martes, 12 de mayo de 2026

"LA SEÑORA M.". Un cuento del noruego Kjell Askildsen

Una de las pocas personas que saben que aún existo es la señora M., de la tienda de la esquina. Dos veces por semana me trae lo que necesito para vivir, pero no es que se mate por el peso. La veo muy de tarde en tarde, porque tiene una llave del departamento y deja la compra en la entrada; es mejor así, de ese modo nos protegemos mutuamente, y mantenemos una relación pacífica, casi diría amistosa.

Pero una vez que la oí abrir la puerta con su llave, me vi obligado a llamarla. Me había caído y dado un golpe en la rodilla, y era incapaz de llegar hasta el sofá. Por suerte, era uno de los días en que le tocaba subirme la compra, así que solo tuve que esperar cuatro horas. La llamé cuando llegó. Quiso ir a buscar un médico inmediatamente, su intención era buena; solo es la familia más allegada la que llama al médico de mala fe, cuando quiere librarse de la gente mayor. Le expliqué lo necesario sobre hospitales y residencias de ancianos sin retorno, y la buena mujer me puso una venda. Luego hizo tres sándwiches que me dejó en una mesa junto a la cama, además de una botella de agua. Al final, llegó con una vieja jarra que encontró en la cocina.

-Por si la necesita -dijo-. Y se marchó.

Por la noche me comí un sándwich, y mientras me lo estaba comiendo vino a verme. Su visita fue tan inesperada que he de admitir que me vencieron los sentimientos, y dije:

-Qué buena persona es usted.

-Bueno, bueno -dijo escuetamente, y se puso a cambiarme la venda.

-Esto le irá bien -dijo, y añadió-: Así que no quiere saber nada de las residencias de ancianos; por cierto, supongo que sabe que ahora no se llaman residencias de ancianos, sino residencias de la tercera edad.

Nos reímos los dos de buena gana, el ambiente era casi alegre. Es un placer encontrarse con personas que tienen sentido del humor.

La pierna me estuvo doliendo durante casi una semana, y ella vino a verme todos los días. El último día dije:

-Ahora estoy bien, gracias a usted.

-Bueno, no se ponga solemne -me interrumpió-, todo ha ido perfectamente.

En eso tuve que darle la razón, pero insistí en que, sin ella, mi vida podría haber tomado una desgracia sin rumbo.

-Bah, se las hubiera arreglado de una u otra manera -contestó-, es usted muy terco. Mi padre se parecía a usted, así que sé muy bien de lo que hablo.

Me pareció que estaba sacando conclusiones sobre una base demasiado endeble, pues no me conocía, pero no quise que pareciera una reprimenda, de modo que me limité a decir:

-Me temo que piensa demasiado bien de mí.

-Oh, no -contestó-, debería usted haberlo conocido, era un hombre muy difícil y muy testarudo.

Lo decía completamente en serio, admito que me impresionó, me entraron ganas de reírme de alegría, pero me mantuve serio y dije:

-Comprendo. ¿También su padre llegó a muy mayor?

-Ah, sí, muy mayor. Hablaba siempre mal de la vida, pero nunca he conocido a nadie que se esforzara tanto por conservarla.

A eso podía sonreír sin problemas, resultó liberador, incluso me reí un poco, y ella también.

-Supongo que usted también es así -dijo, y me preguntó impulsiva si le dejaba leerme la mano.

Le tendí una, no recuerdo cuál de las dos, pero quiso la otra. La miró atenta durante unos instantes, luego sonrió y djo:

-Justo lo que me figuraba: debería usted haber muerto hace mucho tiempo.

FIN

lunes, 11 de mayo de 2026

"UMBRÍO POR LA PENA, CASI BRUNO". Un poema de Miguel Hernández

 

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!

domingo, 10 de mayo de 2026

"LIBROS QUE NO VENDEN Y 'LITERATURA EN POTITOS': EL DILEMA DE LA CABEZA VACÍA". Azahara Palomeque, Publico.es

