidas, a ese gran desierto íntimo tan parecido al que tengo adentro. Necesito tocarlo, ver con los ojos lo que he perdido, necesito mirar esta negra extensión de chapopote, necesito ver mi muerte.

FIN

De noche vienes, México, Grijalbo, 1979.

lunes, 23 de mayo de 2016

Jóvenes y profesionales del centro ‘Las Lagunillas’ de Jaén participan en una tertulia poética y musical.

Hace unos días dábamos la noticia de la celebración de una Tertulia Poético-Musical en el CIMI "Las Lagunillas" de Jaén. Ahora es la misma noticia, pero desde la Fundación Diagrama, que es la que gestiona este centro.


"El pasado 12 de mayo, los jóvenes y profesionales del centro de internamiento ‘Las Lagunillas’ de Jaén, dependiente de la Consejería de Justicia e Interior de la Junta de Andalucía y gestionado por Fundación Diagrama, participaron en una nueva edición de las ‘Tertulias Dialógicas’, en esta ocasión contextualizadas en el ámbito poético y musical.

A lo largo de la actividad, se llevó a cabo la lectura y audición de dos poemas, ‘Andaluces de Jaén’ de Miguel Hernández y ‘Anda Jaleo’ de García Lorca, acompañados por varias interpretaciones musicales. Al igual que en las anteriores ediciones de esta iniciativa, todos los participantes habían leído previamente los poemas, señalando aquellas partes y versos que más les habían llamado la atención para, posteriormente, compartirlos y reflexionar sobre ellos.

En la jornada estuvieron presentes la directora de ‘Las Lagunillas’, Ana Belén Rivero; uno de los profesores del centro, Francisco Béjar; Laura Cañas, maestra y asesora del Centro del Profesorado de Jaén; Jose Eduardo Faya, profesor de inglés en el IES Abula de Vilches; Juan Abad, músico y bibliotecario en la Biblioteca Municipal de Linares; y cuatro integrantes del grupo de Tertulias Literarias Dialógicas de Torreblascopedro (Jaén).

Estas actuaciones educativas se realizan con frecuencia en el centro gracias a los resultados positivos que están obteniendo, tanto en términos formativos como sociales, en el proceso de inserción de los jóvenes. Se trata de una iniciativa que les permite adquirir valores esenciales relacionados con la cultura y la comunicación, potenciando su interés por la lectura y la literatura y mejorando de manera directa su expresión y comprensión oral y escrita.

Lejana. Un cuento de Julio Cortázar.


Los cuentos de dobles abundan en la narrativa fantástica, algunos muy famosos: “William Wilson” de Poe; “Lejana” de Cortázar, Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson, y en una variante donde lo humano y lo animal se intercambian, “Axolotl”, también de Cortázar. El “yo” se disgrega, se extraña y, como sucede en muchos relatos, su multiplicidad acaba en la muerte del personaje. (Marcela Carranza)


LEJANA 

Diario de Alina Reyes

12 de enero

Anoche fue otra vez, yo tan cansada de pulseras y farándulas, de pink champagne y la cara de Renato Viñes, oh esa cara de foca balbuceante, de retrato de Dorian Gray a lo último. Me acosté con gusto a bombón de menta, al Boogie del Banco Rojo, a mamá bostezada y cenicienta (como queda ella a la vuelta de las fiestas, cenicienta y durmiéndose, pescado enormísimo y tan no ella.)

Nora que dice dormirse con luz, con bulla, entre las urgidas crónicas de su hermana a medio desvestir. Qué felices son, yo apago las luces y las manos, me desnudo a gritos de lo diurno y moviente, quiero dormir y soy una horrible campana resonando, una ola, la cadena que Rex arrastra toda la noche contra los ligustros. Now I lay me down to sleep... Tengo que repetir versos, o el sistema de buscar palabras con a, después con a y e, con las cinco vocales, con cuatro. Con dos y una consonante (ala, ola), con tres consonantes y una vocal (tras, gris) y otra vez versos, la luna bajó a la fragua con su polisón de nardos, el niño la mira mira, el niño la está mirando. Con tres y tres aslternadas, cábala, laguna, animal; Ulises, ráfaga, reposo.

