domingo, 30 de noviembre de 2025

"CANTO". Un poema de Silvina Ocampo

¡Ah, nada, nada es mío!
Ni el tono de mi voz, ni mis ausentes manos,
ni mis brazos lejanos.
Todo lo he recibido. Ah, nada, nada es mío.
Soy como los reflejos de un lago tenebroso
o el eco de las voces en el fondo de un pozo
azul cuando ha llovido.
Todo lo he recibido:
como el agua o el cristal
que se transforma en cualquier cosa,
en humo, en espiral,
en edificio, en pez, en piedra, en rosa.
Son distintas de mí, tan diferente,
como algunas personas cuando están entre gente.
Soy todos los lugares que en mi vida he amado.
Soy la mujer que más he detestado
y ese perfume que me hirió una noche
con los decretos de un destino incierto.
Soy las sombras que entraban en un coche,
la luminosidad de un puerto,
los secretos abrazos, ocultos en los ojos.
Soy de los celos, el cuchillo,
y los dolores con heridas, rojos.
De las miradas ávidas y largas soy el brillo.
Soy la voz que escuché detrás de las persianas,
la luz, el aire sobre las lambercianas.
Soy todas las palabras que adoré
en los labios y libros que admiré.
Soy el lebrel que huyó en la lejanía,
la rama solitaria entre las ramas.
Soy la felicidad de un día,
el rumor de las llamas.
Soy la pobreza de los pies desnudos,
con niños que se alejan, mudos.
Soy lo que no me han dicho y he sabido.
¡Ah, quise yo que todo fuera mío!
Soy todo lo que ya he perdido.
Mas todo es inasible como el viento y el río,
como las flores de oro en los veranos
que mueren en las manos.
Soy todo, pero nada es mío,
ni el dolor, ni la dicha, ni el espanto,
ni las palabras de mi canto.

sábado, 29 de noviembre de 2025

"Los responsables de ChatGPT culpan a un adolescente de su suicidio por hacer un “mal uso” de la IA". Raúl Limón, El País

Adam Raine, en una imagen publicada por la familia

La compañía OpenAI responde a las acciones judiciales de la familia del joven, que acusa al robot conversacional de inducirle a quitarse la vida

Adam Raine, de 16 años, interrogó una y otra vez a la cuarta versión de ChatGPT por las formas de suicidio, las huellas que dejarían y las reacciones de sus padres. Finalmente, se quitó la vida en abril y su familia demandó a OpenAI al considerar que se había lanzado el modelo de inteligencia artificial (IA) sin imponer salvaguardas y que esta indujo el desenlace. Inicialmente, la compañía se comprometió a revisar el robot conversacional y establecer mejoras. Ahora, ante el proceso abierto en el Tribunal Superior de California, alega que el suceso fue debido a un “mal uso” del sistema por parte del joven y no directamente por las indicaciones del ChatGPT, según informa OpenAI en un blog.

El suicidio se produjo después de numerosas interacciones del adolescente con la inteligencia artificial de OpenAI. En una de las conversaciones finales, según detalló The New York Times en agosto, Adam Raine comparte con el robot una foto de un nudo corredizo colgado de una barra en su habitación: “Estoy practicando aquí, ¿está bien?“, pregunta. ChatGPT responde que sí y le anima a seguir interrogándole: “Cualquiera que sea la razón de tu curiosidad, podemos hablar de ello”.

Jay Edelson, abogado de los padres de Adam, Matt y Maria, ha argumentado ante el tribunal que la inteligencia artificial “animó durante meses” al joven en sus intenciones suicidas, que le guio en los métodos para culminarlas e incluso le ofreció ayuda para redactar la nota de despedida para sus padres. “Fue lanzada [la cuarta versión de la IA] apresuradamente al mercado ... a pesar de evidentes problemas de seguridad”, alega la familia del joven en su acción judicial contra OpenAI y su máximo responsable, Sam Altman.

OpenAI ha defendido ante la corte que las “lesiones y daños de Raine fueron causados, directa y de forma inmediata, total o parcial, por [su] mal uso, uso no autorizado, uso no intencionado, uso imprevisible y/o uso indebido de ChatGPT”.

La compañía alega que la utilización del robot conversacional con fines suicidas o de autolesión está prohibido y que se advierte siempre que no se consideren los resultados de la interacción “como única fuente de información verdadera o fáctica”.

viernes, 28 de noviembre de 2025

"LA TUMBA". Un cuento de Guy de Maupassant

Sinopsis: «La tumba» (La tombe) es un cuento de Guy de Maupassant publicado el 29 de julio de 1884 en la revista Gil Blas. En las primeras horas de la madrugada, el guardián del cementerio de Béziers se ve obligado a salir con su escopeta cuando su perro detecta una presencia sospechosa entre las tumbas. Lo que descubre lo deja atónito: un joven ha desenterrado el cadáver de una mujer que fue sepultada el día anterior. Tras ser arrestado y llevado ante la justicia, el hombre renuncia a toda defensa técnica y decide explicar con voz serena el profundo y devastador sentimiento que lo llevó a cometer ese acto desesperado. (lecturia.org)

LA TUMBA

El diecisiete de julio de mil ochocientos ochenta y tres, a las dos y media de la mañana, el guardián del cementerio de Béziers, que habitaba un pequeño pabellón en el extremo del campo de los muertos, fue despertado por los aullidos de su perro, encerrado en la cocina.

Bajó enseguida y vio que el animal husmeaba bajo la puerta, ladrando con furia, como si algún vagabundo rondara alrededor de la casa. El guardián Vincent tomó entonces su fusil y salió con precaución.

El perro echó a correr en dirección a la avenida del general Bonnet y se detuvo en seco junto al monumento de la señora Tomoiseau.

El guardián, avanzando con cautela, vio muy pronto una lucecita hacia la avenida Malenvers. Se deslizó entre las tumbas y fue testigo de un acto horrible de profanación.

Un hombre había desenterrado el cadáver de una joven mujer sepultada la víspera y, en ese momento, lo sacaba de la tumba. Una pequeña linterna sorda, colocada sobre un montón de tierra, iluminaba aquella escena repugnante.

El guardián Vincent, tras lanzarse sobre aquel miserable, lo derribó, le ató las manos y lo condujo al puesto de policía.

Era un joven abogado de la ciudad, rico y bien considerado, de nombre Courbataille.

Se lo juzgó. El ministerio público recordó los actos monstruosos del sargento Bertrand y conmocionó al auditorio.

Escalofríos de indignación recorrían a la multitud. Cuando el magistrado se sentó, estallaron gritos:

—¡A muerte! ¡A muerte!

Al presidente del tribunal le costó gran trabajo restablecer el silencio. Luego pronunció con tono grave:

—Acusado, ¿qué tiene usted que decir en su defensa?

Courbataille, que no había querido abogado, se levantó. Era un joven apuesto, alto, moreno, con un rostro abierto, rasgos enérgicos y una mirada audaz.

El público lo silbó. Él no se turbó y empezó a hablar con voz un tanto velada, algo baja al principio, pero que se afirmó poco a poco:

—Señor presidente… señores jurados: tengo muy pocas cosas que decir. La mujer cuya tumba violé había sido mi amante. Yo la amaba.

»La amaba no con un amor sensual, no con una simple ternura del alma y del corazón, sino con un amor absoluto, completo, con una pasión desesperada.

