viernes, 8 de mayo de 2026

"UN SILENCIO LLENO DE MURMULLOS". Gioconda Belli (2026), Barcelona, Seix Barral


Valeria hizo grandes sacrificios como protagonista activa de los cambios políticos de su país, Nicaragua. Tras su muerte en Madrid, en plena soledad, le corresponde a su hija Penélope viajar a España y ocuparse de sus bienes materiales. Rodeada de las pertenencias de una madre que siempre sintió ausente, Penélope resolverá incógnitas inesperadas y conocerá la apasionante vida de una mujer marcada por triunfos y derrotas, la clandestinidad y las vicisitudes del amor.

Un silencio lleno de murmullos es una emocionante novela sobre la zozobra de los secretos familiares y sobre los costes personales del compromiso político para una madre y su hija.

Exiliada en Madrid desde 2022, Belli ha escrito esta novela desde su propia experiencia como madre y como militante que ha vivido el auge y la caída del sueño revolucionario.

«Los hijos de quienes nos involucramos en la revolución sufrían una suerte de abandono. El de los padres se aceptaba. Otra cosa pasaba con las madres. Esa ausencia materna cargaba a ambas partes con un nivel de reproche y culpabilidad muy doloroso. He pensado en mis hijas escribiendo esta novela», Gioconda Belli.

AQUÍ RESALTO ALGUNOS PÁRRAFOS QUE ME HAN CAUTIVADO

Me asombra la impavidez con que uno asiste al espectáculo de la desgracia ajena, por mucha conmiseración que sienta. Se me ocurre que existe una química cerebral que nos provee de mecanismos de defensa que permiten a tantos existir al margen de los males de otros. Solo cuando uno está en medio de desgracias, lamenta la indiferencia del mundo. Página 29

La vejez es como una guerra de baja intensidad donde el ejército enemigo que es el tiempo va conquistando áreas del cuerpo. Página 78

La piel absorbe el miedo. Éste se queda a vivir bajo los poros como una alergia latente que despierta al rozarse con cualquier otro miedo. Página 92

Por andar protegida te perdés de la vida, hija, de la rabia, la euforia, el amor imposible o el que dura dos días pero te deja memorias para meses o para toda la vida. No solo se aprende de lo que sale bien; se aprende también de lo que sale mal, de las metidas de pata, de la melancolía y del mal de amores.» Página 102

Este cuaderno es el resultado de mi vida después de Alberto. Su muerte me dejó desolada. No hay sentimiento más terrible que ése, vivir porque sí, porque aún se respira y el corazón late: porque el tiempo sigue su curso sin importarle que las horas se queden vacías. Página 124

La idea de la revolución necesitaba una revolución interior, personal, que no se dio. A fin de cuentas, éramos hijos de una dictadura, llevábamos esa herencia en la sangre y fue apareciendo. En la lucha salió lo mejor de nosotros, pero el poder corroe las buenas intenciones. Página 147

Agradecimientos
Dedico también esta historia a los soñadores, los Sísifos que han visto cómo la roca que han subido se ha desplomado una y otra vez. Los animo a no dejar de soñar. Esas rocas seguirán desplomándose, pero no por eso es menos válido el esfuerzo por seguir intentando llegar a la cima. Página 242

"LOS DOS SASTRES". Cuento anónimo europeo

Dos sastres trabajaban el uno frente al otro desde hacía muchos años. Cortaban y cosían incansablemente, hablando de vez en cuando de distintas cosas.

Uno dijo al otro:

-¿Irás de vacaciones este año?

-No -contestó el segundo tras un momento de reflexión.

Regresaron a su silencio. Más tarde, el segundo sastre dijo de repente:

-Fui de vacaciones hace veinte años.

-¿Fuiste de vacaciones hace veinte años? -preguntó el primero, muy sorprendido.

-Sí.

Entonces el primer sastre, que no recordaba ninguna ausencia de su compañero, le dijo:

-¿Y adónde fuiste?

