viernes, 15 de mayo de 2026

"MOZART, Y BRAHMS Y CORELLI", Un cuento de Almudena Grandes

 

—Esto es lo único glorioso, lo único heroico, lo único digno que hemos hecho los españoles en toda la puta historia, fijaos en lo que os digo, lo único, esto y la defensa de Madrid, punto final. Todo lo demás, una basura. Acordaos bien cuando os enseñen política en el instituto ese al que vais.

—Adolfo…

—¿Qué?

—Que nosotros no damos política —y Miguel, que le había conocido antes que los demás y era quien tenía más confianza con él, se echaba a reír—. Eso es de tu época, macho…

—¡De mi época, de mi época! —y por un instante, Adolfo dejaba de mirar a Fernanda para volcar sobre nosotros el azul purísimo de sus ojos—. ¿Qué pasa, que no os enseñan la Constitución a vosotros?

—Sí, eso sí —a Miguel no le quedaba más remedio que admitirlo—. Pero no es lo mismo.

—¿Qué no es lo mismo? Hala, vete, chaval, que a cualquier cosa la llaman Constitución después de la del 31, ¡no te jode!

Adolfo, que tenía la edad de mi padre, unos cuarenta y muchos, quizás cincuenta y pocos años, era el único hombre que venía andando a la Casa de Campo para ver a la reina. El único, porque Basi, un viejecillo inofensivo que andaba tan encorvado como si siempre estuviera buscando algo que se le acabara de caer al suelo, no era un hombre para ellas, y nosotros tampoco, la verdad. Ramón había cumplido diecisiete años en enero, pero Miguel y yo seguíamos teniendo dieciséis y ni siquiera nos dejaban entrar en todos los bares. Menos mal que en la loma donde Adolfo había instalado su observatorio, nadie, ni siquiera la policía municipal, que solía venir de visita un par de veces al día, parecía interesado en pedirnos el carnet, o el horario de esas clases que nos fumábamos para ir a ver a la reina.

—¡Fernanda, guapa!

Adolfo chillaba con todas sus fuerzas y ella, después de abrir la puerta, a punto de entrar en el coche del que nunca sería su último cliente, levantaba la cabeza, nos buscaba con los ojos y sonreía.

—¡Qué buena estás, Fernanda, cojones, pero qué buena estás, joder!

Eso le decía, y se quedaba corto, porque la reina era mucho más que una tía buena, aunque yo tampoco podría explicar muy bien qué era exactamente. Sólo sé que el día que la vi, sentí lo mismo que la primera vez que escuché con atención, con oído de músico y no de pasajero de ascensor, Las cuatro estaciones de Vivaldi, la misma mezcla de alegría y de asombro y de placer y de inquietud y de soledad y de envidia y de espanto que me inspiró esa música perfecta. Porque Fernanda también era perfecta, y más que eso. Fernanda era música. CONTINUAR LEYENDO

"EN SUIZA" Un poema de Manuel Altolaguirre seleccionado y comentado por Andrea Villrrubia Delgado

Manuel Altolaguirre y Concha Méndez
La trayectoria del poeta Manuel Altolaguirre va unida a su vocación inicial como impresor y editor. Junto al también poeta Emilio Prados, ambos oriundos de la ciudad de Málaga, fundaron en 1925 la imprenta Sur y poco después, en el año 1926 (se cumple este año el centenario) la revista ‘Litoral’, en la que aparecieron poemas de la mayor parte de los miembros de la Generación del 27, en la que se encuadran ambos poetas. Quiero recordar unas palabras de Manuel Altolaguirre sobre la imprenta que tanto quería: “Nuestra imprenta tenía forma de barco, con sus barandas, salvavidas, faroles, vigas de azul y blanco, cartas marinas, caja de galletas y vino para los naufragios”. El poema que hoy comparto se titula ‘En Suiza’ y está dedicado a la que era su mujer en aquellos momentos, la poeta Concha Méndez, y que pertenece al libro ‘Soledades juntas’ publicado en el año 1931. Un poema de amor en el que el blanco paisaje que se extiende ante su vista le trae a la memoria los hermosos ojos de la persona amada y ausente, con el deseo latente de ser él también el centro de un recuerdo formado lejos de allí, frente a otro paisaje más cálido y luminoso. (Andrea Villarrubia Delgado)

EN SUIZA

A C.M.

