viernes, 3 de julio de 2026

"LOS VENCIDOS". Un poema de Angelina Gatell seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

El pasado lunes se cumplían cien años del nacimiento de la poeta Angelina Gatell. Y quería celebrar el centenario con el poema titulado ‘Los vencidos’, incluido en uno de sus libros más representativos, ‘Las claudicaciones’, publicado en 1969. En una entrevista que le hicieron en 2014, tres años antes de su muerte, confesaba que la historia descrita en el poema era real y ocurrió en el pueblo de Vallès, donde pasó la guerra civil junto a su familia. Aquella tragedia y el exilio interior que luego vivió marcarán su obra poética. En esa misma entrevista afirmaba que “la guerra es lo más bestial que existe, porque llega un momento en que es o tú o yo. Es espantoso, pero es así”. Siempre mantuvo una actitud beligerante contra las opresiones y los abusos, defendió ardorosamente la libertad, dejó testimonio apasionado de lo vivido. Recordar en su centenario a una escritora tan excelente como poco reconocida me parecía un acto de justicia. (Andrea Villarrubia Delgado)

LOS VENCIDOS

(…con los pies rotos
entre polvo y piedra,
por el duro camino catalán,
bajo las balas últimas
caminando,
ay, hermanos valientes,
al destierro.)
PABLO NERUDA


Yo estuve allí también.
Era tan sólo
una mínima hoguera donde ardía,
sin que yo lo supiera,
mi esperanza, mi fe, mi dignidad futura.

Todo fue consumiéndose y consumándose
bajo el crepúsculo de enero,
sobre la tierra helada,
allá, en los campos míos,
entre las viñas que mostraban
sus oscuros muñones como indomables puños.

Los vi pasar ‘con los pies rotos
entre polvo y piedra’.
Nunca he visto otros ojos
más arados por el dolor,
más transitados por la pesadumbre.

Bajo la tarde, hambrientos
de pan, de muerte, de soledad,
fueron pasando.

Los pies
calzados con la sangre
que caía
‘por el duro camino catalán’,
condecorando hermosamente
la tierra aquella donde yo nací
y donde
mi corazón se cubre de hojas verdes
todas las primaveras,
como si fuera un árbol,
una vid,
o acaso
una gota pequeña
de aquella sangre
que iluminó mi patria.

Los vi pasar. Llevaban
apagadas las frentes,
las manos señaladas
por la costumbre del fusil;
sus ojos
eran como náufragos en el crepúsculo
que, cómplice, caía
solapadamente, borrando
los últimos caminos.

Uno de aquellos hombres
-casi blanco el cabello-
tocó con un temblor
mis trenzas,
que fueron en sus manos
como un presentimiento
de cadenas futuras,
y dijo,
con una voz que nunca
podré olvidar:

‘Nina, no´m donaries
un tros, solamente un tros
de pa?

Le di mi pan, las rubias
avellanas del huerto,
el agua…

Le di, definitivamente,
un lugar en mi vida;
un pequeño recinto
donde su voz me dura,
donde sus ojos
hallaron estadía,
donde sus labios
alguna vez me hablan
con nuestro dulce acento inolvidable,
con las bellas palabras
que los vencedores quisieron
borrar…

Y aunque la muerte
rondara sus cabellos,
con aquel mismo gesto largo y torpe
con que él rozó los míos,
y no sé dónde yace
su cuerpo desgarrado
por la derrota,
no he podido olvidar su sombra triste
que cruzó mi niñez
y acuñó en ella, para siempre,
la ira y la impotencia.

Desde aquel día
-25 de enero de 1939-
el pan sabe a vergüenza y a cobarde
consentimiento,
y cuando acerco
un pedazo a mis dientes,
en vez de iluminarse se me tiñen
de un rubor infinito.
Y me acude al recuerdo, inevitablemente,
aquel pan y aquel hombre.

Fueron pasando, uno tras otro, los vencidos
por mis ojos de niña
‘bajo las balas últimas’
que partían
de los avellanos,
de los bosques fríos,
de la tarde…

Los vi pasar -eran los míos-
‘caminando,
ay, hermanos valientes, al destierro’.

ANGELINA GATELL

jueves, 2 de julio de 2026

"LO QUE TOY STORY 5 ENSEÑA SOBRE LAS CÁMARAS DE ECO". Violeta Assiego, elDiario.es

Bonnie, en 'Toy Story 5'
De ese método se sirven muchas plataformas digitales y también formaciones políticas, grupos o sujetos que las usan para difundir desinformación, fake news o campañas de desprestigio con finalidades claramente nocivas y peligrosas

No sé cuántos de ustedes han visto Toy Story 5, pero, si no lo han hecho y tienen intención de hacerlo, ya les advierto de que esta columna de opinión contiene algún que otro espóiler. La nueva aventura de Woody, Jessie y Buzz y el resto de los juguetes de Bonnie introduce la presencia de las pantallas en la vida de la pequeña protagonista. La niña, ya casi adolescente, está en esa edad en la que lo que más desea es tener amigas, sentirse aceptada, pertenecer… pero no es fácil porque Bonnie no es una cría al uso (ninguna lo es). Ahí es donde aparece una tablet como llave para socializar con otras niñas a través de una plataforma social. Efectivamente, lo consigue y entra en un universo donde otras chicas (las guays) marcan qué hacer, cómo vestir, qué decir y hasta qué merece la pena desear. Bonnie quiere ser su amiga, tener amigas y parecerse a ellas y ahí es como esa amistad la empieza a exigir que cambie. Va dejando atrás aquello que es importante para ella y también lo que la hacía diferente. En ese grupo de amigas lo importante no es ser ella misma, no la quieren así, la quieren si es como ellas dicen que sea. Por eso, cuando actúa de forma distinta descubre que el precio de salirse del guion que fija el grupo es la burla, el rechazo y hacerla sentirse sola y mal consigo misma, es ridiculizarla.

Toy Story 5 no plantea la dicotomía de pantallas sí o pantallas no, sino que más bien deja al descubierto cómo los espacios de “socialización” de las personas menores de edad y las y los jóvenes que se crean a través de esas nuevas tecnologías pueden llegar a funcionar como cámaras de eco que las anulan y manipulan. Es de sobra conocido que todas y todos necesitamos pertenecer. No hay nada patológico en ello, muy al contrario, ese anhelo forma parte del desarrollo de cualquier persona, especialmente entre quienes están en ese momento evolutivo y emocional de madurar. El conflicto surge cuando el precio de pertenecer a un grupo consiste en dejar de pensar, dejar de ser uno mismo o empezar a creer que solo existe una manera correcta de vivir, de vestir, de hablar o de entender el mundo. Eso es precisamente una cámara de eco y, en las redes sociales, esta dinámica se produce con enorme facilidad gracias a unos algoritmos que potencian contenidos, discursos, ideas y desinformación.

Más allá de los algoritmos, o más bien, aprovechando el impulso de esos algoritmos, esa dinámica de cámara de eco se puede identificar porque crea un entorno en el que las mismas ideas se repiten, se amplifican y terminan percibiéndose como verdades incuestionables porque apenas entran voces discrepantes. Si participas reproduciendo la dinámica ya eres parte del grupo y tienes su reconocimiento y refuerzo, “su amistad”. Por eso, no consiste solo en recibir información afín, sino que esa información rebote constantemente entre las personas que piensan igual, reforzándose una y otra vez. La repetición genera una falsa sensación de verdad y una idea no parecerá cierta porque haya sido contrastada, sino porque el grupo la reproduce a partir de que la haya dicho, sugerido o escrito un influencer o una persona a la que otorgamos autoridad y en la que confiamos. De esa manera, poco a poco las personas de ese entorno cada vez están más aferradas y convencidas de las propias creencias “incuestionables”.

Del método de la “cámara de eco” se sirven muchas plataformas digitales y también formaciones políticas, grupos o sujetos que las usan para difundir desinformación, fake news o campañas de desprestigio con finalidades claramente nocivas y peligrosas. Las cámaras de eco aumentan el sesgo de confirmación y hacen que cualquier opinión distinta se perciba como falsa, absurda, malintencionada o incluso peligrosa. Es un mecanismo extraordinariamente útil para quienes quieren manipular, a modo de ejemplo se puede nombrar la fachosfera que lleva años aprovechándolo, no para convencer a toda la sociedad, sino para radicalizar progresivamente a chicos jóvenes que encuentran en determinados mensajes y en la construcción de enemigos el sentido e identidad que sienten haber perdido o amenazado por las feministas y el feminismo.