»Escúchenme:

»Cuando la encontré por primera vez, al verla experimenté una sensación extraña. No fue asombro ni admiración; no fue lo que se llama un flechazo, sino un delicioso sentimiento de bienestar, como si me hubieran sumergido en un baño tibio. Sus gestos me seducían, su voz me arrebataba; toda su persona me producía un placer infinito al verla. Me parecía también que la conocía desde hacía mucho tiempo, que ya la había visto. Llevaba en ella algo de mi propio espíritu. CONTINUAR LEYENDO

jueves, 27 de noviembre de 2025

"SIN NOVEDA EN EL FRENTE". Erich María Remarque (2022), Barcelona, Edhasa


«Soy joven, tengo veinte años, pero no conozco de la vida más que la desesperación, el miedo, la muerte y el tránsito de una existencia llena de la más absurda superficialidad a un abismo de dolor. Veo a los pueblos lanzarse unos contra otros y matarse sin rechistar, ignorantes, enloquecidos, dóciles, inocentes. Veo a los más ilustres cerebros del mundo inventar armas y frases para hacer posible todo eso durante más tiempo y con mayor rendimiento».

Con crudeza y cercanía. Así nos narra Paul Bäumer, alter ego del escritor, el destino de un grupo de soldados durante la Primera Guerra Mundial. Y su capacidad para transmitir las emociones más profundas del ser humano, a través de imágenes casi cinematográficas plasmadas con un lenguaje claro y directo, dejan una huella indeleble en el lector. Sin novedad en el frente nace de la pluma de Remarque con el deseo de ser la voz de toda una «generación perdida», y poco después de su publicación este relato inclemente y veraz de la vida cotidiana de un soldado se convirtió por méritos propios en un clásico de la literatura.

Un clásico de la literatura antimilitarista que narra con excepcional dramatismo y veracidad la existencia cotidiana de un soldado durante la primera guerra mundial.

miércoles, 26 de noviembre de 2025

"ENVÍO". Un poema de la poeta puertorriqueña Rosario Ferré seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

En mi afán de dar a conocer a poetas de otros lares, menos célebres o simplemente invisibles, convoco hoy a Rosario Ferré, oriunda de Puerto Rico y pionera en su país de la literatura feminista. Dedicó gran parte de su obra, tanto en la poesía como en el cuento, género en el que sobresalió, a cuestionar el inerte papel asignado a la mujer en las sociedades del Caribe. Tuvo problemas para publicar precisamente por ser mujer. En su ensayo ‘La cocina de la escritura’ dijo que “el secreto de la escritura, como el de la buena cocina, no tiene nada que ver absolutamente con el sexo, sino con la sabiduría con que se combinan los ingredientes”. El poema que hoy comparto, ‘Envío’, incluido en su libro ‘Fábulas de la garza desangrada’ del año 1982, es un homenaje a las muchas mujeres que, casi siempre con todo en contra, destacaron a lo largo de la historia por su valor, su constancia, su rebeldía. (Andrea Villarrubia Delgado).
ENVÍO

a mi madre, y a la estatua de mi madre.
a mis tías, y a sus modales exquisitos.
a Marta, así como también María,
porque supo escoger la mejor parte.
A Francesca, la inmortal, porque desde su infierno insiste
en cantarle al amor y a la agonía,
a Catalina, que deslaza sobre el agua
las obscenidades más prístinas de su éxtasis
únicamente cuando silba el hacha
a Rosario, y a la sombra de Rosario,
a las erinias y a las furias que entablaron
junto a su cuna el duelo y la porfía,
a todas las que juntas accedieron
a lo que también consentí,
dedico el cumplimiento de estos versos:
porque canto.
porque coso y brillo y limpio y aún me duelen
los huesos musicales de mi alma.
porque lloro y exprimo en una copa
el jugo natural de mi experiencia,
me declaro hoy enemiga de ese exánime
golpe de mi mano airada,
con que vengo mi desdicha y mi destino,
porque amo,
porque vivo y soy mujer, y no me animo
a amordazar sin compasión a mi conciencia;
porque río y cumplo y plancho entre nosotras
los más mínimos dobleces de mi caos,
me declaro hoy a favor del gozo y de la gloria.

ROSARIO FERRÉ

lunes, 24 de noviembre de 2025

"ALGUNAS COSAS QUE HE APRENDIDO EN DIEZ AÑOS DE MATERNIDAD". Ana Requena Aguilar, elDiario.es

No hay figura más mi(s)tificada que la de la madre. Entregada, siempre amorosa, siempre dispuesta a sacrificarse, pura (signifique eso lo que signifique). A la madre solo se le ve como eso, como una madre. Yo esta semana he cumplido años por partida doble: 41, los míos, pero también he cumplido una década como madre, porque mi hijo ha hecho diez años. Ahora, con una mirada más esculpida por el tiempo puedo ver con más claridad lo que antes eran sensaciones, ambivalencia o desconcierto. Aquí van algunas cosas que he aprendido en esta década.

La maternidad puede ser asfixiante. Y no, no me vale la explicación unívoca de que es culpa del capitalismo que no nos deja tiempo para criar o que no nos da sostén. Tampoco me sirve cuando dicen que lo asfixiante es el trabajo o la exigencia de que seamos constantemente productivas. Claro que hay algo de todo eso. Pero hablemos de cómo es sentir que alguien que estaba dentro de tu tripa esté ahora fuera y dependa por completo de ti. Esa sensación desbordante de responsabilidad, ese sentirse abrumada por las dudas de si has hecho bien, si lo harás bien, si serás capaz. Esa certeza abrumadora de que tu vida está, en cierta forma, en manos de otra ya para siempre.

Eso, expresar las dudas, la ambivalencia, la angustia, expresar la añoranza por la vida anterior, está prohibido cuando eres madre. Solo permitimos madres felices, madres que sonríen y que hablan de lo maravilloso de la experiencia, madres que parecen entregadas a la crianza sin ningún tipo de arista. Lo contrario es ser una mujer egoísta, sospechosa.

¿Sabes que me dijeron un día que andaba yo de viaje, en un congreso que me interesaba muchísimo en una ciudad preciosa? Que parecía demasiado libre para ser madre. Quien me lo dijo lo hizo con toda la buena intención pero mostró, sin querer, hasta qué punto tenemos estereotipado lo que pensamos que es una madre. Supongo que parecía libre porque mi conversación en esos días no giraba en torno a mi hijo, o porque me entregué a la experiencia con ganas. Supongo que esperamos que una madre parezca algo más apenada, algo más apurada.

La culpa va por dentro. Porque si hay una emoción que nos acompaña a las madres es la culpa y ahí el sistema tiene todo que ver. Es imposible encajar en el estándar de la buena madre. Y, sí, siempre hay alguien dispuesto a juzgarte hagas lo que hagas. Teta o no, apego, baby led weaning (¡cuánto se expande el vocabulario con la maternidad!), escuela infantil... yo digo que la mejor crianza es la que también le hace bien a la madre que la ejerce, la que no ignora lo que necesita su cuerpo, la que no ignora que ella también merece tiempo, espacio, y una vida por delante que seguir aprovechando.

Paradójicamente, nuestras expresiones de amor maternal, nuestra necesidad de poner palabras a un vínculo y experiencia que sobrepasa los límites de lo habitual, suele ser reprimida o ridiculizada. Enseguida somos cursis o 'mamis hablando de cosas de mamis'. Yo voy a ser muy ñoña y me da igual.

