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sábado, 25 de noviembre de 2023

"EL LENGUAJE OLVIDADO DE LA INFANCIA". Discurso de ingreso a la Academia Venezolana de la Lengua de FANUEL HANÁN DIAZ, Caracas, 22 de noviembre de 2023

Fanuel Hanán Díaz
en la Academia Venezolana de la Lengua
[...] Desde hace más de treinta años me dedico a la investigación y estudio de la literatura infantil y juvenil. De hecho, cuando me preguntan si soy escritor o especialista o profesor o editor siempre aclaro que sí, que soy todas esas cosas, pero que principalmente me defino como investigador. La investigación es un oficio solitario, que requiere mucho tiempo de dedicación y sobre todo rigor. Estar horas escudriñando por cuenta propia, dedicar mucho del tiempo libre, sábados, domingos, para avanzar en proyectos de estudio sin el amparo de una universidad o institución es lo que he hecho gran parte de mi vida. Es lo que en inglés se llama independente scholar. Y celebro que la Academia haya tenido la generosidad de incluir un perfil como el mío para formar parte de este cónclave porque alienta el trabajo de personas como yo que hacemos una labor que muchas veces pasa desapercibida. Pero, principalmente porque otorga un espaldarazo a la literatura infantil y juvenil en un ámbito tan formal de la lengua española.

[...] En nuestro mundo hay una tribu semisalvaje muy especial, muy antigua y ampliamente extendida, a la que antropólogos e historiadores sí le han comenzado a prestar atención recientemente. Todos nosotros hemos pertenecido a esta tribu; hemos conocido sus costumbres, sus hábitos y sus ritos, su folklore y sus textos sagrados. Me estoy refiriendo a los niños. Sin embargo, estos textos sagrados de la infancia no siempre son los que recomiendan los mayores, según descubrí muy pronto.

De este modo comienza No se lo cuentes a los mayores, un perspicaz ensayo de la profesora estadounidense Alison Lurie, donde describe esa indómita comunidad de la que hemos formado parte, quizás ahora desdibujada en nuestra memoria. En esa geografía, lejana, libre y extravagante, todos sus habitantes se comunican con un lenguaje particular, desarticulado a veces, ilógico otras tantas, aunque siempre marcado por el sentido del ritmo, por las reglas del juego y el sinsentido. Desde distintas disciplinas se ha demostrado que el habla de la infancia es profundamente diferente del de los adultos. De ese lenguaje y de su erosión quisiera hablarles.



sábado, 4 de noviembre de 2023

"LA LECTURA, LAS BIBLIOTECAS Y LOS BIBLIOTECARIOS". Texto íntegro de la conferencia de Neil Gaiman pronunciada el 14 de octubre de 2013 en el Barbican (Londres), bajo el auspicio de The Reading Agency. Traducción de Ellen Duthie para Lo leemos así.

Es importante que la gente te diga de qué lado está y por qué, y si cabe la posibilidad de que puedan ser parciales. Así que voy a empezar hablándoos de lectura. Os voy a contar que las bibliotecas son importantes. Voy a sugerir que leer obras de ficción, leer por placer, es una de las cosas más importantes que uno puede hacer. Voy a hacer una apasionada súplica para que las personas comprendan qué son las bibliotecas y qué son los bibliotecarios, y para qué se conservan ambas cosas. Soy parcial, evidente y enormemente parcial: soy autor y, muchas veces, autor de ficción. Escribo para niños y para adultos. Desde hace unos 30 años me he estado ganando la vida mediante las palabras, principalmente inventándome cosas y escribiéndolas. Es obvio que es de mi interés que la gente lea, que lea ficción, que existan bibliotecas y bibliotecarios y que se ayude a infundir un amor por la lectura y por los lugares en los que puede darse la lectura.

Así que, como escritor que soy, soy parcial. Pero soy muchísimo, muchísimo más parcial como lector. Y como ciudadano británico, más parcial todavía.

Y aquí me tenéis pronunciando esta conferencia esta noche, bajo el auspicio de The Reading Agency, una organización sin ánimo de lucro cuya misión es proporcionar a todo el mundo igualdad de oportunidades en la vida, ayudándoles a convertirse en lectores entusiastas y seguros de sí mismos. Es una organización que apoya programas de competencia lectora, bibliotecas e individuos y fomenta de forma clara y apasionada el acto de la lectura. Porque, según nos cuentan, cuando leemos, todo cambia.

Esta tarde voy a hablar sobre ese cambio y sobre el acto de la lectura. Quiero hablar de lo que hace la lectura, de para qué sirve.

Una vez, asistí a una charla en Nueva York sobre la construcción de cárceles privadas, una industria de gran proyección en América. El sector carcelario tiene que hacer previsiones para su futuro crecimiento: ¿Cuántas celdas van a necesitar? ¿Cuántos prisioneros habrá dentro de 15 años? Y vieron que lo podían predecir con mucha facilidad, aplicando un algoritmo bastante sencillito, basado en la pregunta de cuántas personas de 10 y 11 años no sabían leer. (Y mucho menos leer por placer).