Así paso horas: de cuatro, de tres y dos, y más tarde palindromas. Los fáciles, salta Lenin el Atlas; amigo, no gima; los más difíciles y hermosos, átate, demoníaco Caín o me delata; Anás usó tu auto Susana. O los preciosos anagramas: Salvador Dalí, Avida Dollars; Alina Reyes, es la reina y... Tan hermoso, éste, porque abre un camino, porque no concluye. Porque la reina y...

No, horrible. Horrible porque abre camino a esta que no es la reina, y que otra vez odio de noche. A esa que es Alina Reyes pero no la reina del anagrama; que será cualquier cosa, mendiga en Budapest, pupila de mala casa en Jujuy o sirvienta en Quetzaltenango, cualquier lado lejos y no reina. Pero sí Alina Reyes y por eso anoche fue otra vez, sentirla y el odio. CONTINUAR LEYENDO EL CUENTO


Diálogo con Gioconda Belli sobre su obra literaria

jueves, 19 de mayo de 2016

La amante no enumerada. Un cuento de Heinrich Böll.

Ellos han remendado mis piernas y me han dado un puesto en que puedo estar sentado: cuento las gentes que pasan por el nuevo puente. Les da gusto atestiguar con número su habilidad, se embriagan con esa nada sin sentido de un par de cifras, y todo el día, todo el día, marcha mi boca muda como la maquinaria de un reloj, amontonando cifras sobre cifras, para regalarles por la noche el triunfo de un número. Sus rostros resplandecen cuando les comunico el resultado de mi turno de trabajo; cuanto más alto es el número, tanto más resplandecen sus rostros y tienen motivo para acostarse satisfechos en la cama, pues muchos miles pasan diariamente por su nuevo puente... Pero sus estadísticas no están bien. Me da mucha pena, pero no están bien. Soy un hombre en quien no se puede confiar, aunque entiendo que despierto la impresión de lealtad.

En secreto me produce alegría quitarles uno de vez en cuando, y luego también, cuando siento compasión, regalarles un par de más. Su felicidad está en mi mano. Cuando estoy furioso, cuando no tengo nada que fumar, indico solamente el término medio, algunas veces por debajo del término medio, y cuando mi corazón late, cuando estoy contento, dejo que mi generosidad fluya en un número de cinco cifras. ¡Son tan felices! Me arrancan en cada ocasión el resultado de mi mano y sus ojos se iluminan y me dan palmaditas en el hombro. ¡No sospechan nada! Y luego empiezan a multiplicar, dividir, porcentualizar, yo no sé qué. Calculan cuántos pasarán hoy cada minuto por el puente y cuántos pasarán en diez años por el puente. Aman el segundo futuro; el segundo futuro es su especialidad y, sin embargo, me da mucha pena, todo eso no concuerda... CONTINUAR LEYENDO

martes, 17 de mayo de 2016

La identidad, un cuento de Elena Poniatowska.

