miércoles, 1 de abril de 2026

"LA TERCERA ORILLA DEL RÍO". Un cuento de Joao Guimaraes Rosa

Nuestro padre era hombre cumplidor, de orden, positivo; y así había sido desde muy joven y aún de niño, según me testimoniaron diversas personas sensatas, cuando les pedí información. De lo que yo mismo me acuerdo, él no parecía más raro ni más triste que otros conocidos nuestros. Sólo tranquilo. Nuestra madre era quien gobernaba y peleaba a diario con nosotros -mi hermana, mi hermano y yo. Pero sucedió que, cierto día, nuestro padre mandó hacerse una canoa.

Iba en serio. Encargó una canoa especial, de madera de viñátigo, pequeña, sólo con la tablilla de popa, como para caber justo el remero. Pero tuvo que fabricarse toda con una madera escogida, fuerte y arqueada en seco, apropiada para que durara en el agua unos veinte o treinta años. Nuestra madre maldijo la idea. ¿Sería posible que él, que no andaba en esas artes, se fuera a dedicar ahora a pescatas y cacerías? Nuestro padre no decía nada. Nuestra casa, por entonces, aún estaba más cerca del río, ni a un cuarto de legua: el río por allí se extendía grande, profundo, navegable como siempre. Ancho, que no podía divisarse la otra ribera. Y no puedo olvidarme del día en que la canoa estuvo lista.

Sin pena ni alegría, nuestro padre se caló el sombrero y nos dirigió un adiós a todos. No dijo otras palabras, no tomó fardel ni ropa, no hizo ninguna recomendación. Nuestra madre, nosotros pensamos que iba a bramar, pero permaneció blanca de tan pálida, se mordió los labios y gritó: “Se vaya usted o usted se quede, no vuelva usted nunca”. Nuestro padre no respondió. Me miró tranquilo, invitándome a seguirle unos pasos. Temí la ira de nuestra madre, pero obedecí en seguida de buena gana. El rumbo de aquello me animaba, tuve una idea y pregunté: “Padre, ¿me lleva con usted en su canoa?”. Él sólo se volvió a mirarme, y me dio su bendición, con gesto de mandarme a regresar. Hice como que me iba, pero aún volví, a la gruta del matorral, para enterarme. Nuestro padre entró en la canoa y desamarró, para remar. Y la canoa comenzó a irse -su sombra igual como un yacaré, completamente alargada.

Nuestro padre no volvió. No se había ido a ninguna parte. Sólo realizaba la idea de permanecer en aquellos espacios del río, de medio en medio, siempre dentro de la canoa, para no salir de ella, nunca más. Lo extraño de esa verdad nos espantó del todo a todos. Lo que no existía ocurría. Parientes, vecinos y conocidos nuestros se reunieron en consejo.

Nuestra madre, avergonzada, se comportó con mucha cordura; por eso, todos habían pensado de nuestro padre lo que no querían decir: locura. Sólo algunos creían, no obstante, que podría ser también el cumplimiento de una promesa; o que nuestro padre, quién sabe, por vergüenza de padecer alguna fea dolencia, como es la lepra, se retiraba a otro modo de vida, cerca y lejos de su familia. Las voces de las noticias que daban ciertas personas -caminantes, habitantes de las riberas, hasta de lo más apartado de la otra orilla- decían que nuestro padre nunca se disponía a tomar tierra, ni aquí ni allá, ni de día ni de noche, de modo que navegaba por el río, libre y solitario. Entonces, pues, nuestra madre y nuestros parientes habían establecido que el alimento que tuviera, oculto en la canoa, se acabaría; y él, o desembarcaba y se marchaba, para siempre, lo que se consideraba más probable, o se arrepentía, por fin, y volvía a casa. CONTINUAR LEYENDO