La cámara de eco refuerza que esos espacios terminen funcionando como grupos cerrados que convierten el relato del grupo en el único digno de confianza. La polarización está servida, no porque nazca de tener opiniones fuertes, sino porque se ha dejado de escuchar cualquier voz distinta a la autorizada. Cuando eso ocurre, hay un impacto, un daño en las personas de ese entorno, quienes no solo terminan creyendo que solo existe una forma correcta de pensar acaba viviendo porque discrepar, implica ser rechazado, ser expulsado del grupo y quedarse solo. Cuando la espontaneidad, la libertad de pensamiento, la diferencia, la crítica… se sustituye por la obediencia al grupo y la identidad propia por la identidad colectiva, el resultado no suele ser una persona más libre ni más feliz, sino alguien más vulnerable, más dependiente de la aprobación ajena y, paradójicamente, mucho más sola y atormentada. Y esto Toy Story lo cuenta muy bien con la historia de Bonnie, tener amigos es importante, pero no a cualquier precio. Hay grupos a los que es mejor no pertenecer.

miércoles, 1 de julio de 2026

"LA SEÑORITA CORA". Un cuento de Julio Cortázar

No entiendo por qué no me dejan pasar la noche en la clínica con el nene, al fin y al cabo soy su madre y el doctor De Luisi nos recomendó personalmente al director. Podrían traer un sofá cama y yo lo acompañaría para que se vaya acostumbrando, entró tan pálido el pobrecito como si fueran a operarlo en seguida, yo creo que es ese olor de las clínicas, su padre también estaba nervioso y no veía la hora de irse, pero yo estaba segura de que me dejarían con el nene. Después de todo tiene apenas quince años y nadie se los daría, siempre pegado a mí aunque ahora con los pantalones largos quiere disimular y hacerse el hombre grande. La impresión que le habrá hecho cuando se dio cuenta de que no me dejaban quedarme, menos mal que su padre le dio charla, le hizo poner el piyama y meterse en la cama. Y todo por esa mocosa de enfermera, yo me pregunto si verdaderamente tiene órdenes de los médicos o si lo hace por pura maldad. Pero bien que se lo dije, bien que le pregunté si estaba segura de que tenía que irme. No hay más que mirarla para darse cuenta de quién es, con esos aires de vampiresa y ese delantal ajustado, una chiquilina de porquería que se cree la directora de la clínica. Pero eso sí, no se la llevó de arriba, le dije lo que pensaba y eso que el nene no sabía donde meterse de vergüenza y su padre se hacía el desentendido y de paso seguro que le miraba las piernas como de costumbre. Lo único que me consuela es que el ambiente es bueno, se nota que es una clínica para personas pudientes; el nene tiene un velador de lo más lindo para leer sus revistas, y por suerte su padre se acordó de traerle caramelos de menta que son los que más le gustan. Pero mañana por la mañana, eso sí, lo primero que hago es hablar con el doctor De Luisi para que la ponga en su lugar a esa mocosa presumida. Habrá que ver si la frazada lo abriga bien al nene, voy a pedir que por las dudas le dejen otra a mano. Pero sí, claro que me abriga, menos mal que se fueron de una vez, mamá cree que soy un chico y me hace hacer cada papelón. Seguro que la enfermera va a pensar que no soy capaz de pedir lo que necesito, me miró de una manera cuando mamá le estaba protestando... Está bien, si no la dejaban quedarse qué le vamos a hacer, ya soy bastante grande para dormir solo de noche, me parece. Y en esta cama se dormirá bien, a esta hora ya no se oye ningún ruido, a veces de lejos el zumbido del ascensor que me hace acordar a esa película de miedo que también pasaba en una clínica, cuando a medianoche se abría poco a poco la puerta y la mujer paralítica en la cama veía entrar al hombre de la máscara blanca... CONTINUAR LEYENDO

martes, 30 de junio de 2026

"JUSTO CUANDO EL CALENDARIO EMPIEZA A DECIR VERANO". Un poema de Mary Oliver seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

Llega el verano y con él un tiempo para el gozo y las experiencias sensoriales, imprevistas. Con este motivo quiero compartir un poema de la poeta estadounidense Mary Oliver que nos anima a disfrutar de todo lo que ofrece el estío, principalmente durante la infancia, lejos de los deberes escolares y más cerca de los saberes naturales. La poesía de Mary Oliver está impregnada de la contemplación de la belleza y de la observación de la naturaleza, tan unidas. ... Disfrutad del verano, tal y como nos invita Mary Oliver. (Andrea Villarrubia Delgado)

JUSTO CUANDO EL CALENDARIO EMPEZABA A DECIR VERANO

Salí rápida de la escuela
y a través de los jardines y los bosques
y me pasé todo el verano olvidando lo que me habían enseñado;

dos veces dos, y diligencia, y lo demás,
cómo ser modesta y útil, y cómo triunfar y todo eso,
máquinas y aceite y plástico y dinero y esas cosas.

En otoño de algún modo ya me había curado, pero fui convocada de nuevo
a las aulas de tiza y a los pupitres, a sentarme y recordar

la manera en que el río revolvía sus cantos rodados,
el modo en que el chochín salvaje canta aunque no tenga un céntimo en el banco,
el modo en que las flores iban vestidas de luz nada más.

lunes, 29 de junio de 2026

"LA MIGRACIÓN NO ES UN PROBLEMA". Sergio del Molino, El País

Declarar enemigos a los más frágiles de la sociedad resulta, como poco, canallesco

Un experto en ficciones, Jorge Volpi, acaba de escribir un manifiesto breve y directísimo (Invasión alienígena. El falso problema migratorio) que se puede resumir en esta frase final: “El problema no es la migración, sino quienes afirman que la migración es un problema”. Y es un problema porque hacen pasar sus ficciones por realidades, convenciendo a muchos de que hay una invasión en marcha que urge frenar con campos de concentración como los que aprobó el Europarlamento la semana pasada.

Llevo mucho tiempo diciendo lo mismo, pero lo digo mal. Con perífrasis, con matices, con datos, con ejemplos, con historias, con metáforas y con alusiones históricas al nomadismo y a la errancia. Volpi me ha convencido de que no merece la pena tanto traje: a este debate hay que salir desnudo y decidido. No, los inmigrantes no incrementan la delincuencia. No, los inmigrantes no desbordan las fronteras. No, los inmigrantes no desplazan a los trabajadores locales. Y sí, los inmigrantes siempre se integran, como cualquiera que construye una nueva vida lejos de donde nació, pero en el proceso también dejan algo de sí mismos en la cultura de acogida: palabras, un acento, una manera de condimentar los platos, quizá alguna costumbre cotidiana… Nada dañino, nada que no pueda leerse como un enriquecimiento y una evolución en el eterno retorno del mestizaje.

Son verdades del barquero fácilmente contrastables. Cualquiera puede comprobarlas con tres clics, pero no importa lo claro que se digan o lo mucho que se repitan. Quienes decidieron que la migración es un problema cerraron las orejas hace tiempo a cualquiera de estos asertos. La gente como Volpi y como yo no predicamos en el desierto —lo cual siempre tiene un prestigio coqueto: ¿a qué escritor no le gusta sentirse incomprendido de vez en cuando?—, sino para una audiencia de convencidos, y eso nos hunde en la frustración de no convencer a nadie.

Si la elocuencia y la verdad de los hechos no bastan para deshacer esta bola de fanatismo y xenofobia, quizá haya que pasar al tono acusatorio: declarar enemigos a los más frágiles de la sociedad es, como poco, canallesco. Bramar prioridades nacionales ante personas que ni siquiera tienen derecho al sufragio ni a casi ninguno de los recursos que justifican la condición de ciudadano es de un matonismo abominable, y demonizar con un acrónimo administrativo (menas) a los chavales con vidas quebradas que malviven en centros de acogida es, como poco, contrario a toda la caridad de esa cristiandad de la que se presumen estandarte. A ver si así, señalando su miseria, conseguimos lo que con la razón y los datos no logramos.

domingo, 28 de junio de 2026

"PRIMERA LEY". Un cuento de Isaac Asimov

Sinopsis: «Primera ley» (First Law) es un cuento de Isaac Asimov publicado en octubre de 1956 en la revista Fantastic Universe. La historia sigue a Mike Donovan, un veterano en robótica, quien relata una insólita situación ocurrida en Titán, una de las lunas de Saturno. Allí, durante una misión minera, un modelo experimental de robot de la serie MA muestra un comportamiento inesperado que parece contradecir la Primera Ley de la robótica: «Un robot no puede dañar a un ser humano ni permitir, por inacción, que un ser humano sufra daño». La historia plantea una situación intrigante que desafía los principios fundamentales de la inteligencia artificial. (lecturia.org)

PRIMERA LEY

Mike Donovan contempló su vacía jarra de cerveza, se sintió aburrido, y decidió que ya había escuchado lo suficiente. Dijo en voz alta:

—Si tenemos que hablar acerca de robots poco habituales, yo conocí una vez a uno que desobedeció la Primera Ley.

Y, puesto que aquello era algo completamente imposible, todo el mundo dejó de hablar y se volvió para mirar a Donovan.

Donovan maldijo inmediatamente su bocaza y cambió de tema.

—Ayer me contaron uno muy bueno —dijo en tono conversacional— acerca de…

MacFarlane, en la silla contigua a la de Donovan, dijo:

—¿Quieres decir que sabes de un robot que causó daño a un ser humano?

Eso era lo que significaba la desobediencia a la Primera Ley, por supuesto.

—En cierto sentido —dijo Donovan—. Digo que me contaron uno acerca de…

—Cuéntanos eso del robot —ordenó MacFarlane.

Algunos de los otros hicieron resonar sus jarras sobre la mesa.

Donovan intentó sacarle el mejor partido al asunto.

—Ocurrió en Titán, hará unos diez años —dijo, pensando rápidamente—. Sí, fue en el veinticinco. Acabábamos de recibir cargamento de tres nuevos modelos de robots, diseñados especialmente para Titán. Eran los primeros de los modelos MA. Los llamados Emma Uno, Dos y Tres. —Hizo chasquear los dedos pidiendo otra cerveza, y miró intensamente al camarero—. Veamos, ¿qué viene a continuación?

