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viernes, 22 de marzo de 2019

Mejor el móvil que un libro: así muere la lectura a los 15. Un artículo de PEIO H. RIAÑO publicado en El País.


Los últimos informes desvelan que los adolescentes han dejado de leer una hora a la semana el último año. Los expertos creen que falta voluntad política para solucionar este abandono


En la foto una niña de diez años lee un libro voluminoso. Está tumbada en un sofá y enroscado a sus piernas, su perro. Es una imagen de silencio e intimidad. Es la hija de Paloma Bravo, periodista y autora de la novela Solos (Alfabia), que ha publicado en su perfil de Instagram ese instante, en el que Sol ha parado su actividad -al menos una hora- para entregarse a la lectura de Harry Potter (en inglés). Días después, un estudio demuestra que esta foto es una excepción. La Federación de Gremios de Editores de España (FGGEE) presentó su informe anual de hábitos de lectura, en el que desvela que los jóvenes se retiran de la lectura: una hora menos a la semana que el año anterior, a los 10 años, la edad de Sol.

Y a los 15 años las estadísticas dibujan un golpe mortal, porque pasan de ser lectores el 70,4% a quedarse en el 44,7%. El bache solo se recupera a partir de los 25 años. Los editores tienen una explicación “existencialista”: “A los 14 hay un cambio de ciclo de vida, donde las preocupaciones vitales y la atmósfera escolar cambia”, cuenta en su despacho de la Fundación Santillana, Miguel Barrero, presidente de la FGGEE. La frontera es el paso de la Secundaria al Bachillerato, instante recogido por los gráficos como deserción en masa.

Es el momento en que desaparece el entorno escolar como prescriptor. Hasta Primaria se convive con la lectura de manera natural, pero según culminan el ciclo de educación obligatoria (16 años), los libros se transforman en móviles. “Hay que decirlo claro: es mucho más atractivo para ellos estar una hora enganchados al móvil, en Instagram y YouTube. Y nos pasa también a los adultos. Los móviles han desplazado al libro por completo en las nuevas generaciones”, habla Cristina Juher, profesora de Lengua y literatura catalana, en el instituto Jaume Vicens Vives (Girona). CONTINUAR LEYENDO

martes, 28 de marzo de 2017

"VENDER EL CELULAR". ¿Cómo hablarles a los niños de intimidad si les hemos enseñado a posar, antes que a hablar? Un artículo de Yolanda Reyes.

“El ICBF (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar) recomienda a los papás y a las mamás no regalar celulares inteligentes a los niños menores de 14 años. Son muchos los riesgos!!!”, exclamó la directora Cristina Plazas en su cuenta institucional, con ese esquematismo de los 140 caracteres de Twitter, que puede convertir cualquier tema, por complejo que sea, en frase hecha.

Su recomendación fue leída como una prohibición o como una directriz impartida nada menos que por la máxima autoridad del Estado en políticas de infancia, niñez y adolescencia, y suscitó diversas reacciones, desde la preocupación de las familias (¿habría que esconder los celulares en presencia de la autoridad?) hasta la polémica sobre el papel de un instituto que parecía confundir su misión de garantizar los derechos de los niños con la de aconsejar a los padres sobre el manejo de los dispositivos electrónicos.

[...] En un mundo abierto de par en par al conocimiento y a la invención y, paradójicamente también, a los peligros que entraña esa apertura, es necesario repensar y recuperar el sentido de las viejas palabras que enmarcan las relaciones entre niños y adultos. ¿Qué significan, por ejemplo, conceptos como la confianza, la comunicación, el tiempo y el cuidado? ¿Qué significan los límites, en un mundo sin fronteras? ¿Cómo acompañar paulatinamente a estos nativos digitales que saben muchísimo más de tecnología que nosotros, pero que necesitan más que nunca de nuestros saberes ancestrales sobre las emociones de la vida?

Es sintomático que este debate sobre la comunicación (pero no solo celular) se haya “activado” en 140 caracteres frente a estas pantallas que emiten destellos permanentes de nosotros y que nos mantienen absortos, sin levantar apenas la cabeza para mirar a nuestros seres queridos. Me pregunto qué pensarán los niños de esta disociación entre lo que hacemos los adultos todo el día con nuestros talismanes electrónicos y lo que esperamos que ellos NO hagan. ¿Cómo hablarles de intimidad si les hemos enseñado a posar, antes que a hablar? ¿Cómo pedirles que no exhiban fotos de sus cuerpos si, en vez de mirarlos a los ojos, los hemos visto crecer pegados al ojo de una cámara?

Fuente: eltiempo.com