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viernes, 28 de junio de 2024

"La pobreza y la humildad llevan al cielo". Un cuento de los Hermanos Grimm.

Érase un príncipe que salió a pasear por el campo. Andaba triste y pensativo, y al levantar la mirada al cielo y verlo tan azul y sereno, exclamó con un suspiro:

- ¡Qué bien debe uno sentirse allá arriba! -. 

Viendo luego a un pobre anciano que venía por el camino, le dijo:

- ¿Cómo podría yo llegar al cielo?

- Con pobreza y humildad - le respondió el viejo -. Ponte mis vestidos rotos, recorre el mundo durante siete años para conocer la miseria; no aceptes dinero, sino que, cuando estés hambriento, pide un pedazo de pan a las gentes caritativas; de este modo te irás acercando al cielo.

Quitóse el príncipe sus ricas vestiduras, y, después de cambiarlas por las del mendigo, salió a vagar por el mundo y sufrió grandes privaciones. No tomaba sino un poco de comida, y no hablaba; sólo rogaba a Dios que lo acogiese un día en el cielo.

Transcurridos los siete años, regresó al palacio del Rey, su padre, pero nadie lo reconoció. Dijo a los criados:

- Id a comunicar a mis padres que he vuelto -. 

Pero los criados no le prestaron crédito y, echándose a reír, lo dejaron plantado. Entonces dijo el príncipe: 

- Subid a decir a mis hermanos que salgan; me gustaría volverlos a ver.

Tampoco esto querían hacer, hasta que, al fin, uno se decidió y fue a transmitir el recado a los hijos del Rey. Éstos no lo creyeron y olvidaron el asunto. Entonces el príncipe escribió una carta a su madre, describiéndole su miseria, pero sin revelarle que era su hijo. La Reina, compadecida, mandó que le asignasen un lugar al pie de la escalera, y que todos los días dos criados le llevasen comida. Pero uno de los servidores era perverso:

- Para qué dar a ese pordiosero tan buena comida - decía. Y se la guardaba para él o la echaba a los perros. Al pobre, débil y extenuado, no le daba más que agua. Otro criado, en cambio, era honrado y le llevaba lo que le entregaban para él. Poca cosa, mas lo bastante para permitir al mísero subsistir una temporada. Iba debilitándose progresivamente, pero todo lo sufría con paciencia.

Observando que su estado se agravaba por momentos, pidió que le trajesen la sagrada comunión. A mitad de la misa, todas las campanas de la ciudad y sus contornos empezaron a tañer por sí solas. Terminado el divino oficio, el sacerdote dirigióse al pie de la escalera y encontró muerto al pobre, sosteniendo en una mano una rosa y en la otra un lirio; junto a su cuerpo había un papel, donde se hallaba escrita su historia. Y a ambos lados de la tumba brotaron también una rosa y un lirio.

FIN

domingo, 24 de mayo de 2020

La mesa, el asno y el bastón maravillosos, un cuento de los Hermanos Grimm


Érase una vez un sastre que tenía tres hijos y una sola cabra. Como la cabra alimentaba con su leche a toda la familia, necesitaba buen pienso, y todos los días había que llevarla a pacer. De esto se encargaban los hijos, por turno. Un día, el mayor la condujo al cementerio, donde la hierba crecía muy lozana, y la dejó hartarse y saltar a sus anchas. Al anochecer, cuando fue la hora de volverse, le preguntó: "Cabra, ¿estás satisfecha?" a lo que respondió el animal:


"Tan harta me encuentro, que otra hoja no me cabe dentro. ¡Beee, beee!"


"Entonces vámonos a casita," dijo el muchacho, y, cogiéndola por la soga, la llevó al establo, donde la dejó bien amarrada. "¿Qué," preguntó el viejo sastre, "ha comido bien la cabra?" - "¡Ya lo creo!" respondió el chico. "Tan harta está, que no le cabe ni una hoja más." Pero el padre, queriendo cerciorarse, bajó al establo y acariciando al animalito, le preguntó: "Cabrita, ¿estás ahíta?" A lo que replicó la cabra:


"¿Cómo voy a estar ahíta? Sólo estuve en la zanjita sin encontrar ni una hojita. ¡Beee, beee!"


