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lunes, 17 de febrero de 2025

"La “libertad radical” de Ana María Matute, una escritora siempre al lado de los débiles". Francisco Gámiz, elDiario.es 16 FEB 2025

Se cumplen 100 años de un referente de la literatura española que enfrentó la censura del franquismo e inventó un género que más tarde triunfaría en librerías

“El que no inventa no vive” fue el lema de vida de Ana María Matute (Barcelona, 1925 - 2014), una idea que define toda su obra y que representa la filosofía que siempre ha caracterizado a la escritora. La frase, sacada de un verso de San Juan de la Cruz que dice que “quien no ama está muerto”, la había adaptado porque, para ella, todo era invención y la literatura no solo era ficción, sino una manera de descubrirse a sí misma y de construir un mundo donde refugiarse. Ese mundo cumple 100 años este 2025 y recorre elementos mágicos, feminismo y mucha concienciación de clase.

Reconocida como una de las figuras más importantes de la literatura española, Ana María Matute ha dejado de legado una obra que sigue siendo tan relevante como en los años en que irrumpió con fuerza en el panorama literario. Su centenario es la oportunidad perfecta para reflexionar sobre una bibliografía marcada por la imaginación, la defensa de los marginados y una pluma profundamente trabajada. De ahí que la exposición sobre Matute llevada a cabo en el Instituto Cervantes de Madrid, y comisariada por la editora, filóloga y amiga de la autora María Paz Ortuño Ortín, haya supuesto un acercamiento nostálgico y también necesario a la “escritora más conocida de España en los 60”. Con más de 26.400 visitantes, se ha convertido en la muestra más vista desde 2010 en esa institución, lo que reafirma el interés y la vigencia de su obra.

Sin embargo, si algo impresiona sobre la fama y la aclamación que ha logrado labrarse Matute a través del tiempo es, precisamente, el haberlo conseguido pese a todos los prejuicios que giraban en torno a ella por ser mujer. Tal y como cuenta María Paz Ortuño a lo largo de una visita guiada de su exposición a la que ha podido acudir elDiario.es, la escritora tuvo que luchar durante gran parte de su trayectoria por el uso de la etiqueta de “literatura infantil” que ella no consideraba que fuera “infantil” en absoluto: “No es que escriba para niños, sino que los niños y los adolescentes son los que están en su obra”.

La etiqueta de literatura infantil es controvertida. No porque la literatura para niños y niñas sea menos literatura que la que se escribe para adultos, sino porque la inclusión de una obra en esa categoría cuando los personajes son de poca edad está relacionada en gran medida con que sea una mujer la autora de la obra. Como explica la escritora fantasista chilena Paula Rivera Donoso a Lee Mujeres, “el problema de la asociación inevitable entre escritura de mujeres y literatura juvenil tiene raíces sexistas”.

Esta etiquetación, que María Paz Ortuño confiesa que “cabreaba y volvía loca” a Matute, está llena de prejuicios porque relega a las mujeres a estar con los niños, a escribir para ellos por ser mujeres. De hecho, un análisis elaborado por Newtral revela que las librerías generalistas Fnac y La Casa del Libro priorizan a los hombres en las secciones de novela de fantasía mientras que a las autoras del género las relegan a las baldas de libros juveniles. Aunque Matute ha sido una autora que “ha escrito sobre niños”, la comisaria recalca que lo ha hecho “para un público completamente adulto”.

Tal fue el descontento de Ana María Matute con este asunto que, cuando publicó Los niños tontos (1956), se vio obligada a incluir una faja que advertía de que “este no es un libro para niños”. La obra es considerada como una de las más importantes de la escritora y recopila varios microrrelatos, pero no está dirigida a lectores jóvenes. Puesto que trataban de etiquetarla como una escritora para niños, Matute estaba convencida de que habría padres que querrían comprarle el libro a sus hijos, lo que “la preocupó” porque sabía que los niños no iban a “entender nada” y seguramente dejaran de leer si creían que “eso era la literatura”. CONTINUAR LEYENDO

domingo, 26 de noviembre de 2023

"UNA CHICA SOLTERA Y CABEZOTA". Irene Vallejo, El País 28 Oct 2023

Samuel Butler demostró que los clásicos albergan lecturas revolucionarias para todas las épocas. ‘La autora de la ‘Odisea’ fue una audacia

