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miércoles, 18 de febrero de 2026

"La literatura infantil no necesita espacios seguros, sino espacios ‘valientes’".

Imaginemos que un libro infantil es una casa. Dentro, hay espejos donde niños y niñas se reconocen, ventanas que muestran otras vidas y puertas que invitan a mundos distintos. Pero no todas las habitaciones son cómodas. Hay espejos que devuelven imágenes distorsionadas, ventanas que muestran situaciones injustas y puertas que conducen a realidades difíciles.

¿Qué hacemos cuando la lectura incomoda? ¿Apartamos a la infancia de esas historias, o la acompañamos a leerlas con mirada crítica?

Estas son algunas de las preguntas que plantea Zoom Out, un proyecto Erasmus+ que aborda desigualdades en las escuelas mediante la literatura infantil. 


En el trabajo con las escuelas hemos observado que, al igual que en algunos libros, en las aulas existen desigualdades. Retirar esos libros no hace que desaparezcan. En cambio, conversar alrededor de ellos y crear espacios donde el alumnado pueda pensar, nombrar y cuestionar puede servir para hacer visibles desigualdades presentes y pensarlas colectivamente.

Lo que no se puede decir en clase

Muchos niños y niñas no tienen el lenguaje ni el espacio para hablar de las desigualdades que les atraviesan. Esto se hizo evidente durante uno de los talleres.

Al pedir al alumnado que se dibujara durante una adaptación de la actividad El mapa de quién soy, un niño empezó a decir “Soy negro…” y se tapó la boca. Miró a la tallerista y corrigió: “Perdón, no se puede decir negro; cogeré el color marrón”.

En la escuela había aprendido que “negro” era un insulto. Su incomodidad surgía de la dificultad para nombrar parte de su experiencia sin miedo a usar una palabra incorrecta y racista. Lo que estaba en juego no era el dibujo, sino los límites del lenguaje socialmente aceptado en la escuela para nombrarse.

¿Cerrar el libro o abrir el debate?

Situaciones como esta plantean una cuestión recurrente en las aulas: ¿qué hacemos con libros que muestran racismo, como Tintín en el Congo, sexismo, como La Cenicienta, o colonialismo, como Robinson Crusoe? En muchos casos, estos textos se dejan de lado por considerarse problemáticos, desactualizados o difíciles de trabajar en clase.

En ese marco aparece con frecuencia la idea de “protección”, entendida como la necesidad de evitar determinados contenidos o conversaciones. Pero, como se pregunta la escritora Laure Murat, ¿qué sabemos realmente sobre la fragilidad de los niños?

Espacios seguros, ¿espacios limitantes?

Estas reflexiones han aparecido en las escuelas que han participado en Zoom Out. El concepto de “espacio seguro” nos ayuda a situar estas tensiones. Este nació en movimientos sociales que buscaban lugares libres de hostilidad para poder hablar, “autodefinirse” y trabajar por la justicia social. En educación se utiliza para describir entornos donde el alumnado se siente aceptado y emocionalmente protegido.

Estos espacios son imprescindibles, pero pueden resultar limitantes si la seguridad se entiende como ausencia de conflicto. En la práctica educativa, todo aprendizaje requiere riesgo: hacer preguntas difíciles, descubrir algo incómodo o confrontar sesgos propios. Cuando evitar ese riesgo se convierte en norma, puede generarse un falso sentido de seguridad que impida abordar temas complejos o cuestionar sistemas de poder.

De espacios seguros a espacios “valientes”

Frente a estos límites, desde la pedagogía, Brian Arao y Kristi Clemens proponen el concepto de “espacios valientes”. Es decir, entornos donde el conflicto es generativo, el error no se penaliza y la incomodidad es una condición necesaria para aprender.

Desde las reflexiones en el marco de Zoom Out, entendemos un espacio valiente como aquel donde niños y niñas pueden nombrarse sin miedo, preguntar sin que se les juzgue, señalar una injusticia aunque no sepan resolverla, o cambiar de opinión.

Buscando estrategias

A partir del trabajo con escuelas, el proyecto ha permitido identificar prácticas sencillas (complementadas por una guía y un banco de recursos) que favorecen estos espacios de lectura valientes:

  • Utilizar espacios flexibles, que fomenten dinámicas no jerárquicas. Los círculos literarios son una gran fuente de inspiración.
  • Contextualizar antes de leer, explicando el momento histórico y la autoría. Saber el conocimiento previo del alumnado es esencial para entender desde qué lente interpretarán el texto.
  • Crear oportunidades para el diálogo con preguntas abiertas. Por ejemplo, “¿Qué voces faltan? ¿Qué pasaría si lo contáramos diferente?”.
  • Identificar y llenar vacíos de representación con una colección de libros que refleje la diversidad del aula en cuanto a género, origen, etnia, etc.
En los talleres de Zoom Out hemos observado pequeños gestos. Entre ellos, alumnado que cuestiona estereotipos, relaciona historias con su entorno y formula preguntas. El objetivo no es dar respuestas cerradas, sino acompañar el desarrollo de una mirada propia, atenta y crítica a la desigualdad.