No es una relación sencilla. No podemos decir que una sociedad competente en lectura no tiene criminalidad. Pero las correlaciones son muy reales. Y pienso que algunas de esas correlaciones, las más sencillas, provienen de algo muy sencillo. La gente con buen nivel de competencia lectora lee ficción. CONTINUAR LEYENDO

martes, 3 de octubre de 2023

Ideología y libros para niños. Conferencia de Ana María Machado en el 24° Congreso Mundial de IBBY en Sevilla, octubre de 1994

Ustedes me perdonarán -así lo espero- el tono poco ortodoxo de mi exposición, la cual será más bien una especie de larga charla, un coloquio sobre el tema en primera persona del singular -y no por subjetividad egocéntrica, sino por actitud humilde ante una cuestión muy delicada. Al igual que cualquier otro discurso, está lleno de opiniones personales y de ideas que no se presentan como verdades objetivas o hechos indiscutibles, sino más bien como lo que realmente son: una serie de reflexiones en tomo a algo que siempre ha sido una parte muy importante de mi vida. Puede que estas reflexiones sean equivocadas, pero son sinceras. Para mí, es la única manera de tratar este tema de forma honesta.

He de confesar que, cuando tuve el honor de ser invitada a este Congreso para hablar de la ideología de los libros para niños, mi primera reacción fue la de asustarme ante la obligación de afrontar una cuestión tan difícil y delicada. Después llegó el momento en que empecé a preguntarme cuáles eran mis razones

para tener miedo. Como escritora, he de hacer frente a este problema todos los días, y no me da ningún miedo. ¿Cuál era la diferencia? Evidentemente es muy dificil hablar del trabajo de los demás cuando uno mismo es un autor. Pero al reflexionar sobre el tema, me di cuenta de que tenía una postura claramente definida ante esta cuestión, algo en lo que creo profundamente y que, desde hace tiempo, llevo afirmando siempre que me preguntan por ello en una entrevista. Una creencia que para mí se remonta a los años sesenta, cuando estudiaba en la universidad y no imaginaba que llegaría a convertirme en una autora o que escribiría para niños. Fue una revelación repentina que voy a compartir con ustedes ahora, una revelación que se convirtió en una convicción profunda, y que surgió del estudio de la literatura francesa de posguerra y de las cuestiones que autores y críticos como Sartre, Camus y Malraux discutían en esa época. CONTINUAR LEYENDO

viernes, 24 de febrero de 2023

"EL ACCESO A LA POESÍA COMO UNA TECNOLOGÍA DE LA ATENCIÓN. LA PALABRA POÉTICA EN LAS AULAS". Por Laura Escudero Tobler

Conferencia compartida en el Encuentro Federal de Referentes de Planes de Lecturas, 24 de noviembre de 2022, Palacio Sarmiento .

“No tenía a nadie que me ayudara, pero T. S. Eliot me ayudó. 

Por eso cuando la gente dice que la poesía es un lujo, o una opción, o para las clases medias cultas, o que no se debería leer en el colegio porque es irrelevante, o cualquiera de esas extrañas tonterías que se dicen sobre la poesía y el lugar q1ue ocupa en nuestras vidas, sospecho que a la gente que las dice le ha ido bastante bien. Una vida dura necesita de un lenguale duro, y eso es la poesía. Eso es lo que ofrece la literatura: un idioma suficientemente poderoso para contar cómo son las cosas. No es un lugar donde esconderse. Es un lugar donde encontrar.” 

Por qué ser feliz cuando puedes ser normal. Jeanette Winterson


miércoles, 31 de agosto de 2022

"DIVINA CLANDESTINIDAD". Conferencia de Ema Wolf. Plan Nacional de Lectura, Argentina

Para celebrar el "Día del lector y la lectora" compartimos la conferencia que impartió la Escritora Ema Wolf en el Encuentro Nacional de Referentes de Planes Provinciales de Lecturas el día 15 de mayo de 2022 en el Ministerio de la Nación.




martes, 28 de septiembre de 2021

"Un Quijote vino a verme". Conferencia de Gonzalo Moure leída el 23 de julio de 2021 en el marco de la Feria Nacional del Libro de León, en Guanajuato, México.

Comienzo a escribir estas palabras con la misma idea con la que he escrito la mayoría de mis pequeños libros; es decir, con el compromiso conmigo mismo de no pronunciarla si al escribirla no descubro algo nuevo o, al menos, puedo intentar descubrirlo con todos ustedes. En otras palabras, no escribir por lo que ya sé, sino escribir para saber lo que aún no sé, o intuir algo que aún no sé; para que al menos intuyamos juntos, el oyente y yo, algo nuevo. Y si no lo consigo, si acabo de escribirla sin encontrar ese algo que me despierte, que nos despierte a todos, dejarla, incluso borrarla y volver a intentarlo, porque ¿qué aportaría entonces, si ya he ido contando en muchas ocasiones lo que ya sé y lo que otros saben, sin que a nadie pareciera importarle demasiado? ¿Para qué les haría perder cuarenta y cinco minutos a todos ustedes si yo fuera el primero en tener la sensación de irlos a perder, por no hablar del tiempo usado para escribirla, que es mucho más que una hora? Decía Isak Dinesen que escribía cada día sin esperanza, pero sin desesperanza. Yo matizaría su confesión; la matizo, y digo que escribo ahora desesperanzado y con esperanza. Desesperanzado porque lo que yo encuentre en este tiempo tampoco será importante. Poco o nada. Tomo una cita de T.S. Eliot usada por Carlo Frabetti en su libro El tigre de Tarzán: “No dejaremos de explorar y al final de nuestra búsqueda llegaremos al punto de partida y conoceremos el lugar por primera vez”. Pero esperanzado porque tal vez avance un centímetro, qué se yo, en un átomo de pensamiento nuevo. Como el preso que trata de limar los barrotes con un cepillo de dientes afilado sabiendo lo inútil de su empresa, pero con la esperanza de alcanzar algún día el horizonte, de salir de la celda. Un milímetro arrancado al hierro del barrote tras el que espera la libertad no es la libertad, hay que admitirlo, pero conduce hacia ella, por más despacio que sea. 