Yo venía cansado. Mis botas estaban cubiertas de lodo y las arrastraba como si fueran féretros. La mochila se me encajaba en la espalda, pesada. Había caminado mucho, tanto que lo hacía como un animal que se defiende. Pasó un campesino en su carreta y se detuvo. Me dijo que subiera. Con trabajo me senté a su lado. Calaba frío. Tenía la boca seca, agrietada en la comisura de los labios; la saliva se me había hecho pastosa. Las ruedas se hundían en la tierra dando vuelta lentamente. Pensé que debía hacer el esfuerzo de girar como las ruedas y empecé a balbucear unas cuantas palabras. Pocas. Él contestaba por no dejar y seguimos con una gran paciencia, con la misma paciencia de la mula que nos jalaba por los derrumbaderos, con la paciencia del mismo camino, seco y vencido, polvoroso y viejo, hilvanando palabras cerradas como semillas, mientras el aire se enrarecía porque íbamos de subida –casi siempre se va de subida-, hablamos, no sé, del hambre, de la sed, de la montaña, del tiempo, sin mirarnos siquiera. Y de pronto, en medio de la tosquedad de nuestras ropas sucias, malolientes, el uno junto al otro, algo nos atravesó blanco y dulce, una tregua transparente. Y nos comunicamos cosas inesperadas, cosas sencillas, como cuando aparece a lo largo de una jornada gris un espacio tierno y verde, como cuando se llega a un claro en el bosque. Yo era forastero y sólo pronuncié unas cuantas palabras que saqué de mi mochila, pero eran como las suyas y nada más las cambiamos unas por otras. Él se entusiasmó, me miraba a los ojos, y bruscamente los árboles rompieron el silencio. “Sabe, pronto saldrá el agua de las hendiduras”. “No es malo vivir en la altura. Lo malo es bajar al pueblo a echarse un trago porque luego allá andan las viejas calientes. Después es más difícil volver a remontarse, no más acordándose de ellas”… Dijimos que se iba a quitar el frío, que allá lejos estaban los nubarrones empujándolo y que la cosecha podía ser buena. Caían nuestras palabras como gruesos terrones, como varas resecas, pero nos entendíamos.

Llegamos al pueblo donde estaba el único mesón. Cuando bajé de la carreta empezó a buscarse en todos los bolsillos, a vaciarlos, a voltearlos al revés, inquieto, ansioso, reteniéndome con los ojos: “¿Qué le regalaré? ¿qué le regalo? Le quiero hacer un regalo…” Buscaba a su alrededor, esperanzado, mirando el cielo, mirando el campo. Hurgoneó de nuevo en su vestido de miseria, en su pantalón tieso, jaspeado de mugre, en su saco usado, amoldado ya a su cuerpo, para encontrar el regalo. Miró hacia arriba, con una mirada circular que quería abarcar el universo entero. El mundo permanecía remoto, lejano, indiferente. Y de pronto todas las arrugas de su rostro ennegrecido, todos esos surcos escarbados de sol a sol, me sonrieron. Todos los gallos del mundo habían pisoteado su cara, llenándola de patas. Extrajo avergonzado un papelito de no sé dónde, se sentó nuevamente en la carreta y apoyando su gruesa mano sobre las rodillas tartamudeó:

-Ya sé, le voy a regalar mi nombre.
FIN

lunes, 16 de mayo de 2016

Entrevista a Jorge Luis Borges.

Tertulia artístico-literaria. Gustavo Alejandro Castiñeiras y Pino Daeni.

Pino Daeni (1939 - 2010)
Dime por favor donde estás,
en que rincón puedo no verte,
dónde puedo dormir sin recordarte
y dónde recordar sin que me duela.
Dime por favor dónde pueda caminar
sin ver tus huellas,
dónde puedo correr sin recordarte
y dónde descansar con mi tristeza.
Dime por favor cuál es el cielo
que no tiene el calor de tu mirada
y cuál es el sol que tiene luz tan sólo
y no la sensación de que me llamas.
Dime por favor cuál es el rincón
en el que no dejaste tu presencia.
Dime por favor cual es el hueco de mi almohada
que no tiene escondidos tus recuerdos.
Dime por favor cuál es la noche
en que no vendrás para velar mis sueños...
Que no puedo vivir porque te extraño
y no puedo morir porque te quiero.

Autor: Gustavo Alejandro Castiñeiras

Contar "contra" el público infantil. Un artículo de Virginia Imaz Quijera

¿Hay una edad para escuchar cuentos? Para muchísima gente la respuesta es que sí. Los cuentos son sólo para la chiquillería.

La mayoría de la gente joven y adulta en nuestra cultura al crecer ha sido exiliada del mundo de los cuentos y lo que es aún más triste, ignora que hay historias para cada edad del alma, con instrucciones preciosas y precisas para el oficio de vivir.

