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lunes, 1 de junio de 2026

"Cuentos infantiles clásicos en versiones poéticas de Gabriela Mistral: una lectura interpretativa". Manuel Peña Muñoz (Fundación Cuatrogatos)

Preocupada siempre de la educación a través de la lectura, visitó bibliotecas populares en regiones apartadas de México, promovió los libros infantiles y dictó conferencias sobre el valor formativo de la literatura. Con Palma Guillén escribió Lecturas clásicas para niños(1924) en dos tomos, con prólogo de José Vasconcelos, con el propósito de inculcar desde la infancia el gusto por la lectura de los mejores autores universales. La obra que hoy es una joya bibliográfica, contiene narraciones, mitos, leyendas, cantares de gesta y cuentos de sabor folclórico. En torno a la lectura, escribe: “La faena en favor del libro que corresponde cumplir a maestros y padres es la de despertar la apetencia del libro, pasar de allí al placer mismo y rematar la empresa dejando un simple agrado promovido a pasión. Lo que no se hace pasión en la adolescencia se desmorona hacia la madurez relajada”. Y luego recomienda: “Hacer leer, como se come, todos los días, hasta que la lectura sea, como el mirar, ejercicio natural, pero gozoso siempre”.

Con una tabla apoyada en sus rodillas, escribe “Los Derechos del Niño” reivindicando su lugar en la sociedad: "El niño debe tener derecho a lo mejor de la tradición, a la flor de la tradición, que en los pueblos occidentales, a mi juicio, es el cristianismo".

Interesada por la problemática social de la infancia, escribe: "Muchas de las cosas que hemos menester tienen espera. El niño, no. Él está haciendo ahora mismo sus huesos, criando su sangre y ensayando sus sentidos. A él no se le puede responder "mañana". El se llama "ahora".

Sus páginas en prosa se prestan muy bien para cultivar en los niños el amor hacia la belleza, la educación de los sentimientos, la naturaleza y el paisaje vernáculo. Para ellos, escribió poesía y cuentos de tono modernista que nos evocan los escritos por Rubén Darío, José Martí y Oscar Wilde. Son cuentos delicados y filosóficos como "Por qué las rosas tienen espinas", "La raíz del rosal" y "Por qué las cañas son huecas", con profundos simbolismos y riqueza de léxico.
Por su poesía lírica, su visión americanista y su preocupación por la infancia en Latinoamérica, mereció el Premio Nobel de Literatura en 1945, después de cuatro años de haber sido interrumpido por causa de la Segunda Guerra Mundial, siendo la primera y única mujer en lengua castellana en recibirlo.

sábado, 1 de febrero de 2020

BESOS, un poema de la poeta chilena Premio Nóbel de Literatura Gabriela Mistral.

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero…? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos… vibró un beso,
y qué viste después…? Sangre en mis labios.

Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.

viernes, 11 de marzo de 2016

Gabriela Mistral: La maestra Nobel.

Gabriela Mistral ha sido la única mujer escritora en lengua española en recibir el Premio Nobel de Literatura. Además de escritora fue maestra y diplomática, entre sus máximas pedagógicas : "Si no realizamos la igualdad y la cultura desde la escuela, ¿dónde podrán exigirse estas cosas?"



En conmemoración del Día de la Mujer, recordamos a la chilena Gabriela Mistral, un icono de la educación y de la literatura universal. Sus méritos literarios fueron reconocidos en 1945 cuando recibió el Premio Nobel de Literatura. Gabriela fue la primera escritora en lengua española y primera latinoamericana en recibir esta distinción.

