jueves, 24 de septiembre de 2026

"Un estudio sobre la lectura dialógica de "La metamorfosis" en personas con psicosis recibe el reconocimiento Editor's Choice de la APA por su impacto en la salud mental". Universidad de Deusto

Liderado por Aitana Fernández Villardón y Rocío García Carrión (equipo eDucaR-UD), ha sido seleccionado por su relevancia e impacto en la comunidad científica

Las personas que conviven con trastornos mentales graves como la psicosis suelen tener dificultades para comprender su propia salud mental. Esta capacidad de reconocer la condición que se padece, la necesidad de seguir un tratamiento y las implicaciones sociales del diagnóstico se conoce como ‘conciencia de enfermedad’ o insight clínico. La falta o limitación de esta conciencia se asocia frecuentemente con el abandono del tratamiento, un mayor riesgo de recaídas e ingresos hospitalarios recurrentes.

Frente al modelo médico tradicional, centrado principalmente en el diagnóstico y la medicación, la investigación “Fostering Insight Among Individuals With Psychosis Through Dialogic Reading”, liderada por las investigadoras del equipo eDucaR de la Universidad de Deusto, aporta un enfoque innovador y humanizador.

Este trabajo se fundamenta en un modelo dialógico que permite a los participantes articular sus propias voces, reflexionar sobre sus vivencias y construir un significado compartido en un ambiente de profundo respeto e igualdad. Este espacio se concreta a través de la lectura dialógica, en el que se ha debatido La metamorfosis de Franz Kafka actuando como catalizador del diálogo. El estudio demuestra que esta metodología ofrece una alternativa no estigmatizante que ayuda a las personas con psicosis a desarrollar un mayor insight y a comprender sus experiencias desde la agencia y el respeto mutuo.

El trabajo, publicado en la revista científica Psychiatric Rehabilitation Journal, ha sido reconocido con la distinción Editor's Choice de la Asociación Americana de Psicología (APA) por su relevancia e impacto en el ámbito de la salud mental.

23 pacientes, 54 sesiones

El estudio reunió a 23 personas (17 hombres y 6 mujeres) ingresadas en unidades de rehabilitación psiquiátrica de larga estancia en un hospital del norte de España. Todas tenían diagnósticos del espectro de la psicosis (como esquizofrenia o trastorno esquizoafectivo), y 17 de ellas presentaban además patología dual, combinando el trastorno mental con un historial prolongado de adicciones (drogas, alcohol o ludopatía).

Durante cinco meses, divididas en tres grupos, participaron semanalmente en una sesión de aproximadamente 45 minutos, centradas en la lectura de La metamorfosis de Franz Kafka. La obra elegida fue acordada con los propios pacientes por ser un texto con una gran carga metafórica sobre la transformación, el aislamiento social, la alteración de la percepción corporal y la pérdida de identidad.

Reflexión sobre la enfermedad y el consumo de sustancias

Los resultados del estudio revelan que ese espacio seguro permitió a los pacientes desarrollar una mayor conciencia de su enfermedad. Al hablar del personaje de Kafka, pudieron verbalizar por primera vez experiencias traumáticas de sus primeros brotes psicóticos, los momentos de aislamiento o el bloqueo emocional, reflexionando sobre su “etiqueta médica” de su verdadera identidad.

Asimismo, la lectura dialógica ayudó a abordar las consecuencias sociales de la enfermedad. Las personas participantes reflexionaron sobre el estigma que sufren en la sociedad y expresaron un profundo arrepentimiento por el dolor causado a sus familias, reconociendo a su vez la importancia de dejarse ayudar por profesionales.

Una de las aportaciones más relevantes del estudio fue la aparición de pensamientos relacionados con las conductas adictivas. Varias personas identificaron que el consumo de drogas o alcohol actuaba inicialmente como un intento desesperado de afrontar la soledad o la tristeza. Del mismo modo, las reflexiones sobre la adicción al juego mostraron cómo la culpa e incluso la “autodestrucción” alimentaban la conducta compulsiva. El grupo permitió identificar desencadenantes y valorar el apoyo social como escudo ante las recaídas.

Protagonistas de su proceso

La valoración de la actividad por parte de los participantes fue sumamente positiva, llegando a describir la lectura dialógica como "una terapia para su cerebro". Destacaron el ambiente de calma que les permitía expresarse sin ansiedad, la escucha activa y la identificación empática con el resto del grupo. Asimismo, remarcaron la recuperación de su propia agencia, subrayando que en estas sesiones se sintieron los “protagonistas” de su propio proceso, a diferencia de su experiencia en otros entornos terapéuticos más convencionales.