"¡Qué me dices!" exclamó el sastre, y, volviendo arriba precipitadamente, puso a su hijo de vuelta y media: "¡Embustero! Me dijiste que la cabra estaba harta, cuando le has hecho pasar hambre." Y, encolerizado, midióle la espalda con la vara, y a palos lo echó de casa.


Al día siguiente le tocó al hijo segundo, el cual buscó un buen lugar, en un rincón del huerto, lleno de jugosa hierba, donde la cabra se hinchó de comer, dejándolo todo pelado.


Al anochecer, a la hora de regresar le preguntó: "Cabrita, ¿estás harta?" A lo que replicó la cabra:


"Tan harta me encuentro, que otra hoja no me cabe dentro. ¡Beee, beee!"


"¡Vámonos, pues!" dijo el muchacho, y, llegados a casa, la ató al establo. "¿Qué," dijo el viejo sastre, "ha comido bien la cabra?" - "¡Ya lo creo!"-respondió el chico. Tan harta está, que no le cabe una hoja más." Pero el sastre, no fiándose de las palabras del mozo, bajó al establo y preguntó: "Cabrita, ¿estás ahíta?" Y contestó la cabra:


"¿Cómo voy a estar ahíta? Sólo estuve en la zanjita sin encontrar ni una hojita. ¡Beee, beee!"


"¡Truhán! ¡Desalmado!" exclamó el sastre. "¡Mira que hacer pasar hambre a un animal tan manso!" Y, subiendo las escaleras de dos en dos, echó a palos al segundo hijo. CONTINUAR LEYENDO



miércoles, 12 de febrero de 2020

El Abuelo y el Nieto, un cuento de los Hermanos Grimm


Había una vez un pobre muy viejo que no veía apenas, tenía el oído muy torpe y le temblaban las rodillas. Cuando estaba a la mesa, apenas podía sostener su cuchara, dejaba caer la copa en el mantel, y aun algunas veces escapar la baba. La mujer de su hijo y su mismo hijo estaban muy disgustados con él, hasta que, por último, le dejaron en un rincón de un cuarto, donde le llevaban su escasa comida en un plato viejo de barro. El anciano lloraba con frecuencia y miraba con tristeza hacia la mesa. Un día se cayó al suelo, y se le rompió la escudilla que apenas podía sostener en sus temblorosas manos. Su nuera le llenó de improperios a que no se atrevió a responder, y bajó la cabeza suspirando. Compráronle por un cuarto una tarterilla de madera, en la que se le dio de comer de allí en adelante.

Algunos días después, su hijo y su nuera vieron a su niño, que tenía algunos años, muy ocupado en reunir algunos pedazos de madera que había en el suelo.

—¿Qué haces? preguntó su padre.

—Una tartera, contestó, para dar de comer a papá y a mamá cuando sean viejos.

El marido y la mujer se miraron por un momento sin decirse una palabra.

Después se echaron a llorar, volvieron a poner al abuelo a la mesa; y comió siempre con ellos, siendo tratado con la mayor amabilidad.

FIN

lunes, 3 de octubre de 2016

"La niña que pisoteó el pan" (Andersen) y "Hansel y Gretel" (Hermanos Grimm). Dos cuentos bajo la mirada de José Ovejero en su ensayo: "Ética de la crueldad".


Estos dos cuentos muestran la diferencia entre una crueldad moralizante y una crueldad entendida como instrumento para investigar una realidad que, al empezar a escribir, aún se desconoce. Mientras que Andersen tiene como punto de partida un objetivo moral y toda la narración está al servicio de ese objetivo -por lo que no aparecen elementos extraños a la historia central y tampoco contradictorios ni confusos-, del cuento de los Grimm no salimos sabiendo lo que debemos pensar, cómo interpretar las distintas situaciones, a los distintos personajes. Andersen ofrece claridad donde los Grimm se adentran en las sombras sin esforzarse por disolverlas. CONTINUAR LEYENDO

La niña que pisoteó el pan


Hans Christian Andersen
Seguramente habrás oído hablar de la niña que pisoteó el pan para no ensuciarse los zapatos, y de lo mal que lo pasó. La historia está escrita y anda por ahí impresa.

Era una niña hija de padres pobres, pero orgullosa y altanera; tenía mal fondo, como suele decirse. Ya de muy pequeña se divertía cazando moscas, arrancándoles las alas y soltándolas luego. Cazaba también escarabajos y abejorros, los clavaba en una aguja y los ponía sobre una hoja verde o un pedazo de papel; la bestezuela se agarraba a él y hacia toda clase de contorsiones para librarse de la aguja.

