martes, 3 de febrero de 2026

LECTURA EN VOZ ALTA

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Escuchar leer. Ver leer. Sentir los textos en la voz de un adulto querido, significativo para la vida de un niño, es un hecho emocional y cognitivo de alta repercusión. Por lo general los ávidos lectores adultos manifiestan haberse adherido con placer a la lectura a partir de experiencias infantiles con abuelos, padres o docentes que les leían y acercaban libros con el afecto de un encuentro donde la complicidad, la alegría, el suspenso, la comunicación fueron actos de entrega. (pág. 17)

MUNDOS POSIBLES. LIBROS PARA LEER EN VOZ ALTA. Publicación del Plan Nacional de Lectura de la República Argentina.

lunes, 2 de febrero de 2026

"DÍA MUNDIAL DE LA LECTURA EN VOZ ALTA, 4 DE FEBRERO DE 2026".

CON MOTIVO DE ESTA CELEBRACIÓN, EN LOS PRÓXIMOS DÍAS IRÉ PUBLLICANDO DISTINTAS ENTRADAS SOBRE LA LECTURA EN VOZ ALTA


El Día Mundial de la Lectura en Voz Alta fue creado en Nueva York por un niño pequeño y Pam Allyn mientras leían juntos en voz alta. Ahora, el WRAD se celebra el primer miércoles de febrero y ha llegado a millones de personas.

Leer en voz alta es la clave para una vida de conexión, felicidad y éxito para los niños. Las investigaciones demuestran que leer en voz alta fortalece las conexiones neuronales, contribuyendo tanto al bienestar emocional como al éxito académico. Cuando se le lee a un niño, se le transporta a un mundo de posibilidades, alegría y magia, y aprende a conectar profundamente consigo mismo y con quienes lo rodean. Al celebrar la lectura en voz alta, celebramos y compartimos todo lo que implica ser humano.

domingo, 1 de febrero de 2026

"RESTOS DEL CARNAVAL". Un cuento de Clarice Lispector

No, no del último carnaval. Pero éste, no sé por qué, me transportó a mi infancia y a los miércoles de ceniza en las calles muertas donde revoloteaban despojos de serpentinas y confeti. Una que otra beata, con la cabeza cubierta por un velo, iba a la iglesia, atravesando la calle tan extremadamente vacía que sigue al carnaval. Hasta que llegase el próximo año. Y cuando se acercaba la fiesta, ¿cómo explicar la agitación íntima que me invadía? Como si al fin el mundo, de retoño que era, se abriese en gran rosa escarlata. Como si las calles y las plazas de Recife explicasen al fin para qué las habían construido. Como si voces humanas cantasen finalmente la capacidad de placer que se mantenía secreta en mí. El carnaval era mío, mío.

En la realidad, sin embargo, yo poco participaba. Nunca había ido a un baile infantil, nunca me habían disfrazado. En compensación me dejaban quedar hasta las once de la noche en la puerta, al pie de la escalera del departamento de dos pisos, donde vivíamos, mirando ávidamente cómo se divertían los demás. Dos cosas preciosas conseguía yo entonces, y las economizaba con avaricia para que me durasen los tres días: un atomizador de perfume, y una bolsa de confeti. Ah, se está poniendo difícil escribir. Porque siento cómo se me va a ensombrecer el corazón al constatar que, aun incorporándome tan poco a la alegría, tan sedienta estaba yo que en un abrir y cerrar de ojos me transformaba en una niña feliz.

¿Y las máscaras? Tenía miedo, pero era un miedo vital y necesario porque coincidía con la sospecha más profunda de que también el rostro humano era una especie de máscara. Si un enmascarado hablaba conmigo en la puerta al pie de la escalera, de pronto yo entraba en contacto indispensable con mi mundo interior, que no estaba hecho sólo de duendes y príncipes encantados, sino de personas con su propio misterio. Hasta el susto que me daban los enmascarados era, pues, esencial para mí.

No me disfrazaban: en medio de las preocupaciones por la enfermedad de mi madre, a nadie en la casa se le pasaba por la cabeza el carnaval de la pequeña. Pero yo le pedía a una de mis hermanas que me rizara esos cabellos lacios que tanto disgusto me causaban, y al menos durante tres días al año podía jactarme de tener cabellos rizados. En esos tres días, además, mi hermana complacía mi intenso sueño de ser muchacha -yo apenas podía con las ganas de salir de una infancia vulnerable- y me pintaba la boca con pintalabios muy fuerte pasándome el colorete también por las mejillas. Entonces me sentía bonita y femenina, escapaba de la niñez. CONTINUAR LEYENDO

sábado, 31 de enero de 2026

¡HACIA LA HABANA! / PRA A HABANA". Un poema de Rosalía de Castro

¡HACIA LA HABANA!

