viernes, 12 de junio de 2026

"LEER Y ESCRIBIR PUEDE REDUCIR EL RIESGO DE DEMENCIA EN CASI UN 40%". Andrew Gregory (editor de salud), The Guardian

Las inversiones públicas que amplían el acceso a entornos
enriquecedores como las bibliotecas podrían contribuir a reducir
la incidencia de la demancia, afirmó el autor del estudio

La salud cognitiva en la edad adulta está "fuertemente influenciada" por la exposición permanente a entornos intelectualmente estimulantes, afirman los investigadores.

Leer, escribir y aprender uno o dos idiomas puede reducir el riesgo de padecer demencia en casi un 40%, según un estudio que sugiere que millones de personas podrían prevenir o retrasar la enfermedad.

La demencia es una de las mayores amenazas para la salud mundial. Se prevé que el número de personas que la padecen se triplique hasta superar los 150 millones a nivel mundial para 2050, y los expertos afirman que representa una amenaza grave y en rápido crecimiento para los futuros sistemas de salud y asistencia social en todas las comunidades, países y continentes.

Investigadores estadounidenses descubrieron que realizar actividades intelectualmente estimulantes a lo largo de la vida, como leer, escribir o aprender un nuevo idioma, estaba asociado con un menor riesgo de padecer Alzheimer, la forma más común de demencia, y un deterioro cognitivo más lento.

La autora del estudio, Andrea Zammit, del Centro Médico de la Universidad Rush en Chicago, dijo que el descubrimiento sugiere que la salud cognitiva en la edad adulta está "fuertemente influenciada" por la exposición durante toda la vida a entornos intelectualmente estimulantes.

Nuestros hallazgos son alentadores, ya que sugieren que participar de forma constante en diversas actividades que estimulen la mente a lo largo de la vida puede marcar la diferencia en la cognición. Las inversiones públicas que amplían el acceso a entornos enriquecedores, como bibliotecas y programas de educación temprana diseñados para fomentar el amor por el aprendizaje a lo largo de la vida, pueden ayudar a reducir la incidencia de la demencia.

Los investigadores dieron seguimiento a 1939 personas con una edad promedio de 80 años que no presentaban demencia al inicio del estudio. Se les realizó un seguimiento promedio de ocho años. Los participantes completaron encuestas sobre actividades cognitivas y recursos de aprendizaje durante tres etapas.

El enriquecimiento temprano, antes de los 18 años, incluía la frecuencia con la que se les leía y se les leían libros, el acceso a periódicos y atlas en el hogar y el aprendizaje de un idioma extranjero durante más de cinco años.

El enriquecimiento en la mediana edad incluía el nivel de ingresos a los 40 años, los recursos del hogar como suscripciones a revistas, diccionarios y tarjetas de biblioteca, y la frecuencia de actividades como visitar un museo o una biblioteca. El enriquecimiento en la tercera edad, a partir de una edad promedio de 80 años, incluía la frecuencia de lectura, escritura y juegos, y los ingresos totales provenientes de la seguridad social, la jubilación y otras fuentes.

En total, 551 participantes desarrollaron la enfermedad de Alzheimer y 719 desarrollaron deterioro cognitivo leve (DCL) durante el estudio, que se publicó en Neurology, la revista médica de la Academia Estadounidense de Neurología.

Los investigadores compararon a quienes presentaban el mayor nivel de enriquecimiento cognitivo (el 10 % superior) con quienes presentaban el nivel más bajo (el 10 % inferior). Entre quienes presentaban el nivel más alto, el 21 % desarrolló Alzheimer. Entre quienes presentaban el nivel más bajo, la cifra fue del 34 %.

Después de ajustar factores como la edad, el sexo y la educación, los investigadores encontraron que las puntuaciones más altas en enriquecimiento de la vida estaban asociadas con un riesgo 38% menor de enfermedad de Alzheimer y un riesgo 36% menor de deterioro cognitivo leve (DCL).

