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miércoles, 28 de octubre de 2026

"EL RENCOR Y LA SOBERBIA". Luis García Montero, infoLibre.es

Uno se pone a escribir de forma ilusionada un poema de amor y de pronto empieza a dar vueltas la palabra deseo

Los buenos poetas aprenden que para escribir conviene conocer el carácter de las palabras. Así es, porque las palabras son seres vivos que se mueven por la realidad sin someterse a un significado establecido. Van de un sitio para otro. No se debe nunca, desde luego, olvidar el significado original de las palabras. Al utilizarlas, nombramos el mar, el amor, la tierra, la salud, la escuela, los hijos, los abuelos, el trabajo, el día o la noche…, y en ese ámbito humano podemos entendernos para caminar por las orillas, abrir la ventana, comprender el estado de la luz y cuidar a la familia. Pero a la hora de escribir también resulta necesario elegir con cuidado el uso de las palabras, meditar sobre lo que resulta oportuno elegir o borrar, los matices y las prisas, porque las palabras son seres vivos y pueden enfermar, podemos enfermar, en el interior de la conciencia.

Uno se pone a escribir de forma ilusionada un poema de amor y de pronto empieza a dar vueltas la palabra deseo. Quizá no resulta pertinente utilizarla en esta ocasión, pero el deseo insiste, se enfada, grita, aquí estoy yo, nos recuerda lo importante que fue en otros poemas, el papel que jugó, el valor que tiene, su convencimiento de ser indispensable en la retórica de la vida y en las relaciones nacionales o internacionales del vocabulario. Así que la palabra deseo se pone insoportable y exige estar, porque necesita ser, y quiere ser para estar y estar para ser. Nada más y nada menos. Muy rencorosa la palabra deseo si uno piensa que en este momento ya no hace falta contar con ella.

Pero otras veces el problema no es el rencor. Algunos desplazamientos internos son significativos porque las sílabas se desnudan para hacer presente su soberbia. Debajo de los rencores suelen esconderse las soberbias. Uno dice que está bien, que ya vale, que va a utilizar la palabra deseo y le busca cabida en el poema para mantener un diálogo sensato entre la realidad y el deseo. Pero entonces el deseo se crece, pasa del orgullo a la soberbia y se pone a mirar desde las alturas a todos los verbos y a todas las adjetivaciones, da codazos a cualquier sustantivo, salta por los complementos directos hacia los complementos indirectos. Acaba por imponerse como la única palabra, yo y el deseo, yo y nada más, en un ejercicio de extrema soberbia.

La escritura del poema siente así el terremoto de las soberbias y los rencores, las palabras pierden su sentido original. Puede desaparecer la intención original de la escritura, por ejemplo, la mirada sobre un mundo habitado por abuelas, amantes, padre e hijos, gente que necesita amarse, cuidarse, defender la educación y la salud, los derechos laborales y la dignidad personal. Entonces parece necesario llegar a un acuerdo, cuidar los significados originales y la intención primera de los versos, pedirle a la palabra deseo que tenga en cuenta el contexto, que no se pase, que no sacrifique a sus rencores y a su soberbia el contenido original de la escritura, esa escritura que nos permite habitar una casa digna y repartir de manera justa las propiedades.

Resulta lastimoso el fracaso de las palabras que se convierten en enemigas de su significado original. En vez de ampliar matices, llegar a acuerdos amplios, se llega a confundir el amor con el odio, la ilusión con el desprecio y el compromiso con los infiernos egoístas. Escribir exige entonces una voluntad amplia y una frente activa para saber elegir. No sólo defenderse de los enemigos externos, sino también de los rencores y las soberbias de los falsos amigos que acaban aliándose con el bando contrario. Corregir es un ejercicio imprescindible en la escritura, aprender a borrar, comprender lo que sobra. Sólo así se consigue defender el sentido original de las ilusiones.

martes, 1 de septiembre de 2026

"CONTIGO". Un poema de Luis Cernuda


¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.

¿Mi gente?
Mi gente eres tú.

El destierro y la muerte
para mi están adonde
no estés tú.

¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?

Luis Cernuda

sábado, 23 de mayo de 2026

"QUIÉN DICE LA VERDAD". Antonio Muñoz Molina, El País

FRAN PULIDO
Uno de los grandes poemas de amor de García Lorca estremece desde su mismo título: El poeta dice la verdad. Suena como un axioma general —no hay poesía que de un modo u otro no diga la verdad— y todavía más como un aviso, como la declaración personal de alguien que ha decidido prescindir de cualquier simulacro. Otro de los mejores, Percy Bysshe Shelley, escribió que los poetas son los legisladores secretos de la humanidad. Aunque parezca una afirmación excesiva, se vuelve más sobria y precisa si la conectamos con esa determinación insobornable de verdad de García Lorca, y de tantos y tantas poetas en ese trance máximo que Emily Dickinson llamó “a soul in white heat”, un alma al rojo vivo. Cuando Jorge Manrique dice “Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar / que es el morir” está enunciando una verdad tan lapidaria como una fórmula química, igual que Miguel Hernández resume un sombrío diagnóstico mental en cuatro versos de un soneto: “Sobre la pena duermo, solo y uno; / pena es mi paz y pena mi batalla, / perro que ni me deja ni se calla / siempre a su dueño fiel, pero importuno”.

