sábado, 31 de marzo de 2018

"Los jóvenes no deben hacer caso a los políticos, lo que necesitan es leer filosofía”. Entrevista a Raimund Herder, director de la editorial Herder en España. Tatiana Rojas (ARCADIA).

Herder es una de las editoriales académicas más antiguas del mundo. Fue creada a finales del siglo XVIII en Alemania y, en medio de un ámbito lleno de tendencias fugaces,continúa creciendo con la ayuda de un público selecto que no solo está en la academia sino en las librerías de barrio y las de cadena. En 1948 abrió las puertas de una sede en Barcelona que distribuye sus libros de filosofía, teología, psicología, sociología y pedagogía en distintos países. Entre ellos está Colombia, el segundo mercado más importante en América Latina, según Raimund Herder, director y editor de Herder Barcelona, quien lleva 24 años ejerciendo en el campo.

Su carrera empezó en una editorial alemana de ficción pero, hace 18 años, tomó las riendas de la editorial familiar en Barcelona. En una visita reciente a Bogotá, habló con ARCADIA sobre sus intenciones editoriales en Colombia, la dificultad para encontrar autores que aporten nuevas miradas sobre la sociedad actual, y el sorpresivo éxito de Byung Chun Han, filósofo surcoreano autor de La sociedad del cansancio, uno de los autores más leídos de Herder.

¿Es difícil encontrar filósofos que aporten una mirada distinta, y que además estén dispuestos a escribir sobre esas ideas?

Es muy difícil. La filosofía en especial siempre se mueve dentro de la historia de la filosofía, no es como en la ciencia, que te llegan con algo totalmente nuevo. En la filosofía todo ya está, la cuestión es cómo se expresa, se piensa y cómo se analizan los fenómenos actuales. Es allí que uno encuentra autores que tienen más capacidad que otros de analizar, de comunicar y, a veces, de escoger términos para lo que están diciendo y lo que están viendo. Encontrar estos autores no es tan fácil y a pesar de que hay unos escritores muy buenos, a veces no llegan al público. Ahora mismo tenemos a un autor que tiene mucho éxito, que es Byung Chun Han, pero también a otros que valoro en la misma medida. Pero esos no se conocen y no sé por qué, ya que en ambos casos hicimos el mismo trabajo de promoción.

Así que no solo es cuestión de encontrar a los autores, sino también de hacerlos públicos. Y esto último es un misterio.

La editorial no es de best seller, pero, como señala, hace poco Chun Han se convirtió en uno. Incluso la entrevista que le hicieron en el diario El País de España fue una de las notas más leídas de su portal. ¿Qué lo hace conectar tanto con sus lectores?

Esto pasa pocas veces. Han tiene algo especial. Antes de convertirse en un autor de mucho reconocimiento en nuestros mercados publicamos La sociedad del cansancio (2011) y no fue un gran éxito. Pasó lo mismo con sus otros títulos. Pero con el cuarto, de repente, se convirtió en un autor de prestigio. ¿Qué pasó? Yo creo que salió del ámbito académico con la ayuda de la gente del mundo del arte, del cine y literatura, que por alguna vía u otra, llegaron a conocer a Han y lo empezaron a citar. Sus libros son sencillos, de 100 páginas, algo que también ayuda. Precisamente es un autor que, con el conocimiento de toda la historia de la filosofía, analiza fenómenos de nuestro tiempo y le da buenos nombres. Él aterriza la filosofía para la gente, sin ser trivial. CONTINUAR LEYENDO

Abuelo, ¿cómo se pierde la vida?


Qué hermosa eres, libertad. No hay nada…Un poema de Dámaso Alonso.

Qué hermosa eres, libertad. No hay nada
que te contraste. ¿Qué? Dadme tormento.
Más brilla y en más puro firmamento
libertad en tormento acrisolada.

¿Que no grite? ¿Mordaza hay preparada?
Venid: amordazad mi pensamiento.
Grito no es vibración de ondas al viento:
grito es conciencia de hombre sublevada.