—He estado metido en robótica toda mi vida, Mike —dijo MacFarlane—. Nunca he oído hablar de ninguna serie MA.

—Eso se debe a que retiraron todos los MA de las cadenas de montaje inmediatamente después…, inmediatamente después de lo que voy a contaros. ¿No lo recordáis?

—No.

Apresuradamente, Donovan continuó:

—Pusimos inmediatamente a los robots a trabajar. Entendedlo, hasta entonces, la base era completamente inutilizable durante la estación de las tormentas, que dura el ochenta por ciento del período de revolución de Titán en torno a Saturno. Durante las terribles nevadas, no puedes encontrar la base ni siquiera aunque estés tan sólo a cien metros de ella. Las brújulas no sirven para nada, puesto que Titán no posee campo magnético.

»La virtud de esos robots MA, sin embargo, era que estaban equipados con vibrodetectores de un nuevo diseño, de modo que podían trazar una línea recta hasta la base a través de cualquier cosa, y eso significaba que los trabajos de minería podían proseguir durante todo el período de revolución. Y no digas una palabra, Mac. Los vibrodetectores fueron retirados también del mercado, y es por eso por lo que ninguno de vosotros ha oído hablar de ellos. CONTINUAR LEYENDO

sábado, 27 de junio de 2026

"ESPAÑA, APARTA DE MÍ ESTE CÁLIZ (XIV)". Un poema de César Vallejo

Niños del mundo,
si cae España —digo, es un decir—
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!

¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra madre con sus férulas,
está madre y maestra,
cruz y madera, porque os dio la altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!

Si cae —digo, es un decir— si cae
España, de la tierra para abajo,
niños ¡cómo vais a cesar de crecer!
¡cómo va a castigar el año al mes!
¡cómo van a quedarse en diez los dientes,
en palote el diptongo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el corderillo a continuar
atado por la pata al gran tintero!
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto
hasta la letra en que nació la pena!

Niños,
hijos de los guerreros, entre tanto,
bajad la voz que España está ahora mismo repartiendo
la energía entre el reino animal,
las florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la voz, que está
en su rigor, que es grande, sin saber
qué hacer, y está en su mano
la calavera, aquella de la trenza;
la calavera, aquella de la vida!

¡Bajad la voz, os digo;
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto
de la materia y el rumor menos de las pirámides, y aun
el de las sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el aliento, y si
el antebrazo baja,
si las férulas suenan, si es la noche,
si el cielo cabe en dos limbos terrestres,
si hay ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a nadie, si os asustan
los lápices sin punta, si la madre
España cae —digo, es un decir—,
salid, niños, del mundo; id a buscarla!…

Cesar Vallejo

miércoles, 24 de junio de 2026

"¿NOS DEFINEN LOS LIBROS QUE LEEMOS?: LA IDENTIDAD LECTORA Y LA IDENTIDAD PERSONAL". Alberto Escalante Varona (Universidad de La Rioja), Theconversation.com

En cuanto a gustos lectores, no hay nada establecido. Si leemos, es probable que hablemos de lo que leemos (y de lo que no leemos). Ello parece transmitir qué nos interesa y, muchas veces, asumimos que representa quiénes somos.

Además, en determinados contextos, la presión social nos obliga a opinar. Entrar en las conversaciones culturales públicas sobre literatura requiere tomar partido. Ponemos sobre la mesa nuestra ideología, creencias y pensamiento. Y, lamentablemente, este puede ser un terreno fértil para que florezcan los prejuicios.

Por ejemplo, estoy leyendo un libro sobre la guerra civil española. Mucha gente puede pensar que al hacerlo es porque coincido con la forma que tiene el autor de entender este conflicto, que comparto su ideología. Pero… ¿y si lo hago porque quiero conocer otro punto de vista? ¿Para poder corregirlo, refutarlo o, incluso, incorporarlo al mío?
Dos identidades

Entonces, ¿"somos lo que leemos"? Lo complejo es definir la idea misma de “quiénes somos”. Y ahí reside la confusión: en equiparar “interés” con “ideología”, y en entender que “identidad” es sinónimo de lo que pensamos, no tanto de lo que podríamos llegar a pensar.

Definir qué es la identidad es complejo. A grandes rasgos, es un concepto que se refiere a la perspectiva que tenemos de nosotros mismos como personas. Es decir: nuestros valores, gustos, sentimientos, actitudes individuales y sociales.

La identidad lectora deriva de esto. Puede definirse como la forma en la que nos vemos como lectores: qué ideas y sentimientos nos produce leer, y qué valores y usos le asignamos. Y se basa necesariamente en nuestras prácticas. ¿Qué nos gusta leer y qué no? ¿En nuestros círculos sociales se aceptan esos libros? ¿Qué parte de esa identidad es privada y cuál proyectamos hacia los demás?

Tenemos que tener en cuenta que leer es una acción consciente: para hacerlo, debemos tener predisposición a coger un libro y dedicarle parte de nuestras horas. En un sentido práctico, leemos aquello en lo que nos interesa emplear nuestro limitado tiempo libre.

Sin embargo, la lectura no es solo eso. Implica una curiosidad que determina qué queremos aprender, aunque el tema o el enfoque no encaje con nuestras ideas previas. En ese caso podemos hablar de que tenemos predisposición para coger ese libro, no solo en sentido práctico sino también intelectual.

Igualmente, qué leemos está cada vez más limitado por nuestro entorno mediático. Creemos que lo que encontraremos en él mostrará qué piensan otros, cómo reaccionan, cómo actúan. Pero las redes sociales funcionan antes como “cámara de eco” masiva y descontrolada que como vía de acceso a un conocimiento variado y múltiple. Esto nos encierra en un bucle continuo de autoafirmación. También los medios de comunicación que consumimos consolidan nuestras ideas, sin darnos opción a que recibamos otros puntos de vista. La “cámara de eco” sustituye a la “burbuja de conocimiento”: no ignoramos involuntariamente otras voces, sino que las excluimos activamente.

Por eso, conviene reflexionar sobre si nuestro entorno refleja identidades auténticas o “fachadas”. ¿Es más importante establecer “qué leemos” o “para qué leemos”?
El autor no es nadie sin el receptor

A partir de los años 60 del siglo XX, autores como Roland Barthes y Michel Foucault defendieron la “muerte del autor”. Según ellos, una obra literaria tiene el sentido que los lectores le asignamos, más que el original que le dio su escritor. El escritor Umberto Eco, de hecho, aseguraba que toda obra tiene un “lector modelo”. El autor escribe condicionado por quién va a leer su texto y podrá entenderlo: la literatura se sostiene principalmente sobre interpretaciones externas.

Actualmente, este punto de vista se ha “suavizado” bastante. Es cierto que el valor de una obra literaria depende mucho de cómo se recibe. Pero también que un autor puede escribir con una intención personal, no solo limitado por el contexto y las expectativas. No está tan “muerto” como parecía.

La estética de la recepción parte de estas ideas para ampliarlas. Como lectores, relacionamos los textos que leemos con otros que ya conocemos. Así, nuestra identidad lectora establece un “horizonte” de expectativas. El contenido

del texto conectará con ellas y condicionará cómo lo vamos a entender y analizar. No somos agentes “pasivos”, que solo recibimos lo que un autor nos dice. Al contrario, somos miembros “activos” de la conversación literaria.

¿Y qué tiene que ver esto con la identidad? Mucho, en realidad. Porque las expectativas previas nos empujan a querer leer lo que nos interesa. Pero ¿nos interesa solo lo que coincide con nuestro punto de vista, o nuestro “horizonte” es más amplio?

Aquí se juntan dos perspectivas. La primera, que cuantos más puntos de vista adquiramos, más complejas serán las conexiones que podamos establecer entre ellos. Y la segunda, que esto forma parte de nuestra identidad lectora, basada no tanto en qué queremos leer como en que queremos leer. Confundir esas definiciones limita enormemente la riqueza de esta forma de acceder al conocimiento.

La única conformidad de la que partimos es la de leer como acto, no la que podamos tener, o no, con el contenido de lo que leemos.

Cómo entrenar nuestra identidad lectora

Las cámaras de eco preocupan en diferentes ámbitos: la política, la prensa, el entorno familiar. Pero también, y especialmente, en educación. Por ello se busca fomentar la capacidad de los alumnos de decidir autónomamente qué leer, guiándoles para que compartan sus experiencias lectoras.

El objetivo es que ya desde niños desarrollemos la identidad lectora: leer por ocio se debe mezclar con el análisis de otros textos para que, tras trabajar con lo que nos interese, podamos ir ampliando nuestros intereses hacia nuevos libros.

Y esto también se aplica al público adulto. Varios estudios sostienen que las actitudes y valores se estabilizan en torno a los 18-25 años. Pero eso no significa que la inquietud cultural se estanque. Al contrario, puede mantenerse en el tiempo si seguimos abiertos a conocer otras opiniones, aunque no las incorporemos.

Compartir ideas y contrastarlas enriquece el aprendizaje, infantil o adulto. Poco podremos avanzar si nuestra propia postura no es crítica, si nos enrocamos en una única visión sobre los temas de los que conversamos, si culturalmente adoptamos bandos, no posiciones fundamentadas. En definitiva, si nuestra identidad lectora solo coincide con una concepción limitada de nuestra identidad personal.