La polifacética Gabriela Mistral, nombre artístico de Lucila Godoy Alcayaga, desempeñó con dedicación e índole visionaria las labores de poetisa, narradora, diplomática y educadora en unos tiempos en los que la mujer no tenía derecho pleno a votar. Desde la profesión de maestra, a la que accedió con vocación a la temprana edad de 15 años, y atravesando la geografía chilena, abordó con increíble adelanto para su época la importancia de la formación de ciudadanos integrales. Su preocupación por la educación de la mujer se plasma asimismo en el artículo “La instrucción de la mujer”, texto en el que solicita que las mujeres tengan derecho a la educación. Sus pensamientos pedagógicos también reflejan todas estas inquietudes, teniendo plena vigencia en estos tiempos, como los siguientes ejemplos que así lo demuestran:
  • “Si no realizamos la igualdad y la cultura dentro de la escuela, ¿Dónde podrán exigirse estas cosas?”
  • “La maestra que no lee tiene que ser mala maestra: ha rebajado su profesión al mecanismo de oficio, al no renovarse espiritualmente”.
  • “Para corregir no hay que temer. El peor maestro es el maestro con miedo”.
  • “Como todo no es posible retenerlo, hay que hacer que la alumna seleccione y sepa distinguir entre la médula de un trozo y el detalle útil pero no indispensable.
”Como poetisa, Mistral se aleja de las vanguardias europeas de la época, centrándose en temas cotidianos y utilizando un lenguaje coloquial, simple, de gran musicalidad y un simbolismo que conecta con una imaginería de tradición folclórica. De entre su obra destacan, “Los Sonetos de la Muerte”, 1914; “Desolación”, 1922; “Ternura”, 1924 y “Tala”, 1938.

La importancia del estudio en el aula de esta figura femenina de la literatura universal es innegable, con presencia en los currículos de sistemas educativos iberoamericanos. Los recursos existentes para el estudio de su obra son asimismo variados y muestran el gran interés y rigurosidad en el tratamiento de su figura y obra. A continuación se proponen una serie de recursos para trabajar en el aula de Primaria y Secundaria:

Primaria 1er ciclo: Lectura comprensiva interactiva del poema “Canción de Cuna”

Secundaria: Biografía interactiva por lugares y países que albergaron a la poetisa; crucigrama interactivovida y obra; video de la Fundación Gabriela Mistral “Su vida, su legado” y poemas leídos por la propia autora.
Fuente: Blog del CNIIE

jueves, 17 de diciembre de 2015

Caperucita Roja. Gabriela Mistral


Caperucita Roja visitará a la abuela
que en el poblado próximo sufre de extraño mal.
Caperucita Roja, la de los rizos rubios
tiene el corazoncito tierno como un panal.
A las primeras luces ya se ha puesto en camino
y va cruzando el bosque con un pasito audaz.
Sale al paso Maese lobo, de ojos diabólicos.
“¡Caperucita Roja, cuéntame a dónde vas!”.
Caperucita es cándida como los lirios blancos.
“Abuelita ha enfermado. Le llevo aquí un pastel
y un pucherito suave, que se derrite en jugo.
¿Sabes del pueblo próximo? Vive a la entrada de él”.
Y ahora, por el bosque discurriendo encantada,
recoge bayas rojas, corta ramas en flor.
Y se enamora de unas mariposas pintadas
que le hacen olvidarse del viaje del Traidor.
El lobo fabuloso de blanqueados dientes
ha pasado ya el bosque, el molino, el alcor,
y golpea en la plácida puerta de la abuelita
que le abre. ¡A la niña, ha anunciado el traidor!
Hace tres días la bestia no sabe de bocado.
¡Pobre abuelita inválida, quién la va a defender!
… Se la comió riendo toda y pausadamente
y se puso en seguida sus ropas de mujer.
Tocan dedos menudos a la entornada puerta.
De la arrugada cama, dice el Lobo: “¿Quién va?”.
La voz es ronca. “Pero la abuelita está enferma”,
la niña ingenua explica. “De parte de mamá”.
Caperucita ha entrado, olorosa de bayas.
Le tiemblan en las manos gajos de salvia en flor.
“Deja los pastelitos; ven a entibiarme el lecho”.
Caperucita cede al reclamo de amor.
De entre la cofia salen las orejas monstruosas.
“¿Por qué tan largas?”, dice la niña con candor.
Y el velludo engañoso, abrazando a la niña:
“¿Para qué son tan largas? Para oírte mejor”.
El cuerpecito tierno le dilata los ojos.
El terror en la niña los dilata también.
“Abuelita, decidme ¿por qué esos grandes ojos?”
“Corazoncito mío, para mirarte bien…”
Y el viejo Lobo ríe, y entre la boca negra
tienen los dientes blancos un terrible fulgor.
“Abuelita, decidme ¿por qué esos grandes dientes?”
“Corazoncito, para devorarte mejor…”
Ha arrollado la bestia, bajo sus pelos ásperos
el cuerpecito trémulo, suave como un vellón,
y ha molido las carnes y ha molido los huesos
y ha exprimido como una cereza el corazón.