martes, 31 de marzo de 2026

"MUJERES". Un poema de Luis García Montero

… Cada cosa en su tiempo. Escribí un poema titulado “Mujeres” para explicarme lo que había sentido en una escena de la vida cotidiana, una de esas escenas que se despiertan con signos de interrogación. El autobús recorría muy de mañana mi ciudad y se detuvo en una parada llena de mujeres que se habían levantado para ir a trabajar. El tiempo de sus cuerpos era el exigido por una ducha, un peine y un horario laboral. Al subir al autobús, dejaron al descubierto la marquesina de la parada. Estaba embellecida por las braguitas, los sujetadores y los cuerpos edulcorados de una campaña de ropa interior. Después de apreciar la belleza, sentí que me resultaba necesario distinguir entre la modelo perfecta de los carteles, elaborada como una propuesta virtual, y la experiencia de carne y hueso de las mujeres que van al trabajo y comparten sus vidas con la realidad. Como poeta, elegí los ojos madrugadores de esas mujeres. Estaban llenos de sueño y de sueños. (infoLibre.es, "El poeta en la calle". Luis García Montero)

MUJERES

Mañana de suburbio
y el autobús se acerca a la parada.
Hace frío en la calle, suavemente,
casi de despertar en primavera,
de ciudad que no ha entrado
todavía en calor.
Desde mi asiento veo a las mujeres,
con los ojos de sueño y la ropa sin brillo,
en busca de su horario de trabajo.

Suben y van dejando al descubierto,
en los cristales de la marquesina,
un anuncio de cuerpos escogidos
y de ropa interior.
Las muchachas nos miran a los ojos
desde el reino perfecto de su fotografía,
sin horarios, sin prisa,
obscenas como un sueño bronceado.

Yo me bajo en la próxima, murmuras.
Me conmueve el recuerdo
de tu piel blanca y triste
y la hermandad humilde de tu noche,
la mano que dejaste
olvidada en mi mano,
al venir de la ducha,
hace sólo un momento,
mientras yo me negaba a levantarme.

Que tengas un buen día,
que la suerte te buque
en tu casa pequeña y ordenada,
que la vida te trate dignamente.

LUIS GARCÍA MONTERO 


lunes, 30 de marzo de 2026

"EL EFECTO MATEO". Corandino Vega, El País

En España la educación se ha convertido en uno de los campos más fértiles para la mezcla de desigualdad y enriquecimiento privado

“Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”, dice la cita del Evangelio según san Mateo que la sociología tomó, a finales de los años sesenta, para acuñar un efecto que se ha producido siempre en ámbitos como la economía o la cultura pero que, en los últimos tiempos, parece haberse generalizado como modo operativo sin disimulo. No solo se trata de la manera de actuar de Trump en la esfera internacional o cuando favorece a los gigantes tecnológicos. En España, por ejemplo, la educación se ha convertido en uno de los campos más fértiles para esa mezcla de desigualdad y enriquecimiento privado. Así, mientras Ignacio Zafra informaba de cómo el abandono escolar de los alumnos extranjeros triplica al de los autóctonos, su compañera Elisa Silió advertía que los municipios más ricos de Madrid acaparan las “becas de excelencia” que se dan en esa comunidad y que han empezado a exportarse a otras regiones.

No tener estudios postobligatorios se ha convertido en una nueva forma de exclusión, pero esa posibilidad pasa cada vez más por la capacidad económica. Buena parte de las familias inmigrantes no solo se enfrentan a la barrera lingüística, al laberinto burocrático a la hora de pedir becas para sus hijos, a la falta de refuerzos individualizados y aulas de acogida en la enseñanza pública. Además, suelen no tener el poder adquisitivo suficiente para pagar clases particulares o los ciclos de Formación Profesional privados que están proliferando. En lugar de ayuda u orientación, lo que reciben muchas veces de la escuela es la repetición de curso como única alternativa, el indicador que mejor avisa del futuro fracaso. Por su parte, la estrechez propicia que estos alumnos, cumplidos los 16 años, salgan del sistema educativo para ponerse a trabajar en los mismos empleos precarios por los que los jóvenes españoles dejaban los estudios antes de 2008. Ellos son el nuevo proletariado, y su regularización debería ir acompañada de un modelo integrador que les permita realizar el sueño de prosperidad que trajo aquí a sus padres. CONTINUAR LEYENDO