Le vendieron los bueyes,
le vendieron las vacas,
el pote del caldo
y la manta de la cama.
Le vendieron el carro
y las tierras que tenía,
le dejaron tan sólo
con la ropa vestida.
“María, yo soy mozo,
pedir no me es dado,
me voy por el mundo
para ver de ganarlo.
Galicia está pobre,
y a La Habana me voy...
Adiós, adiós, prendas
de mi corazón !”

“Ánimo, compañeros !
Toda la tierra es de los hombres.
Al que no vio más que la propia
la ignorancia le consume.
Ánimo! A quien se muda Dios le ayuda!
Y aunque ahora vamos de Galicia lejos
veréis cuando volvamos
cómo crecieron los robles.
Mañana es el gran día, al mar, amigos!
Mañana, Dios nos acoge !”
En el rostro la alegría;
en el corazón, el esfuerzo,
y la campana armoniosa de la esperanza,
lejos, tocando a muerto.

Este se va y aquel se va,
y todos, todos se van.
Galicia, sin hombres quedas,
que te puedan trabajar.
Tienes en cambio huérfanos
y huérfanas
y campos de soledad,
y madres que no tienen hijos,
e hijos que no tienen padres.
Y corazones que sufren
largas ausencias mortales,
viudas de vivos y muertos
que nadie consolará.

¡PRA A HABANA!

Vendéronlle os bois,
vendéronlle as vacas,
o pote do caldo
i a manta da cama.
Vendéronlle o carro
i as leiras que tiña;
deixárono sóio
cou ropa vestida.
“María, eu son mozo,
pedir no me É dado;
eu voy polo mundo
pra ver de ganalo.
Galicia está probe,
i a Habana me vou...
Adiós, adiós, prendas
do meu corazón !”

“Ánimo, compañeros!
Toda a terra e dos homes.
Aquel que non veu nunca máis que a propia
a ignorancia o consome.
Ánimo !A quen se muda Dios o axuda!
I anque ora vamos de Galicia lonxe,
verés desque tornemos
que medrano os robres!
Mañán é o día grande, ao mar, amigos!
Mañán, Dios nos acoxe !”
No sembrante a alegria,
no corazón o esforzo,
i a campana armoniosa da esperanza,
lonxe, tocando a morto!

Este vaise i aquel vaise,
e todos, todos se van.
Galicia, sin homes quedas
que te poidan traballar.
Tés, en cambio, orfos e orfas
e campos de soledad,
e nais que non teñen fillos
e fillos que non ten pais.
E tés corazóns que sufren
longas ausencias mortás, 40
viudas de vivos e mortos
que ninguén consolará.

viernes, 30 de enero de 2026

"LA LECTURA UN ANTÍDOTO DE LA IA". Gaspard Koenig, El País

Para preservar una sociedad libre y democrática, tenemos que mostrar nuestros libros con orgullo

Si las noticias internacionales en este comienzo de año no les parecen suficientemente apasionantes, les recomiendo que lean el informe anual de la consultora internacional Eurasia Group sobre los mayores riesgos para 2026 (Top Risks 2026). En medio de una serie de perspectivas verdaderamente estimulantes, como la revolución política en Estados Unidos, la guerra de Rusia contra la OTAN o la crisis mundial del agua, me ha hecho estremecerme especialmente el riesgo número 8: AI eats its users (“La IA devora a sus usuarios”).

No estamos hablando de una superinteligencia fuera de control, ni siquiera de la destrucción masiva de puestos de trabajo. El peligro que representa el despliegue comercial a gran escala de la inteligencia artificial (IA) es más insidioso. Aunque Eurasia Group subraya los beneficios de la IA para las ciencias y la tecnología, también prevé la mierdificación (término popularizado por el escritor británico Cory Doctorow para referirse al deterioro de la experiencia del usuario en las plataformas de Internet) de la IA generativa.

Aunque ChatGPT es hoy una herramienta relativamente limpia, sin publicidad y que no obliga a crear ninguna cuenta, es inevitable que algún día empiece a monetizar los datos que almacena, como antes lo hicieron Google o YouTube. Los financieros que han alimentado la extravagante valoración de la IA exigirán un retorno de la inversión que, una vez más, pasará por la manipulación de los usuarios, sus deseos y ahora, además, sus pensamientos. Las primeras muestras de integración de la publicidad en las respuestas de los asistentes virtuales son aterradoras: ¿Es posible que, en el futuro, nuestras decisiones más íntimas estén secretamente dirigidas por las multinacionales? En ese caso, desaparecerían por completo las fronteras entre la información objetiva, el sesgo algorítmico y la colocación de productos. Bienvenidos a la privatización de los cerebros.

