lunes, 9 de mayo de 2022

" MENFIS DE PERFIL". Un cuento de Liliana Bodoc

Una historia con egipcios puede contarse de dos maneras: de frente y de perfil. Los resultados son parecidos, quizás muy parecidos. Pero nunca idénticos.

“Hace 4800 años, en Egipto...” es un comienzo posible. “Larguísimo tiempo atrás, a orillas de un barro prodigioso...” es el mismo comienzo, pero 
de perfil.

Lo cierto es que un cuento sobre antiguas personas de color rojizo que caminaban de costado y miraban hacia adelante debe contarse dos veces.

Hace 4800 años, en Egipto, vivió un niño de nombre Kamosis que creció, y entonces fue un egipcio de nombre Kamosis que, tiempo y tiempo después, murió de viejo.

Durante la vida de Kamosis ocurrieron en Egipto muchas cosas importantes. Para no olvidarlas, los egipcios las dibujaron en vasos de oro y en mazas de guerra. Y, de tan importantes, las dibujaron también adentro de las piedras.

Larguísimo tiempo atrás, Kamosis fue una nariz egipcia común y corriente que ni de lejos conoció al  faraón, y que nunca fue momia. Tal vez por eso, a nadie se le ocurrió dibujar los asuntos de su simple vida ni en las arenas del desierto. Por eso, un egipcio de perfil solamente se puede soñar. CONTINUAR LEYENDO

sábado, 7 de mayo de 2022

"VIEJO TAPIZ". Un poema de Ángel González

Todo el mundo era pobre en aquel tiempo,
todos entretejían
sin saberlo
—a veces sonreían—
los hilos de tristeza
que formaba la trama de la vida
(inconsistente tela, pero
qué estambre terco, la esperanza).
Unas hebras
de amor doraban
un extremo de aquel tapiz sombrío
en el que yo era un niño que corría
no sé de qué o hacia dónde,
tal vez hacia el espacio luminoso
que urdían incansables
las obstinadas manos amorosas.
Nunca llegué a esa luz.
Cuando iba a alcanzarla,
el tiempo, más veloz,
ya la había apagado con su pátina.

jueves, 5 de mayo de 2022

"QUEMAR LIBROS". Un artículo de Elia Barceló publicado el 23/05/22 en elDiario.es

Tennessee ha puesto en vigor un decreto por el cual en todas las bibliotecas de escuelas públicas deben someter para su aprobación una lista de los libros que tienen en sus estanterías y que, por tanto, podrían ser libremente consultados o leídos por el alumnado

Nunca he sido muy aficionada a recordar fechas y aniversarios. Sin embargo hay algunas que merecen quedar en la memoria colectiva porque su significado nos afecta a todos, por muchos años que hayan transcurrido, y es tan intenso que no podemos permitirnos olvidarlas.

El 10 de mayo es una de esas fechas, pero da igual conmemorarla ese día concreto, porque lo importante es tener grabado lo que sucedió en Berlín y en otras veintiuna ciudades universitarias alemanas, en 1933, recordarlo todos los días del año, y no permitir que vuelva a suceder jamás.

Después de un discurso de Goebbels -el ministro de propaganda del gobierno de Adolf Hitler-, uno de esos discursos inflamados e infames por los que pasó a la historia, miles de estudiantes y profesores -según el Museo del Holocausto de Estados Unidos, eran 40.000 personas- entraron a saco en las bibliotecas, librerías, departamentos e institutos escolares y universitarios para “purgar” los libros que se conservaban allí, arrancarlos de sus estanterías, llevarlos a la Bebelplatz y a otras plazas, y quemarlos públicamente por ser considerados dañinos para la población. Más de 25.000 libros ardieron ese día por ser “no alemanes” y por incitar a la “decadencia y la corrupción moral”. La lista es muy larga, pero los lectores alemanes se perdieron a partir de ese día, por ejemplo, a autores y autoras como Brecht, Benjamin, Einstein, Freud, Kafka, Luxemburg, Mann, Marx, von Suttner y Zweig, unos por judíos, otros por pacifistas, otros más por comunistas y otros, simplemente, porque no le gustaban al régimen, que los encontraba peligrosos -Joyce, Hemingway, Conrad, Wells, Gide-, “impropios” seguramente, como se dice ahora.

Ya cien años antes, Heinrich Heine (uno de los autores cuyos libros ardieron en esta purga de 1933) había pronunciado sus proféticas palabras: “Allí donde se queman libros, antes o después se acaba quemando personas.” Es justamente lo que sucedió: empezaron por los libros y acabaron desencadenando el más espantoso horror del siglo XX.