En conclusión, la investigación demuestra que incorporar un entorno dialógico en los procesos de rehabilitación psiquiátrica ofrece un espacio no estigmatizante, seguro y eficaz para devolver la voz, la agencia personal y la autoconciencia a las personas con trastornos mentales graves.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

"LA GANGA". Un cuento de Truman Capote

Varias cosas de su marido irritaban a la señora Chase. Por ejemplo, su voz: siempre sonaba como si estuviera apostando en un juego de póquer. Escuchar su pronunciación lenta e indiferente la exasperaba, sobre todo ahora que, hablando con él por teléfono, ella estaba tan exaltada. “Claro que ya tengo uno, lo sé. Pero no entiendes, querido: es una ganga”, dijo ella, subrayando la última palabra, y después haciendo una pausa para que se desplegara toda su magia. Solo hubo silencio. “Bueno, podrías decirme algo. No estoy en una tienda. Estoy en casa. Alice Severn viene a almorzar. Es suyo el abrigo sobre el que te estoy contando. Seguro que recuerdas a Alice Severn.” Su mala memoria constituía una fuente más de irritación y, a pesar de que ella le recordó que, allá en Greenwich, habían visto varias veces a Arthur y que Alice Severn, de hecho, los había entretenido, él simuló no conocer el nombre. “No importa”, dijo ella con un suspiro. “De todos modos solo voy a ver el abrigo. Que tengas un buen almuerzo, querido.”

Después, mientras jugaba con las ondas precisas de su peinado, la señora Chase admitió que, en realidad, no había ningún motivo para que su marido recordara a los Severn con demasiada claridad. Se dio cuenta de esto cuando, con poco éxito, trató de figurarse la imagen de Alice Severn. Casi podía hacerlo: una mujer sonrosada y desgarbada, de menos de treinta años, que conducía una camioneta, en compañía de su Irish Setter y de dos hermosos niños que tenían el pelo de un rojizo dorado. Corría el rumor de que su marido bebía, ¿o era al revés? Se suponía, también, que su crédito con los bancos era pésimo, o al menos la señora Chase recordaba haber escuchado que los Severn tenían deudas insólitas, y alguien -¿había sido ella misma?- había descrito a Alice Severn como demasiado bohemia.

Antes de mudarse a la ciudad, los Chase habían tenido una casa en Greenwich: una fuente de hastío para la señora Chase, dado que le disgustaba el toque de naturaleza que tenía el lugar; prefería la diversión de las vidrieras de Nueva York. De vez en cuando se había encontrado con los Severn en Greenwich, en un cocktail o en la estación del tren, pero nada más. Ni siquiera éramos amigos, concluyó, algo sorprendida. Como ocurre tan a menudo cuando de pronto uno tiene noticias de alguien del pasado, y a quien se conoce en un contexto distinto, la señora Chase tuvo una sensación de intimidad que la dejó azorada. Pensándolo bien, sin embargo, parecía extraordinario que Alice Severn -a quien no había visto en más de un año- llamara para ofrecerle en venta un abrigo de visón.

La señora Chase fue a la cocina para ordenar su almuerzo de sopa y ensalada: jamás se le ocurrió que alguien pudiera no estar a dieta. Vertió jerez en un botellón y lo llevó a la sala. Era un cuarto de un luminoso color verde botella, parecido al gusto demasiado juvenil que tenía en su forma de vestir. El viento azotaba las ventanas, pues el departamento estaba en los pisos superiores y tenía una vista aérea del centro de Manhattan. La señora Chase puso un disco Linguaphone en el tocadiscos y se sentó cómodamente a escuchar la voz forzada que pronunciaba en francés. En abril, los Chase planeaban celebrar su vigésimo aniversario con un viaje a París. Por eso tomaba las lecciones de Linguaphone y, también por eso, había considerado la posibilidad de comprarle el abrigo a Alice Severn: sentía que resultaba más práctico viajar con un visón de segunda mano; quizá luego lo convertiría en estola. CONTINUAR LEYENDO

lunes, 21 de septiembre de 2026

"FE DE ERRATAS". Un poema de Alejadro Pedregosa seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

