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domingo, 10 de septiembre de 2023

"UN LIBRO PERTURBADOR EN LA MOCHILA". Un artículo de Lola Pons Rodríguez publicado en El País el 9 de septiembre de 2023

[...] Yo sé que es preocupante el abandono escolar de la lectura. Pero también es preocupante que pensemos que leer es solo una forma de entretenerse o, peor aún, una mera forma de socializar simpáticamente en las redes. Si no obligamos a leer los clásicos, de la manera acompañada o adaptada que estimen los especialistas, estamos dejando a los estudiantes desnudos de referentes de una cultura secular compartida y entregados al fenómeno editorial del momento.

En la Lomloe, la última ley educativa (no lo olviden: ocho leyes educativas y siete presidentes del Gobierno desde la democracia), se anima a que las lecturas en secundaria y Bachillerato se dediquen a “obras y fragmentos relevantes de la literatura juvenil contemporánea y del patrimonio literario universal”. Queda al arbitrio de la concreción normativa posterior elegir la configuración del canon. Por si, en manos autonómicas o en manos de los propios institutos, alguien saca la bandera de la resignación y cede al atajo de la lectura como diversión poco esforzada, yo escribo estas líneas a favor de que se incluya al pícaro y a su libro perturbador en la mochila de la secundaria. Es lo mínimo que le debo al perdedor de Tormes, al Lázaro que hay en mí y al que hay en todos ustedes, hayan o no leído su obra.


domingo, 26 de septiembre de 2021

Abrir o cerrar mundos: la elección de un canon. Cecilia Bajour



Una interesante reflexión de la autora acerca del canon en la literatura infantil. Un asunto estrechamente relacionado con la selección y elección de libros para estos destinatarios. Un problema que se plantea con harta frecuencia en las y los mediadores de lecturas: bibliotecarios, profesorado, familias... Cecilia Bajour profundiza en este entorno y hace propuestas para pensar y repensar el canon literario.


(a partir de la página 29)

viernes, 25 de noviembre de 2016

Clásicos infantiles: aproximaciones. Un artículo de Ana Garralón en Revistababar.

En el momento en el que trataba de acercarme a una definición razonable de “clásico infantil” para poder abordar la no menos compleja definición del “clásico infantil contemporáneo”, saltó a la prensa una noticia que ocupó varios días y varias secciones de cultura de diferentes periódicos del mundo: el señor Harold Bloom, más conocido por su afición a establecer cánones, había decidido establecer uno dedicado a lecturas infantiles.

Como si Bloom volviera de un viaje fantástico por el más allá -justo acababan de operarle a corazón abierto- arremetía de nuevo contra la saga de libros de Harry Potter acusándolos de “mala literatura, sin imaginación y repleta de clichés”. Estas declaraciones no me sorprendieron: nada más comenzar el boom de la pottermanía, Bloom se colgó su etiqueta de anti-potter y comenzó su campaña. Cuando se quedó sin argumentos ante padres que le decían que sus hijos, al menos, leían algo, echó mano de Stephen King, quien había escrito una reseña en The New York Times explicando con toda seriedad que los chicos que leían a Harry Potter a los 9 o 10 años, en la adolescencia iban a leer a Stephen King. Esto le agradó mucho a Bloom quien dijo: “¡Está exactamente en lo cierto, no es que vayan a pasar a Cervantes o a Shakespeare!”

En fin: si bien no soy muy favorable a cruzadas de ningún tipo -entretanto el Papa autorizó la lectura de Harry Potter como libro que respeta los valores católicos frente a esas prohibiciones de fundamentalistas que lo acusaban de incitadores a la magia negra- las palabras de Bloom invitaban a una cierta reflexión y, sobre todo, prometían una luz en mi búsqueda de definiciones, encerrada como me sentía en un cuarto sin ventanas. Pronto me entró la duda: ¿estaba hablando Bloom de clásicos? Más bien establecía un canon, algo así como las lecturas básicas para un lector donde se citaban autores sin grandes sorpresas: Stevenson, Chesterton, Shakespeare, Chejov, Lewis Carroll, Kipling, Mark Twain. Eso que él mismo dijo con cierta pretensión: “Son los libros que habría elegido Borges para chicos”. Y, con su selección, de alguna manera, estaba revisando qué significa leer hoy en día y criticando lo que ahora editoriales y mediadores llaman (llamamos) libros “para niños”. Ál mismo lo expresó así: “no acepto la categoría de literatura para niños, que hace un siglo tenía alguna utilidad, pero que ahora es más bien una máscara para la estupidización que está destruyendo nuestra cultura literaria”. Bloom, como otros investigadores, había establecido una selección de lecturas, pero sin adentrarse en definiciones, sin dar luces a los que, como yo en ese momento, estábamos deseando tenerlas a mano. CONTINUAR LEYENDO

sábado, 17 de septiembre de 2016

Cervantes y Shakespeare no escribieron para niños. …pero casi todo niño conoce a Cervantes y a Shakespeare. Pronto saben de ese hombre seco de carnes y enjuto de rostro, montado en un caballo, rival de molinos y aliado de un panzón. (Adolfo Córdova)


