Igual parece a los eternos dioses.
Quien logra verse frente a ti sentado:
¡Feliz si goza tu palabra suave,
suave tu risa!
A mí en el pecho el corazón se oprime.
Solo en mirarte: ni la voz acierta
de mi garganta a prorrumpir; y rota
calla la lengua
fuego sutil dentro de mi cuerpo todo
presto discurre: los inciertos ojos
vagan sin rumbo, los oídos hacen
ronco zumbido
cúbrome toda de sudor helado:
pálida quedo cual marchita hierba
y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte
parezco muerta.
-"No es posible crecer en la intolerancia. El educador coherentemente progresista sabe que estar demasiado seguro de sus certezas puede conducirlo a considerar que fuera de ellas no hay salvación. El intolerante es autoritario y mesiánico. Por eso mismo en nada ayuda al desarrollo de la democracia." (Paulo Freire). - "Las razones no se transmiten, se engendran, por cooperación, en el diálogo." (Antonio Machado). - “La ética no se dice, la ética se muestra”. (Wittgenstein)
domingo, 22 de agosto de 2021
Igual parece a los eternos dioses… Un poema de Safo
viernes, 13 de agosto de 2021
La ruta blanca, un cuento de Concha Espina.
Tenía Rosa Luz dos pichones palomariegos, lindísimos y alegres, tan dóciles y mansos, que se le posaban en los hombros y le tomaban en la boca los granos partidos de maíz y las migajas de pan.
Lucían el plumaje de las alas, ceniciento y azul, el pecho morado, el pico amarillo, las patas rojas; eran de casta real, cruzada con la mensajera, domesticada y arrulladora, y la nena los prefería entre todo el bando con mimos especiales.
Doce años cuenta la zagala, doce años campesinos y puros, florecidos en la silvestre paz de un caserío montañés.
Se había quedado sola en el mundo con su madre, viuda y joven, muy arrestada para el trabajo, muy valiente en la bárbara puja labradora. Desde la temprana viudez, mereció por su belleza y su virtud reiteradas solicitudes matrimoniales; pero ella quiso vivir para su niña y renunció a nuevas nupcias con decidido tesón. En sus manos firmes y abnegadas, la hacienda mezquina se mantuvo sin menoscabo, mientras Rosa Luz fue creciendo risueña y gentil, mimada como los zuritos que hoy se arrullan en su palomar.
A gala tiene la chiquilla el imitar a su madre en lo hacendosa y pulcra. Así, desde que cumplió la docena de abriles, siembra el huerto con mucha disposición, lava y cose la ropa y se ocupa, con singular encanto, de cebar a los palomitos chiquitines y prodigar sus desvelos a las hembras ponedoras.
La prematura abnegación de la mujer aldeana se inicia en Rosa Luz con una impaciencia dolorosa: quiere ayudar mucho a su madre, levantarle de los hombros, en lo posible, la carga de la vida, remar a su lado con denuedo, en los temporales de la pobreza. Y se yergue con orgullo cada vez que le evita un trajín, un afán; se esponja y se estimula cuando sabe cuidarla un poco, devolverle, a fuerza de gracia y devoción, alguno de aquellos agasajos que de ella ha recibido a manos llenas.
Al calor de tan vivo interés, cree la niña observar que está su madre algo decaída: anda más triste que de costumbre, y mirándola mucho con ojos avizores, se le nota un esfuerzo más penoso en la diaria faena, y, en los breves momentos de descanso, una angustiosa expresión de languidez.
Antaño, cuando vivía la abuelita, ya estuvo así delicada y mustia Asunción, la moza ejemplar, y entonces su madre puso remedio a la amenazada salud con un gran elixir elaborado por los frailes de la villa.
Fué allá la anciana un día de mercado, con mucho sigilo, desde el cumbrefio casal de Cintul y llevóse dos palomas torcaces, bien cebadas, que le valieron precisamente el importe de una botella de licor.
Y un sorbo diario de la maravillosa bebida curó a la muchacha de la anémica endeblez que antes de conocerse tan eficaz composición hubiera exigido la asistencia del médico o el largo tratamiento aldeano de «las siete cosas».
No olvida estos antecedentes Rosa Luz: vive hace tiempo muy atisbadora y vigilante, como si se alzara en la punta de los pies para deletrear la vida.
Tanto deseo tiene de intervenir en ella igual que una mujer, que procura alargarse la falda, ceñirse el corpiño, recogerse las trenzas en un moño y empinarse con mucha gallardía sobre las abarcas de tarugos.