Yo cuento para personas de todas las edades, con todo tipo de naufragios y de sueños a cuestas. Cuando me preguntan qué público prefiero siempre dudo. A priori me gustan todos. El peor de los públicos posibles es siempre el que no viene. Seguramente el público que prefiero es el que ha elegido acudir a esta cita a ciegas, que con suerte se convertirá en un encuentro amoroso y que ha venido a escuchar. Cuando se dan estas dos circunstancias, que han elegido venir y que han venido a escuchar, todo fluye de otra manera. En ese trance no suelo reparar en las edades de quien está escuchando. O apenas. Me doy cuenta lo justo para adecuar mi repertorio y mi estilo al momento. Pero hago lo mismo si comparamos dos públicos infantiles diferentes. O dos públicos adultos… Siempre escucho primero, a ver qué historia deseo compartir con ese auditorio en concreto.

El problema fundamental con los niños y las niñas y con la gente joven es que normalmente no han decidido venir a escuchar cuentos. Los traen. Se trata de públicos cautivos, en ámbitos escolares o en públicos “aparcados” en ámbitos extraescolares. En el caso de la infancia más temprana la relación que desarrollan con quien narra va a ser un reflejo del vínculo que disfrutan o padecen con sus adultos y adultas significativas (padre, madre, maestro, bibliotecaria…). La chiquillería es naturalmente curiosa y se interesa por todo con relativa facilidad y más por los cuentos que abren siempre una puerta a la fantasía, a la posibilidad de viajar a un lugar donde nunca se sabe qué puede llegar a pasar. Si se evita lo postizo y la ñoñería las criaturas entran en la lógica fantástica como pez en el agua. El conocimiento metafórico del mundo es lo suyo. CONTINUAR LEYENDO

domingo, 15 de mayo de 2016

La mortaja. Un cuento de Miguel Delibes.

El valle, en rigor, no era tal valle sino una polvorienta cuenca delimitada por unos tesos blancos e inhóspitos. El valle, en rigor no daba sino dos estaciones: invierno y verano y ambas eran extremosas, agrias, casi despiadadas. Al finalizar mayo comenzaba a descender de los cerros de greda un calor denso y enervante, como una lenta invasión de lava, que en pocas semanas absorbía las últimas humedades del invierno. El lecho de la cuenca, entonces, empezaba cuartearse por falta de agua y el río se encogía sobre sí mismo y su caudal pasaba en pocos días de una opacidad lora y espesa a una verdosidad de botella casi transparente. El trigo, fustigado por el sol, espigaba y maduraba apenas granado y a primeros de junio la cuenca únicamente conservaba dos notas verdes: la enmarañada fronda de las riberas del río y el emparrado que sombreaba la mayor de las tres edificaciones que se levantaban próximas a la corriente. El resto de la cuenca asumía una agónica amarillez de desierto. Era el calor y bajo él se hacía la siembra de los melonares, se segaba el trigo, y la codorniz, que había llegado con los últimos fríos de la Baja Extremadura, abandonaba los nidos y buscaba el frescor en las altas pajas de los ribazos. La cuenca parecía emanar un aliento fumoso, hecho de insignificantes partículas de greda y de polvillo de trigo. Y en invierno y verano la casa grande, flanqueada por el emparrado, emitía un «bom-bom» acompasado, casi siniestro, que era como el latido de un enorme corazón.
El niño jugaba en el camino, junto a la casa blanca, bajo el sol, y sobre los trigales, a su derecha, el cernícalo aleteaba sin avanzar, como si flotase en el aire, cazando insectos. La tarde cubría la cuenca compasivamente y el hombre que venía de la falda de los cerros, con la vieja chaqueta desmayada sobre los hombros, pasó por su lado, sin mirarle, empujó con el pie la puerta de la casa y casi a ciegas se desnudó y se desplomó en el lecho sin abrirlo. Al momento, casi sin transición, empezó a roncar arrítmicamente.
El Senderines, el niño, le siguió con los ojos hasta perderle en el oscuro agujero de la puerta; al cabo reanudó sus juegos. CONTINUAR LEYENDO

Una Colección LIJ: la colección De Grummond.