Niños y niñas pequeños leen estas historias dentro de un mundo en el que todavía no se separan las obras en géneros literarios ni tradiciones artísticas; en él hay personajes bíblicos, leyendas, dichos populares, cuentos de hadas. Escuchan fragmentos de los textos, disfrutan las películas y los dibujos animados que hacen parodias o pastiches. Ven una pintura del Quijote o una obra de teatro guiñol de Romeo y Julieta y, listo, ya habrán leído a Cervantes y a Shakespeare. Iniciará un proceso de construcción de esa obra en su imaginario que quizá nunca incluya al texto original.

Personajes, libros, que son parte de un paisaje en el que vivimos: presentes, pero periféricos, alejados, virtuales, irreales. Libros irreales, lecturas virtuales: todos los comentan, nadie los ha leído, son el centro de un permanente teléfono descompuesto que prescinde del original. Estrellas allá arriba, sumidas en la galaxia.

Decimos Ser o no ser, hablamos de quijotadas, de tener un sancho como palabras corrientes que ya no es necesario buscar en el diccionario.

Shakespeare o Cervantes como el Che Guevara en cualquier camiseta. Ídolos, héroes, muñecos. Romeo y Julieta y el Quijote como marcas de identidad.

Cervantes y Shakespeare no escribieron para niños. Charles Perrault nació en 1628, 12 años después de la muerte de estos grandes autores, y pasarían varias décadas antes de que inaugurara, con sus cuentos de hadas, el género literario que ha tardado unos 300 años en ser reconocido, más o menos, como tal: el infantil.

Existen, por supuesto, algunas adaptaciones notables para niños.
La cuestión será si ¿leer o no leerlas? Recomendaría, en todo caso, preferir las versiones que hagan crecer la historia por otras vías: un cómic, los cuentos de Shakespeare de Mary y Charles Lamb (un clásico en sí mismo –aquí una reseña de la edición de Castillo), un libro ilustrado cuidadoso de los textos (pienso en El libro de Don Quijote para niños de Haroldo Maglia, ilustrado por Jesús Gabán), o el poema del acto I de Romeo y Julieta en La Reina Mab: El hada de las pesadillas (Pequeño Editor).

 Si no estamos seguros, intentemos cultivar la espera, hagamos la promesa: un día podrás andar en bicicleta, un día podrás viajar solo, un día podrás leer a Cervantes y a Shakespeare. Crecer con el deseo de descubrir nuevas lecturas.

En el artículo aparecen algunas recomendaciones de ediciones con textos íntegros de Shakespeare y Cervantes o adaptaciones cuidadas, que respetan al lector.


Fuente: Blog Linternas y bosques. Literatura infantil y juvenil

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El canon de nunca jamás: hacia la conformación de un recorrido lector propio. Una propuesta y una bibliografía esencial de especialistas como Cecilia Bajour, Paula Rivera Donoso y María Teresa Andrueto para pensar los cánones.

En el camino hacia la selección de los mejores libros, de las lecturas más asombrosas, para conformar una biblioteca infantil y juvenil, para recomendar en el salón de clases o a los niños que tenemos cerca, para proponer un itinerario que forme lectores, surge una palabra clave: ¡clásicos! Sí, clásicos. ¿Pero cuáles? Infantiles y juveniles, sí, pero… ¿cuáles? ¿Empezamos desde Perrault o buscamos en las Fábulas de Esopo, en el Panchatantra, en Las mil y una noches? ¿Clásicos para quién, de dónde, de cuándo, para quién? Necesitamos acotar, seleccionar, definir un corpus.

¿Recurrimos, entonces, al pretensioso prócer de los cánones modernos, Harold Bloom? ¿A sus polémicos Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades o a su Canon Occidental (que tiene algunos cuantos autores para niños)? 


En el artículo aparece una BIBLIOGRAFÍA ESENCIAL PARA PENSAR LOS CÁNONES. Algunos de estos textos ya los hemos puesto en el blog, pero no me importa volver a repetirlos, porque son realmente interesantes.

