lunes, 14 de diciembre de 2015

Relatos iniciales. Un artículo de Antonio Muñoz Molina (El País, Babelia)

Mucho antes que el dominio del lenguaje se ha desarrollado esa herramienta fundamental de la literatura que es el deseo y la capacidad de ponerse en el lugar de otro

Igual que un feto parece atravesar aceleradamente en nueve meses toda la duración de la vida sobre la tierra, desde los primeros organismos unicelulares hasta el Homo sapiens, hacia los siete u ocho años un niño está completando el tránsito desde las culturas orales, el pensamiento mágico y los mitos, hasta la máxima sofisticación del razonamiento abstracto y la lectura.

Hace menos de cinco mil años que empezaron a escribirse historias inventadas. Pero antes de la escritura se extiende un continente, un planeta ignorado de narraciones orales que se urdieron y se contaron a lo largo de al menos cuarenta mil años, quizás desde el tiempo de las primeras representaciones artísticas. Un niño de tres o cuatro años vive en ese mundo, que es el de los cuentos y el de los mitos, el de las primeras tentativas de explicación natural de los fenómenos visibles, y también el de los juegos, en los que aprende precozmente los mecanismos sutiles de la ficción. El juego, como la literatura, se basa en lo que Coleridge llamó "suspensión voluntaria de la incredulidad”", que es justo lo contrario de la creencia. El creyente está convencido de la existencia de seres sobrenaturales y de hechos absurdos. El niño que juega, como el lector de una novela o el espectador de una película, en vez de creer, deja en suspenso la incredulidad, de modo que disfruta cabalgando sobre un palo de escoba, aunque sabe que no es un caballo, o se conmueve hasta las lágrimas por la muerte de don Quijote o la de King Kong, teniendo plena conciencia de que los dos nunca existieron, si bien don Quijote era un hombre verosímil y King Kong una criatura fantástica.

Groucho Marx exclamó célebremente, delante del mapa desplegado de una batalla, que aquel mapa podía entenderlo un niño de cuatro años, y a continuación rogó que le trajeran a un niño de cuatro años. Los mecanismos psicológicos en los que se basa el juego de la ficción forman parte tan integralmente de nuestro patrimonio cognitivo que un niño de cuatro o cinco años los domina por completo, igual que domina con perfecta fluidez las complicaciones gramaticales de uno o dos idiomas. CONTINUAR LEYENDO

domingo, 13 de diciembre de 2015

Los cuatro tesoros. Un artículo de Jacqueline Balcells (Fundación Cuatrogatos)

La importancia de la lectura en la formación intelectual y espiritual de un niño es largamente sabida; por otra parte, que los niños tienden a leer cada vez menos parece ser una realidad. Los grandes culpables de este proceso, a juicio de muchos, son los medios audiovisuales que, aunque aportan cultura e información, no contribuyen en nada a estimular esa maravillosa capacidad de imaginar que todos tenemos y que es tan necesaria para desarrollarnos. A mí me parece que esta afirmación es cierta sólo en parte. Que la televisión quita tiempo a la lectura es un hecho evidente, pero también es evidente que un buen lector lo sigue siendo a pesar de ésta. Sería absurdo navegar en contra del mundo audiovisual, acusándolo de nuestras carencias. Más bien hay que preguntarse por qué ha dejado de gustarnos la lectura. Porque yo creo, con Lewis, que antes que los niños, somos los adultos los que no leemos. Y dada la importancia de la lectura, tenemos que descubrir qué podemos hacer para remediar esta falta. Reflexionando acerca del tema, saqué a luz cuatro tesoros perdidos en el mundo de los libros; y luego, para no ser pesimista, me permití sugerir cuatro consejos prácticos para despertar en los niños el gusto por leer. CONTINUAR LEYENDO

Premio de la Paz de los Libreros de Alemania para El escritor alemán-iraní y orientalista Navid Kerman (2015)

Sus obras abordan cuestiones esenciales de la existencia humana. En sus libros científicos se ocupa del Corán y del misticismo islámico. El escritor Navid Kermani recibe el galardón por ser "una de las voces más importantes de nuestra sociedad". En los motivos de la decisión del consejo de la fundación se indica que con sus novelas, ensayos, así como reportajes desde regiones en crisis, Kermani ha mostrado "su alto grado de compromiso con la dignidad del individuo y su respeto por la diversidad cultural y religiosa, y su intervención en favor de una sociedad europea abierta, que brinda protección a los refugiados y da espacio a la humanidad".