El ritual de los cuentos antes de dormir, susurro a susurro, año tras año, ha transformado a tu hijo. También a ti. Desde que comenzaron las historias a la orilla de la cama, las noches son otro cantar. Te has convertido en espigadora de trabalenguas, rimas, chistes, nanas, adivinanzas, relatos de miedo y misterio, de amor y horror, historias guiadas por los caprichos del hado o de las hadas. Dos palabras mágicas abren las ventanas de la imaginación y orean la estancia donde nacen las ideas: y si… Ahí nacen las ficciones, tomando un camino divergente de la terca realidad. Y si. Y si lo maravilloso sucediera cotidianamente. Y si las preguntas comunes necesitasen respuestas extrañas. Y si algunas de nuestras certezas fueran solo convenciones heredadas.

A finales del siglo XIX, el escritor y filólogo Samuel Butler lanzó una hipótesis sin precedentes: ¿y si el autor de la Odisea hubiese sido una mujer joven? No fue la ocurrencia de una intelectual feminista, sino de un victoriano iconoclasta, bromista, volteriano y disfrutador —del arte, del paisaje, del deseo textual—, que publicó en 1897 un libro defendiendo esa escandalosa tesis. La primera sospecha le asaltó al traducir el episodio de Circe, la hechicera. Aunque vive sola en una casa aislada en la espesura, Circe no tiene los rasgos de la inmemorial bruja del bosque. Es una figura fascinante y fuerte, amante del héroe durante un año. Cuando Odiseo decide partir, ella lo deja marchar, sin despecho: “No permanezcas en mi palacio contra tu voluntad”. Es más, lo ayuda con sus consejos y revelaciones, salvándole la vida. Al zarpar su barco, le envía un viento favorable que hincha sus velas. Nacía así un arquetipo femenino que unía de forma insólita sabiduría, erotismo, poder e independencia.

Un gran abismo separa la mirada de la Ilíada y de la Odisea. En la primera reinan la ira, el apetito de honor, la batalla. La segunda es un relato de viaje, deseo, añoranza del hogar y hospitalidad hacia los extranjeros. No todos los personajes son guerreros, también se asoman a sus versos mendigos, porqueros y nodrizas. Con estos y otros indicios, Samuel Butler concluyó que no hay un solo Homero, sino que sus epopeyas tienen distinta autoría. En su opinión, la creadora de la Odisea tuvo que ser una mujer: una chica siciliana que se retrató a sí misma en el personaje de Nausicaa, salvadora del héroe cuando naufraga en su isla desnudo. La idea misma de poner a Odiseo en semejante aprieto le parece una travesura de adolescente. “El poema es tal tour de force que nadie salvo una muchacha soltera, terca, joven y entusiasta, acostumbrada a salirse con la suya, lo habría intentado y concluido de manera tan brillante”. Esta hipótesis inspiró a Robert Graves una novela, titulada La hija de Homero, y a Miyazaki el manga y la posterior película Nausicaä del Valle del Viento.

Homero sigue siendo hoy un fantasma, un nombre sin biografía en la niebla del pasado. Sin embargo, sí sabemos quién inventó el yo literario al firmar, por primera vez, un texto con su propio nombre. Hace más de 4.000 años, en el actual Irak, Enheduanna, hija del rey Sargón, poeta y sacerdotisa, escribió un conjunto de himnos que rubricó con orgullo en tablillas de arcilla. Afirmó: “Lo que yo he hecho, nadie lo hizo antes”. Su poesía nos legó una bella metáfora de la creación como una experiencia erótica y, a la vez, maternal, pero su nombre continúa todavía en el silencio. En este “y si” aún por contar, dos grandes pioneras habrían alumbrado con sus voces el nacimiento de la literatura escrita.