La valentía de no cerrar el libro

Abrir espacios valientes no garantiza conversaciones amables. En otro taller, un niño explicó por qué no le gustaban las personas sin hogar. Comentarios racistas, sexistas o excluyentes surgen cuando se crean espacios donde el alumnado puede hablar libremente. Aun así, la experiencia de los talleres apunta a que es preferible que estos comentarios aparezcan a que queden tapados pero latentes.

La casa de la literatura infantil debería ser un lugar donde sus lectores se reconozcan, pero también donde puedan ver las grietas de sus paredes. Desde Zoom Out argumentamos que no se trata de cerrar las puertas que llevan a habitaciones incómodas, sino de acompañarles cuando decidan abrirlas.

viernes, 29 de marzo de 2024

"Por favor, dejen en paz a los clásicos de la literatura infantil". Un artículo de ADRIÁN CORDELLAT publicado en El País el 17 ENE 2021

 Con la búsqueda del elogio, la venta fácil y de la uniformidad de pensamiento, pierde la literatura, pero también la infancia. Porque los niños y niñas de hoy se ven alejados de los relatos tradicionales


Una Caperucita sin miedo y con conciencia ecológica, Hänsel y Gretel sin abandono paterno y sin bruja (¿también sin azúcar?), Ratoncitas Pérez, Reinas Magas, una Blancanieves independiente que comparte piso con mineros y otra que “ayuda” a los enanitos en las tareas del hogar, Principesas (¿De Antoine de Saint-Exupéry?)… Los estantes de muchas librerías infantiles españolas se han llenado en los últimos años de títulos y colecciones que no escatiman esfuerzos en revisar los grandes clásicos de la literatura infantil para hacerlos más acordes a los ideales de nuestro tiempo. Clásicos pasados por el filtro buenista, blanqueados, despojados de toda la riqueza y de todos los matices de los originales para servir a la moral predominante.

Es difícil -casi imposible- no caer en esta fiebre revisionista vestida de justa (sobre todo cuando uno cree que el feminismo es un movimiento social necesario y justo), no sucumbir a la tentación de lo políticamente correcto, no sumarse al grito de empoderamiento, no acabar recogiendo firmas para sacar los ejemplares de Caperucita Roja de las escuelas (¡Y quemarlos en la hoguera junto a Perrault!). Por el contrario, cuando lo único que importa es el mensaje, cuando lo que nos guía es la necesidad de reparación y de justicia y no la literatura, es fácil pasar por alto la escasa calidad literaria de estas adaptaciones, las fisuras de unos relatos pobres que en muchos casos se reducen a una retahíla de mensajes moralistas que dicen a los niños y niñas cómo tienen que ser y que pensar en el siglo XXI.

“Los cuentos de tradición oral siempre se han manoseado mucho. Pensemos en Caperucita Roja y sus dos versiones más canónicas, la de los hermanos Grimm y la de Perrault, que tienen grandes diferencias. Pero ahora estos relatos han perdido su carga simbólica y psicológica, como bien explicó Bruno Bettelheim en los años setenta, cuando movimientos feministas quisieron eliminar estos cuentos del repertorio”, reflexiona Ana Garralón, profesora, traductora y crítica literaria especialista en literatura infantil.

Y es que esta tendencia no es nueva, sino que retorna de forma cíclica al calor de movimientos y revoluciones. El escritor James Finn ya parodió en los años noventa del S. XX esta búsqueda incansable de lo políticamente correcto que acaba rozando el absurdo en sus Cuentos infantiles políticamente correctos (Circe). Así comienza su particular, imperdible y desternillante versión de Caperucita.

Érase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevara una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, atención, sino porque ello representaba un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad. Además, su abuela no estaba enferma; antes bien, gozaba de completa salud física y mental y era perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que era.

Así, Caperucita Roja cogió su cesta y emprendió el camino a través del bosque. Muchas personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se aventuraban en él. Caperucita Roja, por el contrario, poseía la suficiente confianza en su incipiente sexualidad como para evitar verse intimidada por una imaginería tan obviamente freudiana.

Una pérdida para la literatura y para la infancia

Para la Premio Nacional al Fomento de la Lectura 2016 por su blog Ana Tarambana, en estas adaptaciones “lo literario se pierde”. En primera instancia porque, como comentábamos con anterioridad, lo importante no es el estilo o la estética, sino el mensaje. En segunda instancia, para la experta, porque quienes escriben estos libros “no se caracterizan especialmente por ser buenos escritores”.

“Siempre me pregunto por qué no escriben historias nuevas y dejan de utilizar estos cuentos, pero entiendo que siempre es más fácil tomar algo hecho y modificarlo según tus intereses, en especial si se van a vender más que lo que pueda salir de tu pluma. En ese sentido, la ética de estos versionadores deja mucho que desear, pues solo parece importarles entrar en el circuito comercial”, afirma.