Si estuvieses aquí,
frente a este mundo
de silencio y blancura,
después de recorrer con la mirada
las bajas nubes y las altas nieves,
el resumen gozoso del paisaje
encontraría en tus ojos.

Pero tu ausencia es ciega.
Los ojos que recuerdo al recordarte
a otros lugares miran.
Ni presienten ni ven esta hermosura.
Los hondos ríos, el lago, las montañas,
el clarísimo frío de mi frente,
distintos son del fuego de tus labios,
de tus ojos, del mar, de tus llanuras.

Si yo pudiera a tu recuerdo darle
vida, o si pudiera, al menos,
convertirme en un recuerdo tuyo,
viviendo sólo donde tú me pienses.
Si fuera el cuerpo lo invisible
y el alma lo real,
me verías siempre,
y esta luz, este cielo, estos declives,
serían un blanco sueño.

miércoles, 13 de mayo de 2026

"QUÉ SON LAS EVIDENCIAS CIENTÍFICAS EN EDUCACIÓN (Y POR QUÉ NO SON RECETAS UNIVERSALES). Diego Ardura y Arturo Galán (UNED), Theconversation.com

Durante casi 1 500 años, la ciencia, con honrosas excepciones, dio por hecho que el universo se organizaba en torno al planeta Tierra. La razón, más allá de dogmas, fue que el modelo geocéntrico funcionaba para explicar fenómenos naturales como los eclipses o las estaciones. Descubrimientos posteriores demostraron la falsedad de este modelo y la necesidad de proponer otro.

Este no es más que un ejemplo de que la ciencia no es un conjunto de verdades absolutas, sino una sucesión de modelos provisionales que nos ayudan a entender la naturaleza con las observaciones empíricas disponibles en cada momento.

Estos modelos surgen de lo que llamamos evidencias científicas, que se pueden entender como datos, pruebas o resultados, obtenidos mediante investigación, observación y experimentación, que apoyan o refutan una hipótesis.
Las evidencias en educación

Aunque la provisionalidad de los conocimientos científicos afecta a todas las ciencias, la dimensión y alcance de las evidencias que se generan mediante la aplicación del método científico dependen fuertemente del área de conocimiento. Para que la educación basada en evidencias no se convierta en una moda más, conviene aprender a utilizarla.

A priori, debemos tener en cuenta dos cuestiones esenciales a la hora de interpretar los resultados que se derivan de la investigación educativa: su naturaleza probabilística y su dependencia contextual.

En primer lugar, en el contexto de las ciencias sociales y, en concreto de la educación, las evidencias científicas se enmarcan en una aproximación probabilística en lugar de determinista. Esto quiere decir que podemos establecer la probabilidad de que se produzca un fenómeno o una relación, pero no afirmar rotundamente su ocurrencia en todos los casos.
Cuestiones de probabilidad, no certeza

Por ejemplo, según el sistema estatal de indicadores de la educación en España (2023), la titulación de la madre afecta se asocia a la probabilidad de que sus hijos e hijas abandonen sus estudios. Según este informe, la probabilidad de abandono prematuro de los estudios es diez veces mayor en el caso de jóvenes cuya madre tiene estudios primarios o inferiores, que en aquellos cuyas madres tienen una titulación superior.

Esto no implica que una niña cuya madre tiene estudios primarios acabe abandonando prematuramente el sistema educativo, sino que tendrá una probabilidad mayor de hacerlo. Es interesante detenerse en este ejemplo, pues también nos da una idea de la provisionalidad de los resultados de la investigación que comentábamos anteriormente, ya que, aunque este efecto persiste, se ha visto atenuado en los últimos años en comparación con décadas anteriores.
Dependencia del contexto

Además de su naturaleza probabilística, las evidencias educativas presentan otra característica clave: su fuerte dependencia del contexto. De ahí que no sea posible el establecimiento de reglas generales más allá de las tendencias que se observan en los estudios que se realizan: lo que se demuestra que funciona en un contexto determinado, puede no funcionar en otro.