-A la India.

-¿A la India?

-Sí. Fui a cazar el tigre de Bengala.

-¿Fuiste a cazar el tigre de Bengala? ¿Tú?

Los dos hombres habían dejado de trabajar y se miraban. El segundo sastre, que parecía muy tranquilo, retomó la palabra para contar lo siguiente:

-Partí al alba sobre un magnífico elefante que un gran príncipe me había prestado. Armado con cuatro fusiles de culatas de plata y acompañado por una escolta de ojeadores, me aventuré en una montaña solitaria. De repente un tigre enorme se levantó rugiendo frente a mi montura, el tigre más grande que nunca se había visto en aquella región de Bengala. Mi elefante, asustado, se tiró para atrás, me caí en unos matorrales espinosos y el tigre se me echó encima y me devoró.

-¿Te devoró? -preguntó el primer sastre, que había estado escuchando estupefacto.

-Me devoró… por completo, hasta el último pedazo de carne.

-Pero bueno, ¿qué me cuentas? ¡Ningún tigre te devoró! ¡Sigues vivo!

Entonces el segundo sastre retomó el hilo, retomó la aguja y le dijo al primero:

-¿A esto le llamas vida?

FIN

jueves, 7 de mayo de 2026

"ATRÉVETE Y SUCEDERÁ". Un poema de Ana Rossetti, seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

Ana Rossetti

El poema que hoy comparto, ‘Atrévete y sucederá’, escrito por la poeta Ana Rossetti, lo leí el pasado jueves en un encuentro con jóvenes en el IES Salduba de San Pedro de Alcántara, instituto en el que pasé seis maravillosos años de mi vida profesional y personal. Todos los años realizo allí una lectura de poemas que siempre suscitan conversaciones muy serias sobre asuntos que a los adolescentes les preocupan. Estos encuentros me gustan mucho porque corroboran su necesidad de hablar con adultos que sepan escucharlos y acoger sus pensamientos y sus emociones. Leí el poema de Ana Rossetti por comprobar cómo podía ser recibido por jóvenes antes de publicarlo hoy. Y funcionó muy bien, lo que confirma que la mejor poesía contemporánea puede llegar hasta ellos e interpelarlos. Se trata, como pide el poema, de alentar su imaginación, a la par que la nuestra, para idear mundos mejores, en los que prevalezcan la justicia, la esperanza y la bondad. (Andrea Villarrubia Delgado)

ATRÉVETE Y SUCEDERÁ

Imagina la oscuridad.
El horror dispara sus minutos a la velocidad de la metralla.
Las sirenas crecen como aullidos de chacales,
los gemidos retumban entre los escombros, clavan sus esquirlas.
Imagina tus lágrimas como bayonetas,
desahuciadas de todo consuelo, de toda piedad.
Refugios rebosando de miedo, temblando de miedo
mientras los cadáveres elevan sus montañas,
mientras los bombarderos gotean constelaciones en las aceras.
Imagina el aire entrándote, invadiéndote de muerte.
Se pulverizan árboles y bibliotecas;
se desgarran cuerpos y muros,
se mutilan recuerdos y palabras;
se siembran minas, terrores y esqueletos de pájaros.
Imagina la orfandad de las cosas. El llanto de las cosas.
Imagina cómo los héroes se envuelven en capas escarlatas.
Cómo los verdugos despliegan alfombras escarlatas.
Cómo las víctimas se ahogan en manantiales escarlatas.
Y cómo el espanto, la venganza y el odio
ganan batallas en tu corazón sobrecogido.
Estás en medio del recinto inexpugnable del pánico.
Y eres tú quien orquesta los crímenes.
Porque has sido tú.
Tú, que eres capaz de imaginar,
de sentir todo lo que imaginas,
de fabricar todo lo que sientes,
de construir realidades con los sueños
quién ha dado vida al horror.
Por eso, atrévete a cambiar la estructura
del mundo
y donde dices temor di esperanza
porque las lágrimas también son de alegría.
Porque la sangre también es nacimiento.
Porque la belleza también es sobrecogedora
y el amor un potente estallido.
Por eso, atrévete.
Apacigua tu mente,
ilumina tus ojos,
imagina justicia.
Imagina consuelo.
Imagina bondad.