Qué hermosa eres, libertad. Dios mismo
te vio lucir, ante el primer abismo
sobre su pecho, solitaria estrella.

Una chispita del volcán ardiente
tomó en su mano. Y te prendió en mi frente,
libre llama de Dios, libertad bella.

jueves, 29 de marzo de 2018

10 poemas imprescindibles de Miguel Hernández (Europapress)



El 28 de marzo de 1942, fallecía Miguel Hernández. El poeta y dramaturgo, una de las principales voces de la literatura española del pasado siglo, pereció en una cárcel de Alicante -donde estaba preso tras ser juzgado y condenado a muerte por el régimen franquista en marzo de 1940- víctima de la tuberculosis cuando solo tenía 31 años de edad. Miguel Hernández Gilabert nació un 30 de octubre de 1910 en Orihuela, en el lecho de una familia humilde en la que la necesidad laboral apenas dejaba tiempo para la educación. Pero eso no impidió a Miguel desarrollar un exquisito gusto por la poesía clásica española. CONTINUAR LEYENDO

La parte que falta conoce a la O grande. Un cuento de Shel Silverstein.

lunes, 26 de marzo de 2018

EL MISTERIO DE LA LECTURA. Un artículo de Fernando Royuela publicado en El País el 25 de marzo de 2018.

Desde la memoria familiar, el escritor viaja primero a los días en que los libros eran aún jeroglíficos. Y después, a la magia que supuso poder descifrarlos.

A MI QUERIDA TÍA Macu: Hay personas que dicen tener recuerdos intrauterinos. Yo no soy una de ellas, pero a veces la memoria me dispara fogonazos de imágenes, palabras y sensaciones que me devuelven a mi infancia más lejana. Recuerdo, por ejemplo, estar circulando por Madrid en el asiento trasero del coche de mi padre, un Seat 124 azul metálico, e irle preguntando por lo que pone en los carteles de la calle. Veo una valla publicitaria desde la ventanilla y observo en ella unos signos que se escapan por completo a mi comprensión. Es un instante en la memoria, una imagen de apenas un segundo, pero que me sirve para comprender que pertenece a una época de mi vida en la que aún no sabía leer. Aprendí pronto, sin embargo.

En aquellos tiempos del franquismo tardío resultaba pedagógico que los niños aprendiéramos a leer a muy temprana edad y yo no fui ninguna excepción. Recuerdo también las ansias por descubrir el rudimento y acceder a los secretos de las letras. Había en la biblioteca de mi casa un libro en el que salía fotografiada en la cubierta una calabaza de Halloween iluminada desde dentro, una imagen icónica que en España por entonces no existía. Era un libro sobre magia, de antropología en realidad, repleto de fotos extrañas e inquietantes que a mí me fascinaba ojear. ¿Qué pone aquí, preguntaba a todas horas? Cuando aprendas a leer lo sabrás, me respondían, y mi frustración se compensaba con el deseo de aprendizaje que me inoculaban para así descifrar el maravilloso jeroglífico de lo oculto. Porque oculto era el misterio de la lectura, un tesoro tan solo al alcance de los adultos. Magia y lectura constituían una misma realidad. Con el paso de los años he ido sometiendo al juicio de la lógica la relación entre una y otra, pero la comprensión que otorga el pensamiento racional no sirve para explicar la emoción de sentirlas al unísono. Leer un libro y que te haga temblar, sumergirse en una narración que trascienda las palabras que la integran y te transporte a universos impensables son indiscutibles evidencias de que la literatura es taumaturgia.

Me viene también a la memoria una escena en casa de la abuela Esperanza con un libro delante. Tú vas poniendo el dedo índice sobre las palabras y yo, que junto las letras con premura, las leo en voz alta. En la calle de Gutenberg, donde vivía la abuela, había una papelería-librería y aquel libro estaba expuesto en el escaparate. Recuerdo insistirte para que me lo compraras, a lo que para complacerme accediste. El libro se titulaba Robinson Crusoe, y era una edición adaptada para niños publicada por la editorial Vasco Americana en su colección Amable. ¿Te acuerdas? Todavía lo conservo. En él escribiste una dedicatoria. La primera dedicatoria que me pusieron en un libro. Me sentí satisfecho de poder entenderla. Por fin sabía leer.


domingo, 18 de marzo de 2018

Emilio Lledó: “Lo importante es crear capacidad de pensar”. Por Gabriel Arnaiz, profesor de filosofía.