Por esta razón, cuando leemos evidencias científicas en educación, es crucial comprender la descripción del contexto en el que se realiza la investigación de modo que podamos interpretar el alcance de las evidencias que genera.
Estudios primarios y metanálisis

La investigación empírica en educación se recoge principalmente en lo que llamamos estudios primarios. Estos, por lo general, presentan evidencias que, como indicábamos antes, se circunscriben a un determinado contexto. Por ejemplo, una investigación puede realizarse con alumnado universitario y esto limitará el horizonte de aplicación de sus resultados a estudiantes de esta etapa. Por tanto, no podríamos extrapolar las conclusiones de este estudio a alumnado de etapas educativas anteriores.

Complementariamente a los estudios primarios, se realizan trabajos de síntesis. Entre ellos, los estudios llamados de metanálisis son particularmente relevantes. Estos trabajos buscan la agregación de los resultados obtenidos en investigaciones sobre un mismo tema. La idea es encontrar promedios de los efectos reportados en los estudios primarios y la consecuencia es que aumenta la robustez de las conclusiones, ya que estas dependen de un conjunto de trabajos y no solo de uno.

Este tipo de trabajos permite, además, evaluar críticamente los estudios primarios. Por ejemplo, en un metanálisis del profesor Samuel Parra se concluye que para obtener resultados generalizables sobre los efectos del método Montessori es necesario abordar estudios con mayor rigor metodológico que los que hay publicados hasta la fecha.
Traer las evidencias a la práctica

En la comunidad científica, existe cada vez más un esfuerzo deliberado en la producción de estudios metanalíticos como los referidos anteriormente, que permitan generar evidencias sólidas que las personas que están en la práctica educativa puedan tener en cuenta para diseñar la enseñanza. Aunque hay muchos ejemplos, podríamos destacar los trabajos del profesor Samuel Parra o la profesora Marta Ferrero.

También cada vez más docentes de distintas etapas se interesan por el uso de evidencias en educación. Algunos ejemplos destacados son Albert Reverter, maestro e impulsor del blog El McGuffin Educativo, o Héctor Ruiz Martín, que trabajan para tender puentes entre las evidencias científicas y la práctica docente

En definitiva, en un contexto educativo cada vez más complejo, la educación basada en evidencias no consiste en buscar recetas universales, sino en tomar decisiones informadas, críticas y contextualizadas. Las evidencias no sustituyen al juicio profesional docente, pero sí pueden hacerlo más sólido.

martes, 12 de mayo de 2026

"LA SEÑORA M.". Un cuento del noruego Kjell Askildsen

Una de las pocas personas que saben que aún existo es la señora M., de la tienda de la esquina. Dos veces por semana me trae lo que necesito para vivir, pero no es que se mate por el peso. La veo muy de tarde en tarde, porque tiene una llave del departamento y deja la compra en la entrada; es mejor así, de ese modo nos protegemos mutuamente, y mantenemos una relación pacífica, casi diría amistosa.

Pero una vez que la oí abrir la puerta con su llave, me vi obligado a llamarla. Me había caído y dado un golpe en la rodilla, y era incapaz de llegar hasta el sofá. Por suerte, era uno de los días en que le tocaba subirme la compra, así que solo tuve que esperar cuatro horas. La llamé cuando llegó. Quiso ir a buscar un médico inmediatamente, su intención era buena; solo es la familia más allegada la que llama al médico de mala fe, cuando quiere librarse de la gente mayor. Le expliqué lo necesario sobre hospitales y residencias de ancianos sin retorno, y la buena mujer me puso una venda. Luego hizo tres sándwiches que me dejó en una mesa junto a la cama, además de una botella de agua. Al final, llegó con una vieja jarra que encontró en la cocina.

-Por si la necesita -dijo-. Y se marchó.

