lunes, 28 de septiembre de 2026

"SI MAÑANA NO VUELVO". Un poema de 2011 de la activista peruana Cristina Torres Cáceres

"Si mañana no vuelvo
Si mañana no te contesto las llamadas, mamá.
Si no te digo que voy a cenar. Si mañana, mami, no aparece el taxi.
Tal vez estoy envuelta en las sábanas de un hotel,
en una carretera o una bolsa negra. (Mara, Micaela, Majo, Mariana).
Tal vez estoy en una maleta o me perdí en la playa (Emily, Shirley).
No te asustes, mamá, si ves que me apuñalaron (Luz Marina).
No grites cuando veas que me arrastraron (Arlette).
Mamita, no llores si te enteras que me empalaron (Lucía).
Te dirán que fui yo, que no grité, que fue mi ropa, el alcohol en mi sangre.
Te dirán que fue la hora, que estaba sola.
Que mi ex el psicópata tenía motivos, que yo fui infiel, que fui puta.
Te dirán que viví, mamá, que me atreví a volar muy alto en un mundo sin aire.
Te juro, mami, que morí peleando.
Te juro, viejita, que grité tan alto como volé.
Se va a acordar de mí, ma, sabrá que fui yo quién lo jodió
cuando me vea en el rostro de todas las que le van a gritar mi nombre.
Porque sé, mamá, que no vas a parar.
Pero, por lo que más quieras, no ates a mi hermana.
No encierres a mis primas, no prives a tus sobrinas.
No es su culpa, mamá, tampoco fue mía.
Son ellos, siempre serán ellos.
Lucha por sus alas, por las que me cortaron.
Lucha para que sean libres y vuelen más alto que yo.
Pelea para que griten más fuerte que yo.
Que vivan sin miedo, mamá, tal como viví yo.
Mamita, no llores mis cenizas.
Si mañana soy yo, mamá,
si mañana no vuelvo, destrúyelo todo.
Si mañana me toca, quiero ser la última."

Un reciente caso de violencia ha conmocionado a toda Italia, de tal manera que la comunidad ha resucitado un poema elaborado por Cristina Torres Cáceres, una activista peruana que lo publicó el año 2011, devastada por los terribles acontecimientos de violencia contra la mujer en toda América Latina.

domingo, 27 de septiembre de 2026

"PRISIÓN DE ZABALLA: REANUDAMOS LA TERTULIA LITERARIA-CLUB DE LECTURA DIALÓGICA".

El martes pasado, 22 de septiembre, reanudamos la actividad de Tertulias Literarias/Club de Lectura Dialógica en la prisión de Zaballa.

Esta Tertulia o Club viene funcionando sin interrupción desde el año 2000. La comenzamos en la ya desaparecida prisión de Nanclares y la continuamos en la nueva de Zaballa. Por ella han pasado más de 300 internos e internas.

Este curso empezaremos, de momento, 18 personas, hombres y mujeres. El número de participantes oscila entre 15 y 20, ya que a lo largo del curso, debido a la complejidad de la vida penitenciaria, se producen altas y bajas.

En cuanto a las lecturas, el año pasado terminamos leyendo "Retrato de una artista adolescente" de James Joyce y este curso comenzaremos con "Historia de dos ciudades" de Charl Dickens. 

Si queréis poneros en contacto con esta tertulia o recabar más información sobre la misma, podéis enviar un correo a: mikelepa@gmail.com

sábado, 26 de septiembre de 2026

"PAPÁ NOEL DUERME EN CASA". Un cuento de Samanta Schweblin

La navidad en que Papá Noel pasó la noche en casa fue la última vez que estuvimos todos juntos, después de esa noche papá y mamá terminaron de pelearse, aunque no creo que Papá Noel haya tenido nada que ver con eso. Papá había vendido su auto unos meses atrás porque había perdido el trabajo, y aunque mamá no estuvo de acuerdo, él dijo que un buen árbol de navidad era importante esa vez, y compró uno de todas formas. Venía en una caja de cartón, larga y plana, y traía una hoja que explicaba cómo encajar las tres partes y abrir las ramas de forma que se viera natural. Armado era más alto que papá, era inmenso, y yo creo que por eso ese año Papá Noel durmió en nuestra casa. Yo había pedido de regalo un coche a control remoto. Cualquiera me venía bien, no quería uno en particular, pero todos los chicos tenían uno en esa época y cuando jugábamos en el patio los autos a control remoto se dedicaban a estrellarse contra los autos comunes, como el mío. Así que había escrito mi carta y papá me había llevado hasta el correo para enviarla. Y le dijo al tipo de la ventanilla:

—Se la enviamos a Papá Noel —y le pasó el sobre.

