lunes, 4 de abril de 2016

La rana que quería ser una rana auténtica. Un cuento de Augusto Monterroso.

Había una vez una rana que quería ser una rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.

Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.

Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una rana auténtica.

Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.

Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.

FIN

El diablo de la botella. Un cuento de R. L. Stevenson

VOY A HABLAR DE UN HOMBRE NATIVO DE LA ISLA DE HAWAI. Lo designaré con el nombre de Kaewe, que no es el suyo, pues, como ese hombre vive todavía, y como no conviene que el héroe de esta historia sea identificado, debo por fuerza acudir al seudónimo. Baste saber que la persona a quien me refiero nació cerca de Honaunau, lugar en donde hay una cueva que guarda los huesos de Keawe el Grande. Nuestro protagonista era pobre, valiente y activo. Leía y escribía como cualquier maestro de escuela. Pero su especialidad era la marinería, en la que se distinguió, ya como tripulante de los vapores isleños, ya, sobre todo, como patrón de un ballenero que operaba en las costas de Hamkua. Pero un día Keawe tuvo la tentación de los grandes viajes y de las grandes ciudades del extranjero, y para dar satisfacción a su ansiedad tomó pasaje a bordo de un buque de la línea de San Francisco. 

Sabéis que ésta es una ciudad espléndida, que tiene una bahía de primer orden, y que figura entre las más ricas del mundo. Sabéis que hay en esa ciudad una colina enteramente cubierta de palacios. Pues bien; Keawe se paseaba un día por los declives de esa maravillosa colina. Recreaba la vista en la contemplación de los palacios, y gozaba de su paseo como quien lleva muchos dólares en el bolsillo. 

–¡Qué casas tan hermosas! –decía Keawe para sí–. ¡Cuán felices serán los que las habitan, pues, a lo que colijo, no ha de preocuparles el mañana!

Apenas acababa de pronunciar estas palabras, cuando llegó frente a una casa, menos grande que las otras, pero no menos elegante que ellas, y dispuesta con tanto primor que parecía un juguete. Las gradas de la escalinata brillaban con reflejos argentinos, las orillas de los prados del jardín tenían el aspecto de guirnaldas arrojadas sobre el césped, y las ventanas eran de cristales tan puros que brillaban como pedrería. Keawe no pudo menos de detenerse para admirar aquella casita encantadora. Paseaba la vista por la fachada, cuando sus ojos descubrieron la presencia de un caballero que a su vez examinaba atentamente a Keawe. Aquel caballero estaba en el interior de un aposento, pero Keawe lo vio con tanta claridad, a través de la vidriera, como si fuera un pez de esos que vemos desde la altura de una roca en el fondo de un estanque diáfano. Era un hombre de cierta edad, calvo y con barba negra. En sus facciones llevaba impresas las huellas del dolor, y su pecho se levantó a impulsos de un profundo suspiro. Instantáneamente se estableció una corriente de simpatía entre el viajero kanaka y el californiano: Keawe envidiaba al dueño de la casita, y el dueño de la casita envidiaba a Keawe.

El caballero sonrió, saludó a Keawe y lo invitó para que entrara. CONTINUAR LEYENDO EL CUENTO

Pájaros prohibidos. Un cuento de Eduardo Galeano.

Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros. 

Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen en la entrada de la cárcel.

El domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa. Didaskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en la copa de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas:

¿Son naranjas? ¿Qué frutas son? 

La niña lo hace callar:

Ssshhhh. 

Y en secreto le explica:

Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.

