El poema que hoy comparto pertenece al libro ‘La esteva’, escrito por quien fuera el poeta Juan Carlos Friebe. La esteva es la pieza trasera del arado tradicional con la que el labrador podía dirigir la reja hincada en la tierra. Que ese instrumento dé título al libro es una señal de sus intenciones: introducir el lenguaje a modo de reja en la propia memoria a fin de abrir surcos y removerla. Es fatigoso ese ejercicio, como lo es arar la tierra. Del libro he escogido el poema ‘Sillón vacío’, recuerdo sentido del padre muerto, cuyos gestos y sentimientos reproduce en los mismos espacios que habitó, lamentando su ausencia, echando en falta una conversación en la que padre e hijo se abrazaran entre las ruinas de uno de esos muros que tantas veces aíslan y tanto tardan en derrumbarse, un encuentro antes de que naciera, o renaciera, la poeta Carla Friebe. (Andrea Villarrubia Delgado)
SILLÓN VACÍO
Juan Carlos Friebe
Está llorando en su sillón vacío.
A veces, cuando paso por allí, frente al televisor, le sigo viendo.
Solloza como un niño emocionado por un regalo que sueña y no espera recibir: y se merece.
Está llorando en su sillón vacío.
Está llorando solo en su solo salón.
Tanto tiempo después, hoy he mirado hacia el sillón donde él solía estar sentado, taciturno, a veces hosco
Y como si temiera despertarle de su profundo sueño a él me acerco con pasos quedos en la alfombra hojaldre;
y como si temiera herirle pongo con cuidado mis manos en sus hombros, pidiéndole perdón, como él hacía:
y como si temiera abandonarle para siempre y perderle, de nuevo, otra vez
estoy llorando en su sillón vacío, estoy llorando solo en su solo salón abrazado a su cáncer y a sus lágrimas mientras vemos caer en ruina el Muro que levantamos juntos
y
juntos
derribamos.