Activa participación en debates sociales

Navid Kermani, nacido en 1967, se crio en el seno de una familia iraní en RENANIA DEL NORTE-WESTFALIA. Ya a los quince años comenzó a escribir para el periódico Westfälische Rundschau. Después del bachillerato estudió ciencias islámicas, filosofía y arte dramático en Bonn, Colonia y El Cairo. Su tesis "Dios es bello. La experiencia estética del Corán" atrajo la atención de la sección cultural de la prensa alemana e internacional. Después de diferentes empleos en la sección cultural del "Frankfurter Allgemeine Zeitung", en el Theater an der Ruhr en Mülheim y en el Schauspielhaus de Frankfurt, así como en el Wissenschaftskolleg de Berlín, en 2003 Kermani decidió trabajar como escritor independiente. En 2005 fue nombrado además catedrático universitario de Estudios Orientales en la UNIVERSIDAD de Bonn.

Además de sus libros y ensayos, en sus discursos, conferencias y artículos de prensa Navid Kermani, ya ha participado activamente en debates políticos y sociales. En particular Kermani promueve la profundización del proyecto europeo. Por su vida y obra ya ha recibido numerosos premios como el Hessen de la Cultura (2009), Premio Hannah Arendt (2011), la Medalla Buber-Rozensweig (2011), el Premio Heinrich von Kleist (2012), el Premio Cultural de Colonia (2012), El Premio Cicero (2012) así como el Premio Literario Gerty Spies.

AMOR Y MUERTE EN SIRIA. Discurso del escritor a la hora de recibir la distinción.

"El mismo día en que supe que se me había concedido el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes, ese mismo día, Jacques Mourad fue secuestrado en Siria. Dos hombres armados preguntaron por él en el monasterio de Mar Elian, en las afueras de la pequeña ciudad de Qariatain. Lo encontraron en el modesto despacho que hacía también las veces de sala de estar y dormitorio, lo agarraron y se lo llevaron. El 21 de mayo del 2015 Jacques Mourad se convirtió en rehén de la organización llamada Estado Islámico.

Conocí al padre Jacques en el otoño del 2012, con ocasión de un viaje realizado por una Siria ya en guerra para escribir un reportaje sobre la situación en el país. Era el responsable de la comunidad católica de Qariatain y también pertenecía a la Orden de Mar Musa, fundada a principios de la década de 1980 en un antiguo monasterio paleocristiano. Se trata de una comunidad especial e incluso única puesto que está igualmente comprometida con el islam y el amor a los musulmanes. Si bien los monjes y monjas que la componen siguen escrupulosamente los mandamientos y los ritos de la Iglesia católica, también están igual de comprometidos con el islam y participan en las tradiciones musulmanas, incluido el ramadán. Puede parecer disparatado, e incluso ridículo: unos cristianos que, según sus propias palabras, se han enamorado del islam. Y, sin embargo, ese amor cristiano-musulmán ha sido hasta hace muy poco una realidad en Siria, y todavía lo es en el corazón de muchos sirios. Con la fuerza de sus brazos, la bondad de sus corazones y las plegarias de sus almas, los miembros de Mar Musa crearon un lugar que me pareció una utopía y que para ellos apuntaba a la reconciliación escatológica; un lugar del que no decían que anticipaba la reconciliación, pero en el que esta se dejaba sentir y cuya existencia era una condición para ella: un monasterio de piedra del siglo VII en medio de la imponente soledad del montañoso desierto sirio visitado por cristianos de todo el mundo y a cuya puerta llamaban muchos más musulmanes árabes (decenas, incluso centenares) para encontrarse con sus hermanos cristianos, hablar, cantar, estar en silencio con ellos y también rezar siguiendo el rito islámico en un rincón de la iglesia desprovisto de imágenes."

Luisa Etxenike: "La literatura debe tener una mirada hacia su tiempo" (Entrevista)

Hablamos con la escritora Luisa Etxenike (San Sebastian, 1957), profesora de la Universidad del País Vasco, que mantendrá un encuentro este miércoles en el Centro Asociado de la Uned en Guadalajara a propósito de su nuevo libro 'El arte de la pesca', unareflexión artística sobre la violencia donde mezcla novela y poesía.

