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jueves, 23 de mayo de 2019

Me destierro. un poema de Miguel de Unamuno

Me destierro a la memoria,
voy a vivir del recuerdo.
Buscadme, si me os pierdo,
en el yermo de la historia,

que es enfermedad la vida
y muero viviendo enfermo.
Me voy, pues, me voy al yermo
donde la muerte me olvida.

Y os llevo conmigo, hermanos,
para poblar mi desierto.
Cuando me creáis más muerto
retemblaré en vuestras manos.

Aquí os dejo mi alma-libro,
hombre-mundo verdadero.
Cuando vibres todo entero,
soy yo, lector, que en ti vibro.

jueves, 21 de abril de 2016

Tertulia Literaria Dialógica de la Prisión: Paz en la guerra, un libro de Miguel de Unamuno.

Hoy hemos terminado de leer el libro de Miguel de Unamuno, Paz en la guerra. La verdad es que ha sido muy interesante. 
El autor, en su primera novela, se centra en lo que él vivió en sus primeros años de vida. Ahora bien, como él indica, más que una novela histórica es una historia novelada. El tema fundamental sobre el que gira la novela son las guerras carlistas, concretamente la tercera, y el ámbito es el del País Vasco, especialmente Bilbao. Y claro, en nuestra tertulia hay bastantes personas de esos lares.
El libro, además de su carácter histórico, está plagado, como no podía ser de otra manera en Unamuno, de profundas reflexiones y análisis. Como sucede con este autor, sus novelas pueden ser leídas como tales, como una lectura de ficción, o deteniéndose en sus continuos escorzos filosóficos.En este caso, la novela es una claro manifiesto pacifista en el que se señalan los absurdos de toda confrontación bélica.

"El Rey les revistó cuando se hallaban todos en posiciones, paseando su corpacho, bandera de carne, como quien dice: aquí estoy yo, por quien os batís, ¡ánimo!"
"Arrancados de sus hogares -lugares vivos-, de sus parientes, de su mundo, lleváronles a morir allí, a manos de desconocidos, también de vivos lugares, hijos también de padre, sin que jamás tal vez hubieran oído nombrar los unos la humilde aldea de los otros. Al morir los pobres se apagaban sus recuerdos, la visión de su serena campiña y de su cielo; sus amores, sus esperanzas, su mundo: el mundo todo se les desvanecía; al morir ellos, morían mundos, mundos enteros, y morían sin haberse conocido."
"Cuajaban en un miedo común los miedos de cada uno, los miedos aislados; deteníase la masa un momento, y luego corría hacia atrás, deshecha, dejando despojos en el campo, para volver en seguida a formarse y salir de nuevo. Iban a la muerte con salvaje resignación, sin saber adónde, ni por qué, ni para qué iban a matar a un desconocido o ser por él muertos, resignados, como pobres borregos, cerrados a toda visión del futuro morían absortos en la acción, sorprendidos en su esfuerzo por la muerte onmipresente."
"La verdad es -dijo Rafaela- que me parece una salvajada que los hombres se maten por opiniones."

Pero es el párrafo final el que sintetiza todo el trasfondo del libro: 

"En el seno de la paz verdadera y honda es donde sólo se comprende y justifica la guerra; es donde se hacen sagrados votos de guerrear por la verdad, único consuelo eterno; es donde se propone reducir a santo trabajo la guerra. No fuera de ésta, sino dentro de ella, en su seno mismo, hay que buscar la paz; paz en la guerra misma."

Bueno, la cosa ha terminado cantando canciones del "Bocho",nombre cariñoso de Bilbao, que hacían alusión a esta guerra carlista.