He descubierto que la maternidad va más de aprender que de enseñar. He aprendido muchas cosas de mí misma y, muy especialmente, de mi sombra. Me he dado cuenta de que lo importante sucede en unos brazos, en una cuna, en una cama, en un parque. He ensanchado los límites del cansancio y la paciencia como nunca pensé, pero, sobre todo, del amor, uno profundísimo. He podido volver a mirar, me he sentido afortunada de ver cómo alguien miraba, sonreía, caminaba o se hacía muchas preguntas por primera vez. Sigo aprendiendo a acompañar, a aceptar, a soltar. Antes eran otras y otros, ahora soy yo la que dice 'el tiempo pasa muy deprisa'.

Cuesta a veces encontrarse en la identidad madre. No soy un ser de luz, no soy siempre generosa ni sacrificada, sigo explorando mi propia vida. Tengo la convicción de que cuanto más compartamos nuestras experiencias, nuestras emociones -las más incómodas, las más elevadas, las más triviales también- más conseguiremos romper esa asfixia que se nos impone.

domingo, 23 de noviembre de 2025

"UNA CARTA, UNA FLOR Y UN MONTÓN DE GATITOS". Un cuento escrito por Gabriela Damián Miravete para La tierra que nos sueña (Heredad, 2025). Acompañada por Edith Herrera Martínez y Emanuela Borzacchiello.

Querida amiga:

Te escribo sin saber quién eres ni cómo te llamas ni de dónde vienes, pero con la certeza de que serás mi amiga. Te escribo porque sé que, cuando nos sentimos tristes o angustiadas, es bueno contar lo que sentimos. No quiero andar ahí, tristeando delante de mi mamá y de mis hermanos, con lo difícil que está la cosa. Y, además, necesito una amiga para pedirle un favor muy grande… ¿Será que tú puedas ayudarnos?

Bueno, pero primero voy a contarte un poco sobre mí. Me llamo Sinaí, tengo quince años. Nací en Chilpancingo, Guerrero. Mi amiga Laura decía que mi pelo era muy bonito y que eso se debía a mi signo, Leo. Yo no creo mucho en esas cosas, pero sí es cierto que soy Leo y que sí tengo un pelo bonito, aunque yo más bien diría que eso se debe a la genética. Me gusta mucho estar en la naturaleza, rodeada de árboles y animales, por eso me gusta mucho la biología. Tengo un hermano más chico que yo, de doce. Ya te imaginarás, está “en la edad de la punzada”, como decían mis tíos acerca de mi hermana cuando ella era una puberta y yo una niña. Pero la verdad yo creo que ninguno de nosotros, los hermanos, hemos “punzado” tanto. Claro que a veces, cuando nos mandan a hacer alguna cosa que no queremos, ponemos ojos de huevo cocido o decimos “Ashhh” porque nos da flojera, pero hasta mi mamá piensa que nos hemos portado muy bien, para todo lo que hemos vivido. Me da gusto que piense eso. Por otro lado, me da coraje que le vaya mal a la gente que se porta bien, como a mis tíos, y no a quienes hacen cosas malas, como la gente que mató a mis tíos. Me encantaba ir a visitarlos al pueblo donde vive toda la familia, a Toro Muerto. Aunque el pueblo no es tan grande, era divertido ir porque ahí siempre hay más familia que en Chilpancingo y convivíamos, los íbamos a visitar a todos, casa por casa. Siempre nos invitaban a comer algo rico: molito rojo, chilate de frijol, calabaza con leche… La cosa es que, precisamente como es el campo, siempre hay algo que hacer y toda la gente tiene que atender el rancho. Y tú, aunque seas visita, tienes que ayudar, porque el trabajo nunca termina. Nosotros nos quedábamos ahí también, a ayudar un poquito. Me gustaba ver los ojos de las vacas, tan de buena gente, con sus pestañotas, mirar a los colibríes volar de una flor a otra, a los colorines, los picogordos… hasta los zopilotes, con sus caras todas serias. O, si tienes suerte, ver un ocelote. Allá puedes oler el azul del cielo en el aire, puro y fresco, que hace bailar la hierba crecida.

Para mí, el asesinato de mis tíos fue lo que inició todo. Pero para mi mamá comenzó mucho antes.

El rancho de su familia, allá abajo de Toro Muerto, siempre ha sido un lugar muy verde, con mucha agua. Su familia siempre había cuidado mucho la madera, el agua. Cultivaban para comer maíz, frijol, calabacita, y del otro lado tenían su potrero, con las vacas, para que no fueran a pisar la milpa. Cuando mi mamá era niña, la gente del pueblo comenzó a sembrar amapola porque de ahí se podía sacar un dinerito para comprar ropa, útiles para la escuela de sus hijos, jabón, cosas que hacían un poco más fácil la vida, pero la familia de mi mamá nunca quiso hacerlo. Además de que no querían problemas, para qué lo hacían si el ejército en cualquier momento llegaba a fumigar los cultivos y todo ese trabajo se echaba a perder. Aun así, con el paso del tiempo empezaron a tener problemas porque las sequías hicieron que escaseara el agua. Entonces otra gente de la comunidad que sí sembraba amapola quiso sacar agua del rancho de la familia para irrigar su siembra, pero mis tíos no se dejaron. Eran pacíficos, pero corajudos. Empezaron a inventarles cosas y a crearles problemas, hasta que una mañana que salieron a comprar abono, los mataron. Incluso a un misionero que iba pasando por ahí, al que le estaban dando aventón en su camioneta, lo mataron. Iban desarmados. No es justo.

(Yo sé que las amapolas no tienen la culpa de nada, son flores. Quiero ser bióloga porque quiero mucho a todas las plantas, a los animales. Pero la verdad es que ahora odio un poco a las amapolas). CONTINUAR LEYENDO

sábado, 22 de noviembre de 2025

"TE QUIERO A LAS DIEZ DE LA MAÑANA". Un poema (prosa poética) de Jaime Sabines


Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

viernes, 21 de noviembre de 2025

HAN KANG: «ESCRIBIR ES ENVIAR AL LECTOR UNA CORRIENTE ELÉCTRICA». (Entrevista) Xavi Ayén, Ethic 18 NOV 2025

Han Kang, Premio Nóbel de Literatura


Han Kang (Gwangju, Corea del Sur, 1970) ha ejercido varios oficios, aunque desde los 14 años sabe que quería ser escritora, como su padre. Ganadora del Premio Nobel de Literatura, su obra se caracteriza por la polifonía de narradores, la importancia de lo onírico y la denuncia de las opresiones que aplastan al individuo. Tras recibir a los 54 años el galardón de la Academia Sueca, asegura que «he vuelto rápidamente a mi vida normal, a mi rutina, a estar en casa junto a mi hijo. No quiero presión, me quedan muchos años de vida y no quiero dejar de escribir ni volverme tonta. Con un premio así tienes algunas obligaciones, pero las he cortado todas y he vuelto a mi vida cotidiana. El 1 de enero del 2025 he vuelto a escribir. Y no necesito nada más».


jueves, 20 de noviembre de 2025

"¡DILES QUE NO ME MATEN!". Un cuento de Juan Rulfo

-¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad. 

-No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti. 

-Haz que te oiga. Date tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por caridad de Dios. 

-No se trata de sustos. Parece que te van a matar de a de veras. Y yo ya no quiero volver allá.

-Anda otra vez. Solamente otra vez, a ver qué consigues. 

-No. No tengo ganas de eso, yo soy tu hijo. Y si voy mucho con ellos, acabarán por saber quién soy y les dará por fusilarme a mí también. Es mejor dejar las cosas de este tamaño.

-Anda, Justino. Diles que tengan tantita lástima de mí. Nomás eso diles.