El tipo de la ventanilla ni saludó, porque había mucha gente y se ve que ya estaba cansado de tanto trabajo, la época navideña debe ser la peor para ellos. Tomó la carta, la miró y dijo:

—Falta el código postal.

—Pero es para Papá Noel —dijo papá, y le sonrió, y le guiñó un ojo, se ve que para hacerse amigo, y el tipo dijo:

—Sin código postal no sale.

—Usted sabe que la dirección de Papá Noel no tiene código postal —dijo papá.

—Sin código postal no sale —dijo el tipo, y llamó al siguiente.

Y entonces papá trepó al mostrador, agarró al tipo del cuello de la camisa, y la carta salió.

Por eso yo estaba preocupado ese día, porque no sabía si la carta le había llegado o no a Papá Noel. Además no podíamos contar con mamá desde hacía casi dos meses, y eso también me preocupaba, porque la que siempre estaba en todo era mamá, y las cosas salían bien entonces. Hasta que dejó de preocuparse, así nomás, de un día para el otro. La vieron unos médicos, papá siempre la acompañaba y yo me quedaba en la casa de Marcela, que es nuestra vecina. Pero mamá no mejoró. Dejó de haber ropa limpia, leche y cereales a la mañana, papá llegaba tarde a los lugares a los que debía llevarme, y después llegaba otra vez tarde para pasarme a buscar. Cuando pedí explicaciones papá dijo que mamá no estaba enferma ni tenía cáncer ni se iba a morir. Que bien podría haber pasado algo así pero él no era hombre de tanta suerte. Marcela me explicó que mamá simplemente había dejado de creer en las cosas, que eso era estar “deprimido”, y te quitaba las ganas de todo, y tardaba en irse. Mamá no iba más a trabajar ni se juntaba con amigas ni hablaba por teléfono con la abuela. Se sentaba con su bata frente al televisor, y hacía zapping toda la mañana, toda la tarde y toda la noche. Yo era el encargado de darle de comer. Marcela dejaba comida hecha en el freezer con las porciones marcadas. Había que combinarlas. No podía, por ejemplo, darle todo el pastel de papas y después toda la tarta de verdura. La descongelaba en el microondas y se la alcanzaba en una bandeja, con el vaso de agua y los cubiertos. Mamá decía:

—Gracias mi amor, no tomes frío —lo decía sin mirarme, sin perder de vista lo que sucedía en el televisor.

A la salida del colegio me agarraba de la mano de la mamá de Augusto, que era hermosa. Eso funcionaba cuando venía a buscarme papá, pero después, cuando empezó a venir Marcela, a ninguna de las dos parecía gustarle eso, así que esperaba solo debajo del árbol de la esquina. Viniera quien viniera a buscarme, siempre llegaban tarde.

Marcela y papá se hicieron muy amigos, y algunas noches papá se quedaba con ella en la casa de al lado, jugando al póquer, y a mamá y a mí nos costaba dormirnos sin él en la casa. Nos cruzábamos en el baño y entonces mamá decía:

—Cuidado mi amor, no tomes frío —y volvía frente al televisor.

Muchas tardes Marcela estaba en casa, eran las tardes en que cocinaba para nosotros y ordenaba un poco. No sé por qué lo hacía. Supongo que papá le pediría ayuda y como ella era su amiga se sentía en la obligación, porque la verdad es que no se la veía muy contenta. Un par de veces le apagó el televisor a mamá, se sentó frente a ella y le dijo:

—Irene, tenemos que hablar, esto no puede seguir así…

Le decía que tenía que cambiar de actitud, que así no llegaría a ningún lado, que ella ya no podía seguir ocupándose de todo, que tenía que reaccionar y tomar una decisión o terminaría por arruinarnos la vida. Pero mamá nunca contestaba. Y al final Marcela terminaba yéndose con un portazo, y esa noche papá pedía pizza porque no había nada para cenar, y a mí la pizza me encanta. CONTINUAR LEYENDO

viernes, 25 de septiembre de 2026

"AL ATARDECER". Un poema de Constantino Cavafis

De cualquier forma aquellas cosas no hubieran durado mucho.
La experiencia de los años así lo enseña.
Mas qué bruscamente todo cambió.
Corta fue la hermosa vida.
Pero qué poderosos perfumes,
en qué lechos espléndidos caímos,
a qué placeres dimos nuestros cuerpos.

