sábado, 28 de marzo de 2026

"LA JUSTICIA POR LA MANO / A XUSTICIA POLA MAN". Un poema de Rosalía de Castro seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

Regresar a los poemas de Rosalía de Castro es siempre motivo de placer y asombro. Este domingo de marzo comparto el poema ‘A xusticia pola man’, incluido en el libro ‘Follas novas’, en su apartado ‘Do íntimo’, publicado en 1880. No responde a la imagen contemplativa y melancólica que suele darse de la poeta, sino que ofrece una faceta más rabiosa y reivindicativa, más comprometida con el dolor humano y, en especial, con el dolor de las mujeres. En este caso, el de una mujer víctima de los abusos de los caciques, que, altaneros, se pasean por los caminos sin temor, sabiendo que ni los jueces ni los sacerdotes harán justicia, por mucho que la reclame la mujer violentada. ¿Qué hacer ante la connivencia y la corrupción de los poderosos? Cuántos casos de atropellos contra las mujeres debió conocer Rosalía de Castro, cuántas impunidades, para sentirse interpelada, para dejar constancia con valentía de la necesidad de, cuando las instituciones fallan, tomarse la justicia por la mano para vengar las afrentas. (Andrea Villarrubia Delgado)

LA JUSTICIA POR LA MANO

Los que más honrados son, allá en la villa,
me robaron toda mi blancura limpia;
mancharon de estiércol mis galas de un día,
y mi pobre ropa me la hicieron tiras.

Ni piedra dejaron donde yo vivía;
sin casa ni abrigo, moré en las campiñas,
y en el campo al raso con liebres dormía;
mis hijos…, ¡mis ángeles…!, que tanto quería,
murieron de hambre, que hambre tenían.

Quedé deshonrada, marchita mi vida,
un lecho me hicieron de tojos y espinas
y mientras, los zorros de sangre maldita,
en lecho de rosas, tranquilos, dormían.

-¡Salvadme, jueces!,- grité…, ¡Tontería!
de mí se mofaron, justicias vendidas.
-¡Ayuda, Dios mío!- gritando seguía…
De lo alto que , el buen Dios no oía.

Entonces, cual loba doliente o herida,
de un salto, rabiosa, con la hoz bien cogida,
me fui, paso a paso… ¡Nada se sentía!
Se escondió la luna; la fiera dormía
con sus compañeros en cama mullida.

Los miré con calma; con mis manos rígidas,
de un golpe… ¡uno solo! Los dejé sin vida;
y me senté a un lado, cerca de mis víctimas,
tranquila, esperando el alba del día.

Entonces… entonces se hizo justicia:
yo, en ellos; las leyes, en mi mano altiva.

ROSALÍA DE CASTRO

Traducción de Juan Barja

A XUSTICIA POLA MAN

Aqués que tn fama d’honrados na vila
roubáronme tanta brancura qu’eu tiña,
botáronme estrume nas galas dun día,
a roupa decote puñéronma en tiras.

Nin pedra deixaron, en dond’eu vivira;
sin lar, sin abrigo, morei nas curtiñas,
ó raso cas lebres dormín nas campías;
meus fillos… ¡meus anxos!… que tant’eu quería,
¡morreron, morreron, ca fame que tiñan!

Quedei deshonrada, murcháronm’a vida,
fixéronm’un leito de toxos e silvas;
i en tanto, os raposos de sangre maldita,
tranquilos nun leito de rosas dormían.

-Salvádeme, ¡ouh, xueces!, berrei… ¡Tolería!
De min se mofaron, vendeum’a xusticia.
-Bon Dios, axudaime, berrei, berrei inda…
Tan alto qu’estaba, bon Dios non m’oíra.

Entonces cal loba doente ou ferida,
dun salto con rabia pillei a fouciña,
rondei paseniño… (Ne’as herbas sentían)
i a lúa escondíase, i a fera dormía
cos seus compañeiros en cama mullida.

Mireinos con calma, i a fera dormía,
dun golpe, ¡dun soio!, deixeinos sin vida.
I ó lado, contenta, senteime das vítimas,
tranquila, esperando pola alba do día.

I estonces… estonces, cumpreuse a xusticia:
eu, neles; i as leises, na man qu’os ferira.

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