martes, 8 de septiembre de 2026

"LOS LIBROS QUE CAYERON AL PISO". Fanuel Hanán Díaz (Miau, Blog de Literatura, lectura, libros para niños y jóvenes de la Fundación Cuatrogatos)

A las seis y cuatro de la tarde del 24 de junio de 2026 a los venezolanos nos cambió la vida. Durante varios minutos el mundo perdió su estabilidad, mientras el piso comenzó a sacudirse bajo nuestros pies. Las paredes crujieron y los objetos comenzaron a caer, desparramándose y estallando en el piso.

Poco antes de bajar las escaleras en pánico, giré la cabeza y tuve la visión de un caos de vidrios rotos, muebles y libros regados junto a las bibliotecas desplomadas. A los días, cuando empezaron a circular algunas fotos de cómo habían quedado las casas de otros amigos escritores, se repetía la imagen de libros dispersos de forma caótica al lado de travesaños y estanterías patas arriba.

Rearmar una biblioteca es una tarea extraña, paciente, yo diría que espiritual. No consiste únicamente en colocar cada libro en el lugar donde creíamos que estaba. Es, sobre todo, una forma de reencontrarse con una parte de la propia vida. Cada libro trae recuerdos del momento en que llegó a nuestras manos, la ciudad donde lo compramos, el amigo que nos lo regaló, el autor que nos lo dedicó, las conversaciones, los lugares.

Durante varios días, mientras los iba levantando del piso, no estaba simplemente reordenándolos: estaba recorriendo, sin proponérmelo, una biografía hecha de lecturas.

Recuerdo que hace algunos años escribí un artículo sobre el azar en la lectura: “Geografías del azar en la formación de lectores”. Exploraba en ese texto la misteriosa ruta por la que ciertos libros llegan a nosotros exactamente cuando tienen el poder de transformarnos, de tocarnos. Incluso cómo ciertas coincidencias alrededor de los libros han hecho posible la creación de obras inolvidables.

La historia de una biblioteca personal es también la historia de una sucesión de encuentros fortuitos. Un libro puede llegar a nuestras manos durante una visita a una librería de viejo, otros llegan como un regalo de cumpleaños, otros porque los compramos en un viaje o los vamos cargando (y perdiendo) en mudanzas… hasta que terminan acompañándonos durante una vida. Nunca sabemos del todo si somos nosotros quienes elegimos los libros o si, en ciertos momentos, son ellos quienes terminan escogiéndonos.

Ahora que han pasado algunas semanas, pienso de nuevo en esta reflexión sobre el azar. El terremoto no solo cambió el orden de mi biblioteca, sino también el orden de mis recuerdos. Al levantar un libro, aparecía otro que llevaba años sin abrir. Debajo de un tomo empastado resurgía uno que había olvidado o que no recordaba tener. Entre los escombros de papel asomaban títulos que habían permanecido silenciosos durante mucho tiempo y que, de pronto, parecían reclamar mi atención. CONTINUAR LEYENDO


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