lunes, 21 de septiembre de 2026

"FE DE ERRATAS". Un poema de Alejadro Pedregosa seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

El poema que hoy comparto cierra el libro ‘Lo que sé de Whitney Houston’, escrito por Alejandro Pedregosa. La vida de la cantante que da título a ese hermoso e intenso libro enhebra los poemas que contiene, pero por él transitan también historias (en el fondo la misma historia) de personas que desde distintos sufrimientos llegaron al suicido. Es este un libro de amor (o de amores) y de recuerdos, en primer lugar de la cantante estadounidense, a la que toma como referencia de alguien que sucumbió al dolor de vivir, pero también de todos aquellos que decidieron en algún momento no continuar caminando por la vida. Y es que el suicidio sigue siendo un misterio, un estupor, como lo es siempre el amor y sus encarnaciones. El poema compartido se titula ‘Fe de erratas. Epílogo’ y nos recuerda que, como las que afean las páginas de cualquier libro, existen erratas que malogran vidas. Si siempre desgarra la muerte de la persona a la que se ama, se ensancha la herida si ese final es voluntario, inesperado. (Andrea Villarrubia Delgado)
FE DE ERRATAS
(Epílogo)

Si alguna vez los versos de este libro
alcanzan una vida en tinta y celulosa,
si alguna vez los ojos de un ajeno
se paran a leer con lentitud
las cosas que he pensado tras tu muerte,
conviene se corrijan previamente
unas cuantas erratas que -espinas
en el tallo del rosal-
andan diseminadas por el texto.

Donde dice Newark, por ejemplo,
bien se puede poner Navacerrada,
Pamplona, Panticosa o cualquier sitio
donde sepa una niña con coletas
enterrar sus fantasmas bajo un manto de nieve.
Y, en los versos que tengan la palabra “bañera”,
lo correcto sería escribir “balcón”,
porque ¿quiénes de aquellos que estuvimos
a dos palmos de ti podemos hoy
asomarnos a ese abismo
sin que el vértigo nos tumbe?

Nunca dormiste, claro está,
en el Hotel Beverly Hilton de Los Ángeles,
pero te amé y me amaste en un piso pequeño,
de protección oficial, que daba a la avenida
de las Artes, con el sol declinando
en las últimas tardes de septiembre.

No encontraste el infierno, como Whitney,
en las drogas que batieron la sangre
de nuestra generación
-cocaína y speed, principalmente-,
así que lo correcto sería consignar
en estos versos tu afición al vino tinto
y, en los malos momentos, que los hubo,
su mezcla con maría y Orfidal.

Es verdad que no viste cantar al azulillo,
pero te complacía el trino
meridiano de los mirlos. Y es por eso
que los mirlos se parecen a tu alma:
¿de qué si no su pico anaranjado,
el color de tus labios en los míos?

Y poca cosa más. El resto de detalles
-imprecisiones, mentiras y dudas
ortográficas- queden para los críticos
en boga y correctores de estilo.
Nosotros ya hemos hecho en esta vida
cuanto estuvo en nuestras manos
por ser fieles al hecho de vivir.
Si al cabo no acertamos en las formas,
es porque fuimos en el fondo libres
-libérrimos a veces- y, en lo que toca al amor,
enamorados.

ALEJANDRO PEDREGOSA

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