Justino apretó los dientes y movió la cabeza diciendo: 

-No. 

miércoles, 19 de noviembre de 2025

"BLUES DEL AMO". Un poema de Antonio Gamoneda seleccionado y comentado por Andrea Villarrubia Delgado

‘Blues castellano’ es un libro fundamental en la obra del poeta leonés Antonio Gamoneda. El título del libro nos remite a los ritmos afroamericanos nacidos en el Sur de Estados Unidos a principios del siglo XX. En sus orígenes, el blues parte de la tradición de la canción popular, canciones espirituales o relacionadas con los trabajos del campo. En un sentido amplio, la palabra blues significa tristeza o amargura, sentimientos que se reflejan en letras que dan cuenta de las duras condiciones de vida, los amores imposibles o la explotación y humillación en el trabajo. El libro de Antonio Gamoneda fue escrito entre los años 1961-1966, aunque no se publicó hasta 1982. El libro se abre con la cita de Simone Weil que dice “La desgracia de los otros entró en mi carne”, una cita acorde con el poema que hoy comparto. Para Gamoneda, la queja del blues también podía reflejar las condiciones de vida de los duros años de la dictadura franquista. (Andrea Villarrubia Delgado)

BLUES DEL AMO

Va a hacer diecinueve años
que trabajo para un amo.
Hace diecinueve años que me da la comida
y todavía no he visto su rostro.

No he visto al amo en diecinueve años
pero todos los días yo me miro a mí mismo
y voy sabiendo poco a poco
cómo es el rostro de mi amo.

Va a hacer diecinueve años
que salgo de mi casa y hace frío
y luego entro en la suya y me pone una luz
amarilla encima de la cabeza
y todo el día escribo dieciséis
y mil y dos y ya no puedo más.
Y luego salgo al aire y es de noche
y vuelvo a casa y no puedo vivir.

Cuando vea a mi amo le preguntaré
lo que son mil y dieciséis
y por qué me pone una luz encima de la cabeza.

Cuando esté un día delante de mi amo,
veré su rostro, miraré en su rostro
hasta borrarlo de él y de mí mismo.

lunes, 17 de noviembre de 2025

"Cómo el consumo precoz de porno afecta a la sexualización de chicos y chicas". Jose Daniel Rueda Estrada y Mario Ramírez Díaz, Universitat Oberta de CatalunyaThe conversartion

En España, el contacto con la pornografía se produce cada vez antes: un 20 % de los adolescentes ha accedido a estos contenidos antes de los diez años y más del 90 % lo ha hecho antes de los catorce.

Estas cifras revelan una infancia expuesta demasiado pronto a materiales que moldean su manera de entender el deseo, el consentimiento y las relaciones afectivas. En un contexto donde la educación sexual integral apenas existe en las familias ni en las aulas, internet se ha convertido en el maestro y la pornografía en su currículo.
Una infancia expuesta demasiado pronto

Las investigaciones más recientes sitúan el inicio del consumo de pornografía entre los ocho y los trece años. El teléfono móvil es el principal dispositivo de acceso: permite un consumo privado, inmediato y difícil de supervisar por el entorno adulto.

Este acceso continuo no tiene los filtros familiares y educativos que podrían actuar como elementos de protección.
Lo que ven los chicos

La exposición precoz a contenidos sexuales explícitos en los que se reproducen actitudes de violencia, dominación y machismo, y el consumo como práctica integrada en la socialización digital de los adolescentes hacen que la violencia física, la coerción o la humillación hacia las mujeres, lejos de ser reconocidas como agresiones, se interpretan como comportamientos sexuales normales o incluso deseables.


Algunos investigadores han comprobado que los vídeos más vistos incluían tirones de pelo, bofetadas o insultos, e incluso una violación colectiva con más de 225 millones de reproducciones. Otras investigaciones han confirmado que el consumo habitual de pornografía violenta se asocia con actitudes de dominio y agresión sexual: el 100 % de los estudios vinculó la pornografía con la violencia sexual, el 80 % con la psicológica y el 66,7 % con la física.

En definitiva, en la adolescencia esta exposición moldea las primeras experiencias afectivas y normaliza la idea de que el poder, la sumisión y la violencia son parte del deseo
Las chicas frente al espejo de la violencia

Las adolescentes también acceden a la pornografía, aunque en menor medida y bajo un contexto marcado por la presión estética, los mandatos de género y la necesidad de validación externa, factores que influyen en cómo construyen su deseo y su relación con el cuerpo.

Este consumo suele vivirse con incomodidad o ambivalencia emocional, y rara vez se comparte entre iguales.

La nueva pornografía digital refuerza la cosificación femenina, presentando a las mujeres como instrumentos de placer masculino. Plataformas como OnlyFans reproducen esta lógica, mercantilizando el cuerpo femenino bajo una aparente libertad que responde a la demanda masculina. Así, las jóvenes aprenden que el reconocimiento social depende de su capacidad de exposición, generando una socialización basada en la autosexualización y el capital erótico.

Este aprendizaje perpetúa los mandatos de sumisión y consolida un modelo de deseo basado en la desigualdad. En consecuencia, la pornografía no solo moldea cómo los varones aprenden a desear, sino cómo las adolescentes aprenden a ser deseadas.
Una educación que llega tarde

La ausencia de una educación sexual adecuada es uno de los factores que más contribuyen al consumo temprano de pornografía. En el ámbito educativo persiste una carencia de programas que aborden las relaciones afectivo-sexuales con rigor, naturalidad y perspectiva de derechos, lo que favorece la interiorización de los contenidos pornográficos.

Además, las escuelas carecen de recursos para una alfabetización sexual integral y en las familias prevalecen el silencio y el tabú.

Ante esta falta de referentes, la pornografía se convierte en la principal fuente de información, anulando dimensiones esenciales de la sexualidad como el afecto, la igualdad y el respeto.

Educación socioafectiva y enfoque de género

Por ello, la educación socioafectiva con enfoque de género se ha mostrado esencial para prevenir los efectos del consumo y promover relaciones igualitarias.

Incluir la reflexión sobre consentimiento, placer y diversidad permite contrarrestar los mensajes de dominación que transmiten las pantallas y empoderar a los adolescentes desde el respeto mutuo.
Un desafío de la salud pública

El consumo de pornografía en la adolescencia constituye un problema emergente de salud pública. Sus efectos trascienden lo individual y afectan al bienestar emocional, la socialización y la construcción de identidades de género, por lo que requiere un abordaje preventivo y comunitario desde el sistema sanitario.

Además, la evidencia demuestra que la exposición precoz a contenidos sexuales explícitos influye en conductas de riesgo, adicciones comportamentales y reproducción de desigualdades de género.
El papel del trabajo social sanitario

El trabajo social sanitario tiene un papel clave al situarse entre el sistema de salud, la comunidad y las familias. Desde esta posición puede detectar las consecuencias psicosociales del consumo –ansiedad, aislamiento o actitudes sexistas– e intervenir con acciones educativas y de acompañamiento.

Asimismo, como figura de enlace, el trabajador social sanitario contribuye al diseño de estrategias intersectoriales que integren la educación afectivo-sexual en la atención primaria y promuevan relaciones saludables desde edades tempranas. En última instancia, acompañar a las nuevas generaciones en una sexualidad basada en la empatía, el consentimiento y la igualdad es su mayor responsabilidad.