Por eso es bueno educar con predisposición a conocer lo nuevo, a mantener la curiosidad intelectual que debe sostener el hábito práctico de leer.

domingo, 21 de junio de 2026

"EL SECRETO DEL BARRANCO DE MACARGER". Un cuento de Ambrose Bierce

Al noroeste de Indian Hill, a unas nueve millas en línea recta, se encuentra el barranco de Macarger. No tiene mucho de barranco, pues se trata de una mera depresión entre dos sierras boscosas de una altura considerable. Desde la boca hasta la cabecera, porque los barrancos, como los ríos, tienen una anatomía propia, la distancia no es superior a las dos millas, y la anchura en el fondo sólo rebasa en un punto las doce yardas; durante la mayor parte del recorrido, a ambos lados del pequeño arroyo que fluye por él en invierno y se seca al llegar la primavera, no hay terreno llano. Las escarpadas laderas de las colinas, cubiertas por una vegetación casi impenetrable de manzanita y chamiso, no tienen otra separación que la de la anchura del curso del río. Nadie, a no ser un ocasional cazador intrépido de los contornos, se aventura a meterse en el barranco de Macarger que, cinco millas más adelante, no se sabe ni qué nombre tiene. En esa zona, y en cualquier dirección, hay muchos más accidentes topográficos notables que no tienen nombre y resultaría vano intentar descubrir, preguntando a los lugareños, el origen del nombre de éste.

A medio camino entre la cabecera y la desembocadura del barranco de Macarger, la colina de la derecha según se asciende está surcada por otro barranco, corto y seco, y donde ambos se unen hay un espacio llano de unos dos o tres acres, en el que hace unos cuantos años había un viejo albergue con una sola habitación. Cómo habían sido reunidos los materiales de aquella casa, pocos y simples como eran, en aquel lugar casi inaccesible, es un enigma en cuya solución habría más de satisfacción que de beneficio. Posiblemente el lecho del arroyo sea un camino en desuso. Es seguro que el barranco fue explorado en otra época con bastante minuciosidad por mineros, que debieron de conocer algún medio de entrar, al menos, con animales de carga para transportar las herramientas y los víveres. Al parecer, sus beneficios no fueron suficientes para justificar una inversión considerable y enlazar el barranco de Macarger con cualquier centro civilizado que disfrutara del honor de tener un aserradero. La casa, sin embargo, estaba allí; la mayor parte de ella. Le faltaba la puerta y el marco de una ventana, y la chimenea de barro y piedras se había convertido en un rimero desagradable sobre el que crecía una espesa maleza. El humilde mobiliario que pudiera haber habido y la mayor parte de la baja techumbre de madera había servido como combustible en los fuegos de campamento de los cazadores; cosa que también debió de ocurrirle a la cubierta del viejo pozo que, en la época de la que escribo, se abría allí bajo la forma de un hoyo cercano, no muy profundo pero bastante ancho.

viernes, 19 de junio de 2026

Como tú, un poema de León Felipe musicado por Paco Ibáñez.


COMO TÚ...

Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera...

jueves, 18 de junio de 2026

"TIZA, PLÁTANOS Y LIBROS NUEVOS". Najat El Hachmi, El País

No hay nada más falso que la idea de que los profesionales de la educación son simples trabajadores que van a hacer su jornada como el que va a apretar tuercas o a vender camisetas

El grupo se había ido ya hacia el aula después de la actividad en la que había participado, pero un par de niñas se quedaron rezagadas, acercándose tímidamente a la maestra, que estaba de baja desde hacía unas semanas y había vuelto al centro para una gestión. Estaban ahí de pie a su lado, sin decir nada. La docente parecía adivinarles el pensamiento: ¿qué? ¿Que cuándo vuelvo? Y las niñas, arrimándose más aún a la mujer, asintieron. En sus rostros se podía leer una expresión de anhelo, casi de súplica. Con el cuerpo y los ojos y ese silencio parecían gritar: ¡queremos que vuelvas ya! Ese afecto genuino y real, tan profundo, solo se tiene a los maestros que establecen un vínculo sólido con los alumnos. Al observar a las niñas me acordé de inmediato del maestro republicano de La lengua de las mariposas, por el que lloré en su día como si hubiera sido el mío. Y un poco lo es, si pensamos en la genealogía de la buena educación, la educación que ve en todos los alumnos a seres humanos que deben recibir la letra no con sangre sino con amor y buen trato, con rigor y disciplina, pero respeto y cariño.

En otro colegio me preguntaron si recordaba mi primer día de colegio y al instante me vino el olor de Eugènia, que nos acogió en su aula de primero de EGB a mi mellizo y a mí, yo con el pelo áspero del río salado del que sacábamos el agua y la piel quemada por el sol rifeño, mi hermano con la cabeza rapada como era costumbre en el campo para evitar piojos y demás parásitos. Éramos unos moritos que venían del fin del mundo, pero Eugènia nos abrazó (o eso recuerdo yo), y ahora siempre que pienso en ella en la nariz se me hace presente esa extraña mezcla de tiza y plátano. Y luego el olor de los libros nuevos, indescifrables entonces. Así que no hay nada más falso que la idea de que los profesionales de la educación son simples trabajadores que van a hacer su jornada como el que va a apretar tuercas o a vender camisetas. Son las personas adultas más importantes en la vida de cualquier niño después de los padres, la segunda figura con la que establecemos vínculos sólidos y de confianza. Y que echamos de menos cuando están de baja o se van a otra escuela. También los echamos de menos cuando el sistema no les deja enseñar en condiciones, con aulas hacinadas, burocracia y sueldos bajos. Por todo esto, no es de extrañar que a las manifestaciones de los docentes se unan personas que no lo son. Defender sus derechos es defender los derechos de nuestros hijos y honrar la memoria de los buenos maestros que tuvimos.

lunes, 15 de junio de 2026

"UNA MUJER RESPETABLE". Un cuento de Kate Chopin.

La señora Baroda se molestó un poco al enterarse de que su esposo había invitado a su amigo Gouvernail a pasar una o dos semanas en la plantación. Durante el invierno, habían invitado y recibido a mucha gente y también habían pasado gran parte del tiempo en Nueva Orleáns, sumidos en una variada y suave disipación. Ahora, cuando ya estaba ansiosa por entrar en un periodo de descanso ininterrumpido y en un calmado tête-a-tête con su esposo, él le informaba que Gouvernail vendría a pasar una semana o dos en la plantación.

Era un hombre de quien había oído hablar mucho pero al que nunca había visto. Había sido compañero de universidad de su esposo; ahora era periodista pero no se trataba de ningún modo de un hombre de sociedad ni de un individuo popular, razones, quizás, por las que nunca lo había conocido. Sin embargo, se había formado inconscientemente una imagen de él.

Lo había imaginado alto, delgado y cínico; con anteojos y las manos siempre entre los bolsillos, y esa imagen no le gustó. En realidad, Gouvernail resultó ser un hombre delgado, pero no era alto y no era demasiado cínico; tampoco usaba anteojos ni llevaba las manos metidas en los bolsillos. Y cuando él se presentó por primera vez, a ella le gustó bastante.

Aún así, cuando intentó hacerlo, no pudo explicarse de manera totalmente satisfactoria por qué le había gustado. No consiguió descubrir en él ninguno de aquellos brillantes y prometedores rasgos que Gaston, su esposo, le había asegurado con tanta insistencia que poseía. Por el contrario, Gouvernail permaneció sentado, en silencio y en actitud receptiva hacia la parlanchina ansiedad con la que ella se esforzaba para hacerlo sentir en casa, y la elocuente hospitalidad de Gaston. Los modales de Gouvernail hacia ella resultaron tan corteses como los que podía reclamar la más exigente de las damas, pero no hizo ningún esfuerzo evidente por buscar su aprobación y ni siquiera su estima.

Una vez acomodado en la plantación, a Gouvernail parecía gustarle sentarse en el amplio pórtico sombreado de uno de los grandes pilares corintios, fumando su cigarro sin ningún afán y escuchando con atención el relato de la experiencia de Gastón como plantador de caña de azúcar.

–Esto es lo que yo llamo vida –murmuraba con profunda satisfacción; mientras que el aire que barría el sembrado de caña lo acariciaba con ese roce aterciopelado, cálido y aromático.

También le gustaba tratar con familiaridad a los grandes perros que se le acercaban y se frotaban amistosamente contra sus piernas. No le gustaba ir a pescar y no mostraba ningún afán por salir a cazar pinzones cuando Gastón se lo proponía.

La personalidad de Gouvernail desconcertaba a la señora Baroda, pero aún así le gustaba. En efecto, se trataba de un hombre adorable e inofensivo. Sin embargo, al cabo de varios días, cuando no logró comprenderlo mejor que al principio, dejó de sentirse desconcertada y empezó a estar irritada. Con ese estado de ánimo, dejaba solos, la mayor parte del tiempo, a su esposo y a su invitado. Sin embargo, al ver que Gouvernail no adoptaba ningún comportamiento excepcional frente a sus actos, decidió imponerle su presencia, acompañándolo en sus indolentes paseos hasta el molino y en sus caminatas por la elevada orilla del río. Buscaba con persistencia penetrar la circunspección en la que él se envolvía inconscientemente. CONTINUAR LEYENDO

domingo, 14 de junio de 2026

"LA SEGUNDA VENIDA / EL SEGUNDO ADVENIMIENTO". Un poema de W. B. Yeats

“La Segunda Venida"

Girando y girando en el creciente círculo
El halcón no puede oír al halconero;
Todo se deshace; el centro no puede sostenerse;
Mera anarquía es desatada sobre el mundo,
La oscurecida marea de sangre es desatada, y en todas partes
La ceremonia de la inocencia es ahogada;
Los mejores carecen de toda convicción, mientras los peores
Están llenos de apasionada intensidad.

