domingo, 22 de febrero de 2026

"EL LIBRO DE MI DESTINO". Parinoush Saniee

El libro de mi destino retrata la vida en Teherán desde los años previos a la revolución de 1979 hasta el presente a través de la mirada de Masumeh, una mujer inquieta e inteligente criada en el seno de una familia tradicional iraní.

Masumeh tiene quince años cuando conoce a Said, un aprendiz de farmacéutico, y entre ambos nace un sentimiento intenso y difícil de esconder. La relación termina saliendo a la luz, lo que provoca una inmensa decepción en su padre y la feroz oposición de sus hermanos. Condenada a recluirse en casa y aislada del mundo exterior, la única vía de escape es un matrimonio concertado. El elegido es Hamid, un hombre afable, culto y entregado a sus actividades políticas, que casi no presta atención a su joven esposa ni a los hijos que van llegando.

Así pues, a lo largo de los siguientes treinta años, Masumeh sufrirá en carne propia las radicales transformaciones que experimentará Irán hasta que, cumplidos sus deberes de madre, un giro inesperado la obligará a escoger entre la felicidad individual o salvaguardar el honor que imponen las tradiciones.

El libro de mi destino es una cautivadora historia de amor y amistad, esperanza y dolor que, a través de una singular perspectiva íntima, nos abre las puertas a la turbulenta realidad de una sociedad obstinada en relegar a las mujeres a un degradante segundo plano.

"SUEÑO INFANTIL". Un poema de Antonio Machado seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

Otro 22 de febrero, el de 1939, moría en el exilio, en la localidad francesa de Colliure, Antonio Machado. Y como acostumbro a hacer todos los años en estas fechas comparto un poema suyo. Es mi personal manera de hacer presente su poesía y rendir homenaje al poeta que tanto admiro. En esta ocasión he elegido el poema LXV, subtitulado ‘Sueño infantil’, perteneciente al libro ‘Soledades. Galerías. Otros poemas’, publicado en 1907. El poema, penetrado por la melancolía que impregna todo el libro, expresa la conciencia del paso inexorable de los años, tan presente en su obra, y el peso de la memoria de la infancia, ese tiempo en el que una fiesta en la plaza puede colmar de asombro y felicidad la vida de un niño. (Andrea Villarrubia Delgado)

Una clara noche
de fiesta y de luna,
noche de mis sueños,
noche de alegría
    -era luz mi alma,
que hoy es bruma toda,
no eran mis cabellos
negros todavía-,
    el hada más joven
me llevó en sus brazos
a la alegre fiesta
que en la plaza ardía.
    So el chisporroteo
de las luminarias,
amor sus madejas
de danzas tejía.
    Y en aquella noche
de fiesta y de luna,
noche de mis sueños,
noche de alegría,
    el hada más joven
besaba mi frente...,
con su linda mano
su adiós me decía...
    Todos los rosales
daban sus aromas,
todos los amores
amor entreabría.

viernes, 20 de febrero de 2026

"EL HIJO DE DESIRÉE". Un cuenTo de Kate Chopin


Como era un día agradable, Madame Valmondé decidió ir hasta L’Abri a visitar a Désirée y su pequeño hijo.

Pensar en Désirée con un bebé la hacía sonreír. Le parecía mentira que hubiese pasado tanto tiempo desde que Désirée fuera, ella misma, una criatura; desde que Monsieur, al salir a caballo del portón de Valmondé, la hubiese encontrado dormida bajo la sombra de una gran columna de piedra.

La pequeña despertó en los brazos de Monsieur y empezó a gritar, llamando a “Dada”. No sabía hacer ni decir nada más. Algunos pensaron que quizá, en forma espontánea, había caminado sola hasta ese lugar, pues ya tenía edad como para dar sus primeros pasos. Otros creían que había sido abandonada por una banda de texanos, cuya carreta cubierta de lona, tarde aquel día, había cruzado en la balsa de Coton Maïs, un poco más abajo de la plantación. Con el tiempo, Madame Valmondé dejó de lado todas las especulaciones, excepto que Désirée le había sido enviada por la bondadosa Providencia para que ella la amara, ya que no tenía hijos de su propia sangre. Y la niña creció para convertirse en una joven dulce, bella, cariñosa y sencilla, la predilecta de Valmondé.