Aparte del aprovechamiento económico, el ataque afecta a la propia cognición. Coincidiendo con las conclusiones de numerosos estudios de neurociencias, Eurasia Group anticipa “el declive de la humanidad pensante, sensible y social”. El desplome de la capacidad de atención ya explica el deterioro de la capacidad de lectura, escritura y cálculo en todo el mundo occidental. Por primera vez desde la Ilustración, la alfabetización está en retroceso. ¿Cómo podemos pensar que va a sobrevivir el espíritu crítico cuando el pensamiento salta sin cesar de un objeto a otro, excitado, agitado, impotente? ¿Qué forma de deliberación colectiva seguirá siendo posible cuando el que moldee nuestras opiniones sea nuestro mejor amigo virtual? La IA forma unos ciudadanos políticamente dóciles, fáciles de manipular y encerrados en sí mismos. Esta burbuja individualista representa, como adivinó Tocqueville, “una etapa muy peligrosa en la vida de los pueblos democráticos”, atraídos por la tentación de someterse al poder de unos líderes autoritarios que “son los únicos que actúan en medio de la inmovilidad universal”.

Debemos reaccionar de inmediato, ahora que nuestros cerebros no se han atrofiado aún del todo. Mientras los gobernantes occidentales se contentan con estudiar estrategias industriales insignificantes, como si la IA no fuera más que una nueva tendencia que no hay que perderse, el presidente chino, Xi Jinping, de cultura marxista-leninista, parece haberse hecho cargo del peligro y ha calificado los videojuegos de “opio espiritual”, lo mismo que pensaba Marx sobre la religión. A diferencia de Estados Unidos, que abre todas las compuertas de la intoxicación tecnológica, China está elaborando diversas normas para limitar la adicción y controlar los contenidos. ¿Podría Europa trazar una tercera vía entre la alienación capitalista y la represión socialista?

A la espera de una toma de conciencia política, contamos con un antídoto personal de lo más eficaz y al alcance de todos: la lectura. El Instituto Diderot acaba de publicar justo ahora, con el título La lectura en 2050, una conferencia del neurocientífico Michel Desmurget. En ella, en consonancia con sus escritos anteriores, lamenta el descenso general de la lectura —la lectura de libros, que no es lo mismo que la lectura de frases inconexas en una pantalla—: “Si el efecto cognitivo de los cómics y las revistas es prácticamente nulo”, explica, “el efecto de los medios digitales (blogs, redes sociales, SMS) es incluso negativo”. Nuestro cerebro no solo no puede delegar en la máquina la búsqueda de información, sino que necesita asimilar contenidos escritos para que seamos capaces de razonar y pensar por nuestra cuenta. Michel Desmurget destaca las virtudes de la lectura en el desarrollo de nuestras capacidades cognitivas: el coeficiente intelectual, la concentración, la capacidad de síntesis, la creatividad e incluso el nivel en matemáticas.

Hay que poner fin de una vez por todas a un argumento habitual entre los locos de la informática. A los tecnólatras más o menos expertos les encanta burlarse de Platón porque criticaba la escritura: los filósofos siempre han desconfiado sin más de las nuevas tecnologías, así que ¿por qué no vamos a sustituir hoy el libro por un agente de inteligencia artificial, igual que se sustituyeron las tradiciones orales por el libro? Sin embargo, si leemos atentamente el Fedro de Platón —en vez de pedirle a ChatGPT que nos lo resuma—, veremos que no se dice que la escritura sea una regresión, sino una innovación útil para otros fines, que complementa el arte del diálogo, sin sustituirlo. Las nuevas formas de comunicación deben sumarse a las ya existentes. Y la prueba de que Platón tenía razón es que, a pesar de la imprenta y el libro electrónico, la gente sigue siendo igual de aficionada a las conferencias y las conversaciones.