Nos hemos acostumbrado a considerar la poesía un arte nebuloso, pero no hay que olvidar que una de las obras maestras de la lengua latina, las Geórgicas de Virgilio, es un manual completo y riguroso de apicultura, agricultura, arboricultura y ganadería, o que la primera descripción plenamente materialista del universo, la vida y la mente humana la hizo Lucrecio en los más de 7.000 versos de su De rerum natura. Y nadie ha expresado mejor el consuelo y la compañía de la lectura que nuestro Francisco de Quevedo cuando se vio desterrado de Madrid en su finca de Torre de Juan Abad: “Retirado en la paz de estos desiertos / con pocos, pero doctos, libros juntos / vivo en conversación con los difuntos / y escucho con mis ojos a los muertos”. La imposibilidad física de escuchar con la vista queda abolida cuando al leer nos parece que estamos escuchando la voz del autor en las palabras que escribió hace siglos, como nos pasa sin ir más lejos con ese soneto de Quevedo.

Si el poeta resuelve, cueste lo que cueste, decir solo la verdad, a nosotros lectores y ciudadanos nos corresponde la decisión equivalente de detectar el embuste y pararnos a distinguir las voces de los ecos. Ernest Hemingway decía que un escritor necesita un built-in bullshit detector, un detector incorporado de tontería o palabrería, que salta automáticamente cuando encuentra una muletilla verbal inaceptable de tan manoseada, o una evidente falsedad o exageración disfrazada de sinceridad, de emoción profunda, de valerosa vehemencia. Inspirado por el detector de Hemingway, yo especulé con la invención de otro, digital y mucho más avanzado, que determinara el porcentaje de bullshit, de puro fraude y de impostura, en diversas tareas y profesiones, como esos contadores Geiger que medían el nivel de radiación atómica. Hay extremos a mi juicio indiscutibles: en la cirugía cerebral, por ejemplo, el margen de error, y por lo tanto de bullshit, es cero; en la publicidad, la astrología, las elucubraciones sobre literatura y arte, la oratoria electoral, por citar unos casos, el porcentaje calculo que oscilará entre 90 y 100. A la gente de letras, las ciencias duras nos inspiran una especie de reverencia envidiosa, pero según leo por ahí hay carreras científicas sostenidas sobre papers falsos y experimentos chapuceros que luego nadie logra replicar.

La tradición ilustrada nos dice que el ejercicio de la ciudadanía se basa en la capacidad de emitir juicios y tomar decisiones basándonos en un conocimiento sólido y suficiente de la realidad, del cual nace el espíritu crítico, gracias al que podemos distinguir lo cierto de lo falso, lo útil de lo dañino, lo justo de lo injusto, lo factible de lo desatinado; en resumen, la verdad de la mentira. Durante décadas, los teóricos del esnobismo posmoderno se dedicaron persuasivamente a negar no ya la posibilidad del conocimiento verdadero, sino la realidad misma. Todo serían discursos más o menos equivalentes, ninguno de ellos comprobable, “relatos”, “narrativas” al servicio de intereses de poder, de género, de raza. Todas estas ideas prepararon el terreno, con extraordinaria eficiencia, para la edad de las fantasmagorías políticas y tecnológicas en la que vivimos ahora, sometidos —gozosamente, en muchos casos— a la industria de adoctrinamiento y mentira más poderosa que haya existido nunca. Las imágenes de guerra generadas por la inteligencia artificial parecen más verdaderas que las obtenidas gracias al coraje de los cámaras y los fotógrafos que se juegan la vida en los mataderos del mundo. Entre los videojuegos bélicos y los bombardeos de verdad la única diferencia son los muertos, a los que no se ve nunca. Cuando un partido político que se declara progresista recurre a la inteligencia artificial para hacer bromas o dañar al contrario está poniéndose a la altura de los conspiradores contra la verdad.

Y, sin embargo, hay quien sigue diciéndola. Tengo guardada la entrevista de Nuño Domínguez con Michel Mayor, el Premio Nobel de Física que en 1995 descubrió el primer planeta situado fuera de nuestro sistema solar. Michel Mayor es uno de esos octogenarios que no se callan ni debajo del agua porque lo han vivido todo y no tienen tiempo para tonterías ni para vaguedades. Dice Nuño Domínguez que habla con la pasión de un joven: también con la impertinencia y la ironía de alguien que no admite ni el porcentaje más bajo de bullshit. No accede ni a una sola generalidad. Asegura que las misiones Apolo fueron interesantes, pero solo “porque nos dieron información geológica de la Luna, como los isótopos presentes en sus rocas”. En unos tiempos en los que Donald Trump, más Lex Luthor que nunca, ordena la instalación de centrales nucleares en nuestro pobre satélite indefenso, Michel Mayor considera que sería un sueño tener un radiotelescopio en su cara oculta, pero en seguida se contiene: “¿Es una buena idea, teniendo en cuenta el enorme coste que tendrá? No estoy seguro”. Frente a las fantasías de colonizaciones planetarias de los milmillonarios, enfermos de una tardoadolescencia megalómana, Mayor es taxativo. No habrá millones de personas viviendo en Marte el próximo siglo, advierte. “Marte apenas tiene atmósfera. Es imposible terraformarlo para generar tanto oxígeno como sería necesario”. Y tampoco llegaremos nunca a uno de esos exoplanetas que él ha descubierto: “Imagínate que encontramos un planeta gemelo de la Tierra a unos 30 años luz. A escala galáctica, esto es muy cerca. Los astronautas [de Artemis 2] tardaron unos tres días en llegar a la Luna. A esa velocidad, tardaríamos millones de años en llegar a esa segunda Tierra”. Con su barba y su pelo blanco, y una expresión tranquila que no tiene nada de apocalíptica, Michel Mayor calcula nuestra esperanza de supervivencia como especie en un millón de años, “como mucho”. Los seres humanos nos imaginamos eternos, “pero la verdad es que somos animales y vamos a extinguirnos”.