El consumo de pornografía ha dejado de ser un tema privado para convertirse en un desafío colectivo. No es un problema moral, sino un problema de salud y de igualdad. Si la pornografía enseña a desear con violencia, nuestra tarea es enseñar a desear con empatía. En este sentido, educar en igualdad, afecto y consentimiento no es una opción: es una urgencia social.

domingo, 16 de noviembre de 2025

"LA CAPA". Un cuento de Dino Buzzati

Al cabo de una interminable espera, cuando la esperanza comenzaba ya a morir, Giovanni regresó a casa. Todavía no habían dado las dos, su madre estaba quitando la mesa, era un día gris de marzo y volaban las cornejas.

Apareció de improviso en el umbral y su madre gritó: «¡Ah, bendito seas!», corriendo a abrazarlo. También Anna y Pietro, sus dos hermanitos mucho más pequeños, se pusieron a gritar de alegría. Había llegado el momento esperado durante meses y meses, tan a menudo entrevisto en los dulces ensueños del alba, que debía traer la felicidad. 

Él apenas dijo nada, teniendo ya suficiente trabajo con reprimir el llanto. Había dejado en seguida el pesado sable encima de una silla, en la cabeza llevaba aún el gorro de pelo. «Deja que te vea», decía entre lágrimas la madre retirándose un poco hacia atrás, «déjame ver lo guapo que estás. Pero qué pálido estás...»

Estaba realmente algo pálido, y como consumido. Se quitó el gorro, avanzó hasta la mitad de la habitación, se sentó. Qué cansado, qué cansado, incluso sonreír parecía que le costaba.

-Pero quítate la capa, criatura -dijo la madre, y lo miraba como un prodigio, hasta el punto de sentirse amedrentada; qué alto, qué guapo, qué apuesto se había vuelto (si bien un poco en exceso pálido)-. Quítate la capa, tráela acá, ¿no notas el calor? 

Él hizo un brusco movimiento de defensa, instintivo, apretando contra sí la capa, quizá por temor a que se la arrebataran. 

-No, no, deja -respondió, evasivo-, mejor no, es igual, dentro de poco me tengo que ir... 

-¿Irte? ¿Vuelves después de dos años y te quieres ir tan pronto? -dijo ella desolada al ver de pronto que volvía a empezar, después de tanta alegría, la eterna pena de las madres-. ¿Tanta prisa tienes? ¿Y no vas a comer nada? 

-Ya he comido, madre -respondió el muchacho con una sonrisa amable, y miraba en torno, saboreando las amadas sombras-. Hemos parado en una hostería a unos kilómetros de aquí... 

-Ah, ¿no has venido solo? ¿Y quién iba contigo? ¿Un compañero de regimiento? ¿El hijo de Mena, quizá? 

-No, no, uno que me encontré por el camino. Está ahí afuera, esperando. 

-¿Está esperando fuera? ¿Y por qué no lo has invitado a entrar? ¿Lo has dejado en medio del camino? 

Se llegó a la ventana y más allá del huerto, más allá del cancel de madera, alcanzó a ver en el camino a una persona que caminaba arriba y abajo con lentitud; estaba embozada por entero y daba sensación de negro. Nació entonces en su ánimo, incomprensible, en medio de los torbellinos de la inmensa alegría, una pena misteriosa y aguda. CONTINUAR LEYENDO

viernes, 14 de noviembre de 2025

"A MI MADRE". Un poema de Mahmud Darwish

Añoro el pan de mi madre,
el café de mi madre,
las caricias de mi madre…
Día a día,
la infancia crece en mí
y deseo vivir porque
si muero, sentiré
vergüenza de las lágrimas de mi madre.

Si algún día regreso, tórname en
adorno de tus pestañas,
cubre mis huesos con hierba
purificada con el agua bendita de tus tobillos
y átame con un mechón de tu cabello
o con un hilo del borde de tu vestido…
Tal vez me convierta en un dios,
sí, en un dios,
si logro tocar el fondo de tu corazón.

Si regreso. Tórname en
leña de tu fuego encendido
o en cuerda de tender en la azotea de tu casa
porque no puedo sostenerme
sin tu oración cotidiana.
He envejecido. Devuélveme las estrellas de la infancia
para que pueda emprender
con los pájaros pequeños
el camino de regreso
al nido donde tú aguardas.

jueves, 13 de noviembre de 2025

"EL FENÓMENO DE LAS 'SEPHORA KIDS': CUANDO MAQUILLARSE DEJA DE SER UN JUEGO". Beatriz Feijoo, Universidad Internacional de La Rioja y Charo Sádaba Chalezquer Universidad de Navarra. Theconversation.com

“Sombra aquí y sombra allá, maquíllate, maquíllate / Un espejo de cristal, y mírate y mírate…”

Si cambiamos el espejo por la pantalla del móvil, este famoso estribillo de Mecano ilustra a la perfección un tipo de vídeos de TikTok que protagonizan menores –chicas preferentemente– sobre sus rutinas cosméticas.

Los medios las han bautizado como Sephora kids, niñas y adolescentes con miles de seguidores que comparten sus trucos para lucir impecables. Un contenido dirigido a menores de entre 10 y 17 años y cargado de menciones a productos y marcas para el cuidado de la piel que incluyen sérum, colágeno o ácido hialurónico.

Objetivo preferente de las marcas de cosmética y belleza

Este grupo de edad ha pasado de jugar a maquillarse a maquillarse directamente. Como consumidores, han dejado de ser el target u objetivo preferente del sector juguetero para convertirse en público de interés de las marcas de cosmética y belleza. Los menores son un perfil de consumidor muy atractivo para las marcas porque representan tres tipos de mercado: primario, de futuro y de influencia.

Por mercado primario se entienden aquellos bienes y servicios que adquieren de forma directa con su propio dinero. El mercado de futuro hace referencia a los conocimientos, actitudes y aspiraciones que adquieren sobre marcas y productos que todavía no están a su alcance. Por último, el mercado de influencia se refiere al poder que ejercen en las decisiones de compra de sus hogares.

Conscientes de esta triple dimensión, sectores como el de la cosmética diversifican sus líneas de productos para ofrecer nuevas opciones a este perfil de consumidor. El atractivo de los menores crece, y se busca cómo llegar a ellos de manera mas eficiente.

Bombardeo publicitario

Las marcas y productos de cuidado personal están muy presentes en la vida diaria de los niños, niñas y adolescentes a través de los influencers. Uno de cada tres jóvenes entre 11 y 17 años afirma recibir mensajes publicitarios sobre cosmética y belleza de la mano de estos creadores de contenido. Además, un 23,2 % ha recibido publicidad de fitness y gimnasios y un 14 %, de procedimientos de estética.

Así lo recoge el estudio DIGITAL_FIT, desarrollado por la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR) en colaboración con la Fundación Mapfre, que analizó el impacto del contenido de marca publicado por influencers en el imaginario de los menores acerca de su aspecto físico y hábitos de alimentación saludables. Para ello se realizaron encuestas a 1 055 chicos y chicas de toda España.

Mientras que los varones afirman recibir más publicidad relacionada con el mundo fitness y los gimnasios (29 % frente a un 17 %), las mujeres tienden a percibir un mayor impacto de mensajes de cosmética y de belleza (51 % frente a un 18 %). Estos resultados parecen evidenciar la reproducción de los estereotipos de género tradicionales entre los adolescentes.
Secuelas psíquicas y dermatológicas

En el caso de la cosmética, se observa cómo niños, niñas y adolescentes acceden a edades más tempranas a patrones de consumo y de compra de productos antes reservados para un público adulto. Por su parte, los expertos en dermatología advierten que a esas edades el cuidado de la piel se debería reducir básicamente a hidratarla y al uso de crema solar.