Acabada la guerra, la terrible Segunda Guerra Mundial que, además de los libros, acabó con las vidas de millones de personas, con sus familias, sus posesiones, sus ideales y su dignidad, lo que todo el mundo tenía claro era que nunca más podíamos permitir que sucediera algo así. Nunca más.

No ha pasado aún un siglo de aquella quema de libros, que constituyó el preludio de los horrores que vendrían después, y nos encontramos con que en los Estados Unidos de América, “the land of the free”, como proclama orgullosamente su himno nacional -ese himno que todo el alumnado de centros públicos canta con la mano en el corazón al comienzo de las clases- el gobierno del estado de Tennessee ha puesto en vigor un decreto por el cual todos los bibliotecarios y bibliotecarias de escuelas públicas deben someter para su aprobación una lista de los libros que tienen en sus estanterías y que, por tanto, podrían ser libremente consultados o leídos por el alumnado. Los libros que se consideren “inapropiados” serán retirados, tanto de las bibliotecas como de las fichas.

“Inapropiado” es claramente un término ambiguo y altamente subjetivo que, desde el punto de vista de los grupos conservadores que han propuesto y apoyado este decreto, hace referencia a todos los libros que traten temas como el racismo, el género, la identidad política y la sexual, según el informe anual sobre censura de la Asociación Americana de Bibliotecarios ALA (American Library Association).

Pero si esto ya es grave en sí, mucho más grave es lo que ha salido a la luz -a través de Twitter y que recoge el Washington Post- en el curso de la polémica que han mantenido dos senadores de Tennessee, el republicano Jerry Sexton y el demócrata Ray Clemmons. Cuando este último preguntó a su colega republicano qué pensaba hacer con los libros que, basándose en este criterio de “lectura inapropiada”, fueran retirados de las bibliotecas, Sexton contestó: “Ni idea, pero yo los quemaría.”

Y, con eso, estamos otra vez acercándonos a lo que hace ochenta años dijimos que no permitiríamos que volviese a suceder: censurando y quemando libros porque a ciertas personas que muy probablemente ni siquiera los han leído les parecen “inapropiados”. Los padres y madres de los alumnos pueden también pedir a los bibliotecarios que retiren libros que no les parecen convenientes para sus retoños, amparándose en la nueva ley, y los y las profesionales de las bibliotecas deben someter las listas todos los años -tanto las nuevas adquisiciones como el fondo antiguo- para que sean aprobados. O no.

Si a eso añadimos la ya existente censura de obras gráficas -desde carteles hasta reproducciones de grandes pinturas clásicas, como la Maja de Goya, que fue retirada por orden judicial ya en 1991 del salón de música de la universidad estatal de Pensilvania por una protesta de las alumnas que consideraban “acoso sexual” tener que ver la imagen de una mujer desnuda durante una clase o un concierto-, la censura de cuentos infantiles, como Caperucita Roja en la ciudad californiana de Culver City, y más tarde en Seattle, porque la niña, obviamente menor, tiene una botella de vino en la cesta que le lleva a su abuela (¡alcohol, una menor!), y todas las trabas con las que se encuentran las publicaciones y los shows de comedias y monólogos por la cuestión de la “corrección política” nos podemos hacer una idea cada vez más clara de la dirección que están tomando las cosas en el que se vanagloria de ser el país más libre del mundo, adalid de la libertad de expresión.

Hablamos de un país donde una persona no puede tomarse una cerveza o una copa de vino hasta los 21 años en algunos estados (en otros, hasta los 18), ni tan siquiera entrar a comer, aunque tome agua, en un local donde se sirva alcohol, pero sí puede comprarse un arma de combate. Y ahora resulta que lo que es dañino son los libros. Se trata de un país con 8,3% de analfabetismo -una de las tasas más altas en países del primer mundo- 43 millones de analfabetos funcionales, que confiesan en las encuestas que tienen dificultades para leer y comprender lo que leen y para expresarse por escrito. Sin embargo, a los políticos republicanos lo que les preocupa es que lean a Mark Twain, se enteren de que hace ciento cincuenta años aún había esclavos en su país, y lean con todas las letras la palabra “negro” -¡horror! ¡el colmo de lo inapropiado!. Como si ser esclavo, del color que sea, no fuera lo bastante horrible. Como tantas veces, lo malo, lo que hay que abolir es la palabra, en lugar de cambiar la realidad.

Tampoco les interesa que los adolescentes se enteren de que, además del genocidio judío que sí estudian en la escuela, sus propios antepasados exterminaron a los pueblos indios que ahora llaman tan elegantemente “native Americans” y de los que cada vez quedan menos. Ni quieren que los y las jóvenes se den cuenta de que la identidad es una construcción social, ni de que no es necesario tener una confesión religiosa para ser una persona decente.

