miércoles, 14 de noviembre de 2018

La verdad de la mentira. Un poema de Ángel González

Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas,
y una voz cariñosa le susurró al oído:
-¿Por qué lloras, si todo
en ese libro es de mentira?
Y él respondió:
-Lo sé;
pero lo que yo siento es de verdad.

lunes, 12 de noviembre de 2018

El cuentista, un cuento de Saki (Héctor Munro)

Era una tarde calurosa y el vagón del tren también estaba caliente; la siguiente parada, Templecombe, estaba casi a una hora de distancia. Los ocupantes del vagón eran una niña pequeña, otra niña aún más pequeña y un niño también pequeño. Una tía, que pertenecía a los niños, ocupaba un asiento de la esquina; el otro asiento de la esquina, del lado opuesto, estaba ocupado por un hombre soltero que era un extraño ante aquella fiesta, pero las niñas pequeñas y el niño pequeño ocupaban, enfáticamente, el compartimiento. Tanto la tía como los niños conversaban de manera limitada pero persistente, recordando las atenciones de una mosca que se niega a ser rechazada. La mayoría de los comentarios de la tía empezaban por «No», y casi todos los de los niños por «¿Por qué?». El hombre soltero no decía nada en voz alta. 

-No, Cyril, no -exclamó la tía cuando el niño empezó a golpear los cojines del asiento, provocando una nube de polvo con cada golpe-. Ven a mirar por la ventanilla -añadió.

El niño se desplazó hacia la ventilla con desgana. 

-¿Por qué sacan a esas ovejas fuera de ese campo? -preguntó. 

-Supongo que las llevan a otro campo en el que hay más hierba -respondió la tía débilmente.

-Pero en ese campo hay montones de hierba -protestó el niño-; no hay otra cosa que no sea hierba. Tía, en ese campo hay montones de hierba. 

-Quizá la hierba de otro campo es mejor -sugirió la tía neciamente. 

-¿Por qué es mejor? -fue la inevitable y rápida pregunta.

-¡Oh, mira esas vacas! -exclamó la tía. 

Casi todos los campos por los que pasaba la línea de tren tenían vacas o toros, pero ella lo dijo como si estuviera llamando la atención ante una novedad. 

-¿Por qué es mejor la hierba del otro campo? -persistió Cyril. 

El ceño fruncido del soltero se iba acentuando hasta estar ceñudo. La tía decidió, mentalmente, que era un hombre duro y hostil. Ella era incapaz por completo de tomar una decisión satisfactoria sobre la hierba del otro campo. 

La niña más pequeña creó una forma de distracción al empezar a recitar «De camino hacia Mandalay». Sólo sabía la primera línea, pero utilizó al máximo su limitado conocimiento. Repetía la línea una y otra vez con una voz soñadora, pero decidida y muy audible; al soltero le pareció como si alguien hubiera hecho una apuesta con ella a que no era capaz de repetir la línea en voz alta dos mil veces seguidas y sin detenerse. Quienquiera que fuera que hubiera hecho la apuesta, probablemente la perdería. CONTINUAR LEYENDO


domingo, 11 de noviembre de 2018

Ética, literatura infantil y formación literaria. Un interesantísimo artículo de JUAN MATA. Universidad de Granada, España. Publicado en Impossibilia Nº8, páginas 104-121 (Octubre 2014) ISSN 2174-2464.

RESUMEN: El artículo examina de modo crítico algunas de las ideas relacionadas con la literatura infantil, sobre todo la que considera que una de las principales funciones de los libros para niños es transmitir valores. Se examinan asimismo las relaciones entre literatura y ética a fin de mostrar el potencial de la literatura, también de la literatura infantil, para hablar profundamente sobre la vida y los seres humanos. Contra la consideración de los libros para niños como instrumentos para entretener o aleccionar se argumenta la importancia de la lectura ética y la capacidad de esos libros para suscitar razonamientos morales. Se discuten también ciertas prácticas pedagógicas que subestiman la calidad de la literatura infantil y sus posibilidades para promover respuestas éticas y la construcción de conocimiento a través del diálogo y la escucha.