Nunca sabremos si una joven testaruda y soltera urdió la Odisea, tampoco si el propio Butler lo creía realmente. Se dice que ni siquiera sus amigos sabían distinguir cuándo bromeaba o hablaba en serio. Su libro La autora de la ‘Odisea’ fue una audacia y un desafío. Quizá simplemente pretendía irritar a los académicos, como también haría Joyce en su Ulises. Aun así, anticipándose a la célebre frase de Virginia Woolf —anónimo es una mujer—, demostró que los clásicos albergan lecturas revolucionarias para todas las épocas. Y, de paso, juguetonamente, probó que la risa tiene razones que la razón ignora.

viernes, 10 de mayo de 2019

ESCRITORAS QUE HAN REVOLUCIONADO LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL (Del blog:coloríncoloradolibros)


Esta semana en literatura infantil y juvenil por el mundo os hablamos de las escritoras más innovadoras y relevantes de la literatura infantil y juvenil, mujeres que nos han hecho vibrar, soñar e imaginar con sus historias y que con su imaginación ha despertado inquietudes y la pasión por la lectura en millones de niños y jóvenes.

La literatura infantil de los países nórdicos, sueca ,danesa y finlandesa, se caracteriza por abordar temas que en un principio pueden resultarnos difíciles de tratar con los más pequeños de la casa como son la muerte o la violencia. Astrid Lindgren fue una de las primeras en rechazar con su obra Pippi Calzaslargas que la literatura debe enseñar valores éticos y morales y fue muy criticada por la actitud rebelde de esta niña poco modélica. Entre sus títulos más famosos destacamos Pippi Calzaslargas, Ronja, la hija del bandolero, Mio, mi pequeño Mio , Los Niños De Bullerbyn y Los hermanos corazón de León.
Sus libros son un reflejo del espíritu humanista y de una defensa decidida de los valores de la paz, el ecologismo y el feminismo. Consiguió numerosos premios como el Andersen, en 1958; Nils Holguerson en 1950; Premio Nacional de Literatura de Suecia en 1957; Medalla de oro de la Academia Sueca en 1971. CONTINUAR LEYENDO

martes, 7 de noviembre de 2017

La violencia en el País Vasco se escribe en femenino. Cuatro autoras escriben sobre el terrorismo de ETA. Por Paula Corroto en "Letras libres".

Hubo un tiempo en el que Katixa Agirre (Vitoria-Gasteiz, 1981) llegaba a casa y veía en el telediario noticias sobre asesinatos. O sobre un autobús quemado. O disturbios. Eran los años ochenta, los noventa. Una situación que caló, sobre todo en aquellos que ya crecieron en democracia. Personas que, sin estar directamente implicadas los acontecimientos o sufrir la violencia de la banda terrorista ETA, también vivieron aquellos años. Y que, ahora, los cuentan. Agirre acaba de publicar en castellano Los turistas desganados (Pre-Textos), traducción propia de una novela que publicó en 2015, y que a partir de la historia de una pareja traza también un relato contemporáneo de las consecuencias de la violencia en el País Vasco. Su voz coincide en las librerías con las de otras escritoras vascas que también han escrito sobre este tema: Edurne Portela (1974), autora de Mejor la ausencia y El eco de los disparos (ambos en Galaxia); Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988), que ha publicado La línea del frente (Salto de Página);  Gabriela Ybarra (Bilbao, 1983), que en 2015 sorprendió a crítica y lectores con El comensal (Caballo de Troya), que narra el asesinato de su abuelo a manos de ETA y cómo ella percibió aquel suceso.

La aparición de estas novelas, sumada al potente efecto provocado por Patria, de Fernando Aramburu, ganador del último Premio Nacional de Narrativa, no significa que hasta la fecha no hayan existido los relatos sobre la violencia y ETA. El escritor y crítico Iban Zaldúa mencionaba hace unas semanas en un artículo la publicación de novelas como Cien metros, de Ramón Saizarbitoria (1976), Grand Place, de Mario Onaindia (1983) o El hombre solo (1993) y El hijo del acordeonista (2003), ambas de Bernardo Atxaga –todas traducidas al castellano desde el euskera. Sin embargo, al menos  así lo reconocen estas autoras, el foco y la perspectiva han cambiado. Y también lo ha hecho el contexto. CONTINUAR LEYENDO.

viernes, 8 de septiembre de 2017

El inamovible canon literario o de nada sirve…Un artículo de María Jesús Fraga y Nuria Capdevila-Argüelles

Nos guste o no, los constructores del canon de la literatura española son –llevan años siéndolo– varones. A tenor de sus propuestas, para su configuración se basan en criterios estrictamente estéticos, fijados ya desde la antigua retórica. Ese canon es, por lo que se ve, inamovible. Eso sí, cabe la duda de que a esa rocosidad contribuyan cuestiones más prosaicas, como la pereza mental, el cómodo uso de lo manido, y, por qué no decirlo, el poder de los grupos mediáticos y de las grandes editoriales capaces de polarizar la atención de los críticos, y, por consiguiente, de los lectores, en detrimento de otras ofertas lanzadas con menor apoyo comercial.

