miércoles, 10 de junio de 2026

UN POEMA DE JORGE REICHMANN seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

No es la primera vez que comparto un poema del poeta, filósofo y ensayista Jorge Riechmann, pero lo traigo aquí de nuevo por razones no solo poéticas sino políticas. Hace unos días ha quedado visto para sentencia el juicio de tres de los activistas contra el cambio climático que en 2019 bloquearon pacíficamente un puente del Paseo de la Castellana y para los que la Fiscalía pide una pena de diez meses de cárcel. Uno de los acusados es Jorge Riechmann. En su defensa comparto un poema perteneciente al libro ‘Mudanza del isonauta’, en el que se evidencia que el compromiso público contra el calentamiento global o el alejamiento cada vez mayor de la naturaleza, a la que se valora exclusivamente en función de los recursos que produce, no puede separarse de las virtudes que hacen posible sociedades más justas y cordiales. (Andrea Villarrubia Delgado)

(para Eladio Orta
ahora que arranca en el séptimo decenio
de su vida bien vivida)

1

Y ¿qué es entonces lo más valioso, amigos,
lo verdaderamente valioso?

No esas onzas de oro ensangrentado
que en cualquier parte se pueden cambiar por cualquier mercancía

No el tiempo largo de una vida colmada de placeres
-alguien puede extraviarse en muchos años de soledad infértil

No el poder casi omnímodo de quien puede destruirlo casi todo
(y es al mismo tiempo impotente para crear casi nada)

Ni siquiera la belleza -la luna sobre el lago, el alcaudón
en la dehesa con su antifaz negro
o las caderas que dibujan su bóveda de baile enfebrecido

No, quizá lo que tiene valor
es ese puñado de palabras que pueden ser transmitidas
como una lumbre pequeña que pasa de viejas manos
a manos jóvenes, esas palabras-ascua
que no necesariamente dan respuestas, que acaso casi ninguna
dan respuestas
pero nos ayudan a entender las preguntas

2

La justicia, sí,
pero el humor y la piedad

El conocimiento
trabajoso y largo como convoy colonial, en efecto,
pero el humor y la piedad

Los derechos, quién va a cuestionar
esa reclamación de los derechos debido
aunque al hincarle el diente no resulten a la postre
tan nutritivos… Los derechos, claro

pero algo de humor
y sobre todo un poco de piedad

(qué lastima de todo el mundo,
decía la vieja señora andaluza)

JORGE RIECHMANN

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