Sinopsis: Cuando el azar entrecruza sus vidas, las protagonistas de esta novela no pueden prever que un suceso terrible está a punto de transformarlas. ¿Qué angustia consume a Hélène? ¿Qué acontecimientos provocaron la decisión de la mujer que la observa? Sus historias esconden oscuras coincidencias. Las dos sufren una metamorfosis cuyas cicatrices las acompañarán siempre. Viven en una misma calle de París y, a su modo, una y otra son extranjeras. Cada día, Hélène arrastra a sus hijos al colegio sin reparar en ellos, su mirada se pierde en un horizonte invisible que sólo ella conoce. La otra mujer la sigue con curiosidad desde su ventana, ha abandonado a su marido y a su hija en un doloroso esfuerzo por buscarse a sí misma. ¿Qué une a estas dos mujeres? ¿Qué las separa? ¿Son la pasión sexual y el amor materno sentimientos incompatibles? ¿Quieren siempre las madres a sus hijos con una entrega sin ambivalencias?
Algunas citas:
- A menudo he pensado que los hijos no soportan ver a una madre que desea el mundo, que no los tiene a ellos en el punto fijo de su mirada. La prefieren divina, como esa madonna de Rafael, como todas las madonnas, por otra parte; una madre sin historia, atemporal, sin pasado ni futuro, a quien uno puede solicitar todo cuanto necesita, sabedor de que ella, la madre divina, procurará complacerlo. Pero ¿a quién recurre la madre? Página 150
- Sus mensajes son fríos, nada que ver con esas largas confidencias de entonces, cuando todavía representaba para ella la encarnación de esa madonna eterna, y podía recurrir a mí como si formase parte de su propio cuerpo, sin cuestionarse para nada mi identidad, rechazando incluso que la mostrase. Está herida esa criatura, se resiste a aceptar que no existe en la tierra nadie que la coloque por encima de sus propias necesidades, y me acusa de algún modo por haberla defraudado, por ser el vocero de esa verdad. Página 150
- Reconocer el anhelo de protección no es estar dispuesta a inventar un objeto con el que llenar la fuente de la que el anhelo parte. Y yo no voy a inventarlo. Miro las vírgenes que se representan en los cuadros que posee o en los numerosos catálogos que pueblan los estantes de su casa, y comprendo. Eso es todo. ¿Quién no encontraría consuelo creyendo en un amor semejante? El dulce invento del amor maternal, infinito, a prueba de desalientos. Página 202
- Cuando se prueba el odio no se puede dejar de gozar de él, es una droga el odio. Te hace fuerte. Página 218
- El amor maternal es un invento de los hombres, se lo digo yo, son los hombres quienes necesitan creer que les amamos por encima de nosotras mismas, sólo ellos. A la larga, las mujeres llegamos a saber qué es una madre, la amalgama de sentimientos que se esconden tras sus cuidados, la muerte de nosotras mismas que comporta; los hombres no. Nunca podrán saberlo. Página 219

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