domingo, 30 de abril de 2023

"EL GENERAL RUEDA". Un cuento sobre la Revolución mexicana de Nellie Campobello

Era un hombre alto, tenía bigotes güeros, hablaba muy fuerte. Había entrado con diez hombres en la casa, insultaba a mamá y le decía: 

«¿Diga que no es de la confianza de Villa? Aquí hay armas. Si no nos las da junto con el dinero y el parque, le quemo la casa», —hablaba paseándose enfrente de ella— Lauro Ruiz es el nombre de otro que lo acompañaba (este hombre era del pueblo de Balleza y como no se murió en la bola, seguramente todavía está allí). Todos nos daban empujones, nos pisaban, el hombre de los bigotes güeros quería pegarla a mamá, entonces dijo: 

«Destripen todo, busquen donde sea» —picaban todo con las bayonetas, echaron a mis hermanitos hasta donde estaba mamá, pero él no nos dejó acercarnos, yo me rebelé y me puse junto a ella, pero él me dió un empellón y me caí. Mamá no lloraba, dijo que no le tocaran a sus hijos, que hicieran lo que quisieran. Ella ni con una ametralladora hubiera podido pelear contra ellos, Mamá sabía disparar todas las armas, muchas veces hizo huir hombres, hoy no podía hacer nada. Los soldados pisaban a mis hermanitos, nos quebraron todo. Como no encontraron armas, se llevaron lo que quisieron, el hombre güero dijo:

«Si se queja, vengo y le quemo la casa.» Los ojos de mamá, hechos grandes de revolución, no lloraban, se habían endurecido recargados en el cañón de un rifle. 

Nunca se me ha borrado mi madre, pegada en la pared hecha un cuadro, con los ojos puestos en la mesa negra, oyendo los insultos. El hombre aquel güero, se me quedó grabado para toda la vida.

Chihuahua

Dos años más tarde nos fuimos a vivir a Chihuahua, lo vi subiendo los escalones del Palacio Federal. Ya tenía el bigote más chico. Ese día todo me salió mal, no pude estudiar, me pasé pensando en ser hombre, tener mi pistola y pegarle cien tiros. 

Otra vez estaba con otros en una de las ventanas del Palacio, se reía abriendo la boca y le temblaban los bigotes. No quiero decir lo que le vi hacer ni lo que decía, porque parecería exagerado, —volví a soñar con una pistola. 

Ciudad de México

Un día aquí, en México, vi una fotografía en un periódico que tenía este pie:

«El general Alfredo Rueda Quijano, en consejo de guerra sumarísimo» (tenía el bigote más chiquito y venía a ser el mismo hombre güero de los bigotes). Mamá ya no estaba con nosotros, sin estar enferma cerró los ojos y se quedó dormida allá en Chihuahua, —yo sé que mamá estaba cansada de oír los 30-30— Hoy lo fusilaban aquí, la gente le compadecía, lo admiraba, le habían hecho un gran escenario, para que muriera, para que gritara alto, así como le gritó a mamá la noche del asalto. 

Los soldados que dispararon sobre él aprisionaban mi pistola de cien tiros. 

Toda la noche me estuve diciendo: «Lo mataron porque ultrajó a mamá, porque fue malo con ella.» Los ojos endurecidos de mamá, los tenía yo y le repetía a la noche: 

«Él fue malo con mamá. Él fue malo con mamá. Por eso lo fusilaron.» 

Yo les mandé una sonrisa de niña a los soldados que tuvieron en sus manos mi pistola de cien tiros, hecha carabinas en la primera plana de los periódicos capitalinos.


 NOTA: Escritora y bailarina, fue la única autora que Castro Leal incluyó en su antología de la novela de la revolución. A pesar de ello, durante mucho tiempo su obra no fue valorada como se merecía, aunque en la actualidad se le reconoce como una de las autoras fundamentales de la literatura breve del México del siglo XX. “El general Rueda” es un cuento de menos de tres páginas en el que la escritora narra la vida de una niña luego de que el general Rueda y su tropa irrumpen en su casa. Campobello se aleja de las convenciones de este tipo de obras, pues en "Cartucho", libro de cuentos brevísimos y predecesor de los libros de minificción serial, la autora narra la Revolución mexicana desde la mirada de las mujeres y de las infancias.

sábado, 29 de abril de 2023

"Plan Nacional de Lectura de Argentina

Este material que asume el desafío de presentar las literaturas en clave de derechos, donde acontecen disputas permanentes sobre sus significados y alcances.




viernes, 28 de abril de 2023

"WALLADA: LA POETISA ANDALUSÍ QUE ESCANDALIZÓ A LA SOCIEDAD MUSULMANA DE SU ÉPOCA"

Wallada bint al-Mustakfi, conocida simplemente con el nombre de Wallada, fue una famosa poetisa andalusí, mujer segura y decidida, recordada por su un papel activo en la sociedad a pesar de los limitantes de su posición, el ser una mujer en un contexto árabe medieval. Por su gran talento poético fue la más célebre de las escritoras andalusíes, pero de igual modo mujer de una belleza apabullante: hermosa figura, tez blanca, ojos azules, pelirroja... el ideal de la época. Nacida en Córdoba, hija de Muhammad al-Mustakfi, uno de los efímeros califas de Córdoba y de la esclava cristiana Amin´am.