Justo en los días en que Michel Mayor anduvo por España, alguien más estaba diciendo sin miedo la verdad, cortando como de un tajo valiente toda la palabrería. El papa León XIV dijo en voz alta y clara en Camerún: “El mundo está siendo devastado por una pandilla de tiranos… Los señores de la guerra fingen no saber que basta un instante para destruir, mientras que a menudo no basta toda una vida para reconstruir. Se gastan miles de millones en matar y devastar, mientras que los recursos necesarios para curación, la educación y la reconstrucción no se encuentran en ninguna parte”. En la voz profética de la verdad alza el vuelo la poesía, sea la verdad de la ciencia o la de la denuncia del sufrimiento humano. Fue en los versos finales de otro de sus poemas donde García Lorca resumió el más bello manifiesto político: “Porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra / que da sus frutos para todos”.

sábado, 11 de abril de 2026

"SABER MIRAR". Luis García Montero, El País

Baudelaire nos enseñó que el poeta es el que ha aprendido a mirarse mientras está mirando

Mientras paseaba por la ciudad y por sus rencores, Baudelaire nos enseñó que el poeta es el que ha aprendido a mirarse mientras está mirando. Mirarse mirar, pedir explicaciones a nuestras miradas, un buen consejo en tiempo apremiantes que nos invitan a olvidarnos de nosotros mismos, sobre todo cuando defendemos ideas que pensamos propias. Es la paradoja de la crispación que pasa de la política a la amistad y del amor a las relaciones sociales. El deseo se convierte en batalla violenta cuando deja de hacerse preguntas. Así que parece oportuno seguir defendiendo la poesía como raíz cultural entre personas que necesitan mirar y mirarse. El corazón y las razones pasan por los ojos, y los ojos nos preguntan quién eres tú mientras nos vemos, qué recuerdas y hasta dónde quieres llegar. Pienso en la poesía como vacuna contra la cursilería irresponsable de los dogmas y el utilitarismo inhumano de las multiplicaciones tecnológicas. Resulta que somos personas.

Acabo de oír el timbre de la calle. Dejo sobre la mesa el libro que estoy leyendo, me acerco a la ventana y descorro un poco la cortina para mirar hacia abajo. Junto a los coches que cruzan, los árboles invernales y la iluminación de los escaparates, veo en el portal a un hombre muy parecido a mí que espera nervioso a que le abran la puerta con un libro en las manos. Parece que quiere entrar en mi casa. De pronto sube los ojos hacia arriba, examina las ventanas de la fachada, y soy yo el que ve la silueta del hombre que mira desde lo alto, detrás de una cortina. El libro que lleva en la mano es el mismo que está sobre la mesa: Duermevela (Pie de página, 2026), un libro de poemas de Abelardo Linares. Editor, librero de viejo, bibliófilo, polemista, pero sobre todo poeta. En tiempo confusos, agradezco la poesía como una invitación a mirarnos mientras estamos mirando. No nos olvidemos de nosotros mismos mientras discutimos con el mundo.

lunes, 23 de marzo de 2026

"TODO, EN UN PARPADEO". Juan José Millás, El País

La poeta estadounidense Emily Dickinson

Hay lecturas que exigen una edad moral, no biológica. Emily Dickinson no pide entusiasmo sino atención; no adhesión sino disponibilidad

Hay poetas que saben esperarte. Emily Dickinson llevaba lustros aguardándome. Hay obras que descubres cuando habías perdido la esperanza de entenderlas. Antes, nos rozan, se insinúan, se dejan ver de forma delicada. Después, un miércoles cualquiera, nos llaman por nuestro nombre. “Ya es la hora”, nos dicen, “léeme”. Durante años supe que Dickinson estaba ahí, en ese lugar geográfico de mi biblioteca, con una respiración tan baja que parecía no existir. Conocía algunos de sus versos (“el para siempre está hecho de ahoras”, por ejemplo), citados sin amor. Dickinson estaba bien, pero no era para mí. O yo no era todavía para ella. Faltaban derrotas, faltaban silencios, faltaba una cierta domesticación del asombro. Hay lecturas que exigen una edad moral, no biológica. Dickinson no pide entusiasmo sino atención; no pide adhesión sino disponibilidad. Sus poemas no avanzan: se detienen. No explican: interrumpen. Uno entra en ellos como quien entra en una habitación oscura, confiado en que algo se manifestará si logra que los ojos se acostumbren a la ausencia de luz.