Y con esa búsqueda del elogio y la venta fácil, de lo políticamente correcto y de la uniformidad de pensamiento, pierde la literatura, pero también pierde la infancia. Porque los niños y niñas de hoy, los lectores del futuro, se ven alejados de los relatos tradicionales, de esas historias donde no cabía el buenismo y lo mejor y lo peor del ser humano convivían con la naturalidad con la que conviven en el mundo real y no en esa burbuja aséptica y falsa en la que queremos criar y educar a nuestros hijos.

“Obviamente los niños y niñas se están perdiendo el misterio de la literatura. No es de extrañar que niños que reciben estos libros luego no tengan ganas de leer. Son libros vacíos, cargados de mensajes buenistas que, sorprendentemente, provienen de sectores llamados de izquierda. Además, son libros bastante maniqueos -los buenos, los malos-: no hay matices, ni tampoco hay zonas oscuras como ocurre en las versiones originales. Para los niños es muy importante encontrar en la literatura cosas inexplicables, poder explorar ideas y sentimientos que están presentes en sus cabezas, pero que no saben expresar. La literatura, en estos casos, dialoga de una manera íntima con ellos, cosa que no hacen las adaptaciones, que han lavado y pulido esos matices”, argumenta Ana Garralón.

“Aunque no lo pretendan, los cuentos de hoy tienen una moraleja de la peor especie y eso es malo”, afirmaba en 2009 en declaraciones a EFE la escritora Ana María Matute, que añadía: “Lo políticamente correcto lo ha fastidiado todo. No le puedes leer a un niño un clásico, que son fabulosos, porque hoy hay que decirles amén a todo y que al final Caperucita se hace amiga del lobo. Y esto no es así, porque en la vida se van a encontrar con unos lobos tremendos. Al niño hay que decirle que hay cosas buenas, malas y tremendas y no darles una idea paradisiaca del mundo”.

Recordaba la escritora barcelonesa que “los mal llamados cuentos de hadas” no se escribieron para niños, sino que fueron “los niños los que los adoptaron porque les apasionaban”. Una opinión que comparte Garralón, quien cree que los niños prefieren las versiones auténticas de los clásicos. “El control y la instrumentalización de las lecturas es algo que los pequeños no pasan por alto, se dan cuenta de que algo no funciona”, afirma.

A diferencia de Matute, que no dudaba en afirmar que la literatura infantil actual “es una pena”, Ana Garralón se muestra más optimista y considera que “sigue habiendo apuestas arriesgadas, libros sorprendentes y buena literatura”. Lo terrible para la experta, no obstante, es que en pleno 2021 “se fabriquen esos potitos de lectura”, libros cargados de mensajes moralistas que, en su opinión, sustituyen lo que deberían ser buenos motivos de conversación entre adultos y niños. “Parece que los padres no se sientan a hablar con sus hijos y, en lugar de eso, les dan libros. Pero los libros no cambian nada y un cuento de ‘Las tres cerditas empoderadas’ no va a empoderar a ninguna niña. Pensar lo contrario me parece una especie de pensamiento mágico más propio de la infancia que de los adultos”, concluye.

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viernes, 27 de mayo de 2022

"ÁLBUMES SIN PALABRAS: REVISIÓN TEÓRICA DE LOS ARTÍCULOS PUBLICADOS ENTRE 1975-2020". Francisco Antonio Martínez-Carratalá Universidad de Alicante, Revista OCNOS, Vol. 21 Núm. 1 (2022)

El libro-álbum es uno de los recursos fundamentales en la educación literaria desde las primeras edades por la riqueza en las relaciones establecidas entre tres elementos esenciales en su diseño: formato, texto e ilustraciones. Dentro de las diferentes tipologías, el álbum sin palabras se apoya en la secuencia de las imágenes como elemento narrativo y recursos de diferentes lenguajes artísticos. El objetivo de este estudio era la revisión teórica de las publicaciones en las bases de datos bibliográfica Scopus y Web of Science para conocer las tipologías de las investigaciones desarrolladas mediante este tipo de álbumes. Una vez aplicados los criterios de inclusión y exclusión se analizaron 228 artículos en lengua inglesa en el periodo 1975-2020. Los resultados mostraron la tendencia creciente del número de publicaciones en el periodo, las obras más empleadas, las revistas con más publicaciones y las temáticas recurrentes en el conjunto de artículos. Las conclusiones destacan que el álbum sin palabras es un tipo de obra que ofrece más retos que el simple estímulo visual, un espacio interpretativo en el que abordar temáticas complejas y que sus propuestas artísticas tienen cabida en lectores de cualquier edad.


martes, 22 de marzo de 2022

“La literatura infantil en América Latina es un trabajo en progreso”. Enrevista a Yolanda Reyes.

Los escritores de literatura infantil en América Latina están escribiendo, tachando, borrando y volviendo a escribir. Están en su mejor momento o en un “trabajo en progreso”, dice Yolanda Reyes (Bucaramanga, 1959), una de las escritoras contemporáneas más importantes de Colombia.