FIN

Entrevista a Mª Teresa Andruetto (revistababar.com)

María Teresa Andruetto nació en 1954 en Arroyo Cabral, Argentina. Es hija y nieta de inmigrantes italianos. Estudió Literatura en la Universidad de Córdoba. Integró el equipo fundador del CEDILIJ (Centro de Difusión de Literatura Infantil y Juvenil) e hizo parte de su consejo directivo entre los años 1984 y 1995. Junto a este grupo de amigas y amigos fue creciendo la semilla de su vocación social, que se manifestó en la construcción de lectores y en la búsqueda de un lenguaje particular que le diera voz a su experiencia vital. En colaboración con Perla Suez fundó la revista Piedra Libre. Formó parte del consejo asesor de PROPALE (Programa Para la Lectura Córdoba) y colaboró con numerosas publicaciones de su país y del extranjero que abarcan problemáticas en torno a la literatura infantil y juvenil, la narrativa escrita por mujeres y la poesía.

Publicó las novelas para adultosTama (Alción, 2003), La mujer en cuestión (De Bolsillo, 2009), Lengua Madre (Mondadori, 2010), Los manchados (Penguin Random House, 2014) y el libro de cuentos/adultos Cacería(Mondadori, 2012); numerosos libros destinados a niños y jóvenes, entre los que se encuentran Stefano,El país de Juan, Veladuras y La niña, el corazón y la casa, los libros de cuentos El anillo encantado, Huellas en la arena, La mujer vampiro y Miniaturas; los álbumes El árbol de lilas, Solgo, Trenes, La durmiente, Campeón (Dale campeónfue reeditado por Calibroscopio como Campeón), Había una vez y El incendio; y los libros de poemas Agua cero, Peras, Mujeres, artes y oficios y Trece modos de mirar a un niño, que salieron en colecciones infantiles o juveniles; Kodak, Pavese, Beatriz y Sueño americano son cuatro libros de poemas que salieron en ediciones/colecciones adultos. Sus reflexiones están recopiladas en Hacia una literatura sin adjetivos y La lectura, otra revolución. Su experiencia en talleres de escritura en La escritura en el taller y El taller de escritura en la escuela (estos dos últimos libros escritos en colaboración con la también escritora Lilia Lardone)

Su obra ha sido traducida al alemán, gallego, portugués e italiano, chino, turco, coreano, esloveno y la ha hecho merecedora de importantes reconocimientos: Premio Luis de Tejada (1993), finalista del Premio Rómulo Gallegos con su novela Lengua madre, Lista de Honor de IBBY, Premio Iberoamericano a la Trayectoria en Literatura Infantil SM 2009, Premio Universidad Nacional de Córdoba 2012, Premio Konex y Premio Konex de Platino 2014 a la trayectoria y Premio Hans Christian Andersen en Literatura Infantil.

¿CÓMO SE CONSTRUYE UN LECTOR?

¿Sirven para algo las campañas de lectura? ¿Repetirles a quienes mantienen con los libros una relación distante que leer es un placer, que leer construye como ciudadano y que, sea como sea, hay que leer? Alberto Manguel, Tomás Abraham, Guillermo Jaim Etcheverry, Hugo Salas y Michèle Petit dan su parecer.

En un artículo publicado hace más de diez años en el periódico The Guardian, Michael Cunningham, autor del libro Las horas, contaba que la primera vez que se acercó a un libro no fue por haberse sentido persuadido de que la lectura es una actividad saludable, o de que leer lo iba a formar como un ciudadano crítico, o de que es una actividad indispensable para “ser alguien” en la vida: digamos, en resumen, que no fue por ninguno de esos clisés con los que se atormenta a diario a los niños. El motivo, por supuesto, era menos abstracto: quería impresionar a una chica, levantársela. Eso era todo. Los altos niveles de libido, se sabe, suelen ser más persuasivos que los eslóganes, y así llegó a Mrs. Dalloway: un libro cuyo significado se le escapaba, pero no la lengua: “Virginia Woolf hacía con la lengua lo que Jimi Hendrix con la guitarra”, descubre.