Las personas con el mayor enriquecimiento a lo largo de su vida desarrollaron la enfermedad de Alzheimer a una edad promedio de 94 años, en comparación con los 88 años de quienes tenían el nivel más bajo de enriquecimiento, es decir, un retraso de más de cinco años.

Los investigadores descubrieron que las personas con el mayor enriquecimiento a lo largo de su vida desarrollaron deterioro cognitivo leve a una edad promedio de 85 años, en comparación con los 78 años de quienes tenían el nivel más bajo de enriquecimiento, un retraso de siete años.

Los investigadores también analizaron a los participantes que fallecieron durante el estudio y se les realizó una autopsia. El estudio halló que quienes tenían un mayor enriquecimiento vital tenían mejor memoria y habilidades de pensamiento, así como un deterioro más lento antes de morir.

Una limitación fue que los participantes informaron detalles sobre sus experiencias en la primera infancia y la mediana edad más tarde, por lo que podrían no recordar todo con precisión. El estudio tampoco demostró que el aprendizaje permanente reduzca el riesgo de demencia, ya que solo mostró una asociación.

La Dra. Isolde Radford, directora de políticas de Alzheimer's Research UK, que no participó en el estudio, dijo que los hallazgos resaltaron que la demencia no era una parte inevitable del envejecimiento.

“Esta nueva investigación demuestra que mantenerse mentalmente activo a lo largo de la vida puede reducir el riesgo de padecer Alzheimer en casi un 40%”, afirmó. “Esto refuerza lo que ya sabemos sobre las medidas preventivas que las personas pueden tomar para reducir el riesgo de desarrollar demencia”.

"MI AMOR DESGRACIADO". Lola López Mondejar (2010), Madrid, Siruela

Sinopsis: Cuando el azar entrecruza sus vidas, las protagonistas de esta novela no pueden prever que un suceso terrible está a punto de transformarlas. ¿Qué angustia consume a Hélène? ¿Qué acontecimientos provocaron la decisión de la mujer que la observa? Sus historias esconden oscuras coincidencias. Las dos sufren una metamorfosis cuyas cicatrices las acompañarán siempre. Viven en una misma calle de París y, a su modo, una y otra son extranjeras. Cada día, Hélène arrastra a sus hijos al colegio sin reparar en ellos, su mirada se pierde en un horizonte invisible que sólo ella conoce. La otra mujer la sigue con curiosidad desde su ventana, ha abandonado a su marido y a su hija en un doloroso esfuerzo por buscarse a sí misma. ¿Qué une a estas dos mujeres? ¿Qué las separa? ¿Son la pasión sexual y el amor materno sentimientos incompatibles? ¿Quieren siempre las madres a sus hijos con una entrega sin ambivalencias?

Algunas citas:
  • A menudo he pensado que los hijos no soportan ver a una madre que desea el mundo, que no los tiene a ellos en el punto fijo de su mirada. La prefieren divina, como esa madonna de Rafael, como todas las madonnas, por otra parte; una madre sin historia, atemporal, sin pasado ni futuro, a quien uno puede solicitar todo cuanto necesita, sabedor de que ella, la madre divina, procurará complacerlo. Pero ¿a quién recurre la madre? Página 150
  • Sus mensajes son fríos, nada que ver con esas largas confidencias de entonces, cuando todavía representaba para ella la encarnación de esa madonna eterna, y podía recurrir a mí como si formase parte de su propio cuerpo, sin cuestionarse para nada mi identidad, rechazando incluso que la mostrase. Está herida esa criatura, se resiste a aceptar que no existe en la tierra nadie que la coloque por encima de sus propias necesidades, y me acusa de algún modo por haberla defraudado, por ser el vocero de esa verdad. Página 150
  • Reconocer el anhelo de protección no es estar dispuesta a inventar un objeto con el que llenar la fuente de la que el anhelo parte. Y yo no voy a inventarlo. Miro las vírgenes que se representan en los cuadros que posee o en los numerosos catálogos que pueblan los estantes de su casa, y comprendo. Eso es todo. ¿Quién no encontraría consuelo creyendo en un amor semejante? El dulce invento del amor maternal, infinito, a prueba de desalientos. Página 202
  • Cuando se prueba el odio no se puede dejar de gozar de él, es una droga el odio. Te hace fuerte. Página 218
  • El amor maternal es un invento de los hombres, se lo digo yo, son los hombres quienes necesitan creer que les amamos por encima de nosotras mismas, sólo ellos. A la larga, las mujeres llegamos a saber qué es una madre, la amalgama de sentimientos que se esconden tras sus cuidados, la muerte de nosotras mismas que comporta; los hombres no. Nunca podrán saberlo. Página 219

