jueves, 11 de agosto de 2022

"EL RETRATO". Un cuento de Alfonso Rodríguez Castelao

Para tranquilizar la conciencia eché mi título de médico en el fondo de la gaveta y busqué otro tipo de trabajo para vivir. Las gentes ya no sabían que yo era dueño de tan terrible licencia oficial; pero una noche fueron solicitados mis servicios.

Era domingo. Melchor, el tabernero, me esperaba junto a la puerta. Me dio las «buenas noches» y rompió a llorar, y por entre los sollozos le salían las palabras tan estrujadas, que solamente logró decirme que tenía un hijo a punto de morir.

El pobre padre tiraba de mí, y yo me dejaba llevar, cautivado por su dolor. ¡En realidad, yo era médico titulado y no podía negarme! Y tuve tan fuertes ansias de complacerlo, que sentí brotar en mis adentros una gran ciencia…

Cuando llegamos a la casa de Melchor, conseguí desprenderme de sus manos, y con disimulada pena le confesé que sabía poco de la carrera…

-Piensa que hace muchos años que no visito enfermos.

Y entonces Melchor, haciendo un esfuerzo, me dijo pausadamente:

-Mi hijo ya no necesita médicos. Yo ya sé que el pobre no sale de esta noche. ¡Y se me va, señor; se me va y no tengo ningún retrato suyo!

¡Ay!, yo no había sido llamado como médico, yo había sido llamado como retratista, y al instante sentí ganas amargas de echarme a reír.

Y por verme libre de trabajo tan macabro le dije que una fotografía era mejor que un dibujo, le aseguré que por la noche pueden hacerse fotografías, y echando mano de muchos razonamientos logré que Melchor se apartase de mí en busca de un fotógrafo.

La cosa quedaba arreglada, y me fui a dormir con mil ideas enredadas en la cabeza.

Cuando estaba cogiendo el sueño llamaron a mi puerta. Era Melchor.

-¡Los fotógrafos dicen que no tienen magnesio!

Y me lo dijo temblando de angustia. La cara muy pálida y los ojos como dos pezones de carne roja de tanto llorar.

Jamás vi un hombre tan deshecho por el dolor.

Suplicaba, suplicaba, y me cogía las manos, y tiraba de mí, y el desdichado decía cosas que me abrían las entrañas:

-Tenga consideración, señor. Dos trazos de usted en un papel y ya podré mirar siempre la carita de mi niño. ¡No me deje en la oscuridad, señor!

¡Quién tendría corazón para negarse! Cogí papel y lápiz y allá me fui con Melchor dispuesto a hacer un retrato del muchacho moribundo.

Todo estaba en calma y todo estaba silencioso. Una luz mortecina alumbraba, en amarillo, dos caras estremecedoras que olfateaban la muerte. El niño era el centro de aquella pobreza de la materia.

Sin decir nada, me senté a dibujar lo que contemplan mis ojos de tierra, y solamente al cabo de algún tiempo conseguí acostumbrarme al drama que presenciaba y aun olvidarlo un poco, para poder trabajar, entusiasmado, como un artista. Y cuando el dibujo estaba ya en su punto, la voz de Melchor, agrandada por tanto silencio, me hirió con estas palabras:

-Por el alma de sus difuntos, no me lo retrate así. ¡No le ponga esa cara tan cadavérica y tan triste!

Confieso que al volver a la realidad no supe qué hacer y me puse a repasar las líneas ya trazadas del retrato. El silencio fue roto nuevamente por Melchor:

-Usted bien sabe cómo era mi niño. Haga memoria, señor, y dibújemelo riendo.

De repente surgió en mí una gran idea. Rompí el trabajo, concentré mi mirada en un nuevo papel blanco y dibujé un niño imaginario. Inventé un niño muy bonito, muy bonito: un ángel de retablo barroco sonriendo.

Entregué el dibujo y salí huyendo, y, en el momento de poner el pie en la calle, oí que lloraban dentro de la casa. La muerte había llegado.

Ahora Melchor se consuela mirando mi obra, que está colgada encima de la cómoda, y siempre dice con la mejor fe del mundo:

-He tenido muchos hijos, pero el más bonito de todos fue el que se me murió. Ahí está el retrato, que no miente.

FIN

martes, 9 de agosto de 2022

"DEFENSA DE LA ALEGRÍA". Un poema de Mario Benedetti

 

Defender la alegría como una trinchera 
Defenderla del escándalo y la rutina 
De la miseria y los miserables 
De las ausencias transitorias
y las definitivas

Defender la alegría como un principio
Defenderla del pasmo y las pesadillas
De los neutrales y de los neutrones
De las dulces infamias
Y los graves diagnósticos

Defender la alegría como una bandera
Defenderla del rayo y la melancolía
De los ingenuos y de los canallas
De la retórica y los paros cardiacos
De las endemias y las academias

Defender la alegría como un destino
Defenderla del fuego y de los bomberos
De los suicidas y los homicidas
De las vacaciones y del agobio

De la obligación de estar alegres
Defender la alegría como una certeza
Defenderla del óxido y la roña
De la famosa pátina del tiempo
Del relente y del oportunismo
De los proxenetas de la risa