[...] La consecuencia más lamentable de esa tendencia editorial es la desconsideración de la literatura y el lector. Ambos acaban por desaparecer en favor de lo obvio y lo trivial. Cuando se le asigna un carácter puramente instrumental, la literatura pierde su fundamento. La virtud de la literatura reside en las sugerencias más que en las evidencias. Es un uso específico del lenguaje –metáforas, referencias, sutilezas, simbolismos, ambigüedades, figuras...– lo que le otorga cualidad literaria. La polisemia permite la interpretación, lo explícito solo admite la aceptación. Los “espacios vacíos” del texto (Iser, 1987) son los que el lector ocupa con su experiencia y su personalidad. Lo “no formulado” en el texto hace posible que el lector se formule a sí mismo y, por consiguiente, dé sentido personal al texto. Desde el momento en que la literatura se hace precepto o credo se transforma en un artefacto dogmático e inflexible. Además, muchos de esos libros suelen estar podados de elementos conflictivos, polémicos, incómodos, punzantes, con lo que la complejidad de la vida desaparece en favor de un moralismo ingenuo e inocuo.

[...] Comprender es el objetivo principal de toda lectura, incluida la literaria. Bajtín (1982) defendió que la comprensión de cualquier enunciado es siempre dialógica. Surge del encuentro de un sentido con otros sentidos, con los cuales establece una suerte de diálogo que supera el carácter cerrado y unilateral de cada uno de ellos. A través de ese diálogo, que no es solo con los textos sino con otros lectores, planteamos preguntas y recibimos respuestas y de ese modo se van abriendo nuevas posibilidades de sentido.

[...] En todos estos casos, el diálogo entre lectores se instituye como el andamiaje del aprendizaje cultural y social, como la base de la comprensión y la creación de sentido. Alentar esas prácticas de diálogo en torno a los libros supone aceptar que a menudo hablar sobre el texto puede resultar menos significativo que hablar a partir del texto. En el caso de la lectura ética, en la que la atención a las opiniones de los otros, a sus lecturas y sus sentidos, resulta crucial, la conversación que suscita un texto puede ser más relevante que el texto mismo. La conversación y la escucha son los fundamentos del modo ético de leer, de la comprensión dialógica, una práctica que es preciso alentar en las aulas, los hogares o las bibliotecas. Ese acicate es responsabilidad de los adultos, especialmente de los profesores. Pensar que a los niños no les interesa ir más allá de la anécdota, que son incapaces de razonar a partir de lo leído, es una muestra de menosprecio y desconocimiento de la infancia.

[...] La lectura ética no debe anular otros tipos de lectura, pero debería tener un carácter prioritario. No obstante, si deseamos que la literatura infantil alcance ese objetivo es preciso modificar las prácticas en torno a los libros, especialmente en las aulas. Las actividades pedagógicas dominantes dificultan o desvirtúan a menudo ese tipo de lectura. No todos los textos son iguales y menos aún la manera de hacerlos presentes en la vida de los niños. Las diferencias entre los distintos modos de leer afectan a la actitud, los objetivos y los procedimientos. No es lo mismo leer para elaborar un significado que leer para encontrar el significado, no es lo mismo responder para entender que responder para aprobar, no es lo mismo conversar para acercarse a otros que conversar para demostrar lo que se sabe. Leer de modo ético pide entender los libros como un acercamiento al mundo de la vida, un incentivo para pensar, una oportunidad de relación con otros. Ese modo de leer es de capital importancia tanto para la formación intelectual y emocional de los niños como para el reconocimiento de la importancia ética de la literatura.

sábado, 10 de noviembre de 2018

La filosofía educativa de Reggio Emilia. Por Diana Rubiano, Coordinadora Pedagógica Regional de aeioTU. MaguaRED, Cultura y primera infancia en la red.