El consumo de estos productos, por tanto, está más vinculado a la estética que a la necesidad, lo que lleva a pensar en las posibles consecuencias que el uso temprano de estos artículos puede tener en su piel, como irritaciones, dermatitis o una exacerbación del acné.

Pero las posibles repercusiones de este consumo exceden lo físico. La necesidad o imperativo de verse bien para sentirse bien subyace en muchas de las conductas que se aprecian entre este público. Esa dimensión emocional es particularmente relevante en el caso del consumidor adolescente, para quien sentirse aceptado es clave.

La autoestima, todavía en desarrollo en esta etapa, puede apoyarse en estos atajos, que no dejan de ser parciales e instrumentales. La satisfacción inmediata que aporta un like a una foto o un vídeo es efímera y puede alimentar una cierta obsesión por la apariencia. Conocerse y aceptarse es esencial para una buena salud mental.

Medidas insuficientes

Esta información nos revela que ciertas medidas, como los códigos de autorregulación, no parecen suficientes para reducir la exposición de menores a productos inadecuados para su edad. Es necesario que marcas, anunciantes e influencers asuman un mayor compromiso con este tipo de contenido persuasivo, que comienza por señalarlo correctamente. Cuando hay una colaboración comercial de por medio, debe etiquetarse de manera clara, comprensible y visible.

Los posibles beneficios económicos que comporta dirigirse a este público tienen que ir de la mano de estrategias responsables. Esto comienza por entender que la capacidad de decisión de un adolescente está influida por criterios que no siempre son racionales. La presión del grupo y la urgencia por sentirse aceptado o igual a otros juegan también un papel. Y aprovecharse de la confianza que depositan en los influencers no deja de ser una actitud poco ética.

En este contexto es imprescindible reclamar más esfuerzos en la alfabetización publicitaria de los menores que potencie su capacidad crítica y les permita enfrentarse mejor a estos mensajes comerciales.


miércoles, 12 de noviembre de 2025

"EL CORDEL DEL DEDO". Un cuento de Giovanni Boccaccio (El Decamerón).

En nuestra ciudad hubo un riquísimo mercader llamado Arriguccio Berfinghieri, el cual neciamente, tal como ahora hacen cada día los mercaderes, pensó ennoblecerse por su mujer y tomó a una joven señora noble (que mal le convenía) cuyo nombre fue doña Sismonda. La cual, porque él tal como hacen los mercaderes andaba mucho de viaje y poco estaba con ella, se enamoró de un joven llamado Roberto que largamente la había cortejado; y habiendo llegado a tener intimidad con él, y teniéndola menos discretamente porque sumamente le deleitaba, sucedió (o porque Arriguccio oyese algo o como quiera que fuese) que se hizo el hombre más celoso del mundo y dejó de ir de viaje y todos sus demás negocios, y toda su solicitud la había puesto en guardar bien a aquella, y nunca se hubiera dormido si no la hubiese sentido antes meterse en la cama; por la cual cosa la mujer sintió grandísimo dolor, porque de ninguna manera podía estar con su Roberto.

Pero habiendo dedicado muchos pensamientos a encontrar algún modo de estar con él, y siendo también muy solicitada por él, le vino el pensamiento de hacer de esta manera: que, como fuese que su alcoba daba a la calle y ella se había dado cuenta muchas veces de que a Arriguccio le costaba mucho dormirse, pero que después dormía profundísimamente, ideó hacer venir a Roberto a la puerta de su casa a medianoche e ir a abrirle y estarse con él mientras su marido dormía profundamente. Y para sentir ella cuándo llegaba de manera que nadie se apercibiese, inventó echar una cuerdecita fuera de la ventana de la alcoba que por uno de los extremos llegase cerca del suelo, y el otro extremo bajarlo hasta el pavimento y llevarlo hasta su cama, y meterlo bajo las ropas, y cuando ella estuviese en la cama atárselo al dedo gordo del pie; y luego, mandando decir esto a Roberto, le ordenó que, cuando viniera, tirase de la cuerda y ella, si su marido durmiese, lo soltaría e iría a abrirle, y si no durmiese, lo cogería y lo tiraría hacia sí, a fin de que él no esperase. La cual cosa agradó a Roberto; y habiendo ido muchas veces, alguna le sucedió estar con ella y alguna no.

Por último, continuando con este artificio de esa manera, sucedió una noche que, durmiendo la señora, y estirando Arriguccio el pie por la cama, dio con este cordel; por lo que, llevando a él la mano y encontrándolo atado al pie de su mujer, se dijo a sí mismo: «Por cierto que esto debe ser algún engaño». CONTINUAR LEYENDO

lunes, 10 de noviembre de 2025

"CONTRIBUCIÓN A LA ESTADÍSTICA". Un poema de Wislawa Szymborska

De cada cien personas,
las que lo saben todo mejor:
cincuenta y dos,
las inseguras de cada paso:
casi todo el resto,
las dispuestas a ayudar,
siempre que no dure mucho:
¡hasta cuarenta y nueve!,
las buenas siempre,
porque no pueden ser de otra forma:
cuatro, o quizá cinco,
las dispuestas a admirar sin envidia:
dieciocho,
las que viven continuamente angustiadas
por algo o por alguien:
setenta y siete,
las capaces de ser felices:
como mucho, veinte y pico,
las inofensivas de una en una,
pero salvajes en grupo:
más de la mitad seguro,
las crueles
cuando las circunstancias obligan:
mejor no saberlo
ni siquiera aproximadamente,
las sabias a posteriori:
no muchas más que las sabias a priori,
las que de la vida no quieren nada más que cosas:
cuarenta,
aunque quisiera equivocarme,
las encogidas, doloridas
y sin linterna en la oscuridad:
ochenta y tres,
más tarde o más temprano,
las dignas de compasión:
noventa y nueve,
las mortales: cien de cien.
Cifra que por ahora no sufre ningún cambio.

domingo, 9 de noviembre de 2025

"LOLITA FUE VIOLADA: CÓMO SE LEE A NABOKOV 70 AÑOS DESPUÉS". Mar Padilla, El País

El clásico de Vladimir Nabokov narra la historia de un hombre que abusa repetidamente de una niña huérfana de 12 años. Durante años, no todo el mundo lo vio así. La literatura sobre abusos de hoy centra su mirada en las víctimas

Es un caso extraordinario de ficción enmendando a la realidad. En la novela Lolita, que en octubre cumplió 70 años, la perorata del personaje inventado Humbert Humbert (HH) alcanza a convencer a los autores de la Real Academia de la Lengua —personas de carne y hueso— para incluir la definición de lolita como “adolescente seductora y provocativa”.

Pero esa es una definición que hubiera impactado al autor del libro, Vladimir Nabokov. En diversas ocasiones, el escritor ruso-estadounidense intentó aclarar que HH era un pederasta con ínfulas de escritor que intenta disfrazar su atroz delito con un manto de amor fou, y del que Dolores Haze (Lolita) es su víctima muda. Pero ya era tarde. La mirada de HH sobre su objeto de deseo resultó tan persuasiva que por décadas engatusó a millones de lectores con su argumento de que es un hombre perdido en manos de una nínfula.