Defender la alegría como un derecho
Defenderla de Dios y del invierno
De las mayúsculas y de la muerte
De los apellidos y las lástimas
Del azar y también de la alegría"

lunes, 8 de agosto de 2022

"USTEDES Y NOSOTROS". Un poema de Mario Benedetti

Ustedes cuando aman
exigen bienestar
una cama de cedro
y un colchón especial

nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar
con sábanas qué bueno
sin sábanas da igual

ustedes cuando aman
calculan interés
y cuando se desaman
calculan otra vez

nosotros cuando amamos
es como renacer
y si nos desamamos
no lo pasamos bien

ustedes cuando aman
son de otra magnitud
hay fotos chismes prensa
y el amor es un boom

nosotros cuando amamos
es un amor común
tan simple y tan sabroso
como tener salud

ustedes cuando aman
consultan el reloj
porque el tiempo que pierden
vale medio millón

nosotros cuando amamos
sin prisa y con fervor
gozamos y nos sale
barata la función

ustedes cuando aman
al analista van
él es quien dictamina
si lo hacen bien o mal

nosotros cuando amamos
sin tanta cortedad
el subconsciente piola (pía)
se pone a disfrutar

ustedes cuando aman
exigen bienestar
una cama de cedro
y un colchón especial

nosotros cuando amamos
es fácil de arreglar
con sábanas qué bueno
sin sábanas da igual.

viernes, 5 de agosto de 2022

"EL FUTURO". Un poema de Juliio Cortázar


Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle, en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado, ni en el gesto
de elegir el menú, ni en la sonrisa
que alivia los completos de los subtes,
ni en los libros prestados ni en el hasta mañana.

No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes o una blusa.
Me enojaré amor mío, sin que sea por ti,
y compraré bombones pero no para ti,
me pararé en la esquina a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré las cosas que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles y de puentes.
No estarás para nada, no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti.

miércoles, 3 de agosto de 2022

"CANTIGAS DE ESCARNIO: Porque en el mundo disminuyó la verdad / Porque no mundo mengou a verdade". Poema de Airas Nunes (Siglo XIII)

Como en el mundo disminuyó la verdad,
un día intenté ir a buscarla;
y, donde por ella fui preguntando,
todos me decían: “Buscadla en otra parte,
pues de tal modo se perdió
que no podemos tener noticias de ella
ni está ya en la vecindad”.

En los monasterios de los frailes regulares
pregunté por ella y me dijeron así:
“No busquéis vos la verdad aquí,
ya que hemos pasado muchos años
y no vive con nosotros, eso es seguro,
no sabemos donde está ahora
y nos preocupan más otras cosas”.

Y en el Císter, donde la verdad solía
siempre habitar, me dijeron que no
vivía allí desde hacía mucho tiempo,
ningún fraile de allá la conocía
y el abad ni siquiera consentía
que parase en los albergues de paso
y está ya fuera de la abadía.

En Santiago, estando alojado
en mi posada, llegaron peregrinos.
Les pregunté y me dijeron: “Por Dios,
muy equivocado lleváis el camino,
pues, si quisiereis hallar la verdad,
conviene buscar otro camino,
ya que aquí no saben nada de ella”

martes, 2 de agosto de 2022

"EL RELATO DEL PARIENTE POBRE". Un cuento de Charles Dickens

No deseaba en absoluto tener la prioridad entre tantos miembros respetables de la familia, y comenzar la serie de historias, que cada uno aportaría a su turno, mientras estaban sentados cerca del hogar de Navidad. Modestamente sugirió:

—Sería más correcto que John, nuestro estimado anfitrión (a cuya salud brindara) tuviese la amabilidad de iniciar la serie.

Porque en lo que a él se refiere, estaba tan poco acostumbrado a tomar la iniciativa que, realmente…

Pero, como todos exclamaran a un tiempo que él debía comenzar y estuvieran completamente de acuerdo en que él podía y debía iniciar la serie, dejó de frotarse las manos, se acomodó en el asiento y dijo así:

—No dudo de que sorprenderé a todos los miembros de nuestra familia aquí reunidos, y en particular a John, nuestro estimado anfitrión, a quien debemos la noble hospitalidad que nos brinda en este día, con la confesión que voy a hacer. Pero si ustedes me honran, al sorprenderme ante cualquier detalle que se refiere a una persona de tan poca importancia en la familia como yo lo soy, solo puedo asegurarles que seré escrupulosamente sincero en mi relato.

»Yo no soy tal como se supone debe ser. Soy completamente distinto. Tal vez, antes de ir más lejos, debiera echar un vistazo hacia lo que sospecho que todos opinan de mí.

»Se supone, a menos que esté equivocado, cosa muy probable, y los miembros de la familia aquí reunidos me corregirán (llegado ahí, el pariente pobre miró con indulgencia a su alrededor) que no soy más enemigo que de mí mismo; que nunca tuve éxito en nada; que fracasé en los negocios porque era inepto e ingenuo y no estaba prevenido contra los planes interesados de mi socio; que fracasé en el amor porque era ridículamente confiado al considerar imposible que Christiana pudiese engañarme; que fracasé en mis esperanzas con respecto a tío Chill, debido a mi falta de sagacidad en asuntos mundanos; que a través de mi existencia fui, por lo común, defraudado y engañado. Que sea en la actualidad un solterón entre los cincuenta y nueve y sesenta años de edad, viviendo con una renta limitada, en forma de pensión trimestral, respecto de lo cual observo que John, nuestro estimado anfitrión, desearía que no hiciera ninguna otra alusión. CONTINUAR LEYENDO