jueves, 1 de octubre de 2026

"LA TUMBA DE ANTÍGONA". Una obra de María Zambrano

Símbolo incuestionable de integridad moral y fuerza vital, Antígona es una de las figuras mitológicas más tratadas en la historia del pensamiento. A ella, escribía María Zambrano (1904-1991) en 1948, «no podemos dejar de oírla», pues «la tumba de Antígona es nuestra propia conciencia oscurecida». La pensadora nunca abandonó su interés por esta heroína, cuya trágica historia, narrada por Sófocles en la tragedia homónima, encierra numerosos asuntos que Zambrano trató con hondura a lo largo de su trayectoria intelectual: la estrecha línea fronteriza entre filosofía y literatura, el carácter social y político de la libertad, el uso y abuso del poder, el exilio o el protagonismo de lo femenino.

El interés de María Zambrano por la figura de Antígona acompaña a la autora a lo largo de su trayectoria como escritora. Los motivos del interés de Zambrano por el personaje de Sófocles son diversos, y propia su interpretación de Antígona. En la figura trágica griega ve Zambrano la encarnación de toda una época: la suya propia, reprimida por la guerra civil y el consiguiente exilio. Pero también declara la autora que es esta la tragedia de Sófocles "más cercana a la filosofía", motivo este clave para entender el interés de Zambrano: poesía sí, pero no ajena al conocimiento.

En "La tumba de Antígona" la autora abandona su habitual estilo ensayístico y construye diversas voces para sus personajes de ficción. "La tumba de Antígona" es un texto clave en la trayectoria de Zambrano. Antígona será en esta obra la que hable, pero también la que escuche. Pregunta para saber. Su palabra ilumina, pero también será iluminada en un mundo donde voces y ecos se entrelazan estrechamente.

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