Es el filósofo de la memoria. Es uno de los nombres más queridos y admirados que ha dado la filosofía española en la última mitad del siglo XX. Es profesor, dice él, “y no un filósofo de verdad”. Es Emilio Lledó y punto. Con él hablamos largo y tendido sobre filosofía, libros, política, educación…

Su magisterio ha adquirido un aura sólo comparable con la de los más grandes, y sus antiguos alumnos hablan de él con una devoción similar a la que mostraba Hanna Arendt por el “mago de Messkirch”. Si Safranski consideró a Heidegger como “el maestro de Alemania”, nosotros podríamos considerar a Lledó como uno de los “maestros de España”. Él dice que no es un filósofo de verdad (como sí lo son Platón, Aristóteles o su querido Gadamer), sino tan sólo “un profesor que ha dedicado parte de su vida a estudiar la filosofía y que lo ha pasado muy bien enseñando a los demás”. Pero en el fondo todo sabemos que es uno de los pocos grandes maestros (me atrevería a escribir incluso que uno de los pocos sabios) que hoy tenemos, y con esa actitud nos acercamos a él, para poder saborear una pequeña parte de su inmenso legado. Nos recibe en la biblioteca de la Real Academia de la Lengua, donde ocupa el sillón ele minúscula y a donde acude cada jueves.

En Los libros y la libertad habla usted de la importancia que tienen, o deberían tener, los libros para nosotros, como personas y como sociedad. ¿Qué significan para usted los libros?

En esta biblioteca los libros significan algo esencial. Para mí, para cualquier persona que quiera adelantar en su vida, en sus conocimientos y en la fecundidad de su mente, los libros (estos libros que están aquí y otros que no) significan la memoria. Yo creo que los seres humanos somos fundamentalmente memoria y lenguaje. Si no tuviéramos memoria, no sabríamos quiénes somos. Por eso, siempre he defendido la tesis de que tenemos que tener memoria, no solo individual sino también colectiva. Estos libros que usted ve aquí son parte de la memoria histórica de la vida intelectual de nuestro país y de la vida personal de aquellos que un día decidieron escribir su oralidad; escribir las palabras que pensaban, las palabras que deseaban, las palabras que buscaban.

Y los libros de filosofía, ¿qué pueden aportarnos frente a otro tipo de libros?

Depende de qué libros. Para una persona que no se dedique a la filosofía puede haber libros que le resulten difíciles o casi indescifrables, pero el libro filosófico es la transmisión de lo que los seres humanos han querido entender sobre las grandes cuestiones de la existencia (como la justicia, la verdad, la belleza, la bondad, etc.) y también para saber qué es lo que somos, cuál es el futuro colectivo de una serie de personas que constituyen una nación, un pueblo o una humanidad (ahora que se globaliza tanto todo); y creo que una de las grandes globalizaciones que hay que tener es la de la cultura, la del progreso intelectual.

[...] Por eso me parece tan importante que se cultive que a los alumnos, cuando se les enseñe a leer, se les enseñe también a amar el lenguaje, a pensar en el lenguaje, dentro de los niveles de cada momento de la vida de los muchachos. Ese alimento de la sensibilidad es una cosa esencial para la educación de los niños, porque si no se les abre ese horizonte, quedarán siempre ceñidos a los pequeños problemas de su personalidad. Y esa personalidad debe enriquecerse con la lectura, porque así ampliamos el diálogo que tenemos con nosotros mismos con la voz de Cervantes, de Galdós o de Lorca, o de quien queramos.

[...] Yo creo decididamente en la enseñanza pública, en una enseñanza en la que no sea el dinero el que cambie las perspectivas o los tipos de enseñanza, porque además no suele cambiarlo.