Reyes, que ha dedicado su trabajo literario al público infantil y al fomento de la lectura, reconoce que aunque no existen todavía las condiciones ideales para el oficio, cada vez se abren más opciones y “la salud del género es cada vez mejor”. La autora de El terror de sexto B (1995), Cucú (2010) y Mi Mascota (2011), entre otras reconocidas obras, es una de las voces del Festival Iberoamericano de Literatura Infantil y Juvenil, organizado por la Fundación Santillana, que se celebra por primera vez en Bogotá.

ACCEDER A LA ENTREVISTA
 Fuente: cultura.elpais.com

martes, 26 de enero de 2021

Matute afirma que "en los cuentos, lo políticamente correcto ha fastidiado todo". Publlicado en Público en 2009.

Ana María Matute, a sus 83 años recién cumplidos, sigue siendo una niña tocada por las hadas en un cuerpo de mujer con cabellos blancos. Una maga, como a ella le gusta decir, que acaba de recibir un homenaje en la Universidad de Verano de El Escorial y que se entristece al hablar de literatura infantil.

"La literatura infantil hoy en día es una pena", explica a Efe la autora de "Olvidado Rey Gudú" y creadora de un mundo narrativo lleno de bosques, magas, trasgos y duendes, y con un deseo común con muchos de sus personajes: buscar su lugar en el mundo.

"Lo políticamente correcto lo ha fastidiado todo. No le puedes leer a un niño un clásico, que son fabulosos, porque hoy hay que decirles amén a todo y que al final caperucita se hace amiga del lobo. Y esto no es así, porque en la vida se van a encontrar con unos lobos tremendos. Al niño hay que decirle que hay cosas buenas, malas y tremendas y no darles una idea paradisiaca del mundo", subraya la escritora.

Para Ana María Matute, como para Rilke, la infancia es todo, "y nos marca a todos de una manera tremenda".

"Aunque no lo pretendan, los cuentos hoy tienen una moraleja de la peor especie y eso es malo, pero lo primero que tienen que hacer los niños es ver a sus padres leer", añade.

Ana María Matute (Barcelona, 1926), que tiene todos los grandes premios menos el Cervantes, para el que es eterna candidata, explica que va a iniciar una nueva novela en septiembre. "Si la salud me lo permite, no me caigo, ni me doy mamporros. La escritura es toda mi vida, y aunque parezca mentira estoy siempre llena de proyectos. Tengo como una fuente que va manando, y a veces como un río, que se me dispara", recalca.

Este año, su última novela, "Paraíso inhabitado", que creó gran expectación porque rompía el silencio de la autora tras ocho años, ha tenido un gran éxito.

Y junto a esta novela, los premios, reconocimientos y homenajes a esta escritora, que se sigue sintiendo una niña a la que le queda mucho por descubrir, han tomado fuerza. "A mi no me gustan las modas, ni escribiendo ni leyendo, pero ahora sí que parece que le gusto más a la gente", dice humildemente.

"Pero hubo una época -aclara- en que en este país, donde imperaba el mal llamado realismo social -yo diría el realismo socialista, que luego se ha visto que era igual de mentira que el franquismo-, en la que yo pasaba por una inglesa que escribía de otra manera. De todas maneras, yo creo que siempre hay que huir de los ismos y de las modas", añade.

La autora de "Aranmanoth" es muy optimista con las jóvenes. "Me encantan las jóvenes de hoy, no como las de mi generación, que eran todas una memas. Las universidades están llenas de mujeres, a mi no me dejaron estudiar una carrera -se lamenta-. Hoy las jóvenes tienen un grado de emancipación e independencia maravilloso", sostiene.

Lectora empedernida, "compulsiva", como le gusta decir a ella, Matute está al tanto de todo lo que se hace y se escribe. Y confiesa que le gustan mucho Vila Matas y Sergi Pamies, y que aprecia mucho a otros autores, pero que no le vienen ahora a la cabeza. Además, es una rendida admiradora de la novela negra.

"Me encanta la novela policiaca, me gustan mucho los nórdicos, pero todavía no he leído a Larsson, porque tengo muchos libros atrasados, pero he leído uno de Grisham, "El cliente", que me ha entusiasmado", reconoce con puro entusiasmo la escritora.

Y es que algunos de los aspectos que toca la novela negra, como la violencia y la lucha contra la injusticia, son los que la llevan a maltraer a la autora.

"Detesto la violencia en el ser humano, y ésa es la misma en todas las partes y desde todos los tiempos. He viajado por todo el mundo y he constatado que la violencia y la injusticia no cambian. Cambian las costumbres externas, pero el ser humano, el machismo y todo eso existe en todo el mundo, civilizado y no civilizado", concluye.

martes, 10 de julio de 2018

La literatura infantil o la cultura de la niñez. Un artículo de Beatriz Helena Robledo.