El problema, uno de los muchos problemas, es que todo esto no solo pasa en Estados Unidos. Cada vez hay más partidos e incluso grupos y asociaciones en todas partes, nuestro país incluido, que quieren censurar, prohibir, quemar; que proclaman con orgullo no creer en la ciencia, no creer en la evidencia del cambio climático, que incluso dudan de que nuestro planeta sea una esfera.

Si no llevamos cuidado, dentro de poco veremos quemar libros en la plaza pública. “Por nuestro bien”, claro. Estas cosas siempre se hacen para salvarnos. Ya decía Larra aquello de “líbrenos Dios de caer en manos de héroes.” De héroes, de salvapatrias, de gente que nos prohíbe leer por nuestro bien, para que podamos ser como ellos y sentirnos en posesión de la verdad, cosa que debe de resultar agradable si uno se lo cree en serio. Yo, desde siempre, prefiero elegir lo que leo, formarme mi propia opinión, disentir, si se tercia. ¿Qué le vamos a hacer? Prefiero la duda.

miércoles, 4 de mayo de 2022

"NUEVA TERTULIA EN BOLUETABERRI-FUNDACIÓN PEÑASCAL SOBRE LA EXPLOTACIÓN SEXUAL"

El pasado jueves, 28 de mayo, tuvimos una nueva Tertulia en la Fundación Peñascal. Esta vez, el diálogo giró entorno al tema de "La explotación sexual". 

Los materiales con los que trabajamos son lo que aquí aparecen y que podéis ver o bajar pulsando sobre ellos.

Artículos:

Vídeos:

Viñetas

Relato: 

Cómic: 

  • Esclavas. Cómic de Alicia Palmer y Bosco Rey-Stolle

Poema: 


martes, 3 de mayo de 2022

"DE PROFUNDIS II". Un poema del poeta austríaco Georg Trakl

Hay un campo de rastrojos donde cae una lluvia negra.
Hay un árbol pardo que está allí solo.
Hay un viento silbante girando entre chozas vacías.
Que triste es esta tarde.

A la vera del caserío
recoge aún la dulce huérfana escasas espigas.
Sus ojos redondos y dorados pacen en el crepúsculo
y su seno anhela al esposo celeste.

De vuelta al hogar
encontraron los pastores el dulce cuerpo
podrido en el espino.

Una sombra soy yo lejos de oscuras aldeas.
Silencio de Dios
bebí en la fuente del bosque.

Frío metal huella mi frente.
Arañas buscan mi corazón.
Hay una luz que se apaga en mi boca.

De noche me encontré en un brezal,
erizado de costra y polvo de estrellas.
En los avellanos
sonaron de nuevo ángeles cristalinos.


lunes, 2 de mayo de 2022

"ES URGENTE". Un poema de Juan de Loxa dedicado a los abogados asesinados en su despacho de Atocha y a Francisco Javier Verdejo

La imagen es una fotografía del cuadro
que en homenaje a los abogados asesinados,
realizó el pintor Juan Genovés

Es urgente pedir por esta boca,
poner los dedos en la llaga.
Pan y trabajo,
siempre se escapa el tiro
pa los de abajo.
No le saliera el tiro
por la culata.
Urgente es preguntar por los ausentes,
de su eterna prisión romper los lazos,
gritar para exigir la libertad que aspiro,
antes de que este tiempo nos quiebre entre balazos.
Sus fusiles…
Sus ametralladoras…
Por «hache» o por «be» no te dejan vivir.
Sus fusiles disparan si «hache» es:
pan para los hijos, escuelas, trabajo
o decir que basta ya de tanto asesinato.
Sus ametralladoras
sorprenden cualquier reunión, en donde
se hable del hombre y sus derechos.
Van a misa rodeados de sus hijos
y allí se dan la paz con las manos manchadas.
No saben que el amor es todo lo contrario.
Quitarnos las mordazas de la boca es
urgente, tirar al río el cinturón
a bofetadas, ay amor, de flores.
Que para limpiar la frente de sudores
bien pueden valer claveles
por pañuelo. ¡Qué dolores
para pintar el puente de otros colores!


Este poema está dedicado los abogados asesinados en su despacho de Atocha: «Eran aproximadamente las diez y media de la noche del día 24 de enero de 1977, un grupo de terroristas de la extrema derecha, entraron en aquél despacho de abogados laboralistas del Sindicato Comisiones Obreras (CCOO) y militantes del Partido Comunista de España, iban buscando al dirigente del citado partido, Joaquín Navarro Esteban, del Sindicato de Transportes de CCOO en Madrid, al no encontrarle, abrieron fuego sobre todos los que en ese momento se encontraban en el despacho
Murieron aquella noche Enrique Valdevira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco; el estudiante de derecho Serafín Holgado de Antonio; y el administrativo Ángel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y Dolores González Ruiz, mujer de Javier Sauquillo.

