"Se dice que para ser un poeta, tienes que ir al infierno y regresar." Cristina Domenech enseña escritura en una cárcel Argentina, y cuenta la conmovedora historia de ayudar a las personas encarceladas a expresarse, a entenderse y la gloria en la libertad de idioma.
-"No es posible crecer en la intolerancia. El educador coherentemente progresista sabe que estar demasiado seguro de sus certezas puede conducirlo a considerar que fuera de ellas no hay salvación. El intolerante es autoritario y mesiánico. Por eso mismo en nada ayuda al desarrollo de la democracia." (Paulo Freire). - "Las razones no se transmiten, se engendran, por cooperación, en el diálogo." (Antonio Machado). - “La ética no se dice, la ética se muestra”. (Wittgenstein)
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viernes, 20 de junio de 2025
lunes, 16 de junio de 2025
"EL OLOR DE LAS NUBES" (Poesía en la cárcel). Un poema de Ana Delgado seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado
Hace unas semanas se presentó el último libro de poemas de Ana Delgado, con el significativo título de ‘Borrar el silencio’, referencia clara a la necesidad de remediar la injusticia de habérselo impuesto a tantas mujeres en nuestra sociedad, comenzando por su propia madre, a la que reivindica sobre todo como mujer. De la tercera parte del libro, la más extensa de todas, está extraído el poema que hoy comparto, titulado ‘El olor de las nubes’, que la poeta ha tenido la deferencia de dedicarme. Es inevitable, pero leo el poema con ojos y sentimientos distintos al resto de lectoras y lectores, pues habla de una experiencia compartida con ella durante años en el Centro Penitenciario de Albolote, en el módulo 10 de mujeres, donde el olor de la calle y el de las nubes se instalaba en el angosto espacio sin ventanas en el que nos reuníamos gracias a los libros y las conversaciones que propiciaban. (Andrea Villarrubia Delgado)
EL OLOR DE LAS NUBESLa injusticia de la justicia.
Esas mujeres están allí,
yo podría ser una de ellas,
ellas podrían ser tú,
cualquiera.
Entraron porque un día tuvieron un error,
el mismo que tú podrías cometer.
No han matado ni robado un banco,
por lo general, solo delitos menores,
pequeñas faltas o grandes destinos,
quién puede saberlo.
Algunas quitaron para tener,
para tener un techo,
un plato, una lumbre,
otras traficaron para sobrevivir
a la pobreza o la desesperanza.
Sea como sea, todas han dejado fuera
hijos, madres, un hogar,
y descuentan los latidos de su añoranza
sin pausa ni sosiego.
Nosotras les llevamos versos
y ellas nos devuelven gratitud,
les leemos relatos
y nos regalan sonrisas,
quizás alguna lágrima.
Nosotras les quitamos mucha cárcel,
nos dicen,
y ellas nos ofrecen su historia, envuelta
en el olor de las nubes.
ANA DELGADO
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