[...] Frente a una variedad tan amplia de libros para niños que nos ofrece hoy en día el mercado editorial ¿cómo saber qué es literatura infantil y qué no? Una primera delimitación es la que ha manejado la literatura tradicionalmente y es la de los géneros básicos: narrativa, poesía y género dramático. De una manera pragmática uno podría decir que los cuentos, novelas, libros de poemas tradicionales y de autor, obras de teatro que estén dirigidos a los niños, son literatura infantil.
[...] Una segunda delimitación es la que se ha hecho a partir del destinatario o receptor de la obra y que responde a la pregunta ¿este libro es para niños o no? ¿qué diferencia a la literatura infantil de la literatura en general?

[...] es importante garantizar a la literatura infantil su condición de literatura, lo que de inmediato la convierte en una obra artística. Como manifestación del arte apela a la imaginación, a la sensibilidad y a los sentimientos del lector y se sitúa en el universo de lo posible. Es el mundo de lo imaginable posible creado a través del lenguaje oral o escrito. Tiene por tanto una función estética que intenta transformar, a través del lenguaje simbólico, la mirada del lector sobre la realidad. La literatura está más cerca de la vida que de la academia.

[...] Actualmente se empieza a despejar el camino y surgen reflexiones que retoman el surgimiento de la literatura infantil en los espacios culturales y que la valoran como un producto cultural auténtico, lo que encausa la discusión hacia lo que se ha llamado la cultura de la niñez.
Margaret Meek por ejemplo, nos alerta no solamente sobre la existencia de esta cultura propia de los niños, sino que debería reflejarse en la literatura para niños

[...] Lo que no hay que olvidar, al pensar en el niño, es el esfuerzo que debe seguir haciendo la literatura infantil por conservar su carácter de literatura, por defender su territorio artístico, para lograr salir de una vez por todas del status de subliteratura o literatura menor que aún hoy en día algunos círculos culturales e intelectuales siguen considerando o para liberarla de todas las cargas que le ha entregado la institución educativa.



lunes, 30 de abril de 2018

Literatura infantil y género: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar? Por Ana Tarambana.

En Europa y en España nos ha encantado desde siempre mirar con recelo a los norteamericanos pacatos en cuestiones de literatura infantil. Además de los comentarios en off de muchos ilustradores a los que han obligado a vestir sus personajes o a ponerlos en actitudes inequívocamente correctas, se cuentan por decenas los artículos que hablan de ridículas censuras y en congresos y otros lugares se cita constantemente cómo Huckleberry Finn es prohibido en escuelas por argumentos que no tienen nada que ver con la literatura; se describe cómo Sendak fue censurado por publicar a un niño desnudo; se denuncia a Harry Potter por inducir a la brujería y a Roald Dahl por incitar al consumo de drogas. Que un libro de poemas de Shel Silverstein que contiene un poema titulado Cómo no lavar los platos lleve a algunos a pensar que los niños van a romper los platos de su casa significa trasgredir una fina línea: la de la lectura de la literatura como si fuera un manual de uso de vida. Prohibir estos libros sería como prohibir a Supermán porque los niños van a lanzarse por la ventana con una toalla colgada como capa. Todas estas censuras y presiones sobre los libros tienen un nombre: lo políticamente correcto. Aunque la política nos pueda parecer alejada de la literatura infantil, sus prácticas ya han venido para quedarse. Políticamente correcto quiere decir que se cuida el lenguaje al máximo para no ofender a grupos religiosos, sociales o culturales. Es decir, a casi todo el mundo.

En los últimos tiempos asistimos a una revitalización de la imagen de la mujer. Que conste que no tengo nada en contra de los cientos de libros que están apareciendo para rescatar la imagen de mujeres en la historia. Aunque todos repitan autoras y, de alguna manera, idealicen la vida de muchas de ellas dejando a un lado asuntos polémicos, es una estupenda labor que merece ser analizada con cuidado. Esta moda, además, ha caído en un sector mayoritariamente femenino (basta con asomarse a cualquier curso, congreso o convención sobre literatura infantil o pedagogía), que lo ha recibido con las manos abiertas y, en cierta manera, ha propiciado la moda. CONTINUAR LEYENDO EN EL BLOG DE ANA TARAMBANA

lunes, 16 de abril de 2018

LA ARQUITECTURA DE LA FICCIÓN Y EL LECTOR INFANTIL: CONJETURAS SOBRE EL PROCESO DE ARTICULACIÓN EN LA COMPRENSIÓN LITERARIA. Felipe Munita Jordán y Enrique Riquelme Mella.