… Y a Francisco Javier Verdejo en 1976: Fue un estudiante almeriense de Biología de la Universidad de Granada, militante de la Joven Guardia Roja de España (JGRE), que fue asesinado en la madrugada del 13 al 14 de agosto de 1976, a los 19 años de edad, por la Guardia Civil mientras realizaba una pintada en los muros del Balneario de San Miguel, en el barrio almeriense del Zapillo, estaba tratando de escribir en dicho muro: «Pan, Trabajo, y Libertad», pero sólo pudo pintar «Pan, T».
Sus compañeros que estaban vigilando le avisaron de la presencia de la Guardia Civil, y l salieron corriendo en distintas direcciones, Javier huyó en dirección a la playa, donde fue abatido a tiros.


domingo, 1 de mayo de 2022

"EL ANCIANO Y EL NIÑO". Cuento tradicional indio

Un anciano y un niño iban juntos viajando con su burrito por los polvorientos caminos de la India. Sucedió que, tras varias horas andando sin parar, llegaron a un pequeño pueblo. Al pasar por la plazoleta del mercado, dos jóvenes que estaban sentados al fresco, comenzaron a reírse y a gritar para que todo el mundo les escuchara.

–¡Ja, ja, ja! ¿Cómo es posible que ese viejo y ese chaval sean tan idiotas? Vienen de muy lejos caminando y tirando del burro en vez de subirse en él.

–¡Niño! ¿No te da pena el abuelo? ¡Deja que se monte en el burro, que ya es muy mayor y no está para muchos esfuerzos!

El niño miró al anciano y, haciendo un gesto con la manita, le invitó a subirse al borrico. Siguieron avanzando y poco después atravesaron una aldea donde todo el mundo andaba muy atareado con sus labores. Parecía que nadie se había dado cuenta de su presencia, pero no… Una mujer que llevaba un bebé en el regazo, comenzó a increparles a viva voz.

–¡Pero qué ven mis ojos! ¿No le da vergüenza ir sentado en el burro cómodamente, mientras el pobre niño tiene que ir andando?

El anciano se sonrojó e inmediatamente se bajó del asno. Sujetó a su nieto por la cintura y, ante las miradas de una docena de personas que se habían congregado a su alrededor, le ayudó a subirse al burro.

Continuaron su trayecto despacito, pues el anciano tenía cierta cojera y le crujían algunos huesos. Pasaron por un puente de piedra que salvaba un río de aguas agitadas. Un grupo de personas venía en dirección contraria, cargando pesados sacos de cereal. Al pasar por su lado, unos y otros empezaron a cuchichear. Un hombre de mediana edad no pudo evitarlo y se giró para reprenderles.

–¡Jamás había visto nada semejante! El niño tan ricamente subido en el burro y el anciano tirando de la cuerda ¡Qué desagradecida es la gente joven con sus mayores! ¡Deberías tener un poco más de respeto, chaval!

El anciano y el niño bajaron la cabeza colorados como tomates. Decidieron que la mejor solución era montarse los dos en el burro y así se acabarían los comentarios maliciosos de la gente. No pasó demasiado tiempo cuando, al atravesar un campo de patatas donde los campesinos se afanaban por recoger la cosecha, oyeron la voz ronca de un tipo que les miraba indignado.

–¡No me lo puedo creer! ¡Eh, fijaos en esos dos! ¡Con lo que pesan, van a matar al burro! ¿No os parece injusto tratar así a un animal?

¡Los pobres ya no sabían qué hacer! Hartos de tanta burla, pararon unos minutos a deliberar y, finalmente, optaron por cargar al burro a sus espaldas. Imaginaos la escena: un viejecito y un niño, sujetando como podían a un pollino que les triplicaba en tamaño y pesaba más de cien kilos. Con mucho esfuerzo y envueltos en sudor, consiguieron llegar a la siguiente población que encontraron a su paso. Solo pensaban en comer y beber algo, tan agotados que estaban.

Pero una vez más, al pasar por delante de la taberna, oyeron risotadas y una voz que resonaba por encima de las demás.

–¡Ja, ja, ja! ¡Desde luego, hay que ser tontos! ¡Esos dos tienen un burro y en vez de subirse en él, son ellos quienes van cargados como si fueran animales de carga! ¡Desde luego ese asno ha nacido con suerte!

Se formó tal alboroto en torno a ellos, que el pobre burro se asustó y echó a correr hasta que desapareció para siempre. El abuelo y el niño se sentaron en el suelo desconsolados. Comprendieron que había sido un gran error intentar quedar bien con todos: fueron juzgados injustamente y encima, su fiel burrito de había escapado.