La colección De Grummond es uno de los centros de investigación LIJ más importantes de los Estados Unidos. Su enfoque principal es el estudio de la literatura infantil y juvenil histórica y contemporánea de los Estados Unidos y Gran Bretaña. Fundado en 1966 por la Dra. Lena Y. de Grummond, la colección tiene manuscritos originales e ilustraciones de más de 1,300 autores e ilustradores así como más de 160,000 obras entre fábulas, cuentos de hadas, folklore, abecedarios, libros de texto, libros religiosos, fantasía, ficción y revistas infantiles así como estudios académicos, biografías y trabajos analíticos.

El abrazo del lector. Una mirada al discurso en la formación de lectores. Un artículo de LISET LANTIGUA (Fundación Cuatrogatos)

Me gustó, pero…".» Fueron sus palabras cuando le leí por primera vez El pájaro del alma, de Mijal Snunit. Yo sabía que era un texto lento, apacible, con el sosiego de los relatos sin guerras ni extraterrestres, pero complejo. Lo mismo podría hablarnos a los 15 que a los 60 años, y aunque dudaba que fuera posible a los cinco, se lo leí. El pájaro del alma llama a un silencio difícil, a una complicidad un tanto adulta. Una historia cuyo intríngulis es el alma humana. Una habitación en la que vive un pájaro.

Cuando un niño a los cinco años dice que le gustó, es bastante probable que sí le haya gustado. Si le añade "pero" a la declaración, puede que no quiera argumentar, pero si lo hace, también es posible que aluda a la extensión del texto o al hecho de que le haya parecido triste… Y si a ese "pero" no le sigue criterio alguno, el silencio, que es elocuente en sí, que es un criterio —mejor si irrefutable—, deberá complacernos, hacernos desistir sin culpa alguna y pasar a otra cosa. Lo cierto es que frente al interlocutor que puede ser un niño el «pero» que es cumplido, negación delicada, franca contradicción —aunque a menudo inconsciente— entre adultos, puede genuinamente decir eso: "Me gustó, pero…", en su sentido más literal.; sin menoscabo de aquello que le precede.

Le había parecido largo El pájaro del alma. Me lo dijo y ahí terminó el diálogo. Había que dormir. Y pasó el tiempo... Entender la honradez del «pero» crítico de mi hija me tomó unos meses. Con los años he podido validar lo que la propia experiencia había sobrepuesto a mi exigua intuición acerca de la relación tiempo-lectura. Fue una tarde de café en casa, con amigos. Ella, como otras veces, saludó distante, tímida más bien, un tanto incómoda ante la avalancha del afecto adulto. Cuando se fueron, cuando volvimos a ser las dos en casa, quise poner sobre la mesa el pobre entusiasmo del saludo, con lo mucho que te quieren…, que si el abrazo…, que si la manera de responder… Me dijo: "Es que el pájaro de mi alma a veces abre el cajón de la vergüenza, mamá". Aquella historia que le había parecido un poco larga en un tiempo en que un "pero" detrás de un "me gusta" para mí significaba un "no" al desnudo, delatado por el propio corazón de la víctima como en el cuento de Poe, le había permitido explicar la difícil cuestión que es la vergüenza, la timidez a los cinco años. Le había permitido verse y urdir un argumento metafórico imbatible, tan natural en lo real como en lo simbólico. CONTINUAR LEYENDO

sábado, 14 de mayo de 2016

Tertulia artístico-literaria. Khalil Griban y Mª Jesús Crespo.


"Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños"

— Khalil Gibran

“Los cuentos tienen el poder de sanar heridas”. Susan Perrow, cuentacuentos, formadora de maestros, consultora y educadora de padres.