jueves, 11 de junio de 2026

"LAS MUÑECAS". Un cuento de Juan Rodolfo Wilcock

Es un gran armario de madera de nogal, simple, vertical, al mismo tiempo pesado y elegante, casi un símbolo de la digna estabilidad; por otra parte está siempre cerrado. Por dentro, el armario está dividido con estantecitos, y en cada uno de estos estantes vive una escritora; en realidad son las viejas muñecas que se volvieron escritoras solamente por obra de la inacción, la oscuridad y el aburrimiento. Por esa razón todas llevan trajes coloridos, a menudo los trajes de alguna región o provincia, y la cabeza ligeramente desproporcionada respecto al cuerpo, demasiado aplanada, demasiado en punta o simplemente demasiado voluminosa; salvo una poetisa que la tiene pequeñísima, y esto hace reír mucho a las demás, como si tener la cabeza pequeña fuese más gracioso que tenerla grande.

De todas formas, y como el armario no se abre nunca, y los estantes no permiten otra comunicación que la habitual entre los presos, por medio de golpecitos dados en un sistema convencional, poco a poco casi todas las muñecas se han dedicado a la literatura, y así se volvieron novelistas, poetas, críticas literarias, críticas teatrales y consultoras de editoriales. Allí dentro todo es un continuo repiqueteo: cada una quiere hacer oír a las otras sus propias obras. Pero éstas son, de más está decirlo, obras de muñecas. Está la novelista con gafas que después de diez años de trabajo consiguió escribir esta novela, titulada Huelga: "Hacía frío. Los obreros hacían huelga. Sobre el más frío el más joven murió de huelga". Está la dramaturga de vanguardia que cada año presenta la misma comedia en un acto, titulada El otro: "ANA: Dame un beso, Edgardo. EDGARDO: No puedo, amo a otro". Está la chica teatral que cada semana redacta su veredicto: "Brava la Breva en el papel de Briva". Y está la poetisa de la cabeza pequeña, la más prolífica de todas, que una vez al mes rehace, cambiando la rima, la misma lírica:

Pobres
los
Pobres.

En la oscuridad, convencidas de su importancia, las muñecas de la cabeza desproporcionada se mueven, toman posturas, amenazan a los gobiernos extranjeros si éstos quisieran seguir persistiendo en el error, y pasan todo el día transmitiéndose sus propias composiciones. En vano, porque ninguna de ellas quiere escuchar lo que escriben las otras, y por otra parte no todas manejan el mismo sistema convencional de golpecitos, así que sus esfuerzos caen inexorablemente en el vacío. A veces alguien se acerca al armario cerrado, acerca la oreja a las puertas de nogal, y comenta: "¡Pero este armario está lleno de ratones!" Por eso nadie quiere abrirlo.