Resumen

El presente artículo reflexiona en torno al proceso mediante el cual el niño lector establece un diálogo con los mundos Acciónales de la literatura, destacando los mecanismos psicológicos y textuales que operan en la base de la competencia literaria infantil. Los autores articulan los conceptos de "pacto enunciativo" y "mecanismo desacoplador", provenientes de la teoría literaria y de la psicología, respectivamente, para conjeturar una explicación en torno al proceso que permite al niño asumir los enunciados de ficción aun cuando estos sean denotativamente vacíos y no se correspondan con referentes de la realidad. A su vez, se propone que la lectura de literatura en la infancia podría operar como una herramienta de alfabetización emocional, mediante el reconocimiento de emociones y experiencias de la ficción, y su correspondiente proyección en la experiencia vital infantil.

ACCEDE DESDE AQUÍ AL ARTÍCULO

Felipe Munita Jordán, Enrique Riquelme Mella
Escuela de Educación Básica, Facultad de Educación, Universidad Católica de Temuco Dirección postal Casilla 15 D, Av. Alemania 0211, Temuco, Chile. fmunita@uct.cl



jueves, 21 de septiembre de 2017

Por qué importan los libros infantiles. Un artículo de Jorge Téllez publicado en Letras Libres.

De los cuentos pedagógicos a las exitosas sagas que terminan en películas o campañas de marketing, los libros infantiles también muestran los distintos modos en que los adultos conciben la infancia. Jorge Téllez examina los criterios detrás del único género que describe a su público.
En el prólogo a Las aventuras de Tom Sawyer, por ejemplo, Mark Twain expresó el deseo de que los adultos no despreciaran su libro, “ya que está compuesto con la idea de despertar recuerdos del pasado en los adultos y exponer cómo sentían, pensaban y hablaban, y en qué raras empresas se embarcaban”. La misma idea de concebir y dirigirse a los adultos no por lo que son, sino por lo que alguna vez fueron, aparece al inicio de El principito, cuando Antoine de Saint-Exupéry pide disculpas al público infantil por dedicarle el libro a Léon Werth: “Si todas esas excusas no bastasen, bien puedo dedicarle este libro al niño que una vez fue esta persona mayor. Todos los mayores han sido primero niños. (Pero pocos lo recuerdan.) Corrijo, pues, mi dedicatoria: A Léon Werth, cuando era niño.”

Detrás de estas explicaciones hay una concepción simétrica y fija de ambas etapas de la vida: si un adulto es un niño que ha crecido, el niño es una persona mayor en potencia, un adulto pequeño. Sin embargo, el conjunto de la literatura que entra en el cajón de lo infantil parte del desequilibrio que existe siempre que hablamos según categorías o conceptos aparentemente definidos por el sentido común. No hay nada más asimétrico que los discursos impuestos, en este caso, el de la infancia, normado y regulado por adultos. Hablar de manera integral sobre los niños implica reunir perspectivas sociológicas, psicológicas, pedagógicas, lingüísticas, antropológicas, legales y mercantiles que resaltan la idea de lo infantil como una producción dinámica y no como un concepto fijo y preexistente. CONTINUAR LEYENDO

miércoles, 21 de junio de 2017

Una aproximación a la Literatura Infantil desde las Neurociencias. Un magnífico artículo de Juan Mata (Universidad de Granada).

Introducción

[...] Uno de los campos científicos más relevantes de las últimas décadas es el relacionado con los estudios del cerebro y la mente. Las investigaciones de las neurociencias sobre el funcionamiento del cerebro están permitiendo conocer más a fondo al ser humano, lo que hace y por qué lo hace. Puede constituir un cambio profundo en la sociedad, pues esos conocimientos influirán de manera clara en la ecuación, la cultura, las relaciones personales, las leyes... Y en ese sentido está siendo muy interesante conocer poco a poco qué ocurre, por ejemplo, cuando leemos, qué áreas del cerebro se activan cuando escuchamos determinadas palabras, qué consecuencias tiene la lectura de textos de ficción. Es muy importante conocer qué nos dicen los descubrimientos de las neurociencias acerca de la lectura literaria, pues de ese modo evitaríamos incurrir en banalidades o tópicos al hablar del significado de las narraciones y la ficción. Y esos conocimientos podrían ser útiles asimismo para entender mejor el efecto de la lectura literaria en los niños, porque torpemente se piensa que esos descubrimientos incumben únicamente a los adultos, como si los mecanismos del cerebro y la mente funcionaran de modo radicalmente distinto en los niños y los adultos, como si la literatura infantil no estuviese constituida con los mismos elementos que la literatura par adultos, es decir, con palabras, historias, metáforas, imágenes... Establecer vínculos entre la literatura infantil y juvenil y los estudios científicos sobre el cerebro puede dar luz sobre aspectos ignorados de la lectura de ficción en la infancia.


viernes, 30 de septiembre de 2016

LA LITERATURA INFANTIL HOLANDESA: UN REFERENTE MUNDIAL. Por Francisco Giraldo Jaramillo (Revista Arcadia)

Tiuri, un joven de 16 años que va a ser nombrado caballero al día siguiente, está en una capilla pasando la noche en vela. No habla, no se mueve y no hace caso a los ruidos extraños, tal y como lo dicta la tradición de la Caballería. En medio de la noche llega un desconocido que con insistencia llama su atención. Incumpliendo las normas, pero siguiendo su intuición, Tiuri decide atender al extraño visitante: este le encarga una carta que debe ser entregada sin demora al Caballero Negro de Escudo Blanco, quien tiene que enviársela al rey de Unawen, un reino vecino. Tiuri, al ver que el Caballero Negro de Escudo Blanco está malherido y que es incapaz de cumplir con la misión, decide llevar él mismo la carta, desobedeciendo todas las reglas y corriendo incontables riesgos.