domingo, 29 de marzo de 2026

El encaje roto, un cuento de Emilia Pardo Bazán

Convidada a la boda de Micaelita Aránguiz con Bernardo de Meneses, y no habiendo podido asistir, grande fue mi sorpresa cuando supe al día siguiente -la ceremonia debía verificarse a las diez de la noche en casa de la novia- que ésta, al pie mismo del altar, al preguntarle el obispo de San Juan de Acre si recibía a Bernardo por esposo, soltó un «no» claro y enérgico; y como reiterada con extrañeza la pregunta, se repitiese la negativa, el novio, después de arrostrar un cuarto de hora la situación más ridícula del mundo, tuvo que retirarse, deshaciéndose la reunión y el enlace a la vez.

No son inauditos casos tales, y solemos leerlos en los periódicos; pero ocurren entre gente de clase humilde, de muy modesto estado, en esferas donde las conveniencias sociales no embarazan la manifestación franca y espontánea del sentimiento y de la voluntad.

Lo peculiar de la escena provocada por Micaelita era el medio ambiente en que se desarrolló. Parecíame ver el cuadro, y no podía consolarme de no haberlo contemplado por mis propios ojos. Figurábame el salón atestado, la escogida concurrencia, las señoras vestidas de seda y terciopelo, con collares de pedrería; al brazo la mantilla blanca para tocársela en el momento de la ceremonia; los hombres, con resplandecientes placas o luciendo veneras de órdenes militares en el delantero del frac; la madre de la novia, ricamente prendida, atareada, solícita, de grupo en grupo, recibiendo felicitaciones; las hermanitas, conmovidas, muy monas, de rosa la mayor, de azul la menor, ostentando los brazaletes de turquesas, regalo del cuñado futuro; el obispo que ha de bendecir la boda, alternando grave y afablemente, sonriendo, dignándose soltar chanzas urbanas o discretos elogios, mientras allá, en el fondo, se adivina el misterio del oratorio revestido de flores, una inundación de rosas blancas, desde el suelo hasta la cupulilla, donde convergen radios de rosas y de lilas como la nieve, sobre rama verde, artísticamente dispuesta, y en el altar, la efigie de la Virgen protectora de la aristocrática mansión, semioculta por una cortina de azahar, el contenido de un departamento lleno de azahar que envió de Valencia el riquísimo propietario Aránguiz, tío y padrino de la novia, que no vino en persona por viejo y achacoso -detalles que corren de boca en boca, calculándose la magnífica herencia que corresponderá a Micaelita, una esperanza más de ventura para el matrimonio, el cual irá a Valencia a pasar su luna de miel-. En un grupo de hombres me representaba al novio algo nervioso, ligeramente pálido, mordiéndose el bigote sin querer, inclinando la cabeza para contestar a las delicadas bromas y a las frases halagüeñas que le dirigen...

Y, por último, veía aparecer en el marco de la puerta que da a las habitaciones interiores una especie de aparición, la novia, cuyas facciones apenas se divisan bajo la nubecilla del tul, y que pasa haciendo crujir la seda de su traje, mientras en su pelo brilla, como sembrado de rocío, la roca antigua del aderezo nupcial... Y ya la ceremonia se organiza, la pareja avanza conducida con los padrinos, la cándida figura se arrodilla al lado de la esbelta y airosa del novio... Apíñase en primer término la familia, buscando buen sitio para ver amigos y curiosos, y entre el silencio y la respetuosa atención de los circunstantes.... el obispo formula una interrogación, a la cual responde un «no» seco como un disparo, rotundo como una bala. Y -siempre con la imaginación- notaba el movimiento del novio, que se revuelve herido; el ímpetu de la madre, que se lanza para proteger y amparar a su hija; la insistencia del obispo, forma de su asombro; el estremecimiento del concurso; el ansia de la pregunta transmitida en un segundo: «¿Qué pasa? ¿Qué hay? ¿La novia se ha puesto mala? ¿Que dice «no»? Imposible... Pero ¿es seguro? ¡Qué episodio!... « CONTINUAR LEYENDO