Por arte del cuento

Esta maestra, que era una madre divorciada a cargo de tres criaturas, se convirtió por arte del cuento en formadora de maestros, profesora de cuentacuentos en varias universidades, de China a Sudáfrica. Ha dedicado su vida a recopilar cuentos e historias de todas las culturas y establecer un método para crear cuentos terapéuticos que imparte en seminarios en todo el mundo (el último, en la recién inaugurada Casa Rudolf Steiner de Barcelona). Recoge su experiencia de más de 30 años en una guía práctica, Cuentos sanadores (ING Edicions) , una ayuda para que padres y educadores puedan gestionar situaciones difíciles y desafiantes (ING Edicions) mediante esas historias y cuentos propios que ha reunido para sanar.

Cuál ha sido el cuento más importante en su vida?

El que la transformó. Una noche le conté a mi hijo mayor, Kieren, que tenía entonces siete años, un cuento tradicional inglés, Los brownies.

¿De qué trata?

De un padre que había perdido a su esposa y estaba siempre malhumorado. El hijo le preguntó a su abuela por qué su padre se había olvidado de sonreír, y ella le explicó que los brownies, unos duendecillos, ya no acudían a su casa a hacer las tareas domésticas.
...
La historia es larga, pero la cuestión es que el niño del cuento acaba entendiendo que él debe hacer la tarea de los brownies, así que mientras su padre duerme limpia la casa.

¿Por qué ese cuento cambió su vida?

Durante dos semanas Kieren se levantó muy temprano y limpió la casa mientras yo dormía.

¿Gruñía usted?

Me acababa de divorciar, probablemente yo era esa madre que se había olvidado de sonreír. A raíz de ese acontecimiento, hace 32 años, me tomé en serio los cuentos y les dediqué la vida.

Fuente: La Vanguardia

"El narrador" (1936). Un ensayo de Walter Benjamin.

El narrador —por muy familiar que nos parezca el nombre no se nos presenta en toda su incidencia viva. Es algo que de entrada está alejado de nosotros y que continúa a alejarse aún más. resentar a un Lesskow como narrador, no significa acercarlo a nosotros. Más bien implica acrecentar la distancia respecto a él. Considerado desde una cierta lejanía, riman los rasgos gruesos y simples que conforman al narrador. Mejor dicho, estos rasgos se hacen aparentes en él, de la misma manera en que en una roca, la figura de una cabeza humana o de un cuerpo de animal, se revelarían a un espectador, a condición de estar a una distancia correcta y encontrar el ángulo visual adecuado. Dicha distancia y ángulo visual están prescritos por una experiencia a la que casi cotidianamente tenemos posibilidad de acceder. Es la misma experiencia que nos dice que el arte de la narración está tocando a su fin. Es cada vez más raro encontrar a alguien capaz de narrar algo con probidad.  Con creciente frecuencia se asiste al embarazo extendiéndose por la tertulia cuando se deja oír el deseo de escuchar una historia. Diríase que una facultad que nos pareciera inalienable, la más segura entre las seguras, nos está siendo retirada: la facultad de intercambiar experiencias. CONTINUAR LEYENDO

viernes, 13 de mayo de 2016

Gran éxito de la Tertulia Poético Musical en el Centro de Internamiento de Menores Infractores Las Lagunillas (Jaén).



El pasado jueves se celebró la primera tertulia poético-musical en el CIMI Las Lagunillas. De la mano de José Eduardo Faya, profesor y experto en tertulias, en la caja y Juan Abad, bibliotecario y músico, a la guitarra, fueron desgranando poemas musicados y canciones poéticas que se fueron comentando, formando ladrillos de voces que levantaron espacios de palabras compartidas desde donde poder soñar para transformar vidas y momentos.

Los poemas musicados fueron: "Andaluces de Jaén" (Miguel Hernández) y "Anda jaleo" (Federico García Lorca); y la canción poética: "Txoria, Txori" (Mikel Laboa).

A la tertulia, además de los jóvenes, protagonistas principales, se unieron personal del Centro (la directora y educadores), así como personas provenientes de diferentes ámbitos, destacando, unas madres de la Tertulia Literaria del Colegio Público San José Artesano de Torreblascopedro (Jaén). 