El poema que hoy comparto cierra el libro ‘Lo que sé de Whitney Houston’, escrito por Alejandro Pedregosa. La vida de la cantante que da título a ese hermoso e intenso libro enhebra los poemas que contiene, pero por él transitan también historias (en el fondo la misma historia) de personas que desde distintos sufrimientos llegaron al suicido. Es este un libro de amor (o de amores) y de recuerdos, en primer lugar de la cantante estadounidense, a la que toma como referencia de alguien que sucumbió al dolor de vivir, pero también de todos aquellos que decidieron en algún momento no continuar caminando por la vida. Y es que el suicidio sigue siendo un misterio, un estupor, como lo es siempre el amor y sus encarnaciones. El poema compartido se titula ‘Fe de erratas. Epílogo’ y nos recuerda que, como las que afean las páginas de cualquier libro, existen erratas que malogran vidas. Si siempre desgarra la muerte de la persona a la que se ama, se ensancha la herida si ese final es voluntario, inesperado. (Andrea Villarrubia Delgado)
FE DE ERRATAS
(Epílogo)

Si alguna vez los versos de este libro
alcanzan una vida en tinta y celulosa,
si alguna vez los ojos de un ajeno
se paran a leer con lentitud
las cosas que he pensado tras tu muerte,
conviene se corrijan previamente
unas cuantas erratas que -espinas
en el tallo del rosal-
andan diseminadas por el texto.

Donde dice Newark, por ejemplo,
bien se puede poner Navacerrada,
Pamplona, Panticosa o cualquier sitio
donde sepa una niña con coletas
enterrar sus fantasmas bajo un manto de nieve.
Y, en los versos que tengan la palabra “bañera”,
lo correcto sería escribir “balcón”,
porque ¿quiénes de aquellos que estuvimos
a dos palmos de ti podemos hoy
asomarnos a ese abismo
sin que el vértigo nos tumbe?

Nunca dormiste, claro está,
en el Hotel Beverly Hilton de Los Ángeles,
pero te amé y me amaste en un piso pequeño,
de protección oficial, que daba a la avenida
de las Artes, con el sol declinando
en las últimas tardes de septiembre.

No encontraste el infierno, como Whitney,
en las drogas que batieron la sangre
de nuestra generación
-cocaína y speed, principalmente-,
así que lo correcto sería consignar
en estos versos tu afición al vino tinto
y, en los malos momentos, que los hubo,
su mezcla con maría y Orfidal.

Es verdad que no viste cantar al azulillo,
pero te complacía el trino
meridiano de los mirlos. Y es por eso
que los mirlos se parecen a tu alma:
¿de qué si no su pico anaranjado,
el color de tus labios en los míos?

Y poca cosa más. El resto de detalles
-imprecisiones, mentiras y dudas
ortográficas- queden para los críticos
en boga y correctores de estilo.
Nosotros ya hemos hecho en esta vida
cuanto estuvo en nuestras manos
por ser fieles al hecho de vivir.
Si al cabo no acertamos en las formas,
es porque fuimos en el fondo libres
-libérrimos a veces- y, en lo que toca al amor,
enamorados.

ALEJANDRO PEDREGOSA

domingo, 20 de septiembre de 2026

"LA ÚLTIMA FOTO: LA CAMPAÑA PARA SACAR EL SUICIDIO DEL ARMARIO". Eleonora Giovio, El País

“Yo no lo vi venir a pesar de mirar a mi hijo con el alma”, una madre que perdió a un hijo por suicidio impulsa la iniciativa para reivindicar la importancia de hablar de lo “incómodo y difícil” porque puede salvar vidas


Vicky Nieto tiene 63 años y perdió a su hijo de 24 por suicidio el 13 de enero de 2025. Desde entonces, relata, vive un dolor “devastador, que te atraviesa y es tan terrible que te produce sensaciones físicas que nunca había tenido”, y que ella ha utilizado, asegura, para “convertirlo en algo útil” y para “atravesar” su duelo. Ha creado y buscado ayuda para financiar una campaña de sensibilización que ayude a los demás en sus duelos y que “saque el suicidio del armario”. Se llama La última foto y se presentará este jueves, día mundial de la prevención del suicidio, enfrente del Congreso.