FIN

miércoles, 10 de junio de 2026

UN POEMA DE JORGE REICHMANN seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

No es la primera vez que comparto un poema del poeta, filósofo y ensayista Jorge Riechmann, pero lo traigo aquí de nuevo por razones no solo poéticas sino políticas. Hace unos días ha quedado visto para sentencia el juicio de tres de los activistas contra el cambio climático que en 2019 bloquearon pacíficamente un puente del Paseo de la Castellana y para los que la Fiscalía pide una pena de diez meses de cárcel. Uno de los acusados es Jorge Riechmann. En su defensa comparto un poema perteneciente al libro ‘Mudanza del isonauta’, en el que se evidencia que el compromiso público contra el calentamiento global o el alejamiento cada vez mayor de la naturaleza, a la que se valora exclusivamente en función de los recursos que produce, no puede separarse de las virtudes que hacen posible sociedades más justas y cordiales. (Andrea Villarrubia Delgado)

(para Eladio Orta
ahora que arranca en el séptimo decenio
de su vida bien vivida)

1

Y ¿qué es entonces lo más valioso, amigos,
lo verdaderamente valioso?

No esas onzas de oro ensangrentado
que en cualquier parte se pueden cambiar por cualquier mercancía

No el tiempo largo de una vida colmada de placeres
-alguien puede extraviarse en muchos años de soledad infértil

No el poder casi omnímodo de quien puede destruirlo casi todo
(y es al mismo tiempo impotente para crear casi nada)

Ni siquiera la belleza -la luna sobre el lago, el alcaudón
en la dehesa con su antifaz negro
o las caderas que dibujan su bóveda de baile enfebrecido

No, quizá lo que tiene valor
es ese puñado de palabras que pueden ser transmitidas
como una lumbre pequeña que pasa de viejas manos
a manos jóvenes, esas palabras-ascua
que no necesariamente dan respuestas, que acaso casi ninguna
dan respuestas
pero nos ayudan a entender las preguntas

2

La justicia, sí,
pero el humor y la piedad

El conocimiento
trabajoso y largo como convoy colonial, en efecto,
pero el humor y la piedad

Los derechos, quién va a cuestionar
esa reclamación de los derechos debido
aunque al hincarle el diente no resulten a la postre
tan nutritivos… Los derechos, claro

pero algo de humor
y sobre todo un poco de piedad

(qué lastima de todo el mundo,
decía la vieja señora andaluza)

JORGE RIECHMANN

martes, 9 de junio de 2026

Beatriz Martínez, psiquiatra: “En unos años, dejar a los niños con las pantallas se verá como cuando se mojaba el chupete en anís”. PABLO LINDE, El País 14 FEB 2026.

La especialista en problemas de neurodesarrollo publica ‘Manual de supervivencia para padres en la era digital’, y se muestra favorable a la prohibición de redes sociales antes de los 16 años

El Manual de supervivencia para padres en la era digital (Espasa), de la psiquiatra Beatriz Martínez, no podría publicarse en un momento más oportuno. Estará en las librerías el 18 de febrero, apenas un par de semanas después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciara su intención de prohibir las redes sociales a los menores de 16 años. El título describe bien su contenido: es una guía que muestra la evidencia científica sobre los efectos de las pantallas y las redes sociales en los menores, y ofrece pautas concretas y prácticas para abordar el fenómeno desde la experiencia de Martínez (Madrid, 40 años) como psiquiatra infantil, experta en problemas de neurodesarrollo y madre.


R. Me parece bien. Yo sí creo que hace falta una legislación. Igual que el mundo real, internet hay que legislarlo y regularlo. Pero tampoco me gustaría que fuera una manera de decir que, como no van a poder entrar en redes antes de los 16, no hay que hacer nada. Es todo lo contrario. Por eso también es muy pertinente este libro, con la idea de entrenar a padres y educadores respecto a cómo hacer esa educación digital tan necesaria a lo largo de las etapas de la vida del niño.

P. La idea es empezar la educación digital desde bebés.

R. Desde que nacen. Me espanta verles en el carrito con vídeos o juegos en el teléfono móvil. Luego está el acceso a redes sociales, pero tampoco a los 16 vamos a decir: “Bueno, ya puedes hacer lo que te dé la gana”. La idea es que puedan tener un pensamiento crítico para lo que se van a encontrar en internet, cada vez con mayor innovación: desde la inteligencia artificial hasta las fake news o los deepfakes. Van a necesitar más que nunca cuestionarse aquello que ven.