La filosofía educativa Reggio Emilia nació en Reggio Emilia, en una ciudad al norte de Italia. Después de la segunda guerra mundial los adultos de este poblado, que en su mayoría se componía de mujeres y niños, crearon un movimiento ético, cultural y pedagógico que concentró sus esfuerzos en la construcción de una escuela que funcionó durante tres años hasta que se quemó por un corto circuito. Este acontecimiento llevó a que se creara una nueva escuela con dos aulas para 60 niños, situación que permitió comprender que la educación para la primera infancia iba más allá de la infraestructura: en la escuela se integraron elementos como el cuidado, la nutrición y una apuesta pedagógica pensada para los niños y con los niños, con un gran sentido democrático y la participación de la familia y la comunidad.

Diversos educadores y pedagogos italianos aunaron esfuerzos para estructurar la propuesta pedagógica, política y social desarrollada por esta comunidad. Entre ellos se destacó Loris Malaguzzi, un maestro y pedagogo que dedicó toda su vida a la construcción de una experiencia educativa de calidad que, a partir de la pedagogía de la escucha, el respeto y la consideración de las potencialidades de los niños, pudiese reconocer el derecho de éstos a ser educados en contextos dignos, exigentes y acordes a sus capacidades.

Hoy, siguiendo los lineamientos de Malaguzzi, este modelo educativo continúa siendo alternativo e innovador. La filosofía Reggio Emilia representa una experiencia política, social, cultural, ética, estética y pedagógica que moviliza la construcción de una cultura de la infancia; infancia que tiene derecho a ser dignificada desde la educación como un bien común, como un derecho y como una responsabilidad ciudadana de la colectividad y de los niños como seres humanos. CONTINUAR LEYENDO

viernes, 9 de noviembre de 2018

Caperucita Roja y el lobo. un cuento de Roald Dahl en "Cuentos en verso para niños perversos".

Estando una mañana haciendo el bobo
le entró hambre espantosa al señor Lobo,
así que, para echarse algo a la muela,
se fue corriendo a casa de la Abuela.
“¿Puedo pasar señora?”, preguntó.
La pobre anciana, al verlo, se asustó
pensando: ”¡Este me come de un bocado!”
Y, claro, no se había equivocado:
se convirtió la Abuela en alimento
en menos tiempo del que aquí te cuento.
Lo malo es que era flaca y tan huesuda
que al Lobo no le fue de gran ayuda:
“Sigo teniendo un hambre aterradora...
¡Tendré que merendarme otra señora!”
Y al no encontrar ninguna en la nevera,
gruñó con impaciencia aquella fiera:
“¡Esperaré sentado hasta que vuelva
Caperucita Roja de la selva!”
–que así llamaba al bosque aquella fiera,
aunque entre los pinos estuviera–.
Y porque no se viera su fiereza,
se disfrazó de abuela con presteza,
se dio laca en las uñas y en el pelo,
se puso la gran falda gris de vuelo,
zapatos, sombrerito, una chaqueta
y se sentó en espera de la nieta.
Llegó Caperucita a mediodía
y dijo: ”¿Cómo estás abuela mía?
Por cierto, ¡me impresionan tus orejas!”
“Para mejor oírte, que las viejas somos
un poco sordas”.
”¡Abuelita, qué ojos tan grandes tienes!”.
”Claro, hijita, son los nuevos lentes que
me ha puesto para que pueda verte Don
Ernesto el oculista”,
dijo el animal
mirándola con gesto angelical,
mientras se le ocurría que la chica
iba a saberle mil veces más rica
que el rancho precedente. De repente
Caperucita dijo:” ¡Qué imponente
abrigo de piel llevas este invierno!”
El Lobo, estupefacto, dijo:” ¡Un cuerno!”
O no sabes el cuento o tú me mientes:
¡Ahora te toca hablarme de mis dientes!
¿Me estás tomando el pelo...? Oye, mocosa,
te comeré ahora mismo y a otra cosa”.
Pero ella se sentó en una silla
y se sacó un revólver de la capa,
con calma apuntó bien a la cabeza
Y –¡pam!– allí cayó la buena pieza.
...
Al poco tiempo vi a Caperucita
cruzando por el bosque… ¡Pobrecita!
¿Sabes lo que la descarada usaba?
pues nada menos que con un abrigo desfilaba
y a mí me pareció de piel de un lobo
que estuvo una mañana haciendo el bobo.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Pedro Melenas. Cuento crítico del didactismo en la LIJ de E.T.A. Hoffman

Hoffman escribió e ilustró este cuento para criticar el didactismo de la literatura infantil de la época.