[...] Yo creo que el aprendizaje no es importante, sobre todo ahora que tenemos tantos medios de conocimiento e información; lo importante es crear libertad intelectual y capacidad de pensar. [...] Esa idea de creatividad lo ha expresado toda la gran tradición universitaria alemana. Recuerdo un texto de Benjamin, que viene de toda la tradición kantiana y de Guillermo Humboldt, que dice casi textualmente que “obsesionar a los muchachos con que estar cinco o seis años en la universidad para ganarse la vida es la forma más feroz de perderla”; y esto es algo que, en mi opinión, se suele hacer.

[...] Había consultado libros interesantes sobre Tucídides, Herodoto, o quien fuera. Había estado en la biblioteca “dialogando” con esos libros, porque la biblioteca, los libros, la lectura suponen un diálogo de mi individualidad con esa maravillosa explosión de diálogos que te ofrecen los autores. Yo creo que es una suerte para los seres humanos que, a través del lenguaje, podamos dialogar con todos esos grandes. O no tan grandes: no hace falta que sean figuras supremas de la literatura o la filosofía. Cualquiera nos puede abrir ese diálogo con nosotros mismos, que muchas veces llevamos muy empobrecido, muy controlado y muy angustiado. La lectura, la biblioteca, es un espacio de la libertad. Y esto no es una metáfora. Si cogiéramos uno de estos libros que hay aquí y leyésemos un párrafo, nos pondría en movimiento para pensar más, para ir más allá, y eso es algo que se tiene que enseñar desde la escuela, desde el diálogo con los niños. Hay que enseñarles a leer, pero sobre todo hay que enseñarles la sensibilidad que implica el conocimiento de un lenguaje, enseñarles a mirar las palabras, a entenderlas, a elaborarlas, a conectarlas. En una palabra, a amar las palabras.

[...] Pero hay un momento en la cultura griega (un momento genial) en que ya no se trataba de tener, sino de ser. Algo más sutil, más delicado, más interior, más personal. Y ese cambio significó un giro decisivo en la idea de libertad y de felicidad. Eras feliz si no te avergonzabas de ti mismo, si te sentías digno de ti mismo. Y eso tiene que seguir manteniéndose. Yo creo que la codicia es una de las muchas enfermedades que padece el hombre lobo, el hombre que cree que la vida es una lucha. ¡Naturalmente que es una lucha y una tensión! Pero siempre he defendido (y creo no equivocarme, aunque si alguien me demuestra lo contrario, lo aceptaría) que es más importante en la vida humana el afecto, el espacio amoroso, el espacio de la filia y de la cordialidad que el de la violencia y el odio. El odio no crea más que odio y, además, produce la muerte, no sólo individual o mental, sino la muerte de la sociedad en la que el odio sea el elemento enhebrador. Además, la frase de “el hombre es un lobo para el hombre” es una frase que luego se ha utilizado en la filosofía inglesa, pero que viene del teatro grecorromano y que tiene unos contextos mucho más inocentes que esos.

[...] Esa tesis repetida políticamente de que se abren heridas me parece falsa, un engaño. Yo lo que quiero es saber qué ha pasado en mi país, conocer su historia, y eso no es abrir heridas. Al contrario: es tomar conciencia de las cosas positivas, de las cosas negativas y de los caminos por los que (creo yo) no hay que seguir adelante en ese olvido. El alzhéimer colectivo es todavía mucho peor que el alzhéimer individual, y un país sometido a la falsificación de lo colectivo es un país condenado. En mi opinión, no hay futuro en un país si no ponemos el pasado por delante, para aprender de él.


sábado, 17 de marzo de 2018

Instrucciones para mis hijos. Un poema de Magdalena Sánchez Blesa

Esta mañana la entrar en el blog de mi buen amigo Pedro Navareño me he topado con una poesía y. como no podía ser de otra manera, con una poeta, Magdalena Sánchez Blesa, a la que no conocía. ¡Qué gran descubrimiento! Aquí os dejo uno de sus poemas: Instrucciones para mis hijos. En el primer vídeo es ella la que lo recita, y en el segundo lo hace con su hija. Una delicia.


