miércoles, 10 de junio de 2026

UN POEMA DE JORGE REICHMANN seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

No es la primera vez que comparto un poema del poeta, filósofo y ensayista Jorge Riechmann, pero lo traigo aquí de nuevo por razones no solo poéticas sino políticas. Hace unos días ha quedado visto para sentencia el juicio de tres de los activistas contra el cambio climático que en 2019 bloquearon pacíficamente un puente del Paseo de la Castellana y para los que la Fiscalía pide una pena de diez meses de cárcel. Uno de los acusados es Jorge Riechmann. En su defensa comparto un poema perteneciente al libro ‘Mudanza del isonauta’, en el que se evidencia que el compromiso público contra el calentamiento global o el alejamiento cada vez mayor de la naturaleza, a la que se valora exclusivamente en función de los recursos que produce, no puede separarse de las virtudes que hacen posible sociedades más justas y cordiales. (Andrea Villarrubia Delgado)

(para Eladio Orta
ahora que arranca en el séptimo decenio
de su vida bien vivida)

1

Y ¿qué es entonces lo más valioso, amigos,
lo verdaderamente valioso?

No esas onzas de oro ensangrentado
que en cualquier parte se pueden cambiar por cualquier mercancía

No el tiempo largo de una vida colmada de placeres
-alguien puede extraviarse en muchos años de soledad infértil

No el poder casi omnímodo de quien puede destruirlo casi todo
(y es al mismo tiempo impotente para crear casi nada)

Ni siquiera la belleza -la luna sobre el lago, el alcaudón
en la dehesa con su antifaz negro
o las caderas que dibujan su bóveda de baile enfebrecido

No, quizá lo que tiene valor
es ese puñado de palabras que pueden ser transmitidas
como una lumbre pequeña que pasa de viejas manos
a manos jóvenes, esas palabras-ascua
que no necesariamente dan respuestas, que acaso casi ninguna
dan respuestas
pero nos ayudan a entender las preguntas

2

La justicia, sí,
pero el humor y la piedad

El conocimiento
trabajoso y largo como convoy colonial, en efecto,
pero el humor y la piedad

Los derechos, quién va a cuestionar
esa reclamación de los derechos debido
aunque al hincarle el diente no resulten a la postre
tan nutritivos… Los derechos, claro

pero algo de humor
y sobre todo un poco de piedad

(qué lastima de todo el mundo,
decía la vieja señora andaluza)

JORGE RIECHMANN

martes, 9 de junio de 2026

Beatriz Martínez, psiquiatra: “En unos años, dejar a los niños con las pantallas se verá como cuando se mojaba el chupete en anís”. PABLO LINDE, El País 14 FEB 2026.

La especialista en problemas de neurodesarrollo publica ‘Manual de supervivencia para padres en la era digital’, y se muestra favorable a la prohibición de redes sociales antes de los 16 años

El Manual de supervivencia para padres en la era digital (Espasa), de la psiquiatra Beatriz Martínez, no podría publicarse en un momento más oportuno. Estará en las librerías el 18 de febrero, apenas un par de semanas después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciara su intención de prohibir las redes sociales a los menores de 16 años. El título describe bien su contenido: es una guía que muestra la evidencia científica sobre los efectos de las pantallas y las redes sociales en los menores, y ofrece pautas concretas y prácticas para abordar el fenómeno desde la experiencia de Martínez (Madrid, 40 años) como psiquiatra infantil, experta en problemas de neurodesarrollo y madre.


R. Me parece bien. Yo sí creo que hace falta una legislación. Igual que el mundo real, internet hay que legislarlo y regularlo. Pero tampoco me gustaría que fuera una manera de decir que, como no van a poder entrar en redes antes de los 16, no hay que hacer nada. Es todo lo contrario. Por eso también es muy pertinente este libro, con la idea de entrenar a padres y educadores respecto a cómo hacer esa educación digital tan necesaria a lo largo de las etapas de la vida del niño.

P. La idea es empezar la educación digital desde bebés.

R. Desde que nacen. Me espanta verles en el carrito con vídeos o juegos en el teléfono móvil. Luego está el acceso a redes sociales, pero tampoco a los 16 vamos a decir: “Bueno, ya puedes hacer lo que te dé la gana”. La idea es que puedan tener un pensamiento crítico para lo que se van a encontrar en internet, cada vez con mayor innovación: desde la inteligencia artificial hasta las fake news o los deepfakes. Van a necesitar más que nunca cuestionarse aquello que ven.