-¡El abejorro está leyendo! -exclamaba la pequeña Inger, que así se llamaba-, fíjense cómo vuelve la página.

A medida que fue creciendo, en vez de mejorar puede decirse que se volvió peor. Hermosa sí lo era, para su desgracia, pues de otro modo habría llevado buenos azotes.

-¡Una buena paliza, necesitarías! –le decía su propia madre-. De pequeña me has pisoteado muchas veces el delantal; mucho me temo que de mayor me pisotees el corazón.

Y así fue.

Entró a servir en una casa de personas distinguidas, que la trataron como a su propia hija, vistiéndola como tal, con lo que creció aún su arrogancia.

Al cabo de un año le dijo su señora:

-Deberías visitar a tus padres, mi querida Inger.

Fue, pero solamente para exhibirse. Quería que viesen lo guapa que se había vuelto. Mas al llegar a la entrada del pueblo y ver a las muchachas y los mozos charlando en el estanque, y a su madre descansando sentada en una piedra, pues venía cargada con un haz de leña que había recogido en el bosque, Inger dio media vuelta. Se avergonzaba de tener por madre a aquella tosca mujer cargada con un haz de leña, ahora que iba tan lindamente vestida. No le remordió haberse vuelto; sólo sentía enojo por haberse acicalado para nada. CONTINUAR LEYENDO


HANSEL Y GRETEL
Hermanos Grimm

En el borde de un bosque inmenso vivía un leñador muy pobre con su mujer y sus dos hijos. 

El niño se llamaba Hansel y la pequeña, Gretel. El padre era tan pobre que apenas tenía para dar de comer a la familia y una vez, cuando hubo una gran hambruna en el país, el padre ni siquiera pudo ganar el pan de cada día. Una noche, afligido por sus pensamientos y dando vueltas en su cama, suspiró y le dijo a su mujer: 

¿Qué va a ser de nosotros? ¿Cómo podremos alimentar a nuestros pobres hijos si no tenemos siquiera para nosotros mismos? 

Y la mujer, que no era la madre sino la madrastra de los niños, dijo: 

-Mañana mismo llevamos a los niños a lo más profundo del bosque; les encenderemos allí un fuego y dándoles un pedacito de pan a cada uno, marcharemos a nuestros trabajos y los dejaremos solos. Como no podrán encontrar el camino de vuelta, quedaremos libres de ellos. 

-No, mujer -replicó el hombre- yo no puedo hacer tal cosa. Mi corazón no podrá soportar el remordimiento de haber abandonado a mis hijos en el bosque; pronto vendrían las fieras y los harían pedazos. 

-Pues nos moriremos los cuatro de hambre. Ya puedes empezar a preparar las tablas para hacer los ataúdes. 

La mujer estuvo dale y dale repitiendo una y otra vez lo mismo hasta que convenció al padre, aunque a él le daba mucha pena dejar a sus hijos en el bosque. A causa del hambre los dos niños tampoco habían podido dormir, así que escucharon todo lo que había dicho la madrastra. CONTINUAR LEYENDO


miércoles, 31 de agosto de 2016

Rapunzel. Un cuento de los Hermanos Grimm.

Había una vez un hombre y su esposa que por largo tiempo esperaron en vano por un hijo. Al fin la mujer supo que Dios estaba por concederles el deseo. Esta gente tenían en su casa una ventana en la parte de atrás desde la cual se veía un espléndido jardín, lleno de las más bellas flores y hierbas. El jardín, sin embargo, estaba rodeado por un gran muro, y nadie intentaba entrar en él porque pertenecía a una "hechicera" que tenía grandes poderes y era temida por todo el mundo. Un día la esposa estaba en la ventana mirando hacia abajo al jardín cuando vio una era que estaba plantada con bellísimos rapunzeles[1]. Y las vio tan frescas y verdes que suspiraba por ellas y le entró el gran antojo de comer algunas. 

