domingo, 19 de marzo de 2017

Un bello texto de Farzad Kamangar, escritor kurdo, poeta, profesor, periodista y activista por los derechos humanos, ejecutado por el régimen iraní el 9 de Mayo de 2010.

Una mujer refugiada kurda que participa en una Tertulia Literaria Dialógica me ha enviado este bello texto escrito por Farzad Kamangar, escritor kurdo, poeta, profesor, periodista y activista por los derechos humanos. Farzard trabajó en la ciudad de Kamyaran (Rojhelat /Kurdistán de Irán) y fue ejecutado por el régimen iraní el 9 de Mayo de 2010. El texto es una imaginaria carta de amor escrita con ocasión del día de la mujer.


Para los fénixes de mi país

Hola preciosa mía. Hoy es el día de la mujer, el día que siempre anhelo.

En este día, en vez de tus buenas manos, mis pensamientos están decorados con una flor de narciso más caótica que las trenzas de tu cabello.

Pasaron dos años desde la última vez que vi el color de la violeta y el jazmín. Durante dos años he estado inquieto y he derramado algunas lágrimas de alegría. Sabes mejor que yo que cuento las horas durante el año esperando que llegue tu día.

Me pregunto qué regalo te gustará más. Las canciones 'Kiss me one last time' o 'King's garden'. O quizá una vela para iluminar nuestros recuerdos.

Pero querida mía, no puedes oírme cantar y no puedo encender una vela porque el señor de estas paredes ha convertido las velas en cadenas. No soy un poeta para cantar como el viejo amante que respira amor en el viento para acariciar tu piel, o para escribirte un poema con una melodía acorde a tu agonía. No soy un poeta para rimar acorde con la inocencia de tus ojos.

No puedes leer en nuestra lengua materna. Si pudieras, te llevaría a la fiesta de la luna cada noche como "los gritos de Hêmin". Te escribo en el dialecto de Forough para que no me digas, "A nadie le importan ya las flores" o "Yo Estoy deprimido". Escribiré hasta que también tenga fe en una quinta estación.

Preciosa mía, nací en un país con mujeres que -como todas las mujeres del mundo - no son la mitad de los demás, pero cada una es la mitad del cielo. Lloré mis primeras lágrimas en este país, junto a las mujeres que enseñaron a desafiar y a resistir al fuego con sus llamas danzantes.

La primera sonrisa infantil floreció en mis labios cuando los viejos robles envidiaron el misterio de la persistencia y la fuerza de las mujeres de mi tierra. Caminé mis primeros pasos en el mismo camino donde el rocío de la mañana brillaba sobre las ranúnculos y donde los fuertes pasos de las mujeres aguantaron a las montañas más difíciles y rebeldes de la vida y de la historia. Estas son las mismas mujeres que hoy susurran canciones de amor y de resistencia en los oídos de las paredes. En mi tierra, las canciones de cuna son las mismas que las que el pueblo murmuraba para Astarté e Ishtar, las primeras deidades de la humanidad.

¿Cómo puede tu día no ser mi celebración de Newroz? Al igual que vosotras, muchos otros están esperando el regreso de sus seres queridos. [Ellos esperarán por el tiempo que sea necesario] - incluso durante la primera nieve del invierno, cuando un puñado de trigo permita que la soledad sea compartida con los gorriones, o hasta que la casa esté barrida y preparada para las golondrinas, o hasta que Dios sea el anfitrión en la mesa de Iftar.

En ese día, espérenme y lleven un vestido del color y la belleza del cielo, que tenga la elegancia de Siyaçemane de Osman y un tallo de Barzaran. También, llevad un collar de clavo, porque los clavos me recuerdan al perfume de la mujer, el olor de mi país, el olor de la inmortalidad y, en una palabra, el olor de ti.

Hasta entonces, te dejo en manos del creador del rocío y de la lluvia.


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