ANA ROSSETTI

miércoles, 6 de mayo de 2026

"LA BUENA EDUCACIÓN". Laura Hojman, elDiario.es

Entender que el mundo no es una prolongación de tu realidad, que no está hecho a tu medida, que hay familias distintas, casas distintas, entornos socio económicos diversos

Hace unos días escuché al director de cine Victor García León en el podcast La cena de los idiotés plantear el siguiente dilema. Supongamos que eres una persona de izquierdas, tienes un hijo y quieres lo mejor para él. A los seis años tienes que mandarlo al colegio y entonces qué haces: ¿Eliges un colegio privado, dándole todas las herramientas posibles para trabajar en un mundo hostil, o le metes en el cole público de barrio y te fías de su talento y capacidad para sobrevivir en un mundo hostil?

El planteamiento me chirrió tanto que pensé que no podía ser, que quizá era un fragmento descontextualizado. Tuve que escucharlo varias veces para comprobar que sí, que Víctor García León, hijo, por cierto, de dos referentes culturales de la izquierda, la cantautora Rosa León y el director y guionista, Jose Luis García Sánchez, estaba diciendo lo que estaba diciendo.

No se trataba del dilema, elegir entre la pública y la privada, allá cada uno, por supuesto, sino de la afirmación que llevaba implícita el planteamiento: que la educación pública no da las mejores herramientas, que si hablamos de calidad educativa, el colegio privado es la mejor opción y que si mandas a tus hijos a la pública, tendrás que confiar en la suerte o en sus habilidades innatas para que sepan arreglárselas en el mundo.

Me da la sensación de que tal desprecio hacia la educación pública procede de un profundo desconocimiento de la misma.

He estudiado toda mi vida en la pública y no lo cambiaría por nada del mundo, por eso, cuando escucho que no ofrece “las mejores herramientas”, no puedo evitar preguntarme de qué estamos hablando exactamente. ¿Cuáles son esas herramientas? ¿Qué entendemos por una buena educación?

Si entendemos la escuela como una fábrica de futuros líderes del mercado laboral, como espacio que multiplica sus posibilidades de éxito económico, como un networking temprano para niños de seis años destinados a alcanzar el éxito profesional, puedo ver la lógica, pero no la comparto. Y sinceramente, me horroriza.

La educación primaria no es, o no debería ser, la antesala del mercado laboral. La escuela es el primer lugar donde uno se encuentra con el mundo fuera de casa, donde empieza a hacerse preguntas y a construir una mirada propia. Donde adquiere una cultura y también un modo de situarse ante la vida. Y en este aprendizaje hay algo mucho más valioso que instalaciones deportivas de primera o metodologías ultramodernas: la convivencia con otros que no se parecen a ti.

Entender que el mundo no es una prolongación de tu realidad, que no está hecho a tu medida, que hay familias distintas, casas distintas, entornos socio económicos diversos. Pero que dentro de ese micromundo, que es el colegio público, todos sois iguales y tenéis los mismos derechos.

Leía unas palabras de la también cineasta Lucrecia Martel que me parecieron de lo más reveladoras: “Cuando una familia decide frente dos posibilidades, entre la escuela pública y la privada ¿Qué es lo que se privilegia eligiendo la privada? Una futura red de contactos. No se privilegia qué va a aprender el chico sino a quien va a conocer. Uno sabe que a ese hijito lo va a sumergir en una red que le va a permitir resolver muchas cosas en la vida. Ese colegio al que asistí, que fue bastante inútil para mí en cuanto a formación, me permite, en dos o tres llamadas, conseguir un abogado, un juez, un notario. La educación genera una complicidad de clase que permite no ver el mundo.”