Ese deseo se incrementaba día a día, y como ella sabía que no podía coger ninguna, fue perdiendo su salud, y se veía pálida y miserable. Entonces su esposo se alarmó y preguntó: 

-"¿Qué es lo que te sucede, querida esposa?"- 

-"¡Ay, si yo no pudiera obtener alguno de los rapunzeles, que están en el jardín atrás de la casa, para comerlos, me moriría."- 

El hombre, que la amaba mucho, pensó: 

-"Antes que dejar que mi mujer se muera, le traeré algunos rapunzeles, no importa lo que cueste."- 

Al medio oscurecer del final de la tarde, escaló y atravesó el muro cayendo sobre el jardín de la hechicera, rápidamente cogió un racimo de rapunzeles y se los llevó a su esposa. Inmediatamente ella se hizo una ensalada y se la comió con mucho gusto. A ella, sin embargo, le gustaron tanto, tanto, tanto, que al día siguiente estaba tres veces más antojada que antes. Si él debía tener algún reposo, debería ir otra vez más al jardín. En la penumbra del atardecer, sin embargo, él bajó de nuevo el muro, pero cuando había bajado al suelo, se asustó terriblemente pues encontró a la hechicera parada a su lado. 

-"¿Cómo te atreves"- dijo ella con una mirada furiosa, -"descender dentro de mi jardín y robarme los rapunzeles como un ladrón? ¡Sufrirás por ello!" CONTINUAR LEYENDO

viernes, 19 de junio de 2015

El Rey Rana o Enrique el Férreo. Un cuento de los Hermanos Grimm


En aquellos remotos tiempos, en que bastaba desear una cosa para tenerla, vivía un rey que tenía unas hijas lindísimas, especialmente la menor, la cual era tan hermosa que hasta el sol, que tantas cosas había visto, se maravillaba cada vez que sus rayos se posaban en el rostro de la muchacha. Junto al palacio real extendíase un bosque grande y oscuro, y en él, bajo un viejo tilo, fluía un manantial. En las horas de más calor, la princesita solía ir al bosque y sentarse a la orilla de la fuente. Cuando se aburría, poníase a jugar con una pelota de oro, arrojándola al aire y recogiéndola, con la mano, al caer; era su juguete favorito. 
Ocurrió una vez que la pelota, en lugar de caer en la manita que la niña tenía levantada, hízolo en el suelo y, rodando, fue a parar dentro del agua. La princesita la siguió con la mirada, pero la pelota desapareció, pues el manantial era tan profundo, tan profundo, que no se podía ver su fondo. La niña se echó a llorar; y lo hacía cada vez más fuerte, sin poder consolarse, cuando, en medio de sus lamentaciones, oyó una voz que decía: "¿Qué te ocurre, princesita? ¡Lloras como para ablandar las piedras!" La niña miró en torno suyo, buscando la procedencia de aquella voz, y descubrió una rana que asomaba su gruesa y fea cabezota por la superficie del agua. "¡Ah!, ¿eres tú, viejo chapoteador?" dijo, "pues lloro por mi pelota de oro, que se me cayó en la fuente." - "Cálmate y no llores más," replicó la rana, "yo puedo arreglarlo. Pero, ¿qué me darás si te devuelvo tu juguete?" - "Lo que quieras, mi buena rana," respondió la niña, "mis vestidos, mis perlas y piedras preciosas; hasta la corona de oro que llevo." Mas la rana contestó: "No me interesan tus vestidos, ni tus perlas y piedras preciosas, ni tu corona de oro; pero si estás dispuesta a quererme, si me aceptas por tu amiga y compañera de juegos; si dejas que me siente a la mesa a tu lado y coma de tu platito de oro y beba de tu vasito y duerma en tu camita; si me prometes todo esto, bajaré al fondo y te traeré la pelota de oro." – "¡Oh, sí!" exclamó ella, "te prometo cuanto quieras con tal que me devuelvas la pelota." Mas pensaba para sus adentros: ¡Qué tonterías se le ocurren a este animalejo! Tiene que estarse en el agua con sus semejantes, croa que te croa. ¿Cómo puede ser compañera de las personas? CONTINUAR LEYENDO

miércoles, 17 de junio de 2015

Los tres lenguajes.Un cuento de los Hermanos Grimm

El cuento de "Los tres lenguajes" se remonta a tiempos muy antiguos y se han encontrado versiones en muchos países europeos y algunos asiáticos. A pesar de su antigüedad, este relato eterno parece haberse escrito para los conflictos del adolescente actual respecto a sus padres, o respecto a la incapacidad de éstos para comprender los impulsos de sus hijos en este período. (Bettelheim, B. Psicoanálisis de los cuentos de hadas. pág. 137)



Los Tres Lenguajes (Hermanos Grimm)