P. Hay estudios que muestran una correlación: cuanto antes empieza el uso de redes, peor es la salud mental.

R. Sí. Sabemos que aquellos que tuvieron un smartphone con acceso libre a contenidos de redes e internet antes de los 15 años, tenían peores indicadores de salud mental. Y además indicadores graves. No solo hablamos de síntomas como ansiedad o depresión, sino también de ideación autolítica, intentos autolíticos y autolesiones.


R. Tiene una lógica. Algunos países se han decantado por los 15, probablemente por estos estudios. En España, los 16 coinciden con otros hitos: el consentimiento sanitario, la conducción de ciclomotores. Legalmente acompaña y resulta coherente.

P. Aunque haya una regulación y una edad fija, en el libro insiste en que cada adolescente requiere de un acompañamiento personalizado.

R. Claro, como en otras cosas. Va a haber adolescentes que necesiten límites más duros, más estrictos. Eso pasa también con las normas de casa. A veces comparo el acceso a internet con las salidas sociales del día a día. Según vas creciendo, haces salidas más autónomas y menos supervisadas. La clave en el mundo de internet sería la misma. Tenemos que preparar a niños y niñas para que el día de mañana accedan a la tecnología de manera segura. Si no les educamos y no les acompañamos, no van a saber hacerlo por muchos 16 años que tengan.

P. ¿Qué problemas puede dar una exposición temprana y descontrolada?

R. Se habla mucho del tiempo y de lo adictivo: el scroll infinito, los vídeos cortos que te enganchan. Eso es un problema, sí, pero la realidad es más amplia. Los algoritmos enseñan aquello en lo que te quedas, y te quedas en lo que despierta una emoción, cuanto más extrema, mejor. Si estás en una etapa de crisis, como la adolescencia, emociones polarizadas como el enfado o la tristeza generan más reacción. Si además te expones a contenidos no adecuados para tu edad —incluido acceso a imágenes para adultos—, el algoritmo seguirá ofreciéndote más de eso.

P. A su consulta llegan casos graves vinculados a internet.

R. Me gusta compararlo con la construcción de un puente. La genética serían los planos; hay puentes más vulnerables que otros. Si pasan pocos coches, no pasa nada. Pero si metes más tráfico, algunos puentes se caen. Las redes sociales pueden ser ese tráiler adicional. Quienes tienen mayor vulnerabilidad biológica, pueden verse más afectados. Para algunos es un tsunami.

P. También hay una parte positiva.

R. Sí. Antes, si te gustaba el anime o el manga y en tu entorno eras “el raro”, te sentías aislado. Gracias a internet puedes encontrar comunidades, compartir intereses, incluso tu arte. También en colectivos vulnerables, como el LGTBI, puedes encontrar apoyo si en casa no siempre se entiende tu realidad.

P. ¿Sería una solución crear móviles para adolescentes o redes sociales capadas que mostrasen solo cierto tipo de contenidos?

R. Sí. Igual que un adolescente puede conducir un ciclomotor que no alcanza 200 kilómetros por hora, ¿por qué no dispositivos que no permitan acceder a todo? Incluso de fábrica. Muchos padres ponen controles parentales, pero los adolescentes saben saltárselos. ¿Por qué no tener algo que no se pueda tunear? Que no puedas marcar la pestañita de “tengo más de 18 años” porque simplemente no se abre esa página.

P. Más allá de los límites tecnológicos, insiste en hablar con los hijos.

R. Claro. Si tú dices “eso es una chorrada”, se acabó la comunicación. Pero si preguntas por qué le interesa ese contenido, qué le quiere vender un influencer, qué gana esa persona, abres diálogo. Si tu hijo te cuenta algo, ya es positivo. El problema es cuando no te cuenta nada.