1. Abrir o cerrar mundos: hacia la elección de un canon de Cecilia Bajour.

Al reflexionar sobre el canon en su cruce con la lectura como una práctica cultural, cuestionamos el carácter normalizador y ajeno del canon y esto permite que nos apropiemos, que confiemos en la posibilidad de generar acciones y teorías situadas en el territorio de nuestras prácticas. Un territorio de fronteras abiertas, hospitalario y permeable en vez de ser autorreferencial y acorazado. Una forma posible de pensarlo es a través de la recreación de una escena de lectura que me gusta provocar y armar: una mesa de libros. Es decir, una mesa cubierta por libros que uno eligió para compartir con niños. Una selección que invita a su vez a elegir y a reflexionar sobre ese acto de elección… Leer más aquí

2. Algunas cuestiones en torno al canon de María Teresa Andruetto. 

Sucede con algunos libros: abren en nosotros una grieta que no nos permite olvidarlos. No se trata exactamente de los mejores libros, sino de aquellos que nos disparan una flecha que, como el amor, como el amado, no flecha a todos por igual. No atesoramos el libro mejor escrito sino aquél que, poseedor de un punctum que lo aloja en nuestra memoria, sigue preguntándonos acerca de nosotros mismos… Leer el artículo completo aquí.

3. Algunas ideas sobre la selección de textos literarios de Marcela Carranza.

Clasificaciones por edades y preceptos de todo tipo, abundan para impedir que los niños aborden textos que supuestamente no están destinados a ellos por su edad, por su extracción social, por sus circunstancias personales… Sin embargo la historia misma de la literatura es rica en situaciones de encuentro entre los niños/jóvenes y los textos no destinados a ellos. Robinson Crusoe, Las mil y una noches, Los viajes de Gulliver, los cuentos populares de la tradición oral, no fueron pensados ni escritos para niños y sin embargo pasaron a formar parte de la biblioteca infantil universal durante siglos. Leer el artículo completo aquí.

4. “Tu canon no, el mío sí”: las listas de LIJ como propuestas de lectura de Paula Rivera Donoso.

Me atrevería a decir que todo lector hispanoamericano tiene un puñado de Barcos de Vapor surcando las aguas de sus memorias infantiles, algunos más encantadores que otros. No importa qué tan especializados podamos ser: creo que es imposible apartarse del todo de las obras que leíste en tu infancia si te preguntan por las mejores obras infantiles. Leer el artículo completo aquí.

5. Venturas y desventuras del canon literario en la escuela. Ni en cementerios ni en museosde Claudia López.

En el caso de la escuela, las elecciones de los docentes y bibliotecarios se encuentran en una encrucijada. Un entramado de diferentes cánones se conjugan a la hora de elegir, (…) el oficial, el crítico, el accesible y el personal. Leer un fragmento más del artículo aquí 
Fuente: Linternas y bosques. Literatura infantil y juvenil

viernes, 5 de febrero de 2016

De cómo los profesores destruimos lectores Juan Cuadra. 28 enero, 2016.

(Este artículo viene referenciado por Daniel Cassany en su cuenta de Facebook)

Esta reflexión surge al hilo del artículo de David Gil del otro día, así que si no lo habéis leído más os vale empezar por ahí. Dicho eso, si tenéis prisa, os puedo adelantar que todo lo que voy a decir se resume en lo siguiente: las probabilidades de que tu profe de lengua haga que te encante leer son iguales a las probabilidades de que tu profe de lengua haga que odies la lectura. Eso siendo generosos. Ahora vamos a la versión larga.