Hace unos días, un estudio de CEGAL, el gremio de libreros, revolucionó el mundo de la cultura con dos estadísticas estremecedoras: por una parte, casi el 50% de los títulos disponibles en las librerías de nuestro país no se vende absolutamente nada; por otra –y esto es aún más alarmante–, la mitad de los hogares tiene menos de 50 volúmenes en sus anaqueles. Se trata de dos fenómenos diferentes que, sin embargo, se encuentran profundamente imbricados por cuanto revelan sobre la era contemporánea: el poco peso de un tejido libresco que, en caso de llegar a las casas, lo hace concentrado en grandes grupos editoriales, a menudo desgajado de complejidad y en bestsellers cuyos autores suelen ser influencers. No se da tanto un descalabro de este sector empresarial en general como un arrollamiento del mercado que frecuentemente ensalza lo mismo y, para más inri, destierra a buena parte de la población, alfabetizada en lo funcional, pero privada del goce de la palabra, pues su artefacto por excelencia, el libro, ha perdido el halo de legitimidad que detentó en otras épocas. La tristeza implícita en este hecho sólo la entenderá, me temo, quien haya leído algo más que el manual de la lavadora.

Paseemos imaginariamente por cualquier feria del libro de una ciudad de provincias: veremos la modesta cola generada por autores de esos que llaman "literarios" (¿de qué otra pasta serán los demás?), junto a la inmensa fila de fieles que esperan pacientemente la firma de algún famoso con decenas de miles de seguidores en redes. En ocasiones puntuales, ambas figuras confluyen en una sola persona; pero la tónica habitual es el brillo de perfiles atractivos que cuentan ya una legión de admiradores a sus espaldas, porque, como Gabriel Rufián, han priorizado llenar TikToks sobre bibliotecas. Que un político de izquierdas efectúe esas declaraciones nos habla de la espectacularización de una función de servicio público subyugada a la captura de votos en vídeos de 7 segundos –método desgraciadamente efectivo–, pero que ese mismo sometimiento a las pantallas se aplique a los escritores, simplemente para poder existir, condensa otra serie de problemas; entre ellos, la degradación de la literatura mediante su presentación efectista, facilitada, normalmente, por una redacción apresurada y desbrozada de originalidad. Por decirlo de otro modo: entre el piso sin libros y la gira del influencer media la preponderancia del entretenimiento sobre formas de cultura que impliquen cualquier esfuerzo cognitivo.

A esto podemos llamarlo contrailustración o idiotización premeditada, por ejemplo. Podemos denominarlo un mundo sin palabras donde el raciocinio encoge como el menú infantil de un restaurante. De hecho, a los ejemplares que surgen de estos fogones yo los he calificado en alguna ocasión como "literatura en potitos": triturada, volverá a nuestros dientes inservibles. Como autora, he intentado siempre no producir estas papillas ya mascadas hechas a base de vocabulario reducido y frases cortas en las cuales, con suerte, aparece algún verbo. Cuando, en ciertas entrevistas, me han preguntado por qué empleo términos singulares, he respondido con otra interrogación: ¿por qué los arquitectos de la Alhambra añadieron la filigrana deslumbrante de su yesería o a qué obedece la selva de arcos bicolores de la Mezquita de Córdoba? Quizá a encumbrar los saberes humanos y dignificar la belleza de su patrimonio. Esa sería, tal vez, la comparación más vistosa para explicar un deterioro intelectual que esconde graves consecuencias: si un joven no lee, o incluso si lee pero el mismo tipo de textos facilones reiteradamente –exponen mis amigos docentes–, tiende a creer que su vida representa el paradigma de lo universal; es decir, que no es un sujeto más dentro de una historia cambiante en la cual se han conquistado y perdido derechos, se ha arrasado con la estabilidad climática y se han enunciado múltiples idiomas, sino un ejemplo vivo, el único, extrapolable a cualquier tiempo y espacio.

¡Qué tragedia haber alcanzado tanta ignorancia! ¡Cuánto narcisismo, aunque ocurra de manera inconsciente! Y si una advierte de lo evidente, no faltarán voces que acusen de elitismo a quien se preocupa por el abandono de una herramienta fundamental en la riqueza mental y el placer estético de los pueblos. Quizá habría que recordar la popularidad de las novelas en folletín que compraban los anarquistas a principios del siglo XX para sentir y organizarse políticamente; las lecturas en voz alta efectuadas en las fábricas por parte de obreros alfabetizados dedicados a educar a sus compañeros; o la cantidad de volúmenes clandestinos que circularon entre la oposición al franquismo a lo largo de décadas. Hoy en día, esa gente que entregó la vida por la palabra escrita tal vez se abriría un Tiktok, bañaría sus millones de visualizaciones en potitos y, quién sabe si, al ir a ofrecérselos a sus hinchas, la mitad de ellos espetaría: ¡no los queremos!, ¡aquí somos famélicos declarados! Pero ya lo decía Antonio Machado: no culpemos al estómago, "el vacío es más bien en la cabez


sábado, 9 de mayo de 2026

"GRITO HACIA ROMA". Un poema de Federico García Lorca

El poema es una dura crítica a la corrupción y la falta de empatía de la jerarquía eclesiástica en Roma, en contraste con el sufrimiento de los pobres.