Cuando por fin llegó a mí ―o cuando yo llegué a ella― no hubo estruendo. Sucedió sin anuncio. Un verso breve, casi insignificante (“El alma tiene momentos vendados”), me obligó a cerrar el libro. No por su carga emotiva, sino por su precisión. Ahí entendí la espera: no era la suya, era la mía.

Leerla ahora es una forma de conversación tardía. Ella habla desde un lugar sin tiempo, y yo desde un cuerpo cansado de explicarse. Nos encontramos en el punto exacto donde ya no hace falta convencerse de nada. Sus mayúsculas no subrayan: iluminan un segundo y se apagan, como en un parpadeo. Todo ocurre en ese abrir y cerrar de ojos. Algunos autores nos esperan. Saben que tenemos una cita y que no es más que una cuestión de tiempo. Llegaremos cuando deje de llover. Y entonces, por fin, nos dirán lo que no habíamos sido capaces de escuchar durante lustros.

lunes, 27 de octubre de 2025

"LA QUINTA ESTACIÓN. POESÍA/INFANCIA". Una preciosa reflexión de Laura Escudero sobre poesía e infancia.

Ilustración de Asun Balzola
Poesía

Una mañana me levanto y salgo al jardín de mi casa. Ando un poco distraída, apartada del tiempo, de cualquier intención que no responda a los caprichos del sol entre las plantas, al rumbo de pasos que me llevan —sin darme cuenta cómo— debajo del roble.

Hay junto a mi pie un cuenco diminuto, perfecto.

Es la capucha que hasta hace poco alojaba una bellota. La levanto, la miro.

Así me quedo con el cuerpo entero preso de ese instante de extrañeza y captura.

De belleza.

Es un momento de intimidad profunda, de misterio. Si alguien me viera, si alguien interrumpiera esa liturgia me sentiría descubierta con la violencia que comporta la rasgadura de un velo que me resguardaba de la desnudez.

Es un momento poético, la sustancia nutricia antes de las palabras, antes de todo. Tiene algo de obsceno, de lo que no quiero mostrar, de lo previo. Es primitivo ese momento y puede dar origen o no a otro asunto: la escritura. Tiene forma de pregunta, de algo que me aparta del mundo y me devuelve distinta, interrogada.

Un resplandor. La presencia rotunda de una cosa.

Es un tiempo mudo de palabras. [...]

Fuente: Fundación Cuatro Gatos

sábado, 13 de septiembre de 2025

"CIEN AÑOS DE ÁNGEL GONZÁLEZ, poeta y “santo por lo civil”. Sergio C. Fanjul, El País 6 SEPT 2025

En el centenario de su nacimiento, diversos homenajes y publicaciones recuerdan al autor ovetense, conocido por su compromiso cívico, el humor, el amor y la amarga ironía

Ángel González fue un “ciudadano normal” que algunas veces escribía poesía. Él mismo lo dijo, y lo confirma su viuda: “Creo que su natural modestia no permitió jamás que el poeta eclipsara a la persona. Le molestaban aquellos que iban por la vida con la máscara de poeta creyéndose superiores a los demás mortales”, dice Susana Rivera, profesora de Literatura en la Universidad de Nuevo México, donde González enseñaba y ambos se conocieron. Tal vez por eso tuvo el cuidado de escribir una poesía cercana pero comprometida, atravesada por la dificultad de la sencillez (“Es muy difícil escribir claro”, decía), de una profundidad accesible, donde se mezcla la conciencia cívica, el humor, el amor, la ternura y una amarga ironía marca de la casa. Ángel González es uno de esos autores que (como, por ejemplo, Julio Cortázar) generan gran complicidad con el lector. Que caen bien. Que te quieres llevar a casa.

A Ángel González, que pensaba que al porvenir le llamaban así porque no venía nunca, un día se le empezó a “adelgazar el futuro”, como se nos adelgaza a todos. Y tanto se le adelgazó que le llegó la muerte, en 2008, a los 82 años. Pero su futuro continuó, aun sin él: este 6 de septiembre se cumplen cien años de su nacimiento, en aquel Oviedo de 1925, y su figura sigue muy viva, como se demuestra en los numerosos actos y publicaciones por su centenario. Su memoria es como se describió en otros versos: “Un escombro tenaz, que se resiste / a su ruina, que lucha contra el viento”.