Seguramente alguna revelación está cerca;
Seguramente la Segunda Venida está cerca.
¡La Segunda Venida! Apenas pronunciadas esas palabras
Cuando una vasta imagen del Spiritus Mundi
Inquietó mi vista: en algún lugar en las arenas del desierto
Una forma con cuerpo de león y cabeza de hombre,
Una mirada vacía y despiadada como el sol,
Mueve sus pausados muslos, mientras por doquier
Circundan las sombras de las indignadas aves del desierto.
La oscuridad cae de nuevo; pero ahora sé
Que veinte siglos de un pétreo sueño
Fueron contrariados hasta la pesadilla por el mecer de una cuna,
¿Y qué tosca bestia, cuya hora llega al final,
Cabizbaja camina hacia Belén para nacer?

«El segundo advenimiento»

Dando vueltas y vueltas en la espiral creciente
no puede ya el halcón oír al halconero;
todo se desmorona; el centro cede;
la anarquía se abate sobre el mundo,
se suelta la marea de la sangre, y por doquier
se anega el ritual de la inocencia;
los mejores no tienen convicción, y los peores
rebosan de febril intensidad.

Una revelación se aproxima;
se aproxima el Segundo Advenimiento.
¡El Segundo Advenimiento! Lo digo,
y ya una vasta imagen del Spiritus Mundi
turba mi vista; allá en las arenas del desierto
una figura con cuerpo de león y cabeza de hombre,
una mirada en blanco y despiadada como el sol,
mueve sus lentos muslos, y en rededor planean
sombras de airadas aves del desierto.
Cae la oscuridad de nuevo, mas ahora sé
que a veinte siglos de obstinado sueño
los meció una pesadilla en su cuna,
¿y qué escabrosa bestia, llegada al fin su hora,
se arrastra hasta Belén para nacer?

viernes, 12 de junio de 2026

"LEER Y ESCRIBIR PUEDE REDUCIR EL RIESGO DE DEMENCIA EN CASI UN 40%". Andrew Gregory (editor de salud), The Guardian

Las inversiones públicas que amplían el acceso a entornos
enriquecedores como las bibliotecas podrían contribuir a reducir
la incidencia de la demancia, afirmó el autor del estudio

La salud cognitiva en la edad adulta está "fuertemente influenciada" por la exposición permanente a entornos intelectualmente estimulantes, afirman los investigadores.

Leer, escribir y aprender uno o dos idiomas puede reducir el riesgo de padecer demencia en casi un 40%, según un estudio que sugiere que millones de personas podrían prevenir o retrasar la enfermedad.

La demencia es una de las mayores amenazas para la salud mundial. Se prevé que el número de personas que la padecen se triplique hasta superar los 150 millones a nivel mundial para 2050, y los expertos afirman que representa una amenaza grave y en rápido crecimiento para los futuros sistemas de salud y asistencia social en todas las comunidades, países y continentes.

Investigadores estadounidenses descubrieron que realizar actividades intelectualmente estimulantes a lo largo de la vida, como leer, escribir o aprender un nuevo idioma, estaba asociado con un menor riesgo de padecer Alzheimer, la forma más común de demencia, y un deterioro cognitivo más lento.

La autora del estudio, Andrea Zammit, del Centro Médico de la Universidad Rush en Chicago, dijo que el descubrimiento sugiere que la salud cognitiva en la edad adulta está "fuertemente influenciada" por la exposición durante toda la vida a entornos intelectualmente estimulantes.

Nuestros hallazgos son alentadores, ya que sugieren que participar de forma constante en diversas actividades que estimulen la mente a lo largo de la vida puede marcar la diferencia en la cognición. Las inversiones públicas que amplían el acceso a entornos enriquecedores, como bibliotecas y programas de educación temprana diseñados para fomentar el amor por el aprendizaje a lo largo de la vida, pueden ayudar a reducir la incidencia de la demencia.

Los investigadores dieron seguimiento a 1939 personas con una edad promedio de 80 años que no presentaban demencia al inicio del estudio. Se les realizó un seguimiento promedio de ocho años. Los participantes completaron encuestas sobre actividades cognitivas y recursos de aprendizaje durante tres etapas.

El enriquecimiento temprano, antes de los 18 años, incluía la frecuencia con la que se les leía y se les leían libros, el acceso a periódicos y atlas en el hogar y el aprendizaje de un idioma extranjero durante más de cinco años.

El enriquecimiento en la mediana edad incluía el nivel de ingresos a los 40 años, los recursos del hogar como suscripciones a revistas, diccionarios y tarjetas de biblioteca, y la frecuencia de actividades como visitar un museo o una biblioteca. El enriquecimiento en la tercera edad, a partir de una edad promedio de 80 años, incluía la frecuencia de lectura, escritura y juegos, y los ingresos totales provenientes de la seguridad social, la jubilación y otras fuentes.

En total, 551 participantes desarrollaron la enfermedad de Alzheimer y 719 desarrollaron deterioro cognitivo leve (DCL) durante el estudio, que se publicó en Neurology, la revista médica de la Academia Estadounidense de Neurología.

Los investigadores compararon a quienes presentaban el mayor nivel de enriquecimiento cognitivo (el 10 % superior) con quienes presentaban el nivel más bajo (el 10 % inferior). Entre quienes presentaban el nivel más alto, el 21 % desarrolló Alzheimer. Entre quienes presentaban el nivel más bajo, la cifra fue del 34 %.

Después de ajustar factores como la edad, el sexo y la educación, los investigadores encontraron que las puntuaciones más altas en enriquecimiento de la vida estaban asociadas con un riesgo 38% menor de enfermedad de Alzheimer y un riesgo 36% menor de deterioro cognitivo leve (DCL).

Las personas con el mayor enriquecimiento a lo largo de su vida desarrollaron la enfermedad de Alzheimer a una edad promedio de 94 años, en comparación con los 88 años de quienes tenían el nivel más bajo de enriquecimiento, es decir, un retraso de más de cinco años.

Los investigadores descubrieron que las personas con el mayor enriquecimiento a lo largo de su vida desarrollaron deterioro cognitivo leve a una edad promedio de 85 años, en comparación con los 78 años de quienes tenían el nivel más bajo de enriquecimiento, un retraso de siete años.

Los investigadores también analizaron a los participantes que fallecieron durante el estudio y se les realizó una autopsia. El estudio halló que quienes tenían un mayor enriquecimiento vital tenían mejor memoria y habilidades de pensamiento, así como un deterioro más lento antes de morir.

Una limitación fue que los participantes informaron detalles sobre sus experiencias en la primera infancia y la mediana edad más tarde, por lo que podrían no recordar todo con precisión. El estudio tampoco demostró que el aprendizaje permanente reduzca el riesgo de demencia, ya que solo mostró una asociación.

La Dra. Isolde Radford, directora de políticas de Alzheimer's Research UK, que no participó en el estudio, dijo que los hallazgos resaltaron que la demencia no era una parte inevitable del envejecimiento.

“Esta nueva investigación demuestra que mantenerse mentalmente activo a lo largo de la vida puede reducir el riesgo de padecer Alzheimer en casi un 40%”, afirmó. “Esto refuerza lo que ya sabemos sobre las medidas preventivas que las personas pueden tomar para reducir el riesgo de desarrollar demencia”.

"MI AMOR DESGRACIADO". Lola López Mondejar (2010), Madrid, Siruela

Sinopsis: Cuando el azar entrecruza sus vidas, las protagonistas de esta novela no pueden prever que un suceso terrible está a punto de transformarlas. ¿Qué angustia consume a Hélène? ¿Qué acontecimientos provocaron la decisión de la mujer que la observa? Sus historias esconden oscuras coincidencias. Las dos sufren una metamorfosis cuyas cicatrices las acompañarán siempre. Viven en una misma calle de París y, a su modo, una y otra son extranjeras. Cada día, Hélène arrastra a sus hijos al colegio sin reparar en ellos, su mirada se pierde en un horizonte invisible que sólo ella conoce. La otra mujer la sigue con curiosidad desde su ventana, ha abandonado a su marido y a su hija en un doloroso esfuerzo por buscarse a sí misma. ¿Qué une a estas dos mujeres? ¿Qué las separa? ¿Son la pasión sexual y el amor materno sentimientos incompatibles? ¿Quieren siempre las madres a sus hijos con una entrega sin ambivalencias?