Está protagonizada por personas reales: hombres, mujeres, jóvenes, adultos que se quitaron la vida y recopila sus últimas fotos antes de morir por suicidio. Se les ve sonrientes, serenos, aparentemente normales, bromeando, disfrutando de la cotidianidad. Igual que hacía el hijo de Vicky. “Como madre sientes que tu responsabilidad es cuidar de tus hijos. Para mí la tragedia es pensar que el suicidio es una realidad en tu vida sin que tú lo hayas visto venir. Es el punto en el que me anclo y que más me ha impulsado para hacer esto. Y no, no lo vi venir porque no hubo señales, estaba en el ángulo muerto: como cuando vas en el coche y de pronto aparece una moto y dices ‘Pero ¿dónde estaba? Si no la he visto’. Hay una pregunta horrible que te hace mucha gente desde el cariño, pero con torpeza emocional: ¿Pero tú no viste nada? Y te quieres morir”, cuenta.

Y añade: “No vi nada, no, pese a mirarle con el alma. La realidad a la que te tienes que enfrentar es que tu hijo, lo que más querías en el mundo, dormía en la habitación de al lado, cenabas con él todos los días, le dabas un abrazo por las mañanas y por las noches y le mirabas a los ojos y no lo viste… Ahí estaba él pasando en silencio ese dolor que le llevó a tomar esa decisión y tú no lo viste...”.

Por eso ha invertido todo su tiempo y energía en montar la campaña La última foto. “Para demostrar que no es fácil ver las señales, hay datos que lo demuestran. La mayoría no sabría tampoco reconocer las señales. Hay casos con enfermedades mentales diagnosticadas, claro, pero cuando hablamos de personas que toman esa decisión por un sufrimiento emocional es que hay un problema: así como sabemos detectar el sufrimiento físico, no estamos preparados para identificar el sufrimiento emocional. Alguien puede estar roto por dentro y, sin embargo, seguir sonriendo, estudiando, conduciendo y hasta seguir amando”, explica.

La versión británica de la campaña en Reino Unido, celebra Vicky, tuvo mucha repercusión. Y ella, publicista durante 30 años, les pidió consejos sobre cómo hacer una parecida. En ella se puede leer: “Estas son las últimas imágenes de personas que murieron por suicidio. El suicidio no siempre da señales. El silencio mata. Hablar salva”.

El suicidio es, según la OMS, un problema de salud pública que no depende de una sola causa, sino en el que influyen múltiples factores: sociales, culturales, biológicos, psicológicos y ambientales. La persona que se suicida no quiere acabar con su vida, sino con el sufrimiento que padece. Se estima que hay más de 720.000 suicidios al año en todo el mundo y, según la OMS, por cada suicidio se producen otros 20 intentos que afectan directamente a una media de seis personas del entorno. En España, murieron por suicidio 3.954 personas en 2024 (últimos datos del INE disponibles) son casi once al día. Comunicar ese sufrimiento, coinciden los especialistas, no es fácil. Y, sin embargo, cuando una persona puede hablar de lo que le ocurre sin miedo a ser juzgada o estigmatizada, siente alivio.

Dar el paso no es fácil. Lo corrobora Vicky. “Mi hijo tenía soporte, apoyo, sabía que en casa y con la familia se podía hablar de todo y, sin embargo, decidió ocultar ese sufrimiento de manera premeditada porque una parte de ese sufrimiento tiene que ver con sentirse culpable. Y contarlo agudiza esa culpabilidad. No quieren hacerte preocupar porque piensan que eso va a ser como soltar una bomba atómica en casa. Y ahí entran en ese túnel oscuro que llaman los especialistas, en el que cada vez estás más solo y en el que solo quieres dejar de sufrir”.

Por eso, repite Vicky “hablar salva”. Por eso, insiste, hay que hablar del suicidio, sacarlo del armario. “Los sobrevivientes de suicidio te dicen que pedir ayuda o verbalizar lo que sienten se les hace una montaña. Por eso tenemos que romper ese silencio. Tenemos que aprender a tener conversaciones incómodas, tenemos que aprender también los que estamos al otro lado a tener esas conversaciones y aprender a acompañar hasta que lo incómodo se haga cómodo. No vamos a terminar con el problema del suicidio, claro que no, pero hay un porcentaje de muertes que son evitables. Y para evitarlas tiene que ser más fácil hablar de ello”.

Y subraya: “El otro tema de la campaña es justo ese: quitemosle la carga a la conversación. Consigamos que se pueda hablar de ello”. Lo incómodo, dice, es recibir una llamada en la que te dicen que tu hijo, pareja, hermano se ha suicidado.