Su infancia y adolescencia coinciden con la decadencia del califato: la ascensión al poder de Almanzor y las guerras por el poder acaecidas tras la muerte de su sucesor, dentro de las cuales su padre obtuvo el poder.

Su posición social le trajo notables beneficios: la costumbre de la época dictaba que las hijas de familias noble recibieran educación de sus padres o tutores, y se apreciaba su dedicación a la caligrafía y la poesía. Así, la princesa recibió por tanto una notable formación. Por el contrario, su condición de princesa Omeya en un momento de luchas entre su dinastía y los Banu Yahwar, no debió ser fácil.

Wallada tuvo la suerte de que su padre no tuviera descendencia masculina, lo que le dio la oportunidad, en el momento de morir el califa en 1025, de cobrar la herencia y alejarse definitivamente de la realeza. Ella continuaba soltera y se independizó de toda tutela masculina gracias a la herencia de su padre. Al carecer de hermanos varones, heredó los derechos reales de su padre, lo cuales vendió. Adquirió así respaldo para el modo de vida que había elegido: la independencia completa, prescindiendo de tutela masculina. No se casó ni negoció matrimonio alguno.

Wallada fue considerada una mujer altiva: cuentan las crónicas que paseaba por la calle sin ocultar su rostro con el velo, llevando bordados en su vestido (o tatuado, según otras versiones) versos que proclamaban su rebeldía:

“Por Alá, que merezco cualquier grandeza
y sigo con orgullo mi camino”

“Doy gustosa a mi amante mi mejilla
y doy mis besos para quien los quiera”

Abrió un palacio y salón literario en donde se dedicó a enseñar poesía y canto a chicas de buena familia e incluso a esclavas. Entre sus alumnas destacó Muhya bint al-Tayyani, una joven de condición muy humilde (hija de un vendedor de higos) a la que acogió en su casa. Su salón literario y escuela para jóvenes damas le atrajo numerosas críticas. Intervenía libremente en las tertulias que allí celebraba, discutiendo con hombres y mujeres por igual.

En una sociedad que sólo permitía a las mujeres la relación con parientes y obligaba a recibir o impartir formación oculta tras una cortina, la actitud de Wallada fue un escándalo. Sin embargo, encontró firmes defensores en ibn Hazm y el visir ibn Adbus, que estuvo a su lado hasta el final ofreciéndole siempre su protección.

Junto a su falta de respeto por las convenciones sociales, Wallada entró en la historia por su relación con el también poeta ibn Zaydun. Se conocieron en una fiesta de versos en donde toda la noche estuvieron contestándose versos, lo que llevó a que la rivalidad inicial se transformara en afecto y luego en amor. Su relación está ampliamente documentada en los poemas que se dirigieron mutuamente. Reflejan estos una intensa pasión, marcada por los celos, que se vio interrumpida por la infidelidad de ibn Zaydun. A partir de este momento, se suceden los versos de dolor primero y sátira después, escritos por ella, y los de arrepentimiento de él.

Respecto a la identidad de la amante de ibn Zaydun, hay varias interpretaciones, rastreando los versos de Wallada. Los versos "Sabes que soy la luna de los cielos/ mas, para mi desgracia, has preferido a un oscuro planeta" sugieren que quizá fuera una esclava negra. Sin embargo la figura de la traición con un esclavo negro era muy popular en la literatura andalusí.

Cuando rompió su relación con Ibn Zaydum, se hizo amante del hombre fuerte de Córdoba, el visir Ibn Abdus, rival político y enemigo personal de Ibn Zaydun, al que privó de sus bienes y acabó metiendo en la cárcel. En esa época de cautiverio físico y amoroso escribió Ibn Zaydun sus poemas más famosos. Pero Wallada no quiso volver a verlo, ni quiso perdonarlo. Eso es lo que creó realmente la leyenda. Ibn Zaydun, tras recobrar la libertad, recorría de noche los palacios arruinados de Medina Al Zahara, símbolos de una pasión destruida. Cuenta la leyenda que toda Córdoba lo vio errante y ojeroso, enfermo de amor, y supo de sus poemas sumisos, implorando el perdón que nunca le fue concedido.