Por la noche me comí un sándwich, y mientras me lo estaba comiendo vino a verme. Su visita fue tan inesperada que he de admitir que me vencieron los sentimientos, y dije:

-Qué buena persona es usted.

-Bueno, bueno -dijo escuetamente, y se puso a cambiarme la venda.

-Esto le irá bien -dijo, y añadió-: Así que no quiere saber nada de las residencias de ancianos; por cierto, supongo que sabe que ahora no se llaman residencias de ancianos, sino residencias de la tercera edad.

Nos reímos los dos de buena gana, el ambiente era casi alegre. Es un placer encontrarse con personas que tienen sentido del humor.

La pierna me estuvo doliendo durante casi una semana, y ella vino a verme todos los días. El último día dije:

-Ahora estoy bien, gracias a usted.

-Bueno, no se ponga solemne -me interrumpió-, todo ha ido perfectamente.

En eso tuve que darle la razón, pero insistí en que, sin ella, mi vida podría haber tomado una desgracia sin rumbo.

-Bah, se las hubiera arreglado de una u otra manera -contestó-, es usted muy terco. Mi padre se parecía a usted, así que sé muy bien de lo que hablo.

Me pareció que estaba sacando conclusiones sobre una base demasiado endeble, pues no me conocía, pero no quise que pareciera una reprimenda, de modo que me limité a decir:

-Me temo que piensa demasiado bien de mí.

-Oh, no -contestó-, debería usted haberlo conocido, era un hombre muy difícil y muy testarudo.

Lo decía completamente en serio, admito que me impresionó, me entraron ganas de reírme de alegría, pero me mantuve serio y dije:

-Comprendo. ¿También su padre llegó a muy mayor?

-Ah, sí, muy mayor. Hablaba siempre mal de la vida, pero nunca he conocido a nadie que se esforzara tanto por conservarla.

A eso podía sonreír sin problemas, resultó liberador, incluso me reí un poco, y ella también.

-Supongo que usted también es así -dijo, y me preguntó impulsiva si le dejaba leerme la mano.

Le tendí una, no recuerdo cuál de las dos, pero quiso la otra. La miró atenta durante unos instantes, luego sonrió y djo:

-Justo lo que me figuraba: debería usted haber muerto hace mucho tiempo.

FIN

lunes, 11 de mayo de 2026

"UMBRÍO POR LA PENA, CASI BRUNO". Un poema de Miguel Hernández

 

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!

domingo, 10 de mayo de 2026

"LIBROS QUE NO VENDEN Y 'LITERATURA EN POTITOS': EL DILEMA DE LA CABEZA VACÍA". Azahara Palomeque, Publico.es

Hace unos días, un estudio de CEGAL, el gremio de libreros, revolucionó el mundo de la cultura con dos estadísticas estremecedoras: por una parte, casi el 50% de los títulos disponibles en las librerías de nuestro país no se vende absolutamente nada; por otra –y esto es aún más alarmante–, la mitad de los hogares tiene menos de 50 volúmenes en sus anaqueles. Se trata de dos fenómenos diferentes que, sin embargo, se encuentran profundamente imbricados por cuanto revelan sobre la era contemporánea: el poco peso de un tejido libresco que, en caso de llegar a las casas, lo hace concentrado en grandes grupos editoriales, a menudo desgajado de complejidad y en bestsellers cuyos autores suelen ser influencers. No se da tanto un descalabro de este sector empresarial en general como un arrollamiento del mercado que frecuentemente ensalza lo mismo y, para más inri, destierra a buena parte de la población, alfabetizada en lo funcional, pero privada del goce de la palabra, pues su artefacto por excelencia, el libro, ha perdido el halo de legitimidad que detentó en otras épocas. La tristeza implícita en este hecho sólo la entenderá, me temo, quien haya leído algo más que el manual de la lavadora.