Eso, la libertad, me recuerda que contaba no hace mucho a un grupo de escolares españoles algo que se me ocurrió mientras hablaba con ellos de la importancia de la lectura para poder conocer al otro, para poder saber lo que hay en cada camino, tras cada puerta y cada ventana, porque no otra cosa son los libros: caminos, puertas y ventanas para “ser el otro”, aunque sea durante la lectura, y para, por fin, poder elegir el futuro y conquistar el presente: para ser libre. Era la historia de un potro que pasaba sus tristes días encerrado en una cuadra con otros caballos. Salía una hora o dos al día para obedecer a un tipo de dos pies que se montaba en él y le obligaba a hacer lo que él quería hacer. Que lo castigaba y golpeaba con una fusta y unas espuelas si no lo hacía, y si lo hacía también. Pero un día una puerta se quedó abierta y el potro salió de la cuadra al amanecer. Encontró un punto débil, o más bajo, en la valla que rodeaba las cuadras y la saltó sin dificultad. Probaba por primera vez en su vida algo parecido a la libertad, una sensación que dormía en el fondo de su memoria genética desde los tiempos en los que los caballos vivían en la Tierra sin más límite que la amenaza de los depredadores, antes de que apareciera el bípedo que lo domó y le privó de la libertad. El potro trotó por los campos cercanos hasta que encontró otro cercado en el que pastaba o dormitaba una yegua joven, una potrilla baya de aroma arrebatador. Se acercó a la valla y la llamó. Se olieron uno al otro, relincharon, hasta que el potro le enseñó a saltar la valla. La yegüita lo intentó varias veces, y al fin lo consiguió. Y entonces los dos, felices, sintiendo un millón de nuevas emociones, trotaron por los prados hasta llegar a una playa. En ella vivieron algo parecido a la aventura y al amor. Galoparon por la orilla, levantaron nubes de espuma con sus cascos, se rascaron mutuamente la cruz y el cuello con sus dientes, unieron sus ollares para exhalar y aspirar sus olores más profundos e íntimos. Fueron felices aquellas horas, hasta que llegaron los humanos buscándolos. Espantados, los caballos trataron de huir, pero fue inútil. Al final los acorralaron, los lazaron, los separaron, les gritaron, golpearon y castigaron, y los llevaron a cada uno de vuelta hasta su cercado, donde fueron atados, y de nuevo esclavizados.CONTINUAR LEYENDO

Fuente: Fundación Cuatrogatos


domingo, 19 de septiembre de 2021

PAULO FREIRE en Conferencia impartida en el Congreso de Pedagogía Crítica de Barcelona en 1994

En 1994 se celebró en Barcelona un Congreso de Pedagogía Crítica. Entre las personas que intervinieron estuvo Paulo Freire. Tuve la suerte de poder participar en dicho Congreso y escuchar en directo la conferencia de Paulo. Fue realmente emocionante. Han pasado algunos años y, a pesar del tiempo transcurrido, su mensaje sigue siendo tan actual, si no más, como siempre. Aquí os dejo esa intervención en la confianza de que disfrutaréis escuchándola y de que os ayudará en la reflexión para la acción.

martes, 8 de junio de 2021

LAS NANAS INFANTILES. Conferencia de Federico García Lorca

Señoras y señores:

En esta conferencia no pretendo, como en anteriores, definir, sino subrayar; no quiero dibujar, sino sugerir. Animar, en su exacto sentido. Herir pájaros soñolientos. Donde haya un rincón oscuro, poner un reflejo de nube alargada y regalar unos cuantos espejos de bolsillo a las señoras que asisten.

He querido bajar a la ribera de los juncos. Por debajo de las tejas amarillas. A la salida de las aldeas, donde el tigre se come a los niños. Estoy en este momento lejos del poeta que mira el reloj, lejos del poeta que lucha con la estatua, que lucha con el sueño, que lucha con la anatomía; he huido de todos mis amigos y me voy con aquel muchacho que se come la fruta verde y mira cómo las hormigas devoran al pájaro aplastado por el automóvil.