Un centenario lleno de cosas. El pasado 22 de marzo, en los alrededores del Día de la Poesía, el Instituto Cervantes homenajeó a González; también lo hizo en julio la Semana Negra de Gijón (donde el poeta instauró una sesión poética a medianoche, que sigue celebrándose, y de la que se conserva un famoso vídeo de González cantando con su amigo Joaquín Sabina), y entre el 14 y el 16 de octubre lo hará la Universidad de Oviedo en un congreso internacional. Publicaciones varias: la antología Eso era amor (Nórdica), con prólogo de Javier Rioyo e ilustraciones de Pablo Auladell, así como la que prepara la editorial Huerga & Fierro, a cargo José Manuel Lucía Mejías. Papeles del Náufrago publicará Soy un fingidor, una colección de sus “autorretratos” poéticos entre 1956 y 2008. Para los más pequeños una antología preparada por Ester Sánchez en el sello asturiano Pintar-Pintar, en colaboración con María Rosa Serdio, especialista en la difusión de la poesía entre los jóvenes, con audios del poeta e ilustraciones de Marina Buxó.

El premio Príncipe de Asturias de las Letras, en 1985, o el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en 1996, laurearon su carrera ya en el siglo pasado, como el ingreso en la Real Academia en 1997, pero “su obra sigue muy vigente”, apunta Rivera, “Ángel nunca pasó por tinieblas del purgatorio a donde se dice que son arrojados los escritores esperando la mano de la posteridad. Su poesía siempre permaneció iluminada por sus lectores”. Si bien Rivera recibe constante feedback de los lectores, también se nota en la academia: acaba de publicarse en la Universidad de Alcalá la tesis La métrica de Ángel González: variaciones rítmicas y discursivas de Jesús Aguilar Fernández Gallego, cuyo título, raro en una tesis, describe exactamente el contenido. CONTINUAR LEYENDO

sábado, 19 de julio de 2025

"LA POESÍA NO VENDE MOTOS". Juan José Millás, El Correo de Andalucía 8 JUL 2025

A veces me pregunto por qué la poesía no tiene la capacidad de penetración de la prosa. Si la poseyera, el mundo sería mejor. No se sabe de ningún código penal que se haya escrito con intenciones de carácter lírico. ¿Por qué? Quizá porque la lírica busca la absolución más que el castigo, aunque pocas personas se castiguen tanto como los poetas. De hecho, son dados (y dadas) a las migrañas. Silvia Plath habla en uno de sus versos de un “huracán de migrañas”. Piénsenlo bien, “huracán de migrañas”. Si una sola te puede amargar el día, cómo será recibirlas en forma de tormenta. Reparen, sobre todo, en el ojo del huracán, que en las migrañas suele ser tu propio ojo.

La poesía tiene esa capacidad de atravesarte. Dice Darío Jaramillo en otro verso: “Son las dos de la tarde / y el sol hierve transparente a 30 grados”. ¡Qué sencillez!, ¿no? Son dos versos tan simples, tan descriptivos, que podrían pasar por pura prosa. Pero uno los lee en el metro y tiene que levantar la vista del libro porque ha sabido de repente lo que significa que sean las dos de la tarde y que el sol hierva a 30 grados. Lo había experimentado desde la infancia, pero había ignorado su sentido hasta el momento de leerlo. A ningún juez se le ocurriría firmar una sentencia con esta precisión: “En Madrid, a 7 de julio de 2024. Son las dos de la tarde y el sol hierve a 30 grados”. Si alguno se atreviera a hacerlo, lo sacaríamos a hombros, incluso el condenado se prestaría a participar del homenaje.

¡Ah, la poesía! Dice Louise Glück: “Mi alma / hecha añicos por el esfuerzo / de intentar ser parte de la tierra…”.

“Mi alma hecha añicos por intentar ser parte de la tierra…”. Jamás le he escuchado algo semejante a un ecologista. La ecología no penetra porque está hecha en prosa.

Me pregunto con qué palabras dictaría una sentencia de muerte un juez poeta. Y me contesto que o dejaría de ser poeta o dejaría de ser juez. La judicatura es compatible con casi todo, menos con la lírica. Puedes ser juez y albañil, juez y mecánico, juez y atleta, incluso juez y parte, pero no puedes ser juez y bardo al mismo tiempo como no se puede ser a la vez mosca y araña.

¿Por qué (vuelvo al principio) la poesía tiene menos capacidad de penetración que la prosa? ¿Por qué no es habitual redactar en octosílabos un contrato de compraventa de una moto, o en alejandrinos un certificado de defunción? Porque la poesía es peligrosa. No vende motos y tiene el poder de resucitar a los muertos.

lunes, 30 de septiembre de 2024

"SABER VIVIR". Un poema de la brasileña Cora Coralina


Saber Vivir

No sé... si la vida es corta
o demasiado larga para nosotros.
 Mas sé que nada de lo que vivimos
tiene sentido, si no tocamos el corazón
de las personas.
Muchas veces basta ser:
regazo que acoge,
brazo que envuelve,
palabra que conforta,
silencio que respeta,
alegría que contagia,
lágrima que corre,
mirada que acaricia,
deseo que sacia,
amor que motiva.
Y eso no es cosa de otro mundo,
es lo que da sentido a la vida,
es lo que hace que ella
no sea ni corta, ni demasiado larga,
sino que sea intensa,
verdadera, pura.... mientras dure.



viernes, 26 de abril de 2024

"LOS LIBROS Y LA BELLEZA". Michèle Petit



Este volumen reúne cinco ensayos de la antropóloga francesa escritos originalmente como conferencias. Tomando como punto de partida dos tesis: la belleza como necesidad universal para el ser humano y nuestra condición de seres poéticos a quienes lo meramente útil nos resulta insuficiente, Michèle Petit nos invita a la reflexión.