Asímismo escribió una carta a un periódico en el que se hace eco de esa crítica hacia la LIJ de la época y en la que propone un didactismo mucho más divertido. He aquí la carta:

"En la Navidad de 1844, buscaba un regalo para mi hijo pequeño, de 3 años y medio. Quería un libro ilustrado, que correspondiese a la edad de aquel pequeño ciudadano del mundo, pero todo lo que veía no me decía nada; libros con dibujos de piratas, de animales, de sillas y de mesas. Historias largas y bobas que, tras múltiples exhortos, concluían con la moraleja explícita: Los niños deben ser siempre buenos o Los niños deben ser limpios o decentes, o justos, etc. (...) Finalmente, tomé un cuaderno en blanco y le dije a mi esposa: “Lle voy a hacer al niño el libro ilustrado que necesita”. El niño aprende viendo, le entra todo por los ojos, comprende lo que ve. No hay que hacerle advertencias morales. Cuando le dicen: “Lávate; Cuidado con el fuego; Deja eso; ¡O obedece!, para el niño son conceptos sin sentido. Pero el dibujo de un desarrapado, sucio, de un vestido en llamas, la imagen de la desgracia le instruye más que todo lo que se pueda decir con las mejores intenciones. Por eso es cierto el refrán que dice: “El gato escaldado huye del agua”.

sábado, 3 de noviembre de 2018

Ruego. Un poema de Noemia de Sousa (Mozambique).

Noemia de Sousa (Mozambique) está considerada como una de los más grandes poetisas de África. Su producción poética tuvo un gran alcance ya que influyó en toda una generación de escritores y poetas. La constante presencia de las raíces africanas, la exaltación del continente, la glorificación de los valores africanos, la protesta y la queja son los temas reflejados en su poesía.






¿Quién estranguló la voz cansada
de mi hermana de la selva?

De pronto su llamado a la acción
se perdió en el fluir infinito de la noche y el día.
Ya no llega hasta mi cada mañana,
exhausta tras el largo viaje,
ahogada milla tras milla
en el eterno grito: ¡Macala!

No, ya no viene más, húmeda todavía de rocío,
maniatada con niños y con sumisión…
Un hijo a la espalda, otro en el vientre
¡siempre, siempre, siempre!
Y un rostro todo contenido en una mirada suave,
cada vez que recuerdo esa mirada
siento que mi carne y mi sangre se hinchan trémulas,
latiendo ante afinidades y revelaciones…
Pero ¿quién ha impedido que su inconmensurable mirada
nutriera mi hambre profunda de camaradería
que nunca podrá satisfacer mi pobre mesa?

“Io mame” ¿quién pudo silenciar de un tiro
la noble voz de mi hermana de la selva?
¿Qué mezquino y brutal látigo de rinoceronte
la azotó hasta matarla?

—En mi jardín florece la siringa.
Pero con un presagio maligno en su flor purpúrea,
en su intenso inhumano perfume;
y el verano aguarda que el hijo de mi hermana
descanse en él…
En vano, en vano,
Un chirico canta y canta posado entre los juncos,
por el niñito de mi hermana perdida,
víctima de los nebulosos amaneceres de la selva.
Ay, yo sé, yo sé: al final había un resplandor
de despedida en esos dulces ojos,
y su voz llegó como un murmullo ronco,
trágico y desesperado….

Oh África, patria mía, respóndeme:
¿Qué le hicieron a mi hermana de la selva,
que ya no viene más a la ciudad con sus eternos retoños
(uno a la espalda, otro en el vientre)
y su eterno pregón de carbonera?
¡Oh África, patria mía,
tú al menos no renegarás de mi heroica hermana,
ella vivirá en el altivo memorial de tus brazos!