Por las calles más puras del pueblo me encontraréis; por el aire viajero y la luz tendida de las melodías que Rodrigo Caro llamó "reverendas madres de todos los cantares". Por todos los sitios donde se abre la tierna orejita rosa del niño o la blanca orejita de la niña que espera, llena de miedo, el alfiler que abra el agujero para la arracada.

En todos los paseos que yo he dado por España, un poco cansado de catedrales, de piedras muertas, de paisajes con alma, me puse a buscar los elementos vivos, perdurables, donde no se hiela el minuto, que viven un tembloroso presente. Entre los infinitos que existen, yo he seguido dos: las canciones y los dulces. Mientras una catedral permanece clavada en su época, dando una expresión continua del ayer al paisaje siempre movedizo, una canción salta de pronto de ese ayer a nuestro instante, viva y llena de latidos como una rana, incorporada al panorama como arbusto reciente, trayendo la luz viva de las horas viejas, gracias al soplo de la melodía.

Todos los viajeros están despistados. Para conocer la Alhambra de Granada. por ejemplo, antes de recorrer sus patios y sus salas, es mucho más útil, más pedagógico comer el delicioso alfajor de Zafra o las tortas alajú de las monjas, que dan, con la fragancia y el sabor, la temperatura auténtica del palacio cuando estaba vivo, así como la luz antigua y los puntos cardinales del temperamento de su corte.

En la melodía, como en el dulce, se refugia la emoción de la historia, su luz permanente sin fechas ni hechos. El amor y la brisa de nuestro país vienen en las tonadas o en la rica pasta del turrón, trayendo vida viva de las épocas muertas, al contrario de las piedras, las campanas, las gentes con carácter y aun el lenguaje.

La melodía, mucho más que el texto, define los caracteres geográficos y la línea histórica de una región y señala de manera aguda momentos definidos de un perfil que el tiempo ha borrado. Un romance, desde luego, no es perfecto hasta que no lleva su propia melodía, que le da la sangre y palpitación y el aire severo o erótico donde se mueven los personajes.

La melodía latente, estructurada con sus centros nerviosos y sus ramitos de sangre, pone vivo calor histórico sobre los textos que a veces pueden estar vacíos y otras veces no tienen más valor que el de simples evocaciones.

Antes de pasar adelante debo decir que no pretendo dar en la clave de las cuestiones que trato. Estoy en un plano poético donde el sí y el no de las cosas son igualmente verdaderos. Si me preguntan ustedes: "¿Una noche de luna de hace cien años es idéntica a una noche de luna de hace diez días?", yo podría demostrar (y como yo otro poeta cualquiera, dueño de su mecanismo) que era idéntica y que era distinta de la misma manera y con el mismo acento de verdad indiscutible. Procuro evitar el dato erudito que, cuando no tiene gran belleza, cansa a los auditorios, y en cambio, persigo subrayar el dato de emoción, porque a vosotros os interesa más saber si de una melodía brota una brisa tamizada que incita al sueño o si una canción puede poner un paisaje simple delante de los ojos recién cuajados del niño, que saber si esa melodía es del siglo XVII o si está escrita en 3 por 4, cosa que el poeta debe saber, pero no repetir, y que realmente está al alcance de todos los que se dedican a estas cuestiones.

Hace unos años, paseando por las inmediaciones de Granada, oí cantar a una mujer del pueblo mientras dormía a su niño. Siempre había notado la aguda tristeza de las canciones de cuna de nuestro país; pero nunca como entonces sentí esta verdad tan concreta. Al acercarme a la cantora para anotar la canción observé que era una andaluza guapa, alegre sin el menor tic de melancolía; pero una tradición viva obraba en ella y ejecutaba el mandado fielmente, como si escuchara las viejas voces imperiosas que patinaban por su sangre. Desde entonces he procurado recoger canciones de cuna de todos los sitios de España; quise saber de qué modo dormía a sus hijos las mujeres de mi país, y al cabo de un tiempo recibí la impresión de que España usa sus melodías para teñir el primer sueño de sus niños. No se trata de un modelo o de una canción aislada en una región, no; todas las regiones acentúan sus caracteres poéticos y su fondo de tristeza en esta clase de cantos, desde Asturias y Galicia hasta Andalucía y Murcia, pasando por el azafrán y el modo yacente de Castilla. CONTINUAR LEYENDO

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Nadar en aguas inquietas: una aproximación a la poesía infantil de hoy. Cecilia Bajour

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Conferencia presentada por la autora en la Biblioteca Luis Ángel Arango, dentro del marco del Congreso Iberoamericano de Literatura Infantil y Juvenil (CILELIJ), en Bogotá, el 8 de marzo de 2013.

Comienzo por aclarar qué es lo que no pretendo con estas palabras. No buscaré plantear un panorama de la poesía actual destinada a la infancia en América Latina y España, tarea de por sí ambiciosa y necesaria en algunas ocasiones.

... La poca presencia de teorías sobre lo poético en relación con la infancia quizás tenga que ver con una visión empañada por algunos temores vinculados a representaciones bastante extendidas y nada nuevas en el público en general y en muchos mediadores en particular sobre la propia poesía (no sólo infantil). El miedo a la aparente dificultad que implica una zona del arte más inasible y salvaje que otras. La resistencia a la supuesta operación reduccionista de la poesía como consecuencia de mirarla de cerca con ojos de teoría: el fantasma del poema en la mesa de disección. La creencia de que pensar sobre poesía congela toda emoción. Los reparos de caer y perderse en presuntos abismos de abstracción.