sábado, 28 de marzo de 2026

"LA JUSTICIA POR LA MANO / A XUSTICIA POLA MAN". Un poema de Rosalía de Castro seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

Regresar a los poemas de Rosalía de Castro es siempre motivo de placer y asombro. Este domingo de marzo comparto el poema ‘A xusticia pola man’, incluido en el libro ‘Follas novas’, en su apartado ‘Do íntimo’, publicado en 1880. No responde a la imagen contemplativa y melancólica que suele darse de la poeta, sino que ofrece una faceta más rabiosa y reivindicativa, más comprometida con el dolor humano y, en especial, con el dolor de las mujeres. En este caso, el de una mujer víctima de los abusos de los caciques, que, altaneros, se pasean por los caminos sin temor, sabiendo que ni los jueces ni los sacerdotes harán justicia, por mucho que la reclame la mujer violentada. ¿Qué hacer ante la connivencia y la corrupción de los poderosos? Cuántos casos de atropellos contra las mujeres debió conocer Rosalía de Castro, cuántas impunidades, para sentirse interpelada, para dejar constancia con valentía de la necesidad de, cuando las instituciones fallan, tomarse la justicia por la mano para vengar las afrentas. (Andrea Villarrubia Delgado)

LA JUSTICIA POR LA MANO

Los que más honrados son, allá en la villa,
me robaron toda mi blancura limpia;
mancharon de estiércol mis galas de un día,
y mi pobre ropa me la hicieron tiras.

Ni piedra dejaron donde yo vivía;
sin casa ni abrigo, moré en las campiñas,
y en el campo al raso con liebres dormía;
mis hijos…, ¡mis ángeles…!, que tanto quería,
murieron de hambre, que hambre tenían.

Quedé deshonrada, marchita mi vida,
un lecho me hicieron de tojos y espinas
y mientras, los zorros de sangre maldita,
en lecho de rosas, tranquilos, dormían.

-¡Salvadme, jueces!,- grité…, ¡Tontería!
de mí se mofaron, justicias vendidas.
-¡Ayuda, Dios mío!- gritando seguía…
De lo alto que , el buen Dios no oía.

Entonces, cual loba doliente o herida,
de un salto, rabiosa, con la hoz bien cogida,
me fui, paso a paso… ¡Nada se sentía!
Se escondió la luna; la fiera dormía
con sus compañeros en cama mullida.

Los miré con calma; con mis manos rígidas,
de un golpe… ¡uno solo! Los dejé sin vida;
y me senté a un lado, cerca de mis víctimas,
tranquila, esperando el alba del día.

Entonces… entonces se hizo justicia:
yo, en ellos; las leyes, en mi mano altiva.

ROSALÍA DE CASTRO

Traducción de Juan Barja

A XUSTICIA POLA MAN

Aqués que tn fama d’honrados na vila
roubáronme tanta brancura qu’eu tiña,
botáronme estrume nas galas dun día,
a roupa decote puñéronma en tiras.

Nin pedra deixaron, en dond’eu vivira;
sin lar, sin abrigo, morei nas curtiñas,
ó raso cas lebres dormín nas campías;
meus fillos… ¡meus anxos!… que tant’eu quería,
¡morreron, morreron, ca fame que tiñan!

Quedei deshonrada, murcháronm’a vida,
fixéronm’un leito de toxos e silvas;
i en tanto, os raposos de sangre maldita,
tranquilos nun leito de rosas dormían.