Había una vez un anciano que vivía en cierto país, quién tenía a un único hijo, pero el cual era distraído, y parecía que no podría aprender nada. Entonces dijo el padre, 

-"Escúchame hijo, no puedo conseguir que algo entre en tu cabeza, así que intentaré otra cosa. Debes salir de aquí, te pondré al cuidado de un maestro famoso, que verá lo que él puede hacer por ti."- 

El joven fue enviado a una ciudad extraña, y permaneció un año entero con el maestro. Al final de este tiempo, él vino a su casa otra vez, y su padre preguntó,

-"Ahora, mi hijo, ¿qué has aprendido?"-

-"Padre, he aprendido lo que los perros dicen cuando ellos ladran y a hablar con ellos."-

-"¡El señor tenga misericordia de nosotros!", gritó el padre; "¿es eso todo lo que has aprendido? Te enviaré a otra ciudad, a otro maestro."- CONTINUAR LEYENDO


martes, 26 de mayo de 2015

Elsa, la Lista. Un cuento de los Hermanos Grimm

"Érase un hombre que tenía una hija a la que llamaban Elsa la lista. Cuando fue mayor, dijo el padre: "Será cosa de casarla." - " Sí," asintió la madre, "¡con tal que alguien la quiera!" Al fin llegó de muy lejos un joven, llamado Juan, que solicitó su mano, poniendo por condición que la chica fuese juiciosa. "¡Oh," dijo el padre, "nuestra Elsa no es ninguna tonta!" Y la madre dijo "¡Ay, es tan lista que ve el viento correr y oye toser las moscas." - "Así, bueno," dijo Juan, "porque si no es muy juiciosa, no la quiero." Estando todos de sobremesa, dijo la madre: "Elsa, baja al sótano y trae cerveza." La lista Elsa tomó el jarro de la pared y se fue al sótano, haciendo sonar vivamente la tapa por el camino para distraerse. Llegado abajo, buscó un taburete, lo puso frente al barril y se sentó para no tener que agacharse, así que no hiciese daño a la espalda y le cogiese algún mal extraño. Luego colocó el jarro en su sitio y abrió el grifo y, para no tener los ojos ociosos mientras salía la cerveza, los dirigió a lo alto de la pared y, tras pasearlos de un extremo a otro repetidas veces, descubrió, exactamente encima de su cabeza, una piqueta que los albañiles habían dejado allí por descuido." CONTINUAR LEYENDO

jueves, 7 de mayo de 2015

El joven que no sabía asustarse (Juan sin miedo). Un cuento de los Hermanos Grimm


El Joven que no Sabía Asustarse – Juan sin miedo
Hermanos Grimm

Un padre tenía dos hijos, el mayor de los cuales era inteligente y sensible, y podía hacerlo todo, pero el joven era estúpido y no podía aprender ni entender nada, y cuando la gente lo veía, decían, 

-"¡Hay cierta persona que dará a su padre algunos problemas!"-

Cuando algo se tenía que hacer, siempre era el mayor quien se veía obligado a hacerlo, pero si su padre le mandaba a buscar cualquier cosa cuando ya era tarde, o en la noche, y el camino conducía a través de la iglesia, o cualquier otro lugar de meditación, él contestaba: 

-"Oh, no, padre, yo no voy allí, eso me hace estremecer, me asusta, me da miedo!"- porque realmente sentía miedo.

O cuando en grupo se contaban historias junto al fuego en la noche que hacían poner la carne de gallina, los oyentes a veces decían: 

-"¡Oh, eso nos asusta!"- 

El hijo joven se sentaba en una esquina y escuchaba con el resto del grupo, y no podía imaginarse lo que aquello podría significar. 

-"Siempre dicen ¡que eso me hace estremecer, me asusta! Pero a mi no me hace estremecer, no sé que significa 'me asusta' "-, pensó. 

-"Eso de asustarse también debe ser un arte del que no entiendo nada."-
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viernes, 24 de abril de 2015

El ganso de oro. Un cuento de los Hermanos Grimm

EL GANSO DE ORO (Hermanos Grimm)

Había un hombre que tenía tres hijos, el más joven fue llamado Bobalicón, y era despreciado, burlado, y dejado de lado en cada ocasión.