Así, con ávida penetración, fija en su madre los ojos, la persigue con solícito desvelo, y acaba por cerciorarse de que necesita una botella de elixir. CONTINUAR LEYENDO
miércoles, 11 de agosto de 2021
Los más bellos cuentos infantiles. Volumen segundo. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Biblioteca de Literatura Infantil y Juvenil.
Título: Los más bellos cuentos infantiles. Volumen segundo / por la Condesa de Pardo Bazán, Pedro de Répide, Ramón Pérez de Ayala, Carmen de Burgos (Colombine), Rafael Comenge, María Carbonell ; portada e ilustraciones de Fernando Marco
Pardo Bazán, Emilia, Condesa de, 1851-1921
Répide, Pedro de, 1882-1948
Pérez de Ayala, Ramón, 1880-1962
Burgos, Carmen de, 1867-1932
Comenge, Rafael, 1856-1934
Carbonell Sánchez, María, 1857-1926
Contiene: La indisciplina del ángel / La Condesa de Emilia Pardo Bazán ; El papagayo de la Infanta Clara / Pedro de Répide ; Oir campanas... / Ramón Pérez de Ayala ; La mejor muñeca / Carmen de Burgos (Colombine) ; El lirio azul / Rafael Comenge ; Las hadas modernas / María Carbonell
lunes, 9 de agosto de 2021
Los más bellos cuentos infantiles. Volumen primero. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Biblioteca de Literatura Infantil y Juvenil
Título: Los más bellos cuentos infantiles. Volumen primero / J, Ortega Munilla, Antonio Zozaya, Concha Espina de Serna, J. López Pinilos, Rafael Torromé, Leonor Serrano ; portada e ilustraciones de Federico Ribas
Zozaya, Antonio, 1859-1943
Espina, Concha, 1877-1955
López Pinillos, José, 1875-1922
Torromé, Rafael, 1861-1924
Serrano, Leonor, 1890-1942Contiene:
Autores:
Ortega Munilla, José, 1856-1922Zozaya, Antonio, 1859-1943
Espina, Concha, 1877-1955
López Pinillos, José, 1875-1922
Torromé, Rafael, 1861-1924
Serrano, Leonor, 1890-1942Contiene:
jueves, 5 de agosto de 2021
Gaza Amal, historietas de mujeres valientes en la franja de Gaza
La historia de Hazeem, junto a las de Amal, Hura, Khadira, Nur es la historia de las mujeres y las niñas de Gaza que resisten, viven, brillan. Lo hacen a pesar de un entorno marcado por la falta de oportunidades, de pobreza, de cortes de luz, de violencia de género. La realidad forzosa de más de 10 años de bloqueo.
Sus nombres significan esperanza, libertad, fuerza, trueno, luz.
Este es un cómic que rompe prejuicios y estereotipos sobre las mujeres de Gaza.
martes, 3 de agosto de 2021
El poder, un poema de Audre Lorde
La diferencia entre la poesía y la retórica
es estar
preparado para matarte
tú mismo
en vez que a tus hijos.
Estoy atrapada en un desierto hecho de heridas a bala
todavía abiertas
y un niño muerto arrastra su rostro negro y destrozado
más allá del horizonte donde acaban mis sueños
la sangre de sus mejillas y de sus hombros perforados
es el único líquido a kilómetros a lo redonda y mi estómago
se revuelve al imaginar el gusto que tendrá, mientras
mi boca dividida en dos labios resecos
sin tener una lealtad o una razón para ello ,
está sedienta de su sangre húmeda
mientras naufragan en la blancura del desierto
donde estoy perdida
sin imaginación ni magia posible
tratando de convertir todo este odio y esta destrucción en un poder
tratando de curar con besos a mi hijo agónico
pero, nadie, salvo el sol limpiará sus huesos con rapidez.
El policía que, en Queens, derribó con un disparo al chico de diez años
estaba a su lado, con sus zapatos bañados con la sangre de él
y una voz dijo: "Muere, pequeño hijo de puta" y
hay videos que prueban esto. En el juicio
el policía dijo que fue en defensa propia:
"No reparé en el tamaño ni en ninguna otra cosa
salvo en el color." Y
hay videos que prueban esto también.
Hoy día, ese hombre blanco, de treinta y siete años,
con trece de servicio
ha sido puesto libertad por once hombres blancos
que dijeron que estaban satisfechos
porque se había hecho justicia
y una mujer negra que dijo:
"Me convencieron". Esto es:
ellos arrastraron su cuerpo de mujer negra, de un metro veinticinco de estatura,
por sobre los carbones ardientes de cuatro siglos de aprobación del macho blanco
hasta que ella renunció al único poder real que alguna vez tuvo
y decoró con cemento su propia cuna
para construir allí un cementerio para nuestros hijos.
