lunes, 31 de enero de 2022

"MIENTRAS ALGUIEN CENA O ABRE LA VENTANA. La columna de Irene Vallejo en el País Semanal. 21.12.2021

Vivimos inmersos en polémicas triviales. Casi siempre, esos cruciales debates son una trampa: pantallas de humo.

Caminas con tu hijo de la mano por las calles vestidas para un diciembre parpadeante e hipnótico. De repente, el pequeño tira de tu brazo y señala con el dedo de su asombro. Tú atiendes al tráfico, la ruta, la hora. El niño, en cambio, admira lo minúsculo: un nido, un charco cristalizado, un árbol desnudo por la poda, las palabras humeantes brotando de nuestras bocas como esos globos blancos que ha visto en los tebeos. Todo lo que atrapa su atención pasa desapercibido a tu mirada, como si no importase, como la hojarasca de las tardes.

Pieter Brueghel el Viejo es el pintor de lo inadvertido. Sus cuadros están poblados por cazadores, niños, soldados, campesinos y mujeres atareadas en su día a día. En un rincón de la escena, sin aspavientos, perdidos entre el gentío, asoman los protagonistas de un gran acontecimiento ignorado. En El censo en Belén, una diminuta sagrada familia camina entre el bullicio de los aldeanos ocupados en la matanza del cerdo, unos chiquillos que lanzan bolas de nieve, una granjera enfrascada en barrer su casa y quienes esperan en la fila del empadronamiento: nadie repara en María embarazada a lomos de un asno. La escena parece un acertijo, un antepasado de nuestro “¿Dónde está Wally?”. El Paisaje con la caída de Ícaro retrata al joven que, según el mito griego, logró volar con alas de cera y plumas, hasta que el calor del sol las derritió y cayó al mar. De la desgracia solo vemos unos pies a punto de ser engullidos por las olas. Alrededor, varios personajes atienden sus labores, indiferentes al drama. Sin duda, Brueghel escuchó el antiguo proverbio flamenco: “Ningún arado se detiene por la muerte de un hombre”. En diciembre de 1938, tras ver este cuadro en Bruselas, el poeta norteamericano W. H. Auden dedicó un conmovedor poema a los ángulos ciegos donde suceden las tragedias humanas: “Acerca del dolor jamás se equivocaron los antiguos maestros. Cómo llega mientras alguien cena o abre la ventana o nada más camina sin objeto. Cómo, mientras los ancianos aguardan reverentes el milagroso Nacimiento, habrá siempre niños sin mayor interés en lo que ocurre, patinando en el estanque helado a la orilla del bosque. Por ejemplo, en el Ícaro de Brueghel: el labrador oyó seguramente el rumor de las aguas y el grito inconsolable, pero el fracaso no lo conmovió”. Mientras Auden escribía estos versos, las sociedades europeas permanecían ajenas y distantes frente a grandes zarpazos de dolor, que pronto desembocarían en otra guerra mundial.

Desde tiempos remotos, los poderosos utilizan técnicas de distracción para captar la atención y ocultar lo que realmente está pasando. En la Grecia antigua, su precursor fue Alcibíades, sobrino de Pericles y discípulo de Sócrates. Líder joven, consentido y muy inteligente, se convirtió en el ídolo de los atenienses. Cierta vez y sin motivo aparente, mandó cortar la cola a un valioso perro de caza que había comprado por una fortuna. Toda la ciudad se lanzó a conjeturar, opinar, condenar, indignarse. Alcibíades, tranquilo y risueño, confió a un amigo que, mientras los atenienses se preocupaban por el rabo de su perro, no se fijaban en su mal gobierno.

Hoy vivimos inmersos en una sucesión de polémicas tribales y triviales que arden a velocidad de vértigo. Casi siempre, esos cruciales debates son solo una trampa: pantallas de humo creadas por individuos prestigiosos —meros prestidigitadores—. La psicología social denomina “establecimiento de la agenda” a la intuición de Alcibíades: los debates políticos, los medios de comunicación y la publicidad definen los temas de la conversación colectiva. Cada vez que las encuestas preguntan por los problemas más graves, las respuestas coinciden con los mensajes más repetidos en la televisión y las redes. Los grandes líderes de opinión no determinan qué pensamos sobre los temas, sino sobre qué temas pensamos. Y, en un mundo cada vez más teatralizado, corremos el peligro de pasar por alto lo fundamental. Pieter Brueghel nos avisó en sus cuadros: con frecuencia lo más difícil de ver es aquello que tenemos justo delante de nuestras narices.

domingo, 30 de enero de 2022

"LAS PALABRAS MUERTAS". Un poema de Patricia Simón.

Qué decir cuando las palabras ya no nos dicen nada,
cuando “un niño ahogado tras volcar su patera”
ya no nos hace ser niño, mi aHogado, ni hundirnos con él en el naufragio
ni ser madre que se sentirá morir el resto de sus días
asfixiada por cada minuto de la condena de la vida salvada.