Resultó un día que el mayor quiso entrar en el bosque para talar madera, y antes de que él se fuera, su madre le dio un hermoso pastel dulce y una botella de vino a fin de que no tuviera que sufrir de hambre o de sed. Cuando él entró en el bosque encontró a un pequeño anciano canoso que le deseó que tuviera un buen día, y quien además le dijo,

-"Regálame un pedazo del pastel de tu bolsillo, y dame un sorbo de tu vino; tengo mucha hambre y sed."-

Pero el prudente joven contestó,

-"Si te doy mi pastel y vino, no tendré ninguno para mí; hazte a un lado,"- y dejó al hombrecito parado y continuó su camino. CONTINUAR LEYENDO

jueves, 16 de abril de 2015

La reina de las abejas. Un cuento de los hermanos Grimm

LA REINA DE LAS ABEJAS (Hermanos Grimm)

Dos príncipes, hijos de un rey, partieron un día en busca de aventuras y se entregaron a una vida disipada y licenciosa, por lo que no volvieron a aparecer por su casa. El hijo tercero, al que llamaban "El bobo," se puso en camino, en busca de sus hermanos. Cuando, por fin, los encontró, se burlaron de él. ¿Cómo pretendía, siendo tan simple, abrirse paso en el mundo cuando ellos, que eran mucho más inteligentes, no lo habían conseguido?

Partieron los tres juntos y llegaron a un nido de hormigas. Los dos mayores querían destruirlo para divertirse viendo cómo los animalitos corrían azorados para poner a salvo los huevos; pero el menor dijo:
- Dejad en paz a estos animalitos; no sufriré que los molestéis. CONTINUAR LEYENDO

lunes, 13 de abril de 2015

Los dos hermanitos. Un cuento de los hermanos Grimm.


LOS DOS HERMANITOS (Hermanos Grimm)

"El hermanito cogió de la mano a su hermanita y le habló así:
- Desde que mamá murió no hemos tenido una hora de felicidad; la madrastra nos pega todos los días, y si nos acercamos a ella nos echa a puntapiés. Por comida sólo tenemos los mendrugos de pan duro que sobran, y hasta el perrito que está debajo de la mesa, lo pasa mejor que nosotros, pues alguna que otra vez le echan un buen bocado. ¡Dios se apiade de nosotros! ¡Si lo viera nuestra madre! ¿Sabes qué? Ven conmigo, a correr mundo.
Y estuvieron caminando todo el día por prados, campos y pedregales, y cuando empezaba a llover, decía la hermanita:
- ¡Es Dios y nuestros corazones que lloran juntos!
Al atardecer llegaron a un gran bosque, tan fatigados a causa del dolor, del hambre y del largo camino recorrido, que, sentándose en el hueco de un árbol, no tardaron en quedarse dormidos." CONTINUAR LEYENDO

martes, 31 de marzo de 2015

El espíritu de la botella. Un cuento de los Hermanos Grimm


Había una vez un pobre leñador que trabajaba duro a partir de la primera hora de la mañana hasta la última hora de la tarde. Cuando por fin él había ahorrado un poco de dinero, dijo a su muchacho,

-"Eres mi único hijo, gastaré el dinero que he ganado con el sudor de mi frente en tu educación; y si aprendes un poco de comercio honesto podrás apoyarme en mi vejez, cuando mis miembros se hayan puesto tiesos y me sienta obligado a quedarme en casa."-

Entonces el muchacho fue a una Escuela Secundaria y aprendió diligentemente de modo que sus maestros lo elogiaran, y permaneció allí mucho tiempo. Cuando ya había hecho dos cursos, pero no era todavía todavía perfecto en todo, el pequeño ahorro que el padre había ganado se había gastado, y el muchacho tuvo que regresar a casa. CONTINUAR LEYENDO

martes, 9 de diciembre de 2014

Juan erizo, un cuento de los Hermanos Grimm

Érase una vez un rico campesino que no tenía ningún hijo con su mujer. A menudo cuando iba con los demás campesinos a la ciudad éstos se burlaban de él y le preguntaban por qué no tenía hijos. Una vez se puso muy furioso y cuando llegó a su casa dijo:

-¡Yo quiero tener un hijo! ¡Aunque sea un erizo!

Su mujer entonces tuvo un hijo que era de mitad para arriba un erizo y de mitad para abajo un niño, y cuando vio a su hijo se asustó mucho y dijo:

-¿Lo ves? ¡Nos has echado encima una maldición! SEGUIR LEYENDO