La idiotización de la sociedad como estrategia de dominación. Publicado por "Cuarta situación". Sitio alternativo de noticias.


La gente está imbuida hasta tal extremo en el sistema establecido, que es incapaz de concebir alternativas a los criterios impuestos por el poder.


Para conseguirlo, el poder se vale del entretenimiento vacío, con el objetivo de abotagar nuestra sensibilidad social, y acostumbrarnos a ver la vulgaridad y la estupidez como las cosas más normales del mundo, incapacitándonos para poder alcanzar una conciencia crítica de la realidad.

En el entretenimiento vacío, el comportamiento zafio e irrespetuoso se considera valor positivo, como vemos constantemente en la televisión, en los programas basura llamados “del corazón”, y en las tertulias espectáculo en las que el griterío y la falta de respeto es la norma, siendo el fútbol espectáculo la forma más completa y eficaz que tiene el sistema establecido para aborregar a la sociedad.

En esta subcultura del entretenimiento vacío, lo que se promueve es un sistema basado en los valores del individualismo posesivo, en el que la solidaridad y el apoyo mutuo se consideran como algo ingenuo. En el entretenimiento vacío todo está pensado para que el individuo soporte estoicamente el sistema establecido sin rechistar. La historia no existe, el futuro no existe; sólo el presente y la satisfacción inmediata que procura el entretenimiento vacío. Por eso no es extraño que proliferen los libros de autoayuda, auténtica bazofia psicológica, o misticismo a lo Coelho, o infinitas variantes del clásico “cómo hacerse millonario sin esfuerzo”.

En última instancia, de lo que se trata en el entretenimiento vacío es de convencernos de que nada puede hacerse: de que el mundo es tal como es y es imposible cambiarlo, y que el capitalismo y el poder opresor del Estado son tan naturales y necesarios como la propia fuerza de gravedad. Por eso es corriente escuchar: “es algo muy triste, es cierto, pero siempre ha habido pobres oprimidos y ricos opresores y siempre los habrá. No hay nada que pueda hacerse”.

El entretenimiento vacío ha conseguido la proeza extraordinaria de hacer que los valores del capitalismo sean también los valores de los que se ven esclavizados por él. Esto no es algo reciente, La Boétie, en aquel lejano siglo XVI, lo vió claramente, expresando su estupor en su pequeño tratado Sobre la servidumbre voluntaria, en el que constata que la mayor parte de los tiranos perdura únicamente debido a la aquiescencia de los propios tiranizados.

El sistema establecido es muy sutil, con sus estupideces forja nuestras estructuras mentales, Y para ello se vale del púlpito que todos tenemos en nuestras casas: la televisión. En ella no hay nada que sea inocente, en cada programa, en cada película, en cada noticia, siempre rezuma los valores del sistema establecido, y sin darnos cuenta, creyendo que la verdadera vida es así, nos introducen sus valores en nuestras mentes.

El entretenimiento vacío existe para ocultar la evidente relación entre el sistema económico capitalista y las catástrofes que asolan el mundo. Por esto es necesario que exista el espectáculo vacuo: para que mientras el individuo se autodegrada revolcándose en la basura que le suministra el poder por la televisión, no vea lo obvio, no proteste y continúe permitiendo que los ricos y poderosos aumenten su poder y riqueza, mientras las oprimidos del mundo siguen padeciendo y muriendo en medio de existencias miserables.

Si seguimos permitiendo que el entretenimiento vacío continúe modelando nuestras conciencias, y por lo tanto el mundo a su antojo, terminará destruyéndonos. Porque su objetivo no es otro que el de crear una sociedad de hombres y mujeres que abandonen los ideales y aspiraciones que les hacen rebeldes, para conformarse con la satisfacción de unas necesidades inducidas por los intereses de las élites dominantes. Así los seres humanos quedan despojados de toda personalidad, convertidos en animales vegetativos, siendo desactivada por completo la vieja idea de luchar contra la opresión, atomizados en un enjambre de egoístas desenfrenados, quedando las personas solas y desvinculadas entre ellas más que nunca, absortas en la exaltación de sí mismas.