Yo hice un bachillerato de ciencias y, la verdad, ni fu ni fa. Mis profesores de Lengua y Literatura me fueron relativamente indiferentes. Luego me perdí tres años por el mundo, y finalmente aterricé en Filología Hispánica. Por un motivo o por otro, yo llevaba siendo hasta ese momento un gran lector, y alcancé la carrera lleno de energía e ilusión. Ya os adelanto el resultado (hoy la cosa va de spoilers): acabé la carrera sin ganas de leer nada. O, para ser más exactos, sin ganas de leer nada de lo que se suponía que tenía que leer. En mi primer año mis profesores ya me presentaron el que iba a ser mi gran archienemigo desde entonces: el canon. ¿Y qué es el canon? Los libros que se ha decidido que son importantes y que deben estudiarse. ¿Quién lo decide? Señores viejos con barba (o sin ella). ¿Dónde? Normalmente en universidades serias y sesudas, tras escribir largas publicaciones sobre ellos. Así, curiosamente, muchas veces puedes estudiar sobre esa obra literaria tan esencial con el libro que ha escrito tu profesor. O el profesor de tu profesor. Casualidades del canon. Pero el canon no sólo tiene esta curiosa característica, sino que incluye un par de puñaladas traperas más. La primera es que cambia a través de los tiempos, por motivos ideológicos en general. Durante el franquismo a Lorca no se le estudiaba, y ahora es esencial. Es decir, la ideología del gobierno puede dejar en la cuneta a escritores esenciales. Literalmente. La segunda puñalada es que el canon no se basa nunca en ese criterio para mí esencial (que no único) por el que una obra es buena si le gusta a la gente. Y recordad que estamos hablando de textos que se estudian, es decir, que se escribieron antes de que hubiese márketing y esas cosas. Agradezco infinitamente un momento de sinceridad de mi profesor de Literatura Inglesa de la carrera, que nos dijo más o menos que el Ulyses de Joyce era una obra esencial, por lo que representaba para la historia de la literatura, pero que para leerla era un ladrillo, que eligiésemos otra obra del autor para acercarnos a él. Pero bueno, éramos aspirantes a filólogos, tipos duros, se suponía que teníamos que leer eso. Así que a agachar la cabeza y por Esparta. Digo yo. Al final terminé la carrera con unos cuantos textos esenciales sin leer. Y ahí siguen sin leer. CONTINUAR LEYENDO

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Algunas cuestiones en torno al canon. Mª Teresa Andruetto

1. Caña,
vara, norma, regla, precepto, modelo, prototipo, son las acepciones de canon que nos da el diccionario. Debiera entonces partir de que la idea de un canon como norma, precepto o prototipo no me gusta. Que me gusta mucho más que la literatura sea un remolino, siempre desacomodándose.... porque —como ha dicho Lotman (1)— es siempre dialéctica la relación entre lo canonizado y lo no canonizado en una cultura y ese movimiento permanente, hace que los que están fuera tiendan a ocupar el centro y pugnen por insertar sus modelos desplazando a otros que están dentro, porque no existe centro sin periferia y "lo literario" en cada caso, tiempo y lugar, precisa de lo "no literario" para definirse. De modo que todo canon necesita de la amenaza exterior —la amenaza de lo no canónico— y es de ese exterior no canonizado de donde provienen las reservas de la literatura que vendrá. 


Ponencia leída en la Mesa Redonda de Literatura Infantil "Acerca de los problemas del canon", dentro del marco del II Argentino de Literatura, evento organizado por la Universidad Nacional del Litoral (Santa Fe, 28 de junio al 1 de julio de 2006). 

jueves, 9 de octubre de 2014

La lectura literaria ante nuevos retos: canon y mediación en la trayectoria lectora de futuros profesores. José D. Dueñas, Rosa Tabernero, Virginia Calvo y Elena Consejo. Revista OCNOS

Imagen de la Página Inicial de la Revista
En el último número de la revista OCNOS (nº 11-2014), Revista de Estudios sobre Lectura de la Universidad de Castilla-La Mancha, entre los diversos artículos que aparecen y que podéis descargar, hay uno que me ha llamado la atención. Su título es: "La lectura literaria ante nuevos retos: canon y mediación en la trayectoria lectora de futuros profesores". 
El resumen del mismo es el siguiente: "A partir del análisis de más de sesenta informes sobre la propia trayectoria lectora de estudiantes de segundo de Magisterio de Educación Infantil y de Educación Primaria durante los cursos 2011/12 y 2012/13, hemos apreciado algunas relaciones, a nuestro juicio, relevantes entre formas de mediación, canon lector y hábitos de lectura. De este modo, hemos observado algunos estilos de mediación que parecen conducir con mayores garantías a trayectorias lectoras de éxito. Hemos clasificado a nuestros informantes en tres grandes grupos de acuerdo con el canon lector en que están instalados: lectores de canon académico, no lectores y lectores de canon social. La mayor o menor calidad de la mediación parece decisiva en buena parte de los casos. Tanto en el ámbito académico como en el familiar la mediación adquiere, en nuestra opinión, mayor eficiencia cuando se traduce en modelos de comportamiento y no solo en recomendaciones verbales, cuando va acompañada de complicidad afectiva o cuando la lectura literaria conecta con aspectos sustanciales de la propia vida. Las prácticas docentes universitarias han de proporcionar sobre todo a los estudiantes experiencias gratificantes de lectura". LEER MÁS