Según me comentan, la tertulia contó con amplia participación por parte de todos los asistentes, en especial de los jóvenes, ya que tienen experiencia en Tertulias, habiendo leído no hace mucho "La metamorfosis" de Franz Kafka. La experiencia, por tanto, resultó francamente positiva tanto mirando hacia dentro como hacia fuera del centro, ya que el que acudieran personas ajenas al mismo con el ánimo de compartir y de participar, siempre ayuda a romper los estereotipos y prejuicios sociales que sobrevuelan sobre los jóvenes que están en él. De ahí y que por petición popular, ya han empezado a organizar la segunda tertulia poético-musical.


Punto y aparte fue la interpretación que José Eduardo hizo de la canción de Mikel Laboa: "Txoria.Txori". Suena estupendamente ese mestizaje vasco-andaluz que plasma en su sentido más estricto lo que Mikel nos quiere decir en su poema cantado.


¡¡¡ ENHORABUENA Y HASTA LA PRÓXIMA !!!

"Bubisher". Red de bibliotecas y bibliobuses para los campamentos de Refugiados Saharauis.


QUIENES SON

El “bubisher” es un pequeño pájaro del desierto, cuya llegada anuncia las buenas noticias. Este pájaro, que soporta las altas temperaturas de la Hamada, tiene una larga tradición oral en el acervo del pueblo saharaui.

Nuestro Bubisher, la red de bibliotecas y bibliobuses que pusimos en marcha en 2008, va cargado de libros que abren nuevos horizontes. El proyecto Bubisher se dirige a la población de los campamentos de refugiados saharauis (en los alrededores de Tinduf-Argelia), situados en la parte más inhóspita del desierto del Sáhara.

Desde 1975, los saharauis han defendido el español como un rasgo distintivo de su identidad nacional, y es su segunda lengua oficial después del hassanía.

El proyecto nació del deseo y la necesidad de reforzar y recuperar la enseñanza del españoly para ello nos hemos centrado en los siguientes objetivos: llevar libros a los niños y a adultos, fomentar la lectura en las escuelas, crear clubes de lectura, colaborar con los maestros en las escuelas y formar monitores capaces de transmitir a la población joven el deseo de aprender. No hemos descuidado tampoco el apoyo a la formación en árabe gracias a la colaboración de la “Biblioteca Internacional de Suecia”, entre otras entidades.

Pero lo que nos mueve ante todo es proporcionar acceso a la cultura y el conocimiento a un pueblo abandonado por la comunidad internacional. Colaboramos en mejorar la formación integral de los niños, potenciamos la interculturalidad y visibilizamos la lucha del pueblo saharaui así como su patrimonio cultural sobre la base del español como lengua común.


Tertulia Literaria Intergeneracional en el Centro Sociocultural de Mayores de Txagorritxu con alumnado de 5º de primaria de Abendaño Ikastola.


El pasado miércoles, en el Centro Sociocultural de Mayores de Txagorritxu del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, hicimos una Tertulia literaria Intergeneracional entre personas mayores de ese centro y alumnado de 5º de Primaria de Abendaño Ikastola. El texto que hemos compartimos fue: "El mejor safari". Un cuento de la premio Nobel de Literatura (1991) Nadine Gordimer cuyo tema central es el de las personas refugiadas a causa de la guerra; localizado, en este caso, en Mozanbique y República Sudafricana, país del que era oriunda la escritora.

La Tertulia fue magnífica, con amplia participación de todas las personas. Los más jóvenes tuvieron la oportunidad de escuchar historias reales de la Guerra Civil vividas por personas allí presentes y que se asemejaban a las descritas en el relato. También pudieron conocer de primera mano situaciones vividas hace muchos años y que hoy, dados los avances de todo tipo, no se alcanzan a comprender. Así, el nacer los hijos y las hijas en casa, lo de sacrificar en la propia casa animales para comerlos, la cruda realidad de lo que es "pasar hambre", y la solidaridad que nace cuando las personas se ven necesitadas, jalonaron algunas de las intervenciones. Por su parte, los de menor edad dejaron la frescura de sus opiniones y la ilusión, tal vez la inocencia, con la que, afortunadamente, miran el mundo.