Así, de esta manera, a los individuos ya no les queda más energía, para cambiar las estructuras opresoras (que además no son percibidas como tales), ya no les queda fuerza ni cohesión social para luchar por un mundo nuevo.

No obstante, si queremos revertir tal situación de enajenamiento a que estamos sometidos, solo queda como siempre la lucha, solo nos queda contraponer otros valores diametralmente opuestos a los del espectáculo vacuo, para que surja una nueva sociedad. Una sociedad en que la vida dominada por el absurdo del entretenimiento vacío sea tan solo un recuerdo de los tiempos estúpidos en que los seres humanos permitieron que sus vidas fueran manipuladas de manera tan obscena.

AUTOR: FERNANDO NAVARRO

FUENTE: LA HAINE

viernes, 16 de marzo de 2018

El poder sanador de conversar. Por José A. Posada Villa.

La palabra posee la peculiaridad de liberar el alma. En incontables ocasiones callamos. Por miedo, por creer que de nada sirve decir las cosas, por evitar conflictos, etc

La Encuesta Mundial de Salud Mental de la OMS, la Universidad de Harvard y la Universidad de Michigan, en la cual participa Colombia, muestra que si bien un alto porcentaje de la población ha sufrido alguna vez en la vida trastornos mentales, muchos de estos no son lo tan graves como para requerir tratamiento profesional. Sin embargo, esto no quita la carga de sufrimiento que generan.

Sabemos que los medicamentos pueden cambiar o corregir los desequilibrios en las sustancias químicas cerebrales llamadas neurotransmisores, lo que resulta en disminución de síntomas de depresión, ansiedad, manía, psicosis y otros trastornos mentales. Pero lo interesante es que cada vez hay más evidencias científicas de que conversar también provoca cambios en el cerebro que disminuyen los síntomas, sin los posibles efectos secundarios adversos de los medicamentos. El psicoanálisis ha planteado siempre que los síntomas emocionales no son un “trastorno”; son una verdad silenciada que necesita ser oída y los sentimientos que no tienen palabras se acumulan en la memoria emocional. 

En las últimas décadas, una serie de estudios han evaluado cómo el conversar cambia el cerebro. Con el advenimiento de tecnologías no invasivas como la tomografía por emisión de positrones (PET), la tomografía computarizada de emisión de fotones individuales (SPECT) y la resonancia magnética funcional (FMRI), ahora podemos ver el funcionamiento del cerebro con un riesgo mínimo para el individuo. Estas herramientas nos permiten ver cambios en el flujo sanguíneo, la actividad eléctrica, la química y la estructura cerebral. Ahora también podemos ver lo que está sucediendo dentro del cerebro al examinar qué áreas se ven afectadas durante y después de una conversación y cómo estos cambios conducen a la reducción de síntomas y al mejoramiento general del funcionamiento de las personas. Un estudio hecho en el 2006 con tecnologías de neuroimagen por D. Linden encontró que hablar con una persona puede cambiar el cerebro de maneras similares a los cambios causados ??por los medicamentos.

Pero es importante mirar la trascendencia de las conversaciones significativas fuera del ámbito clínico, en la cotidianidad. Desde joven, cuando iba a misa en un colegio católico, me llamaba la atención cómo empieza el Evangelio de Juan: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Verbo, del latín verbum, que significa palabra.

La palabra posee la peculiaridad de liberar el alma. En incontables ocasiones callamos. Por miedo, por creer que de nada sirve decir las cosas, por evitar conflictos, etc. Las causas por las que guardamos silencio son muy variadas.

Lo que establece la diferencia entre un buen y un mal conversador es el ESCUCHAR. Para saber hablar, primero hay que aprender a escuchar. Y no es lo mismo “oír” que “escuchar”.

Las conversaciones significativas son aquellas en las que nos mostramos auténticos e íntimos, abiertos, escuchamos sin temor ni censura y enfocados intencionalmente en lo que quiere surgir de cada uno de nosotros. Los verdaderos amigos te escuchan. Los demás te oyen. La mejor manera de convertirte en un buen conversador es siendo un buen oyente.