No he sido capaz de palpar la destrucción dentro de mí.
Pero a menos que aprenda a usar
la diferencia entre la poesía y la retórica
mi poder también se corromperá como molde envenenado,
se volverá flojo e inservible como un alambre suelto
y un día tomaré mi enchufe rabioso
y lo conectaré al lugar más cercano,
violaré a una mujer blanca de ochenta y cinco años
quien es a su vez madre de alguien
y mientras la golpeo hasta dejarla sin sentido y le prendo fuego a su cama
un coro griego estará cantando una canción con ritmo del vals:
"Pobrecita. Ella nunca hirió a un alma. ¡Qué bestias son los negros!".
es estar
preparado para matarte
tú mismo
en vez que a tus hijos.
Estoy atrapada en un desierto hecho de heridas a bala
todavía abiertas
y un niño muerto arrastra su rostro negro y destrozado
más allá del horizonte donde acaban mis sueños
la sangre de sus mejillas y de sus hombros perforados
es el único líquido a kilómetros a lo redonda y mi estómago
se revuelve al imaginar el gusto que tendrá, mientras
mi boca dividida en dos labios resecos
sin tener una lealtad o una razón para ello ,
está sedienta de su sangre húmeda
mientras naufragan en la blancura del desierto
donde estoy perdida
sin imaginación ni magia posible
tratando de convertir todo este odio y esta destrucción en un poder
tratando de curar con besos a mi hijo agónico
pero, nadie, salvo el sol limpiará sus huesos con rapidez.
El policía que, en Queens, derribó con un disparo al chico de diez años
estaba a su lado, con sus zapatos bañados con la sangre de él
y una voz dijo: "Muere, pequeño hijo de puta" y
hay videos que prueban esto. En el juicio
el policía dijo que fue en defensa propia:
"No reparé en el tamaño ni en ninguna otra cosa
salvo en el color." Y
hay videos que prueban esto también.
Hoy día, ese hombre blanco, de treinta y siete años,
con trece de servicio
ha sido puesto libertad por once hombres blancos
que dijeron que estaban satisfechos
porque se había hecho justicia
y una mujer negra que dijo:
"Me convencieron". Esto es:
ellos arrastraron su cuerpo de mujer negra, de un metro veinticinco de estatura,
por sobre los carbones ardientes de cuatro siglos de aprobación del macho blanco
hasta que ella renunció al único poder real que alguna vez tuvo
y decoró con cemento su propia cuna
para construir allí un cementerio para nuestros hijos.
No he sido capaz de palpar la destrucción dentro de mí.
Pero a menos que aprenda a usar
la diferencia entre la poesía y la retórica
mi poder también se corromperá como molde envenenado,
se volverá flojo e inservible como un alambre suelto
y un día tomaré mi enchufe rabioso
y lo conectaré al lugar más cercano,
violaré a una mujer blanca de ochenta y cinco años
quien es a su vez madre de alguien
y mientras la golpeo hasta dejarla sin sentido y le prendo fuego a su cama
un coro griego estará cantando una canción con ritmo del vals:
"Pobrecita. Ella nunca hirió a un alma. ¡Qué bestias son los negros!".
"Poder" es un poema escrito acerca de Clifford Glover, un niño negro de diez años de edad, quien recibió un disparo de un policía. Posteriormente, el policía fue absuelto por un jurado donde uno de los miembros era una mujer negra".
domingo, 1 de agosto de 2021
Un cuento de los hermanos Grimm
La antología de relatos folklóricos para niños editada en 1812 por los hermanos Grimm, incluía el siguiente cuento, expurgado luego por Achim von Arnim en la segunda y más popular edición de 1819:
Un día, un padre mató un cerdo enfrente de sus hijos. Cuando por la tarde, estos se pusieron a jugar, uno le dijo al otro: “Tú serás el cerdo y yo seré el carnicero”. Entonces cogió el cuchillo y lo hundió en la garganta de su hermano pequeño. La madre, que estaba en el cuarto de arriba bañando al menor de los hijos en una bañera, oyó el llanto del niño y bajó corriendo las escaleras. Al descubrir lo que había pasado, sacó el cuchillo del cuello del niño y lo clavó con furia en el corazón de aquel que había hecho de carnicero. Volvió entonces, escaleras arriba, para atender al pequeño, pero este se había ahogado en la bañera. Nada ni nadie pudo consolar a la mujer, que se ahorcó. Cuando el padre regresó del campo y vio lo que había pasado, murió de pena.
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