Manzanas levemente heridas
por finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego,
Peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
Y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.

Porque ya no hay quien reparte el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elegantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.

Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.

Pero el viejo de las manos traslucidas
dirá: amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.

Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los
directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música,
porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.

viernes, 8 de mayo de 2026

"UN SILENCIO LLENO DE MURMULLOS". Gioconda Belli (2026), Barcelona, Seix Barral


Valeria hizo grandes sacrificios como protagonista activa de los cambios políticos de su país, Nicaragua. Tras su muerte en Madrid, en plena soledad, le corresponde a su hija Penélope viajar a España y ocuparse de sus bienes materiales. Rodeada de las pertenencias de una madre que siempre sintió ausente, Penélope resolverá incógnitas inesperadas y conocerá la apasionante vida de una mujer marcada por triunfos y derrotas, la clandestinidad y las vicisitudes del amor.

Un silencio lleno de murmullos es una emocionante novela sobre la zozobra de los secretos familiares y sobre los costes personales del compromiso político para una madre y su hija.

Exiliada en Madrid desde 2022, Belli ha escrito esta novela desde su propia experiencia como madre y como militante que ha vivido el auge y la caída del sueño revolucionario.

«Los hijos de quienes nos involucramos en la revolución sufrían una suerte de abandono. El de los padres se aceptaba. Otra cosa pasaba con las madres. Esa ausencia materna cargaba a ambas partes con un nivel de reproche y culpabilidad muy doloroso. He pensado en mis hijas escribiendo esta novela», Gioconda Belli.

AQUÍ RESALTO ALGUNOS PÁRRAFOS QUE ME HAN CAUTIVADO

Me asombra la impavidez con que uno asiste al espectáculo de la desgracia ajena, por mucha conmiseración que sienta. Se me ocurre que existe una química cerebral que nos provee de mecanismos de defensa que permiten a tantos existir al margen de los males de otros. Solo cuando uno está en medio de desgracias, lamenta la indiferencia del mundo. Página 29

La vejez es como una guerra de baja intensidad donde el ejército enemigo que es el tiempo va conquistando áreas del cuerpo. Página 78

La piel absorbe el miedo. Éste se queda a vivir bajo los poros como una alergia latente que despierta al rozarse con cualquier otro miedo. Página 92

Por andar protegida te perdés de la vida, hija, de la rabia, la euforia, el amor imposible o el que dura dos días pero te deja memorias para meses o para toda la vida. No solo se aprende de lo que sale bien; se aprende también de lo que sale mal, de las metidas de pata, de la melancolía y del mal de amores.» Página 102

Este cuaderno es el resultado de mi vida después de Alberto. Su muerte me dejó desolada. No hay sentimiento más terrible que ése, vivir porque sí, porque aún se respira y el corazón late: porque el tiempo sigue su curso sin importarle que las horas se queden vacías. Página 124

La idea de la revolución necesitaba una revolución interior, personal, que no se dio. A fin de cuentas, éramos hijos de una dictadura, llevábamos esa herencia en la sangre y fue apareciendo. En la lucha salió lo mejor de nosotros, pero el poder corroe las buenas intenciones. Página 147

Agradecimientos
Dedico también esta historia a los soñadores, los Sísifos que han visto cómo la roca que han subido se ha desplomado una y otra vez. Los animo a no dejar de soñar. Esas rocas seguirán desplomándose, pero no por eso es menos válido el esfuerzo por seguir intentando llegar a la cima. Página 242

"LOS DOS SASTRES". Cuento anónimo europeo

Dos sastres trabajaban el uno frente al otro desde hacía muchos años. Cortaban y cosían incansablemente, hablando de vez en cuando de distintas cosas.

Uno dijo al otro:

-¿Irás de vacaciones este año?

-No -contestó el segundo tras un momento de reflexión.

Regresaron a su silencio. Más tarde, el segundo sastre dijo de repente:

-Fui de vacaciones hace veinte años.

-¿Fuiste de vacaciones hace veinte años? -preguntó el primero, muy sorprendido.