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Fuente: imagiaria.com.ar

lunes, 11 de noviembre de 2019

La lectura, íntima y compartida, una conferencia de Michele Petit


... A juzgar por lo que me ha contado la gente que ha podido tener acceso a la lectura en un momento de su vida, un libro, una biblioteca, ayudan sobre todo a crear un espacio, y más aún, allí donde ningún margen de maniobra, ningún territorio personal parece ser permitido. Si hay mediadores que saben bregar para que los libros produzcan menos miedo, si saben lanzar un puente que vincule una biblioteca con un barrio, con un pueblo, los niños, los adolescentes, los adultos querrán agarrarse a alguna cosa. A palabras que uno les diga, a trozos de saber, a una historia que se les lea, o que van a descubrir por ellos mismos, si no les cuesta demasiado trabajo descifrarla. Y esto abrirá un espacio donde las relaciones serán menos salvajes como mitigadas, mediatizadas por la presencia de estos objetos culturales. En contextos violentos, una parte de ellos ya no será rehén, una parte de ellos escapará a la ley del lugar, a los conflictos cotidianos. Como para Rosalie: «La biblioteca, los libros, eran la mayor felicidad, el descubrimiento de que había otro lugar, un mundo, allá lejos, en el que podría vivir. En ocasiones hubo dinero en la casa, pero el mundo no existía. Lo más lejos que llegábamos era a la casa de mi abuelita, en vacaciones, en los límites del municipio. Sin la biblioteca me habría vuelto loca, con mi padre gritando, haciendo sufrir a mi madre. La biblioteca me permitía respirar; me salvó la vida».

Es como un espacio para tomar un nuevo aire, para reconstruirse, para rehacerse. Allí se perfila otra representación de sí mismo. Pero no es únicamente un escape o un lote de consolación para aquellas y aquellos que se sienten encerrados. Para cada uno de nosotros, este espacio creado por la lectura se aproxima a lo que los psicoanalistas llaman, según Winnicott, el área transicional, esa zona tranquila, sin conflictos, que se inaugura entre el niño y su madre, si el niño se siente en confianza; ese área de juego en la que el pequeño ser humano inicia su emancipación, comienza a construirse como sujeto, apropiándose de algo que su madre le propone –un objeto, una cancioncita, una historia. El objeto, el relato, la cancioncita, simbolizan la unión de los seres que en adelante estarán diferenciados, restablecen una especie de continuidad, permiten sobrellevar la angustia de separación. Fortalecido con la historia o la cancioncita incorporada, el niño puede alejarse un poco, comenzar a trazar su propio camino, a percibirse como separado, diferente, capaz de crear un pensamiento independiente. Puede elaborar su capacidad de estar solo en presencia del adulto, construir el espacio del secreto: algo se les va de las manos a los adultos, con estos primeros trazos de una interioridad, de una subjetividad; de una capacidad para simbolizar y entrar en relación con los otros, más allá de la unión primera, más allá de los brazos maternos.

Ahora bien, las experiencias culturales no son sino una extensión de estas primeras experiencias de juegos, de vida creadora, de emancipación. Y durante toda la vida, pueden ser vías privilegiadas para hacernos recuperar, tanto ese espacio apacible como la experiencia del niño que, a partir de ese espacio tranquilo, protector, estético, entre su madre y él, se rehace y se vuelve autónomo.


domingo, 9 de junio de 2019

La invención del niño. Digresiones en torno a la historia de la literatura infantil y la historia de la infancia. Una conferencia de de Daniel Goldin*


Leer y escribir antes y después de Babel 

En el principio fue el verbo, por lo menos ésa es la idea que, transmitida durante siglos por la tradición judeocristiana, le dio a la palabra y a todo acto de lenguaje un valor seminal y trascendente que rebasa ciertamente el plano de la mera expresión.

Tal como relata el Génesis, Dios crea el mundo mediante sucesivos actos de lenguaje. “ Y dijo Dios: sea la luz, y fue la luz”, es el primero. Prosigue de manera similar con el agua, la tierra, los vegetales y animales que la pueblan. Tras cada creación, Dios contempla sus obras, ve que son buenas y entonces les da nombre. 

Sólo con el ser humano, su creación final, establece un ritmo diferente. Creado a imagen y semejanza del ser divino, el hombre participa en la creación del mundo, nombrando. 
“Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar, y todo lo que Adán llamó animales vivientes, ése es su nombre” (Génesis 4:21). 
Adán asigna un nombre a todos los seres vivos. Estos nombres, a su vez, son una delineación exacta y total de su propia esencia. No cabe ocultación alguna, y mucho menos falsedad. En el lenguaje adánico no hay sombras ni ambivalencias. 
“Ese esperanto adánico –dice George Steiner– era tautológico con respecto a la verdad y al mundo. Es decir, los objetos, las condiciones de percepción y predicación que se encontraban en la realidad, correspondían exactamente, punto por punto, como en una ecuación, a los términos usados para nombrarlos y describirlos”, concluye Steiner (1998: 108). 
Tal vez por esa primordial univocidad del lenguaje, mientras hablaban una sola lengua, los hombres pudieron plantearse construir una torre y rivalizar con el poder divino al acceder a sus alturas, como se puede colegir en el enigmático y breve relato del Génesis. CONTINUAR LEYENDO

viernes, 27 de abril de 2018

ELOGIO DEL ENCUENTRO. Conferencia de Michéle PETIT en el Congreso Mundial de IBBY (International Board on Books for Young People) Cartagena de Indias, 18-22 de septiembre de 2000