La campaña, dirigida por el cineasta Santiago Zannou, ha contado con la ayuda de creativos publicitarios y agencias que se han ido sumando. “Pregunté a Sanidad dónde estaban las campañas de sensibilización de las que el Plan de Prevención del Suicidio 2025-27 destacaba la necesidad [en el artículo 2.1 establece como medida hacer una campaña anual]. Nunca tuve respuesta. Esta que presentamos es la campaña que tendría que haber hecho el Gobierno. La hemos hecho una serie de personas con cero medios y cero presupuesto para demostrar que si se quiere, se puede”. Pues aquí estamos demostrando que si se quiere, se puede".
Si necesita ayuda, tiene pensamientos o ideaciones suicidas puede llamar al 024; al teléfono de la Esperanza (717 003 717) o escribir por WhatsApp al 666 640 665. También ofrece asistencia la Fundación ANAR (900 20 20 10).

sábado, 19 de septiembre de 2026

"DE CÓMO EL DR. JOB PAUPERSUM LE TRAJO ROSAS A SU HIJA". Un cuento de Gustav Meyrink

En el famoso café de lujo “Stefanie” de Munich, y en altas horas de la noche, se hallaba sentado, rígido, con la mirada perdida, un anciano de aspecto por demás singular. La corbata deshilachada y dejada en absoluta libertad, más la frente poderosa que casi le llegaba hasta la nuca, revelaba al hombre docto, al académico de relevancia. Aparte de una barba plateada y rala que parecía escapada de una pléyade de chinches, cuyo extremo inferior cubría aquella parte central del chaleco donde a los grandes pensadores les suele faltar un botón, el anciano caballero poseía muy poco que valiera la pena mencionarse en cuanto a bienes terrenales. Para decirlo con absoluta precisión: nada.

Tanto más vivificante le resultó, por consiguiente, que ese parroquiano de vestimenta tan mundana y lustroso bigote negro que hasta ese momento estuviera sentado junto a la mesa del rincón de enfrente llevándose a la boca de tanto en tanto un trozo de pescado frío, haciendo gala de un delicado manejo del cuchillo (momentos en los cuales resaltaban aún más los destellos que despedía el brillante del tamaño de una guinda que lucía en el meñique elegantemente estirado), y que entre bocado y bocado lo obsequiara con miradas asaz observadoras, se levantara limpiándose a boca, cruzara el local casi vacío, se inclinara cortésmente ante él y preguntara:

-¿Gustaría el caballero jugar una partida de ajedrez?… ¿Digamos, por un marco la partida?

Fantasmagóricas escenas a todo color, referidas al derroche y la opulencia, se fueron sucediendo rápidamente ante los ojos mentales del académico, y mientras su corazón maravillado murmuraba: “A este bruto me lo manda Dios”, sus labios ya le estaban ordenando al camarero que justamente se había acercado para ocasionar, como era su costumbre, una serie de complicadas perturbaciones en el funcionamiento de las bombillas de luz:

-¡Julián, un tablero de ajedrez!

-Si no me equivoco, tengo el honor de conversar con el Dr. Paupersum, ¿no es así? -retomó el diálogo el hombre de mundo.

-Job… este, hm, sí… Job Paupersum -le confirmó distraídamente el académico, pues estaba como hechizado por la monumental esmeralda que bajo el aspecto de una lucecilla de automóvil, pero cumpliendo la función de un alfiler de corbata, adornaba el cuello de su interlocutor.

Fue con la llegada del tablero de ajedrez que se quebró el embrujo y pudo actuar nuevamente con entera libertad; colocó las piezas, fijó con saliva la cabeza de un caballo que estaba floja y reemplazó la torre que faltaba con una cerilla convenientemente doblada, todo en un abrir y cerrar de ojos. A partir de la tercera jugada el hombre de mundo se desprendió de sus binóculos, adoptó una pose por demás pedante y se sumió en hondas cavilaciones CONTINUAR LEYENDO

viernes, 18 de septiembre de 2026

"SOY PLATEADA Y EXACTA. NO TENGO PREJUICIOS ..." Un poema de Sylvia Plath

Soy plateada y exacta. No tengo prejuicios.
Todo lo que veo lo trago de inmediato
tal como es, sin que me empañen ni el amor ni el disgusto.
No soy cruel, soy sincero,
el ojo de un pequeño dios de cuatro ángulos.
La mayor parte del tiempo lo paso meditando sobre la pared de enfrente.
Es rosada, con manchas. Tanto la miré que 
me parece que ya forma parte de mi corazón. Aunque con intermitencias.
Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.

Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,
buscando en mi extensión su verdadero ser.
Después se vuelve hacia esas mentirosas, las velas o la luna.
Veo su espalda y el reflejo fielmente.
Ella me recompensa con lágrimas y agitando las manos.
Soy importante para ella. Ella viene y va.
Es su cara, cada mañana, la que reemplaza la oscuridad.
En mi, ella ahogó a una muchacha, y en mí, una vieja
se alza hacia ella día tras día, como un pez terrible.

jueves, 17 de septiembre de 2026

"DALE MEDIO PAN Y UN LIBRO". Elvira Lindo, El País

De manera imperiosa, el ser humano necesita ahora rebelarse, con su voto, con su voz, ante las amenazas criminales de la IA

Cada vez que algún creador, sea escritor, pintor, cineasta, músico o qué sé yo, declara ante un público, cautivo por la admiración, que los temores que suscita la tecnología de los tecnooligarcas son idénticos a los que provocó en su momento el nacimiento de la imprenta, una estrellita del cielo, ay, pierde su luz. No lo hacen por tranquilizarnos, lo que desean es no ser tildados de vejestorios, y aunque en el fondo de su ser sepan que están diciendo una gran idiotez muy manida, prefieren soltarla a quedar como un hombre o una mujer de otro tiempo. Si se les habla de las pérdidas de trabajos, apelan a la revolución industrial, como si esto no fuera más que otra revolución industrial; si se les enfrenta a la idea de que el hombre podrá ser desterrado de contar historias, actividad esencial que lo distingue, dirán que la IA solo reproducirá las obras imitables por su mediocridad haciendo una criba que solo permitirá crear a los genios. Entiendo que quien defiende esta idea se tiene a sí mismo o a sí misma por uno de esos genios que se salvarán de la hoguera. Si se defiende el pulso del ilustrador o el buen arte del traductor, afirmarán que tanto da si es que el ojo y el oído no reparan en la diferencia. Si se les avisa de que las plataformas ya nos están vendiendo música artificial, responderán con una sonrisa que solo deberemos intranquilizarnos cuando la máquina sepa crear un Bob Dylan. Y a los demás, que les zurzan.

Esta tolerancia sarcástica con el nuevo tsunami se adorna a menudo con palabras de Sócrates, porque se entiende que el rechazo a lo novedoso viene de antiguo. El cinismo es hoy el último refugio de los que temen comprometerse. De nada ha servido que hubiera quien alertara de que la mente humana se volverá perezosa (ahí está el resultado escolar de nuestra infancia) y de que necesitamos la actividad artística aunque no sea para pasar a la historia del arte. García Lorca lo dijo mejor que nadie: “No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las culturales que es lo que los pueblos piden a gritos”. No estoy tan segura de que lo pidamos a gritos como de que lo necesitemos para no convertirnos en esclavos.
Escribía yo el pasado domingo sobre el revelador artículo de Timothy Garton Ash sobre las amenazas criminales de la IA. Esta semana un joven extrabajador de Anthropic ha dimitido alertando de que una acción no regulada de la IA puede acabar con la humanidad antes de 2030. Hay quien cuenta que antes los empollones de Silicon Valley se marchaban con una carta de despedida en la que agradecían la experiencia. El cuento ha cambiado, ahora afirman haber visto el lado oscuro y, asustados, se retiran a la naturaleza y a escribir poesía hasta el fin de los tiempos, atormentados por el monstruo que han contribuido a crear. De manera imperiosa, el ser humano necesita ahora rebelarse, con su voto, con su voz, desprendiéndose de todo rastro de cinismo. Ellos, los poderosos que nos han tomado como rehenes, están preparándose para el fin del mundo. “En un giro extraño del cuento del Viejo Testamento”, avisa Naomi Klein, “estos oligarcas que se han arrogado el papel de Dios, no contentos con construirse el arca, están haciendo lo imposible por provocar el diluvio”.

No, esto no es la irrupción de la imprenta, ni una revolución industrial como aquella. Antes que nada, resistámonos, no adaptemos nuestra mente a la pereza. Si has tenido un hijo, no les entregues su cabeza: pierde el tiempo contándole un cuento. Crea un lector, un soñador, contribuye a crear una sociedad donde no todo esté destinado a ser rentable. Dale medio pan, y un libro. Esa idea simple y subversiva es la que contribuyó a que Lorca fuera tan amado como odiado.