Un eco de aquellos días de placer,
un eco de aquellos días volvió a mí,
las cenizas del fuego de nuestra juventud;
en mis manos cogí de nuevo la carta,
y leí y volví a leer hasta que se desvaneció la luz.

Y melancólicamente salí al balcón,
salí para distraer mis pensamientos mirando
un poco la ciudad que amo,
un poco del bullicio de sus calles y sus tiendas.

jueves, 24 de septiembre de 2026

"Un estudio sobre la lectura dialógica de "La metamorfosis" en personas con psicosis recibe el reconocimiento Editor's Choice de la APA por su impacto en la salud mental". Universidad de Deusto

Liderado por Aitana Fernández Villardón y Rocío García Carrión (equipo eDucaR-UD), ha sido seleccionado por su relevancia e impacto en la comunidad científica

Las personas que conviven con trastornos mentales graves como la psicosis suelen tener dificultades para comprender su propia salud mental. Esta capacidad de reconocer la condición que se padece, la necesidad de seguir un tratamiento y las implicaciones sociales del diagnóstico se conoce como ‘conciencia de enfermedad’ o insight clínico. La falta o limitación de esta conciencia se asocia frecuentemente con el abandono del tratamiento, un mayor riesgo de recaídas e ingresos hospitalarios recurrentes.

Frente al modelo médico tradicional, centrado principalmente en el diagnóstico y la medicación, la investigación “Fostering Insight Among Individuals With Psychosis Through Dialogic Reading”, liderada por las investigadoras del equipo eDucaR de la Universidad de Deusto, aporta un enfoque innovador y humanizador.

Este trabajo se fundamenta en un modelo dialógico que permite a los participantes articular sus propias voces, reflexionar sobre sus vivencias y construir un significado compartido en un ambiente de profundo respeto e igualdad. Este espacio se concreta a través de la lectura dialógica, en el que se ha debatido La metamorfosis de Franz Kafka actuando como catalizador del diálogo. El estudio demuestra que esta metodología ofrece una alternativa no estigmatizante que ayuda a las personas con psicosis a desarrollar un mayor insight y a comprender sus experiencias desde la agencia y el respeto mutuo.

El trabajo, publicado en la revista científica Psychiatric Rehabilitation Journal, ha sido reconocido con la distinción Editor's Choice de la Asociación Americana de Psicología (APA) por su relevancia e impacto en el ámbito de la salud mental.

23 pacientes, 54 sesiones

El estudio reunió a 23 personas (17 hombres y 6 mujeres) ingresadas en unidades de rehabilitación psiquiátrica de larga estancia en un hospital del norte de España. Todas tenían diagnósticos del espectro de la psicosis (como esquizofrenia o trastorno esquizoafectivo), y 17 de ellas presentaban además patología dual, combinando el trastorno mental con un historial prolongado de adicciones (drogas, alcohol o ludopatía).

Durante cinco meses, divididas en tres grupos, participaron semanalmente en una sesión de aproximadamente 45 minutos, centradas en la lectura de La metamorfosis de Franz Kafka. La obra elegida fue acordada con los propios pacientes por ser un texto con una gran carga metafórica sobre la transformación, el aislamiento social, la alteración de la percepción corporal y la pérdida de identidad.

Reflexión sobre la enfermedad y el consumo de sustancias

Los resultados del estudio revelan que ese espacio seguro permitió a los pacientes desarrollar una mayor conciencia de su enfermedad. Al hablar del personaje de Kafka, pudieron verbalizar por primera vez experiencias traumáticas de sus primeros brotes psicóticos, los momentos de aislamiento o el bloqueo emocional, reflexionando sobre su “etiqueta médica” de su verdadera identidad.