A través del diálogo no se obliga a nadie y se respeta la libertad del otro, es lo más opuesto al fanatismo. El diálogo busca siempre lo universal, lo mejor para todos. Raras veces nos movemos en el campo del diálogo, que es el leguaje del alma, pero sí podemos hablar menos y conversar mejor. Para ello necesitamos aprender a escuchar y a reflexionar sobre lo escuchado, para tener ideas propias y saber qué queremos decir. 

No me cansaré de repetir, una y otra vez, la enorme importancia que tiene hablar para disfrutar de salud mental y mejorar la calidad de nuestras relaciones interpersonales.

Si uno está pasando por un momento difícil, hablar con alguien podría sonar como una solución simplista, pero realmente es una de las mejores cosas que se pueden hacer. Decidir con quién quieres hablar es un primer paso importante. Tienes que confiar en esa persona y sentirte cómodo abriéndote a ella. Las posibilidades incluyen amigos cercanos, miembros de la familia, maestros, etc.

Pero, ojo: no confundamos una conversación terapéutica con la psicoterapia. La psicoterapia es un término que se refiere a una variedad de técnicas de tratamiento que se dirigen a ayudar a una persona a identificar y a cambiar emociones, pensamientos, y comportamientos. Las psicoterapias se deben realizar con un profesional de la salud mental adecuadamente capacitado. Aquí no hablamos de reemplazar la psicoterapia, tan necesaria en algunas personas, por la conversación profana. 

Sin embargo, con razón decía Sigmund Freud que “La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas”, y esto sigue siendo verdad.

domingo, 11 de marzo de 2018

Barba Azul. Un cuento de Charles Perrault

Érase una vez un hombre que tenía hermosas casas en la ciudad y en el campo, vajilla de oro y plata, muebles forrados en finísimo brocado y carrozas todas doradas. Pero desgraciadamente, este hombre tenía la barba azul; esto le daba un aspecto tan feo y terrible que todas las mujeres y las jóvenes le arrancaban.

Una vecina suya, dama distinguida, tenía dos hijas hermosísimas. Él le pidió la mano de una de ellas, dejando a su elección cuál querría darle. Ninguna de las dos quería y se lo pasaban una a la otra, pues no podían resignarse a tener un marido con la barba azul. Pero lo que más les disgustaba era que ya se había casado varias veces y nadie sabía qué había pasado con esas mujeres.

Barba Azul, para conocerlas, las llevó con su madre y tres o cuatro de sus mejores amigas, y algunos jóvenes de la comarca, a una de sus casas de campo, donde permanecieron ocho días completos. El tiempo se les iba en paseos, cacerías, pesca, bailes, festines, meriendas y cenas; nadie dormía y se pasaban la noche entre bromas y diversiones. En fin, todo marchó tan bien que la menor de las jóvenes empezó a encontrar que el dueño de casa ya no tenía la barba tan azul y que era un hombre muy correcto.

Tan pronto hubieron llegado a la ciudad, quedó arreglada la boda. Al cabo de un mes, Barba Azul le dijo a su mujer que tenía que viajar a provincia por seis semanas a lo menos debido a un negocio importante; le pidió que se divirtiera en su ausencia, que hiciera venir a sus buenas amigas, que las llevara al campo si lo deseaban, que se diera gusto. CONTINUAR LEYENDO