Así inicia Carta al rey, de Tonke Dragt, uno de los clásicos más importantes de la literatura infantil holandesa. Luciënne van der Leije me confió que hace poco le leyó esta historia a su hijo de 9 años, y que después de unas cuantas páginas, este último afirmó sin rodeos: “Es el mejor libro que he leído en mi vida”. Y no es para menos: en 1963, un año después de su publicación, Carta al rey recibió en Holanda el premio a mejor libro infantil del año, y en 2004 ganó el Griffel der Griffels (el “premio de premios”): fue seleccionado, entre los ganadores a mejor libro infantil del año de los últimos 50 años, como el mejor libro para niños de la segunda mitad del siglo XX en Holanda. Y es que Carta al rey no es un típico cuento de hadas, sino que consiste en una verdadera novela histórica, afirma tajante Van der Leije (que trabaja precisamente para WPG, el grupo editorial que publicó este libro hace 53 años): es una compleja pero dinámica narración que elabora un mundo ficticio donde entran en juego temas tan reales como la tradición, la nobleza, la lealtad, la valentía y la traición.

Desde hace varios años, Holanda se ha consolidado como un punto de referencia en literatura para niños. Además de que algunos de los escritores e ilustradores de historias infantiles más conocidos en el mundo son holandeses, ese país se ha convertido en un punto neurálgico en términos comerciales: Van der Leije calcula que las editoriales holandesas firman más de 100 contratos al año para vender los derechos de sus libros infantiles, y afirma que cada vez es más común ver libros holandeses en las librerías alemanas, chinas, mexicanas y colombianas. CONTINUAR LEYENDO

domingo, 13 de marzo de 2016

"La utilidad del deseo*. Un artículo de Juan Villoro. Revista "América sin nombre".

Históricamente, la literatura infantil ha sido el género de los seres subordinados. Por eso mismo busca la libertad. La palabra «infante» viene de fante (servidor, criado). «Nepote» que en español significa «pariente protegido», viene del griego nepion: «el que no habla». 

Criaturas sin voz, reducidas a una condición de obediencia, los niños fueron vistos durante siglos como desaliñados prólogos de la edad adulta. Si la idea de individuo comienza cabalmente en el Renacimiento, la idea del niño como sujeto independiente es más tardía y apenas se vislumbra en la Ilustración. Un largo proceso cultural transformó a los seres de orejas sucias y pelo revuelto, con la cabeza llena de ideas desmedidas y palabras que no existen en los diccionarios, en personas ya realizadas.

En las barricadas de Los miserables, el pequeño Gavroche explica los motivos de la insurrección: «La culpa es de Rousseau». Se refiere a que la noción de justicia y su autoridad para proclamarla provienen del Emilio. 

Rousseau, padre impaciente que mandó a todos sus hijos al orfanatorio de La Inclusa, se dedicó al acto compensatorio de entender la infancia, no como una preparación para la madurez, sino como un singular momento de llegada. Al igual que tantos hombres de letras, fue más justo en las ideas que en las acciones. Emilio logró en la escritura una vindicación de los derechos de los niños que el autor no concedió a los suyos, abultando la estadística de grandes pensadores que han sido pésimos padres

De Rousseau a Piaget y Bettelheim, el niño pudo ser pensado en sus propios términos. La literatura infantil ha sido la bitácora de viaje de esta tarea liberadora. No es casual que Esopo, uno de los fundadores del género, fuera un esclavo al que se le asignaron tareas de educador y que se convertiría en liberto gracias a la palabras. Las fábulas, las leyendas y los cuentos de hadas surgieron de los cuartos secundarios donde los menores convivían con los sirvientes. CONTINUAR LEYENDO

miércoles, 17 de febrero de 2016

Eduardo Galeano: “La literatura infantil es una literatura terrorista”


Entrevista al escritor uruguayo Eduardo Galeano—autor de Las venas abiertas de América Latina y Memoria del fuego—, que estuvo en Chile presentando su último libro Los hijos de los días (Siglo XXI).

Eduardo Galeano no escribe libros para niños. Gran parte de sus títulos disponibles para el público infantil —como Historia de la resurrección del papagayo (Libros del Zorro Rojo), Mitos deMemoria del fuego (Anaya) y Los sueños de Helena (Libros del Zorro Rojo)—, han sido extractos de su obra tomados por sellos infantiles e ilustrados. Para Galeano, ésa es la razón del éxito que tienen sus historias entre los pequeños: “Los niños se sienten respetados. Yo no escribo para débiles mentales y buena parte de la literatura que los adultos escriben para los niños está dirigida a niños de muy limitado alcance mental. Son libros que están o destinados a aterrorizar a los niños o son escritos como para tontos”.