En su primera lectura de Lolita, la psicoanalista y escritora Lola López Mondéjar “compró” esa interpretación. “Muchas veces leemos bajo el foco del imaginario cultural. En tiempos de extrema libertad sexual, se creyó el cuento de la historia de amor, la versión del propio Humbert”, reflexiona al teléfono. Décadas después, comprendió que la novela narra la historia de un hombre que viola repetidamente a una niña huérfana de 12 años, que “confiesa” a un juez que su comportamiento está motivado por un amor descontrolado. Por eso en 2016 López Mondéjar escribió Cada noche, cada noche (Siruela) —el título hace referencia al párrafo de Lolita que explicita que Dolores “sollozaba cada noche, cada noche”, cuando el abusador se finge dormido—, una novela que da voz a la niña, una chiquilla que, haciendo uso del último resquicio de libertad, le niega su amor al omnipresente narrador, su padrastro-perpetrador, uno de los personajes más escalofriantes de la historia de la literatura.

El secreto y el silencio

“En el imaginario colectivo ella es un ángel lúbrico, pero en la novela de Nabokov Lolita solo tiene 12 años. ¿Por qué el cliché sigue cargando sobre la víctima el peso de la provocación?”, cuestiona Isabel Navarro, escritora y periodista en su taller El síndrome de Lolita. Cómo romper el silencio con la escritura.

Es una pregunta que nos enfrenta a un problema sistémico, que contiene multitudes: una de cada diez mujeres ha sido abusada sexualmente —en diferentes grados y tipologías— por un adulto en su infancia.

En latín, infante significa el que no habla, y el silencio y el secreto es clave en la violencia sexual contra menores. Al vivir una situación así, hablar no es fácil, porque el trauma, explica López Mondéjar, produce disociación, fragmentación, para defenderse de la experiencia dolorosa, y a menudo lleva al mutismo y al olvido.

Pero narrar lo ocurrido es algo parecido a romper una maldición, según Navarro, y ese cambio de perspectiva en el relato del abuso se refleja en libros como La familia grande, de Camille Kouchner; Viaje al este, de Christine Angot; El consentimiento, de Vanessa Springora; La cronología del agua, de Lidia Yuknavitch; Por qué volvías cada verano, Belén López Peiró, o Triste tigre, de Neige Sinno.

Para Navarro, este estallido literario es consecuencia del MeToo, que ha cambiado muchas cosas, porque empuja a compartir historias. Ese “yo también” lleva el problema (de los abusos) de las conversaciones privadas a lo público, y de ahí a la literatura, señala.

En este nuevo paisaje literario, la novela de Nabokov es el cliché desafiado. Por un lado el silencio de Lolita en la novela se rompe, pero sobre todo su lectura cosificadora y culpabilizadora se impugna. La lectura cosificadora y culpabilizadora que ha hecho la sociedad, incluidas instituciones como la RAE, denuncia Navarro.

En el caso de la escritora francesa Neige Sinno, sus años vividos en México y los Encuentros de mujeres que luchan, de Chiapas, le permitieron dimensionar en qué medida su experiencia de la violencia era parte de una vivencia colectiva. Y solo pudo empezar a escribir Triste tigre cuando encontró el tono particular de la voz que cuenta la historia, como explica por correo electrónico: “En realidad, hay dentro de cada persona una multiplicidad de voces y el tono, el registro, el ritmo de un narrador, aunque sea autobiográfico, resultan de una elección, una decisión. Se trata de una composición, de una elaboración consciente”. Esta voz no es la de la niña abusada, es la voz de una mujer que contempla su pasado desde cierta distancia y a través de varios filtros, usando su experiencia de lectora como herramienta para explorar, narrar y pensar.

Pensar el tabú

Leer y escribir sobre el delito sufrido puede proporcionar alivio. Se siente que lo que has vivido no es excepcional, que es importante y ofrece cierto consuelo, sostiene Navarro: “Supone un efecto movilizador, de compañía”.

Pero un libro no puede con todo. Tras publicar Triste tigre, Sinno no se plantea su impacto en términos terapéuticos, sino más bien como un logro artístico y político. Llegar al final de un desafío tan ambicioso, encontrar un equilibrio sutil en medio del caos, es empoderador. “Tengo la sensación de que la libertad formal de mis últimos dos libros es el resultado de una vida de búsqueda, como al final de las películas de samuráis en que los años de entrenamiento y estudio de repente toman sentido al momento de librar el verdadero combate (que nunca es lo que uno se espera, claro, sino algo distinto, algo inesperado y más difícil)”, señala.

Lolita representa el poder de la escritura, un relato de tinieblas —también de algunas risas heladas— que narra uno de los peores crímenes. Es una experiencia intelectual, y también vital. “Las mujeres sabemos muy bien de lo que habla”, reflexiona Silvia Sesé, directora de Anagrama, “de esas miradas, esos acercamientos. También es una novela sobre la educación machista, sobre la hipersexualización, sobre el abuso de poder”.

Pero parece que el tabú en nuestra cultura no es la violencia sexual en sí, sino pensar sobre ella. Los estudios de la antropóloga francesa Dorothée Dussy inciden en la idea de que los abusos sexuales a menores son la máxima forma de dominación, la exacerbación del androcentrismo que aún rige nuestra sociedad. “Es el anhelo de los hombres del poder absoluto, de que no haya cuestionamiento a su deseo, de que no haya alteridad”, según López Mondéjar.

Es una violencia sistémica que no solo afecta a las niñas. En Habla, memoria, narrando algunos episodios de su niñez, Nabokov hace referencia a su tío Ruka, que cuando él era pequeño lo sentaba en su regazo y lo acariciaba en contra de su voluntad. De joven, Nabokov fue consultor de jugadas de ajedrez en los periódicos y con Lolita confirma sus dotes de estratega ajedrecista. Al fin y al cabo, la novela es una trama hecha de tácticas disfrazadas, de movimientos casi imperceptibles y de silencios. Una trama no tan alejada de la tenebrosa maquinación que se da en la patología de las agresiones sexuales a menores.

"A PROPÓSITO DEL CARNAVAL". Enrique Jardiel Poncela

Cómo acabó sus días Itarreta

La vida, como los roscones de Reyes, siempre nos guarda una sorpresa.

Es lo común que los cronistas y los cuentistas vean con angustia terrible la llegada del Carnaval.

La cosa se explica más fácilmente que un drama de Araquistain. Porque esos tres días de estupidez convulsiva que se conocen con el nombre de Carnavales, y en los cuales divertirse es obligatorio como el servicio militar, parecen hechos exclusivamente para que los cuentistas y los cronistas ideen un cuento o una crónica basados en los festejos.

La época del primer Carnaval se extravía en la noche de los tiempos, y la aparición del primer cuento o de la primera crónica carnavalesca, también. Lo cual quiere decir que, aproximadamente, se han escrito diez millones ochocientos veintidós mil trabajos con ese mismo asunto, y los cronistas y los cuentistas de hoy, cuando se ven en la obligación de escribir algo nuevo sobre tema tan anciano, se colocan en ese encantador estado de ánimo conocido por «desesperación hiperbólica».

De aquí que la aproximación de los Carnavales les produzca la misma sensación de angustia que produce ver el Fantasma de la Ópera o asistir a unas oposiciones al Catastro.

Por mi parte, declaro sin rodeos que he esperado con júbilo la llegada del Carnaval. Y no es que haya pensado dedicarme a la venta de matasuegras de celuloide, no; es que, desde hace meses tengo encerrado en el alcázar del cerebro—¡ole!—una aventura de Carnaval tan maravillosa que las aventuras del capitán Nemo comparadas con ella, quedan reducidas a un viaje de ida y vuelta hasta Villalba.