Algunas citas:
  • A menudo he pensado que los hijos no soportan ver a una madre que desea el mundo, que no los tiene a ellos en el punto fijo de su mirada. La prefieren divina, como esa madonna de Rafael, como todas las madonnas, por otra parte; una madre sin historia, atemporal, sin pasado ni futuro, a quien uno puede solicitar todo cuanto necesita, sabedor de que ella, la madre divina, procurará complacerlo. Pero ¿a quién recurre la madre? Página 150
  • Sus mensajes son fríos, nada que ver con esas largas confidencias de entonces, cuando todavía representaba para ella la encarnación de esa madonna eterna, y podía recurrir a mí como si formase parte de su propio cuerpo, sin cuestionarse para nada mi identidad, rechazando incluso que la mostrase. Está herida esa criatura, se resiste a aceptar que no existe en la tierra nadie que la coloque por encima de sus propias necesidades, y me acusa de algún modo por haberla defraudado, por ser el vocero de esa verdad. Página 150
  • Reconocer el anhelo de protección no es estar dispuesta a inventar un objeto con el que llenar la fuente de la que el anhelo parte. Y yo no voy a inventarlo. Miro las vírgenes que se representan en los cuadros que posee o en los numerosos catálogos que pueblan los estantes de su casa, y comprendo. Eso es todo. ¿Quién no encontraría consuelo creyendo en un amor semejante? El dulce invento del amor maternal, infinito, a prueba de desalientos. Página 202
  • Cuando se prueba el odio no se puede dejar de gozar de él, es una droga el odio. Te hace fuerte. Página 218
  • El amor maternal es un invento de los hombres, se lo digo yo, son los hombres quienes necesitan creer que les amamos por encima de nosotras mismas, sólo ellos. A la larga, las mujeres llegamos a saber qué es una madre, la amalgama de sentimientos que se esconden tras sus cuidados, la muerte de nosotras mismas que comporta; los hombres no. Nunca podrán saberlo. Página 219

jueves, 11 de junio de 2026

"LAS MUÑECAS". Un cuento de Juan Rodolfo Wilcock

Es un gran armario de madera de nogal, simple, vertical, al mismo tiempo pesado y elegante, casi un símbolo de la digna estabilidad; por otra parte está siempre cerrado. Por dentro, el armario está dividido con estantecitos, y en cada uno de estos estantes vive una escritora; en realidad son las viejas muñecas que se volvieron escritoras solamente por obra de la inacción, la oscuridad y el aburrimiento. Por esa razón todas llevan trajes coloridos, a menudo los trajes de alguna región o provincia, y la cabeza ligeramente desproporcionada respecto al cuerpo, demasiado aplanada, demasiado en punta o simplemente demasiado voluminosa; salvo una poetisa que la tiene pequeñísima, y esto hace reír mucho a las demás, como si tener la cabeza pequeña fuese más gracioso que tenerla grande.

De todas formas, y como el armario no se abre nunca, y los estantes no permiten otra comunicación que la habitual entre los presos, por medio de golpecitos dados en un sistema convencional, poco a poco casi todas las muñecas se han dedicado a la literatura, y así se volvieron novelistas, poetas, críticas literarias, críticas teatrales y consultoras de editoriales. Allí dentro todo es un continuo repiqueteo: cada una quiere hacer oír a las otras sus propias obras. Pero éstas son, de más está decirlo, obras de muñecas. Está la novelista con gafas que después de diez años de trabajo consiguió escribir esta novela, titulada Huelga: "Hacía frío. Los obreros hacían huelga. Sobre el más frío el más joven murió de huelga". Está la dramaturga de vanguardia que cada año presenta la misma comedia en un acto, titulada El otro: "ANA: Dame un beso, Edgardo. EDGARDO: No puedo, amo a otro". Está la chica teatral que cada semana redacta su veredicto: "Brava la Breva en el papel de Briva". Y está la poetisa de la cabeza pequeña, la más prolífica de todas, que una vez al mes rehace, cambiando la rima, la misma lírica:

Pobres
los
Pobres.

En la oscuridad, convencidas de su importancia, las muñecas de la cabeza desproporcionada se mueven, toman posturas, amenazan a los gobiernos extranjeros si éstos quisieran seguir persistiendo en el error, y pasan todo el día transmitiéndose sus propias composiciones. En vano, porque ninguna de ellas quiere escuchar lo que escriben las otras, y por otra parte no todas manejan el mismo sistema convencional de golpecitos, así que sus esfuerzos caen inexorablemente en el vacío. A veces alguien se acerca al armario cerrado, acerca la oreja a las puertas de nogal, y comenta: "¡Pero este armario está lleno de ratones!" Por eso nadie quiere abrirlo.

FIN

miércoles, 10 de junio de 2026

UN POEMA DE JORGE REICHMANN seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

No es la primera vez que comparto un poema del poeta, filósofo y ensayista Jorge Riechmann, pero lo traigo aquí de nuevo por razones no solo poéticas sino políticas. Hace unos días ha quedado visto para sentencia el juicio de tres de los activistas contra el cambio climático que en 2019 bloquearon pacíficamente un puente del Paseo de la Castellana y para los que la Fiscalía pide una pena de diez meses de cárcel. Uno de los acusados es Jorge Riechmann. En su defensa comparto un poema perteneciente al libro ‘Mudanza del isonauta’, en el que se evidencia que el compromiso público contra el calentamiento global o el alejamiento cada vez mayor de la naturaleza, a la que se valora exclusivamente en función de los recursos que produce, no puede separarse de las virtudes que hacen posible sociedades más justas y cordiales. (Andrea Villarrubia Delgado)

(para Eladio Orta
ahora que arranca en el séptimo decenio
de su vida bien vivida)

1

Y ¿qué es entonces lo más valioso, amigos,
lo verdaderamente valioso?

No esas onzas de oro ensangrentado
que en cualquier parte se pueden cambiar por cualquier mercancía

No el tiempo largo de una vida colmada de placeres
-alguien puede extraviarse en muchos años de soledad infértil

No el poder casi omnímodo de quien puede destruirlo casi todo
(y es al mismo tiempo impotente para crear casi nada)

Ni siquiera la belleza -la luna sobre el lago, el alcaudón
en la dehesa con su antifaz negro
o las caderas que dibujan su bóveda de baile enfebrecido

No, quizá lo que tiene valor
es ese puñado de palabras que pueden ser transmitidas
como una lumbre pequeña que pasa de viejas manos
a manos jóvenes, esas palabras-ascua
que no necesariamente dan respuestas, que acaso casi ninguna
dan respuestas
pero nos ayudan a entender las preguntas

2

La justicia, sí,
pero el humor y la piedad

El conocimiento
trabajoso y largo como convoy colonial, en efecto,
pero el humor y la piedad

Los derechos, quién va a cuestionar
esa reclamación de los derechos debido
aunque al hincarle el diente no resulten a la postre
tan nutritivos… Los derechos, claro

pero algo de humor
y sobre todo un poco de piedad

(qué lastima de todo el mundo,
decía la vieja señora andaluza)

JORGE RIECHMANN

martes, 9 de junio de 2026

Beatriz Martínez, psiquiatra: “En unos años, dejar a los niños con las pantallas se verá como cuando se mojaba el chupete en anís”. PABLO LINDE, El País 14 FEB 2026.

La especialista en problemas de neurodesarrollo publica ‘Manual de supervivencia para padres en la era digital’, y se muestra favorable a la prohibición de redes sociales antes de los 16 años

El Manual de supervivencia para padres en la era digital (Espasa), de la psiquiatra Beatriz Martínez, no podría publicarse en un momento más oportuno. Estará en las librerías el 18 de febrero, apenas un par de semanas después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciara su intención de prohibir las redes sociales a los menores de 16 años. El título describe bien su contenido: es una guía que muestra la evidencia científica sobre los efectos de las pantallas y las redes sociales en los menores, y ofrece pautas concretas y prácticas para abordar el fenómeno desde la experiencia de Martínez (Madrid, 40 años) como psiquiatra infantil, experta en problemas de neurodesarrollo y madre.


R. Me parece bien. Yo sí creo que hace falta una legislación. Igual que el mundo real, internet hay que legislarlo y regularlo. Pero tampoco me gustaría que fuera una manera de decir que, como no van a poder entrar en redes antes de los 16, no hay que hacer nada. Es todo lo contrario. Por eso también es muy pertinente este libro, con la idea de entrenar a padres y educadores respecto a cómo hacer esa educación digital tan necesaria a lo largo de las etapas de la vida del niño.

P. La idea es empezar la educación digital desde bebés.

R. Desde que nacen. Me espanta verles en el carrito con vídeos o juegos en el teléfono móvil. Luego está el acceso a redes sociales, pero tampoco a los 16 vamos a decir: “Bueno, ya puedes hacer lo que te dé la gana”. La idea es que puedan tener un pensamiento crítico para lo que se van a encontrar en internet, cada vez con mayor innovación: desde la inteligencia artificial hasta las fake news o los deepfakes. Van a necesitar más que nunca cuestionarse aquello que ven.

P. Hay estudios que muestran una correlación: cuanto antes empieza el uso de redes, peor es la salud mental.

R. Sí. Sabemos que aquellos que tuvieron un smartphone con acceso libre a contenidos de redes e internet antes de los 15 años, tenían peores indicadores de salud mental. Y además indicadores graves. No solo hablamos de síntomas como ansiedad o depresión, sino también de ideación autolítica, intentos autolíticos y autolesiones.


R. Tiene una lógica. Algunos países se han decantado por los 15, probablemente por estos estudios. En España, los 16 coinciden con otros hitos: el consentimiento sanitario, la conducción de ciclomotores. Legalmente acompaña y resulta coherente.