Un libro que defiende el poder de la belleza para transformar las peores experiencias en tiempos trágicos; que denuncia las dificultades de la transmisión cultural, sobre todo, en el exilio y su consecuente "desintonización" social; que nos recuerda que estamos formados por paisajes interiores, así como nuestra necesidad de habitar espacios soñados e imaginados; que nos habla sobre cómo redescubrir nuestros sueños a través de la literatura, sobre esas casas de pensamiento que son las bibliotecas y también sobre la lectura en tiempos de pandemia.

martes, 16 de abril de 2024

"LAS PRIMERAS POETISAS EN LENGUA CASTELLANA".



Una antología a cargo de la académica Clara Janés que recoge composiciones de las primeras poetisas que escribieron en nuestra lengua, mujeres que, al amparo de los monasterios o en sus aposentos, sintieron la necesidad de crear a través de la escritura.

Al margen de las evidentes desventajas que las mujeres han tenido a lo largo de la Historia a la hora de desarrollar su creatividad más allá del ámbito doméstico, hubo escritoras a quienes su voluntad y unas circunstancias propicias permitieron entrar en el mundo de la literatura.

Luisa Sigea, Mariana de Vargas y Valderrama, Leonor de la Cueva y Silva o Juana Inés de la Cruz son algunas de las cuarenta y tres extraordinarias poetisas cuya vida y obra nos ofrece este libro a través de más de doscientos años de lírica española en femenino.

lunes, 29 de enero de 2024

"PASATIEMPO". Un poema de Mario Benedetti


Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana 
no existía

luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente 
una palabra

ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte 
de los otros

ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser 
la nuestra.


martes, 28 de marzo de 2023

"VIENTOS DEL PUEBLO". Un poema de Miguel Hernández, muerto (asesinado?) en las cárceles franquistas



VIENTOS DEL PUEBLO. Miguel Hernández

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.


viernes, 24 de febrero de 2023

"EL ACCESO A LA POESÍA COMO UNA TECNOLOGÍA DE LA ATENCIÓN. LA PALABRA POÉTICA EN LAS AULAS". Por Laura Escudero Tobler

Conferencia compartida en el Encuentro Federal de Referentes de Planes de Lecturas, 24 de noviembre de 2022, Palacio Sarmiento .

“No tenía a nadie que me ayudara, pero T. S. Eliot me ayudó. 

Por eso cuando la gente dice que la poesía es un lujo, o una opción, o para las clases medias cultas, o que no se debería leer en el colegio porque es irrelevante, o cualquiera de esas extrañas tonterías que se dicen sobre la poesía y el lugar q1ue ocupa en nuestras vidas, sospecho que a la gente que las dice le ha ido bastante bien. Una vida dura necesita de un lenguale duro, y eso es la poesía. Eso es lo que ofrece la literatura: un idioma suficientemente poderoso para contar cómo son las cosas. No es un lugar donde esconderse. Es un lugar donde encontrar.” 

Por qué ser feliz cuando puedes ser normal. Jeanette Winterson


domingo, 4 de diciembre de 2022

"UN VELERO BERGANTÍN". EN DEFENSA DE LA LITERATURA". Un libro de Luis García Montero

Acabo de leer este libro y no puedo dejar de recomendároslo. Me ha encantado cómo une Literatura en general, y la Poesía en particular, con el momento socioeconómico que vivimos. Leyendo sus páginas me he introducido con más profundidad en la Poesía y he ido descubriendo su valor para la lectura del mundo en clave democrática. Comulgo con las palabras que aparecen en la contraportada en las que se cataloga este ensayo como una reivindicación de la experiencia literaria y de la enseñanza de la literatura. Haciendo hincapié en que la imaginación moral que se cultiva en los libros es fundamental para que una educación democrática llegue a buen puerto. En esta obra el autor mezcla la confesión íntima como lector y escritor con las consideraciones críticas sobre los vínculos que unen los proceso de la literatura y de la sociedad.

Y en palabras del autor: "Es decir, que en el momento en que no soplan vientos favorables para las Humanidades; cuando los sistemas educativos parecen orientarse en la dirección de un pragmatismo romo; cuando lo monetario y lo mercantil se convierten en valores absolutos para la sociedad y quienes la dirigen, los que hemos tomado en su día la decisión de convertir en trabajo aquella identificación estética con los textos literarios y los estudiantes que nos secundan tenemos la obligación de defender la idea de que la Literatura constituye un instrumento imprescindible para la formación de los ciudadanos en múltiples aspectos".

domingo, 28 de agosto de 2022

"BAEZA Y LA POESÍA". Luis García Montero, 20 de agosto de 2022, infolibre.es

Segunda quincena de agosto. Quiero dormir un rato, un minuto, un siglo, / pero que todos sepan que no he muerto. Suelo recordar estos dos versos de Federico García Lorca todos los años en Baeza, cuando el aniversario armado y desalmado de su ejecución me sorprende en el curso de poesía que desde hace años organiza allí la Universidad Internacional de Andalucía. Numerosos alumnos, poetas y profesores nos reunimos para meditar sobre el presente y el pasado de un género que se mezcla con la historia y con todas las palabras de la vida.