[...] Pero la literatura es otra cosa. Sorprendente nos pareció en su día –tan solo hace siete años–, que José Carlos Mainer en el volumen VI de la Historia de la literatura española dedicado al período 1900-1939, despachara a una autora como Elena Fortún con una sola alusión a su corta y poco representativa participación en la revista zaragozana de poesía Noroeste. Sorprendente nos sigue pareciendo que una autora reivindicada como maestra literaria de la generación de los cincuenta (como lo han expresado reiteradamente autores desde Laforet a Martín Gaite y desde García Hortelano hasta Francisco Nieva), y creadora de Celia, el personaje infantil más notable de la literatura española, siga ausente en las otras historias de nuestra literatura del siglo XX. Tampoco tiene cabida en los programas de un buen número de nuestras Facultades de Filología. Y es que, si la entrada en el canon de la obra literaria escrita por mujeres es punto menos que imposible, ¿qué decir si esa literatura está escrita pensando en los niños?

¿No constituimos las mujeres el mayor colectivo dentro del global de lectores? ¿No se están reeditando obras que permiten reconstruir nuestro pasado, con cuyos personajes podemos identificarnos, que nos relatan? ¿No estamos satisfechas con ello? ¿Para qué queremos más? Dejémoslo así, permitamos que los sesudos varones sigan a lo suyo… Pero una buena parte de los investigadores y estudiosos de la literatura española llevan años esforzándose en recuperar autores y relanzar obras valiosas y aspiran no sólo a resquebrajar el criterio de excelencia y a cuestionar sus límites, sino también a preguntarse qué se debe entender hoy por excelencia y, sobre todo, quién la define. Sin percatarse de que todo nacimiento –o renacimiento– requiere el posterior bautizo apadrinado por un crítico –varón– respetado –o temido–, o, en su defecto, por una editorial poderosa.

miércoles, 24 de febrero de 2016

10 escritoras que se hicieron pasar por hombres. J. T. Leroy.

“Los hombres miran a las literatas peor que mirarían al diablo”.
(Rosalía de Castro)
Hace varias semanas atrás fui al cine a ver Ojos grandes (Big eyes) y quedé fascinada con la historia de la más reciente película de Tim Burton. En ella se narra un episodio de la vida de Margaret Keane, una pintora norteamericana que solía crear retratos de niñas cuyos ojos grandes reflejaban una profunda tristeza y una desgarradora soledad.

Tras casarse en 1955, Margaret fue testigo de cómo su esposo Walter Keane -de quien adoptó el apellido- comenzó a atribuirse la autoría de los cuadros que ella pintaba. A medida que la popularidad de su obra crecía, su marido le exigía que cumpliera con largas horas de trabajo, encerrada bajo siete llaves en una habitación de la casa en la que vivían con el fin de que nadie descubriera que era Margaret y no él quien pintaba los famosos cuadros.

Pero tras 10 años de anonimato y al cansarse de los abusos de Walter, ella decidió separarse de él y decir la verdad, por eso inició una demanda en contra de su ex pareja para reclamar lo que era suyo: la autoría de su obra. CONTINUAR LEYENDO

sábado, 12 de diciembre de 2015

El peligro de una sola historia. Intervención de la novelista Chimamanda Adichie acerca de cómo encontró su auténtica voz cultural. Intervención en inglés subtitulada en euskera.

La novelista Chimamanda Adichie cuenta cómo encontró su voz cultural auténtica y advierte que si solo escuchamos una historiasobre una persona o un país, corremos el riesgo de caer en una incomprensión grave



Las mujeres dominan la lista de los 100 mejores libros británicos de la historia

Una lista de los 100 mejores libros británicos ,elegidos por la crítica internacional , sitúa a las autoras en el top 10. Entre ellas están George Eliot, Virginia Woolf, Charlotte y Emily Bronte y Mary Shelley . 