Al finalizar hicimos una pequeña evaluación y todo el mundo -alumando, personas mayores, profesorado, personal del Centro Sociocultural y del Servicio de Mayores del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz y miembros de la Asociación de Vecinos- ha estado de acuerdo en repetir la tertulia. Es más, el alumnado de 5º propusieron que la próxima vez que hagan tertulia sean ellas, las personas mayores, las que vayan a la ikastola. En fin, una experiencia maravillosa que crea escuela y que va haciendo posible el lema que persigue en este campo la ONU. "Hacer una sociedad para todas las edades".




martes, 10 de mayo de 2016

Sarrasine. Un cuento de Honoré de Balzac

En el artículo de Roland Barthes: "Escribir la lectura", el autor toma como referencia Sarrasine, de Honoré de Balzac. 

"Así que he tomado un texto corto (cosa necesaria, dado el carácter minucioso de la empresa), Sarrasine, de Balzac, una novela poco conocida (¿acaso no es Balzac, por definición, "el inagotable", aquel del que nunca lo ha leído uno todo, salvo en el caso de una vocación exegética?), y me he dedicado a detenerme constantemente durante la lectura de ese texto."

SARRASINE 
Honoré de Balzac

Me había sumido en una profunda ensoñación de los que se apoderan de todo, incluso un hombre frívolo, el torbellino más tumultuosos de los partidos. Acaba de golpear la medianoche, el reloj de Bourdon-Elysée. Sentado en el ático de una ventana y se escondió debajo de los pliegues de una cortina ondulante de damasco, pude contemplar en el hogar, el jardín del palacio, donde estaba pasando la noche. Los árboles, imperfectamente cubierto de nieve, estaba en otra cosa en el fondo formado por un cielo cubierto de gris, la luna pone un tono blanquecino. Cubierto y en medio de este ambiente excepcional, espectros parecía mal envuelto en sus hojas, gran imagen de la famosa danza de los muertos. Luego, volviéndose hacia el lado contrario, podría ver la danza de los vivos. Una espléndida sala, las paredes cubiertas con tapices de oro y plata, lámparas de araña deslumbrante, que brilla en la cascada de luces. Pululaban alrededor, estremecidos y bailó, como las polillas, las mujeres más bellas de París, los más ricos, más aristocráticos, brillante, pomposo, una orgía de diamantes, flores en la cabeza, el pecho, el pelo, que se cultiva en los vestidos, o coronas de flores a los pies. Fueron ligera emoción de la alegría, la lujuria pasos, que ruede el encaje y muselina rubias alrededor de sus flancos delicados. Algunos parece más viva brillaban aquí y allá, eclipsó las luces, el fuego de los diamantes y animó a los corazones más ardientes. Sorprendido él era también signos de cabeza importante para los amantes y las actitudes negativas hacia sus maridos. El estruendo de las voces de los jugadores, cada golpe inesperado, la reunión de oro mezclado con la música, el murmullo de las conversaciones. Para finalizar este aturdimiento de la multitud rompió por todo el mundo pueden ofrecer tentaciones, una máquina de vapor de los perfumes y la embriaguez general, trabajó en el entontecidas imaginación. Por lo tanto, a mi derecha, la imagen oscura y silenciosa de la muerte, a la izquierda de la vida bacanal decente aquí, la naturaleza fría, triste, lleno de dolor; allí, los hombres poseídos de alegría. Yo, en la frontera de estos dos cuadros tan dispares que una y mil veces repetido en diferentes formas, hacen de París la ciudad más divertida del mundo, mientras que el más filosófico, moral era un macedonio, la mitad fúnebre feliz, la mitad. Con el pie izquierdo, pegó en el travesaño y el pensamiento del otro atrapado en un ataúd. Una de mis piernas, de hecho, fue congelado por una de esas corrientes de aire fresco que la mitad del cuerpo, mientras que otro sentido el calor húmedo de los salones, los accidentes son frecuentes en un baile. - Hay mucho que el señor de Lanty posee este palacio? CONTINUAR LEYENDO