P. Aunque haya una regulación y una edad fija, en el libro insiste en que cada adolescente requiere de un acompañamiento personalizado.

R. Claro, como en otras cosas. Va a haber adolescentes que necesiten límites más duros, más estrictos. Eso pasa también con las normas de casa. A veces comparo el acceso a internet con las salidas sociales del día a día. Según vas creciendo, haces salidas más autónomas y menos supervisadas. La clave en el mundo de internet sería la misma. Tenemos que preparar a niños y niñas para que el día de mañana accedan a la tecnología de manera segura. Si no les educamos y no les acompañamos, no van a saber hacerlo por muchos 16 años que tengan.

P. ¿Qué problemas puede dar una exposición temprana y descontrolada?

R. Se habla mucho del tiempo y de lo adictivo: el scroll infinito, los vídeos cortos que te enganchan. Eso es un problema, sí, pero la realidad es más amplia. Los algoritmos enseñan aquello en lo que te quedas, y te quedas en lo que despierta una emoción, cuanto más extrema, mejor. Si estás en una etapa de crisis, como la adolescencia, emociones polarizadas como el enfado o la tristeza generan más reacción. Si además te expones a contenidos no adecuados para tu edad —incluido acceso a imágenes para adultos—, el algoritmo seguirá ofreciéndote más de eso.

P. A su consulta llegan casos graves vinculados a internet.

R. Me gusta compararlo con la construcción de un puente. La genética serían los planos; hay puentes más vulnerables que otros. Si pasan pocos coches, no pasa nada. Pero si metes más tráfico, algunos puentes se caen. Las redes sociales pueden ser ese tráiler adicional. Quienes tienen mayor vulnerabilidad biológica, pueden verse más afectados. Para algunos es un tsunami.

P. También hay una parte positiva.

R. Sí. Antes, si te gustaba el anime o el manga y en tu entorno eras “el raro”, te sentías aislado. Gracias a internet puedes encontrar comunidades, compartir intereses, incluso tu arte. También en colectivos vulnerables, como el LGTBI, puedes encontrar apoyo si en casa no siempre se entiende tu realidad.

P. ¿Sería una solución crear móviles para adolescentes o redes sociales capadas que mostrasen solo cierto tipo de contenidos?

R. Sí. Igual que un adolescente puede conducir un ciclomotor que no alcanza 200 kilómetros por hora, ¿por qué no dispositivos que no permitan acceder a todo? Incluso de fábrica. Muchos padres ponen controles parentales, pero los adolescentes saben saltárselos. ¿Por qué no tener algo que no se pueda tunear? Que no puedas marcar la pestañita de “tengo más de 18 años” porque simplemente no se abre esa página.

P. Más allá de los límites tecnológicos, insiste en hablar con los hijos.

R. Claro. Si tú dices “eso es una chorrada”, se acabó la comunicación. Pero si preguntas por qué le interesa ese contenido, qué le quiere vender un influencer, qué gana esa persona, abres diálogo. Si tu hijo te cuenta algo, ya es positivo. El problema es cuando no te cuenta nada.

P. Antes de las redes, está el acceso al dispositivo en sí. Propone un calendario progresivo.

R. Sí, para dar una oportunidad de hacer un uso compartido de la tecnología. Me parece terrible que un niño de uno o dos años esté solo con una tablet. Hay pérdida de oportunidad. El cerebro necesita entorno, interacción. Hay momentos del desarrollo que no se pueden recuperar. Igual que si no detectas una sordera antes de los cinco años el niño no hablará, hay adquisiciones emocionales y vinculares que se dan en etapas concretas. Hemos visto niños con retraso en el lenguaje por exceso de pantallas que, al retirarlas, avanzan sin problema médico alguno. Igual que hoy nos parecería una burrada mojar el chupete en anís para que el niño duerma, dentro de unos años veremos igual dejarles pegados a una pantalla.


R. No antes de 14 o 15 años. Y aun así, con limitaciones. No entiendo que con 14 años tengas datos ilimitados para acceder a cualquier cosa fuera de casa. En cuanto a tablets individuales, antes de los diez años ningún niño debería tener una. Otra cosa es un uso compartido y puntual, como ver una película en un viaje largo. El problema es el consumo individual de aplicaciones diseñadas para enganchar, con mucha reacción en poco tiempo y experiencias que no se acaban nunca.

P. Usted con su hija firmará un contrato cuando le dé un dispositivo.

R. Me parece una manera fácil de ordenar la conversación y que quede claro qué se acuerda. Además, permite renegociar. No es lo mismo el uso a los 14 que a los 17. También deja claro que el dispositivo no es del niño, aunque sea un regalo. El dispositivo está en la casa y son los padres quienes ponen límites. En el contrato se puede acordar cuándo se usa, para qué, a qué contenidos se accede y qué consecuencias habrá si no se cumple. Consecuencias no significa castigo, pero todos necesitamos límites para crecer.

lunes, 8 de junio de 2026

"DESPUÉS DE LOS LOBOS". Un cuento de Liliana Bodoc ("Amigos por el viento") en el que pone el acento en la "Diversidad"

Un mundo sin diferencias es tan temible como un arco iris gris.

Andan los lobos en manadas. Su ferocidad va delante de ellos, y detrás van sus sombras, estiradas por el ultimo sol del atardecer.

Primero la ferocidad, después los lobos, después las sombras; las manadas recorren los caminos del bosque.

El bosque, que los conoce bien, sabe que se acerca una muerte. Porque los lobos tienen hambre. Un hambre enorme y antigua, tal como si jamás hubieran comido: ni ellos, ni sus padres, ni sus abuelos. Con las orejas alertas, los hocicos entreabiertos y los colmillos en su sitio, la manada va en busca de su presa.

Hace tiempo y más tiempo, en la gran manada de los lobos del mundo comenzó a suceder algo extraño.

Para que no se advierta su llegada, los lobos se mueven con precaución. Tanta precaución que, más que decir que no hacen ruido, habría que decir que hacen silencio.

El bosque sabe lo que va a suceder... Tarde o temprano, los lobos hallarán un animal indefenso, lo cercarán en una rueda de ojos amarillos, y luego se abalanzarán sobre él. Un poco después, estarán aullándole a la luna para celebrar la cacería.

Van a hacerlo porque son lobos, y no ardillas, tortugas o ciervos. Y todos los lobos tienen un hambre armada de colmillos, caminan con sigilo y están enamorados de la luna.

Pero... (si no hay PERO, no hay cuento) a veces las cosas cambian. Se sacuden.

Hace tiempo y más tiempo, en la gran manada de lobos del mundo comenzó a suceder algo extraño.

Por aquí y por allá, en este bosque y en aquella pradera nacieron algunos lobos que no quisieron, no supieron o no pudieron ser iguales a todos.

No quisieron, no pudieron o no supieron... ¡Eso no es li importante! Lo que realmente importa es que aquellos lobos se aburrían de tener hambre. Solamente tener hambre. Todo el día y la vida: cazar y seguir hambrientos.

Entonces lentamente comenzaron a cambiar sus costumbres. ¡Y terminaron haciendo cosas que a ningún lobo común y corriente se le hubiese ocurrido! Por ejemplo, dejaron de mirar la luna, y empezaron a mirar con curiosidad las luces de los fuegos que encendían los hombres.

Y bien, cuando sus compañeros notaron la diferencia, se inquietaron. Mejor dicho, algunos se inquietaron. "Qué sucedía con aquellos lobos... ¿Por qué se comportaban de esa ridícula manera?"

Otros, en cambio, se burlaron. "Vean estos lobos inútiles y débiles que no quieren tener hambre todo el día".

Algunos desconfiaron: "¿Sería conveniente que aquellos lobos permanecieran cerca...? ¿Y si sus rarezas y sus tonterías eran contagiosas?"

Finalmente, otros se enfurecieron: "¡No debemos aceptar esta insolencia!" Y hasta amenazaron: "Si no se comportan igual que nosotros, recibirán un castigo".

Con el tiempo los animales que no querían, no sabían o no podían ser iguales al resto de las manadas se fueron rezagando. La inquietud, las burlas y las rabias de sus compañeros crecían cada vez más.

Entonces, un buen dia, aquí y allá, en esta pradera y en aquel bosque, ellos tomaron un nuevo camino.

Los lobos en manada continúan andando por su propio sendero. Hambrientos, orgullosos y colmilludos; caminando con sigilo para atrapar una presa, aullándole a la luna llena.

Y quizá nunca sepan lo que nosotros sabemos...

Aquellos animales que se aburrieron de tener hambre, siempre y solamente hambre, no eran inútiles, débiles o insolentes. Tenían otros sueños, eso sí. Por eso, un día cambiaron de sendero y de destino.

Ellos viven hoy más cerca de los hombres que de la luna. Y tienen los nombres que les pone el amor.


- Muy bien. Ya terminé mi pequeño cuento. ¡Vamos, Tobi, es hora de volver a casa!

domingo, 7 de junio de 2026

"VIUDA". Un poema de Sylvia Plath

Viuda. Palabra que se autoconsume:
cuerpo, hoja de periódico en el fuego,
por el aire un instante sostenida
sobre la geografía roja y cálida
que arrancará su corazón cual ojo.