La lista, compilada por la BBC a partir de las contribuciones de 82 críticos literarios de todo el mundo(ninguno de ellos del Reino Unido), está coronada por Middlemarch, novela cuya autora, Mary AnneEvans, tuvo que firmar como hombre (George Eliot) para asegurar su publicación.

viernes, 4 de diciembre de 2015

¿Por qué se suicidan más los escritores y escritoras?


Una larga nómina de autores decidieron acabar con sus vidas de los modos más variopintos

Dicen los estudios que los artistas sufren más problemas mentales y durante más tiempo que las personas que se dedican a otros trabajos, con éxito equivalente. El índice de suicidios es mayor.

Esta no es una simple lista de biografías con el suicidio como nexo, sino que es un viaje por la literatura de todos los tiempos siguiendo un hilo que enmaraña las vidas de escritores con igual final.

Fuente: elplacerdelalectura.com

miércoles, 28 de octubre de 2015

12 escritoras latinoamericanas a las que les importó un carajo el que dirán

Del blog "Chicas malas" recojo esta entrada en la que nos hablan de estas doce escritoras lationamericanas.

Victoria Santa Cruz, María Luisa Bombal, Clarice Lispector, Cristina Peri Rossi, Rosa María Roffiel, Alejandra Pizarnik, Julia de Burgos, Gioconda Belli, María Virginia Estenssoro, Yolanda Oreamuno, Antonia Palacios, Carmen Ollé

domingo, 11 de octubre de 2015

Una base de datos de 9.000 escritoras españolas da voz al silencio

Investigadoras de la UNED han creado una base de datos on line de acceso abierto, que reúne toda la información disponible de las escritoras españolas desde la Edad Media hasta 1800. El proyecto, denominado BIESES (acrónimo de Bibliografía de Escritoras Españolas) reúne ya casi 9.000 registros. divulgaUNED/T21.

A principios del siglo pasado, en España, empezaron a componerse bibliografías de las escritoras españolas nacidas entre los siglos XV y XVIII. 

Sin embargo, estas recopilaciones se encontraban geográficamente muy dispersas, y a menudo eran inaccesibles. 

Consciente de ello, Nieves Baranda, catedrática de Literatura Española de la UNED, diseñó en 2003 el proyecto BIESES (acrónimo de Bibliografía de Escritoras Españolas). 

“BIESES es una base de datos web de acceso abierto, que incluye toda la información de estas escritoras, tanto de sus obras, como de los estudios o menciones que se han realizado sobre ellas”, explica Baranda.

sábado, 22 de agosto de 2015

6 escritoras japonesas que merece la pena leer

La literatura japonesa es bien conocida entre los lectores de lengua española gracias al impulso de escritores populares como Haruki Murakami, clásicos como Bansho,Natsume Soseki, Yukio Mishima o Yasunari Kawabata, o autores de primera fila recuperados recientemente como Kobo Abe, Teru Miyamoto, Shusaku Endo oNagai Kafu. El trabajo de editoriales como la asturiana Satori, que edita obras de grandes maestros, poetas y autores de ficción, también está ayudando enormemente a la difusión de la cultura nipona en nuestro país.
Sin embargo, en este elenco de autores son pocos los nombres de escritoras o poetas que surgen en nuestra cabeza espontáneamente. Y las hay muy buenas. A continuación se recogen algunas de estas autoras; se trata de una mera selección y hay muchas que faltan en esta lista. CONTINUAR LEYENDO.
Fuente: koratai.com

jueves, 1 de enero de 1970

"UN PAÍS DE HECHICERAS". Un artículo de Manuel Rivas, El Pais 03 JUL 2016

En España son las mujeres las que están frenando la derrota de la cultura. Donde no están, todo parece un “maldito sitio triste”.

Es difícil, casi inverosímil, imaginarse la historia de Sherezade al revés: un hombre que, para salvar su vida, cuenta cuentos durante mil y una noches a una mujer todopoderosa. Hasta la ninfa y maga Calipso, en la Odisea, renuncia a sus poderes, que son muchos, para liberar de su abrazo enamorado a Ulises y dejarle regresar a Ítaca.