Quizá, la buena educación, las mejores herramientas, no sean solo las que nos permitan acceder a una posición acomodada, resolver cosas con dos o tres llamadas, sino las que nos enseñen a mirar el mundo con toda su complejidad y a no vivir en una burbuja, las que nos impulsen a cuestionarlo, y si es posible, transformarlo.

lunes, 4 de mayo de 2026

"EL GRAN ARQUERO O EL ARQUERO INFALIBLE". Cuento popular

Había una vez un rey que disfrutaba muchísimo de la caza del jabalí. Una vez por semana, en compañía de sus amigos más cercanos y del mejor de sus arqueros, salía de palacio y se internaba en el bosque a la búsqueda de los peligrosos animales que, ciertamente, eran una complicación para todos los granjeros y agricultores del reino. La emoción de la aventura se complementaba así con el servicio que se le prestaba a los súbditos al librarlos de sus peores enemigos, depredadores y asesinos.

Un día, mientras perseguía a un grupo de jabalíes que asolaban la región más occidental de su reino, se internó con sus compañeros en un bosque que nunca había recorrido. No era demasiado diferente de otros bosques excepto por el hecho de que en casi cada árbol del pequeño bosque estaba dibujado un rudimentario blanco de tiro. Tres círculos concéntricos de cal más un relleno y pequeño redondel blanco en el centro. Al rey no le llamaban la atención los círculos pintados en los troncos, pero sí le sorprendió ver que en el mismísimo centro de cada blanco había una flecha clavada.

Treinta o cuarenta troncos daban fe de la certeza de los flechazos, cada árbol con un blanco, cada blanco con una flecha, cada flecha en el centro justo del objetivo. Flechas que siempre lucían los mismos colores en sus plumas. Flechas iguales, disparadas posiblemente por el mismo arquero.

El rey preguntó a alguno de los guías por el autor de esos precisos blancos, pero nadie supo contestar.

– Un arquero así sería la mejor garantía de la seguridad del rey, comentó alguien.

– Con un guardaespaldas capaz de acertar cuarenta sobre cuarenta yo iría a cazar leones con una aguja…, rió otro.

– Ojalá sea solamente uno, dijo el arquero real, porque si no, nos quedaríamos todos sin trabajo.

El rey asintió y, rascándose la barbilla, mandó llamar al jefe de sus sirvientes y le dijo:

– Quiero a ese arquero en mi palacio mañana a la tarde. Convéncelo de que me vea, ordénale que venga, o tráelo con la guardia, ¿está claro?

– Sí, majestad, dijo el otro. Y cogiendo un caballo se dirigió al pueblo a buscar al arquero infalible.

Al día siguiente, un paje golpeó en la puerta de la alcoba real para decirle al soberano que su sirviente había llegado y pedía ver al rey.

El monarca se vistió presuroso y salió entusiasmado al encuentro del visitante.

Al llegar al salón de recepción solamente vio junto a su emisario a un jovencito de unos quince o dieciséis años, que sostenía displicentemente un pequeño arco en la mano.

– ¿Quién es este joven?, preguntó el rey.

– Es el joven que me pediste que trajera, dijo el sirviente, el que disparó las flechas del bosque.

– ¿Es verdad? ¿Tú disparaste esas flechas? Ten cuidado con las mentiras, podrían costarte la cabeza…

El joven bajó la mirada y balbuceando de miedo contestó:

– Sí, es verdad, yo las disparé.

– ¿Todas?, preguntó el rey.

– Cada una de ellas, dijo el joven.

– ¿Quién te enseñó a disparar con el arco?, preguntó el monarca.

– Mi padre, contestó el arquero.

– Y él, ¿dónde está?, preguntó todavía el rey.

– Murió hace seis meses, dijo con dolor el adolescente.

No tenemos al maestro, pero tenemos a su mejor alumno, pensó el rey.

– ¿Cuál es la técnica?, preguntó el rey.