A nadie sorprendió, pues, que un día en que Désirée se hallaba recostada contra la columna de piedra —bajo cuya sombra había dormido dieciocho años antes—, Armand Aubigny, paseando a caballo y viéndola allí, se hubiese enamorado de ella. Esa era la manera como todos los Aubigny se enamoraban, de un certero disparo. Lo increíble era que no se hubiese fijado en ella antes, pues la conocía desde que su padre lo había traído de París, apenas un niño de ocho años, después de la muerte de su madre en aquella ciudad. La pasión que se despertó en él aquella mañana, cuando la vio en el portón, avanzó igual que una avalancha o un incendio en el bosque, como algo inefable que no se detiene ante ningún obstáculo.

Pero Monsieur Valmondé era un hombre práctico y quería que todo fuera debidamente examinado; por ejemplo, el origen desconocido de la muchacha. Armand la miró a los ojos y no le importó. Se le recordó que ella no tenía apellido. ¿Qué podía importar un nombre cuando él podía darle uno de los más antiguos y rancios de Luisiana? Encargó los regalos de casamiento a París, y esperó impaciente a que llegaran; entonces se llevó a cabo la boda.

Hacía cuatro semanas que Madame Valmondé no veía a Désirée y a su hijo. Al llegar a L’Abri, como siempre le sucedía, se estremeció ante la primera impresión. Era un lugar triste, que durante muchos años no había conocido la dulce presencia de una mujer, de una dueña. El viejo Monsieur Aubigny se había casado y enterrado a su esposa en Francia; y Madame Aubigny había amado demasiado su tierra como para alejarse de ella.

El techo caía en pendiente inclinada, negro como capucha de monje, y bajaba más allá de las amplias galerías que rodeaban la casa de estuco amarillo. A su lado se erguían robles altos y austeros, cuyas largas y frondosas ramas ensombrecían la casa como un paño mortuorio. El joven Aubigny era estricto, además: bajo su mando, los negros llegaron a olvidar la alegría que habían disfrutado en los tiempos plácidos e indulgentes del viejo amo.

La joven madre se recuperaba lentamente y yacía recostada, entre muselinas y encajes, en un canapé. El bebé reposaba a su lado, todavía en sus brazos, donde se había dormido. La nodriza de piel cetrina estaba sentada frente a la ventana, abanicándose. CONTINUAR LEYENDO

jueves, 19 de febrero de 2026

"MENSAJE A LAS ESTATUAS". Un poema de Ángel González

Vosotras, piedras
violentamente deformadas,
rotas
por el golpe preciso del cincel,
exhibiréis aún durante siglos
el último perfil que os dejaron:
senos inconmovibles a un suspiro,
firmes
piernas que desconocen la fatiga,
músculos
tensos
en su esfuerzo inútil,
cabelleras que el viento
no despeina,
ojos abiertos que la luz rechazan.
Pero
vuestra arrogancia
inmóvil, vuestra fría
belleza,
la desdeñosa fe del inmutable
gesto, acabarán
un día.
El tiempo es más tenaz.
La tierra espera
por vosotras también.
En ella caeréis por vuestro peso,
seréis,
si no cenizas,
ruinas,
polvo, y vuestra
soñada eternidad será la nada.
Hacia la piedra regresaréis piedra,
indiferente mineral, hundido
escombro,
después de haber vivido el duro, ilustre,
solemne, victorioso, ecuestre sueño
de una gloria erigida a la memoria
de algo también disperso en el olvido

(De Sin esperanza, con convencimiento, 1961)

miércoles, 18 de febrero de 2026

"La literatura infantil no necesita espacios seguros, sino espacios ‘valientes’".

Imaginemos que un libro infantil es una casa. Dentro, hay espejos donde niños y niñas se reconocen, ventanas que muestran otras vidas y puertas que invitan a mundos distintos. Pero no todas las habitaciones son cómodas. Hay espejos que devuelven imágenes distorsionadas, ventanas que muestran situaciones injustas y puertas que conducen a realidades difíciles.

¿Qué hacemos cuando la lectura incomoda? ¿Apartamos a la infancia de esas historias, o la acompañamos a leerlas con mirada crítica?

Estas son algunas de las preguntas que plantea Zoom Out, un proyecto Erasmus+ que aborda desigualdades en las escuelas mediante la literatura infantil. 