El sultán Shahriar, con el que tiene que vérselas Sherezade, es un cabrón sanguinario, por decirlo de forma educada, que cuenta en su historial con al menos tres mil feminicidios, los de las muchachas vírgenes a las que ordenó decapitar después de tomar posesión. Es el poder absoluto que se realiza en la pulsión destructiva y cuyo mayor goce será destruir al objeto del deseo. No parece ser un poder que se ablande, ni siquiera en el tálamo, ni que vaya a mejorar de humor por unos monólogos del antiguo club persa de la comedia.

Esa ficción cruel tiene un principio de realidad. El telón de fondo de Las mil y una noches es un escenario que se prolonga hasta nuestros días. Allí donde se viola y mata impunemente. Las metamorfosis de ese poder criminal, desde el sultán al último dictador o al capo que negocia con la trata de mujeres, siempre tienen como componente nuclear el machismo y la violencia. Por eso es tan acertada la palabra violación para definir todos sus actos. Se violan los derechos. Se violan los cuerpos y las almas. Se viola el lenguaje. 

Después de vivir dos guerras, de las grandes, Elias Canetti se lamentaba no haber escrito más y más contra el lenguaje bélico: si unas palabras traen la guerra, otras podrían frenarla. Lo extraordinario de la historia de Sherezade, lo que a ella la mantiene viva y reactiva nuestro presente, es la manera en que la boca de la literatura frena la catástrofe. No estamos acostumbrados a que triunfe el activismo del sentir. Pero ocurre. El único patrimonio de Sherezade es la palabra poética, la boca que da a luz un lenguaje que no pretende dominar. Y ese activismo del sentir consigue un primer efecto revolucionario: desequilibra al poder.

Desde el momento en que quiere seguir escuchando, ya no es el mismo. Podría haber cortado de cuajo. Así hizo Stalin con Osip Mandelstam. Ordenó matarlo por un epigrama. Allí donde dice: “Como herraduras forja un decreto tras otro”. También lo desequilibró, pero su reacción fue acallarlo para siempre. Aquí pasó con nuestro mejor poeta: Federico García Lorca. Sherezade, en él, fue violada, asesinada.

Hoy podríamos hablar de una Sherezade colectiva, entendido como un taller que bulle de diversidad. En el ámbito creativo, en España, en Latinoamérica, seguramente en todo el mundo, lo más audaz, lo que abre paso, tiene el sello de Sherezade. En España se han publicado estos días dos antologías poéticas que son marcas del tiempo. Una, (Tras)lúcidas, edición de Marta López Vilar (Bartleby Editores) que incluye 29 autoras y poemas en castellano, gallego, euskera y catalán. La otra, Poesía soy yo, publicada por Visor, que alberga obra de 82 poetas de España y América.

La revolución de Sherezade es un laborioso proceso contra la estupidez, agravada por el “histerismo masculino” que ha dominado en el poder político, religioso y cultural. Marcelino Menéndez Pelayo despachaba así a Emilia Pardo Bazán: “Literata fea con peligro de volverse librepensadora”. Fueron incapaces de ver que era la mejor: el machismo, esa mezcla de grosería y miedo, los cegaba. Y ahora, don Marcelino, la cultura en España es un cultivo de hechiceras, heterodoxas y librepensadoras. Donde no están, todo parece un “maldito sitio triste” con una pantalla donde ver el fútbol, las moscas y los toros.

Para evitar los estragos de la neodepredación, en Europa se lanzó la idea defensiva de la “excepción cultural”. Algunos Gobiernos desarrollaron políticas activas para evitar el desahucio de la cultura de los espacios públicos. Se trató el libro, el teatro, el cine, la música o la danza como bienes necesarios. Aquí, los gobernantes echaron una mano a la cultura, una mano al cuello. Nuestra “excepción cultural” han sido y son las mujeres. Son ellas las que están frenando la derrota de la cultura. ¿Frente a quién? Frente al imperio del Vacío. El poder de la Nada.

¡Qué suerte, don Marcelino, un país de hechiceras!