El próximo que vamos a leer: "Algo alrededor de tu cuello" es de una autora nigeriana: Chimamanda Ngozi Adichie. Es un libro de cuentos. Hemos elegido este libro por su calidad literaria y por su temática; y a esta autora porque como mujer y, sobre todo, como africana será muy difícil que entre a formar parte del canon occidental que algunos pretenden hacerlo universal.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

El contertulio. Un cuento de Miguel de Unamuno

Más de veinte años hacía que faltaba Redondo de su patria, es decir, de la tertulia en que transcurrieron las mejores horas, las únicas que de veras vivió, de su juventud larga. Porque para Redondo, la patria no era ni la nación, ni la región, ni la provincia, ni aun la ciudad en que había nacido, criádose y vivido; la patria era para Redondo aquel par de mesitas de mármol blanco del café de la Unión, en la rinconera del fondo de la izquierda, según se entra, en torno a las cuales se había reunido día a día, durante más de veinte años, con sus amigos, para pasar en revista y crítica todo lo divino y lo humano y aun algo más.

Al llegar Redondo a los cuarenta y cuatro años encontróse con que su banquero lo arruinó, y le fue forzoso ponerse a trabajar. Para lo cual tuvo que ir a América, al lado de un tío poseedor allí de una vasta hacienda. Y a la América se fue añorando su patria, la tertulia de la rinconera del café de la Unión, suspirando por poder un día volver a ella, casi llorando. Evitó el despedirse de sus contertulios, y una vez en América hasta rompió toda comunicación con ellos. Ya que no podía oírlos, verlos, convivir con ellos, tampoco quiso saber de su suerte. Rompió toda comunicación con su patria, recreándose en la idea de encontrarla de nuevo un día, más o menos cambiada, pero la misma siempre. Y repasando en su memoria a sus compatriotas, es decir, a sus contertulios, se decía: ¿qué nuevo colmo habría inventado Romualdo? ¿Qué fantasía nueva el Patriarca? ¿Qué poesía festiva habrá leído Ortiz el día del cumpleaños de Henestrosa? ¿Qué mentira, más gorda que todas las anteriores, habrá llevado Manolito? Y así lo demás. CONTINUAR LEYENDO

domingo, 4 de octubre de 2015

El maestro de Carrasqueda. Un cuento de Miguel de Unamuno.

En Unamuno el tema de la existencia aparece interpretado como una doble marcha hacia la nada: hacia la temporalidad y la eternidad: "Por debajo de esta corriente de nuestra existencia, por dentro de ella, hay otra corriente en sentido contrario: aquí vamos del ayer al mañana; allí se va del mañana al ayer". Esta teoría de la historia y de la contrahistoria, del tiempo y de la eternidad, la desarrolla Unamuno en sus relatos breves de la primera época como en el de aquí: El Maestro de Carrasqueda. 

EL MAESTRO DE CARRASQUEDA

Discurrid con el corazón, hijos míos, que ve muy claro, aunque no muy lejos. Te llaman a atajar una riña de un pueblo, a evitarle un montón de sangre, y oyes en el camino las voces de angustia de un niño caído en un pozo: ¿le dejarás que se ahogue? ¿Le dirás: "No puedo pararme, pobre niño; me espera todo un pueblo al que he de salvar"? ¡No! Obedece al corazón: párate, apéate del caballo y salva al niño. ¡El pueblo... que espere! Tal vez sea el niño un futuro salvador o guía, no ya del pueblo, sino de muchos.»

Esto solía decir don Casiano, el maestro de Carrasqueda de Abajo, a unos cuantos mozalbetes que, en la escuela, mientras se lo decía, le miraban con ojos que parecían oírselo. ¿Le entendían acaso? He aquí una cosa de que, a fuer de buen maestro, jamás se cuidó don Casiano cuando ante ellos se vaciaba el corazón. «Tal vez no entiendan del todo la letra — pensaba—; pero lo que es la música...» Había, sin embargo, entre aquellos chicuelos uno para entenderlo: nuestro Quejana.

¡Todo un alma aquel pobre maestro de escuela de Carrasqueda de Abajo! Los que le hemos conocido en este último tercio del siglo XX, anciano, achacoso, resignado y humilde, a duras penas lograremos figurarnos a aquel joven fogoso, henchido de ambiciones y de ensueños, que llegó hacia 1920 al entonces pobre lugarejo en que acaba de morir, a ese Carrasqueda de Abajo, célebre hoy por haber en él nacido nuestro don Ramón Quejana, a quien muchos llaman el Rehacedor. CONTINUAR LEYENDO