P. Antes de las redes, está el acceso al dispositivo en sí. Propone un calendario progresivo.

R. Sí, para dar una oportunidad de hacer un uso compartido de la tecnología. Me parece terrible que un niño de uno o dos años esté solo con una tablet. Hay pérdida de oportunidad. El cerebro necesita entorno, interacción. Hay momentos del desarrollo que no se pueden recuperar. Igual que si no detectas una sordera antes de los cinco años el niño no hablará, hay adquisiciones emocionales y vinculares que se dan en etapas concretas. Hemos visto niños con retraso en el lenguaje por exceso de pantallas que, al retirarlas, avanzan sin problema médico alguno. Igual que hoy nos parecería una burrada mojar el chupete en anís para que el niño duerma, dentro de unos años veremos igual dejarles pegados a una pantalla.


R. No antes de 14 o 15 años. Y aun así, con limitaciones. No entiendo que con 14 años tengas datos ilimitados para acceder a cualquier cosa fuera de casa. En cuanto a tablets individuales, antes de los diez años ningún niño debería tener una. Otra cosa es un uso compartido y puntual, como ver una película en un viaje largo. El problema es el consumo individual de aplicaciones diseñadas para enganchar, con mucha reacción en poco tiempo y experiencias que no se acaban nunca.

P. Usted con su hija firmará un contrato cuando le dé un dispositivo.

R. Me parece una manera fácil de ordenar la conversación y que quede claro qué se acuerda. Además, permite renegociar. No es lo mismo el uso a los 14 que a los 17. También deja claro que el dispositivo no es del niño, aunque sea un regalo. El dispositivo está en la casa y son los padres quienes ponen límites. En el contrato se puede acordar cuándo se usa, para qué, a qué contenidos se accede y qué consecuencias habrá si no se cumple. Consecuencias no significa castigo, pero todos necesitamos límites para crecer.

lunes, 8 de junio de 2026

"DESPUÉS DE LOS LOBOS". Un cuento de Liliana Bodoc ("Amigos por el viento") en el que pone el acento en la "Diversidad"

Un mundo sin diferencias es tan temible como un arco iris gris.

Andan los lobos en manadas. Su ferocidad va delante de ellos, y detrás van sus sombras, estiradas por el ultimo sol del atardecer.

Primero la ferocidad, después los lobos, después las sombras; las manadas recorren los caminos del bosque.

El bosque, que los conoce bien, sabe que se acerca una muerte. Porque los lobos tienen hambre. Un hambre enorme y antigua, tal como si jamás hubieran comido: ni ellos, ni sus padres, ni sus abuelos. Con las orejas alertas, los hocicos entreabiertos y los colmillos en su sitio, la manada va en busca de su presa.

Hace tiempo y más tiempo, en la gran manada de los lobos del mundo comenzó a suceder algo extraño.

Para que no se advierta su llegada, los lobos se mueven con precaución. Tanta precaución que, más que decir que no hacen ruido, habría que decir que hacen silencio.

El bosque sabe lo que va a suceder... Tarde o temprano, los lobos hallarán un animal indefenso, lo cercarán en una rueda de ojos amarillos, y luego se abalanzarán sobre él. Un poco después, estarán aullándole a la luna para celebrar la cacería.

Van a hacerlo porque son lobos, y no ardillas, tortugas o ciervos. Y todos los lobos tienen un hambre armada de colmillos, caminan con sigilo y están enamorados de la luna.

Pero... (si no hay PERO, no hay cuento) a veces las cosas cambian. Se sacuden.

Hace tiempo y más tiempo, en la gran manada de lobos del mundo comenzó a suceder algo extraño.

Por aquí y por allá, en este bosque y en aquella pradera nacieron algunos lobos que no quisieron, no supieron o no pudieron ser iguales a todos.

No quisieron, no pudieron o no supieron... ¡Eso no es li importante! Lo que realmente importa es que aquellos lobos se aburrían de tener hambre. Solamente tener hambre. Todo el día y la vida: cazar y seguir hambrientos.

Entonces lentamente comenzaron a cambiar sus costumbres. ¡Y terminaron haciendo cosas que a ningún lobo común y corriente se le hubiese ocurrido! Por ejemplo, dejaron de mirar la luna, y empezaron a mirar con curiosidad las luces de los fuegos que encendían los hombres.

Y bien, cuando sus compañeros notaron la diferencia, se inquietaron. Mejor dicho, algunos se inquietaron. "Qué sucedía con aquellos lobos... ¿Por qué se comportaban de esa ridícula manera?"

Otros, en cambio, se burlaron. "Vean estos lobos inútiles y débiles que no quieren tener hambre todo el día".