– ¿Técnica?, repitió el joven.

– La manera de conseguir una flecha en el centro exacto de cada blanco, le aclaró el rey.

– Muy fácil, dijo el muchacho, yo disparo la flecha al árbol y, después, pinto los círculos a su alrededor.

"CUENTOS FILOSÓFICOS DEL MUNDO ENTERO". Jean-Claude Carrière

Relatos tradicionales de los cinco continentes, de Camerún a España pasando por India, Japón y el shtetl, contienen respuestas y preguntas para casi todo: también para la política

El emperador estaba preocupado por la cantidad de robos que se producían en el palacio. Sus consejeros le recomendaron elevar la altura de las murallas. En cambio, Nasreddin, nuestro héroe, le aconsejó que las bajara un poco más. Los ladrones ya estaban dentro: había que facilitar su salida. Esta historia es de otro libro, pero encajaría en los maravillosos relatos reunidos por el guionista, novelista y ensayista Jean-Claude Carrière (1931-2021), originalmente titulados El círculo de los mentirosos y reimpresos ahora como Pequeños cuentos filosóficos (en Lumen ambas ocasiones).

Los cuentos, tomados de tradiciones de los cinco continentes, de Camerún a España pasando por India, Japón y el shtetl, contienen respuestas y preguntas para casi todo: también la política. Figura en la colección El ladrón de oro, narrado originalmente por Lie Tseu y protagonizado por un hombre que roba en el mercado delante de todos. Cuando le preguntan por qué ha cometido su delito en público no habla de una sensación de impunidad, sino de que en ese momento solo veía el oro. Otros cuentos casi parecen describir la opinión pública, las predicciones y la falsificación. En El gran arquero, el emperador de Japón viaja a provincias y ve una flecha clavada en el centro de la diana. Quiere conocer al arquero, pero le dicen que es el tonto del pueblo. Le sorprende su puntería “casi divina” y le responden que es sencillo: “Primero tira la flecha y después dibuja la diana a su alrededor”. En El cambio de las aguas una maldición estipula que un día toda el agua de la tierra desaparecerá, y será sustituida por otra que volverá loco a quien la beba. Solo un hombre hace caso a la advertencia y acumula reservas. Cuando llega el día, la tierra se seca y él vive con su agua. Llueve, se llenan los ríos, vuelve con los demás y no entiende nada: han olvidado todo y solo dicen disparates. El hombre intenta convencerles, pero no lo consigue. Finalmente, decide beber el agua que toma el resto: entonces, cuenta el guionista de Valmont, El fantasma de la libertad o El artista y la modelo, “incluso olvidó el lugar donde guardaba su provisión de agua, y los otros lo tuvieron por un loco, que milagrosamente, había recuperado la razón”.

Otra historia que Carrière toma de la tradición china podría recordar la actual excusa para seguir sin presentar los presupuestos. Un hombre camina lentamente bajo la lluvia y un transeúnte apresurado le pregunta por qué no anda más deprisa. “También llueve delante”, contesta el hombre. (Daniel Gascón, El País)

domingo, 3 de mayo de 2026

"RETIRADO EN LA PAZ DE ESTOS DESIERTOS (elogio de la lectura y la imprenta)". Un poema de Francisco de Quevedo

Nadie ha expresado mejor el consuelo y la compañía de la lectura que nuestro Francisco de Quevedo cuando se vio desterrado de Madrid en su finca de Torre de Juan Abad


Retirado en la paz de estos desiertos,
Con pocos, pero doctos libros juntos,
Vivo en conversación con los difuntos,
Y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
O enmiendan, o fecundan mis asuntos;
Y en músicos callados contrapuntos
Al sueño de la vida hablan despiertos.

Las Grandes Almas que la Muerte ausenta,
De injurias de los años vengadora,
Libra, ¡oh gran Don Josef, docta la Imprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
Pero aquélla el mejor cálculo cuenta,
Que en la lección y estudios nos mejora.
Francisco de Quevedo