Wallada murió siendo una octogenaria, el 26 de marzo de 1091, el mismo día que los almorávides entraron en Córdoba.

jueves, 27 de abril de 2023

NUEVA TERTULIA LITERARIA DIALÓGICA EN PEÑASCAL-BOLUETA

Estudiantes del Grado Básico
de Cocina y Restauración
El pasado 26 de abril tuvimos una nueva sesión de lectura dialógica compartida en Peñascal-Bolueta. En este caso dialogamos sobre el olvido del legado que la civilización árabe dejó en la Península Ibérica. Esta idea surgió al hilo de que, a pesar de que muchas de las personas que participan en la Tertulia son árabes, la apostación que hacen a nuestra cultura no se tiene en cuenta.

Así que partiendo de distintos textos, que podéis ver pinchando sobre los títulos de los mismos, fuimos dialogando acerca de esa herencia y de cómo había sido olvidada, distorsionada y, en ocasiones, agredida por los distintos nacionalismos que anidan en nuestro país.

Empezamos con dos poemas del mismo autor, uno de amor y el otro como reacción a la célebre quema pública de sus libros en Sevilla por parte de las autoridades árabes del momento:
«Dejad de prender fuego a pergaminos y papeles,
y mostrad vuestra ciencia para que se vea quien es el que sabe.
Y es que aunque queméis el papel
nunca quemaréis lo que contiene,
puesto que en mi interior lo llevo,
viaja siempre conmigo cuando cabalgo,
conmigo duerme cuando descanso,
y en mi tumba será enterrado luego.»

Continuamos con un cuento:

 A continuación pasamos a diferntes textos sobre la materia:
 Finalizando esta animada Tertulia con un texto sobre Averroes

miércoles, 26 de abril de 2023

"CÓMIC "PAULO FREIRE. 102 AÑOS DE SU NACIMIENTO". Instituto Paulo Freire (CEAAL Brasil)

Este cómic fue realizado por iniciativa y coordinación de Arturo Ornelas Lizardi, de México, para el Instituto Paulo Freire, de São Paulo, Brasil.

A través de las ilustraciones de Ivanevsky se cuenta la vida y obra de Paulo Freire.

“Paulo Freire vive en su obra y legado, en su amor por la educación como herramienta liberadora, en su amor por la vida, y por el ser humano”.

lunes, 24 de abril de 2023

"NOCTURNO". Un poema de la gran poeta mexicana Dolores Castro Varela

Aquí voy en el río
desconocida, larga.

Y cabeceo en el viento
como el toro,
que en éxtasis levanta
la llama de sus ojos,
brillantes por la sed
de oscuras aguas.

Y me hundo en la noche
como en el conocido pecho
de mi madre,
húmedo y sin palabras.

Muerdo el fruto del día
y en el silencio voy
como la rama
enamorada y muda
que danza.

Ahí van mis sentidos
prendidos en el vientre de la noche como siete cabritas
palpitantes y fijas.

Sola me quedo,
junto al que se oculta hollando a sus creaturas.

Entre las ramas
flotando van estrellas
como frutillas duras.

Bajo este cielo, ay, todas las cosas,
van hablando entre dientes
solas y presurosas.

Bajo este cielo, ay,
me voy rendida
como la hierba hollada.
Y queriendo cantar,
y sin hallar palabras.

domingo, 23 de abril de 2023

"LIBROS EN LLAMAS". Un artículo de Raquel C. Pico publicado en Ethic el 20 de abril de 2023

 

Casi desde el origen de la palabra impresa se pueden encontrar sus hogueras funerarias. Ya sea por accidente o de forma voluntaria, con una manera poderosamente simbólica de ejercer la censura, los libros arden desde hace siglos.

En el centro de Berlín hay un monumento un tanto sorprendente: para verlo, hay que ir fijándose en el suelo. En Bebelplatz, existe una biblioteca llena de estanterías vacías que solo se ve desde una pequeña ventana de cristal en el suelo. Cabrían 20.000 libros: exactamente los que desaparecieron en la tarde del 10 de mayo de 1933 en la quema de libros organizada por el régimen nazi.

Las piras de libros en la Alemania nazi se han convertido prácticamente en la muestra simbólica de lo que implican estos incendios. Ese 10 de mayo de 1933 se organizaron hogueras en 34 ciudades alemanas, en las que, entre música y bailes, se quemaron las obras de escritores como Émile Zola, Franz Kafka, Thomas Mann, Sigmund Freud, Rosa Luxemburgo, Stefan Zweig o Ernst Hemingway, entre otros. Todos ellos eran considerados, ya fuera por su pensamiento o por sus orígenes, enemigos del régimen. Como explica Emma Smith en Magia portátil (Ariel) como método de censura directa la quema era poco efectiva. De hecho, los libros quemados fueron donados por particulares y expurgados de bibliotecas y colecciones, pero se recibieron tantos libros prohibidos para la quema que no era posible hacerlos desaparecer todos en esa única noche. Muchos de ellos acabaron siendo vendidos al peso para la fabricación de nuevo papel.