Algunos desconfiaron: "¿Sería conveniente que aquellos lobos permanecieran cerca...? ¿Y si sus rarezas y sus tonterías eran contagiosas?"

Finalmente, otros se enfurecieron: "¡No debemos aceptar esta insolencia!" Y hasta amenazaron: "Si no se comportan igual que nosotros, recibirán un castigo".

Con el tiempo los animales que no querían, no sabían o no podían ser iguales al resto de las manadas se fueron rezagando. La inquietud, las burlas y las rabias de sus compañeros crecían cada vez más.

Entonces, un buen dia, aquí y allá, en esta pradera y en aquel bosque, ellos tomaron un nuevo camino.

Los lobos en manada continúan andando por su propio sendero. Hambrientos, orgullosos y colmilludos; caminando con sigilo para atrapar una presa, aullándole a la luna llena.

Y quizá nunca sepan lo que nosotros sabemos...

Aquellos animales que se aburrieron de tener hambre, siempre y solamente hambre, no eran inútiles, débiles o insolentes. Tenían otros sueños, eso sí. Por eso, un día cambiaron de sendero y de destino.

Ellos viven hoy más cerca de los hombres que de la luna. Y tienen los nombres que les pone el amor.


- Muy bien. Ya terminé mi pequeño cuento. ¡Vamos, Tobi, es hora de volver a casa!

domingo, 7 de junio de 2026

"VIUDA". Un poema de Sylvia Plath

Viuda. Palabra que se autoconsume:
cuerpo, hoja de periódico en el fuego,
por el aire un instante sostenida
sobre la geografía roja y cálida
que arrancará su corazón cual ojo.

Viuda. Sílaba muerta, con su sombra
de un eco, abre el resorte en el tabique
del pasado secreto: aire gastado,
recuerdos fétidos, escalinatas
mecánicas que a ningún sitio conducen…

Viuda. La amarga araña se sienta
en el centro de sus ejes resecos.
La muerte es su vestido, gorro, cuello.
El rostro del marido, blanco, inválido,
la cerca como a presa que con gusto

de nuevo mataría, verle cerca
cual rostro de papel contra su pecho,
como sus cartas conservar solía
tornándolas piel nueva, viva y cálida,
pero ahora ella es papel, y fría siempre.

Viuda: ¡estado vacío y grande! Llena
de aire traidor está la voz divina,
los arduos astros fáciles promete,
y el espacio inmortal entre los astros,
no cadáveres, flechas hacia el cielo.

Viuda, inclínanse árboles piadosos,
árboles de dolor y soledades.
Como sombras en torno al verde campo
o incluso como bocas negras ciérnense.
La viuda les semeja, es una sombra.

Las manos bien cogidas, nada en ellas.
Alma sin cuerpo que otra alma pide
en este aire sereno y no lo nota:
un alma frágil como el humo entra
en otra sin saber por dónde pasa.

Es este su temor: es el temor
de que su alma late aún y late sorda
como el ángel mariano, cual paloma
contra un cristal a todo ciega, menos
al hueco hoyo que mira y mirar debe.

sábado, 6 de junio de 2026

"SOLO UNA MIERDA QUIERE SER PROFESOR". Eliane Brum, El País

Un colegio público en Alagoinha do Piauí (Brasil)
Cómo y por qué el discurso de la extrema derecha contra la educación pública se propaga y condiciona la vida y las elecciones

El escenario es una ciudad de la Amazonia: Altamira, una de las campeonas en deforestación. Frente a las puertas de la sede de la Fundación Nacional de los Pueblos Indígenas, la agencia indigenista del Gobierno brasileño, el pasado 15 de mayo se agolpan decenas de personas. Se autodeclaran “productores rurales”. Algunos lo son y han conseguido poseer tierras por medios legales. Pero hay muchos otros que son grileiros, como se denomina a quienes roban tierras públicas, un método criminal tradicional que consiste en convertir la selva en terreno baldío con fines especulativos. En el interior, el auditorio está lleno hasta los topes para protestar contra la demarcación y el desalojo de invasores de las tierras indígenas. De repente, afuera, uno de los líderes de los terratenientes comienza un discurso informal que podría resumirse así: solo un mierda quiere ser profesor.