Viuda. Sílaba muerta, con su sombra
de un eco, abre el resorte en el tabique
del pasado secreto: aire gastado,
recuerdos fétidos, escalinatas
mecánicas que a ningún sitio conducen…

Viuda. La amarga araña se sienta
en el centro de sus ejes resecos.
La muerte es su vestido, gorro, cuello.
El rostro del marido, blanco, inválido,
la cerca como a presa que con gusto

de nuevo mataría, verle cerca
cual rostro de papel contra su pecho,
como sus cartas conservar solía
tornándolas piel nueva, viva y cálida,
pero ahora ella es papel, y fría siempre.

Viuda: ¡estado vacío y grande! Llena
de aire traidor está la voz divina,
los arduos astros fáciles promete,
y el espacio inmortal entre los astros,
no cadáveres, flechas hacia el cielo.

Viuda, inclínanse árboles piadosos,
árboles de dolor y soledades.
Como sombras en torno al verde campo
o incluso como bocas negras ciérnense.
La viuda les semeja, es una sombra.

Las manos bien cogidas, nada en ellas.
Alma sin cuerpo que otra alma pide
en este aire sereno y no lo nota:
un alma frágil como el humo entra
en otra sin saber por dónde pasa.

Es este su temor: es el temor
de que su alma late aún y late sorda
como el ángel mariano, cual paloma
contra un cristal a todo ciega, menos
al hueco hoyo que mira y mirar debe.

sábado, 6 de junio de 2026

"SOLO UNA MIERDA QUIERE SER PROFESOR". Eliane Brum, El País

Un colegio público en Alagoinha do Piauí (Brasil)
Cómo y por qué el discurso de la extrema derecha contra la educación pública se propaga y condiciona la vida y las elecciones

El escenario es una ciudad de la Amazonia: Altamira, una de las campeonas en deforestación. Frente a las puertas de la sede de la Fundación Nacional de los Pueblos Indígenas, la agencia indigenista del Gobierno brasileño, el pasado 15 de mayo se agolpan decenas de personas. Se autodeclaran “productores rurales”. Algunos lo son y han conseguido poseer tierras por medios legales. Pero hay muchos otros que son grileiros, como se denomina a quienes roban tierras públicas, un método criminal tradicional que consiste en convertir la selva en terreno baldío con fines especulativos. En el interior, el auditorio está lleno hasta los topes para protestar contra la demarcación y el desalojo de invasores de las tierras indígenas. De repente, afuera, uno de los líderes de los terratenientes comienza un discurso informal que podría resumirse así: solo un mierda quiere ser profesor.

Los ataques de la extrema derecha contra la educación pública, las universidades y la ciencia son mundiales, basta ver las acciones de Donald Trump en su segundo mandato. Pero estamos en el interior de la selva amazónica, en una ciudad situada a unos 800 kilómetros de la capital más cercana (Belém, donde se celebró la última Cumbre del Clima de la ONU), y el ataque a la educación pública y a la figura del “profesor” se está inoculando deliberadamente en un grupo que actúa para impedir el avance de la demarcación de las tierras indígenas.

“¿Que le voy a decir a alguien que es un mierda? Hay que decir las cosas como son. El noventa por ciento de los que están en la educación pública están ahí porque no han conseguido nada en otro sitio. ¿Y quiénes son los tíos más inútiles de la universidad, los que se pasan diez años ahí y solo van a fumar porros? Pues esos son los que acaban siendo profesores. ¿Quién quiere ser profesor aquí? [y señala a uno y a otro]. Nadie quiere ser profesor. [...] Entonces van ellos e imponen su ideología”.

El ataque a la educación pública y a la figura del profesor surge a raíz de un debate sobre qué hacer con los empleados que votan al Partido de los Trabajadores (PT), el del actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva: si despedirlos o convencerlos. Los sondeos indican que, si no hay ningún giro inesperado, las elecciones presidenciales de octubre en Brasil se disputarán entre Lula, que busca la reelección, y Flávio Bolsonaro, el hijo mayor del expresidente Jair, actualmente en prisión por intento de golpe de Estado. La posibilidad de que la extrema derecha vuelva al poder es real.

En el discurso, la educación pública y los profesores son los responsables de las victorias de Lula y del PT, las victorias de la izquierda. Y, para ellos, la única forma de frenar la demarcación de tierras y abrir aún más la mayor selva tropical del planeta a la soja, la ganadería y la minería es garantizar el regreso de la extrema derecha.

Los ataques contra la educación pública y, en especial, contra la figura del profesor han sido sistemáticos a medida que avanza la extrema derecha. En 2018 fueron fundamentales para la victoria de Bolsonaro padre, en una campaña donde Paulo Freire (1921-1997), el pensador de la educación más destacado de la historia de Brasil, se convirtió en blanco más de 20 años después de su muerte. Todo indica que este discurso de odio contra la educación pública y el profesorado puede intensificarse y extenderse aún más durante el período electoral. El año pasado, varias universidades ya sufrieron ataques. En abril de 2025, en la Universidad de Brasilia (UnB), extremistas de derecha convocaron una manifestación a la que llamaron “Make UnB Free Again”, en inglés, en alusión al lema “Make America Great Again” de los seguidores de Trump.

Más que un fenómeno, el discurso de odio contra la educación pública y el profesorado, así como contra la ciencia y el conocimiento, es un proyecto, y su diseminación es deliberada. Al público se le contrapone el “espíritu emprendedor”, el tipo que crea negocios, que no depende del Estado. Claro, porque el Estado, cuando cumple su función, es el que impide que quienes difunden ese discurso se apropien, por ejemplo, de tierras públicas para obtener beneficios privados. Así, en Brasil, el empleo asalariado formal y su cartilla laboral, símbolo histórico de los derechos de los trabajadores, se atacan como si fueran “algo de pringados”. Este discurso, a pesar del esfuerzo de los profesores por mostrar la trampa que encierra esa idea, se propaga en las escuelas públicas, donde estudian los más pobres.

El conocimiento, que exige esfuerzo, se menosprecia. Nadie necesita aprender, el presunto emprendedor ya sabe. La ciencia, que anuncia el calentamiento global y, por lo tanto, exige acciones que impidan, por ejemplo, que la selva más grande del mundo se convierta en un monocultivo de soja, es una enemiga. La verdad se basa en la experiencia personal —o en el deseo— y no en los hechos. El pensamiento crítico debe eliminarse y, en su lugar, debe entrar la fe mucho más allá del ámbito religioso. Las cosas son así porque creemos que son así, no porque los hechos lo demuestren.

Por qué la extrema derecha que avanza por el mundo ha convertido la escuela, el profesorado, el conocimiento y la ciencia en enemigos políticos es obvio. Por qué las personas que la extrema derecha aniquila se adhieren en masa a lo que las aniquila es más complejo. En Brasil, una de las explicaciones de la adhesión de parte de la clase media al discurso del odio es la pérdida de la exclusividad en las universidades públicas, a raíz de los programas de acceso para los más pobres, los negros y los indígenas que pusieron en marcha principalmente los gobiernos del PT. La pérdida de la exclusividad se rechazó y, a menudo, se denunció con violencia. Una de las hipótesis es que, si en esas universidades “cualquiera puede entrar”, ya no importa entrar. Como si quienes históricamente han sido tratados como los sin valor en la sociedad brasileña, al acceder a la universidad por la vía de la democracia la devaluaran, lo que muestra lo enfermo que está este país forjado sobre cuerpos negros e indígenas.

Mi hipótesis más central, sobre la que escribo hace muchos años, es que la adhesión al discurso de odio de la extrema derecha es la pérdida de suelo firme en un mundo en colapso. Ante el hecho más duro, el de que estamos en peligro de extinción, uno se adhiere a la ilusión de que es un invento de la ciencia, enemiga del pueblo. Ante la terrible verdad de que los accionistas mayoritarios de las grandes corporaciones de combustibles fósiles, así como los gobiernos y los parlamentos que les sirven, están aumentando la producción de la principal causa del calentamiento global, es mejor creer en las mentiras. Ante un presente cada vez más sombrío y un futuro que, según todo parece indicar, será aún más hostil, es mejor creer en el retorno a un pasado que nunca existió, que es precisamente la mentira que tan bien le funciona a la extrema derecha.

Es posible que la mayoría no sea capaz de poner nombre a lo que tanto les desespera y les asusta, pero sienten. Lo sienten en los huesos, en el suelo que desaparece, cada vez con más frecuencia también literalmente, bajo sus pies. Para tener la oportunidad de hacer frente al proyecto mortífero y de eficacia probada de la extrema derecha, la izquierda debe ser capaz de inspirar a una población dominada por el miedo a imaginar un futuro en el que pueda y quiera vivir. Para luchar hay que imaginar primero, y este es el principal proyecto humanitario de este momento.

En este proyecto, urgente, hay que reconocer el valor de la escuela pública y del profesorado, empezando por los salarios y las condiciones para educar. Y la verdad, la que se basa en los hechos, es que muchos gobiernos de izquierda se han olvidado de valorar a los profesores y han invertido mucho menos en la educación pública de lo que sería mínimamente decente. La extrema derecha ha encontrado las puertas abiertas y un terreno fértil para su discurso de odio porque, en Brasil y en muchos países, los gobiernos progresistas se han olvidado de aprender con los profesores.