A nivel simbólico, sin embargo, era otra cosa: las hogueras se convirtieron en un icono propagandístico. En la propia Alemania, el incendio de libros fue un auto de fe. Mientras, en Estados Unidos, donde ya en 1933 la revista Time hablaba de bibliocausto, los libros incendiados se posicionaron, ya en los años de la II Guerra Mundial, como una muestra de lo que suponía el «nosotros» contra «ellos»: eran la muestra de la maldad del régimen nazi y un símbolo del totalitarismo.

Y puede que en esas hogueras de 1933 no se quemaran tantos volúmenes, pero a lo largo de los años las estimaciones hablan de que los nazis destrozaron de una manera o de otra cientos de millones de libros. Solo en Alemania –entre los efectos de la persecución nazi y los daños colaterales del contexto bélico, como los bombardeos— al final de la II Guerra Mundial habían desaparecido un tercio de todos los libros del país. En Polonia lo hizo el 80%, según cifras que indica Susan Orleans en La biblioteca en llamas.

Los libros quemados no eran ni una práctica nueva, ni una práctica de propaganda exactamente novedosa. Ni lo dejaron de ser. Sin ir más lejos, en España el régimen franquista también quemó libros. En el verano de 1936, en Galicia, ya entonces bajo control de las tropas franquistas, se quemaron varias bibliotecas. Fueron tan solo las primeras: la quema se repetiría durante la guerra y los primeros años de la posguerra en otros lugares.

Volviendo a Smith y su recorrido por las hogueras de libros, a lo largo de los siglos las llamas purgaron bibliotecas personales –en el siglo XVII, Samuel Pepys quemó su ejemplar de L’école des filles tras leerlo porque no quería que ese libro «indecente» contaminase sus fondos bibliotecarios–, señalaron qué libros no deberían ser leídos –siguiendo con L’école des filles, las autoridades parisinas habían intentado quemarlo en 1655 por indecente– y sirvieron como arma política a lo largo del globo. Desde el emperador chino Qin Shi Huang –que quemó los libros de historia en el siglo III a. C. para borrar del relato a sus rivales– hasta las hogueras a las que se lanzaban los escritos de Martin Lutero en el siglo XVI, las llamas sirvieron para marcar en público agendas políticas.

Por supuesto, las llamas también han arrasado bibliotecas de manera más o menos premeditada. Se han quemado prácticamente desde que existen, como recuerda Susan Orleans, que recupera lo que ya escribía en 1880 William Blades: las bibliotecas son víctimas fáciles tanto para la mala suerte como para el fanatismo incendiario. La de Alejandría ardió, de hecho, varias veces.

El efecto de las llamas se siente a veces de forma más profunda de lo que ocurre con otras pérdidas materiales. El incendio de la biblioteca de Sarajevo durante la guerra de Bosnia, cuando fue bombardeada a pesar de no ser un objetivo militar, se convirtió en un icono de la barbarie. Incluso cuando el fuego empieza de manera accidental, la pérdida de las colecciones se siente como un duro golpe colectivo. No se sabe a ciencia cierta qué inició el fuego en la Biblioteca de Los Ángeles en 1986, como recuerda Orleans en su libro, pero la devastación del incendio, en el que se perdieron fondos únicos, marcó a la ciudad. Como recuerda Orleans, «en Senegal, la manera educada para decir que alguien se ha muerto es indicar que su biblioteca ha ardido».

Pero ¿sirve realmente el fuego para eliminar ideas y, sobre todo, para acabar con la circulación de libros? Si se piensa en esas hogueras en las que ardían las propuestas luteranas y se reflexiona sobre qué ocurrió después, cabe pensar que no. «La quema de libros es un poderoso símbolo y, en términos prácticos, completamente ineficaz», escribe Emma Smith. De hecho, si se siguen quemando libros –y lo hacen desde conservadores a progresistas, como apunta la ensayista, recordando la suerte reciente de los libros de Harry Potter de J.K. Rowling– no es porque se espere que de ese modo desaparezcan para siempre de la faz de la tierra esas palabras escritas, sino por el poder que tiene todavía la imagen de los libros que arden. Para censurar los contenidos, por desgracia, existen maneras más efectivas de borrar su peso (o incluso de lograr que no lleguen a ser ni siquiera un libro).