No todo es literatura infantil. Galeano, además, nos cuenta la importancia de los mitos que rescató en Memoria del fuego (Siglo XXI), de la influencia que tuvo en él su compatriota Juan Carlos Onetti y de su proceso de escritura y reescritura: “Voy sacando y sacando cosas hasta desvestir la palabra.Es un trabajo de desnudamiento de la palabra que me da también mucho placer, porque es un trabajo casi erótico el de desnudar la palabra para que ella pueda resplandecer en toda su belleza sin maquillajes ni disfraces”.

Fuente: Fundación La Fuente

viernes, 20 de noviembre de 2015

Estudios científicos sobre literatura infantil y su didáctica: revisión bibliográfica (2000-2014). Moisés Selfa. Universitat de Lleida

Este artículo es en una revisión bibliográfica de los estudios científicos que desde el año 2000 hasta 2014 se han publicado sobre Literatura Infantil y su didáctica. El objetivo es ofrecer un análisis cuantitativo y cualitativo de estos estudios a partir de los datos obtenidos en la base de citas bibliográ- ficas SCOPUS. Los datos analizados son el número y la evolución en el tiempo de estudios científicos que en estos 14 años se han ocupado de la Literatura Infantil y su uso didáctico, la nómina de las principales revistas científicas donde aparecen publicados estos estudios, la relación de los investigadores que mayormente se han ocupado del estudio científico de Literatura Infantil entre 2000 y 2014 y las principales líneas temáticas de estudio científico de la Literatura Infantil en este periodo. Esta revisión bibliográfica nos permite afirmar que la línea de investigación mayormente estudiada es aquella que se ocupa de los autores, títulos y géneros de Literatura Infantil. Estos son objeto de aná- lisis desde diferentes puntos de vista, si bien existen otras líneas destacadas como son el uso didáctico de la Literatura Infantil entre la población escolar más joven y el análisis de estereotipos de género en textos de Literatura Infantil.


sábado, 13 de junio de 2015

La imaginación en la literatura infantil. Por Gianni Rodari

Hay dos clases de niños que leen: los que lo hacen para la escuela, porque leer es su ejercicio, su deber, su trabajo (agradable o no, eso es igual); y los que leen para ellos mismos, por gusto, para satisfacer una necesidad personal de información (qué son las estrellas, cómo funcionan los grifos) o para poner en acción su imaginación. Para "jugar a": sentirse un huérfano perdido en el bosque, pirata y aventurero, indio o cowboy, explorador o jefe de una banda. Para jugar con las palabras. Para nadar en el mar de las palabras según su capricho.

La literatura infantil, en sus inicios, sierva de la pedagogía y de la didáctica, se dirigía al niño escolar —que ya es un niño artificial—, de uniforme, mesurable según criterios meramente escolares basados en el rendimiento, en la conducta, en la capacidad de adecuarse al modelo escolar. Entre los siglos XVII y XVIII nacen la primeras escuelas populares, fruto último de las revoluciones democráticas y de la industrialización. Hacen falta libros para esas escuelas; libros para "los hijos del pueblo". Les enseñarán las virtudes indispensables para las clases subordinadas; la obediencia, la laboriosidad, la frugalidad, el ahorro. La literatura infantil es uno de los vehículos de la ideología de las clases dominantes. 

El niño-que-juega se defiende como puede de esa literatura edificante. Se encarama al estante del adulto y le roba las obras maestras de la imaginación, a las que en cierta manera consigue adecuar a sus propias exigencias: el Quijote, Robinson Crusoe, Gulliver, Orlando el Furioso. Se apodera de las fábulas populares que generaciones de folkloristas y de estudiosos de genio han ido transcribiendo de las tradiciones orales, sin sospechar, por lo menos inicialmente, que estaban regalando al incipiente niño lector patrimonios de fantasía. El niño recorta así, de los acontecimientos del mundo adulto, sus propios espacios, la expansión planetaria de la raza blanca, la conquista del oeste americano, la fundación de los imperios coloniales europeos en Africa y Asia, se convierten para él en materia prima de aventuras exóticas. No advierte que a través de esos libros pasa la ideología de la raza que se cree destinada al dominio del mundo, que los impregnan los enfrentamientos entre las potencias coloniales, que sostienen siglos de sufrimientos para millones de hombres; le es suficiente con identificar unos espacios elegidos por la fantasía, imaginarias patrias para su necesidad de obstáculos y de triunfos. En la escuela esos libros están, a menudo, prohibidos: eso los hace especialmente deseables.CONTINUAR LEYENDO

Nota: Artículo publicado en la revista Perspectiva Escolar Nº 43 y reproducido en Imaginaria con autorización de la Associació de Mestres Rosa Sensat (Barcelona, España).