En el trabajo con las escuelas hemos observado que, al igual que en algunos libros, en las aulas existen desigualdades. Retirar esos libros no hace que desaparezcan. En cambio, conversar alrededor de ellos y crear espacios donde el alumnado pueda pensar, nombrar y cuestionar puede servir para hacer visibles desigualdades presentes y pensarlas colectivamente.

Lo que no se puede decir en clase

Muchos niños y niñas no tienen el lenguaje ni el espacio para hablar de las desigualdades que les atraviesan. Esto se hizo evidente durante uno de los talleres.

Al pedir al alumnado que se dibujara durante una adaptación de la actividad El mapa de quién soy, un niño empezó a decir “Soy negro…” y se tapó la boca. Miró a la tallerista y corrigió: “Perdón, no se puede decir negro; cogeré el color marrón”.

En la escuela había aprendido que “negro” era un insulto. Su incomodidad surgía de la dificultad para nombrar parte de su experiencia sin miedo a usar una palabra incorrecta y racista. Lo que estaba en juego no era el dibujo, sino los límites del lenguaje socialmente aceptado en la escuela para nombrarse.

¿Cerrar el libro o abrir el debate?

Situaciones como esta plantean una cuestión recurrente en las aulas: ¿qué hacemos con libros que muestran racismo, como Tintín en el Congo, sexismo, como La Cenicienta, o colonialismo, como Robinson Crusoe? En muchos casos, estos textos se dejan de lado por considerarse problemáticos, desactualizados o difíciles de trabajar en clase.

En ese marco aparece con frecuencia la idea de “protección”, entendida como la necesidad de evitar determinados contenidos o conversaciones. Pero, como se pregunta la escritora Laure Murat, ¿qué sabemos realmente sobre la fragilidad de los niños?

Espacios seguros, ¿espacios limitantes?

Estas reflexiones han aparecido en las escuelas que han participado en Zoom Out. El concepto de “espacio seguro” nos ayuda a situar estas tensiones. Este nació en movimientos sociales que buscaban lugares libres de hostilidad para poder hablar, “autodefinirse” y trabajar por la justicia social. En educación se utiliza para describir entornos donde el alumnado se siente aceptado y emocionalmente protegido.

Estos espacios son imprescindibles, pero pueden resultar limitantes si la seguridad se entiende como ausencia de conflicto. En la práctica educativa, todo aprendizaje requiere riesgo: hacer preguntas difíciles, descubrir algo incómodo o confrontar sesgos propios. Cuando evitar ese riesgo se convierte en norma, puede generarse un falso sentido de seguridad que impida abordar temas complejos o cuestionar sistemas de poder.

De espacios seguros a espacios “valientes”

Frente a estos límites, desde la pedagogía, Brian Arao y Kristi Clemens proponen el concepto de “espacios valientes”. Es decir, entornos donde el conflicto es generativo, el error no se penaliza y la incomodidad es una condición necesaria para aprender.

Desde las reflexiones en el marco de Zoom Out, entendemos un espacio valiente como aquel donde niños y niñas pueden nombrarse sin miedo, preguntar sin que se les juzgue, señalar una injusticia aunque no sepan resolverla, o cambiar de opinión.

Buscando estrategias

A partir del trabajo con escuelas, el proyecto ha permitido identificar prácticas sencillas (complementadas por una guía y un banco de recursos) que favorecen estos espacios de lectura valientes:

  • Utilizar espacios flexibles, que fomenten dinámicas no jerárquicas. Los círculos literarios son una gran fuente de inspiración.
  • Contextualizar antes de leer, explicando el momento histórico y la autoría. Saber el conocimiento previo del alumnado es esencial para entender desde qué lente interpretarán el texto.
  • Crear oportunidades para el diálogo con preguntas abiertas. Por ejemplo, “¿Qué voces faltan? ¿Qué pasaría si lo contáramos diferente?”.
  • Identificar y llenar vacíos de representación con una colección de libros que refleje la diversidad del aula en cuanto a género, origen, etnia, etc.
En los talleres de Zoom Out hemos observado pequeños gestos. Entre ellos, alumnado que cuestiona estereotipos, relaciona historias con su entorno y formula preguntas. El objetivo no es dar respuestas cerradas, sino acompañar el desarrollo de una mirada propia, atenta y crítica a la desigualdad.