P. Hay estudios que muestran una correlación: cuanto antes empieza el uso de redes, peor es la salud mental.

R. Sí. Sabemos que aquellos que tuvieron un smartphone con acceso libre a contenidos de redes e internet antes de los 15 años, tenían peores indicadores de salud mental. Y además indicadores graves. No solo hablamos de síntomas como ansiedad o depresión, sino también de ideación autolítica, intentos autolíticos y autolesiones.


R. Tiene una lógica. Algunos países se han decantado por los 15, probablemente por estos estudios. En España, los 16 coinciden con otros hitos: el consentimiento sanitario, la conducción de ciclomotores. Legalmente acompaña y resulta coherente.

P. Aunque haya una regulación y una edad fija, en el libro insiste en que cada adolescente requiere de un acompañamiento personalizado.

R. Claro, como en otras cosas. Va a haber adolescentes que necesiten límites más duros, más estrictos. Eso pasa también con las normas de casa. A veces comparo el acceso a internet con las salidas sociales del día a día. Según vas creciendo, haces salidas más autónomas y menos supervisadas. La clave en el mundo de internet sería la misma. Tenemos que preparar a niños y niñas para que el día de mañana accedan a la tecnología de manera segura. Si no les educamos y no les acompañamos, no van a saber hacerlo por muchos 16 años que tengan.

P. ¿Qué problemas puede dar una exposición temprana y descontrolada?

R. Se habla mucho del tiempo y de lo adictivo: el scroll infinito, los vídeos cortos que te enganchan. Eso es un problema, sí, pero la realidad es más amplia. Los algoritmos enseñan aquello en lo que te quedas, y te quedas en lo que despierta una emoción, cuanto más extrema, mejor. Si estás en una etapa de crisis, como la adolescencia, emociones polarizadas como el enfado o la tristeza generan más reacción. Si además te expones a contenidos no adecuados para tu edad —incluido acceso a imágenes para adultos—, el algoritmo seguirá ofreciéndote más de eso.

P. A su consulta llegan casos graves vinculados a internet.

R. Me gusta compararlo con la construcción de un puente. La genética serían los planos; hay puentes más vulnerables que otros. Si pasan pocos coches, no pasa nada. Pero si metes más tráfico, algunos puentes se caen. Las redes sociales pueden ser ese tráiler adicional. Quienes tienen mayor vulnerabilidad biológica, pueden verse más afectados. Para algunos es un tsunami.

P. También hay una parte positiva.

R. Sí. Antes, si te gustaba el anime o el manga y en tu entorno eras “el raro”, te sentías aislado. Gracias a internet puedes encontrar comunidades, compartir intereses, incluso tu arte. También en colectivos vulnerables, como el LGTBI, puedes encontrar apoyo si en casa no siempre se entiende tu realidad.

P. ¿Sería una solución crear móviles para adolescentes o redes sociales capadas que mostrasen solo cierto tipo de contenidos?

R. Sí. Igual que un adolescente puede conducir un ciclomotor que no alcanza 200 kilómetros por hora, ¿por qué no dispositivos que no permitan acceder a todo? Incluso de fábrica. Muchos padres ponen controles parentales, pero los adolescentes saben saltárselos. ¿Por qué no tener algo que no se pueda tunear? Que no puedas marcar la pestañita de “tengo más de 18 años” porque simplemente no se abre esa página.

P. Más allá de los límites tecnológicos, insiste en hablar con los hijos.

R. Claro. Si tú dices “eso es una chorrada”, se acabó la comunicación. Pero si preguntas por qué le interesa ese contenido, qué le quiere vender un influencer, qué gana esa persona, abres diálogo. Si tu hijo te cuenta algo, ya es positivo. El problema es cuando no te cuenta nada.