Los ataques de la extrema derecha contra la educación pública, las universidades y la ciencia son mundiales, basta ver las acciones de Donald Trump en su segundo mandato. Pero estamos en el interior de la selva amazónica, en una ciudad situada a unos 800 kilómetros de la capital más cercana (Belém, donde se celebró la última Cumbre del Clima de la ONU), y el ataque a la educación pública y a la figura del “profesor” se está inoculando deliberadamente en un grupo que actúa para impedir el avance de la demarcación de las tierras indígenas.

“¿Que le voy a decir a alguien que es un mierda? Hay que decir las cosas como son. El noventa por ciento de los que están en la educación pública están ahí porque no han conseguido nada en otro sitio. ¿Y quiénes son los tíos más inútiles de la universidad, los que se pasan diez años ahí y solo van a fumar porros? Pues esos son los que acaban siendo profesores. ¿Quién quiere ser profesor aquí? [y señala a uno y a otro]. Nadie quiere ser profesor. [...] Entonces van ellos e imponen su ideología”.

El ataque a la educación pública y a la figura del profesor surge a raíz de un debate sobre qué hacer con los empleados que votan al Partido de los Trabajadores (PT), el del actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva: si despedirlos o convencerlos. Los sondeos indican que, si no hay ningún giro inesperado, las elecciones presidenciales de octubre en Brasil se disputarán entre Lula, que busca la reelección, y Flávio Bolsonaro, el hijo mayor del expresidente Jair, actualmente en prisión por intento de golpe de Estado. La posibilidad de que la extrema derecha vuelva al poder es real.

En el discurso, la educación pública y los profesores son los responsables de las victorias de Lula y del PT, las victorias de la izquierda. Y, para ellos, la única forma de frenar la demarcación de tierras y abrir aún más la mayor selva tropical del planeta a la soja, la ganadería y la minería es garantizar el regreso de la extrema derecha.

Los ataques contra la educación pública y, en especial, contra la figura del profesor han sido sistemáticos a medida que avanza la extrema derecha. En 2018 fueron fundamentales para la victoria de Bolsonaro padre, en una campaña donde Paulo Freire (1921-1997), el pensador de la educación más destacado de la historia de Brasil, se convirtió en blanco más de 20 años después de su muerte. Todo indica que este discurso de odio contra la educación pública y el profesorado puede intensificarse y extenderse aún más durante el período electoral. El año pasado, varias universidades ya sufrieron ataques. En abril de 2025, en la Universidad de Brasilia (UnB), extremistas de derecha convocaron una manifestación a la que llamaron “Make UnB Free Again”, en inglés, en alusión al lema “Make America Great Again” de los seguidores de Trump.

Más que un fenómeno, el discurso de odio contra la educación pública y el profesorado, así como contra la ciencia y el conocimiento, es un proyecto, y su diseminación es deliberada. Al público se le contrapone el “espíritu emprendedor”, el tipo que crea negocios, que no depende del Estado. Claro, porque el Estado, cuando cumple su función, es el que impide que quienes difunden ese discurso se apropien, por ejemplo, de tierras públicas para obtener beneficios privados. Así, en Brasil, el empleo asalariado formal y su cartilla laboral, símbolo histórico de los derechos de los trabajadores, se atacan como si fueran “algo de pringados”. Este discurso, a pesar del esfuerzo de los profesores por mostrar la trampa que encierra esa idea, se propaga en las escuelas públicas, donde estudian los más pobres.

El conocimiento, que exige esfuerzo, se menosprecia. Nadie necesita aprender, el presunto emprendedor ya sabe. La ciencia, que anuncia el calentamiento global y, por lo tanto, exige acciones que impidan, por ejemplo, que la selva más grande del mundo se convierta en un monocultivo de soja, es una enemiga. La verdad se basa en la experiencia personal —o en el deseo— y no en los hechos. El pensamiento crítico debe eliminarse y, en su lugar, debe entrar la fe mucho más allá del ámbito religioso. Las cosas son así porque creemos que son así, no porque los hechos lo demuestren.