sábado, 28 de noviembre de 2015

La flor del aire. Un poema de Gabriela Mistral

LA FLOR DEL AIRE

Yo la encontré por mi destino, 
de pie a mitad de la pradera, 
gobernadora del que pase, 
del que le hable y que la vea. 

Y ella me dijo: "Sube al monte. 
Yo nunca dejo la pradera, 
y me cortas las flores blancas 
como nieves, duras y tiernas." 

Me subí a la ácida montaña, 
busqué las flores donde albean, 
entre las rocas existiendo 
medio dormidas y despiertas. 

Cuando bajé, con carga mía, 
la hallé a mitad de la pradera, 
y fui cubriéndola frenética, 
con un torrente de azucenas. 

Y sin mirarse la blancura, 
ella me dijo: "Tú acarrea 
ahora sólo flores rojas. 
Yo no puedo pasar la pradera." 

Trepe las penas con el venado, 
y busqué flores de demencia, 
las que rojean y parecen 
que de rojez vivan y mueran.


martes, 20 de enero de 2015

"Todas íbamos a ser reinas". Un poema de Gabriela Mistral

TODAS ÍBAMOS A SER REINAS

Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Efigenia
y Lucila con Soledad.

En el valle de Elqui, ceñido
de cien montañas o de más,
que como ofrendas o tributos
arden en rojo y azafrán.

Lo decíamos embriagadas,
y lo tuvimos por verdad,
que seríamos todas reinas
y llegaríamos al mar.

Con las trenzas de los siete años,
y batas claras de percal,
persiguiendo tordos huidos
en la sombra del higueral.

De los cuatro reinos, decíamos,
indudables como el Korán,
que por grandes y por cabales
alcanzarían hasta el mar.

Cuatro esposos desposarían,
por el tiempo de desposar,
y eran reyes y cantadores
como David, rey de Judá.

Y de ser grandes nuestros reinos,
ellos tendrían, sin faltar,
mares verdes, mares de algas,
y el ave loca del faisán.

Y de tener todos los frutos,
árbol de leche, árbol del pan,
el guayacán no cortaríamos
ni morderíamos metal.

Todas íbamos a ser reinas,
y de verídico reinar;
pero ninguna ha sido reina
ni en Arauco ni en Copán...

Rosalía besó marino
ya desposado con el mar,
y al besador, en las Guaitecas,
se lo comió la tempestad.

Soledad crió siete hermanos
y su sangre dejó en su pan,
y sus ojos quedaron negros
de no haber visto nunca el mar.

En las viñas de Montegrande,
con su puro seno candeal,
mece los hijos de otras reinas
y los suyos nunca-jamás.

Efigenia cruzó extranjero
en las rutas, y sin hablar,
le siguió, sin saberle nombre,
porque el hombre parece el mar.

Y Lucila, que hablaba a río,
a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.

En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.

Pero en el valle de Elqui, donde
son cien montañas o son más,
cantan las otras que vinieron
y las que vienen cantarán:

-"En la tierra seremos reinas,
y de verídico reinar,
y siendo grandes nuestros reinos,
llegaremos todas al mar."