P. Antes de las redes, está el acceso al dispositivo en sí. Propone un calendario progresivo.

R. Sí, para dar una oportunidad de hacer un uso compartido de la tecnología. Me parece terrible que un niño de uno o dos años esté solo con una tablet. Hay pérdida de oportunidad. El cerebro necesita entorno, interacción. Hay momentos del desarrollo que no se pueden recuperar. Igual que si no detectas una sordera antes de los cinco años el niño no hablará, hay adquisiciones emocionales y vinculares que se dan en etapas concretas. Hemos visto niños con retraso en el lenguaje por exceso de pantallas que, al retirarlas, avanzan sin problema médico alguno. Igual que hoy nos parecería una burrada mojar el chupete en anís para que el niño duerma, dentro de unos años veremos igual dejarles pegados a una pantalla.


R. No antes de 14 o 15 años. Y aun así, con limitaciones. No entiendo que con 14 años tengas datos ilimitados para acceder a cualquier cosa fuera de casa. En cuanto a tablets individuales, antes de los diez años ningún niño debería tener una. Otra cosa es un uso compartido y puntual, como ver una película en un viaje largo. El problema es el consumo individual de aplicaciones diseñadas para enganchar, con mucha reacción en poco tiempo y experiencias que no se acaban nunca.

P. Usted con su hija firmará un contrato cuando le dé un dispositivo.

R. Me parece una manera fácil de ordenar la conversación y que quede claro qué se acuerda. Además, permite renegociar. No es lo mismo el uso a los 14 que a los 17. También deja claro que el dispositivo no es del niño, aunque sea un regalo. El dispositivo está en la casa y son los padres quienes ponen límites. En el contrato se puede acordar cuándo se usa, para qué, a qué contenidos se accede y qué consecuencias habrá si no se cumple. Consecuencias no significa castigo, pero todos necesitamos límites para crecer.

lunes, 8 de junio de 2026

"DESPUÉS DE LOS LOBOS". Un cuento de Liliana Bodoc ("Amigos por el viento") en el que pone el acento en la "Diversidad"

Un mundo sin diferencias es tan temible como un arco iris gris.

Andan los lobos en manadas. Su ferocidad va delante de ellos, y detrás van sus sombras, estiradas por el ultimo sol del atardecer.

Primero la ferocidad, después los lobos, después las sombras; las manadas recorren los caminos del bosque.

El bosque, que los conoce bien, sabe que se acerca una muerte. Porque los lobos tienen hambre. Un hambre enorme y antigua, tal como si jamás hubieran comido: ni ellos, ni sus padres, ni sus abuelos. Con las orejas alertas, los hocicos entreabiertos y los colmillos en su sitio, la manada va en busca de su presa.

Hace tiempo y más tiempo, en la gran manada de los lobos del mundo comenzó a suceder algo extraño.

Para que no se advierta su llegada, los lobos se mueven con precaución. Tanta precaución que, más que decir que no hacen ruido, habría que decir que hacen silencio.

El bosque sabe lo que va a suceder... Tarde o temprano, los lobos hallarán un animal indefenso, lo cercarán en una rueda de ojos amarillos, y luego se abalanzarán sobre él. Un poco después, estarán aullándole a la luna para celebrar la cacería.

Van a hacerlo porque son lobos, y no ardillas, tortugas o ciervos. Y todos los lobos tienen un hambre armada de colmillos, caminan con sigilo y están enamorados de la luna.

Pero... (si no hay PERO, no hay cuento) a veces las cosas cambian. Se sacuden.

Hace tiempo y más tiempo, en la gran manada de lobos del mundo comenzó a suceder algo extraño.

Por aquí y por allá, en este bosque y en aquella pradera nacieron algunos lobos que no quisieron, no supieron o no pudieron ser iguales a todos.