Por qué la extrema derecha que avanza por el mundo ha convertido la escuela, el profesorado, el conocimiento y la ciencia en enemigos políticos es obvio. Por qué las personas que la extrema derecha aniquila se adhieren en masa a lo que las aniquila es más complejo. En Brasil, una de las explicaciones de la adhesión de parte de la clase media al discurso del odio es la pérdida de la exclusividad en las universidades públicas, a raíz de los programas de acceso para los más pobres, los negros y los indígenas que pusieron en marcha principalmente los gobiernos del PT. La pérdida de la exclusividad se rechazó y, a menudo, se denunció con violencia. Una de las hipótesis es que, si en esas universidades “cualquiera puede entrar”, ya no importa entrar. Como si quienes históricamente han sido tratados como los sin valor en la sociedad brasileña, al acceder a la universidad por la vía de la democracia la devaluaran, lo que muestra lo enfermo que está este país forjado sobre cuerpos negros e indígenas.

Mi hipótesis más central, sobre la que escribo hace muchos años, es que la adhesión al discurso de odio de la extrema derecha es la pérdida de suelo firme en un mundo en colapso. Ante el hecho más duro, el de que estamos en peligro de extinción, uno se adhiere a la ilusión de que es un invento de la ciencia, enemiga del pueblo. Ante la terrible verdad de que los accionistas mayoritarios de las grandes corporaciones de combustibles fósiles, así como los gobiernos y los parlamentos que les sirven, están aumentando la producción de la principal causa del calentamiento global, es mejor creer en las mentiras. Ante un presente cada vez más sombrío y un futuro que, según todo parece indicar, será aún más hostil, es mejor creer en el retorno a un pasado que nunca existió, que es precisamente la mentira que tan bien le funciona a la extrema derecha.

Es posible que la mayoría no sea capaz de poner nombre a lo que tanto les desespera y les asusta, pero sienten. Lo sienten en los huesos, en el suelo que desaparece, cada vez con más frecuencia también literalmente, bajo sus pies. Para tener la oportunidad de hacer frente al proyecto mortífero y de eficacia probada de la extrema derecha, la izquierda debe ser capaz de inspirar a una población dominada por el miedo a imaginar un futuro en el que pueda y quiera vivir. Para luchar hay que imaginar primero, y este es el principal proyecto humanitario de este momento.

En este proyecto, urgente, hay que reconocer el valor de la escuela pública y del profesorado, empezando por los salarios y las condiciones para educar. Y la verdad, la que se basa en los hechos, es que muchos gobiernos de izquierda se han olvidado de valorar a los profesores y han invertido mucho menos en la educación pública de lo que sería mínimamente decente. La extrema derecha ha encontrado las puertas abiertas y un terreno fértil para su discurso de odio porque, en Brasil y en muchos países, los gobiernos progresistas se han olvidado de aprender con los profesores.

jueves, 4 de junio de 2026

Aquellos días en Odessa. Un cuento de Heinrich Böll

Hacía mucho frío en Odessa aquellos días. Cada mañana íbamos al aeropuerto en grandes y ruidosos camiones, por la carretera mal adoquinada. Allí esperábamos, muertos de frío, a los grandes pájaros grises que rodaban por el campo de aterrizaje. Pero los dos primeros días, cuando estábamos a punto de subir a bordo, llegó una orden en sentido contrario, porque sobre el mar Negro había una niebla muy densa, o bien demasiadas nubes, y volvimos a subir a los grandes y ruidosos camiones y regresamos al cuartel por la carretera empedrada. El cuartel era muy grande. Estaba sucio y lleno de piojos. Pasábamos el rato sentados en el suelo o bien nos acordábamos en las mugrientas mesas y jugábamos a las cartas, o cantábamos. Siempre esperábamos una ocasión para saltar el muro y hacer una escapada. En el cuartel había muchos soldados que esperaban para entrar en combate, y no se nos permitía ir a la ciudad. Los dos primeros días habíamos intentado escabullirnos, pero nos atraparon, y como castigo nos hicieron transportar las grandes cafeteras llenas de café hirviente y descargar panes. Mientras descargábamos los panes nos vigilaba el contador, que llevaba un magnífico abrigo de pieles, el cual, sin duda, estaba destinado al frente. El contador contaba los panes para que no desapareciese ninguno. El cielo de Odessa estaba siempre nublado y oscuro, y los centinelas paseaban arriba y abajo, a lo largo de los negros y sucios muros del cuartel.