Para qué escribir “una mujer embarazada ha muerto bajo las bombas”
si las palabras también están heridas de muerte,
si no tienen quién las haga carne,
quién se deje hacer por ellas jirones,
quién las convierta en grito,
quién las abrace en el desconsuelo.

Para qué seguir contando si de tanto contabilizar
las cifras nos han vuelto burócratas del dolor
y las masacres no cuentan ni cuando son genocidio.
Para qué teclear masacre o genocidio si no cuentan.

Urgía resucitar las palabras,
insuflar vida en los oyentes,
si al final no llegase un
“Sinceramente, los muertos me dan igual”
que nos revela que el problema no era de las palabras,
ni de los que las escriben,
ni de los que nos matan,
ni de los que sobreviven.
El problema era,
es,
que,
sinceramente,
los muertos nos dan tan igual
como los vivos.


sábado, 29 de enero de 2022

Felicidad clandestina. Un cuento de Clarice Lispector

Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía éramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería.

No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos.

Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como "fecha natalicio" y "recuerdos".

Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello libre. Conmigo ejerció su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban. CONTINUAR LEYENDO

viernes, 28 de enero de 2022

"AUSCHWITZ". Un poema de León Felipe

Estos poetas infernales,
Dante, Blake, Rimbaud
que hablen más bajo…
que toquen más bajo…
¡Que se callen!
Hoy
cualquier habitante de la tierra
sabe mucho más del infierno
que esos tres poetas juntos.
Ya sé que Dante toca muy bien el violín…
¡Oh, el gran virtuoso!
Pero que no pretenda ahora
con sus tercetos maravillosos
y sus endecasílabos perfectos
asustar a ese niño judío
que está ahí, desgajado de sus padres…
Y solo.
¡Solo!
aguardando su turno
en los hornos crematorios de Auschwitz.
Dante… tú bajaste a los infiernos
con Virgilio de la mano
(Virgilio, «gran cicerone»)
y aquello vuestro de la Divina Comedia
fue una aventura divertida
de música y turismo.
Esto es otra cosa… otra cosa…
¿Cómo te explicaré?
¡Si no tienes imaginación!
Tú… no tienes imaginación,
Acuérdate que en tu «Infierno»
no hay un niño siquiera…
Y ese que ves ahí…
está solo
¡Solo! Sin cicerone…
esperando que se abran las puertas de un infierno que tú, ¡pobre florentino!,
no pudiste siquiera imaginar.
Esto es otra cosa… ¿cómo te diré?
¡Mira! Éste es un lugar donde no se puede tocar el violín.
Aquí se rompen las cuerdas de todos
los violines del mundo.
¿Me habéis entendido poetas infernales?
Virgilio, Dante, Blake, Rimbaud…
¡Hablad más bajo!
¡Tocad más bajo! ¡Chist!
¡¡Callaos!!
Yo también soy un gran violinista…
y he tocado en el infierno muchas veces…
Pero ahora, aquí…
rompo mi violín… y me callo.

"CENSORAS Y CENSORES, NO PASARÁN". Por Carola Martínez Arroyo. Ponencia presentada en eI II Congreso Nacional e internacional de LIJ. Sunchales, Argentina, Año 2019.

El canto tiene sentido, cuando palpita en las venas
del que morirá cantando, las verdades verdaderas.
No las lisonjas fugaces, ni las famas extranjeras.
Si no el canto de una alondra hasta el fondo de la tierra.
Víctor Jara
Debería estar hablando de Matilde y de Nunca Jamás que sale en unos días, pero tengo otras urgencias. Hace unas semanas dos amigas escritoras fueron escrachadas en twitter; una por promover estereotipos enajenantes y machistas y la otra por promover el feminicidio. Las dos son grandes luchadoras por los derechos de las mujeres, las dos no pensaron nunca que estos cuentos pudieran ser leídos de esa manera y las dos terminaron escrachadas en público por otras mujeres que consideran que censurar, atacar y sacar de circulación materiales es algo que puede de alguna forma acabar con el patriarcado.

Hace unas semanas un grupo de “colaboradoras de la biblioteca” de la escuela Taber en Barcelona retiraron el 30% del acervo por considerarlo sexista. Hace una semana, en un cumpleaños familiar, me explicaron que el patriarcado se perpetúa porque las princesas de Disney eran salvadas y esperaban al príncipe azul. Y que hay que abolir los cuentos de princesas.

Hace un mes, una editorial para la que freelanceo dio de baja un proyecto de princesas porque la “actual situación del mercado no era apta para ese tipo de cuentos”. Tuve que explicarle a los nueve autoras (eran 8 mujeres y 1 hombre y ocupo el femenino si es mayoría de mujeres y masculino si es mayoría de hombres) que el proyecto se daba de baja a punto de empezar a ilustrar. Todas me respondieron lo mismo: “Sí, claro, es entendible”.

La idea de esta mesa es hablar sobre los supuestos a la hora de escribir. Y me pregunto, ¿puedo  realmente pensar en la labor del escritor sin pensar en este momento de censura tan cercano a Fahrenheit?