Antes que nada, quisiera agradecer cumplidamente a las personas que organizaron este congreso, quienes me brindaron la oportunidad de estar hoy entre ustedes, y, de manera muy especial, a Sylvia Castrillón. Me brindaron también la oportunidad de volver a Colombia, donde pasé gran parte de mi adolescencia, hace algunos siglos. Por eso me emocionó particularmente Katherine Paterson cuando habló anteayer de su retorno a China. No sé si habría podido evocarlo en la misma China, pero por parte mía, creo que tendré que esperar un congreso en China para poder hablar de mi retorno a Colombia. 

Hasta aquí mis emociones. Cuando Sylvia me escribió que el presente congreso tendría como tema el encuentro entre dos mundos, le propuse que tratáramos de hacer ... un elogio del encuentro, simple y sencillamente. Pero no de una manera general, llena de buenas intenciones, sino a partir de experiencias, de ejemplos que tomaré de las conversaciones con jóvenes que he recabado como parte de mis investigaciones[1], así como de algunos escritores que han evocado sus lecturas de infancia. 
"Después de todo había algo más... " 1 

Y para entrar en materia les propongo que escuchemos a una joven mujer, Zohrá, a quien conocimos durante una investigación realizada en los barrios pobres situados en la periferia de las ciudades francesas, donde mis colegas y yo llevamos a cabo un centenar de entrevistas con adolescentes y adultos jóvenes que habían frecuentado una biblioteca municipal[2].

Cuando empezamos a hablar con Zohra, la primera frase que nos dijo fue ésta: "La biblioteca fue un encuentro extraordinario porque yo modifiqué el curso de mi vida ". Y nos contó su historia, una historia donde, a priori, su camino ya estaba trazado de antemano: sus padres provenían de Argelia y habían crecido en el seno de una cultura rural y oral totalmente alejada de los libros; no les interesaba que sus hijas estudiaran y después ejercieran su profesión ya que para ellos la “tradición” musulmana parecía dictar que las muchachas no deben salir del espacio doméstico, y también porque pensaban regresar a su país cuando hubieran podido ahorrar algo. A las presiones de los padres se añadía la programación social, que sólo le ofrecía a Zohra una trayectoria escolar recortada.

En esta historia, sin embargo, se producirán encuentros que cambiarán el curso de su destino. El primero, con una maestra, cuando Zohra era muy pequeña. Escuchémosla: "Adoraba a la maestra, le escribía tarjetas postales que nunca le enviaba. Quería mucho a los maestros porque transmitían cosas, estaban allí, eran personas sensatas, que razonaban, que comprendían, mientras que mis padres no comprendían. Eran adultos diferentes a los que me rodeaban. Me dieron una fuerza. Después de todo había algo más, había otras personas aparte de los padres, de la vida tradicional en familia. Me ayudaban a abrirme hacia el exterior, al igual que las bibliotecarias. Eran otros adultos que no me consideraban una bebé o una niñita que está para hacer el quehacer. Vivíamos en un capullo familiar muy fuerte. Mis padres nunca recibían visitas, amigos franceses o argelinos [...] Es muy difícil cuando ésa es la única referencia que se tiene de joven. Es como si estuvieras completamente aislada. El libro era la única forma de salirme de eso, de abrirme un poco.”

“Después de todo había algo más...” Tal vez lo esencial está allí y se repite una y otra vez a lo largo de varias entrevistas: el descubrimiento de una alternativa, de un margen de maniobra, de una abertura, como dice Zohra, y también, a veces, de otra mirada sobre el niño o la niña que le da una “fuerza”. Ese “algo más”, lo forman los maestros, las bibliotecarias, la biblioteca como lugar, los usuarios con los que se topa, los libros mismos, y en su relato se mezclan unos con otros. 


* Antropóloga, Laboratorio LADYSS (Dynamiques sociales et recomposition des espaces), CNRS/Université Paris 1, 191, rue Saint-Jacques, 75005, París, Francia.
[1] Estas investigaciones se abordan con detalle en Michéle Petit (1999), Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura, México, Fondo de Cultura Económica, col. "Espacios para la lectura" (traducido del francés por Rafael Segovia y Diana Luz Sánchez).
[2] Véase De la bibliothéque au droit de cité (Michéle Petit, Chantal Balley y Raymond Ladefroux, con la colaboración de lsabelle Rossignol, París, BPI / Centre Georges Pompidou, colección Etudes et recherches, 1997).

lunes, 24 de abril de 2017

Oír entre líneas: el valor de la escucha en las prácticas de lectura. Conferencia de Cecilia Bajour.