Paseemos imaginariamente por cualquier feria del libro de una ciudad de provincias: veremos la modesta cola generada por autores de esos que llaman "literarios" (¿de qué otra pasta serán los demás?), junto a la inmensa fila de fieles que esperan pacientemente la firma de algún famoso con decenas de miles de seguidores en redes. En ocasiones puntuales, ambas figuras confluyen en una sola persona; pero la tónica habitual es el brillo de perfiles atractivos que cuentan ya una legión de admiradores a sus espaldas, porque, como Gabriel Rufián, han priorizado llenar TikToks sobre bibliotecas. Que un político de izquierdas efectúe esas declaraciones nos habla de la espectacularización de una función de servicio público subyugada a la captura de votos en vídeos de 7 segundos –método desgraciadamente efectivo–, pero que ese mismo sometimiento a las pantallas se aplique a los escritores, simplemente para poder existir, condensa otra serie de problemas; entre ellos, la degradación de la literatura mediante su presentación efectista, facilitada, normalmente, por una redacción apresurada y desbrozada de originalidad. Por decirlo de otro modo: entre el piso sin libros y la gira del influencer media la preponderancia del entretenimiento sobre formas de cultura que impliquen cualquier esfuerzo cognitivo.

A esto podemos llamarlo contrailustración o idiotización premeditada, por ejemplo. Podemos denominarlo un mundo sin palabras donde el raciocinio encoge como el menú infantil de un restaurante. De hecho, a los ejemplares que surgen de estos fogones yo los he calificado en alguna ocasión como "literatura en potitos": triturada, volverá a nuestros dientes inservibles. Como autora, he intentado siempre no producir estas papillas ya mascadas hechas a base de vocabulario reducido y frases cortas en las cuales, con suerte, aparece algún verbo. Cuando, en ciertas entrevistas, me han preguntado por qué empleo términos singulares, he respondido con otra interrogación: ¿por qué los arquitectos de la Alhambra añadieron la filigrana deslumbrante de su yesería o a qué obedece la selva de arcos bicolores de la Mezquita de Córdoba? Quizá a encumbrar los saberes humanos y dignificar la belleza de su patrimonio. Esa sería, tal vez, la comparación más vistosa para explicar un deterioro intelectual que esconde graves consecuencias: si un joven no lee, o incluso si lee pero el mismo tipo de textos facilones reiteradamente –exponen mis amigos docentes–, tiende a creer que su vida representa el paradigma de lo universal; es decir, que no es un sujeto más dentro de una historia cambiante en la cual se han conquistado y perdido derechos, se ha arrasado con la estabilidad climática y se han enunciado múltiples idiomas, sino un ejemplo vivo, el único, extrapolable a cualquier tiempo y espacio.

¡Qué tragedia haber alcanzado tanta ignorancia! ¡Cuánto narcisismo, aunque ocurra de manera inconsciente! Y si una advierte de lo evidente, no faltarán voces que acusen de elitismo a quien se preocupa por el abandono de una herramienta fundamental en la riqueza mental y el placer estético de los pueblos. Quizá habría que recordar la popularidad de las novelas en folletín que compraban los anarquistas a principios del siglo XX para sentir y organizarse políticamente; las lecturas en voz alta efectuadas en las fábricas por parte de obreros alfabetizados dedicados a educar a sus compañeros; o la cantidad de volúmenes clandestinos que circularon entre la oposición al franquismo a lo largo de décadas. Hoy en día, esa gente que entregó la vida por la palabra escrita tal vez se abriría un Tiktok, bañaría sus millones de visualizaciones en potitos y, quién sabe si, al ir a ofrecérselos a sus hinchas, la mitad de ellos espetaría: ¡no los queremos!, ¡aquí somos famélicos declarados! Pero ya lo decía Antonio Machado: no culpemos al estómago, "el vacío es más bien en la cabez


sábado, 9 de mayo de 2026

"GRITO HACIA ROMA". Un poema de Federico García Lorca

El poema es una dura crítica a la corrupción y la falta de empatía de la jerarquía eclesiástica en Roma, en contraste con el sufrimiento de los pobres.

Manzanas levemente heridas
por finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego,
Peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
Y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.

Porque ya no hay quien reparte el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elegantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.

Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.

Pero el viejo de las manos traslucidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.

Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los
directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.