En verdad, cómo es que alguien llega a ser lector –siempre hablando de los que no tuvieron el privilegio de provenir de una familia de lectores– todavía sigue siendo un misterio. Acaso una de las cosas que se podrían aventurar con cierta seguridad es que las razones suelen ser más concretas o vitales de las que suponen las ONG: puede ser por cortejar a alguien, como en Cunningham; o porque se es gordo, como cuenta Juan Guinot; o para desmarcarse de un grupo de adolescentes hostiles o salvajes. A veces se buscan grandes motivos, o se rememora una experiencia de lectura precoz: tal libro “me partió la cabeza”, se dice; pero luego resulta que, en realidad, uno se hace lector por un problema en el pito, o en el páncreas, o quizás acontece que el encuentro con el libro no es más que uno de los tantos efectos del asma, como en Proust; o de la tartamudez, como en el caso de Tomás Abraham, que cuenta también que, en el fondo, leía para que no lo invadieran y para que lo respetaran: “Por lo general, la gente no te grita cuando estás leyendo”, dice.

Fuente: perfil.com

La conciencia. Un cuento de Ana Mª Matute

Ya no podía más. Estaba convencida de que no podría resistir más tiempo la presencia de aquel odioso vagabundo. Estaba decidida a terminar. Acabar de una vez, por malo que fuera, antes que soportar su tiranía.

Llevaba cerca de quince días en aquella lucha. Lo que no comprendía era la tolerancia de Antonio para con aquel hombre. No: verdaderamente, era extraño.

El vagabundo pidió hospitalidad por una noche: la noche del miércoles de ceniza, exactamente, cuando se batía el viento arrastrando un polvo negruzco, arremolinado, que azotaba los vidrios de las ventanas con un crujido reseco. Luego, el viento cesó. Llegó una calma extraña a la tierra, y ella pensó, mientras cerraba y ajustaba los postigos:

-No me gusta esta calma.

Efectivamente, no había echado aún el pasador de la puerta cuando llegó aquel hombre. Oyó su llamada sonando atrás, en la puertecilla de la cocina:

-Posadera…

Mariana tuvo un sobresalto. El hombre, viejo y andrajoso, estaba allí, con el sombrero en la mano, en actitud de mendigar.

-Dios le ampare… -empezó a decir. Pero los ojillos del vagabundo le miraban de un modo extraño. De un modo que le cortó las palabras.

Muchos hombres como él pedían la gracia del techo, en las noches de invierno. Pero algo había en aquel hombre que la atemorizó sin motivo. El vagabundo empezó a recitar su cantinela: “Por una noche, que le dejaran dormir en la cuadra; un pedazo de pan y la cuadra: no pedía más. Se anunciaba la tormenta…“.

En efecto, allá afuera, Mariana oyó el redoble de la lluvia contra los maderos de la puerta.

Una lluvia sorda, gruesa; anuncio de la tormenta próxima.
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REVISTA CONVIVES Nº 13. LA VOZ DE LAS FAMILIAS Y LA CONVIVENCIA


PRESENTACIÓN

La voz de las familias y la convivencia. Nélida Zaitegi De Miguel

ARTÍCULOS
Familia y escuela. Dos miradas complementarias e imprescindibles. Sandra Martínez Pérez

La visión desde las familias sobre la participación y convivencia en la comunidad educativa. Miguel Vera Sibajas y Laura Rivero Machi

La dinamización de las familias en y para
la mejora de la convivencia. Teresa Domínguez Pérez

El papel de los servicios municipales en las
relaciones escuela, familias y entorno. Pablo Fernández Díaz

EXPERIENCIAS
Dando un paso más: dinamización y formación de familias FAPAR Aragón. Mesa Local Las Norias. El Ejido. Almería

El diálogo como herramienta para la convivencia positiva.
CEIP Reina Sofía. IES Almina. Ceuta 
El logro de un clima de convivencia adecuado y la implicación y participación de toda la comunidad educativa IES Fernando Quiñones. Chiclana (Cádiz)
Unidades familiares por y para una convivencia gratificante. FAPA-Alhambra. Granada

ENTREVISTA a... Jesús Salido Navarro y Nuria Buscató Cancho. CEAPA
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