La valentía de no cerrar el libro

Abrir espacios valientes no garantiza conversaciones amables. En otro taller, un niño explicó por qué no le gustaban las personas sin hogar. Comentarios racistas, sexistas o excluyentes surgen cuando se crean espacios donde el alumnado puede hablar libremente. Aun así, la experiencia de los talleres apunta a que es preferible que estos comentarios aparezcan a que queden tapados pero latentes.

La casa de la literatura infantil debería ser un lugar donde sus lectores se reconozcan, pero también donde puedan ver las grietas de sus paredes. Desde Zoom Out argumentamos que no se trata de cerrar las puertas que llevan a habitaciones incómodas, sino de acompañarles cuando decidan abrirlas.

martes, 17 de febrero de 2026

"MANGO Y SAL". Un cuento de Isabel Coixet ambientado en la cruda realidad de los EE UU de Donald Trump

Javier Olivares
Racismo, angustia laboral, amor y violencia policial se cruzan en este cuento de la directora y guionista que refleja las contradicciones y el drama de la era de las redadas del ICE

Mariela conocía el peso exacto de un mango maduro sin mirarlo. Lo sabía por cómo cedía bajo el pulgar, por el olor dulzón que escapaba cerca del tallo. El hombre de la chaqueta de cuero siempre llegaba a las 8.47, nunca antes de las 8.45, nunca después de las 8.50. Ella ya tenía la bolsa lista.

Cuando lo veía acercarse entre la gente, Mariela levantaba apenas la barbilla. No era exactamente una sonrisa. Era algo más pequeño. Un reconocimiento. Un “buenosdíascómoleva” que no espera respuesta. El hombre hacía lo mismo, un movimiento casi invisible con la cabeza. Luego sacaba la billetera.

—Cinco —decía él.

—Cinco —confirmaba ella.

A veces sacaba un billete de 10 y le decía que se quedara con el cambio. Otras veces traía seis dólares y se los daba con otro pequeño gesto de la cabeza. Mariela nunca le preguntó su nombre. Él nunca preguntó el de ella.
***
Amir había nacido en Jackson Heights, en el mismo hospital donde su madre trabajaba limpiando los quirófanos. Su padre conducía un taxi y hablaba urdu solo cuando rezaba. En la casa se hablaba inglés. Siempre inglés. Su hermana mayor había aprendido urdu de todos modos, escuchando a escondidas las conversaciones de las amigas de su madre en la cocina. Amir no. Amir había aprendido las reglas.

En la escuela secundaria, después del 11 de septiembre, un chico le había preguntado si su familia conocía a Bin Laden. Amir había contestado: “Mi familia es de Pakistán. Bin Laden era de Arabia Saudí. Es como preguntar si tú conoces a alguien de Iowa porque eres blanco”.

El chico no volvió a molestarlo.

Su padre le había dicho: “Estudia. Trabaja duro. Sigue las reglas. Nunca les des una razón para que renieguen de ti”.

Amir estudió Administración Pública en Baruch. Solicitó trabajo en el Departamento de Seguridad Nacional. Pasó todos los exámenes. Cuando le llegó la oferta del ICE, su madre lloró en la cocina. Su padre le estrechó la mano.

—Buen sueldo —dijo su padre—. Beneficios. Pensión.

—Sí —dijo Amir.Su hermana vivía con otra mujer en Williamsburg y no fue a la cena de celebración. Le mandó un mensaje esa noche: “No puedo creer que hagas esto”. Amir no respondió. Bloqueó su número tres semanas después, cuando ella le mandó un artículo sobre una redada en la que habían separado a una mujer de su bebé de seis meses. CONTINUAR LEYENDO

lunes, 16 de febrero de 2026

"EL AMOR EXISTE". Un poema de la urugüaya Cristina Peri Rossi

El amor existe
como un fuego
para abrasar en su belleza
toda la fealdad del mundo.

El amor existe
como un presente de las diosas
benignas
a quienes aman la belleza
y la multiplican,
como los panes y los peces.

El amor existe
como un don
sólo para quienes están dispuestas
a renunciar
a cualquier otro don.

El amor existe
para habitar el mundo
como si fuera
el paraíso
que un amante distraído perdió
por pereza
por falta de sabiduría.

El amor existe
para que estallen los relojes
lo largo se vuelva corto

lo breve infinito

y la belleza borre
la fealdad del mundo.