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sábado, 7 de marzo de 2026

"MALALA YOUSAFZAI: “Leer un libro sola en su habitación es un acto de resistencia para una niña afgana”. Patricia R. Blanco, El País.

La activista paquistaní visita España en el marco de una campaña internacional para lograr que el “borrado sistemático” de mujeres en Afganistán sea reconocido como crimen de lesa humanidad

Malala no necesita apellido. Basta decir su nombre sin pronunciar Yousafzai para activar imágenes reconocibles: es la niña que desafió a los talibanes en su Pakistán natal, la activista que consagró su vida a la educación de las niñas y que, con 17 años, se convirtió en la persona más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz. Es una “heroína”, una “inspiración”, una persona “predestinada a la grandeza”. Son las etiquetas que enumera con distancia la propia Malala y que describen las expectativas que otros depositaron sobre ella cuando, con 15 años, un talibán le disparó en la cabeza. Lo cuenta en su último libro, Finding My Way (Encontrando mi camino), publicado en octubre. “No puedo escapar de la sensación de que una mano gigante me sacó de una historia y me dejó caer en otra completamente nueva. A los 15 años, no había tenido tiempo de descubrir quién quería ser cuando, de repente, todo el mundo quería decirme quién era”, escribe.

Acaba de visitar Madrid, donde se cumple el guion de esa segunda parte de la historia. No pasará más de 12 horas en España. La agenda es quirúrgica: reuniones institucionales con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y con el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, sin apenas tiempo para los medios de comunicación. La acompaña Sahar Halaimzai, directora ejecutiva de Malala Fund, que interviene cuando la conversación se adentra en los vericuetos del derecho internacional.

El objetivo del viaje de Malala es muy concreto: impulsar un movimiento mundial para que el borrado sistemático de las mujeres en Afganistán sea reconocido y tipificado como “apartheid de género”. El momento es clave, porque Naciones Unidas negocia un nuevo tratado sobre crímenes contra la humanidad y codificar “el borrado de las mujeres de la vida pública” permitiría cerrar el vacío legal que hoy deja esos abusos sin una herramienta específica para perseguirlos.

En persona, Malala habla pausadamente y mide cada palabra. Sabe —lo reconoce en el libro— cómo esquivar preguntas que podrían convertir su nombre en un arma arrojadiza. También asume que no puede escapar de las cuestiones sobre su atentado, una parte de su vida que siente “muy lejana” —ahora tiene 28 años— pero que “llena el aire” cada vez que entra en una sala. No evita la política, pero la reconduce y la devuelve siempre a un eje: la educación como fundamento de la igualdad.


domingo, 24 de agosto de 2025

"LAS MUJERES EN AFGANISTÁN DESAFÍAN A LOS TALIBANES CON CLUBES DE LECTURA SECRETOS EN WHATSAPP y TELEGRAM. Omid Sobhani, El País, 15 AGO 2025

En la imagen, la licenciada en Derecho, Fahr Parsi (nombre ficticio), sostiene un libro mientras oculta su rostro, como reflejo de su papel en la organización de clubes secretos de lectura para mujeres en Afganistán, pero también para protegerse de las represalias de los talibanes, en junio de 2025.

 

La resistencia se abre paso en sesiones clandestinas y virtuales, creadas en el país y desde el exilio, donde las afganas leen, debaten y comparten archivos escaneados en PDF de libros prohibidos

La tarde del 15 de agosto de 2021, Fahr Parsi estaba ordenando libros en las estanterías de su biblioteca para mujeres en Kabul cuando los talibanes irrumpieron en la ciudad. Ese día comenzó a instaurarse en Afganistán lo que expertos de Naciones Unidas considera un “apartheid de género”, un término que define el acoso y la progresiva reducción de los derechos más elementales por el simple hecho de ser mujer.

Esta licenciada en Derecho, que tiene 29 años y utiliza el seudónimo Fahr Parsi por motivos de seguridad, vio derrumbarse sus sueños en pocas horas. La biblioteca que había fundado con sus compañeras de universidad en 2019 tendría que cerrar y dejar de ser un espacio que hasta entonces bullía con las voces de mujeres que hablaban de literatura y derecho y contaban sus aspiraciones. Parsi se apresuró con sus amigas a vender las sillas y las estanterías para pagar el alquiler pendiente. Luego, de noche, trasladaron la colección de 4.000 libros a un lugar secreto de Kabul, donde los talibanes no pudieran encontrarlos.

Junto con otras mujeres, salió a las calles de Kabul para protestar contra las restricciones impuestas por los talibanes a la educación, el trabajo y las libertades públicas. Según cuenta, dos amigas suyas fueron detenidas y sufrieron torturas en prisión. Cuando regresó a casa, su familia le rogó que renunciara a su activismo. La súplica de sus padres tenía el peso de una sociedad en la que el honor familiar puede quedar destruido por la vinculación con la disidencia. “Si te encarcelan, puedes poner en peligro tu seguridad y arruinar nuestra reputación”, le dijeron.

Desde que los talibanes recuperaron el poder en Afganistán, las niñas tienen prohibido asistir a la escuela secundaria y las universidades están totalmente cerradas a las mujeres, incluso los programas de formación médica. Las afganas tienen prohibido acceder a la mayoría de los trabajos, parques públicos, gimnasios, bibliotecas y cafeterías. No pueden viajar sin ir acompañadas de un mahram (un familiar cercano que sea varón, por ejemplo, el marido o un hermano) y, según el último decreto, tienen prohibido hablar en público.

Decenas de mujeres que han desobedecido estas normas con manifestaciones o haciendo preguntas en público han acabado detenidas y muchas de ellas denuncian haber sufrido torturas y abusos sexuales en las cárceles.

Los libros también son objeto de esta guerra ideológica. Los talibanes han confiscado volúmenes de bibliotecas públicas de Herat y Kabul, en particular los de autores, tanto afganos como extranjeros, cuyo contenido entra en conflicto con la ideología talibán. Cuando descubren a una mujer leyendo libros o educándose en secreto, la someten a acoso y palizas físicas y su familia también corre peligro de recibir castigos.

Zalmai Forotan, inspector de bibliotecas de los talibanes, declaró a la BBC persa en noviembre de 2024 que los libros que tuvieran “temas controvertidos desde el punto de vista ideológico o religioso” o que mostraran imágenes de seres vivos serían examinados y confiscados, un proceso que ha dejado las estanterías de las bibliotecas cada vez más vacías. CONTINUAR LEYENDO

domingo, 1 de mayo de 2016

Le cycliste qui distribue des livres aux enfants à la barbe des Taliban

Accéder à la littérature n’est pas aisé en Afghanistan, en particulier dans les zones reculées. Un homme a donc décidé d’enfourcher son vélo et de prendre son courage à deux mains, pour apporter des livres aux enfants vivant dans des villages isolés. Oui, vous ne rêvez pas, il s’agit bien d’une histoire positive venue d’Afghanistan.