"Sucede como en todos los órdenes de la vida. Efectivamente, los lectores pueden buscar en un determinado momento unos libros para cubrir una serie de apetencias pero eso no impide que algunos libros más fáciles no puedan convivir con otras obras. Yo concibo la literatura en su vertiente artística y como cualquier otra disciplina, tiene que tener una mirada hacia su tiempo. Escribir ahora como se podía escribir hace cincuenta o sesenta años, que no se reflexione sobre la responsabilidad del tiempo en que nos ha tocado vivir, me parece poco interesante. Como creadora y a los lectores creo que también. Yo reflexiono mucho sobre la forma. Vivimos en un mundo saturado de imágenes, de mensajes y, precisamente, la forma artística y literaria tiene que encontrar un espacio expresivo que parezca recién nacido. Es mi ambición y espero que los lectores lo compartan."

sábado, 12 de diciembre de 2015

"Mañana está demasiado lejos".Un cuento de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie

Fue el último verano que pasaste en Nigeria, el verano anterior al divorcio de tus padres, antes de que tu madre jurara no volver a poner un pie en Nigeria para ver a la familia de tu padre, en particular a tu abuela. Todavía ahora, dieciocho años después, recuerdas claramente el calor que hizo ese verano, el ambiente bochornoso que se respiraba en el patio de tu abuela, un patio con tantos árboles que el cable del teléfono se enredaba con las hojas y las distintas ramas se tocaban, y a veces aparecían mangos en los castaños y guayabas en los mangos. La gruesa capa de hojas en descomposición era blanda bajo tus pies desnudos. Por las tardes las abejas de vientre amarillo zumbaban alrededor de tu cabeza, la de tu hermano Nonso y la de tu primo Dozie, y por las noches la abuela solo dejaba a tu hermano Nonso trepar a los árboles para sacudir una rama cargada de fruto, a pesar de que tú trepabas mejor. Llovían los aguacates, los anacardos, las guayabas, y el primo Dozie y tú llenabais viejos cubos.

Fue el verano que la abuela enseñó a Nonso a arrancar los cocos. Los cocoteros, tan altos y sin ramas, eran difíciles de trepar, y la abuela le dio un palo largo y le enseñó a agitar las vainas acolchadas. A ti no te enseñó porque decía que no era cosa de niñas. La abuela partía los cocos golpeándolos con cuidado contra una piedra y la leche acuosa se quedaba en la mitad inferior, una taza irregular. Todos bebían un sorbo de la leche enfriada por el viento, incluidos los niños de la calle que salían a jugar, y la abuela presidía el ritual para asegurarse de que Nonso era el primero.

Fue el verano que le preguntaste a tu abuela por qué el primer sorbo era para Nonso en lugar de para Dozie, que tenía trece años, uno más, y la abuela respondió que Nonso era el único hijo de su hijo, el que llevaría el apellido Nnabuisi, mientras que Dozie solo era un nwadiana, el hijo de una hija. Fue el verano que encontraste en el césped la piel de una serpiente, entera e intacta como una media transparente, y la abuela os dijo que se llamaba echí eteka, «Mañana está demasiado lejos». Un mordisco, dijo, y en diez minutos se ha acabado todo. CONTINUAR LEYENDO

Pueden encontrarse algunos de sus cuentos (en inglés) en The New Yorker, aquí y aquí.

El peligro de una sola historia. Intervención de la novelista Chimamanda Adichie acerca de cómo encontró su auténtica voz cultural. Intervención en inglés subtitulada en euskera.

La novelista Chimamanda Adichie cuenta cómo encontró su voz cultural auténtica y advierte que si solo escuchamos una historiasobre una persona o un país, corremos el riesgo de caer en una incomprensión grave



El hombre que amaba al prójimo. Un cuento de Virginia Woolf

Aquella tarde, mientras pasaba ligero por Deans Yard, Prickett Ellis se cruzó con Richard Dalloway, o mejor dicho, en el momento de cruzarse, la disimulada mirada que cada uno de ellos lanzó al otro, bajo el ala del sombrero, por encima del hombro, se ensanchó y estalló en una expresión de recíproco reconocimiento; no se habían visto en veinte años. Habían ido a la misma escuela. ¿Y a qué se dedicaba ahora Ellis? ¿Abogacía? Sí, claro, claro..., había leído todo lo referente al caso en los periódicos. Pero allí no se podía hablar realmente. ¿Por qué no iba a su casa aquella noche? (Vivían donde siempre, ahí, al doblar la esquina.) Habría un par de invitados más. Quizá fuera Joynson. «Bueno, no sabes cuánto me ha alegrado verte», dijo Richard.

«Estupendo. Hasta esta noche pues», dijo Richard, y siguió su camino «muy contento» (lo cual era verdad) de haber visto a aquel tipo raro que no había cambiado ni tanto así desde los tiempos en que iban a la escuela —era el mismo muchacho desaliñado y menudo, rebosando prejuicios hasta por las orejas, pero insólitamente brillante, ganó el Newcastle. Pues sí... y siguió su camino. CONTINUAR LEYENDO