Mi primer recuerdo poético de Baeza data de 1983, cuando acompañé a Rafael Alberti y Aurora de Albornoz a un homenaje que se dedicaba a Antonio Machado. Se trató de un acto de afirmación democrática frente al pasado del franquismo, porque 17 años antes la Ley de Orden Público de la dictadura, sus grises y su Brigada Político Social, había impedido otro homenaje: la colección de un busto del poeta realizado por el escultor Pablo Serrano. Amenazas, pistolas, multas y detenidos.

La España oficial era incompatible en 1966 con la figura cívica de don Antonio. Se sabía mucho mejor representada por la imagen de Fraga Iribarne en bañador, en la playa de Palomares, metido en aguas y en miseria, demostrando que no se corría peligro después de que dos aviones del ejército norteamericano chocaran en pleno vuelo con cuatro bombas nucleares. Parece ser que esas bombas tenían 75 veces más poder de destrucción que la arrojada sobre Hiroshima.

Estaba yo convencido en 1983 de que los dictadores y los demagogos hacen bien en temer el poder de la poesía. No destruye ciudades, pero genera una rebeldía íntima contra las mentiras, las represiones y las injusticias que ensucian el mundo. Como sigo manteniendo esa militancia lírica, me conmueve pasear por las calles de Baeza, pasar por delante del Instituto en el que Antonio Machado daba clases de francés o por la casa en la que escribía, convivía con la pérdida de Leonor y soñaba una España distinta a la patria de charanga y pandereta que cubría con retóricas nacionales la humillante existencia de la desigualdad, la pobreza y la soberbia impudorosa de los ricos.

El fuego de los sueños pasa de unas manos a otras. Gracias a los viajes de estudios que organizaba la Universidad de Granada, el joven estudiante Federico García Lorca pudo conocer a Machado en Baeza. Músico y poeta, andaba ya descubriendo que es mejor ponerse de parte de los que aman que de los que odian, cerca de los que sufren y con los ojos y los oídos abiertos a las palabras de Rosalía de Castro, Juan Ramón Jiménez o los campesinos de los campos andaluces. El fuego de esos sueños es el que sigue alentando en Baeza cada verano, en unas aulas por las que han pasado ya muchas voces. Baeza y la lentitud humana de un tiempo almado desarmado, dispuesto a pensar en el sentido de la vida humana.

Este año se ha presentado en el curso el libro A ras de suelo. De la ciencia a la poesía transitando por el cáncer de mama (El ojo de Poe, 2022), una antología preparada por Margarita García Carriazo y Laia Bernet Vegué, dos médicas que investigan y tratan la enfermedad. Han hecho un trabajo emocionante, dedicado “A nuestros pacientes, mujeres y hombres, cuya vida cruzó y cambió la nuestra”. Cualquiera que haya sentido la vocación educativa podría decir lo mismo de su alumnado.

Llevamos años defendiendo que la conciencia cívica hace imposible separar la ciencia, la técnica y las humanidades. Si el conocimiento quiere ponerse al servicio de la sociedad, de cada una de las personas que la componen, no puede convertirse en un negocio. El saber es algo más que una mercancía. El deterioro de la sanidad y la educación es el mayor peligro del bien común, una lógica que maltrata las razones de un mundo cuidadoso, una dinámica habitada por enemigos íntimos de la poesía, gente sin fe en la dignidad de las palabras, los ordenadores, los cuerpos y los laboratorios. Ni sentimientos sin razón, ni razones sin sentimientos.

En Baeza hablamos de la necesidad de cuidarnos, de escucharnos, de sentir alegrías o padecer en común. Y cuando me despido de sus calles, de su instituto, su catedral y su plaza porticada, me gusta recordar a Antonio Machado y Federico García Lorca. Quiero dormir un rato, un minuto, un siglo, / pero que todos sepan que no he muerto. Se hace camino al andar.

viernes, 22 de abril de 2022

"LA POESÍA". De Liliana Bodoc.

Recuerdo muy bien aquel mundo de agua donde empezó mi vida.

Lo recuerdo porque puedo imaginarlo, porque puedo conjeturarlo.

Ese mundo de agua, redondo y sin fondo, donde adquirí mi forma fue la metáfora primera que conocí.
Y el canal entre mi madre y yo, fue el primer verso.

Porque la poesía es una conjetura acerca de lo inefable. 

Un modo, quizás el único, de acercarse a las quimeras. 

 Recuerdo también el día en que mi madre se quedó parada a mis espaldas, mientras yo subía las escaleras de la mano de una mujer vestida con guardapolvo blanco. 

La mujer me dijo que no llorara, que iba a enseñarme a dibujar la letra m. 

Entonces, llegó de nuevo la poesía. 

Y entendí que el lenguaje puede ser la extensión del regazo materno. 

También recuerdo cuando ocurrió al revés, y fue mi propio vientre una metáfora de agua. 