No quisieron, no pudieron o no supieron... ¡Eso no es li importante! Lo que realmente importa es que aquellos lobos se aburrían de tener hambre. Solamente tener hambre. Todo el día y la vida: cazar y seguir hambrientos.

Entonces lentamente comenzaron a cambiar sus costumbres. ¡Y terminaron haciendo cosas que a ningún lobo común y corriente se le hubiese ocurrido! Por ejemplo, dejaron de mirar la luna, y empezaron a mirar con curiosidad las luces de los fuegos que encendían los hombres.

Y bien, cuando sus compañeros notaron la diferencia, se inquietaron. Mejor dicho, algunos se inquietaron. "Qué sucedía con aquellos lobos... ¿Por qué se comportaban de esa ridícula manera?"

Otros, en cambio, se burlaron. "Vean estos lobos inútiles y débiles que no quieren tener hambre todo el día".

Algunos desconfiaron: "¿Sería conveniente que aquellos lobos permanecieran cerca...? ¿Y si sus rarezas y sus tonterías eran contagiosas?"

Finalmente, otros se enfurecieron: "¡No debemos aceptar esta insolencia!" Y hasta amenazaron: "Si no se comportan igual que nosotros, recibirán un castigo".

Con el tiempo los animales que no querían, no sabían o no podían ser iguales al resto de las manadas se fueron rezagando. La inquietud, las burlas y las rabias de sus compañeros crecían cada vez más.

Entonces, un buen dia, aquí y allá, en esta pradera y en aquel bosque, ellos tomaron un nuevo camino.

Los lobos en manada continúan andando por su propio sendero. Hambrientos, orgullosos y colmilludos; caminando con sigilo para atrapar una presa, aullándole a la luna llena.

Y quizá nunca sepan lo que nosotros sabemos...

Aquellos animales que se aburrieron de tener hambre, siempre y solamente hambre, no eran inútiles, débiles o insolentes. Tenían otros sueños, eso sí. Por eso, un día cambiaron de sendero y de destino.

Ellos viven hoy más cerca de los hombres que de la luna. Y tienen los nombres que les pone el amor.


- Muy bien. Ya terminé mi pequeño cuento. ¡Vamos, Tobi, es hora de volver a casa!

domingo, 7 de junio de 2026

"VIUDA". Un poema de Sylvia Plath

Viuda. Palabra que se autoconsume:
cuerpo, hoja de periódico en el fuego,
por el aire un instante sostenida
sobre la geografía roja y cálida
que arrancará su corazón cual ojo.

Viuda. Sílaba muerta, con su sombra
de un eco, abre el resorte en el tabique
del pasado secreto: aire gastado,
recuerdos fétidos, escalinatas
mecánicas que a ningún sitio conducen…

Viuda. La amarga araña se sienta
en el centro de sus ejes resecos.
La muerte es su vestido, gorro, cuello.
El rostro del marido, blanco, inválido,
la cerca como a presa que con gusto

de nuevo mataría, verle cerca
cual rostro de papel contra su pecho,
como sus cartas conservar solía
tornándolas piel nueva, viva y cálida,
pero ahora ella es papel, y fría siempre.

Viuda: ¡estado vacío y grande! Llena
de aire traidor está la voz divina,
los arduos astros fáciles promete,
y el espacio inmortal entre los astros,
no cadáveres, flechas hacia el cielo.

Viuda, inclínanse árboles piadosos,
árboles de dolor y soledades.
Como sombras en torno al verde campo
o incluso como bocas negras ciérnense.
La viuda les semeja, es una sombra.

Las manos bien cogidas, nada en ellas.
Alma sin cuerpo que otra alma pide
en este aire sereno y no lo nota:
un alma frágil como el humo entra
en otra sin saber por dónde pasa.

Es este su temor: es el temor
de que su alma late aún y late sorda
como el ángel mariano, cual paloma
contra un cristal a todo ciega, menos
al hueco hoyo que mira y mirar debe.