Asimismo, la lectura dialógica ayudó a abordar las consecuencias sociales de la enfermedad. Las personas participantes reflexionaron sobre el estigma que sufren en la sociedad y expresaron un profundo arrepentimiento por el dolor causado a sus familias, reconociendo a su vez la importancia de dejarse ayudar por profesionales.

Una de las aportaciones más relevantes del estudio fue la aparición de pensamientos relacionados con las conductas adictivas. Varias personas identificaron que el consumo de drogas o alcohol actuaba inicialmente como un intento desesperado de afrontar la soledad o la tristeza. Del mismo modo, las reflexiones sobre la adicción al juego mostraron cómo la culpa e incluso la “autodestrucción” alimentaban la conducta compulsiva. El grupo permitió identificar desencadenantes y valorar el apoyo social como escudo ante las recaídas.

Protagonistas de su proceso

La valoración de la actividad por parte de los participantes fue sumamente positiva, llegando a describir la lectura dialógica como "una terapia para su cerebro". Destacaron el ambiente de calma que les permitía expresarse sin ansiedad, la escucha activa y la identificación empática con el resto del grupo. Asimismo, remarcaron la recuperación de su propia agencia, subrayando que en estas sesiones se sintieron los “protagonistas” de su propio proceso, a diferencia de su experiencia en otros entornos terapéuticos más convencionales.

En conclusión, la investigación demuestra que incorporar un entorno dialógico en los procesos de rehabilitación psiquiátrica ofrece un espacio no estigmatizante, seguro y eficaz para devolver la voz, la agencia personal y la autoconciencia a las personas con trastornos mentales graves.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

"LA GANGA". Un cuento de Truman Capote

Varias cosas de su marido irritaban a la señora Chase. Por ejemplo, su voz: siempre sonaba como si estuviera apostando en un juego de póquer. Escuchar su pronunciación lenta e indiferente la exasperaba, sobre todo ahora que, hablando con él por teléfono, ella estaba tan exaltada. “Claro que ya tengo uno, lo sé. Pero no entiendes, querido: es una ganga”, dijo ella, subrayando la última palabra, y después haciendo una pausa para que se desplegara toda su magia. Solo hubo silencio. “Bueno, podrías decirme algo. No estoy en una tienda. Estoy en casa. Alice Severn viene a almorzar. Es suyo el abrigo sobre el que te estoy contando. Seguro que recuerdas a Alice Severn.” Su mala memoria constituía una fuente más de irritación y, a pesar de que ella le recordó que, allá en Greenwich, habían visto varias veces a Arthur y que Alice Severn, de hecho, los había entretenido, él simuló no conocer el nombre. “No importa”, dijo ella con un suspiro. “De todos modos solo voy a ver el abrigo. Que tengas un buen almuerzo, querido.”

Después, mientras jugaba con las ondas precisas de su peinado, la señora Chase admitió que, en realidad, no había ningún motivo para que su marido recordara a los Severn con demasiada claridad. Se dio cuenta de esto cuando, con poco éxito, trató de figurarse la imagen de Alice Severn. Casi podía hacerlo: una mujer sonrosada y desgarbada, de menos de treinta años, que conducía una camioneta, en compañía de su Irish Setter y de dos hermosos niños que tenían el pelo de un rojizo dorado. Corría el rumor de que su marido bebía, ¿o era al revés? Se suponía, también, que su crédito con los bancos era pésimo, o al menos la señora Chase recordaba haber escuchado que los Severn tenían deudas insólitas, y alguien -¿había sido ella misma?- había descrito a Alice Severn como demasiado bohemia.

Antes de mudarse a la ciudad, los Chase habían tenido una casa en Greenwich: una fuente de hastío para la señora Chase, dado que le disgustaba el toque de naturaleza que tenía el lugar; prefería la diversión de las vidrieras de Nueva York. De vez en cuando se había encontrado con los Severn en Greenwich, en un cocktail o en la estación del tren, pero nada más. Ni siquiera éramos amigos, concluyó, algo sorprendida. Como ocurre tan a menudo cuando de pronto uno tiene noticias de alguien del pasado, y a quien se conoce en un contexto distinto, la señora Chase tuvo una sensación de intimidad que la dejó azorada. Pensándolo bien, sin embargo, parecía extraordinario que Alice Severn -a quien no había visto en más de un año- llamara para ofrecerle en venta un abrigo de visón.