Esta es una espléndida conferencia pronunciada por Cecilia Bajour en la 5ª Jornada de Reflexión sobre la Lectura y la Escritura organizada por la Secretaría de Educación del Distrito y Asolectura (Bogotá, Colombia, 6 de octubre de 2008).

¿Leer se parece a escuchar? Si fuera así: ¿dónde se cruza la lectura con la palabra pronunciada, encarnada en una voz, la propia, la de otros? Y también: ¿dónde se toca la lectura con la palabra callada, no proferida pero dicha con los ojos, con los gestos, con el cuerpo, con otros múltiples signos que creamos para tender puentes del texto al lector, del lector al texto, de lector a lector?
En “Escribir la lectura” el semiólogo francés Roland Barthes se preguntaba: “¿Nunca os ha sucedido, leyendo un libro, que os habéis ido parando continuamente a lo largo de la lectura, y no por desinterés, sino al contrario, a causa de una gran afluencia de ideas, de excitaciones, de asociaciones? En una palabra, ¿no os ha pasado eso de leer levantando la cabeza?”
Esa lectura en la que uno “levanta la cabeza” es descrita por Barthes como “irrespetuosa, porque interrumpe el texto, y a la vez prendada de él, al que retorna para nutrirse”. Allí aparece la idea del lector como autor irreverente del texto que lee: texto que dispersa y al mismo tiempo canaliza las asociaciones e ideas en reglas, en patrones que vienen de lejos en la historia del mundo de las narraciones (podríamos agregar el mundo de lo poético aunque Barthes no lo diga) y en nuestra propia historia de lectores, escritores, pensantes, oyentes y hablantes. Ninguna lectura es del todo subjetiva o autosuficiente: por lo general se apoya en reglas no creadas por el autor sino puestas en juego por él. Pero no para quedarse en ellas. Escribir, como leer, supone riesgos y no la sumisión a cánones establecidos. Como dice Carlos Fuentes, se escribe “a contrapelo”, “no para seguir las reglas sino para violarlas”.
Me interesa este acto casi inconsciente, cercano a la ensoñación, que Barthes describe como “levantar la cabeza” durante la lectura, para ponerlo en contacto con la sutil idea del ensayista George Steiner de “oír entre líneas” refiriéndose en este caso no a la lectura sino a la relación entre hablantes. Idea que tomé prestada para dar título a estas palabras relacionadas con la escucha.
Dice Steiner que el lenguaje contiene mundos, es políglota y que cuando hablamos, “oímos entre líneas”. El matiz puesto en el “entre líneas” convierte al oír en “prestar oído” y lo aproxima al escuchar. Ese oír transformado supone intencionalidad, conciencia, actividad y no es sólo un registro pasivo y a veces distraído de los sonidos del otro.




lunes, 20 de marzo de 2017

"Filosofía y Dominación". Una interesante conferencia del filósofo del indigenismo Luis Villoro.

[...] En nuestra época la actividad filosófica se ha vuelto motivo de perplejidad. Sus doctrinas parecen estar destinadas a dar paso a un saber racionalmente más seguro, la ciencia, o bien a disfrazar opiniones socialmente manejables, las ideologías. ¿Entre ciencia e ideología queda algún lugar para la filosofía? ¿Tiene algún objeto aún, entre la fascinación por la mentalidad científica y las intoxicaciones ideológicas, aquél pretendido saber que nunca estuvo demasiado seguro de sí mismo? ¿Para qué la filosofía? preguntamos con frecuencia. En breves reflexiones, más tentativa que logro, buscarán una respuesta por un camino sesgado: la filosofía vista desde la estructura social de dominio.

[...] Por su preguntar mismo y por su operación crítica, no por su intención expresa, la actividad filosófica es un pensamiento disruptivo, es decir, cumple una función de ruptura de las creencias."

[...] Doctrina es un conjunto enlazado de opiniones que pueden enseñarse. Trasmitir la filosofía como actividad reflexiva consistía en despertar en cada quien su propia razón para que ésta viera por sí misma. Aceptar un enunciado filosófico significaba seguir y reproducir con la propia razón la pregunta, el análisis y la argumentación que condujo a ese enunciado. Comunicar una doctrina filosófica, en cambio, consiste en proponer un conjunto de creencias conectadas entre sí, para que el otro se adhiera a ellas. No se transmite la actividad racional sino su producto. Codificado en su propia germanía, sellado como un sistema consistente de opiniones, el producto de la razón, separado de su práctica productora, puede manejarse como una “concepción del mundo”, creencia común de una escuela, de una “corriente filosófica”, cuando no de un grupo, de una secta. El aprendiz de filósofo ya no es llamado a repetir en sí mismo el asombro y la inquisición de su propia razón, ahora es invitado a seguir un “ismo”, a dejarse guiar por las tesis de una escuela. El pensamiento liberador de toda creencia compartida ha dado lugar a un nuevo sistema compartido de creencias.