Puedo recordar cuando yo fui la madre detenida a espaldas de mi niña. 

Aquella vez, regresó la poesía a explicarme los sentidos del tiempo. 

 Hoy recuerdo mi muerte. 

 Puedo recordarla porque puedo imaginarla, puedo conjeturarla. 

Si en ese trance consigo aceptar que es nuestro deber dejar sitio a los otros, entonces la muerte no será más que la mejor metáfora del amor."

domingo, 20 de marzo de 2022

"CUIDADO CON EL DÍA DE LA POESÍA". Un artículo del poeta Luis García Montero publicado en infoLibre.es el 19 de marzo de 2022

Mañana, 21 de marzo, celebraremos el día de la poesía. Es de suponer que las redes sociales se llenarán de versos y de citas. Las tristes guerras denunciadas por Miguel Hernández se mezclarán con las quejas de Federico García Lorca ante la degradación de la vida moderna y con las ironías sentimentales de Gloria Fuertes. El amor buscará sus ilusiones o sus nieblas con Rosalía de Castro, Pedro Salinas y tantos autores que a lo largo de los siglos nos han enseñado a decir te quiero, no me olvides, no entiendo la vida sin ti. También recordaremos con Gabriel Celaya que la poesía es un arma cargada de futuro.

De futuro y de presente. La transformación digital de nuestras vidas ha convertido en costumbre cotidiana el paso de la intimidad a la escena pública. Ese ha sido el marco de las tareas poéticas, presentar ante los ojos de los demás aquello que es latido en el corazón particular y rayo o sombra en las bodegas de cada conciencia. Las elaboraciones líricas tienen mucho que ver con el pudor. ¿Cómo hablar de las pasiones o la desesperación sin hacer el ridículo? Por eso me atrevo a sugerir que una de las mayores lecciones que la sociedad actual puede aprender de la poesía es el empeño de no perder el sentido de la vergüenza. Sería muy beneficioso que se recuperara la virtud pública del pudor a la hora de declarar nuestras ideas y nuestros sentimientos.

Cada vez que la buena poesía cae en la tentación de la grandilocuencia, el sentido de la vergüenza salva a la poesía y la ayuda a caminar pudorosamente hacia la vida. El culteranismo cortesano de Juan de Mena saludaba “al muy prepotente don Juan el Segundo, / aquel con quien Júpiter tuvo tal celo”, hasta acabar por obligación de la rima con la rodilla hincada en el suelo. Por pudor Jorge Manrique cantó la muerte de su padre de un modo mucho más suave y nos enseñó que nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar. Góngora llegó a presentar su Polifemo con un tambor barroco: “Estas que me dictó, rimas sonoras, / culta sí, aunque bucólica Talía”. Quevedo y Lope buscaron maneras más sencillas de hablar del paso de los años, las ruinas y las glorias del amor.

Y así hasta que Bécquer se alejó de las grandilocuencias dolorosas del romanticismo para sugerir la fuerza pudorosa de la tristeza. Poco después Antonio Machado olvidó los fuegos artificiales del Parnaso modernista y modeló sus poemas con las palabras que se usaban en la calle. Son muy divertidas las escenas de las novelas de Galdós en las que una marquesa invitaba a declamar en medio del salón. El vate se lanzaba y daba vergüenza con sus cisnes, pastores y paisajes bucólicos en giros tan convencionales como poco creíbles. Por sentido de la vergüenza, poco a poco, la poesía ha buscado el camino para seguir en la vida y superar retóricas huecas.

No estaría mal aprovechar el día de la poesía para recuperar el pudor. Desde luego sería un primer paso evitar que las críticas se redujeran al insulto zafio o la mentira burda. Pero hay mucho más en juego. El debate político podría mejorarse de forma notable si algunas personas sintiesen vergüenza a la hora de argumentar retóricamente dentro de sus círculos viciosos, haciendo bromas sobre la pobreza, convirtiendo a los débiles en seres amenazantes y en héroes de la decencia a los ladrones. Da vergüenza que quien destruye los derechos cívicos y los cuidados públicos en beneficio propio se presente como defensor de su comunidad.

Pero la poesía siempre piensa muchas veces lo que va a decir. Así que me gustaría añadir un temor. Los poetas hacían el ridículo cuando su retórica se apartaba de la vida. Por eso la poesía acababa volviendo a la realidad. Hoy existen muy poderosos mecanismos de comunicación y control de las conciencias. Es posible que ahora se pierda el sentido de la vergüenza sin apartarse de la vida, ya que es la vida la que puede apartarse de ella misma, haciendo que la realidad sea sustituida por su apariencia y los discursos alternativos del impudor, la mentira y el vacío más negro. Jugarse la verdad es jugarse un mundo habitable.

Un conflicto de nuestro presente. Antes la buena poesía era arrastrada por la vida hasta la verdad. Ahora es posible que la mala poesía arrastre a la vida hasta la mentira.

jueves, 9 de septiembre de 2021

"Palabras para Julia", un poema de José Agustín Goytisolo



PALABRAS PARA JULIA

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

José Agustín Goytisolo