-Salvádeme, ¡ouh, xueces!, berrei… ¡Tolería!
De min se mofaron, vendeum’a xusticia.
-Bon Dios, axudaime, berrei, berrei inda…
Tan alto qu’estaba, bon Dios non m’oíra.

Entonces cal loba doente ou ferida,
dun salto con rabia pillei a fouciña,
rondei paseniño… (Ne’as herbas sentían)
i a lúa escondíase, i a fera dormía
cos seus compañeiros en cama mullida.

Mireinos con calma, i a fera dormía,
dun golpe, ¡dun soio!, deixeinos sin vida.
I ó lado, contenta, senteime das vítimas,
tranquila, esperando pola alba do día.

I estonces… estonces, cumpreuse a xusticia:
eu, neles; i as leises, na man qu’os ferira.

viernes, 27 de marzo de 2026

"MALDITO IDIOMA". Luis García Montero, infoLibre.es

Después de la descalificación del idioma español que ha hecho Donald Trump, conviene llamar la atención sobre algunas cosas.

En primer lugar, me parece importante valorar la lengua inglesa, su importancia internacional y la calidad literaria que nos ha regalado a los lectores. Los admiradores de Shakespeare hemos encontrado en sus palabras una manera decisiva de preguntarnos, de sentir el amor, la injusticia, el miedo a la muerte y la realidad de los matices humanos a la hora de convivir con los héroes y con nosotros mismos, con la perfección y con las carencias. La historia es una suma, un sigue, que no puede olvidarse de las restas y las divisiones. ¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla? ¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo? Eso se preguntó García Lorca en su Oda a Walt Whitman, cuando buscaba un modo poético de denunciar en Poeta en Nueva York las consecuencias económicas y políticas del capitalismo norteamericano. Fue un maestro para Federico el poeta que había paseado y escrito en inglés por las calles de Brooklyn, como Eliot y Auden fueron maestros imprescindibles para la mejor poesía española de posguerra. La literatura inglesa es una maravilla, aunque se olviden de ella los que sólo aprenden inglés para situar negocios multinacionales y poco humanos en las ambiciones de la speculation.

En segundo lugar, las críticas al idioma español de Donald Trump no son un ataque a España, o a México, o a Colombia, porque el español es un idioma propio de los EEUU. Según los informes del Instituto Cervantes, hay más de 60 millones de ciudadanos americanos de origen hispánico, de los cuales más de 40 millones mantienen el español como lengua materna. Así que cuando Trump desprecia el español, el idioma "maldito", y lo borra de la página web de la Casa Blanca, y promueve políticas de desprestigio en las escuelas, ataca sobre todo la diversidad de su ciudadanía en nombre de una identidad cerrada. El ataque al español en EEUU es el ejemplo más claro de la deriva neoliberal hacia el autoritarismo ideológico, confundiendo la libertad con la ley del más fuerte.

En tercer lugar, llama la atención que muchos hablantes hispanos, que aprendieron a amar a su familia y pedir pan en su idioma materno, muestren simpatías y apoyos a quien desprestigia el español. Coinciden en esa traición íntima representantes de la derecha española del PP y Vox, personajes como Milei y Bukele, cubanos identificados con Miami y protagonistas hispanos del capitalismo internacional. Traicionar a Castilla, al castellano, al español, a La Rioja, a Silos, a sus orígenes, a los puertos andaluces que miraron hacia América, a los procesos justos de independencia defendidos en español, no es ningún problema para los tradicionalistas, como tampoco parece problema bombardear hospitales, romper la justicia internacional, matar personas y violar los derechos humanos. El derecho a la propia lengua es uno de esos derechos.