[...] Su codificación en una doctrina es la amenaza que pesa sobre todo pensamiento liberador, tanto el que busca la emancipación personal, en una práctica moral, como el que intenta una liberación colectiva, en la práctica política. En todos los casos, el pensamiento disruptivo puede coagularse en un sistema codificado de sentencias, tesis, preceptos, recetas. Detenido, separado de la práctica individual o social, según el caso, ya no se transforma al tenor de la vida que lo produjo. Comunicar la filosofía convertida en doctrina, ya no consiste en invitar a un cambio de actitud para que el otro elija libremente una práctica nueva de vida, sino en transmitir un conjunto de creencias, para que el otro sujete su vida a ellas.

[...] Un mismo discurso al ser transmitido puede suscitar en el otro la liberación de sus prejuicios y el despertar de la propia razón, o bien, por el contrario, imponérsele como una opinión indiscutida que lo ocupa e integra en una estructura de dominio; en este segundo caso, el “maestro interior” de cada quien cede su lugar a toda clase de maestros “externos.

[...] ¿Y no es ahora más necesario que nunca ese pensamiento de ruptura en esa época de pensamiento homogeneizado reducido a lugares comunes, enlatado, consumido en grandes cantidades en esa sociedad de pensamiento manipulado servicial fascinado por la fuerza y el poder en esta época en esta sociedad en suma en que la razón parece haber sido domesticada por el afán de ganancia y de dominio? Si la ideología nace de la necesidad de seguridad e integración sociales, la filosofía satisface una necesidad de autenticidad y libertad. ¿No está ahora más viva que nunca esa necesidad? ¿No requerimos con urgencia aprender a asombrarnos de nuevo ante las opiniones que por “obvias”, se nos quieren inculcar, aprender a poner en cuestión de nuevo todos los mitos con que nos han adormecido, recuperar la presión y veracidad de los conceptos bajo los disfraces gastados de los discursos en uso?

[...] la filosofía no puede reducirse a su práctica profesional. Ningún profesor guarda el monopolio de la actividad filosófica ni hay academia alguna que garantice su ejercicio. La filosofía es la actividad disruptiva de la razón y ésta se encuentra en el límite de todo pensamiento científico. Porque toda ciencia genuina, al ser radical, es crítica constante del pensamiento usado y usual propio de la ideología. La filosofía no es una profesión, es una forma de pensamiento, el pensamiento que trabajosamente, una y otra vez, intenta concebir, sin lograrlo nunca plenamente, lo otro lo distinto, lo alejado de toda sociedad en que la razón esté sujeta. Lo otro nunca alcanzado, buscado siempre en la perplejidad y en la duda, es veracidad frente a prejuicio, ilusión o engaño; autenticidad frente a enajenación libertad frente a opresión."

Fuente: Revista "Nexos"

viernes, 8 de abril de 2016

El sentimiento de lo fantástico. Julio Cortázar. Conferencia dictada en la Universidad Católica Andrés Bello. UCAB. Caracas - Venezuela.

Yo he sido siempre y primordialmente considerado como un prosista. La poesía es un poco mi juego secreto, la guardo casi enteramente para mí y me conmueve que esta noche dos personas diferentes hayan aludido a lo que yo he podido hacer en el campo de la poesía. (...) he pensado que me gustaría hablarles concretamente de literatura, de una forma de literatura: el cuento fantástico.

Yo he escrito una cantidad probablemente excesiva de cuentos, de los cuales la inmensa mayoría son cuentos de tipo fantástico. El problema, como siempre, está en saber qué es lo fantástico. Es inútil ir al diccionario, yo no me molestaría en hacerlo, habrá una definición, que será aparentemente impecable, pero una vez que la hayamos leído los elementos imponderables de lo fantástico, tanto en la literatura como en la realidad, se escaparán de esa definición.

Ya no sé quién dijo, una vez, hablando de la posible definición de la poesía, que la poesía es eso que se queda afuera, cuando hemos terminado de definir la poesía. Creo que esa misma definición podría aplicarse a lo fantástico, de modo que, en vez de buscar una definición preceptiva de lo que es lo fantástico, en la literatura o fuera de ella, yo pienso que es mejor que cada uno de ustedes, como lo hago yo mismo, consulte su propio mundo interior, sus propias vivencias, y se plantee personalmente el problema de esas situaciones, de esas irrupciones, de esas llamadas coincidencias en que de golpe nuestra inteligencia y nuestra sensibilidad tienen la impresión de que las leyes, a que obedecemos habitualmente, no se cumplen del todo o se están cumpliendo de una manera parcial, o están dando su lugar a una excepción.

Ese sentimiento de lo fantástico, como me gusta llamarle, porque creo que es sobre todo un sentimiento e incluso un poco visceral, ese sentimiento me acompaña a mí desde el comienzo de mi vida, desde muy pequeño, antes, mucho antes de comenzar a escribir, me negué a aceptar la realidad tal como pretendían imponérmela y explicármela mis padres y mis maestros. Yo vi siempre el mundo de una manera distinta, sentí siempre, que entre dos cosas que parecen perfectamente delimitadas y separadas, hay intersticios por los cuales, para mí al menos, pasaba, se colaba, un elemento, que no podía explicarse con leyes, que no podía explicarse con lógica, que no podía explicarse con la inteligencia razonante. CONTINUAR LEYENDO