sábado, 10 de marzo de 2018

Algo de Tolstoi. Un cuento de Tennessee Williams

Estaba cansado y me sentía fracasado: el sitio parecía un agujero silencioso en el que una Persona podría ocultarse de un mundo que parecía totalmente en contra de ella; y finalmente, Brodzki quiso que su hijo fuera a la universidad; esos fueron los motivos por los que me convertí en empleado de la librería. La mañana que llegué al trabajo había recorrido las calles durante varias horas con aire atolondrado. En el escaparate de la librería aquel cartel primorosamente escrito, SE NECESITA EMPLEADO, atrajo mi atención. Entré y encontré al propietario, un hombre lúgubre de aspecto judío, al fondo de la tienda, sentado detrás de una mesa de despacho enorme con libros amontonados encima. Me miró de modo penetrante. Lo que le indujo a contratarme me resulta difícil de imaginar. Yo tenía la cara demacrada y el cuerpo consumido debido al insomnio, difícilmente podría haber ofrecido un aspecto muy atractivo. Quizá algo mío le hizo saber el hecho de que yo trabajaría con aplicación y fidelidad a cambio de solo la tranquila y sombría seguridad que su pequeña librería me podía ofrecer.

En todo caso, conseguí el trabajo y lo encontré muy parecido a lo que quería. Mi vida era gris, pero su grisura quedó compensada, si era compensación lo que necesitaba, con la fortuna de ser testigo de un drama que no era menos intenso, estoy seguro, que cualquiera de los contenidos en los miles de volúmenes que atestaban las polvorientas estanterías de la librería.
En aquella época el hijo de Brodzki tenía dieciocho años. Era del tipo de jóvenes judíos rusos espirituales, místicos, de cuerpo escuálido, piel oscura, rasgos delicados, proporcionados. Nunca le llegué a conocer bien. Nadie lo hizo, pues era huidizo como un animalillo salvaje; el tipo de persona a la que le es completamente imposible acercarse a cualquier distancia socialmente aceptable. Este relato es sobre él; su padre murió a los dos meses de darme el
empleo.

El joven Brodzki estaba tremendamente enamorado, y la chica no era judía. Por eso el viejo señor Brodzki quería que el chico fuera a la universidad. Como la mayoría de los otros judíos de su generación, se oponía desesperadamente al matrimonio de su hijo con una cristiana, y parecía que los dos, si los dejaban en paz, derivarían inevitablemente hacia el matrimonio. El chico estaba con ella todo el tiempo. Nunca estaba con nadie más. Se habían criado juntos; jugado toda su infancia en la misma escalera de incendios trasera; crecieron, se podría decir, el uno para el otro. CONTINUAR LEYENDO


domingo, 4 de marzo de 2018

Juan Mata defiende la redefinición de la promoción de la lectura.

El Laboratorio Contemporáneo de Fomento de la Lectura publica un Texto de Juan Mata sobre ‘El papel de la formación lectora en el contexto de la sociedad digital’

Señala que ‘tengo la impresión de que la ‘animación a la lectura’ ha degenerado en una locución insustancial, más próxima a un simple eslogan que a un proyecto pedagógico vivo y estimulante.’

Juan Mata defiende en este documento descargable -que forma parte de los textos e informes que publica el LCFL de la Fundación- que es necesario hacer el esfuerzo por una redefinición de las actividades de promoción de la lectura debería pasar por la formación rigurosa de los mediadores sociales y, en especial, de los futuros maestros y profesores.

Asimismo, considera fundamental otorgar una especial atención a las prácticas lectoras destinadas a la adolescencia, una etapa crítica de la vida en la que nacen, se afirman o se desmoronan muchos gustos y muchos hábitos. Entre ellos, el de la lectura. Numerosos lectores inestables o incluso consolidados suelen perderse en esos años de transición. Gran parte de la responsabilidad de esos abandonos recae en el sistema escolar.

La FGSR tiene la suerte de encontrar la colaboración del profesor de la Universidad de Granada, Juan Mata, desde hace muchos años. Juan es una de las figuras más destacadas en el campo de la reflexión sobre el papel de la lectura en las vidas de la gente y, muy especialmente, en el impulso de la lectura (hábitos, competencias y propósitos) en el campo de la educación. Su acompañamiento y contraste de los dispositivos experimentales que compusieron el proyecto de investigación Territorio Ebook (FGSR, 2009-2014) fueron cruciales para lograr una mirada humana y un relato pedagógico de los resultados alcanzados. Asimismo, su presencia en los talleres para mediadores que se organizan en Casa del Lector ha resultado un elemento relevante de la oferta formativa y de investigación de la FGSR.