El protagonista de la aventura murió ya, y en su testamento, además de dejarme una hermosa cucharilla de plata con una inscripción que dice «Hotel Savoi», me dejaba en libertad para contar su aventura.

Voy, pues, a contarla con toda la sencillez posible, porque las hazañas gigantescas y extraordinarias no deben envilecerse con las galas de una literatura descriptiva. Présteme atención el lector.

En los Carnavales a que quiero referirme, se presentaron setenta y una carrozas diferentes. Así cuenta, al menos, en la relación que tuvo a bien hacer el Jurado. Y sin embargo, los permisos pedidos al Excelentísimo Ayuntamiento, fueron setenta y dos.

Recapacite el lector sobre esto y comprenderá al instante que una de las carrozas no desfiló ante el Jurado. Esto, al parecer tan nimio e intrascendente, es la clave del misterio que rodea la anunciada aventura. ¿Cuál era la carroza que no desfiló? ¿Qué representaba? ¿Quién era su dueño? Sombras impenetrables ocultan las correspondientes respuestas.

Voy a iluminar esas sombras yo que puedo hacerlo.

Señores: el dueño de aquella carroza era mi amigo Itarreta, hijo del conocido fabricante de ceniceros con motor, natural de Bilbao y hombre notable, que tradujo al sueco La Bejarana.

Itarreta, a quien quise siempre como a un hermano, de donde se deduce que las bofetadas que mutuamente nos propinamos son incontables, pensó aquel año batir el récord de la originalidad en carrozas y mandó construir una que representaba un tranvía de «Sol-Cuatro Caminos». El parecido era tan exacto como asombroso; no faltaba ni el trolley ni el silbato del cobrador.

Dos borricos morunos, ocultos bajo el armatoste, ponían en movimiento el tranvía a una velocidad de tres metros por hora, lo cual contribuía a dar mayor sensación de realidad.

Itarreta iba disfrazado de conductor; su amigo Lolo Parrasina, de cobrador; y quince compañeros de ambos sexos, iban disfrazados de viajeros.

Cuando la carroza se puso en marcha, la multitud aclamó a Itarreta como al hombre de más inventiva de España. Itarreta saludaba amablemente y tocaba el timbre con una frecuencia que en ocho minutos, se le desgastó el tacón del zapato derecho.

Al doblar la primera esquina, ocurrió un hecho inusitado. Un caballero salió de cierto portal, ganó el centro de la calle, se colocó ante la carroza y alzó una mano. Cuatro segundos más tarde subía por la plataforma posterior, sacaba una moneda de diez céntimos, se la entregaba a Lolo Parracina y se sentaba tranquilamente, leyendo un periódico.

Itarreta y sus compañeros se quedaron absortos. Luego comprendieron. Aquel caballero había confundido la carroza con un tranvía de verdad.

Y Lolo se le acercó amablemente:

—Caballero; esto no es un tranvía… Esto es una carroza, y nosotros…

El caballero alzó el rostro, frunció los labios y exclamó:

—Soy una persona seria. ¡Vaya usted a gastarle bromas a la maja de Goya! ¡Esta gentuza piensa que todo el que sale a la calle en Carnaval tiene gana de chufla!

Hubo que dejarle.

Pero una hora después, los individuos que habían subido a la carroza creyendo que era un tranvía de verdad, sumaban veintisiete. La carroza iba atestada y Lolo recaudó dos pesetas con ochenta céntimos.

Sin embargo esta cantidad no les compensó nunca de las molestias de la aventura. Porque los verdaderos viajeros exigieron que la carroza fuese de Cuatro Caminos a la plaza del Progreso y viceversa, y a las once de la noche, Itarreta había hecho diecinueve veces aquel recorrido, siempre con nuevos viajeros que tomaban la carroza, al llegar al final del trayecto, con la misma furia con que el general Wellington tomó las alturas de los Arapiles en un día inolvidable para la historia hispana.

Durante mucho tiempo se notó en el Círculo la ausencia de Itarreta y sus compañeros.

Sólo yo sabía que, pasado ya el Carnaval, ellos seguían conduciendo viajeros de Progreso a Cuatro Caminos, porque la sociedad de tranvías no quiso tolerar que se retirase de la circulación uno de los mejores coches.

He dicho que Itarreta ha muerto ya. ¡Pobre amigo! La última vez que le vi fue en la Glorieta de Bilbao. Iba en su puesto, agarrado a las manivelas de la conducción, demacrado y lloroso.

—¡Adiós, adiós, Enrique!—gritó al verme—y me tiró un cigarrillo al pasar.

Yo no pude más que llevarme el pañuelo a los ojos y deplorar que el cigarrillo fuese de cincuenta.

FIN

viernes, 7 de noviembre de 2025

"MUERTE EN FUGA ó FUGA DE LA MUERTE". Un poema de Paul Celan escrito en 1948 y en el que hace una descripción del campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau y en el que calca la estructura musical de la fuga.

Negra leche del alba la bebemos al atardecer
la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus
mastines
silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra
ordena tocad para la danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita cavamos una tumba en el aire no
se yace estrechamente en él
Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad sonad
empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos son azules
cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la
danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y la mañana y al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes
Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro
venido de Alemania
grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como
humo en el aire
y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de
Alemania
te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules
te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido
de Alemania
tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita

Paul Celan
De: Amapola y memoria, 1952


jueves, 6 de noviembre de 2025

MARGARET ATWOOD: “A las mujeres mayores solo nos permiten ser dos cosas: sabias ancianas o viejas brujas malvadas”. Iker Seisdedos, El País

La escritora, que publica sus esperadas memorias, reflexiona en una entrevista en Toronto sobre Trump, la vigencia de ‘El cuento de la criada’, la literatura canadiense o el final de la vida

Es hora punta en este ajetreado café del centro de Toronto, pero nadie parece reparar en la presencia de Margaret Atwood, la escritora más famosa de Canadá y una de las más célebres del mundo. Menuda, vestida de oscuro y tocada por un sombrero que tapa su blanca cabellera rizada, Atwood, de 85 años, cruza el local inadvertida y, en uno de esos soleados días en los que el otoño canadiense enseña tímidamente los dientes del invierno, escoge la terraza para hablar con un hilo de voz grave y su acostumbrada ironía de sus esperadísimas memorias.

No le veía el sentido a escribirlas (“¿Quién quiere leer la historia de alguien sentado delante de un escritorio peleándose con un folio en blanco?“, se pregunta en el libro; ”Para morirse de aburrimiento”, remata), pero finalmente lo hizo. Y las ha titulado El libro de las vidas (Salamandra), porque son exactamente eso: el recuento nada aburrido, generoso y bienhumorado de las existencias que le tocaron en suerte a alguien siempre dispuesto a restarse importancia: de la infancia silvestre a la juventud errante; del despertar como la poeta que acaba de ser galardonada con el Premio Internacional Joan Margarit a la consagración de la novelista; y de la madurez como la autora profética de El cuento de la criada a los años de la viudedad tras la muerte en 2019 de su segundo marido, Graeme Gibson, compañero de casi toda una vida y padre de su hija.

El libro, de casi 700 páginas, es también el relato de un tiempo perdido: la historia de la generación de la posguerra y de la evolución de las costumbres en la segunda mitad del siglo XX, de los triunfos y tribulaciones del feminismo y de esas letras canadienses que emergieron, gracias a ella y a sus coetáneos, a la sombra hegemónica de Estados Unidos. De ellas, el tópico suele decir que Atwood −“Peggy, para los amigos”, matiza− es su gran dama.