¿Puedo pensar en escribir para niños, niñas y jóvenes si tengo que escribir NIÑOS, NIÑAS y JÓVENES, y tengo que decidir de manera consciente no poner niñes y tengo que decidir no poner niños, con todo lo que esas elecciones implican? ¿Y pensar cada palabra para que nada se malentienda, para que no piensen que soy conservadora, para que no me malinterpreten, para que no me escrachen públicamente, para que no se diga que...?

¿En qué en qué momento dejamos de pensar dialécticamente para convertirnos en estas máquinas de literalidad? ¿En qué momento eso que nos parecía tan peligroso de los conservadores se empezó a reproducir alegremente por legiones de progresistas, que deciden qué se fomenta y qué no, poniendo de manifiesto una forma de sumisión contra la mitad de la humanidad que es anterior a la invención de la imprenta?

¿Cómo es que llegamos a pensar que los libros de princesas vuelven a las nenas sumisas y que los libros donde las princesas rompen los estereotipos vuelven a las niñas empoderadas? Un poco complejo el tema, porque si seguimos esa lógica de pensamiento, si una piba lee Bajo la misma estrella automáticamente se muere de cáncer y si un chico lee Harry Potter va a poder decir Wingardium Leviosá y las cosas van a levitar. CONTINUAR LEYENDO

jueves, 27 de enero de 2022

“VICENTE”: un cuento de Miguel Torga. Traducción de Amador Palacios

Aquella tarde, a esa hora en que el cielo se mostraba más duro y más siniestro, Vicente abrió sus alas negras y partió. Cuarenta días habían transcurrido ya desde que, integrado en la leva de los elegidos, realizó su entrada en el Arca. Pero desde el primer momento todos notaron que en su espíritu no había paz. Silencioso y enfurruñado, iba de acá para allá con una agitación continua, como si aquel enorme navío donde el Señor había preservado la vida fuese un ultraje a la creación. En semejante algarabía -lobos y corderos hermanados bajo el mismo destino-, sólo su figura negra y seca se mantenía rebelde frente al procedimiento de Dios. Con silenciosa indignación, se preguntaba: ¿bajo qué propósito estaban los animales inmiscuidos en confuso dilema de torre de Babel? ¿Qué tenían que ver los animales con esas fornicaciones de los hombres que el Creador quería castigar? Justos o injustos, los altos designios que habían determinado aquel diluvio, chocaban con un hondo sentimiento de irreprimible repulsa. Y cuanto más inexorable se mostraba la prepotencia, más crecía la insurrección de Vicente.

Cuarenta días, no obstante, su carne flaca lo retenía allí. Ni siquiera él mismo podría precisar cómo había bajado desde el Líbano hasta el muelle de embarque y, después, en el Arca, por tanto tiempo había recibido de las manos serviles de Noé la ración cotidiana. Pero había podido vencerse. Había, en fin, conseguido, superar el instinto de la propia conservación, y abrir las alas al encuentro de la terrible inmensidad del mar

La insólita partida fue contemplada por grandes y pequeños con respeto callado y contenido. Pasmados y asombrados, lo vieron, temerario, con el pecho abierto, atravesar el primer muro de fuego con el que Dios le quiso impedir la fuga, sumiéndose, a lo lejos, en los confines del espacio. Mas nadie dijo nada. Su gesto fue en aquel momento el símbolo de la universal liberación. Una convicción de protesta activa contra el arbitrio que dividía a los seres en elegidos y condenados.

Pero, persistiendo todavía en el interior de todos aquel regusto de redención, desde lo alto, tan amplia como un trueno, penetrante como un rayo, terrible, la voz de Dios:

-Noé, ¿dónde está mi siervo Vicente?

Bípedos y cuadrúpedos habían quedado petrificados. Sobre un diáfano toldo de ilusiones, se posó, pesada, una mortaja de silencio.

Nuevamente, el Señor había paralizado las conciencias y el instinto, y reducía a una pura pasividad vegetativa el residuo de la materia palpitante. CONTINUAR LEYENDO


martes, 25 de enero de 2022

"EN TU SONRISA". Un poema de Leopoldo Panero

Ya empieza tu sonrisa,
como el son de la lluvia en los cristales.
La tarde vibra al fondo de frescura,
y brota de la tierra un olor suave,
un olor parecido a tu sonrisa,
y a mover tu sonrisa como un sauce
con el aura de abril; la lluvia roza
vagamente el paisaje,
y hacia adentro se pierde tu sonrisa,
y hacia dentro se borra y se deshace,
y hacia el alma me lleva,
desde el alma me trae,
atónito, a tu lado.
Ya tu sonrisa entre mis labios arde,
y oliendo en ella estoy a tierra limpia,
y a luz, y a la frescura de la tarde
donde brilla de nuevo el sol, y el iris,
movido levemente por el aire,
es como tu sonrisa que se acaba
dejando su hermosura entre los árboles…