-Sí.

Entonces el primer sastre, que no recordaba ninguna ausencia de su compañero, le dijo:

-¿Y adónde fuiste?

-A la India.

-¿A la India?

-Sí. Fui a cazar el tigre de Bengala.

-¿Fuiste a cazar el tigre de Bengala? ¿Tú?

Los dos hombres habían dejado de trabajar y se miraban. El segundo sastre, que parecía muy tranquilo, retomó la palabra para contar lo siguiente:

-Partí al alba sobre un magnífico elefante que un gran príncipe me había prestado. Armado con cuatro fusiles de culatas de plata y acompañado por una escolta de ojeadores, me aventuré en una montaña solitaria. De repente un tigre enorme se levantó rugiendo frente a mi montura, el tigre más grande que nunca se había visto en aquella región de Bengala. Mi elefante, asustado, se tiró para atrás, me caí en unos matorrales espinosos y el tigre se me echó encima y me devoró.

-¿Te devoró? -preguntó el primer sastre, que había estado escuchando estupefacto.

-Me devoró… por completo, hasta el último pedazo de carne.

-Pero bueno, ¿qué me cuentas? ¡Ningún tigre te devoró! ¡Sigues vivo!

Entonces el segundo sastre retomó el hilo, retomó la aguja y le dijo al primero:

-¿A esto le llamas vida?

FIN

jueves, 7 de mayo de 2026

"ATRÉVETE Y SUCEDERÁ". Un poema de Ana Rossetti, seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

Ana Rossetti

El poema que hoy comparto, ‘Atrévete y sucederá’, escrito por la poeta Ana Rossetti, lo leí el pasado jueves en un encuentro con jóvenes en el IES Salduba de San Pedro de Alcántara, instituto en el que pasé seis maravillosos años de mi vida profesional y personal. Todos los años realizo allí una lectura de poemas que siempre suscitan conversaciones muy serias sobre asuntos que a los adolescentes les preocupan. Estos encuentros me gustan mucho porque corroboran su necesidad de hablar con adultos que sepan escucharlos y acoger sus pensamientos y sus emociones. Leí el poema de Ana Rossetti por comprobar cómo podía ser recibido por jóvenes antes de publicarlo hoy. Y funcionó muy bien, lo que confirma que la mejor poesía contemporánea puede llegar hasta ellos e interpelarlos. Se trata, como pide el poema, de alentar su imaginación, a la par que la nuestra, para idear mundos mejores, en los que prevalezcan la justicia, la esperanza y la bondad. (Andrea Villarrubia Delgado)

ATRÉVETE Y SUCEDERÁ

Imagina la oscuridad.
El horror dispara sus minutos a la velocidad de la metralla.
Las sirenas crecen como aullidos de chacales,
los gemidos retumban entre los escombros, clavan sus esquirlas.
Imagina tus lágrimas como bayonetas,
desahuciadas de todo consuelo, de toda piedad.
Refugios rebosando de miedo, temblando de miedo
mientras los cadáveres elevan sus montañas,
mientras los bombarderos gotean constelaciones en las aceras.
Imagina el aire entrándote, invadiéndote de muerte.
Se pulverizan árboles y bibliotecas;
se desgarran cuerpos y muros,
se mutilan recuerdos y palabras;
se siembran minas, terrores y esqueletos de pájaros.
Imagina la orfandad de las cosas. El llanto de las cosas.
Imagina cómo los héroes se envuelven en capas escarlatas.
Cómo los verdugos despliegan alfombras escarlatas.
Cómo las víctimas se ahogan en manantiales escarlatas.
Y cómo el espanto, la venganza y el odio
ganan batallas en tu corazón sobrecogido.
Estás en medio del recinto inexpugnable del pánico.
Y eres tú quien orquesta los crímenes.
Porque has sido tú.
Tú, que eres capaz de imaginar,
de sentir todo lo que imaginas,
de fabricar todo lo que sientes,
de construir realidades con los sueños
quién ha dado vida al horror.
Por eso, atrévete a cambiar la estructura
del mundo
y donde dices temor di esperanza
porque las lágrimas también son de alegría.
Porque la sangre también es nacimiento.
Porque la belleza también es sobrecogedora
y el amor un potente estallido.
Por eso, atrévete.
Apacigua tu mente,
ilumina tus ojos,
imagina justicia.
Imagina consuelo.
Imagina bondad.

ANA ROSSETTI