En cuarto lugar, es necesario recordar que Donald Trump sabe lo que hace cuando desprecia el español. Si en su propio país se trata de una identidad importante, que se opone al deseo homogeneizador de su autoritarismo, en el mundo exterior el español es el segundo idioma del mundo junto al hindi, después del chino mandarín. Y cumple un papel decisivo de puente entre Europa y Latinoamérica. Reconocer y respetar el español supone respetar el multiculturalismo y pensar en un mundo que busque en la diversidad de una ilusión común el camino para la paz y la convivencia. El valor del español implica al mismo tiempo que Latinoamérica no debe ser un patio trasero de EEUU y que Europa tiene un valor decisivo a la hora de defender las ilusiones de una democracia social que no confunda el progreso con la avaricia tecnológica de las élites.

En quinto lugar, es bueno no olvidar el calado reaccionario, agresivo, dictatorial, beligerante y genocida que tienen las declaraciones despreciativas contra un idioma, aunque las diga alguien disfrazado de payaso populista. Y en sexto lugar, considero un orgullo que sea España quien le haya plantado cara, con voz en español, al peligro totalitario y bélico que hoy representan los invasores norteamericanos, sus redes sociales y sus armas de destrucción masiva.

miércoles, 25 de marzo de 2026

"ABRAHAM E ISAAC". Un cuento de Woody Allen

 Y Abraham se despertó en mitad de la noche y dijo a su único hijo Isaac:

– He tenido un sueño en el que la voz del Señor me ha ordenado que sacrifique a mi único hijo, así que ponte los pantalones.

E Isaac tembló y repuso:

– ¿Y qué has dicho tú? Me refiero después de que Él te presentase la papeleta.

– ¿Y qué iba a decir? -contestó Abraham-. Estaba allí de pie a las dos de la madrugada y en ropa interior ante el Creador del Universo. ¿Qué querías que dijera?

– Bueno, ¿Por qué desea que me sacrifiques? -preguntó Isaac a su padre.

Pero Abraham replicó:

– El creyente no hace preguntas. Vamos pues, que mañana me espera un día muy ajetreado.

Y Sarah, al escuchar los planes de Abraham, se irritó y dijo:

– ¿Cómo sabes que era el Señor y no, pongo por caso, ese amigo tuyo al que le gustan las bromas pesadas? Porque el Señor detesta las bromas pesadas y todo aquel que gaste una será entregado a sus enemigos, puedan éstos pagar los gastos de reembolso o no.

Y Abraham respondió:

– Porque yo sé que era el Señor. Era una voz profunda, resonante, bien modulada, y nadie en el desierto es capaz de retumbar de esta forma.

Y Sarah insistió:

– ¿Y pretendes consumar ese acto insensato?

Pero Abraham repuso:

– Francamente, sí, porque poner en duda la palabra del Señor es una de las cosas peores que puede hacer un hombre, sobre todo estando como está la economía.

Y así llevó a Isaac a un cierto lugar y se dispuso a sacrificarle, pero en el último momento el Señor detuvo la mano de Abraham y dijo:

– ¿Cómo puedes hacer semejante barbaridad?

Y Abraham protestó:

– Pero Tú dijiste…

– No importa lo que Yo dijera -tronó el Señor-. ¿Prestas oído a todas las ideas absurdas que se te ofrecen?

Y Abraham se sintió avergonzado.

– Ejem… no realmente… no.

– Te sugiero en broma que sacrifiques a Isaac y te falta tiempo para poner manos a la obra.

Y Abraham cayó de rodillas:

– Mira, nunca sé cuándo hablas en broma.

Y el Señor estalló:

– No tienes sentido del humor. No puedo creerlo.

– Pero, ¿no prueba eso que te amo, que estaba dispuesto a entregarte a mi único hijo según tu capricho?

Y el Señor contestó:

– Eso prueba que algunos hombres obedecen cualquier orden por cretina que sea, mientras la formule una voz resonante y bien modulada.

Y con esto, el Señor ordenó a Abraham que se fuera a descansar y que volviese a despachar con Él al día siguiente.