Para preservar una sociedad libre y democrática, tenemos que mostrar nuestros libros con orgullo. Esta es una batalla política que hay que librar en casa, pero también en el tren y en el café: ¡Que los lectores desafíen a todos los que están absortos en su pantalla!

jueves, 29 de enero de 2026

"MENTIRAS". Un cuento de J. M. Coetzee

Querida Norma:

Te escribo desde San Juan, en el único hotel que existe aquí. Esta tarde fui a visitar a mamá: en auto es un viaje de media hora por un camino tortuoso. Su estado es tan malo como suponía, incluso peor. No puede caminar sin bastón y, aún así, lo hace muy lentamente. Desde que volvió del hospital no pudo subir al piso alto. Duerme en el sofá de la sala. Trató de que le bajaran la cama, pero le dijeron que la habían construido ahí arriba y que si intentaban moverla la destrozarían. (¿Penélope no tenía una cama similar, la Penélope de Homero?).

Todos sus libros y papeles están en el piso superior: abajo no hay lugar para ellos. Mamá se irrita y dice que quiere trabajar en su escritorio, pero no puede.

Hay un hombre que se llama Pablo que ayuda en la huerta. Pregunté quién hace las compras. Ella dice que vive a pan y queso, más lo que se cosecha en la huerta, y que no necesita nada más. De todos modos, le dije, ¿no podría conseguir que alguna mujer de la aldea viniera para limpiar y cocinar? No quiso escucharme: dice que no tiene contacto con la gente de la aldea. ¿Y Pablo?, le dije. ¿No es él parte de la aldea? Pablo es responsabilidad mía, contestó, no forma parte de la aldea.

Por lo que pude ver, Pablo duerme en la cocina. Vive medio en Babia como se dice eufemísticamente; quiero decir que es idiota, bobo.

No he planteado aún la cuestión principal; quería hacerlo, pero no tuve coraje suficiente. Se lo diré mañana. No tengo demasiadas esperanzas. Mamá se muestra distante conmigo. Con perspicacia, creo, sospecha por qué vine.

Que duermas bien. Cariños para los chicos.

John
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-Mamá, ¿podemos hablar de las disposiciones que has tomado? ¿Podemos hablar del futuro?

Sentada en su viejo y severo sillón, construido sin duda por el mismo carpintero que construyó la cama que no se puede trasladar, la madre no dice ni una palabra siquiera.

-Te darás cuenta de que Helen y yo estamos preocupados por ti. Tuviste una caída grave y con el tiempo tendrás otras. Ya no vas para joven y esto de vivir sola en una casa con escaleras empinadas en una aldea donde no te llevas bien con los vecinos… francamente no parece ya algo viable. 

-No vivo sola –responde la madre-. Pablo vive conmigo. Cuento con él.

-Está bien, Pablo vive contigo, pero ¿puedes contar con él en caso de una emergencia? ¿Te sirvió de ayuda la última vez? Si no hubieras podido telefonear al hospital, ¿dónde estarías ahora?

En el mismo momento de pronunciar esas palabras, se da cuenta de que ha cometido un error. CONTINUAR LEYENDO

miércoles, 28 de enero de 2026

"MILONGA DEL SOLITARIO". Un poema/canción de Atahualpa Yupanki interpreatada por Mayte Martín


Me gusta, de vez en cuando,
perderme en un bordoneo,
porque bordoneando veo,
que ni yo mismo me mando.

Las cuerdas van ordenando,
los rumbos del pensamiento,
y en el trotecito lento
de una milonga campera,
va saliendo campo ajuera,
lo mejor del sentimiento.

Ninguno debe pensar,
que vengo en son de revancha.
No es mi culpa si en la cancha,
tengo con qué galopear.

El que me quiera ganar,
hai' tener buen parejero.
Yo me quitaré el sombrero,
porque así me han enseñao,
y me doy por bien pagao,
dentrando detrás del primero.

Siempre bajito he cantao,
porque gritando no me hallo.
Grito al montar a caballo,
si en la caña me he bandeao.

Pero tratando un versiao,
ande se cuenten quebrantos,
apenas mi voz levanto
para cantar despacito.
Que el que se larga a los gritos,
no escucha su propio canto.

[ Si la muerte traicionera,
me acogota a su palenque,
háganme con dos rebenques,
la cruz pa' mi cabecera.
Si muero en mi madriguera,
mirando los horizontes,
no quiero cruces ni aprontes,
ni encargos para el Eterno.
Tal vez pasando el invierno,
me de sus flores el monte. ]

Toda la noche he cantau,
con el alma estremecida,
que el canto es la abierta herida,
de un sentimiento sagrau.
A naide tengo a mi lau,
porque no busco piedad.
Desprecio la caridad,
por la vergüenza que encierra.
Soy como el león de las sierras:
¡ vivo y muero en soledad ¡