El tercer día esperamos a que hubiera oscurecido del todo y nos dirigimos simplemente a la entrada principal. Cuando el centinela nos dio el alto, gritamos "comando Seltscbáni", y nos dejó pasar. Éramos tres, Kurt, Erich y yo. Caminábamos muy despacio. Sólo eran las cuatro y ya estaba oscuro. Lo único que habíamos ansiado era salir de aquellos altos, negros y sucios muros, y ahora que estábamos fuera casi habríamos preferido estar dentro otra vez. Sólo hacía ocho semanas que nos habían movilizado y teníamos mucho miedo. Pero nos dábamos cuenta de que, si hubiéramos estado otra vez en el cuartel, habríamos querido salir a toda costa, y entonces habría sido imposible. Eran sólo las cuatro, y no podríamos dormir a causa de los piojos y de las canciones, y también porque temíamos y al mismo tiempo esperábamos que a la mañana siguiente haría buen tiempo para volar y nos llevarían en los aviones a Crimea, donde seguramente moriríamos. CONTINUAR LEYENDO

miércoles, 3 de junio de 2026

"MADUREZ GLORIOSA". Pablo el Silenciario (siglo VI d.C.). fue uno de los poetas bizantinos más destacados del reinado de Justiniano. Conservó unos 80 epigramas eróticos en el Libro V de la Antología Palatina

Retrato de Al Fayum

El más famoso de sus poemas es el epigrama V.258, un canto a la belleza madura

Madurez gloriosa

Prefiero, Filina, tus arrugas al jugo de toda juventud
y deseo más tener entre mis manos esas manzanas
tuyas, que en la rama se inclinan apiñadas por su propio peso,
que los pechos erguidos de la edad juvenil.
Pues todavía superior a la primavera de otras es tu otoño
y más cálido que el verano de otras es tu invierno.

lunes, 1 de junio de 2026

"Cuentos infantiles clásicos en versiones poéticas de Gabriela Mistral: una lectura interpretativa". Manuel Peña Muñoz (Fundación Cuatrogatos)

Preocupada siempre de la educación a través de la lectura, visitó bibliotecas populares en regiones apartadas de México, promovió los libros infantiles y dictó conferencias sobre el valor formativo de la literatura. Con Palma Guillén escribió Lecturas clásicas para niños(1924) en dos tomos, con prólogo de José Vasconcelos, con el propósito de inculcar desde la infancia el gusto por la lectura de los mejores autores universales. La obra que hoy es una joya bibliográfica, contiene narraciones, mitos, leyendas, cantares de gesta y cuentos de sabor folclórico. En torno a la lectura, escribe: “La faena en favor del libro que corresponde cumplir a maestros y padres es la de despertar la apetencia del libro, pasar de allí al placer mismo y rematar la empresa dejando un simple agrado promovido a pasión. Lo que no se hace pasión en la adolescencia se desmorona hacia la madurez relajada”. Y luego recomienda: “Hacer leer, como se come, todos los días, hasta que la lectura sea, como el mirar, ejercicio natural, pero gozoso siempre”.

Con una tabla apoyada en sus rodillas, escribe “Los Derechos del Niño” reivindicando su lugar en la sociedad: "El niño debe tener derecho a lo mejor de la tradición, a la flor de la tradición, que en los pueblos occidentales, a mi juicio, es el cristianismo".

Interesada por la problemática social de la infancia, escribe: "Muchas de las cosas que hemos menester tienen espera. El niño, no. Él está haciendo ahora mismo sus huesos, criando su sangre y ensayando sus sentidos. A él no se le puede responder "mañana". El se llama "ahora".

Sus páginas en prosa se prestan muy bien para cultivar en los niños el amor hacia la belleza, la educación de los sentimientos, la naturaleza y el paisaje vernáculo. Para ellos, escribió poesía y cuentos de tono modernista que nos evocan los escritos por Rubén Darío, José Martí y Oscar Wilde. Son cuentos delicados y filosóficos como "Por qué las rosas tienen espinas", "La raíz del rosal" y "Por qué las cañas son huecas", con profundos simbolismos y riqueza de léxico.
Por su poesía lírica, su visión americanista y su preocupación por la infancia en Latinoamérica, mereció el Premio Nobel de Literatura en 1945, después de cuatro años de haber sido interrumpido por causa de la Segunda Guerra Mundial, siendo la primera y única mujer en lengua castellana en recibirlo.