La señora Chase fue a la cocina para ordenar su almuerzo de sopa y ensalada: jamás se le ocurrió que alguien pudiera no estar a dieta. Vertió jerez en un botellón y lo llevó a la sala. Era un cuarto de un luminoso color verde botella, parecido al gusto demasiado juvenil que tenía en su forma de vestir. El viento azotaba las ventanas, pues el departamento estaba en los pisos superiores y tenía una vista aérea del centro de Manhattan. La señora Chase puso un disco Linguaphone en el tocadiscos y se sentó cómodamente a escuchar la voz forzada que pronunciaba en francés. En abril, los Chase planeaban celebrar su vigésimo aniversario con un viaje a París. Por eso tomaba las lecciones de Linguaphone y, también por eso, había considerado la posibilidad de comprarle el abrigo a Alice Severn: sentía que resultaba más práctico viajar con un visón de segunda mano; quizá luego lo convertiría en estola. CONTINUAR LEYENDO

lunes, 21 de septiembre de 2026

"FE DE ERRATAS". Un poema de Alejadro Pedregosa seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

El poema que hoy comparto cierra el libro ‘Lo que sé de Whitney Houston’, escrito por Alejandro Pedregosa. La vida de la cantante que da título a ese hermoso e intenso libro enhebra los poemas que contiene, pero por él transitan también historias (en el fondo la misma historia) de personas que desde distintos sufrimientos llegaron al suicido. Es este un libro de amor (o de amores) y de recuerdos, en primer lugar de la cantante estadounidense, a la que toma como referencia de alguien que sucumbió al dolor de vivir, pero también de todos aquellos que decidieron en algún momento no continuar caminando por la vida. Y es que el suicidio sigue siendo un misterio, un estupor, como lo es siempre el amor y sus encarnaciones. El poema compartido se titula ‘Fe de erratas. Epílogo’ y nos recuerda que, como las que afean las páginas de cualquier libro, existen erratas que malogran vidas. Si siempre desgarra la muerte de la persona a la que se ama, se ensancha la herida si ese final es voluntario, inesperado. (Andrea Villarrubia Delgado)
FE DE ERRATAS
(Epílogo)

Si alguna vez los versos de este libro
alcanzan una vida en tinta y celulosa,
si alguna vez los ojos de un ajeno
se paran a leer con lentitud
las cosas que he pensado tras tu muerte,
conviene se corrijan previamente
unas cuantas erratas que -espinas
en el tallo del rosal-
andan diseminadas por el texto.

Donde dice Newark, por ejemplo,
bien se puede poner Navacerrada,
Pamplona, Panticosa o cualquier sitio
donde sepa una niña con coletas
enterrar sus fantasmas bajo un manto de nieve.
Y, en los versos que tengan la palabra “bañera”,
lo correcto sería escribir “balcón”,
porque ¿quiénes de aquellos que estuvimos
a dos palmos de ti podemos hoy
asomarnos a ese abismo
sin que el vértigo nos tumbe?

Nunca dormiste, claro está,
en el Hotel Beverly Hilton de Los Ángeles,
pero te amé y me amaste en un piso pequeño,
de protección oficial, que daba a la avenida
de las Artes, con el sol declinando
en las últimas tardes de septiembre.

No encontraste el infierno, como Whitney,
en las drogas que batieron la sangre
de nuestra generación
-cocaína y speed, principalmente-,
así que lo correcto sería consignar
en estos versos tu afición al vino tinto
y, en los malos momentos, que los hubo,
su mezcla con maría y Orfidal.

Es verdad que no viste cantar al azulillo,
pero te complacía el trino
meridiano de los mirlos. Y es por eso
que los mirlos se parecen a tu alma:
¿de qué si no su pico anaranjado,
el color de tus labios en los míos?

Y poca cosa más. El resto de detalles
-imprecisiones, mentiras y dudas
ortográficas- queden para los críticos
en boga y correctores de estilo.
Nosotros ya hemos hecho en esta vida
cuanto estuvo en nuestras manos
por ser fieles al hecho de vivir.
Si al cabo no acertamos en las formas,
es porque fuimos en el fondo libres
-libérrimos a veces- y, en lo que toca al amor,
enamorados.

ALEJANDRO PEDREGOSA